Algunas ideas han estado surgiendo que si bien no tienen nada que ver con las apariciones especiales de algunos personajes a lo largo del fic, sí tienen que ver con ideas para omakes. Ojalá que eso funcione prontamente. Les pido de favor que sumen 2 años a las edades de todos los personajes propios de la serie. El fic se sitúa un año después de la batalla contra Hades.

Le doy las Gracias a mis lectoras de prueba, Yukime-chan y a Kala-neechan, ya que me ayudaron y animaron mucho con sus ánimos. ¡GRACIAS CHICAS!

UN AGRADECIMIENTO ESPECIAL A EKCLÉCTICA, QUE HIZO LA REVISIÓN TEMPORAL DE TODA LA SAGA, y además revisó que todo estuviera en orden.

Los personajes y la historia de Saint Seiya pertenecen a Masami Kurumada y a la Toei. Yo nada más me estoy divirtiendo un poco a costa de sus personajes. Los demás personajes que no reconozcan como parte de la serie, y las distintas situaciones, son de invención propia. Cualquier similitud con personas reales o muertas, a sí mismo con situaciones parecidas, son coincidencia.


ADVERTENCIA.

Principio 40 para ver y entender Manga y Anime: Perder el temperamento puede ser muy terapéutico.

Menores de 13 años, favor de leer con criterio o en compañía de un adulto. (Para estar segura, nada más) No me hago responsable de castigos o lesiones derivados de la lectura de este fic.


Capítulo 6: Un Frío Comienzo.

Milo y Alisa se echaron una aburrida mirada. Él se encogió de hombros, para luego ponerse de pie, casi al mismo tiempo que Alisa, sin habérselo propuesto. Se quedaron mirando con obvio disgusto: no era la primera que hacían algo al mismo tiempo ese día. Sin avisarle o despedirse de nadie, ni siquiera de sus padres, la pareja se dirigió a la salida. Sus padres no intentaron detenerlos… Medea, la madre de Alisa, lloró en silencio, siendo consolada por su marido. Por otro lado, Eudoxia estaba cruzada de brazos y dirigía una significativa mirada a su marido, que auguraba que alguien dormiría con el perro esa noche (y ellos no tenían perro). Hemón por su parte, no cabía en sí de felicidad al ver a su hijo siendo ya un hombre de familia.

Esta salida no pasó desapercibida para Athena, quien estaba al otro lado del salón. El momento habría sido perfecto si todos sus caballeros lo hubiesen disfrutado, pero no. Pese a las carcajadas, a la alegría y al relajo… uno de ellos lo estaba pasando pésimo, y lo pasaría igual de mal por al menos dos años más si no cambiaba su situación.

"Shion, ¿Tú crees que esto haya sido bueno? Quizás si a lo mejor si hubiéramos intervenido o atrasado esto de algún modo… Milo me preocupa… y también la chica."

"No había forma legal que pudiéramos usar para ayudar a Milo. Dura lex, sed lex, Athena. No podemos ir en contra de eso, aunque nos pese." Le explicó Shion con suavidad, ya que también estaba preocupado. "No sabemos cómo van a resultar las cosas, pero… quizás terminan bien y nos llevamos una sorpresa." Athena sonrió.

"Espero que tengas razón, Shion."

"Yo también." Suspiró el Patriarca, desviando su mirada hacia la fiesta…

… sintiendo algo de nostalgia en el proceso: su corazón dio un latido especial y pausado, cuando fugazmente se le cruzó por la mente alguien de su pasado…


Santuario de Athena.

Milo y Alisa llegaron más rápido de lo planeado hasta la casa de Escorpión en el Santuario. Mu de Aries, quien había decidido que era hora de marcharse para ver cómo estaba Kiki (y para huir de Alsacia, quien había comenzado una nueva ronda de baile con los dorados), los había teletransportado hasta allí. No intentó iniciar ninguna conversación por el evidente desánimo del nuevo matrimonio, así que se retiró en busca de su alumno, a quien había dejado bajo el cuidado de una amazona.

Se casaron temprano por la mañana; la fiesta había durado toda la tarde, y duraría por las pintas, varias horas más. La nueva pareja tenía toda la noche por delante: es más, la puesta de sol daba las pinceladas perfectas para inspirar una romántica velada. En otras circunstancias eso habría sido de lujo, pero en esta… sin comentarios. Milo se rascó el cuello algo incómodo mientras miraba hacia el templo que protegía. Alisa por su parte tenía la vista fija en las casi interminables escaleras que llevaban hasta su nueva casa. ¿Tendría que subirlas todos los días? Tenía Que Ser Una Broma. ¡Debían ser miles de escalones!

"Una semana subiendo y bajando esos escalones y ya ni los sentirás." Explicó Milo, sin darse la vuelta, como adivinando su pensamiento. Alisa lo miró de reojo con recelo. "Dejé tus cosas en otro cuarto… ¿me sigues?"

Sin contestar, Alisa se dio la vuelta y encaró al templo. Se sorprendió al verlo: objetivamente el lugar era precioso. Siguió a Milo desganada hasta que las escaleras que llevaban al piso residencial la terminaron por sorprender aún más. Éstas estaban tan bien camufladas en la arquitectura que ella sola nunca las habría encontrado, por más que hubiera querido.

"Cuenta tres de estos paneles desde aquél punto en la entrada del templo." Le explicó Milo con aridez. La miró con curiosidad. Su nueva esposa o era una chica callada o no quería hablarle. "También puedes contar 7 columnas a partir de esa con los agujeros: Imposible perderse." Añadió con la misma sequedad, tan impropia en él. Alisa lo quedó mirando con ojos grandes y neutrales. Milo se encogió de hombros y comenzó a subir las escaleras.

Una vez arriba, abrió la puerta de la casa con las llaves, dándole un juego a Alisa y le permitió pasar primero. Milo tenía el plan de ser algo más agradable con ella, pero no le estaba resultando. Cerró la puerta detrás de sí… y casi se va de espaldas.

¿Recuerdan cuando les comenté que Milo había dado problemas esa mañana al levantarse? ¿Cómo Saga, Camus y Aldebarán habían tenido que sacarlo de su cama y vestirlo casi a la fuerza? Luego de eso nadie se había preocupado de ordenar, y lo que Alisa estaba mirando en ese momento era… muebles volteados, ropa tirada por doquier, ventanas abiertas, persianas a medio romper, el piso mojado… Un bendito desastre.

No era que a Milo le importase lo que Alisa pensara de él, pero si había algo que no le gustaba era causar una mala impresión en una chica, fuera quien fuera. Además, contrario a lo que muchos podrán pensar, Milo era un espíritu alegre y juerguero, pero nunca vago: le gustaba el orden en su casa. ¡Tampoco era un borracho! Solo se le había pasado la mano con tragos dos veces, nada más. ¡Eso no lo convertía en un alcohólico! Quizás no un orden perfecto o pulcro, pero orden al fin y al cabo. Este desorden… tiraba por la borda sus deseos de causar una primera buena impresión.

"¿Vives en esta pocilga?" Le preguntó Alisa con disgusto y especial énfasis en la última palabra; curiosamente ella tampoco era muy dada a las cosas desordenadas.

"Tu cuarto es ese de allá." Le dijo al tiempo que le indicaba una determinada dirección. Milo habría querido decir otra cosa, pero no le resultó. Alisa, sin decir más, se fue hacia donde le habían indicado.

Milo suspiró y decidió que mejor ordenaba el lugar. Se fue a su cuarto a cambiarse de ropa, pues no aguantaba estar más tiempo estrujado en aquél traje. Se puso su ropa de entrenamiento e intentó restaurar el orden perdido en su desastrada casa. Al terminar de trabajar, ya había anochecido hacía un buen rato y se sentía cansado como nunca. Decidió darse una ducha, pero justo cuando iba a abrir la puerta del baño, esta se abrió de improviso. Alisa lo miró a los ojos con una expresión ya no tan fría, sino sorprendida: estaba en pijama, con su bata puesta, sin maquillaje y con el cabello suelto, que ahora le llegaba hasta los hombros. Asintió con la cabeza, salió y le pasó por el lado sin decir nada. Milo pasó esto por alto y entró al baño.

Alisa regresó a su cuarto, y le echó llave nada más al entrar. Ella también había estado ocupada. Había sacado algunas cosas de las cajas y ordenado un poco su nueva vida. La habitación era más o menos del mismo tamaño que el cuarto que había ocupado en la casa de sus padres, pero el armario era más grande, lo cual brindaba un alivio agradable y más que bienvenido. Solo había sacado y ordenado la ropa, para luego meterse al baño para darse una ducha. Su vestido de novia yacía en el suelo cuál trapero abandonado… había querido quemarlo, pero desistió de ello. No quería iniciar un incendio. Su ramo de novia, que no había lanzado, corrió peor suerte que el vestido, al volar ventana afuera en miles de pedacitos ni bien Alisa hubo reparado en él.

Alisa desató su bata y se tendió en la cama. No prendió la luz, se quedó a oscuras. Todo el santuario parecía estar en silencio, y la oscuridad de la noche era penetrante… los típicos ruidos de la ciudad no alcanzaban a oírse. Era increíble que este lugar estuviera tan cerca de Atenas y que se sintiera como si estuviera a un hemisferio de distancia. Se aferró a su almohada y se encogió sobre sí misma, como si con eso intentase desaparecer. Sollozó en silencio por largo rato, presa de una desolación increíble… sollozó sin hacer el más mínimo ruido.

Tap.

Este ligero sonido llamó su atención. Alisa contó hasta 10 antes de acercarse a la puerta, que con cuidado y sigilo, abrió. Allí, junto al dintel de la puerta, y en el suelo, había un vaso con agua. Alisa lo recogió y miró hacia ambos lados, sin encontrar a nadie.

"Gracias." Dijo por si acaso. Y nuevamente se encerró en su cuarto.


Día Siguiente.

Esa mañana Milo despertó demasiado temprano para su gusto, pero se quedó despierto largo rato mirando el techo. Eran las 8 de la mañana cuando por fin salió de su cuarto. Como siempre, su casa estaba sumida en el más completo silencio, y aunque aún podían detectarse trazas de la batahola del día anterior, se veía ordenado. Podía sentir el cosmo de sus vecinos, algunos durmiendo a pierna suelta y otros comenzando a despertar: todos ellos se percibían muy cansados. Al parecer la fiesta había durado más de lo usual. Milo bostezó y decidió que tenía hambre. Como sabía que no tenía comida, decidió que le pediría a Shaka algo de comer; pero antes de salir de la casa… vio un papel pegado en la puerta, con su nombre.

"Me fui a trabajar. Volveré tarde (si es que regreso). Una chica June te dejó una nota en la cocina; si la ves, dale mis saludos y que le doy las gracias.

Alisa."

"¿Qué June me dejó qué?" Extrañado, Milo se dirigió a la cocina con lentitud. Para su sorpresa, el agua ya estaba a medio hervir… y había otra nota dirigida a él en la mesa de la cocina:

"Señor Milo,

Athena nos pidió a Shun y a mí que te compráramos algunos víveres, para que no pasaras vergüenza por tener la despensa vacía, y el refrigerador con la mitad de un limón y algunos bocadillos a medio comer; los mismos que tenías desde la final de la Eurocopa, que por cierto, estaban en el mismo lugar en que los vi la última vez, llenos de moho (sí, también te limpiamos el refrigerador: ¡Me Debes Una Crema Para Las Manos!). Te compramos suficiente comida como para que les dure un mes. Le dejé una nota a tu nueva señora.

Abrazos de June.

PS: Shun te manda saludos."

Milo, con los ojos cerrados y una ceja a medio arquear, arrugó el papel con disgusto y se dirigió al refrigerador. Efectivamente, estaba lleno de comida, limpio, como nunca antes lo había visto. ¡Incluso Había Verduras Frescas! Lo mismo ocurría con la despensa. Eso sí, se notaba a la legua que quienes habían hecho la compra no superaban los 16 años, porque habían comprado leche, colorante sabor chocolate y caramelos en exceso. Ni modo… Milo se preparó un café y dos tostadas; luego de eso se metió a la ducha, se vistió y salió de su casa en dirección al coliseo a entrenar un poco.


Límites del Santuario.

Flashback

"¿QUÉ? UNA SEMANA LIBRE. PERO… ¡ULISES! PERO ¿PORQUÉ?"

"Para que conozcas mejor a tu nuevo marido." Dijo el aludido con la mejor de sus sonrisas, sin temer las posibles represalias que tal cosa pudiera acarrearle. "Les va a servir, además que no has tomado vacaciones desde que te conozco." Añadió su jefe muy tranquilo. "Por cierto, gran fiesta la de anoche."

Fin de Flashback.

"¡Preciosa! Este No Es Lugar Para Turistas Y Si No Puedes Encontrar Una Excusa Mejor Que Esa, Mejor Te Largas Antes Que Decidamos Ayudarte." Protestó el soldado, a medio enfadar, mostrándole el puño en alto.

"¿Qué Vas A Hacer Para Echarnos?" Alsacia tampoco estaba de mejor humor: no le gustaba la gente grosera. Alisa se quedó callada, de brazos cruzados. No tenía ni las más remotas intenciones de interferir. "¡Déjanos Entrar De Una Vez! Te digo Que Vive Aquí. ¿O no me entiendes?"

LARGO!"

"Si es necesario que esperemos aquí, ¡NOS QUEDAMOS!"

"Alsacia, déjalo ya." Gruñó Alisa. "No tengo Intenciones de Entrar y Nadie Me Espera."

"¡De Aquí NO nos movemos hasta que te dejen entrar!"

"¡Pues Te Convertirás en Estatua, Mujer, que NO vas a entrar!"

Eran las 10 de la mañana, Alisa figuraba en los límites del Santuario, sin poder entrar en él. Los guardias lisa y llanamente no le creyeron ni que era la esposa del santo de escorpión ni que a partir de ahora viviría allí: como su tono de voz no sonaba convencido o alegre cuando se los dijo, y como tampoco insistió mucho en el asunto, no la dejaron entrar. Alsacia la acompañaba… y no se iba a ir sino hasta que su amiga pudiera regresar a su nueva casa. Los guardias les dieron un empujón: ya estaban fastidiados.

"¡NO te Atrevas a Ponerme La Mano Encima, O Te Va A Ir Muy Mal!" 'Ladró' Alsacia en castellano.

"¿Algún problema?" Preguntó Mu de improviso, con esa calma tan característica de él.

"MU. ¡Qué Bueno Verte!"

"Hmpf. Buenos días, Mu." Le saludó Alisa con cansancio y a desgano, cruzada de brazos. Mu les sonrió, uno de los soldados se le acercó.

"Señor Mu: estas mujeres insisten en entrar al Santuario y no parecen desistir. Y esa mentirosa…" Continuó el soldado señalando a Alisa, a quien le dio un tic en el ojo (no era una mentirosa). "Dice Que Está Casada Con El señor Milo, Pero…"

"Eso es verdad." Comunicó Mu con calma. "La señora a quien llamas de ese modo es, desde ayer, la esposa del santo de Escorpión." El pobre soldado se puso pálido. "Tranquilo, un error lo comete cualquiera." Lo tranquilizó Mu para luego dirigirse a Alisa. "¿Milo no te dio el salvoconducto?"

"¿Te refieres a esto?" Alisa levantó la mano derecha, en cuya muñeca había una pulsera de oro con el dije de un escorpión. "No me la dio el señor Milo: dormía cuando me fui. Me la dio Saga cuando me crucé con él esta mañana, me dijo que no había tenido la oportunidad de dársela a mi marido." Explicó Alisa con evidente disgusto. "Dijo que me serviría para caminar por todos lados." En eso la expresión de la chica cambió por una de curiosidad. "¿Sabes si Saga sigue enfermo? Esta mañana se veía muy mal."

"Ya veo. Saga no tolera muy bien el alcohol ni las fiestas, pero no te preocupes, ya está mejor." Mu miró a los soldados. "A partir de aquí me encargo yo, pueden retirarse." Los soldados asintieron con la cabeza y se marcharon a la carrera. Alsacia le sonrió.

"Muchas gracias, Mu: te perdonaré el baile que me debes por este favor."

"No hay problema, para mí es un gusto. Señora Alisa, ¿Qué hace aquí tan temprano? Creí que no regresaría sino hasta tarde."

"Me dieron la semana libre." Gruñó la aludida. "Y Por Favor, no me digas 'señora' que con Alisa a secas basta. ¡Me haces sentir vieja!"

"La acompañé para asegurarme que llegara a casa y no se fuera a otro sitio." Explicó Alsacia a la carrera. "Ahora Debo regresar… Cuida de Alisa por mí. Un gusto verte Mu." Dicho esto, Alsacia se alejó, dejándolo sólo con Alisa. El santo de Aries miró a su nueva vecina unos segundos… tenía una expresión de fastidio que le resultaba familiar.

"¿Sabes Algo? Milo pone esa misma cara cuando algo no le resulta." Comentó divertido. Alisa lo miró significativamente. Mu le sonrió con esa dulzura tan característica en él. "También pone esa cara." La chica le sonrió.

"No te conozco mucho señor Mu, pero tengo una buena impresión de ti: hazte a ti mismo un favor y no la arruines." Le pidió con una mezcla de nostalgia, seguridad y enfado.

"Por favor: Dime Mu. ¿Quieres un aventón hasta escorpión?"

"No gracias, puedo…" Comenzó a decir Alisa, pero recordó las escaleras, sintiendo un escalofrío por la espalda. "Está bien. Pero sólo por esta vez, que tengo que acostumbrarme a subirlas en algún momento." Mu le sonrió y le ofreció la mano. Alisa la sujetó y ambos se teletransportaron.


Santuario de Athena. Coliseo.

"¡Oye Milo! Tengo cuerdas de cuero que te pueden servir en mi casa." Le propuso Máscara de la Muerte. "Ya sabes, por si te dan problemas en la… OYE. ¿ESTÁS LOCO?"

Máscara de la Muerte esquivó por una pata de cangrejo cuatro de las quince agujas de Milo que, por mera coincidencia, se habían desviado en su dirección. El día estaba finalizando y Milo ya había aguantado bastantes bromas de este estilo.

"¡Quien hubiera dicho que Milo se pondría así, luego de pasar la noche con su bella y joven esposa!" Bromeó Shura. "Aunque con esa cara, me explico por qué la chica salió tan temprano. ¡A Trabajar Para Colmo!"

"¿No Tienen Nada Mejor Que Hacer? Vayan A Molestar A Otro." Se quejó Milo enojado, volviendo a su práctica.

"Eso tiene dos interpretaciones." Explicó Kanon, haciéndose el entendido. "O anoche casi le prenden fuego a la casa, o lo pasaron tan mal que…" Milo alzó a Kanon por el cuello de improviso.

"No. Me. Provoques." Siseó muy enfadado.

"¡Cálmate, Milo! No es nada de qué avergonzarse. Le pasa incluso a los mejores." Rió Kanon… aunque aquí entre nos, estaba algo nervioso: después de todo, había sido Milo quien lo había dejado como colador no hacía mucho.

"¡Parece que Kanon tiene razón en al menos una de sus teorías!" Exclamó Máscara de la Muerte.

"¿Qué Te Pasó Milo? ¿No pudiste desplegar tus encantos ante tu mujer en la primera noche? Cosa seria." Le comentó Shura riendo: era divertido reírse a costa de su compañero. Una vena gordísima pulsó en la frente de Milo. "Lindo día. Lástima. Ya está anocheciendo." Milo soltó a Kanon con un gruñido. Shura le sonrió. "¿Harás algo esta noche, Milo?"

"¡TROPA de INSOPORTABLES!" Se quejó Milo entre dientes. Pese a todas las burlas que había recibido, no estaba con ánimo de discutir. "Debí Haberlos Reducido A Polvo Estelar Cuando Tuve La Oportunidad."

Dicho esto, el santo de Escorpión se alejó del Coliseo a paso firme, aguantando las risas de sus compañeros. Se dirigió a su casa directamente, no habló con nadie durante todo el trayecto. Decidió irse por el camino largo para ver si así podía quemar algo de enfado antes de llegar a su casa. Ni bien llegó a su templo, subió las escaleras hasta el piso residencial y allí, gruñó por última vez antes de entrar.

Alisa estaba viendo tele en la sala, comiendo un sándwich de lechuga. Hizo un ademán de cabeza cuando lo vio entrar, que Milo respondió con ligereza. Se paseó un poco por la casa, entre su cuarto y el baño. Alisa siguió mirando tele por mientras todo esto sucedía, indiferente. Una hora más tarde, su marido pareció calmarse: se había pegado una ducha y cambiado de ropa. Entró a la cocina…

"Te dejé un sándwich por si tienes hambre." Le dijo Alisa sin despegar los ojos de la tele. No le respondieron, pero no le importó. Segundos después, Milo apareció junto a ella y se sentó en el sillón, con el sándwich a medio comer, y con un café.

"¿Qué estás viendo?"

"Friends."

"Bien. ¡Una Serie Clásica!"

"…"

"… Gracias. Por el sándwich." Dijo Milo mientras veía la tele, y a medio tragar: en el fondo apreciaba el detalle. Alisa se encogió de hombros. "Creí que volverías más tarde."

"Semana libre." Dijo Alisa, quien acto seguido lo miró con los ojos entrecerrados. "Por cierto… arreglé la lavadora y la puerta del microondas, pero no pude hacer nada por la secadora: llama al técnico para eso." Ante esta explicación, Milo abrió los ojos genuinamente sorprendido.

"¿Tengo secadora?"

"La que usaba de basurero." Explicó Alisa sin que su expresión variase.

"Oh. Bien. Gracias."

"No agradezca. Estaba aburrida."

Siguieron viendo el programa, sin mirarse las caras o emitir más comentarios. Cuando terminó la serie, Milo cambió el canal un par de veces hasta que encontró un programa de su gusto. Cuando terminó, Alisa se puso de pie y se llevó sus platos sucios a la cocina, y de allí se fue a su cuarto.

"Gracias por el agua anoche." Le dijo antes de encerrarse.

"De nada." Respondió Milo sin dejar de ver la tele. "… aunque ya me la habías dado." Añadió para sí.

Continuará.

Por

Misao-CG


En el Próximo Capítulo

"NO. ¡ESTÁ LLENO DE COSAS DE NIÑA!" Aioria sujetó a un no muy feliz Milo de un brazo y lo arrastró hasta el baño. Los demás santos, ahogando risitas, los siguieron por mera curiosidad. "¿LO VES?" Le gritó una vez que llegaron hasta allí.

Con cara grave, Milo abrió la puerta del baño, pero no enfrentó de inmediato el interior. Se cruzó de brazos muy enojado y encaró a Aioria.

"¿Te parece esto un baño de niña, Leoncillo?" Pregunto con desgano, muy seguro que su baño estaba intacto… pero al ver la cara de espanto de sus demás compañeros le dio mala espina. Lentamente giró su cabeza hasta mirar al interior… y el alma se le fue a los pies.


PS: Este capítulo no me dejó muy convencida. Si los decepcioné, lo lamento mucho y espero poder hacer un mejor trabajo con el próximo capítulo. Por cierto… la frase en latín que Shion dice 'Dura lex, sed Lex', significa 'Ley Dura, pero Ley'… Ya sé que Shion debió haber hablado en griego, pero me pareció más oportuno poner esto en latín, sin mencionar que apenas sé decir mi nombre en griego.