Pútrid Dolce
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-La Melodía de Odio.-
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Gemia el nombre de aquel ser. Para el demonio era como si una musa le estuviese cantando un himno dedicado completamente a él. Más, era una oración para matar la poca cordura de aquella mujer que apegaba su oreja a la puerta de la habitación de su hijo. Su cuerpo inmóvil a cada susurro que salía de aquella habitación. Cada sonido arrebatándole su hijo.
Ella había adornado cada rincón de aquella habitación. Cada día ella había puesto alguno nuevo para su hijo. Su único hijo.
Tan solo había salido un rato fuera de la mansión, para dejar violetas en la tumba de Elizabeth. Había ido a caminar para despejar todos aquellos malditos pensamientos que esa mansión le daba. Regresó, sin pensarlo se dirigió a la habitación de Ciel, más pauso cuando escucho sonidos salir de aquel lugar.
Su hijo había susurrado el nombre de aquella bestia, antes de que ella habriese la puerta.
-¿Ciel?- Dijo el nombre en voz leve. Sus manos temblando mientras sujetaban la perilla de la puerta. Nunca escucho ninguna respuesta por parte de su hijo, más un suspiro largo había salido de la boca de su hijo. ¿Un ataque de asma? Más ella no se atrevió a abrir la puerta. No podía cuando sabía que aquella cosa estaba ahí adentro.
Se agachó para mirar por debajo de la puerta.
La bestia lo acogia en sus brazos, su espalda desnuda moviéndose como aquellos animales listos para atacar. Cada movimiento era para consumir al cuerpo que yacía abajo de él. Las garras negras levemente encajándose en la nuca de su víctima, marcando con sangre lo que era su cena. Los ojos de aquella bestia la habían capturado. Sus ojos carmesí observándola con una malicia burlona.
Su hijo se torció cuando aquel maldito se incorporó de nuevo para consumirlo. Rachel Phantomhive siguió mirando. La ira de su corazón consumiéndola, a cada movimiento de aquel demonio sus ojos de la mujer se llenaban de más lagrimas. Y no pudo aguantar más.
-¡Suelta a mi hijo!-
Metio sus manos por debajo de la puerta. El demonio le miro denuevo, los labios de el ser dejándole ver su sonrisa. Su boca dejando ver sus colmillos.
Rachel encajó sus uñas en el suelo. Dejando horribles marcas sobre aquel piso echo de madera, más; le importaba poco por qué quería entrar. Entrar y arrancar a su hijo de las garras de aquel monstruo. Sus manos se llenaron de sangre, manchando su piel y dejando su líquido sobre el piso.
Sus ojos se clavaron en aquel maldito ser. Sus manos y cuerpo dejaron de moverse, cuando miro al demonio jalar el cuerpo de su hijo, sentándolo en la cama. Los ojos azules de Ciel mirándola por un momento breve. Haciendo el cuerpo de Rachel pausar en temor e impotencia. Le estaba arrebatando todo lo que algún día había poseido como madre aquel maldito.
-¡Ciel!- gritó y gritó. Más su hijo nunca respondió.-¡Ciel!-
Él demonio tapo el cuerpo de Ciel. Lo único que Rachel pudo observar fue la espalda de aquel ser. Sus gritos se volvieron más desesperados, con cada movimiento que ese ser hacia sobre la cama provocaban que Rachel se aferrará más y más a la puerta. Sus ojos buscando a su hijo.
Dos pequeñas manos aparecieron, aferrándose al cuello de el ser.
Rachel perdió.
Perdio la cordura por completo.
Perdio a Ciel.
Sus gritos llenaron la mansión. El eco de su voz llamando constantemente el nombre de su hijo, mientras que sus manos rasguñaban la puerta y suelo. Era como un animal desesperada para sacar a su cría de los colmillos de un depredador. Con tanta fuerza clavaba sus uñas en la madera que había ya roto parte de ellas, encajándolas en el suelo.
Jalaron de su cuerpo. Rachel entre sus llantos ignoro a su esposo quien la llamaba por su nombre. Su voz perdida en el eco del nombre de Ciel. Su esposo continuo alejándola de su hijo. Tenía que entrar,necesitaba salvar a su retoño. Rasguñaba a su marido, agarrando de la perilla.
-¡Rachel basta!-
Rachel miró como Vicent la alejaba de la puerta. Sus palabras no tenían sentido, de la boca de esa mujer nunca más salió otra palabra que el nombre de Ciel. Sus manos trataban de acercarse a aquella puerta que poco a poco se alejaba de ella. Su hermoso rostro perdiendo toda la belleza, siendo remplazado por un mirada perdida.
Odiaba a ese demonio. Odiaba a Vincent por detenerla. Más, se odiaba más a ella por su cobardia. Se cegó por su temor a aquel demonio, dejando a lo más preciado inofensivo y abierto para ser devorado. Todo por su egoísmo.
Le abría ofrecido a su hijo desde el principio. Y termino quitándole a Ciel.
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Vincent la sujetaba. Escuchando como su esposa seguía llamando por su hijo. No pudo revisar la habitación, cuando miro a Rachel lo único que pudo pensar era en detenerla. Y aún quería detener aquellos gritos que aún continúaban saliendo de la boca de su amada.
-Por favor, basta...- murmuró a su esposa.-Te llevaré aún lugar mejor. A un lugar lejos.-
-Ciel,Ciel...¡Ciel!-
-Claro. Ciel irá contigo...-
Esa noche Rachel Phantomhive fue llevada aún hospital privado. De su voz seguía saliendo el nombre de Ciel. Rasguñaba la puerta, sus manos clavándose. Como si con sus uñas se le clavanse a aquel ser maldito.
Los ojos azules de su hijo aún capturados en su memoria. Ahora le pertenecían a aquella bestia.
Los cuervos de la ventana le miraban. Burlándose como lo había echo ase poco.
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Notas de Autor: Primero que nada. Mientras escribía esto me sentí como un pedazo de basura. Lo siento Rachel...
Por otro lado quiero decir que nunca acabó o continuo los fanfics que ago. Siento que lo arruinaré con ideas que en mi cabeza suenan interesantes, pero terminan sintiéndose muy estupidas. Más este fanfic fue mi primero y si tardo un siglo lo quiero terminar.
Gracias a las cinco personas que lean esto XD.
