CAPÍTULO 007
Padre e hija se dedicaron a sacar todos los ingredientes en la isla de la cocina. Después de más de diez minutos pensando y lanzando nombres al aire, tomaron la decisión de preparar su plato favorito, espagueti a la carbonara. Raudos y veloces, no perdieron tiempo en plantarse en la cocina.
- ¿Pasta fresca? - se sorprendió Alexis cuando Richard le dijo que prepararían todo a mano, incluso la pasta.
- Sí, señorita...
- ¡Buah! ¡Me encanta! - aplaudió - ¿Cómo se hace?
- El experto en la materia... - se señaló a si mismo con sus dos manos - ...te ofrecerá una clase magistral.
Alexis rompió a reír. - Cuando se entere mamá, no se lo va a creer.
- ¿Por qué? - preguntó haciéndose el ofendido, con cara de pucheros.
- Esto de la cocina no le gusta mucho. Pero no se lo digas, ¡eh! - sonrió - Seguro que no quiere que te enteres. Lo intenta, pero nunca sale demasiado bueno.
- Bueno, podemos darle clases de cocina, si quiere.
- ¡Qué buena idea! ¡Nos podías enseñar a las dos!
- Puede ser divertido. - le dio un toque en la nariz - Ahora vamos a disfrutar de la elaboración de la pasta fresca.
Los siguientes minutos fueron de lo más divertidos. Sobre todo para la pequeña que era la primera vez que disfrutaba en la cocina. Para su madre era un suplicio y al verla siempre tan tensa, Alexis también había sentido rechazo. Pero con Richard era bien diferente. Todo era entretenido. Y sentía que con paciencia y esmero, su plato de comida favorito, saldría de diez. Aunque sin lugar a dudas la mejor parte para ella fue la realización de las tiras de los espaguetis.
Cuando su amigo sacó la máquina, suplicó para ser ella quien la manejase. Y él, fue incapaz de decirle 'no' a su hija. Eso sí, fue inevitable que los dos terminasen con algo de harina de pies a cabeza.
- ¿Has visto lo bien que me salen?
- Creo que has nacido para hacer espaguetis... - le guiñó un ojo.
- ¡Soy una artista! - rio. Y para Richard fue la risa más increíble que había escuchado nunca. Y no pudo evitar acompañarla. - No me desconcentres... - le indicó con uno de sus deditos mientras seguía con la manivela. - Ahí va otra ración.
- ¡Marchando! - colocó el plato de nuevo para que ninguno cayese al suelo. Ambos se quedaron sorprendidos cuando llamaron a la puerta - ¿Esperas a alguien?
- ¡Esta no es mi casa, Rick! - sonrió.
- Iré a comprobar...
Richard se acercó hasta la puerta sin quitar los ojos a su hija que seguía concentrada en el aparato.
- ¿Rick? - miró Kate a Richard confusa. Su pelo parecía haber mantenido una lucha desigual con la harina.
- Kate... - sonrió - Pasa... - asintió.
- ¿Qué estáis haciendo? - se sorprendió al ver a su hija en la cocina, con el mismo aspecto que su padre.
- ¡La cena, mami! - gritó feliz - ¡Sabe cocinar! ¿No es increíble? ¡Ven! ¡Corre! ¡Que te enseño! - Kate miró a Richard como pidiéndole permiso para acercarse hasta Alexis. Y, él, solo pudo perderse en sus ojos, como un completo enamorado.
- Vamos, llegas justo a tiempo... - logró decir. Dejó su mano en la parte baja de la espalda de Kate y la acompañó.
- Estamos haciendo mi plato favorito.
- ¿Qué tal el día ratita?
- ¡Genial!
- ¿Qué habéis hecho?
- Muuuuchas cosas, mami.
- ¿Sabes cocinar? - preguntó algo sonrojada. Richard lo percibió y sintió la necesidad imperiosa de acercarse a ella y estrecharla entre sus brazos.
- Hmmm... - sonrió - Ya me ha contado Alexis tu lucha diaria en la cocina.
- Buf... soy un completo desastre. Lo reconozco. - se encogió de hombros.
- Rick me ha prometido que nos enseñará... ¿A qué es genial?
- Sí, ratita. Es perfecto. - incapaz de apartar su mirada de la de Richard.
- ¿Os quedáis a cenar, verdad? - preguntó casi suplicante.
- ¡Sí, mami! ¡He trabajo mucho en mi pasta!
- Por supuesto, no puedo perderme vuestra elaboración. - acarició su mejilla.
- Pues, entonces, nos tienes que echar una mano en la parte de la 'carbonara'. - le enseñó una sartén y un cuchillo.
- ¡Ay, no! ¡Va a ser que para esto no sirvo! - negó con su mano y su cabeza, sonriendo.
- Vamos, Kate... - la miró concentrado - ¿solo intentarlo?
- ¡Venga, mami! ¡Vamos! - aplaudió.
Kate achicó sus ojos mirando a padre e hija. Se sintió incapaz de decirles que no. Aunque por dentro se moría de vergüenza. Llevaba toda la vida sintiéndose completamente inútil en esa faceta de su vida. Como cocinera, no podría ganarse la vida. - Está bien... pero si luego sale mal... - les indicó a ambos con su dedo - ...no podréis decirme nada.
- ¡Hecho! - le contestaron a la vez.
Richard le indicó que se pusiese a su lado. Kate, al principio, se sintió algo cortada. Pero sucumbió a la tentación de rodearse de él. Y no estuvo equivocada. Porque para detallarle como cortar con el cuchillo, Richard, no dudó apoyarse tras su espalda, unir sus manos y explicarle a conciencia. Ninguno de los dos pudo evitar sentir un escalofrío, de pies a cabeza. Hasta tal punto de sentir, que podrían llegar a marearse.
- ¿Lo ves? - los labios de Richard estaban a escasos milímetros del oído de Kate, que se estremeció, sin pasar desapercibido para él.
- Hmmm... - su mano tembló y se mordió el labio inferior.
- Al final va a resultar que tienes futuro en esto de la cocina... - rozó, tímidamente, sus labios en su lóbulo y se alejó, para ayudar a Alexis a desmontar la máquina. - ¿Todo listo?
- ¡Perfecto! ¡Va a quedar un plato impresionante! - le sonrió - Mami...
- Dime, ratita.
- ¿Has venido pronto, no?
- Sí, al final he podido escabullirme.
- ¡Qué bien!
- ¿Me vais a contar vuestro día? - preguntó mientras seguía pendiente del cuchillo y de trocear todo al milímetro.
- Hemos ido al parque... - comenzó a enumerar con sus manitos, mientras sus padres no perdían detalle de sus movimientos - Después, hemos dado vueltas alrededor del estanque hasta marearnos, hemos paseado, hemos ido a una cafetería chulísima a merendar, hemos visto una peli y luego nos hemos puesto a cocinar la cena.
- Ha sido mucho más entretenido que lo mío.
- Tendrías que haber estado mami. Ha sido genial. Sobre todo esa hamburguesa de Lola.
- ¿Lola?
- Hmmm... - miró a Richard, para que continuase él.
- Si, Lola.
- ¿Una amiga? - Kate levantó su ceja, algo molesta.
- Hmmm... - asintió Richard.
- Muy simpática, mami.
- Ya... - empezó a trocear más fuerte.
- Hemos quedado en volver. ¡Me cae bien! - sonrió Alexis mirando a ambos.
- Genial, ratita... - sin levantar la vista.
- Es como mi madre... - Richard se plantó delante de ella, al otro lado de la isla - La conocí hace ocho años, una de las tardes en las que no podía dejar de pensar... Esa mujer, me vio, completamente perdido y me escuchó. Desde entonces se volvió prácticamente mi segunda madre. Porque la primera siempre está de viaje y con poco tiempo para escucharme. - se encogió de hombros cuando Kate levantó su mirada, sonrojada.
- Te gustará mami. Ya le hemos dicho que la próxima vez iremos contigo. Además, si le aviso, llamará a su nieto, que tiene mi edad, para que lo conozca. ¿Podemos ir mañana? - le puso cara suplicante.
- Pues...
- ¡Por fi! - Alexis.
- A lo mejor Rick tiene cosas que hacer.
- Me ha dicho que no, ¿verdad? - Alexis.
- Si queréis ir, por mí sería perfecto. - reconoció el escritor.
- Vale. Iremos. Mañana tengo fiesta seguro. - sonrió a su hija.
- ¡Genial mami! ¡Veras que hamburguesa más impresionante!
Cenaron entre las distintas historias que Alexis les contó de toda su semana de clases. Richard y Kate intercambiaron miradas en más de una ocasión sin poder ocultar la sensación de paz que les rodeaba al sentir que estaban justo donde debían estar. Cuando terminaron, Richard las invitó a ver una película y él recogió todo. Al terminar, fue a buscarlas y las encontró dormidas. Se sentó al lado de Kate, que apoyaba su cabeza en el respaldo del sofá y no pudo evitar acariciar su pelo, su frente, sus mejillas. Se sentía extraño. Extraño por tenerla tan cerca y tan lejos. Por querer abrazarla y no poder hacerlo.
- Rick... - susurró Kate al abrir sus ojos y notar sus caricias.
- Kate... - suspiró.
- Me he dormido.
- Hmmm...
- Tendríamos que irnos...
- Supongo... - se entristeció.
- Nos veremos mañana... - le dijo Kate, intentando reconfortarlo.
- Claro.
- Mami... - pronunció bajito Alexis somnolienta.
- Dime, ratita... - acarició su cabecita.
- ¿Nos podemos quedar? He traído ropa en la mochila.
- Cariño...
- Mami... - suplicó.
Kate, miró a Richard. Buscó algo en su mirada para salir corriendo de allí. Tener las razones necesarias para huir. Pero al cruzarse con sus ojos, su cuerpo fue incapaz de moverse. Jamás imaginó poder ver tanto amor en su rostro. Aquella mirada destinada a ella y a su hija, la reconfortó como nadie lo había hecho antes. Llevaba, tantos años, perdida que sentir que estaba en puerto seguro era una sensación verdaderamente extraña y novedosa para ella. - Rick...
- Quédate Kate... No te vayas otra vez, por favor.
