Temblores

—El punto era que dejaras esas cosas~3

—Estos son diferentes, no son pockys, sólo palillos de pan, cuestan un tercio y no me dejan algún sabor de boca, ¿eso está bien para ti?—dijo mirándola con la ceja alzada. Ya había intentado con alunas cosas para esa ansiedad que tenía, no quería renunciar a otra cosa y volver a pensar cómo controlarse.

—Sabía en verdad mal, Isuke no tiene idea de cómo tolerabas esas porquerías~3—no se arrepentía en nada de lo que había hecho, ni de tirar las paletas tapando el desagüe de su apartamento como de casi ahogar a Haruki.

Acostadas en la cama matrimonial, era la noche del viernes, Haruki regresaba de la constructora, así que decidió pasar por casa de Isuke, quien se encontraba sola pues sus padres aún no regresarían hasta mañana o el domingo.

—Bueno, ya me lavaste a chorros ese día, gracias—dijo restándole importancia al asunto, de alguna manera fue un poco divertido; alargo la mano a la bolsa azul y el empaque hizo un sonido de temblor que alerto a Isuke.

— ¿Qué pasa con tu mano?

—No es nada—se tomó la muñeca con fuerza para detener el temblor, tenía la expresión algo seria cuando lo hizo—ha estado ocurriendo desde ayer que llegue a casa. Temblores en mis manos, brazos o piernas.

—Entiendo…—prendieron el televisor pero sólo Haruki lo veía, la chica a su costado estaba pensativa, conocía algunos síndromes de abstinencia y los temblores eran uno de ellos ¿qué tan dependiente era de esos dulces? Un movimiento en la cama llamó su atención, la pierna de la chica sufría de espasmos que parecían detenerse cuando ella comía esos palillos de pan. De verdad estaba peleando contra las ansias de los pockys.

—Bueno, es tarde, le dije a Fuyuka que volvería antes de las once y ya casi es hora—se levantó para sacudirse un poco, dejando caer migajas, pequeñas migajas molestas que atraerían hormigas, que le molestarían a la hora de acostarse y tendría que barrer luego. Isuke odiaba las migajas y los nuevos palillos de Haruki dejaban caer muchas. Las cosas no funcionarían así, pensó mientras fruncía el ceño viendo sus sabanas, le quitaría esos palitos, pensó decidida.

El único problema, cada vez se agotaban más y más sus opciones y los síntomas de abstinencia empeoraban en igual medida.