13/09/2009

Domingo... los domingos me aburren bastante. Si fuera por mí, sólo existirían los viernes por la noche y los sábados. Bah, sólo estoy divagando... ¡A leer!


7

–No me lo creo. Tú nunca habías dejado que…

–Ni lo menciones –Naruto tapó con la mano la boca de su amigo, que se encontraba a su lado sentado en el otro columpio antes de que pudiera completar la frase.

Las clases habían terminado hacía apenas una hora, más que suficiente para que al rubio le hubiese dado tiempo a quejarse de la mierda de examen que acababa de hacer y, respondiendo a la pregunta de su amigo de por qué no había estudiado más, le había soltado sin pensar, como ya iba siendo costumbre, que por culpa de un calentón. Así habían terminado los dos sentados en los columpios del parque que quedaba en frente del instituto, mirando al frente con aire ausente y un indiferente balanceo.

–¿Y qué tal? –el chico lo miraba con esos ojos negros que, si bien en un primer momento se podían parecer a los del causante de su inquietud, no tenían realmente nada que ver.

–Ya, como que voy a fomentar el morbo… –Naruto lo miró de lado y comenzó a balancearse con más fuerza, cerrando los ojos para sentir cómo el aire frío de febrero le chocaba en la cara y le despeinaba aún más el pelo.

–Naruto, ¿estás bien?

–¿A qué viene eso? –respondió sin mirarlo, siguiendo con el balanceo.

–Hoy… y también ayer… Bueno, sólo es mi impresión, pero pareces diferente… y no creo que sea sólo por eso del sexo.

Naruto se detuvo de golpe y lo miró. Su amigo le sonreía de forma vacía, tal y como él lo había hecho infinidad de veces.

–Sai…

–No me malinterpretes. Cuando digo diferente, no quiero decir que sea algo malo –dejó de sonreír–. A veces, la gente sólo ve lo que quiere ver. Si pareces feliz, lo eres, ¿no? Es mucho más fácil así… para ti, que no tienes que dar explicaciones, y para ellos, que pueden seguir sus vidas sin preocuparse por nada. La gente es egoísta por naturaleza.

–¿Tú también?

–Sí –volvió a sonreír de marera superficial–. Si ahora estoy hablando contigo, es tan sólo para satisfacer mi curiosidad. Bueno, eso, y porque me apetece devolverte la sonrisa a base de polvos.

El rubio abrió los ojos y la boca a más no poder y después estalló en carcajadas. Si había alguien capaz de obrar el milagro, ese era Sai. Al inicio del curso, Naruto pensó que sólo era otro idiota con ganas de llamar la atención, siempre con esa sonrisa estúpida, acorralándolo a la salida y soltándole proposiciones indecentes cada vez que tenía oportunidad. Aquella vez que se le quedó mirando de forma tan descarada en las duchas después de la primera clase de educación física fue consciente de que los instintos asesinos podían aparecer en cualquier momento…

¿Qué miras?

Pensé que era obvio. A ti –seguía sonriendo ante un rubio cada vez más irritado.

Oye, idiota –de un empujón lo empotró contra la pared arrinconándolo, fijando en él su mirada que se había vuelto afilada y cortante–. No sé qué pretendes, pero te estás pasando y la paciencia no es una de mis virtudes.

¿En serio? Pues aguantar la hipocresía no es una de las mías, así que enfádate si quieres, pégame si te hace sentir bien o, mejor aún, bésame; pero deja de mostrarme esa sonrisa disfrazada de que todo te va bien. Que la tuya parezca más real que la mía sólo significa que mientes mejor, Naruto.

En ese momento, lo había soltado y se había quedado parado frente a él sin saber qué hacer o decir. Sai simplemente se había alejado, sonriendo, pero sonriendo de verdad; y Naruto comenzó a verlo de manera diferente. Desde entonces, se habían convertido en lo más parecido a buenos amigos.

–¿Qué tal si salimos por ahí como en los viejos tiempos?

–Sai, no creo que hace dos semanas pueda considerarse 'viejos tiempos'. Además, ya he faltado demasiado a clases y si salgo contigo sé que mañana no me voy a poder levantar antes de las doce.

–Lo que sea. Entonces, ¿vas a volver a verlo?

Naruto suspiró encogiéndose de hombros.

–No lo sé. No sé si querrá volver a verme después de lo que pasó. Puede que sólo quisiera saber qué se siente al tirarse a un tío, yo qué sé… Se quedó de piedra cuando le dije que había sido mi primera vez así. Supongo que pensó que me abría de piernas para cualquiera…

–¿En serio crees eso?

–¿Y qué quieres que piense? –se levantó del columpio encogiéndose de hombros otra vez–. De cualquier forma, no hay nada que yo pueda hacer… Nos vemos mañana.

–Hasta mañana.

Sai se quedó mirando cómo se alejaba su amigo. "Naruto…"

.

ooOoo

.

Sasuke miraba el techo de su habitación mientras dejaba escapar el humo de entre sus labios lentamente. No había vuelto a llamar a Naruto y el hecho no dejaba de producirle cierto desasosiego. De la conversación con Gaara tampoco había sacado nada en claro.

Eres un egoísta, pero supongo que todavía puedes hacer algo…

¿Ah, sí? ¿Y qué es lo que todavía puedo hacer, según tú?

Bueno, eso depende.

¿De qué?

De si la vas a volver meter o vas a dejar que te la metan…

Sasuke sintió un sudor frío e hizo el amago de levantarse, pero Gaara lo detuvo, logrando de un tirón en el hombro que se sentara de nuevo a su lado.

Quieto ahí, no pongas esa cara, hombre.

Yo…

Ya, tú habías pensado sólo en la opción de convertir otra vez a tu rubito en una brocheta, ¿verdad?

La cara de Sasuke no dejaba lugar a dudas.

Pues tú te lo pierdes. Te juro que, en lo que se refiere a orgasmos, hay un antes y un después de que te la metan.

Oye, no me apetece escuchar eso.

¿En serio? ¿Y por qué me has llamado entonces?

Apagó el cigarro dejándolo caer dentro de la lata de cerveza vacía que estaba sobre la mesilla y se giró hacia el lado contrario, quedando frente al teléfono móvil que descansaba en la almohada.

.

ooOoo

.

Naruto miraba la caja de pastillas sobre la mesa. Quería dormir. Estaba sentado en el sofá, mirando al vacío y pensando en el esfuerzo sobrehumano que le había supuesto levantarse esa mañana para ir al instituto… y tendría que volver a hacerlo en apenas ocho horas. Lo único que necesitaba era un porqué, que alguien le explicara por qué merecía la pena pasar por todo aquello. El sonido del teléfono lo sacó de aquel letargo en el que se había sumergido de forma inconsciente.

–¿Sí?

–Hola.

Sintió las lágrimas caer por sus mejillas, y el nudo que hasta hace nada tenía en el estómago subió hasta su garganta, estrangulando sus palabras y la entrada normal de aire.

–Sasuke…

–¿Me abres la puerta?


Sólo es un capítulo puente y no ocurre realmente nada, ya lo sé... ¬¬

Supongo que es la calma antes de la tempestad, no sé. Por cierto, adoro spotify (no tiene nada que ver, pero tenía que decirlo XP)