Algunos de los personajes de esta colonia no me pertenecen, pertenecen a la ama y señora del universo Twilight, Stephenie Meyer.


Esta historia tiene alto contenido sexual, palabras obscenas y violencia, si tu mente no admite estos temas te recomiendo que huyas lejos de aquí.


Capítulo seis: ¿Otro zángano?

"Si privilegios de zángano quieres gozar a la reina haz de alabar."

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Rosalie camina de un lado a otro en la sala de la clínica, mira a Tanya y sus deseos de desaparecerla del mapa se incrementan, es increíble que haya sido tan tonta, tanto tiempo advirtiéndole sobre el tema y en la entrevista con Isabella va y mete la pata hasta el fondo. Tanya solo se limita a permanecer en un rincón de la sala, siente la intensidad en la mirada de Rosalie, sabe que se le viene una grande, sin embargo poco le importa, lleva tanto tiempo de conocer a Rosie y está harta de que la prioridad de su novia sea Isabella, los celos la consumen desde hace mucho, así que solo hizo lo propio, la oportunidad estaba allí y ella la tomó.

—No puedo creer que hayas sido capaz —exclama Rose mirando a Tanya una vez ha detenido su ir y venir.

—Tú sabes por qué lo hice, Rosie. No soporto a esa mujer —replica Tanya.

—Esa mujer es mi jefa y mejor amiga, tú sabías eso cuando nos involucramos —argumenta Rose.

—Eso es lo que dices siempre que el tema sale a colación, casi podría creer que pondrías tu pecho para defenderla —manifiesta una muy molesta Tanya.

—Sí, lo haría, eso es lo que yo haría por ella, es mi mejor amiga —asevera Rose.

—¡Yo debería ser a quien consideres tu mejor amiga! —increpa Tanya roja de ira.

—Esto es ridículo, estás actuando como una niña —reprocha Rosalie—. No sé ni para qué te sigo la corriente cuando Isabella está tras esas puertas siendo atendida por una serie porque tengo a una novia celópata.

—Ojalá esa maldita zorra se muriera —gruñe Tanya y al instante recibe una cachetada por parte de Rosalie, lo cual la sorprende.

—Será mejor que te vayas a cuidar a Bridget, por favor, Ta. —La mirada de Rosalie hace que Tanya solo asienta en silencio y salga de aquel lugar sin mirar atrás.

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—Aquí tiene su café, señor —dice Angela mientras coloca sobre la barra el pedido de un cliente.

—¿Y para mí, señorita? ¿Dónde está mi pedido? —bromea Edward en cuanto se acerca a donde ella se encuentra.

—¡Amor! —grita esta en cuanto lo ve—. No te esperaba por aquí, ¿tomarás algo? —dice sonriendo falsamente.

—Solo un café, nena. Tengo que encontrarme con uno de mis profesores, parece que me consiguió trabajo —informa Edward—. ¿Y mi beso? —pregunta de pronto de modo pícaro.

Angela le da un beso en la mejilla y se va por el café que él ha pedido. Edward parpadea varias veces, su mente se llena de preguntas: ¿Años de novios y solo un tonto beso en la mejilla? Él esperaba de parte de su novia mucha emoción por verlo allí, en su lugar de trabajo, el lugar donde la había conocido, la cafetería de la universidad.

—Tu café, amor. —Angela coloca frente a él una taza que contiene la humeante bebida.

—Gracias, cielo.

—¿Amor, el trabajo qué te dará el profesor será para trabajar para alguien más? —cuestiona Angela.

—Me imagino que sí —responde Edward antes de tomar un sorbo de café.

—¿Y qué pasa con lo de ser independiente? ¿No estás violando tus ideales al aceptar trabajar para otros? —increpa esta vez.

—En estos momentos ese ideal está resultando algo ilusorio, Ang —explica Edward.

—¿Qué significa ilusorio, Ed? —pregunta esta vez Angela con una expresión en su rostro que dejaba claro que no entendía nada de lo dicho por Edward.

—No importa, cielo. —Edward sonríe—. Luego te explico, se me hace tarde. —Le da un beso a Angela en los labios y sale apresurado a buscar a su profesor, en su mente aparecen los recuerdos de la conversación que tuvo con Alice, quizá, después de todo ella tenga razón.

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—¿Familiares de la señorita Isabella Swan? —pregunta el médico al llegar a la sala de espera.

—Yo soy su amiga —responde Rosalie.

—Necesitamos a familiares de la paciente, lo siento, señorita, son políticas de la clínica —manifiesta el médico.

—Pero ella no tiene familiares cercanos, yo soy la única amiga que tiene —argumenta Rose.

—No puedo decirle nada del estado de la paciente hasta que un familiar directo esté presente —reitera el médico.

—¡Esto es ridículo! —manifiesta Rosalie molesta.

—Estoy completamente de acuerdo con la señorita Hale —dice la agente Denali en cuanto llega a la sala de espera.

—¿Y usted quién es? —inquiere el médico al verla.

—Soy la agente Denali —responde esta mostrando su placa al médico—. Y me imagino que usted no quiere entorpecer la investigación sobre el asesinato de Mike Newton, en la cual la Señorita Swan es la principal sospechosa, ¿o sí —agrega Irina arqueando una ceja.

—Claro que no. Le brindaré toda la información que necesite —manifiesta el médico.

—Excelente, ¿cuál es el estado de la Señorita Swan? —cuestiona Irina mientras observa a Rosalie.

—Bueno, ha reaccionado hace unos minutos pero tuvimos que sedarla pues estaba algo alterada, en estos momentos ha sido trasladada a una de las habitaciones y mañana temprano se le realizaran una serie de estudios para descartar posibles patologías —informa el médico.

—¿Y qué le produjo esta crisis? —se atreve a preguntar Rosalie. El médico mira Irina, como pidiéndole permiso para hablar.

—Contesle a la señorita Hale, doc —le increpa.

—Estrés. Creemos que la paciente ha estado sometida a mucha presión en los últimos días —contesta este—. En unos minutos podrán ingresar a su habitación, sin embargo no creo conveniente su presencia agente, la reacción de la paciente podría ser nada favorable —expresa.

—Igual me quedaré aquí, así sea durmiendo en esta sala —responde Irina altanera.

—Como usted guste, agente. Señoritas, ahora si me disculpan, tengo pacientes que atender —se despide el médico y deja la sala de espera.

—¡Vaya! Parece que se le olvidó que no soy familiar directa de la paciente —comenta Rosalie.

—Bueno, me debes una, barbie —expresa la agente Denali con suficiencia.

—Creo que no le debo nada, agente —indica Rosalie.

—De no ser por mi intervención todavía estarías rogándole al médico que te diera la información de Isabella —explica Irina.

—Bueno, tienes un punto. Gracias, pero eso no quita que estás acusando a mi jefa de asesina —increpa molesta Rosalie.

—No eres tan tonta como pareces, barbie —se burla Irina—. No es mi culpa que tu jefa se involucre con hombres que aparecen muertos horas después —señala.

—Isabella no se acostó con Mike —gruñe Rose.

—Creo que usé el verbo involucrar, Señorita Hale. —Rie Irina—. Pero es bueno saberlo, tal vez el señor Newton fuera inmune a sus encantos y eso la enloqueció —expone.

—Eso es ridículo. Isabella podría tener a quien quisiera, Mike Newton era un perdedor —expresa Rosalie.

—Es bueno saberlo, Señorita Hale. Entonces, ¿Isabella Swan también podría tener a Rosalie Hale? ¿O me equivocó? —inquiere Irina.

—No bromee con eso —interpela Rose.

—Yo no bromeaba, nunca lo hago —afirma Irina.

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—Edward, pasa, muchacho. Hace tanto que no te veía —dice el profesor Paterson en cuanto lo ve frente a su oficina.

—Estoy muy agradecido con usted por haberme llamado ayer. No sabe cuánto necesito un empleo en estos momentos —expresa Edward una vez dentro de la oficina.

—Lo sé. En cuanto me llegaron la actualización de tus datos me di cuenta que no andaban muy bien las cosas para ti. Edward, fuiste un estudiante brillante y estoy plenamente seguro que eres un excelente profesional. Sin embargo, tengo una pregunta que hacerte, no te juzgo, ni critico, pero… ¿por qué rechazar tantas buenas ofertas para terminar trabajando en una pequeña cadena de supermercados? No lo entiendo —expone el profesor.

—Quisiera tener una buena respuesta a su pregunta, profesor, pero ni yo lo sé, creo que solo quería huir del sistema —responde Edward con franqueza.

—Bueno, muchacho, eso ha sido muy tonto de tu parte, debo decir, pero has aprendido tu lección, ¿no? —Edward asiente—. Uno se condena o se gratifica a sí mismo con el fruto de sus elecciones, Edward. Esa es una realidad de la vida, no lo olvides —dice Paterson mientras le tiende unos documentos.

—Lo tendré presente profesor —afirma Edward mientras le da una ojeada a los documentos.

—Los documentos que acabo de entregarte, Edward, son tu pase a un excelente empleo. Recientemente en esa empresa han hecho, lo que yo llamo un barrido de personal, por malos manejos, la ética es fundamental, tú sabes eso. Si lo haces bien serás el contador de una gran empresa —explica el profesor.

—¿De qué empresa estamos hablando? —pregunta Edward.

—De Swan Fragances. Toma las elecciones correctas y no me defraudes, muchacho, cómo lo hiciste hace años cuando no te inscribiste para mi grupo de estudios, tu vida sería diferente de haberlo hecho, tal vez no estarías recurriendo a este viejo profesor en busca de ayuda, habrías tenido contactos muchos mejores que yo, empezando por la misma Isabella Swan.

—Yo no lo sabía —expresa Edward apenado.

—Se te nota. Te has puesto pálido cuando lo he mencionado —señala Paterson.

—Yo siento mucho lo del grupo —se disculpa Edward.

—Yo lo siento más por ti, muchacho, yo lo siento más por ti —dice sinceramente el profesor a Edward.

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Rosalie entra a la habitación en la que han ubicado a Isabella, la observa detenidamente, lo tranquila y en paz que se ve dormida, tan diferente de la mujer que es cuando está despierta en medio de una semana de mucho trabajo. ¡Cuántas veces ha tenido que acompañarla en una situación como esa! Cuando la pérdida de su bebé y después de la muerte de Steve, y ahora otra vez está allí, a su lado, por culpa del pasado. ¡Qué injusta ha sido la vida con ambas!

—¿Rose, nunca me dejará en paz el pasado? —dice Bella mirándola.

—¿Desde cuándo estás despierta? —pregunta Rose.

—Desde que me pasaron a la habitación, pero esos ineptos ni siquiera se dieron cuenta —se queja Isabella.

—Tú eres un caso, Bella —se burla Rosalie.

—No me contestaste la pregunta, Rose —señala Bella.

—Tu pregunta no puedo responderla, Bella. Lo que somos hoy es producto del ayer —afirma Rose.

—Gracias, Rose. Eres muy importante para mí —manifiesta Isabella y a Rosalie se le escapan un par de lágrimas—. ¡Ay no! ¡Qué sentimental! ¡Ugh!

—No todos somos de acero como tú, Bella —inquiere Rose.

—Ok. Pasado mañana será el casting para elegir al actor que hará el comercial de la fragancia conmigo, ¿no? —cuestiona Isabella.

—Estás en una cama en una clínica —dice Rose.

—Te creí más observadora, Rose —se carcajea Isabella—. Sé que tienes tu Ipad en tu bolso, pásamela, quiero revisar, quienes son los actores que están interesados —explica.

Rose le hace caso, saca su Ipad, la enciende y se la pasa a Isabella, quien la toma y revisa la lista de aspirantes sonríe satisfecha al leerla.

Brad Pitt

Robert Pattinson

Zac Efron

Bradley Cooper

Channing Tatum

Clive Owen

Owen Wilson

Jake Gyllenhaal

Matthew McConaughey

Ian Somerhalder

Este último nombre la hace relamerse los labios y su mente empieza a trabajar ideando planes y posibilidades.

—¡Qué lista más deliciosa! —exclama Isabella aplaudiendo emocionada.

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Hola.

Prometí y cumplí.

Espero les guste el capítulo. Leeento pero delicioso, ya lo dijo Isabella.

Mil gracias por su apoyo.

Nos vemos el: 9 de enero del 2015.

Besos.

La Runner.