Esa Cara De Tu Alma
Capítulo Seis: Golpe Bajo
Haruhi cerró los ojos y se reclinó en su sillón favorito. No había sido una buena mañana. Su cuerpo se relajó con un poco de dolor, demasiada tensión quizás. Sintió a la pequeña Yuna subirse en sus piernas y la comenzó a acariciar, abriendo lentamente los ojos.
Su departamento siempre tuvo un toque de moderno y quizás un aire algo impersonal, frío en otras palabras, pero a su parecer seguía siendo cálido porque guardaba un recuerdo dulce entre sus paredes. Suspiró, odiaba hablar con Minoru. Siempre la ponía pesimista y retraída.
¿Cuándo sería lo suficientemente hombre cómo para decir las cosas de frente? Tuvo que soportar más de veinte minutos la bronca que le echó sobre los hombres con los que supuestamente se revolcaba, que le daba mal ejemplo a su hija. Pudo defenderse, quizás no debería regodearse tanto de ello, recalcando que no podría dar mal ejemplo a una hija a la que se le negaba la visita y no especialmente por orden judicial. Además, desde el divorcio eso a Minoru debería irle valiendo un cacahuete.
Odiaba la forma en que se metía ese tipo a su mente, odiaba la forma en que ella misma no podía olvidarlo. Por 'x' o 'y' motivo no podía olvidarse de su existencia, y él insinuaba que era que aquello se debía a que aún lo amaba. Sintió su estómago revolverse con la idea.
«No» se dijo entonces, «simplemente es que su chantaje emocional funciona». Agradeció tener libre ese día. El otro pensamiento que llegó a su cabeza fue «Necesito un trago».
Fuera, el clima parecía indeciso. Mostraba áreas llenas de nubes oscuras y partes difuminadas de claro azul, el viento simplemente apoyaba con aires fríos al gris del cielo. Consideró la idea de tomar aquello cómo un augurio para después reírse de su propia paranoia. Bajó con delicadeza a la perrita mientras se dirigía a su mini-bar, a tomar un whiskey. Se dirigió a colocar un disco de música instrumental y suave, eso con el trago conseguirían relajarla.
Odiaba que Minoru fuera tan poco hombre cómo para escudarse en Mitsuki. Su pobre bebé… Deseaba tanto verla y estrecharla entre sus brazos. «Pronto» se dijo dando un largo trago, «Una vez casada, nada me separará de ella» El pensamiento la hizo sonreír.
Kyouya. Kyouya abriendo su corazón… aún sentía el corazón encogido en su pecho. Realmente habría golpeado a esa chica de no ser porque estaba muerta, y lo pensaba manteniendo el sentimiento de tristeza de él.
Deseaba comenzar ya con los preparativos, deseaba acelerar todo para retomar la batalla legal. Y, de alguna forma, reconfortar el corazón herido de Kyouya.
Salió a pasear a Yuna por la tarde. Había estado avanzando en algunos casos sólo un poco, no quería estresarse ahondando ya que no se sentía lo suficientemente estable emocionalmente para hacerlo.
Por la noche se sintió tentada a llamar a Kyouya, pero no sabía si era conveniente o no. Al final, le venció la moral y decidió que lo que más necesitaba él era tiempo. Ella misma sabía lo difícil que era abrirse ante alguien, lo vulnerable que hacía sentirse a una persona.
Se dejó caer en su cama después de dar de cenar a Yuna.
Pronto sería el cumpleaños de Mitsuki, forzosamente conllevaba explícito verse con Minoru. Gruñó abrazando su almohada. El desgraciado se aferraría a su bebé para sacarla de sus casillas, de este modo arruinarle su momento con la niña y amargarle los siguientes meses.
Dios sabía que luchaba contra sus recurrentes pensamientos hacía él, lo hacía pero de algún modo terminaba colado en su cabeza. Le irritaba más el eco que producían ciertas palabras del rubio…
-Me amas, por eso no me olvidas. Eres mía Haruhi, siempre lo serás…-
«¡Jamás! Yo no amo a Minoru, no más» Pensó molesta mirando el techo.
¡Demonios! Tenía cosas más importantes en las qué pensar, casos que debía estudiar. Tenía que aferrarse a lo cerca que estaban Kyouya y ella de lograrlo. Quizás, además, podría reunirse de nuevo el host club. Oh, sí. Ese pensamiento la hizo sonreír y suspirar anhelante.
-Pronto será el cumpleaños de la niña Mitsuki, ¿cierto? -Le sonrió a Tamao, quien lucía emocionada con la idea.
-Sí, cumplirá siete. -Dijo con orgullo. -¿Disfrutaste tu descanso, Tamao? -La mujer asintió emocionada. Haruhi dejó el ordenador tranquilo y se recargó por completo en su silla. Se le habían ido relativamente rápido esas dos semanas, sin noticias relevantes ni de Minoru ni de Kyouya, y realmente no sabía si le afectaba más una que la otra.
-Pasé tiempo con mis nietos, muchas gracias señorita… -Haruhi la miró enarcando una ceja. -Gracias, Haruhi. -Le sonrió apenada con una leve reverencia. -Le traeré café y unos panecillos dulces.
-No sabes lo mucho que te lo agradecería. -Suspiró una vez la mujer salió de su despacho.
El bastardo de su ex-marido había estado desaparecido, le preocupaba que tratara de alejar a Mitsuki de ella de nueva cuenta. No sería la primera vez que le arrebataba el gusto de pasar ese hermoso día. Pero de alguna forma, estaba más preocupada por la ausencia de Kyouya.
Miles de preguntas rondaban por su cabeza. ¿Estaría bien? ¿Le había pasado algo? ¿Había decidido abandonar su estúpido compromiso? Rondaban con tanta fuerza en su cabeza que la aturdían y las manos le picaban por llamarle, desesperada por oír su voz. Eso estaba saliéndose demasiado de sus propios límites.
Por suerte, Tamao regresó pronto con el café. -Haruhi, esto me recuerda que hace unas horas volvió a llamar el señor que no deja su nombre.
-¿Lo dio esta vez? -Preguntó tomando la taza que le tendió. La vio negar. -La próxima vez, pásamelo u oblígale a dar sus datos. No me da buena espina su insistencia.
-Está bien, señorita. -Contestó saliendo tras una reverencia.
Al quedarse de nuevo sola, apretó sus sienes. Ésa era otra de sus preocupaciones. Sí seguía contándolas, entre la desaparición de Kyouya, Minoru y Tamaki, podría juntas cerca de seis o siete motivos estresantes para perder el control. Bebió de su café reclinando la cabeza contra el suave forro de piel.
¿Debía llamar a Kyouya? Deseaba hacerlo pero temía incumplir su trato o cruzar las líneas que trazaron. Ni siquiera sabía cuáles eran las reglas de ese compromiso exprés que elaboró Ootori.
Comenzó mejor a repasar las pruebas sobre su nuevo caso en la mesa. Era un caso de acoso. Era relativamente fácil pero su cliente, la afectada, no dejaba de ir a tomar justicia por su cuenta, volviéndolo tedioso. Pronto sería el juicio, serían por lo menos tres años de cárcel para el tipo aquel. Se ensimismó en su lectura.
-Ah, mi dulce Haruhi. -Alzó la mirada con rapidez, chocándola con la mirada verde del rubio. Minoru. -Cómo siempre, metida en tus estúpidos papeles.
Frunció el ceño apretando el gesto. -¿En qué momento entraste? No escuché la puerta.
-Eres la reina de los despistados, amor. -Le sonrió con cinismo y tomó asiento frente a ella.
-¿Vino…?
-No, no vino conmigo, es demasiado estresante el ruido aquí. Estaba pensando en cómo darle la noticia de que su mami quiere dejarla para siempre juntándose con un millonario. -Comentó jugando con unas plumas allí. Haruhi se tensó en su lugar.
-Eso es despreciable, incluso para ti. -Masculló entre dientes. Minoru le sonrió de lado inclinándose hacia ella. Extendió una mano para acariciarle la mejilla, pero Haruhi se alejó, asqueada por su intento.
-Te sigues resistiendo, ¿eh? Sabes que es tu destino estar conmigo, ¿ni siquiera por tu hija?
-Permíteme reírme. ¡Eres un sucio descarado! -Comenzaba a perder los estribos, levantándose camino hacia la puerta. -Vete, ahora.
-Tsk, muy mal, mi pequeña esposa rebelde. Yo vine en son de paz, tengo un trato que proponerte. -Recuperó la sonrisa, con tintes de malicia, arrinconándola en la puerta. Haruhi tragó duro. -Mi dulce Haruhi, ¿a qué estás dispuesta por estar con nuestra hija?
Su corazón bombeó con fuerza y comenzando a temblar, supuso que se avecinaría una tormenta con su respuesta. -Te escucho.
Kyouya miró por la ventana de su oficina, pensando en el rumbo peligroso que estaba tomando la situación. Balanceó la copa en su mano y lentamente dio un trago.
Cuando se propuso encontrar a Haruhi, lo hizo tomando en cuenta que él la amó cuando fue adolescente y que corría el riesgo de hacerlo nuevamente. A pesar del trauma que generó su relación con Hitomi, parecía que su corazón seguía aferrado a la chica de cabellos castaños. Si era honesto, Fujioka fue la única mujer que atravesó su coraza, que lo vio. Vio a Kyouya el chico, no el heredero, vio su alma. ¿Era posible que lo siguiera haciendo?
Ese estúpido de Tamaki. Si no fuera por él, sus recuerdos seguirían enterrados, pero de algún modo sentía que debía agradecérselo.
-Si la lastimas, o arruinas tu oportunidad, recuerda que ahora no sólo nosotros sabemos dónde está. Los chicos no dudarán en interceder. Más él. -
Eso le dijo. Cómo si no supiera ya. Fue cuestión de un par de días que Tamaki se enterara y le convenciera de dejarlo solo con Fujioka, de los Hitachiin apenas Kaoru sabía, de Mori y Honey no tenía idea alguna, lo que era en extremo estresante.
Estaba de más añadir que después de contarle su pasado a Haruhi, se mantuvo escondido en la oficina. No sabía cómo enfrentarse a la única mujer que le había desquebrajado sus fortalezas, obligándole a abrirse. Se sentía extraño, diferente. ¡Maldición! Se le comenzaba a ir de las manos, pronto no habría vuelta atrás.
Podría ser, y quería tomarlo mantenerlo cómo una suposición, se estaba volviendo a enamorar de la host natural.
Volvió a beber de su copa. Fue su propia idea, fue… todavía recordaba sus labios sobre los suyos, le picaban las manos por acariciarla, ¡era un hombre! y uno poderoso, no podía permitirse caer cómo un adolescente a estas alturas. Aquel matrimonio nunca se consumaría, era una mentira para ayudarse mutuamente, debía afrontarlo así.
Si se sinceraba, admitiría que se le hacía difícil la tarea de ignorarla. Últimamente sentía un mal presentimiento, que de algún modo relacionó con Haruhi. Sin embargo, convencido por lo inverosímil que sonaba, mantuvo la situación tal cual.
-¿Pequeño Kyo? ¿Sigues obstinado en encerrarte como ermitaño? -Se giró hacia su hermana, Fuyumi le sonrió.
-Podría ser. -Contestó acomodando las gafas que comenzaban a deslizarse por el puente de su nariz.
-Ah, Kyouya no has ido a cenar con nosotros y me temo que hagas lo mismo con Haruhi. -Suspiró acercándose. -Y, aunque eso ya lo sabes, odio que bebas en la oficina… En cualquier lado, en todo caso. -Sonrió de nuevo quitándole la copa de vino.
-Pensaré en ello, te recordaré que tengo edad para hacer lo que me plazca.
-Sí, claro. -Se rió. -Estoy entusiasmada con empezar a planear su boda, ¿ya decidieron una fecha?
-No. No he podido hablar con Haruhi. -Musitó arrebatándole de regreso la copa, dando un largo trago terminando con su contenido.
-¡Eres incorregible! -Frunció el ceño ante el gritito de Fuyumi.
-¿Por qué? Te recuerdo que es una abogada y estará apreciando no estar siendo acosada con bodas y eso, te recuerdo también que ya ha estado casada. -Gruñó recargándose en su amplio escritorio de roble. Fuyumi le sonrió conciliadora, repentinamente tranquila.
-Puede ser de presión, lo entiendo. Temer que se cometa el error que arruinó su primer matrimonio, pensar en lo que hicieron… sentirte opacado por la sombra del primer hombre que logró conquistarla al grado de volverla suya ante el mundo. -Se levantó acercándose a su hermano pequeño, que le miraba impertérrito, con el rostro algo agachado.
-Una vez, recuerdo haberle dicho a Haninozuka que nunca me casaría con alguien que no estuviera a la altura de portar el apellido Ootori. -Alzó el rostro con una sonrisa torcida en los labios. Fuyumi ladeó el rostro, escuchando atenta. -¿Crees que hubiera pensado siquiera en pedírselo, si no la considerara perfecta?
-¿Y ella lo sabe? -Kyouya suspiró reacomodándose las gafas. -Por mucho que creas que es así, las mujeres, todas en absoluto, necesitamos pequeñas muestras de afecto. -Se levantó y caminó lentamente hacia su hermano, colocándole la mano en el hombro con una dulce sonrisa en los labios. -Haruhi es una chica inteligente, y no dudo que sea perfecta para ti, pero estoy segura que necesitan ambos una buena charla. -Le besó en la mejilla. -Por favor, vayan a cenar de nuevo con nosotros, ¿sí?
Observó a su hermana fijamente, su estómago comenzaba a hincharse. Fruto de su matrimonio. Fuyumi era también una segunda esposa, su modo de ver las cosas era realmente interesante, pero él nunca se planteó aquello. Sin embargo, ahora que tenía en consciencia lo que sentía su hermana, resultaba muy imperiosa su necesidad de saber qué fue lo que provocó su divorcio.
Realmente interesante.
Cuando Haruhi regresó a casa, Yuna lloriqueaba. La alimentó ida en sus pensamientos, acosada por la abrumadora oferta de su ex-esposo.
Era tan increíble lo que pretendía, ¿cómo podía tan descaradamente plantearlo? Pensar que era ella tan estúpida cómo para haberse casado en primera instancia con él, sonaría peor si dijese que lo haría de nuevo por un chantaje. ¡Era un cínico! Él, quien la engañó más veces de las que podía contar, obligándola a volver bajo amenaza de ser separada de su hija.
Una oleada de furia la estremeció.
-Y que no se te ocurra comentarle algo a ese niñito mimado de Ootori, porque te juro que Mitsuki se irá conmigo de vacaciones. -Le había espetado antes de dejarla en su casa, justo después de estamparle un beso desagradable en la boca.
¡Oh, Kyouya! Eso arruinaba los intereses de ambos. Arruinaba todo… ¡Maldita sea!
Se dejó caer en su sillón, reprimiendo las ganas de llorar, de dejarse derrumbar en el cobijo de la oscuridad de su habitación.
¿Qué iba a hacer? Sabía que Minoru no hablaba en vano, maldición sino lo sabía, además de estar tan obsesionado con ella.
Se durmió en una incómoda posición, ahogada en la sensación de perder el control en su vida. Y no le gustaba nada, sentirse así. Cuando se despertó, por culpa de una llamada perdida al teléfono y un posterior mensaje, sentía los ojos resecos y la cabeza palpitante. La boca la sentía amarga.
Llamada perdida de Kyouya. Mensaje de Kyouya.
"Mañana a las ocho, iremos a una fiesta. Estate preparada." Suspiró y frotó sus ojos al leerlo. ¿Una fiesta? Miró la hora en la pequeña pantalla, eran las cinco de la madrugada. Gruñó sintiendo sus músculos al borde de la contractura por la mala posición, se estiró en su lugar antes de incorporarse lentamente para irse a su cama.
¿Qué planeaba de nuevo Kyouya? Lo peor era que no sabía cómo decirle que tendrían que… 'romper'. Odiaba decir, pensar siquiera, que iba a ceder nuevamente ante Minoru. Su corazón dio un vuelco en su pecho. ¿Y si malinterpretaba todo? ¿Si se pensaba que estaba intimidada por todo lo que pasó con Hitomi Sakurai? Mordió con fuerza su labio inferior, abrazándose a sí misma. Seguía demasiado preocupada por su acto de ausencia, pero lo adjudicaba a que el chico Ootori jamás fue abierto en lo que a sus emociones respecta y que simplemente necesitaba tiempo…
Deseaba tanto llamarlo, desahogarse cómo él lo hizo. Si iban a estar juntos, no importaban las circunstancias, quería hacerlo bien.
Tembló con pensar en abrir su corazón, pero, si Kyouya lo hizo, ella debía ser capaz de hacer lo mismo. Aunque todo su interior se estremeciera con la idea.
Cuando Kyouya, luego de una charla exhaustiva con su padre y sus hermanos, llegó a la conclusión de tener ya una afianza en lo que respectaba a su compromiso, decidió que se haría una fiesta de compromiso, optó por dejar a Haruhi encargarse sola. Bueno, bien podía adjudicarse a su reciente miedo de encarar haber abierto su corazón.
Sin embargo, pensar en que oficialmente mostraría a Haruhi cómo la futura señora Ootori, le dejaba una insana sensación de satisfacción. Era imposible borrar la estúpida sonrisa que le traicionaba y curvaba las comisuras de sus labios, o aquel brillo que había notado recientemente en sus ojos…
-¿Invitarás a sus amigos de Ouran? -Sonrió Fuyumi realmente emocionada. Kyouya ladeó la sonrisa que desistía en abandonar su rostro.
-Sí, será interesante.
Había otro punto en el que apenas había caído en cuenta. Y éste era que si había cena de compromiso, tendrían más presión en tener una fecha fija para la boda. Extrañamente, o quizás no tanto en vista de sus recientes descubrimientos, le importaba realmente poco apresurarse. Lo qué sí le perturbaba, era que alguno de los chicos interfiriera. Por Tamaki no se preocupa ya, era un idiota tuviera la edad que tuviera, pero de los otros…
Quizás el siguiente en la lista, debería ser Hikaru Hitachiin pero él se había casado con una italiana encantadora haría cosa de un par de años. Kaoru andaba en pos de seducir a una japonesa oriunda de Okinawa. De Mitsukuni y Takashi sabía lo básico; Honey trabajaba de editor del New York Times y Mori se encontraba enfocado en su cuarto libro.
-Será divertido. -Apoyó, acariciando su vientre, Fuyumi. -Algo rápido, pero muy divertido.
El día se le pasó en un suspiro, pronto se vio a horas escazas de ir por Haruhi (previamente le envió un vestido de gasa color palo de rosa, entallado en la cintura y un moño haciendo de cinturón, escote en la espalda). Lo único que sabía su prometida era que irían a cenar. No había mentido técnicamente, simplemente omitió partes importantes de la historia.
Él mismo se puso un esmoquin negro liso, una camisa rosa y una corbata negra. Le había parecido una gracia vestir a conjunto.
Le sonrió galantemente sujetándola por la cintura apenas le abrió ella la puerta, le estampó un delicado beso en los labios. Efímero y dulce. Haruhi abrió los ojos sorprendida, mirándolo con un naciente rubor intenso en los pómulos.
-Kyouya… -La voz le escapó cómo un suspiro. Ootori le sujetó con más firmeza, estremeciéndola con el calor de su mano en la espalda desnuda. Le miró entonces algo más recuperada de la impresión y él sonrió aún más si era posible.
-Vamos, tenemos que llegar puntuales. -Le sostuvo con más delicadeza, conduciéndola al Rolls Royce que traía. Haruhi suspiró apenas conteniendo la sonrisa, haciéndola desear no tener que decirle lo que planeaba- tenía -que hacer. Sólo pensar en eso le hizo a su corazón removerse en su pecho, comenzando a latir desaforado.
Ya dentro del vehículo se aventuró a tentar suerte. - ¿Puedo saber a dónde iremos? -Musitó abrochándose el cinturón de seguridad.
-Preferiría que no. Lo veo más emocionante. -Respondió arrancando.
Haruhi aprovechó a buscar la manera más correcta de decirle el drástico cambio de planes. De sus planes. Era sumamente difícil comprender que estaba fallando a su palabra, pero se sentía completamente acorralada. ¿Cómo luchar con eso, con el asfixiante sentir de estar entre la espada y la pared? Por una vez deseó con todas sus fuerzas tener las respuestas correctas a todo y no sus divagaciones personales.
Le aterraba pensar que con eso, muy probablemente, estaría alejando al Host Cool de su vida. Le dolía enormemente pues en pocas semanas se le metió hondo en sus pensamientos, se había vuelto una dependiente de su presencia.
Las calles estaban algo solitarias. Nada extraño siendo que estaban en las zonas más refinadas, de la gente más poderosa y rica de la ciudad, pero aún así Haruhi se estremeció ligeramente y se recargó contra el cristal de la ventanilla. Su corazón parecía haberse calmado con la brisa fresca de la noche, pero aún así se sentía terriblemente mal.
Si era optimista y lo veía desde un punto objetivo de vista, estaba cumpliendo su sueño de vivir con su hija, ¿o no? Dios mío, se estaba volviendo una completa extraña.
Se arrebujó en su asiento, con el corazón pesado sobre el pecho,
Exhaló con fuerza al llegar al lujoso restaurant, aunque no había una cantidad considerable de autos, lo que le hizo deducir que alquilaron el restaurant completo, todos eran extremadamente costosos. Fue un golpe certero a su ya dolorido estómago. Comenzó su mente a trabajar a toda velocidad: Ella siempre fue la plebeya de Ouran, la becada. Aún por conveniencia, ¿cómo iba a encajar en ese mundo de galas, cenas lujosas, autos, mansiones y diamantes?
Las ganas de llorar comenzaron a picar en sus ojos, sentía un gran nudo en la garganta. Comprendía que buscaba maneras, rutas viables, para retractarse de su palabra. Pronto el automóvil quedó aparcado y Kyouya le abrió la puerta, alzó la mirada enfocando sus ojos cafés en los oscuros de él. Se estremeció.
-Vamos, Haruhi. Estoy seguro que hay personas que estarán felices de verte. -Le sonrió mientras le tendió el brazo, ayudándola a salir del vehículo.
A cada paso su corazón retumbaba en sus oídos. Tenía que decirlo ahora. Se estaban acercando a las puertas cuando Haruhi le soltó el brazo. -Kyouya, tengo que decirte algo.
-Primero quiero que entremos, ¿sí? -Respondió a un paso ya de la entrada. El capitán se comenzó a acercar para abrirles la puerta.
-No puedo hacerlo. -Soltó casi sin aliento. Se quedó rezagada unos pasos de Kyouya, que se quedó estático y se volvió bruscamente.
-¿No puedes hacer qué? -Gruñó frunciendo el ceño, Haruhi colocó sus manos sobre su pecho, sintiendo su corazón latir desesperado por huir.
-No puedo continuar. No puedo… casarme contigo. -Susurró. Los ojos de Ootori se abrieron con sorpresa para después ensombrecerse con desprecio. Ella tragó pesado y las lágrimas comenzaron a resbalar por sus mejillas. -Kyouya, yo… lo siento. -Cerró los ojos al decirlo. «Bien, Haruhi, lo has dicho.» Pensó tratando de mantenerse segura.
-¡¿Lo sientes? ¡Sabía que no debía haberte contado nada de Hitomi! Claro, la respetadísima abogada Haruhi no podría casarse ni siquiera por conveniencia con alguien de historial manchado. ¿No es así? -Comenzó a caminar hacía ella, Haruhi lo intentó sujetar por los hombros pero él se apartó, furioso.
-¡No es eso! Por favor, permíteme explicarte.
-¡No! -Alzó la voz logrando hacer retroceder los pasos de Haruhi, y los del Capitán que avergonzado del pleito se marchó hacía rato. -Soy tan estúpido. ¡Demonios, Haruhi! Confíe en ti, teníamos un trato.
-¡Lo sé! Pero si me dejaras explicarte… -Se le acercó con el rostro inundado de lágrimas, observó en los masculinos el brillo de la decepción y el naciente odio, haciéndola estremecer de dolor.
-No hay nada que explicar, lo entiendo perfectamente. -Su voz dejó un rastro helado que le quebró el corazón. Se alejó de ella en dirección al auto.
-¿T-Te vas a ir? -Se abrazó a si misma pero no obtuvo respuesta del empresario, simplemente subirse en él y arrancar. Comenzó ella misma a llorar con fuerza, ¿por qué se sentía tan mal? Para empeorar la situación había dejado el bolso en el carro de Kyouya, por lo que tendría que entrar al lugar a pedir un taxi.
Se limpió los ojos reprimiendo los sollozos, tratando de calmarse lo suficiente para poder pedir el teléfono. Se compuso el vestido en las partes que se arrugaron por sus puños apretujados duramente contra la tela. Respiró varias veces para tranquilizarse, pero se sentía tan mal que irremediablemente volvía a llorar. Cuando apenas logró contener el llanto, se dirigió a paso lento a las puertas de cristal.
Al verse reflejada en los limpios portales de marco dorado se vio tal cual estaba; Ricamente vestida con una cara espantosa, de maquillaje corrido y ojos rojos. La imagen le recordó el terrible tiempo que pasó totalmente privada de comunicación con su hija o cuando el caos en su matrimonio llegó a su apogeo.
Entró y vio los largos pasillos, suspiró largamente comenzando a avanzar. ¿Será que todo en su vida debería ser dramático? Abrió la primera puerta que encontró y parpadeó al ver a la gente acercarse a felicitarla preguntando por su prometido.
Pero lo que más impactó en su corazón fue ver a Mitsukuni con los gemelos y Tamaki. Estos charlaban distraídos hasta que el que fuera el Loli Shota del Host Club la divisó, reaccionando con una sonrisa y corriendo en su dirección para abrazarla fuertemente.
«Lo has arruinado de nuevo»
-¡Pequeña Haruhi! Has cambiado mucho, te vez realmente bonita. -Comentó robándole una sonrisa. Apenas pudo reconocer al joven rubio, pues había crecido y medió apenas unos centímetros más que ella, sus facciones seguían siendo hermosas. De los gemelos, Hikaru tenía el cabello largo y recogido en una coleta.
-Que lindo verlos de nuevo, chicos. -Sonrió con tristeza.
-Si, ¿Y Kyouya? Estaban esperando que llegaran para dar anuncio finalmente de su compromiso. -Sintió una punzada de dolor al escuchar a Kaoru. Hikaru la miró intensamente, haciendo que se tensara involuntariamente entre los brazos de Mitsukuni.
-¿Dónde está Mori? No lo veo por ninguna parte. -Se mordió el labio, nerviosa, separándose de los brazos del blondo. Tamaki la miró entrecerrando los ojos, dejando escapar un suspiro.
-Chicos, creo que mejor salimos a tomar aire antes de que se den cuenta los demás invitados. -La tomó suavemente por el brazo, sacándola, siendo seguido de cerca por Haninozuka y los Hitachiin. -¿Pelearon? -Susurró en voz baja cerca de su oído, Haruhi se sobrecogió y las ganas de llorar regresaron con fuerza.
-Rompí el compromiso, no podía seguir. -Tamaki se tensó soltándola. La miró sorprendido.
-¿Pasa algo, Haru?
Miró los rostros más adultos de cada uno de sus amigos. Mojó sus labios resecos y decidió que en vez de mostrarse vulnerable, debía decirles lo que había querido decirle a Kyouya. En una versión menos detallada, había cosas que no quería que se enteraran.
Al regresar a casa la cabeza le taladraba. Cuando era más joven todo le parecía tan superfluo, pero comprendía menos y sentía más.
Tamaki dejó en la mesa las cosas de Haruhi y la observó sentarse en un sillón. -¿Y bien? -Ella lo miró confusa a los ojos y después miró la hora en el reloj. -No esperarás que me tragase la historia que les diste a los demás. Sé que estás mintiendo.
-No dije ninguna mentira, Suou.
-Es verdad. -Repuso cruzándose de brazos. -Pero eso no quiere decir que no ocultaras nada. Mencionaste con recelo a tu ex marido, ¿tiene que ver con él? -Haruhi desvió la mirada, encogiéndose en su asiento.
-No.
-¿Y con Mitsuki? -Haruhi se tensó visiblemente, Tamaki suspiró sentándose a su lado. -Haruhi, de verdad te estimo como amiga, y estoy en plena consciencia de que no te puedo obligar a decirme nada, pero te aconsejo que cualquiera que fuera tu motivo, deberías explicárselo a Kyouya. Aún sigue marcado por lo de Hitomi, aunque no lo aparente, yo mismo no lo puedo superar, se debe sentir muy traicionado.
-¿De verdad crees que no lo intenté? -Ocultó el rostro con las manos, cansada ya de mostrar debilidad. -Vamos, si me dejó sola ahí. Ni siquiera me dio tiempo de darle los motivos. Eso me dolió también.
-Sea cual sea el motivo, debo insistir en que hables con él. No quisiera que ambos se enemistaran por ello. -Dijo levantándose. Se inclinó sobre ella para besar su mejilla. -Por favor, no tardes en hacerlo.
Cerró los ojos cuando escuchó la puerta cerrarse. Se sentía tan feliz por ver a Honey, más la sonrisa traviesa que le surcó los labios al enterarse del nombre de su hija. Ver de nuevo a los gemelos, el look maduro de Hikaru… Fue una agradable sorpresa, y ella lo arruinó todo.
Se apretó la cabeza con ambas manos, sintiendo fuertes punzadas de dolor. Sabía que tenía que hablar con él sinceramente de cualquier cosa que hubiese pasado para hacerla cambiar de opinión, pero le costaba enormemente abrir su corazón. En preparatoria le gustaba estar cerca del de gafas porque sentía una conexión única con él, ambos tenían ese aislamiento que era confortante para no sentirse vulnerables.
Minoru la había tomad tan desprevenida que la dejó sin salida
Minoru le tomó la mano apretándosela con algo más de fuerza de la necesaria. Haruhi intentó separarlas, asqueada por el contacto.
-En unas semanas es el cumpleaños de Mitsuki, ¿ya le has hablado a Kyouya de nuestra hija? -Haruhi bufó soltándose en un brusco movimiento, tomó su taza bebió un sorbo. Se sentía incómoda estando tratando temas personales en un lugar tan público como lo era aquella cafetería.
-Claro que sí, nos vamos a casar, ¿por quién me tomas?
-Oh, simplemente me quedan algunas dudas, ¿le has dicho todo? -Sonrió completamente malicioso, Haruhi sintió un escalofrío recorrerle la espina dorsal. -Sería interesante tener una charla amena sobre la que será su hija política.
-¿Por qué crees que ocultaría algo? -Soltó a la defensiva, su ex marido se inclinó sobre ella y besó lánguidamente su mejilla, acercando después su boca al oído femenino.
-Él es un millonario, amor mío, ¿cómo se sentirá cuando sepa qué tan especial es tu hija? Nadie más que yo te podría aceptar con ella. ¿Te has puesto a pensar en eso?
Cerró los ojos de nuevo, con una traviesa lágrima cruzándole la mejilla. «No debo llorar más, Minoru tiene razón…» Pensó desconsolada abrazando sus piernas.
N.d.A: ¡Hola! Se que muchos van a querer matarme, ¡lo siento! Pero como saben, mi vida es un drama (Y.Y) y falleció una persona muy querida por mí, así que no tenía ánimos de nada. Pero ¡estoy mejor! Y con la pila a full :D
¿Qué tiene la hija de Haruhi? Sorpresa, sorpresa, se aceptan especulaciones xD
¿Qué les pareció el cap? :D
¡Los amo por seguir la historia y comentar! Ya saben que sus comentarios son la gasolina de mi musamóvil ;)
Nos vemos en el próximo capítulo.
Angel.
