Titulo: El destino.

Summary: Después de más de diez años de no reunirse los elegidos son reencontrados gracias a las últimas personas que imaginaron… sus hijos.

Disclaimer: Ni Digimon si sus personajes me pertenecen y hago esto sin fines de lucro.

Nota: Hola a todos y muchas gracias por los comentarios que dejaron en el capitulo pasado :) Me alegra mucho que les guste el fic y el camino por el que lo estoy llevando, para los impacientes tendre que pedirles calma porque este fic (como habran notado) avanza un poco lento jeje pero es que no quiero que se vea todo muy forzado, prefiero ir lento y explicar bien todo. Aqui podemos ver otro par de reencuentros entre nuestros queridos Elegidos y tambien un nuevo par de personajes. ¡A Leer!


Capitulo 6: Los giros inesperados de la vida II.

La comida entre los tres hombres había resultado bastante animada, sobre todo para Daisuke que se divertía horrores viendo a Yamato y Taichi pelear o jugarse bromas referentes a su juventud. Kai, Kazu y Ay tampoco la pasaron tan mal jugando con las pistas de carreras del primero y con los videojuegos así que fue bastante entretenido para todos, cuando la tarde empezó a caer ya se habían puesto al corriente de sus vidas completamente.

-Vaya Yamato de verdad que jamás me imaginé que quisieras divorciarte de Sora. –confesó Yagami. –Aunque siento unas pequeñas ganas de golpearte por hacerla sufrir.

-Ya les dije que nunca quise hacerle daño. –se excusó el aludido. –Es que ella no pudo aguantar la presión de mi trabajo, ambos trabajábamos mucho y nos veíamos poco, luego comenzó con sus celos y yo con mis actitudes infantiles...

-¿Por qué actitudes infantiles? –preguntó Dai asombrado de que el Matt Ishida que él conocía pudiera tener alguna actitud infantil.

-Pues le restaba importancia a las cosas, cuando peleábamos no quería arreglarlo y simplemente ignoraba los problemas como si no existieran. Ella se cansó y me pidió vivir separados un tiempo, el tiempo se transformó en años y ahora definitivamente pedimos los papeles del divorcio los cuales aun no nos dan.

-¿Pero la amas?

-Claro Tai, aún la amo como cuando la conocí.

-¿Por qué no intentarlo nuevamente?

-No sé, Daisuke. –bajó la mirada. –Ya no quiero más fracasos. Además empiezo una relación con esta chica Minami, de la que les hablé y ella es muy linda…

-Ah es verdad la azafata esa que conociste en tu vuelo a Estados Unidos. –recordó Motomiya.

-Bueno amigo, al menos tú ya tienes una novia. –se lamentó Tai. –Ya pasaron años desde lo de Takae y yo no me repongo…

-Tampoco pudo ser tan malo, Tai. –opinó el rubio.

-Simplemente un día desperté y ella ya se había ido. Me dejó una carta, Yamato. ¡Una carta! Donde me decía que se iba a buscar su sueño y que algún día volvería como lo que siempre deseo ser. Una artista y quizá tendría tiempo entonces de ser madre. –explicó el político.

-Que maldita. –masculló Daisuke.

-Lo peor fue explicárselo a Kai. –recordó con amargura. –Cuando ella se fue el tenía cuatro años pero al crecer pregunto por ella y yo jamás le mentí. Mi madre me ayudó bastante sinceramente.

-¿Y Kari? –preguntó Ishida.

-Pues con ella pasaron varias cosas desagradables. –contestó. –Primero su noviecito me desagradaba muchísimo, luego empezó a involucrarse más seriamente con él y luego… ella me decepcionó de muchas maneras. –un suspiro se escapó de sus labios.

-¿A qué te refieres? –quiso averiguar el más joven de los tres.

-No quisiera hablar de eso, fue una etapa dura para mi hermana y para mí.

-Hablando de ella ¿A qué hora dijiste que llegaría? –indagó Dai.

-No comas ansias, no tarda.

-¿Qué diría su esposa si lo viera así, señor Motomiya? –se burló Yamato.

Daisuke se sonrojó y miró la mesa como si fuera lo más interesante del mundo, les había contado a sus amigos el cómo conoció a Akane en una convención gastronómica en Hokaido y como ella se ofreció a acompañarlo en su viaje por el mundo como su socia y como se fueron enamorando poco a poco, también les comentó que al regresar a su ciudad de origen ella se mudó con él y se casaron de inmediato.

-Oh vamos, Kari era una muy buena amiga sólo quiero verla para saber cómo se encuentra. –se explicó el hombre sonriendo.

Tai y Matt asintieron con una sonrisa sabiendo que Daisuke no mentía. Si alguien más le hubiera escuchado hablar como hablaba de su esposa tampoco le quedaría ninguna duda de que ella era la mujer que ese hombre amaba con locura.

..

-Oh vamos, Hana-chan. –la intentó animar su amiga mientras le daba otra galleta a su Upamon. –Sólo es una cena no tienes porque estar tan preocupada…

-No es sólo eso. –replicó la rubia. –Tengo miedo de que papá prefiera a esa mujer y nos mande de nuevo con mamá y se escape con ella y no volver a verlo.

Hanami habló sin tomar aire y con lagrimitas en los ojos mientras Natsuki torcía la boca sin saber que decir para levantarle los ánimos a su amiga.

-Desearía que fueras en mi escuela, Nat-chan. –se lamentó Ishida. –Tengo un par de amigas pero también tengo que soportar al tonto de Yagami.

-¿El niño que te cae muy mal?

-Ese mismo.

-Bueno es que mi mamá dice que en esa escuela estudió ella, aunque hay puras niñas, no hay niños. –afirmó Natsuki.

-Wow. –se asombró Hanami. –Al menos no tienes problemas con gente tonta como Yagami, aunque Kazu es divertido y me cae bien.

-Es que a mí me cuesta mucho hacer amigos. –admitió sonrojada.

Su conversación se vio interrumpida por el sonido de la puerta de la habitación de Natsuki abriéndose las distrajo, por ahí se asomó una cabeza castaña.

-Pasa, papá. –indicó la niña.

-Les traje más galletas. –informó el hombre. –Las hizo tu madre. –le dijo a Nat y luego se giró hacia la rubia. –Come Hanami, Kenya está muy feliz de tenerte como invitada.

-Muchas gracias, señor Hida. –agradeció ella apenada mientras comía otra galleta.

-De nada, es un gusto tenerte aquí. –dijo Iori Hida, el padre de Natsuki. –Hija, mañana entrenaremos un poco de kendo en la tarde, Amardillomon quiere ver tus avances.

-Eh… sí padre. –respondió ella sonrojada.

En ese momento a la habitación se introdujo una mujer bajita y morena con una radiante sonrisa en el rostro.

-Les trajé un poco de pay que horneé ayer. –les ofreció Kenya Hida. –Esta delicioso.

Hanami sonrió ampliamente mientras se preguntaba de donde sacaría estomago para seguir comiendo, definitivamente la madre de Nat se alegraba al ver que ella tenía una amiga cercana. Estaba feliz al pasar ese momento y no pudo evitar recordar cuando su familia era como esa. Unida.

-¡Ya abro! –exclamó Tai al escuchar el timbre suponiendo que sería su hermana menor que llegaba justo a la hora acordada siempre.

Tai se aproximó a la puerta y la abrió esperando ansioso la sorpresa enorme que se llevaría Kari al encontrarse en ese lugar a Yamato y Daisuke. Pero al abrir no fue a su hermana a quien se encontró si no a una niña de aproximadamente trece años de cabello castaño claro casi rubio y ojos marrones, un par de gafas sobre el puente de la nariz y las mejillas teñidas de rojo.

-Asumi-chan ¿Qué haces aquí? –se sorprendió el hombre.

-Perdóneme por venir así, señor Yagami. –se disculpo la joven. –Pero creo que olvidé aquí un libro cuando cuidé a Kaichi ayer y lo necesito urgente. –explicó.

-Ya veo. Puedes pasar al cuarto de Kai a buscarlo, Asumi. –le ofreció Tai.

-Muchas gracias, señor Yagami. Y discúlpeme de nuevo.

La joven apurada paso a la habitación del niño al que cuidaba entre semana mientras Daisuke y Yamato la miraban preguntándose quién seria.

-¿Y esa niña quién es? –cuestiono el primero.

-Es Asumi Yukihabe, la niñera de Kai. –respondió el padre de tal infante.

-Menos mal, creí que era tu nueva conquista.

Daisuke se echó a reír pero Taichi le miró con molestia.

-Muy gracioso Yamato. –soltó conociendo las bromas de su amigo.

De repente algo pasó y eso llamó la atención del trío. Se escucharon las incesantes gotas caer afuera. Había comenzado a llover con mucha intensidad.

-¿Está lloviendo?

-No Motomiya, está cayendo agua del cielo lo cual no es para nada lo mismo. –contestó Matt con una ironía propia de él.

-Que chistosito andas hoy, Ishida. –comentó el ofendido Dai, aun así se rió por la broma del rubio.

-Espero que Kari no tarde.

Y en ese justo momento el timbre volvió a sonar, esta vez fue Yamato quien se ofreció a abrir para ver la cara de Hikari al verlo, Daisuke lo siguió para imitarlo y ambos se prepararon para abrir pero al hacerlo se llevaron una pequeña sorpresita.

-¿Tú?

Frente a ellos no sólo había una castaña empapada de pies a cabeza si no también un hombre pelirrojo de ojos negros y mirada curiosa que ellos conocían a la perfección.

-¿Ustedes?

Hikari y Koushiro no cabían en su sorpresa. Según ellos iban a darle una sorpresa a Taichi y resultó que a quienes se encontraron en la puerta habían sido a Yamato y a Daisuke, claro que más altos, grandes y con algunas marcas de edad asentándose en algunas partes determinadas del rostro pero aun así no reconocerlos habría sido imposible. Aquellas características propias de cada uno eran inconfundibles.

-¡Ya viste a quien me encontré, hermanita! –exclamaba Taichi yendo hacia la puerta al ver que sus amigos no volvían. -¿Koushiro? ¡Amigo que sorpresa!

Al parecer el compañero de Agumon había sido el primero en reaccionar y después de quitar a Yamato y Daisuke a empujones se abrazó a su gran amigo Izumi terminando casi igual de mojado que él, Koushiro también le respondió el abrazo alegre y recién recuperado de la sorpresa inicial. Kari se llevó ambas manos a la boca y se propuso no ponerse a llorar ahí mismo. Daisuke no la dejó seguir pensando porque la tomó entre sus brazos en un fuerte abrazo.

-¡Kari, que guapa estás! –exclamó el ex google-boy.

-Daisuke. –murmuró aun estupefacta. –No puedo creerlo.

Para ese entonces Yamato ya estaba estrujando al pelirrojo que lo había dejado igual de mojado que Taichi, Daisuke no fue una excepción pues Kari también escurría en agua.

Yamato también le dio un caluroso abrazo a Kari mientras pensaba las justas palabras que escogería para decirle a Takeru a quienes se había encontrado el día de hoy, sobre todo como le diría que entre ellos estaba Hikari.

-¡Pero qué cosas! –exclamaba Tai.

-Pero hermano yo tuve una charla con Koushiro por la escuela, no me imagino cómo es que tú te encontraste con ellos.

Pero entonces Kari no necesito hablar más. El niño idéntico a Davis, la niña que ella ya estaba segura era hija de Matt y Sora. Todo estaba claro como el agua y al mismo tiempo tan confuso… todo había sido tan extraño.

-No digas nada. –pidió Hikari al ver que su hermano iba a hablar. –Los padres de Kazu, Hanami y Ay ¿No?

-Eh sí. –respondieron los dos aludidos.

-¡Eso si es sorprendente! Matt, yo le doy clases al pequeño Ay. Es un amor. –aseguró la mujer.

-¿Kari da clases en la primaria de Odaiba? –preguntó Daisuke muy anonadado.

-Sí y es una profesora excelente. –presumió Koushiro.

-En realidad doy clases en la sección de preescolar pero…

-¡Maestra Kari!

Cuando la castaña se giró para ver quien la llamaba Ay Ishida ya había saltado a sus brazos. Ella lo abrazó cariñosamente y le explicó que era amiga de su padre desde hace muchos años. Entonces Tai recordó a una persona faltante.

-Asumi ¿Quieres que te lleve a casa? –preguntó Taichi. –Está lloviendo a cantaros.

-No se angustie señor Yagami, llamé a mi madre y me recogerá. –respondió ella.

-Ya veo. –dijo el hombre. –Veo que encontraste tu libro. –señalo un libro verde que la joven llevaba bajo el brazo.

-Si, estaba en la repisa de la izquierda de Kai, donde pone sus figuras de Digimon coleccionables. –explicó Asumi.

-De nuevo gracias por cuidar a mi hijo cuando puedes hacerlo, Asumi. –añadió el padre sonriéndole a la niñera.

-De nada señor. –concluyó apenada.

El timbre volvió a sonar por quinta vez en esa casa.

-¡Debe ser mi madre! –exclamó Asumi.

-Te acompaño.

Tai la tomó del hombro y la guió hasta la puerta pasando por todo el alboroto que se había armado con aquel reencuentro tan maravilloso, abrió y se encontró ahí con una mujer que lo dejo por un segundo sin habla. Ella tenía el cabello del mismo color que Asumi de un color rubio cenizo y los mismos ojos como almendras tras unas gafas, su rostro era muy bonito y a Tai le parecía familiar de algún lado. Ella miró hacia el exterior donde el sol aun no se había ocultado por completo.

-Buenas tardes. –saludó la mujer. –Vengo a recoger a mi hija.

-Eh… buenas tardes, sí. Gracias por dejar que Asumi venga aquí y cuide de mi hijo. –dijo Tai muy avergonzado.

-No hay de qué. –respondió ella y cuando sonrió el moreno solo pudo retenerse de algo para no marearse. –Vamos, Asumi.

La hija asintió pero en ese momento Hikari se interpuso.

-Un segundo. –pidió la hermana de Tai. -¿No eres tú Chizuru Inoue? –preguntó totalmente asombrada. –La hermana de Miyako.

Tras estas palabras la sala quedó en completo silencio, todos miraban a Kari y a Chizuru.

-Eh si soy yo. –contestó Chizuru intimidada. -¿Tú no serás esa amiga suya que siempre era tan educada? ¿Cómo se llamaba…? ¡Hikari!

-Sí soy yo. ¿Cómo está tu hermana? –preguntó muy interesada y feliz. –Hace años que no sé de ella.

-Oh mi hermana está perfecta, vive en el centro de la ciudad con su familia. –relató Chizuru.

-¡Me alegro tanto! –exclamó Yagami. –Por favor dile que me visite y que le mando muchísimos saludos. O ¿Podrías pasarme su teléfono?

Chizuru se sonrojó.

-No lo tengo en este momento, Hikari. –se disculpó. –Pero lo conseguiré para ti.

Taichi se había quedado un poco embobado mirándola por fin reaccionó.

-O podrías pasarme tu número. –sugirió el moreno. –Y yo te llamo para que me lo pases.

Chizuru volvió a sonrojarse, Asumi también estaba sorprendida. La hermana de Miyako no tardó en aceptar y pasarle su número a Taichi, justo después de hacerlo ella junto a su hija partieron con rumbo a su casa.

Las burlas no se hicieron esperar de parte de Daisuke y Yamato ya que el interés de Tai en esa mujer había sido demasiado obvio como para negarlo. De pronto todos reían, Hikari y Koushiro miraban divertidos como se reían de Tai… parecía como si hubieran pasado solo tres días en lugar de más de diez años desde la última vez que se vieron.

-¡Que no es casada! –exclamó el embajador cansado. –Asumi me contó que su padre falleció hace mucho.

-Entonces esta solterita. –reía Yamato. –Y solita para ti.

-Aprovecha, Tai. –apoyó Dai. –Nunca se sabe cuándo volverá a presentarse una oportunidad así.

-¡Cállense ya!

Yamato sonrió al haber provocado a su amigo y satisfecho se sentó junto a Hikari quien al tenerlo cerca se estremeció de repente. Yamato conocía la razón muy bien.

-¿Cómo está?

La pregunta de la mujer de ahora treinta y tres años había sido muy simple, Yamato sabía perfectamente a quien se refería y también conocía muy bien ese tono nostálgico, melancólico y doloroso pues era el mismo con el que él hablaba de Sora.

-Pues no tan bien. –sinceró el astronauta. –Su esposa murió hace no mucho.

Hikari se llevó las manos a la boca horrorizada mientras se forzaba a no llorar.

-Quisiera…tengo tantas ganas de…

-Hikari no fuerces las cosas. –pidió el rubio. –Creo que todo saldrá bien para mi hermano y más ahora.

-¿Por qué?

-Porque creo que el destino tiene sus propios planes.

-¿Están seguros que eso funcionara? –preguntaba un tanto inseguro Ay Ishida aunque por dentro deseaba que ya fuera el día de poner todo aquel plan en marcha.

-¡Claro Ay! –exclamó Kaichi. –Seguro con eso esa señora loca sale corriendo de tu casa. Tienes muy buenas ideas.

-¿Eso quieres no? –cuestiono Kazu.

-¡Sí! –exclamó el niño. –Entonces necesito conseguir todo esto. –dijo mirando una lista que amablemente Asumi-chan le había redactado.

-Le podemos pedir a mi prima Kazumi que las consiga. –opinó Kai. –O a mi tía Kari.

-¡O a Asumi-san! –intervino Kazu quien parecía haberse quedado enamorado de la mucho mayor niñera de su mejor amigo.

-Si también a ella. –razonó Kaichi. –Mañana viene en la mañanita y se queda muy poquito tiempo. –recordó el niño. –Le digo que las compre con el dinero que deja papá y luego vemos como te las llevamos.

-Bueno creo que el plan será un éxito. –opinó Ay.

A penas iba cayendo la noche cuando el rubio Yamato Ishida llegó al edificio donde vivía de la mano del pequeño Ay Ishida, su pelirrojo y "dulce" hijo quien venía ideando como llevar todo su plan acabo. Yamato buscó el número de departamento donde estaba su hija, cuando la dejo ahí la madre de su amiga amablemente la recibió y le ofreció galletas. Dio con el número y finalmente tocó el timbre.

La puerta no tardó nada en abrirse y por ella salir un hombre de cabello castaño y ojos verdes, se veía joven y llevaba a Hanami quien estaba sonriente.

-Mucho gusto, señor…

-Hida. –respondió Iori.

-Señor Hida y gracias por cuidar a mi hija. –agradeció Yamato listo para retirarse.

Hasta que se fijó en la mirada de aquel hombre, era una mirada justa y firme, una mirada que conocía de algún lado y entonces el vivo recuerdo de un niño de nueve años interrumpiendo el ensayo de su banda para interrogarlo sobre TK y su reacción ante la oscuridad pareció tan vivido como ayer.

-¿Iori? –cuestionó al borde de un ataque.

-Sí… -El señor Hida hizo una pausa y examinó a su interlocutor. -¡Yamato!


Nota Final: e acabo el capitulo de hoy. Espero que les haya agradado, intente hacerlo lo mas entendible posible y mas porque vimos una reunion ya muy grande entre los Elegidos. ¡Ya son seis a los que junte! La mitad, ahora solo falta la otra mitad. Bueno, conocieron a la niñera de Kaichi la cual se llama Asumi y es la sobrina de Miyako. El porque introduje al personaje de Chizuru (La hermana rubia de Miyako, esa que leía horoscopos) es porque no me gustaría dejar a Taichi solito y como tampoco me gustaría inventar otro personaje de la nada pues introduje a esta mujer, me agrado mucho darle una personalidad, ya la iran conociendo.

Bueno, el proximo capitulo es sin duda mi favorito! Y creo que con esto ya digo mucho sobre el pero como soy muy buena les dare otra pista. He notado que hay muchos (MUCHISIMOS) que ya esperan el reencuentro de TK y Kari. Bueno ya no tendran que esperar mucho mas. Y ya con eso he dicho bastante. Tambien aparece otro de mis personajes favoritos, ya veran. Estoy segura que el proximo capitulo les gustara (O eso espero).

Saludos y besos a todos!