Aclaración

La siguiente historia es propiedad de Jaid Black yo solo uso sus maravillosos escritos para una pequeña adaptación.

Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto yo solo uso sus personajes sin fines de lucro para pervertirlos/as un poco y tener un mundo con más ItaHina, SasuHina o LukaHina.

El siguiente contenido es clasificación M o MA contiene escenas de sexo explícito, sumisión y seducciones forzadas.

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Capítulo 7

Sosteniendo el pesado martillo por encima de su cabeza, Itachi golpeó el metal con cada puñado de fuerza que podía reunir. Era el único modo de bloquear los sonidos de la subasta que estaba teniendo lugar en un nivel más abajo. Su yugular inflamada y los dientes estaban apretados por el esfuerzo.

Él no intervendría. Tuvo que seguir recordándose que a Hinata Hyuuga no le gustaría tener que mirarle la cara a una bestia enorme y fea durante el resto de sus días. Su gente había conseguido vivir sin la intrusión de Forasteros durante más de mil años por el simple hecho de que nadie sabía de su existencia. Hinata estaba anclada a Lokitown hasta que expirara su último aliento. Lo menos que podía hacer era permitirle que tuviera, al menos la ocasión, de una probabilidad de ser feliz.

Lanzando el martillo a un lado, Itachi se limpió con un trapo el sudor que le goteaba cara abajo.

Apretaba la mandíbula cuando los sonidos de la subasta de matrimonio allá abajo alcanzaban sus oídos. ¡Sus hombres deberían estar aquí trabajando en vez de estar pujando por novias! Pero la vieja arpía de Tsunade había animado a sus guerreros a asistir al acontecimiento y pujar por las cautivas, para que todas pudieran terminar en manos honestas. Itachi les había permitido hacerlo, porque no podía soportar la idea de que Hinata terminara amarrada a un amo cruel. Cualquier postor bajo el régimen de Óbito era probablemente tan sádico como lo era su líder.

¿Pero podría soportar el verla casada uno de mis propios hombres?

Itachi suspiró. Vaya que era idiota.

Maldiciéndose a sí mismo por lo idiota que era, se puso por encima la túnica y caminó con paso solemne hacia la caja elevadora. No podía hacerle ningún daño el ver cómo iba la subasta.

La cara de Itachi fue la primera que Hinata vio entre la gran muchedumbre de hombres. Estaba apoyado contra una pared de roca, los brazos cruzados en el pecho. Llevaba puesta hoy una túnica de cota de malla de oro, con el calzón de piel negra. La túnica era sin mangas, mostrando aquellos brazos enormes rodeados por brazaletes de oro en los bíceps. Su pelo negro azabache fluía sólo por delante de sus hombros, una trenza al lado de cada sien estaba atada a su modo, su propia marca registrada, detrás de la cabeza.

Él era la razón por la que estaba siendo subastada para empezar. ¿Por qué había venido aquí? ¿Para recordarle que él había ganado? ¿Para lanzarle otra de sus sonrisas burlonas? Si pudiera le gritaría que era un maldito cabrón.

Cuanto más lo miraba, sin embargo, más se daba cuenta de que no era el caso. Itachi no mantenía contacto ocular, así que no podía decir si él estaba mirando hacia ella o no. Sus ojos negros cual carbón estaban tapados por la capucha, su expresión ilegible. No parecía inclinado a participar.

Por alguna loca razón, esto irritó a Hinata más de lo que ya estaba. ¿Pensó que ella era lo bastante buena para intercambiarla, pero no lo bastante buena para conservarla? Considerando todos los obstáculos entre ella y la libertad, parecía una tontería cabrearse por esto — pero lo estaba y mucho.

Por Odín, ella tenía una belleza impresionante.

La virilidad de Itachi se puso dura dentro de sus calzones al ver el cuerpo desnudo de Hinata. Quizás era incorrecto sentir lujuria por una muchacha que estaba siendo paseada desnuda y con grilletes, aunque él la había deseado mucho antes de este momento. Incluso antes de la noche en que la había despojado de la ropa y había bañado su cuerpo febril, suave y excitante.

La había querido para sí mismo desde el momento en que sus ojos se encontraron por primera vez.

Tenía un cuerpo glorioso, redondo en todos los sitios correctos. Su piel era de una dulce perfección. Su pelo azulado parecía el mismo mar que trajo a su gente hasta ese lugar que caía en cascada por encima de su redondeado trasero. Contrastado con sus ojos perlados, atrevidos, la combinación era irresistible. Sus pechos eran apetitosamente grandes con rosados e hinchados pezones que estaban siempre tiesos. Y su coño afeitado…

Itachi inspiró hondo y soltó el aire. Había querido meterse dentro de sus apretadas carnes desde que le dio el primer vistazo. Apostaba a que ella se acoplaría a su alrededor como un ajustado guante.

Parpadeó, interrumpiendo sus lujuriosas fantasías.

Era bien cierto que él envidiaría a quien quiera que fuese el dueño que la tomara por esposa.

Tienes el derecho, había susurrado Tsunade, de tener un poco de felicidad propia en esta vida, Tachi. No hagas de cada momento uno donde cargas tú solo con todas las preocupaciones del mundo. Cuando te encuentres con los dioses en el Valhalla, ve a ellos habiendo disfrutado de una vida plena.

Las palabras de Tsunade habían estado resonando en su corazón y en su cabeza desde la noche de ayer. Suspiró, inseguro sobre cuál era el camino que debía tomar.

Más que su propia felicidad era lo que estaba en juego aquí. La de Hinata lo estaba también.

-"¡Esta, magníficos guerreros, es Hinata!"- el subastador lanzó un grito. Los rugidos de aprobación, gritos, bromas, y aclamaciones subieron como un fuego incontrolable.

La mirada perla de Hinata voló hasta Itachi. Él no se reía, ni animaba, o gritaba. Solo estaba ahí. Dios porque tenías que mandarme a este lugar.

-"Es una muchacha apasionada, una chica con espíritu. ¿Pueden recordar las historias que se cuentan sobre ella?"- volvió hablar el subastador con cada palabra que escupía hacia que a Hinata le dieran ganas de matarlo.

Hinata miró a la risueña masa de gente con el ceño fruncido y bufando y lanzando maldiciones al aire. Eso lo encontraron divertido, ella había presentado pelea antes de la captura, ¿no? ¡Eh!. Les daría algo de lo que reírse, seguro.

-"Pueden acercarse a la plataforma según el rango. Mis señores, derecho a inspeccionar antes de la puja. ¡Procedan!"- anuncio el subastador.

Se hizo un silencio absoluto entre la muchedumbre cuando el primer jefe supremo caminó hasta la plataforma. Él era alto, completamente demacrado y delgado con una piel extremadamente pálido. Había joyas en cada uno de sus dedos, dándole un aspecto llamativo, algo femenino. Su pelo era largo y negro, sus ojos amarillos como los de una asquerosa serpiente. Aquellos ojos no parecían amables.

Una sonrisa satisfecha curvaba sus labios. No se molestó en decir algo, sólo extendió la mano hacia los pechos de Hinata. Aquí abajo en esta madriguera de conejos, las reglas decían que él tenía aquel derecho. Hinata nunca había sido de las que siguen las reglas. A pesar de ser un cabo del ejército ella las reglas las pasaba mirando de lejos.

Con un movimiento rápido como un relámpago, agarró al jefe supremo por la muñeca.- "Tócame,"- dijo tranquilamente, -"y la rompo."-

La cara se le puso como la grana mientras las carcajadas resonaban por todas partes de la plaza. Un tick comenzó en su mandíbula y le subió hasta la mejilla. Se le volvieron los ojos más siniestros si esto era posible.- "Suéltame, muchacha," -dijo,-"o lo lamentarás."-

Hinata le sostuvo la frágil muñeca durante un momento más y la apretó, la mirada fija en la de él. Cuando creyó que se había anotado el tanto, lo liberó.

Inmediatamente, el idiota intentó agarrarle el pecho otra vez.

Fiel a su palabra, Hinata le agarró la muñeca con su mano derecha. Sin apartar la vista de la mirada sorprendida de él, alzó la palma izquierda en un movimiento de kárate y golpeó.

La muñeca se rompió como un hueso de pollo. Él lanzó un grito de dolor, cayendo sobre sus rodillas.

Y se desató todo un infierno.

-"¡Sometan a la perra!"-

Dos de los guardias del subastador respondieron al grito de su capataz.

Cuando Hinata había roto la muñeca del sádico de Orochimaru, la admiración y el placer habían brillado en los ojos de Itachi. Ahora se tensó cuando vio a los dos secuaces acercarse a ella.

Tenía grilletes en los pies. ¿Qué podía la pequeñita, indefensa muchacha hacer? Las guardias eran grandes y fornidos, era una partida injusta. Enfurecido, comenzó a dirigirse hacia la plataforma.

Con un movimiento tan rápido que pareció inhumano, Hinata hizo el pino, sus palmas contra el suelo sucio de la plataforma, y las piernas haciendo un movimiento de tijera. Con un sonido "¡Jiá!" gutural, descruzó las piernas con la suficiente fuerza bruta como para romperse ambos tobillos.

En cambio, fueron los grilletes los que se rompieron.

Un silencio total inundó la plaza. "Hijo santo de Odin." Itachi se quedó boquiabierto, sin parpadear esa mujer era una caja de sorpresas.

El primer guardia rugió cuando cargó contra ella.

Hinata respondió con un salto en el aire que fue lo bastante alto para hacer que la multitud diera un grito ahogado. Giró en el aire y le dio una patada en la cara al guardia, con seis golpes uno tras otro que lo tumbaron de espaldas. Cuando lentamente se recobró y se puso de rodillas, ella le dio una patada otra vez, esta vez en todos los morros, rompiéndole la nariz.

Cogiendo ventaja del impacto creado en la multitud, saltó de la plataforma y corrió — pero su victoria fue efímera. Donde uno o dos hombres no pudieron someterla, veinte pudieron. Y esos más o menos se necesitaron para hacerlo.

Mientras Itachi se aproximaba empujado a la muchedumbre para acercarse a ella, los ojos de Hinata se encontraron los suyos— salvajes, desesperados, y suplicantes. Casi se le rompe el corazón. No había nada débil en esta mujer.

Cuando los guardias y algunos de los hombres de Obito la bajaron al suelo, Itachi bruscamente empujó a unos y otros para finalmente alcanzar a Hinata. La tenían boca-abajo, las muñecas y pies atados detrás de su espalda. Un hombre se rió e intentó acariciarle las nalgas, y Itachi explotó de rabia.

Rugiendo, apartó a los jefes supremos de confianza de Obito del lado de Hinata. Los otros hombres inmediatamente retrocedieron. Todos los ojos se volvieron a mirarlo aturdidos.

"¡El derecho del Cazador!" Bramó Itachi completamente furioso y con ganas de matar a alguien, su postura letal desafiaba a cualquier hombre a osar acercarse a él. La vena de su cuello se hinchó. -"¡La reclamo para mí mismo! ¿Se atreve aquí algún guerrero a desafiarme?"- pregunto en un siseo

El silencio siguió el eco de su voz propagándose entre las paredes de la plaza. La mirada enojada de Itachi buscó la de Orochimaru quien tuvo bastante sentido común de mirar hacia otro lado. Menos mal, porque la furia de Itachi era lo bastante poderosa como para matar a cualquier hombre que lo provocara.

Con los ojos que se había estrechado en rajas negras amenazadoras, Itachi enfocó su atención en los hombres cerca de Hinata que estaban sentados mirándolo embobados.

"Lämna min fru i fred," dijo despacio en un siseo molesto.

Los hombres se dispersaron. No perdieron ni un minuto, Itachi se arrodilló y comenzó a desatar los nudos que mantenían a Hinata dolorosamente atada.

-"¿Qué les has dicho?"-, susurró Hinata, sus grandes ojos perlas asustados lo miraron.

"Les dije," dijo Itachi mientras seguía deshaciendo los nudos, "que se apartaran de mi esposa".

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Hinata Hyuuga estaba casada.

Ella no había dicho las palabras de compromiso, ninguna promesa de amor y lealtad, aun así, según las leyes de Nueva Suecia era ahora la esposa legal del Lord Itachi Uchiha. Así de fácil. Estaba tan aturdida que no dijo una palabra mientras él le ponía su túnica por la cabeza para cubrirle el cuerpo.

Después siguió silenciosa y sin protestar cuando Itachi la cogió de la mano y la condujo fuera de la plaza mientras fulminaba a cada hombre que la miraba más de lo necesario. Si el muchacho era bastante celoso y posesivo.