Gritos de adrenalina bañaban el lugar de un aura de diversión juvenil.

El grupo de chicos, maravillados por la cantidad de juegos mecánicos en el parque, veían de un lado para otro, sin poder decidir qué hacer ni dónde subirse.

Y es que eran tantas las opciones, incluso podían hacer un itinerario de recorrido si querían ser más organizados al respecto, las horas de entretenimiento estaban garantizadas

Aun así, la con más iniciativa del grupo, no dudó en dejar de lado esa aburrida opción.

— ¡Vamos al Kamikaze! —Sugirió, o más bien, ordenó Alya, mientras apresuraba el paso con tal de hacer la corta fila de espera en dicho juego.

No hubo tiempo de reclamos, todos le siguieron entre risas, alcanzado justo en la atracción, pero teniendo que sentarse separados con tal de llenar los huecos en los asientos.

Bajo la mirada expectante de un tercero, y sin tener conocimiento de aquel, las exclamaciones eufóricas una vez la dichosa máquina les dejaba de cabeza, no se hicieron de rogar.

Sin duda, escoger una atracción como esa de buenas a primeras no había sido la mejor idea, incluso vieron cómo a un torpe desconocido se le caía desde las alturas una botella de bebida, estrellándose en el piso a la vez que se abría, derramando su interior allí.

— ¡Por Ladybug! —Exclamó Adrien, sintiendo pena por el desconocido.

— ¡Rayos y centellas, Batman! —Se burló en respuesta Nino.

Alya había grabado todo.

Para cuando bajaron, ya tenía una nueva forma de hostigar a su novio y al amigo de este, sólo por diversión.

Pero no todos estaban en tan buenas fachas, siendo una de las más afectadas, Lila.

—Todo… Todo da vueltas… —Musitaba, cubriendo su estómago con una mano, y sus labios con la restante.

A su lado, Bridgette tenía una sonrisa más bien forzada, tratando de ser fuerte por ambas.

—Quizás sea mejor un juego más calmado ahora…

La casa de los espejos fue lo siguiente.

Marinette fue la primera en entrar, encontrándose inesperadamente con una muy desnutrida y estirada ella. Dándole dos minutos de ventaja, todos entraron de manera separada.

Hicieron una apuesta, quien saliese primero tendría derecho a elegir cuál era el siguiente juego.

Y, en realidad, no supieron cómo, o si fue porque se quedaron muy maravillados con sus versiones alternativas reflejadas en esos múltiples espejos cóncavos, convexos y algunos que ni idea de qué eran, pero el último en entrar, Nino, fue el primero en llegar a la salida.

Cuando comenzaron a comparar las fotos que se habían sacado cada uno, la respuesta estuvo clara para el vencedor, aunque no gozó de una victoria anunciada.

Simplemente siguieron caminando, mientras él sólo veía la única foto que se había sacado.

Posando como un militar, sus hombros se veían más anchos, y había puesto una cara de seriedad comparable a la de una estatua.

Rogaba a Dios que Alya no viese esa ridiculez. Aunque tomando en cuenta que la mayoría hasta se veía deforme…

Fue sin dudas, una sesión de fotos por separado que todos recordarían, en especial por tener registro fotográfico de ello.

—Oigan. —Paró en seco Alya, cuando aún no sabían cuál era el juego que Nino había elegido, pasando ya el medio día. — ¿Y si nos sacamos una selfie?

Dicho y hecho, no fue una ni dos, Adrien y Nino se vieron arrastrados a sacarse una cantidad de fotos inimaginables.

Peor fue que estuvieran cerca aquellos carteles en los cuales uno debe poner su rostro en un hueco. Terminaron siendo piratas, peces, sirenas, y Alya con Nino unos muy curiosos Ladybug y Chat Noir.

Sólo entonces, se toparon con ese tan competitivo juego que Nino había estado buscando desde que salió invicto en el reto de la casa de los espejos.

Los autitos chocones.

Demás está decir, que incluso el lado competitivo de las Cheng salía en ese tipo de dinámica.

Cuidando de que en su turno no hubiese ningún infante que pudiese salir herido, fueron los cinco minutos más extenuantes de la vida.

Choque por acá, choque por allá.

Alya chocaba por error con Lila mientras Bridgette terminaba siendo desplazada hasta toparse con ambas.

Fue una gran colisión en masa el final de aquella atracción, quedando en medio de todo, la mayor de las Cheng.

Un alarido soltó, desvaneciéndose con dramatismo.

— ¡Ayuda! —Exclamó, siendo socorrida por su amiga apenas el timbre sonó, anunciando el final de su turno.

Entre risas le ayudaron a salir de ese campo minado de autos desconectados de la corriente eléctrica.

Y si bien ellos se estaban divirtiendo en grande, a tal punto de Bridge no había pensado innecesariamente de más, la sombra que los seguía no estaba para nada contenta.

¿Por qué se veía tan divertido todo eso ahora, y no cuando aquella optimista chica lo había invitado? Félix no lo entendía.

Era el principio de envidiar lo que no se valoró en su momento.

Aun así, no estaba dispuesto a aceptarlo, al menos no todavía. Tomando en cuenta la cantidad de tiempo que Bridgette le había insistido, era prácticamente imposible que dejase de estar en su radar de un día para otro.

Sabía que era vil, comparable con un villano pero…

¿Qué podía hacerle? Realmente, nada.

Sólo seguirla de cerca, velar por cada pasito que daba hasta corroborar que era su amada y poder actuar de lleno. Como si estar en ese momento acosándola no fuera lo suficientemente denigrante…

¡Incluso los estaba siguiendo para almorzar, por Dios!

Aunque era destacable el hecho de que, a pesar de estar ya casi dos horas tras ellos, aún no se percataban de su presencia. Qué mala percepción tenían. Era eso, o él era un maldito ninja.

Lejos de aquel dilema que era Félix Agreste, más precisamente a unas cinco mesas en diagonal, se encontraba el grupo de seis chicos, disfrutando amenamente de su almuerzo en conjunto.

— ¡Dios! —Suspiró Bridgette después de dar un gran trago a su bebida. —Creí que moriría. —Bromeó, dando una mordida a su hamburguesa.

—Juro haber visto volar tu alma cuando chocaste con Alya. —Le siguió Lila, riendo entre dientes.

—Aún no logro entender cómo fue que Bridge quedó en medio de ese lío. —De un momento a otro había visto a su prima en el epicentro del huracán, como si hubiese habido un complot en su contra.

— ¡Estoy segura que la mente maestra fue ese chico teñido! —Alya comía con fuerza, recordando la cantidad de veces que aquel joven le había hecho chocar con sus amigos.

—Vamos, ¿No era esa la finalidad de los autos chocones? —Intentó apaciguar Adrien.

— ¡Eso mismo! —Respaldó Nino.

Una calurosa discusión comenzó en lo que estaban almorzando.

Mientras unas se mantenían al margen sólo comiendo, y otros preferían simplemente callar, no fue si no la pareja del lugar quienes terminaron discutiendo al respecto, sacando cosas como que eso no era nada, o que necesitaban defenderse.

Sea como fuese, ninguno ajeno prestó mucha atención, enfocándose en el mapa que tenían en las bandejas con respecto a las atracciones del parque.

— ¿A cuál deberíamos ir? —Preguntó Lila, quien de momento era la única, junto a Mari, quienes habían terminado su almuerzo salido de la dieta.

Marinette pareció pensárselo un par de segundos, observando lo más cercano. —Pues, está el Disco, el Barco pirata, la Montaña rusa

La discusión entre los enamorados paró súbitamente.

Nino apuntó con su última papa frita a Marinette, ocasionando que todos se extrañasen.

— ¡A la Montaña Rusa!

El estómago de Bridgette se revolvió por inercia.

— ¿Montaña… rusa? —Repitió las palabras del moreno, pasando saliva.

— ¡Exacto! —Mostró una sonrisa. —El carril más rápido del parque, con vueltas mortales y colgando los pies, ¡Definitivamente debemos ir a él!

—Nino, estás exagerando. —Rió un tanto Adrien.

—Te apoyaría, pero… —Alya miró desaprobatoriamente al Agreste. —Tiene razón, la montaña rusa es un juego que no podemos perder.

—Uhm… Chicos… —Quiso llamar la atención Marinette, aunque lo hizo de una manera muy vaga.

Tanto, que Lila mostró su hastío poniendo los ojos en blanco.

—Oigan, Bridge no quiere. —Anunció entonces, lo que había pasado desapercibido para el trío.

— ¿Eh?

Bridgette se encogió en su puesto, titubeante.

—Mezclar comida y eso… No es buena idea… —Sonrió con sutileza, rascando su nuca con delicadeza.

—Oh.

Todo el grupo pareció comprenderlo, en un repentino desaire.

— ¡Pero claro, si ustedes quieren ir, no me quejo! Puedo quedarme abajo, en serio. —Propuso de inmediato, temerosa de arruinar la diversión de todos.

—Bridge, ¿Estás segura? —Cuestionó Mari, posando su mano en el hombro foráneo.

—Sí.

Los siguientes quince minutos se la pasaron cerciorando que Bridgette realmente estuviera bien con eso, en lo que caminaban hasta la atracción. Porque iban a respetar su decisión de no querer subirse.

Al final, terminaron haciendo la cola, y ella quedó abajo, saludándoles con la mano.

Aquello era lo mejor.

O al menos eso pensaba la joven Cheng, viendo cómo su prima había quedado sentada junto a Adrien como por arte de magia. La suerte estaba de su lado, al parecer.

Así que, negando, como si no tuviera remedio, Bridgette terminó sentándose en la banca más cercana, observando cómo los carriles en los que iban sus amigos comenzaban a moverse con lentitud, la calma antes de la tormenta, le decían.

Y qué acertado estuvo eso cuando, cierto infiltrado en escena decidió hacer su aparición, al estar aquella jovencita en soledad.

Félix caminó con parsimonia hasta donde se hallaba Bridgette, parando frente a ella, en el momento justo donde Adrien, ya en la cima que los dejaría caer a la adrenalina, pudo observar cómo capturaba la atención de la chica.

Un mal augurio le recorrió la espina dorsal.

.

Ciertamente, Bridgette no entendía qué estaba ocurriendo.

Completamente contrario a lo que era su voluntad, terminó siguiendo al Agreste hasta un juego… Al que realmente no tuvo que haber subido. Ahora lo sabía sin duda.

El silencio entre ambos volvía la atmósfera tan densa que se podía cortar incluso con un cuchillo, o al menos eso pensaba Bridgette, mientras de manera nerviosa jugaba con sus manos. En todo momento su mirada se dirigía a fuera de la cabina, donde se podía ver todo el parque desde la altura en la que estaban.

Después de todo, para eso servía la Noria, ¿No?

Por su parte, Félix tenía tantas cosas que decir, y a la vez nada. ¿Qué había sido eso que le arrinconó a aparecer frente a la chica, aun sin tener algo completamente claro? Ese no era él, estaba comportándose como un estúpido.

Un estúpido enamorado, o al menos eso quería creer.

Aunque su estupidez tenía límites, estaba completamente consciente de la incomodidad que causaba en la joven, en especial porque aquella no había hablado, ni siquiera cuando le preguntó si podía seguirle.

Bridgette solamente se había parado y le había seguido, asintiendo con levedad… pero, ¿Por qué?

¿Por qué no podía hablar?

Félix pasó saliva, sintiéndose peor que un niño que será interrogado cuando no ha estudiado. Todo eso era nuevo para él.

—Bridge-

El sonido de una explosión interrumpió al joven Agreste cuando había tomado la determinación para poder hablar.

La cabina en la que estaban tembló ligeramente, provocando un desbalance y que ambos terminaran sentados uno al lado del otro, lamentando el golpe ante la brusquedad de la situación.

—Auch… —Se quejó finalmente la de cabellos azabaches, dejando escuchar su dulce voz.

Para cuando abrió los ojos, notó que su mano con la ajena estaban una encima de la otra, en una posición innecesariamente embarazosa.

Con rapidez Bridgette retiró su mano de allí, en un acto de reflejo que dejó al rubio perplejo.

—Bridgette… Yo… —Era imposible decir algo con sentido.

La joven que tanto le había amado, ahora retiraba su mano como si tuviese la peor peste del mundo, pudiendo contagiarla.

—Disculpen.

En todo el momento en que pasaron sumidos en lo incómodo de la situación, habían dejado andar la noria, bajando a cada pareja en ella.

—Es mejor que bajen y se vayan a refugiar, un nuevo villano ha aparecido. —Anunció el encargado del juego, dejándolos salir.

Ahí estaban, precisamente las palabras que él no quería oír, por nada del mundo.

Félix, debatiéndose entre ir a enfrentar a ese akuma, terminó por ganar el llevar a Bridgette a un lugar a salvo, más que nada, porque todos estaban corriendo como locos, lejanos a la tranquilidad del joven que los bajó de la noria.

Gritos desesperados eran ahora los que inundaban el lugar, de gente temerosa ante el poder de aquel villano en alguna parte del parque.

Y, como era de esperar, en lo que Bridgette corría, terminó por caer.

El rubio de inmediato paró, tratando de que nadie pasase a llevar o a pisar a la Cheng.

— ¡Bridgette! —Exclamó. Incluso le ayudó a parar, demostrando en su mirar aquella preocupación que la chica tanto había anhelado.

Pero que se había manifestado tarde.

—Félix… —Balbuceó la joven, en lo que elevaba la mirada, cargada de lágrimas esperando ser soltadas. — ¿Por qué haces esto…? ¿Por qué ahora? ¿Acaso te doy pena, eso es? —Caía en desespero, con ya gruesas lágrimas surcando sus mejillas, humedeciendo todo a su paso. — ¿¡Crees que no sé qué te gusta alguien!?

Se encontró en un dilema.

—Bridgette, no es momento para eso. —Intentó calmarla, gran error.

— ¡Para ti nunca es momento!

No supo qué fue lo que le hizo pensar que Félix le seguiría al salir corriendo.

Porque no lo hizo.

.

Para cuando el akuma había iniciado su show, el grupo de cinco ya había bajado de la montaña rusa.

De más está decir que, a pesar de las advertencias de Nino con respecto a que debían ocultarse, Alya había corrido a escena como si su vida dependiese de ello. El resto, habían terminado cada uno por su parte.

Marinette, aprovechando la complejidad del momento para poder escabullirse y cumplir con su deber.

Lila, buscando desesperadamente a Bridgette.

Adrien fue más allá, corriendo en dirección a donde había visto que ambos se fueron, sin importarle si estaba cerca o no de donde se encontraba el villano en turno.

Y hubiese deseado llegar mucho antes pues, en medio de ese caos, había una chica en una banca.

En medio del pánico, había una chica tan destrozada, que ni siquiera se movía.

La chica en esa banca estaba llorando.

La chica era…

—Bridge…

.

Muy lejana a las emociones negativas que la mayoría estaban sintiendo en ese momento, Alya no podía estar más excitada, feliz por la primicia que estaba transmitiendo en vivo.

Enfocando con su cámara del celular a la segunda Ladybug, y al primer Chat Noir.

Babybug.

Bad Chat.

—Será un placer trabajar contigo.

—Espero no estorbes, gatito.