Cáp.7
Revelaciones
Poco tiempo después de conocerse, establecieron una profunda amistad y como era de esperarse el romance surgió.
Como soldado romano que era fue enviado a Tarento, para proteger a dicha ciudad. Y tú insististe en ir con él, ya que no querías apartarte de su lado; por temor a no volver a verlo, puesto que el viaje de Roma a Tarento tardaba semanas y como era peligroso, preferías morir a su lado de ser necesario, ha perderlo y no saber que había sido de su destino.
En cuanto estuvieron establecidos en Tarento, él te pidió matrimonio y tú gustosa aceptaste. Pero tu felicidad no era total, ya que ocultabas algo, algo que te dolía muchísimo y se lo confesaste.
Tu hermana había sido secuestrada hacía 3 años por una tribu y lo único que sabías es que eran lituanos, los cuales en ese entones estaban atormentado a los pobladores de Thurii; él por el inmenso amor que te tenía decidió viajar a Thurii, para hallarla y te prometió que no volvería sin ella, pero lo que ninguno sabía era que Roma había mandado una comitiva para allá y se habían apoderado de la griega ciudad, por lo que estaba a punto de estallar un conflicto entre Tarento y Roma (Thurii le pertenecía a Tarento)
En cuanto llegó a Thurii, logró dar con una muchacha que estaba en calidad de esclava de una tribu italiana procedente de Lutania. No hizo preguntas, ni dio pie a que le dieran respuestas y acabó con todos y cada uno de los miembros que formaban dicha tribu. Rescató a la joven que coincidía con la descripción de tu hermana, y está aseguraba llamarse Sango y haber sido secuestrada 3 años atrás.
Retornó a Tarento en medio de lo que fue la primera guerra greco-romana y en cuánto llegó hasta la ciudad donde ustedes se habían establecido… se dio con la ingrata sorpresa que había sido saqueada, incendiada y todos los pobladores habían sido asesinados. Los hombres habían sido torturados, los niños descuartizados y las mujeres… ultrajadas antes de ser asesinadas.
Te buscó entre el sinfín de cadáveres, rogando a todos los dioses que nada te hubiese ocurrido y hubieses podido huir, pero… no fue así.
Tú te encontrabas aún con vida, pero agonizante, habías sido apuñalada cruelmente y ultrajada por muchos hombres; llevándose consigo tu pureza, la cual Naraku respetó puesto que quería darte una noche de bodas inolvidable.
En cuanto te halló, te tomó entre sus brazos y te hizo saber que había cumplido su palabra y tu hermana estaba con él; ella estaba a su lapo, pero por todo el horror que los rodeaba estaba muda del miedo, por lo cual sólo le tomaste la mano, le regalaste una débil sonrisa, y a él un gracias y luego… moriste.
Cuando moriste, él vendió su alma a Plutón (dios romano del inframundo), le pidió inmortalidad y fuerza suficiente para vengar tu muerte y así fue. Su sed de venganza y sangre fue tan grande, que acabó con casi toda la humanidad existente en ese lado de la tierra.
Asesinó a sangre fría a todos por igual durante años, hasta que sintió que las fuerzas lo abandonaron y cayó muerto en medio de un campo de batalla… sin un solo rasguño.
Y en cuanto a tu hermana, a ella la puso a resguardo en Roma, ella fue protegida por los soldados que estaban a su cargo, sin embargo ella al sentirse tan triste por la cruel vida que le había tocado vivir… se dejó morir por inanición.
Totosai: es hasta ahí donde tengo registrado los recuerdos de lo que duró tu vida junto a Naraku
Midoriko: ahora sé cómo es que se volvió el dios del infierno, ¿pero, yo por qué me volví la diosa del cielo?
Totosai: Naraku sabía que se había auto sentenciado al infierno, y como tal, tenía el poder suficiente para hacer su voluntad sobre todo lo malo; pero muy por lo contrario, su único deseo fue que tú estuvieras bien y que no recordarás nada de aquello trágico por lo que pasaste.
De ese modo tu alma fue convertida en la diosa del bien; teniéndole un cierto repudio natural
Midoriko: no lo puedo creer, ¡¿tanto me amó ese hombre como para llegar a tal grado de sacrificio?!
Totosai: te equivocas, no te amó, te ama, porque él recuerda todo de ti hasta el momento en que murió, y día con día segundo a segundo su mente es atormentada con tu trágica muerte. Ese fue el precio que tuvo que pagar a cambio de que tú te volvieras una diosa
Midoriko: gracias por aclarar mis dudas Totosai. Debo volver a mi reino
Totosai: ¿qué harás ahora que ya sabes toda la verdad?
Midoriko: ¡darle a ese bueno para nada su merecido!, ¡uish, demonio tenía que ser!
Sábado por la noche/apartamento de Kagome…
Se encontraba metiendo cosas en su abultada cartera, mientras que Inuyasha la contemplaba con curiosidad, cual perro esperando alguna recompensa de su amo.
Kagome: deja de mirarme así y prepárate para salir
Inuyasha: ¿prepararme?, ¿qué es lo que se supone que deba hacer?
Kagome: date un baño, cámbiate de atuendo (estaba vestido de manera sport) e intenta no ser tan sexy (pensó para sus adentros)
Inuyasha: ¿por qué debo cambiarme?, desde que llegué, no me has dejado ponerme el traje con el que vine, y me pides todos los días que me cambié de ropa, ¿ahora que se supone que deba usar?
Kagome: tu traje no es adecuado para trabajar en la discoteca, si fueras un cliente sí, pero como empleado no te va.
Hablé hoy con mi jefe y me dijo que te pondría a prueba como bartender y que si lo hacías bien, podrías trabajar los fines de semana junto conmigo; es por ello que debes vestirte apropiadamente para el trabajo (le entregó una pantalón de vestir negro y una camisa blanca)
Inuyasha: trabajo, trabajo, trabajo, es de lo único que te escucho hablar. Ni en el otro mundo se trabaja tanto ¿por qué tú si lo haces?
Kagome: (soltó un penoso suspiro) hay muchos gastos que debo cubrir, como el alquiler de este lugar, mi comida, vestimenta, medicinas si me enfermo y… también debo ayudar a papá a pagar los costos de los hoteles donde se queda cada vez que huye de la mafia Siciliana.
Desde que aceptó trabajar para esos mafiosos mi vida dio un vuelco de 360º, aunque no puedo culparlo, ya que yo misma fui la que acabé con mi futuro al decidirme ir a vivir con aquel novio, cuando tenía tan sólo 14 años de edad
Inuyasha: no comprendo el porqué debes pagarle a tu padre, ni por qué dices que arruinaste tu futuro
Kagome:(se sentó al filo de la cama e Inuyasha se colocó a su lado) todo empezó antes de que yo naciera.
Mis padres se conocieron, y durante un verano vivieron un sórdido romance, según ellos iba a ser algo del momento, pero no contaron con que me concebirían y fue por ello que mi padre al verse en aprietos económicos, hizo de todo para que no me faltase nada.
Todo estuvo bien, hasta que cumplí los 14 años que me volví rebelde, y creyendo que Bankotsu, mi ex novio, era el amor de mi vida; me fui con él y me separé de mis padres.
Fue entonces cuando mi madre me advirtió que si decidía irme, sería para siempre, ya que yo era una ingrata que no había sabido valorar el esfuerzo de ambos y estaba tirando todo al traste por un amor de adolescentes que según ellos, no funcionaría (suspiró)… ¡ay, cuánta razón tenían!
De no haber desobedecido; ahorita no tendría que tener 3 trabajos, y estaría estudiando para ser chef de pastelería, pero como ya no sé me fue permitido volver a casa… tuve que seguir para adelante por mi propia cuenta, pero… había algo que yo no sabía, y es que mi padre, desde que yo nací se involucró con la mafia para de ese modo poder ganar dinero suficiente para mantenernos a mi madre y a mí, ya que ella prefirió criarme y dejar de lado su profesión.
Inuyasha: aún no comprendo…
Kagome: lo sé, sé que le he dado largas a tu pregunta.
El porqué ayudó a mi padre, es simple. Él quiso dejar la mafia, pero lo amenazaron con matarnos a mi madre o a mí, así que prácticamente el trabaja como esclavo para ellos, y siempre que se puede alejar, lo hace buscando refugio en algún lugar, pero para ello necesita dinero que no tiene y… como la conciencia me pesa por lo que hice, lo ayudó. Aunque mamá también me ayuda, por lo que prácticamente yo sólo soy una intermediaria económica
Inuyasha: ¿y qué hay de tu madre?, ¿por qué no vives con ella?
Kagome: mamá luego de que me fui de casa, prosiguió con su vida, se separó de papá, y hace lo que quiere, cuando quiere y donde quiere, por lo que mi presencia… le estorbaría un poco. Pero ello no quita que sea una buena madre. Cada vez que está en la ciudad nos vemos y la pasamos bien juntas
Inuyasha: tus padres son muy distintos a los míos
Kagome: es cierto, nunca te he preguntado por ellos ¿cómo son?
Inuyasha: mi padre como ya te lo mencioné es el perro guardián del infierno, su deber es asegurarse que las almas condenadas, no se escapen o persuadan a algún para que los libere y los convierta en uno y en cuanto a mi madre. Ella es hermosa, es la demonio más hermosa que existe en el infierno, su carácter es dulce, tranquilo y es una madre muy amorosa. Si Naraku no la tomó de concubina, es porque sabe que es la esposa de mi padre y a diferencia de ustedes los humanos, los demonios si conocemos lo que es la fidelidad y respeto a la pareja ajena
Kagome: los humanos sí conocemos la fidelidad, pero somos muy pocos lo que lo somos
Inuyasha: ¡¿en serio?! Según los relatos que me contaba Naraku, muchas de las almas que son condenadas al infierno, es por ser infieles; amantes, esposos y esposas adulteras, mujeres y hombres polígamos son condenados a las cavernas de la inseguridad eterna. Ahí pasan cada día sintiendo celos, dudas, sospechas, desconfianza, tristeza etc., por haber sido infieles, y ven a sus respetivas parejas serles infieles una y otra vez, provocando que se hundan en la más profunda y miserable sensación de desolación.
Kagome: al menos ya sé que si muero, no iré a parar a dicho lugar (sonrió)
Inuyasha: ¿por qué crees que irías a parar al infierno si mueres?
Kagome: (recostó su cabeza, sobre el hombro de él) porque sé que ahí te hallaría
Inuyasha:(la miró fijamente y la tomó de la mano) no puedo asegurarte que iré al infierno o al cielo, pero si te puedo garantizar que sin importar a donde vayan a parar nuestras almas, te encontraré
La atmosfera era más que propicia para que besaran, y en cuanto estaban a punto de hacerlo, el celular de ella sonó, provocando que se soltaran abruptamente.
Kagome: lo siento…yo… debo contestar
-chao
-sí, sí, ya entendí, voy para allá
-ok, ok, no te enojes, ya estoy en camino
¡Date prisa!, Mi jefe está hecho una furia, porque no he llegado
En el infierno…
Una vez más, como ya era costumbre; Naraku estaba siendo atormentado por los recuerdos.
A su mente se venía la imagen de la ciudad donde vivió. Esta estaba totalmente calcinada y cubierto por una gran cantidad de cadáveres quemados, mutilados, atravesados por lanzas y espadas. Sin importar a donde mirara, el panorama era desolador y los agonizantes gritos de dolor de los poco sobrevivientes, eran ensordecedores. Sin embargo lo único que a él le importaba era dar con su amada.
-¡Midoriko!, ¡Midoriko!, Midoriko ¿dónde estás?- caminaba entre los muertos, sin importarle el nauseabundo olor a carne putrefacta y chamuscada que estos expelían.
Se agachaba una y otra vez y removía cadáver tras cadáver con sus propias manos, intentando dar y no dar con el cuerpo de su amada, ya que le imploraba a todos los dioses por su bienestar.
Luego de mucho buscar y buscar, escuchó el débil balido de una cabra, aquel sonido era inconfundible para él, ya que podrían existir muchas cabras en el mundo, pero el balido de Doncella le era inconfundible.
-¡Doncella, sigue por favor, no dejes de llamarme, ya voy a tu encuentro, ya voy, ya voy pequeña… ya voy!- conforme se acercaba al lugar de donde provenía el débil sonido, más se estrujaba su corazón, ya que el panorama era cada vez más desolador. Mujeres muertas, manchadas de sangre a la altura de sus vientres, con los rostros desencajados por los gritos de dolor y marcas notorias de haber recibido fuertes golpes. Nuevamente imploró a los dioses, porque su amada estuviera bien, pero en cuanto halló al pobre animal agonizante, supo que sus suplicas no serían escuchadas. Se puso de rodillas y quitó los restos de humanos que la cubrían, la acunó con cariño entre sus brazos y le transmitió mediante unas palabras de consuelo, el cariño y gratitud que le tenía. El animalito con la poca fuerza que le quedaba, dio unos cuantos torpes pazos y cayó encima sobre el cuerpo de una mujer que se hallaba boca abajo.
En cuanto Naraku la volteó y quitó la maraña de cabellos que yacían sobre su rostro, deseó que ello fuera una pesadilla. Era su amada Midoriko, que aún estaba con vida, pero agonizando. La miró detenidamente y por las marcas que presentaba su cuerpo, supo que ella había corrido la misma suerte que las demás.
Con sumo cuidado la tomó entre sus brazos, acarició su rostro y le hizo saber que había cumplido con su promesa, ella en respuesta le regaló una débil sonrisa,un gracias, y exhaló su último suspiro, para luego perecer en los brazos de su amado.
-¡Midoriko!- Se escuchó un fuerte grito de dolor en aquel devastador lugar, llanto acompañado de infinito dolor, acompañó a aquel grito…
Naraku: (con los ojos cerrados, recostado sobre su cama) una vez más, un día más, ¡un maldito día más de mi eterna vida!, que debo recordarte de ese modo. Pero lo aceptó, acepto está condenada tortura eterna, a cambio de verte un día más sonreír.
(De un brincó se levantó de su cama y sacudió sus alas) Bueno, bueno, será mejor que me quite las penas de encima y me preparé para ir a divertirme (puso una tenebrosa mirada) hoy han llegado las almas de algunos toreros, uno que otro carnicero y… uhm, varios zoofílicos ¡oh sí, mis almas condenadas favoritas! ¡Hoy sí que lo pasaré en grande! (en cuanto abrió la puerta de su habitación…) ¡ay mamá demonio!, casi me revives del susto
Midoriko: déjate de bromas tontas y déjame pasar, que hay algo muy importante que quiero hablar contigo
Naraku: (dejándola pasar y cerrando la puerta tras de él) uhm… ¿estás segura de querer estar acá? Sabes bien de lo que sería capaz de hacerte
Midoriko: tú no serías capaz de hacerme absolutamente nada, eso ya lo sé, porque… hablé con Totosai (Naraku se quedó petrificado al oír ello)
Naraku: comprendo (se puso cabizbajo) entonces ya sabes toda la verdad acerca de nosotros
Midoriko: (con expresión seria) así es, lo sé todo
Naraku: (miraba el suelo) entonces supongo que este es el adiós, ya que imagino que debes de odi… (No pudo terminar ya que sus labios fueron sellados por un beso que él mismo había anhelado desde el la última vez que la vio con vida)
Midoriko: (se abrazó a su cuello) ¿por qué hiciste todo lo que hiciste?, ¿por qué sacrificaste tanto por mí?, ¿por qué me amas tanto a pesar que yo?… (Se ruborizo) creí odiarte, pero ahora sé que…
Naraku: (depositó un suave y cariñoso beso en sus labios) te amo y es la única respuesta que te puedo dar. No me importa si el amarte está bien o mal, si por sentir lo que siento por ti voy a ser torturado el resto de la eternidad, lo único que me importa es saber que estás bien y que eres feliz, así de grande es mi amor por ti, porque simplemente te robaste mi corazón desde que te vi la primera vez
Midoriko: (lo oía y se sentía embelesada con sus palabras) yo… lamento, no haberte correspondido todos estos siglos, si yo hubiese conservado mis recuerdos, me hubiera convertido en demonio para estar contigo; sin embargo tú pediste que yo fuera tu rival (le acarició la mejilla) ¿qué habré hecho en vida para merecerte?
Naraku: (disfrutaba cada milésima de segundo y que era como un sueño del que no quería salir nunca) ya nada importa mi amada Midoriko, ya absolutamente nada importa, lo único que interesa ahora, es que me amas, como yo te amo y que nunca más estaremos separados… ¿oh sí?
Midoriko: lo sé, sé que nuestro amor está condenado, por ser tú el dios del mal y yo la diosa del bien
Naraku: bueno, si el que viejito, peace and love, se hace de la vista gorda, lo nuestro tampoco sería tan condenable, además ya bastante castigo he tenido con tener que aguantar verte y no poder ni siquiera decirte lo hermosa que eres (la miraba idiotizado)
En el paraíso animal…
Myoga: mira lo que has ocasionado
Totosai: (miraba través del pozo lo que pasaba entre Midoriko y Naraku) tú mismo me pediste que le regresara la memoria a Midoriko, ya que los constantes lamentos de Naraku te estaban colmando la paciencia y eso que la tuya es infinita
Myoga: lo sé, lo sé, pero ahora van a estar todos acaramelados y pegados como gomas de mascar uno con el otro
Totosai: ¡ay vamos hermanito, no seas quejumbroso, que tú eres igual con Naturaleza!
Myoga: ¡pero lo mío es distinto!, ella es mi esposa y está en todos lados
Totosai: entonces cásalos y asunto resuelto. Tú los creaste ¿no es así?, entonces tú puedes mandar sobre ellos; así que si te molesta que estén todos pegajosos de tanto amor… "ilícito", cásalos y déjalos ser felices
Myoga: pero ellos son el bien y el mal, no es correcto que esos dos se junten
Totosai: así como tampoco es correcto que la humanidad se autodestruya y destruya a todos y todo a su paso; por lo que hazme caso una vez en tu terca existencia e une al bien y el mal, y haz que haya tregua entre el cielo y el infierno, pero impón normas que no puedan ser quebrantadas
Myoga: (sobándose su larga y blanca barba) una tregua ¡eh!, no es mala tu idea, parece que después de todos los milenios de existencia que tienes, al fin se te ocurre algo con sentido común.
Muy bien, les haré una visita a ese par de tortolos
En un pestañar estuvo dentro de la habitación de Naraku, observando por breves segundos como sus 2 creaciones no podían dejar de demostrarse el más puro e infinito amor.
Naraku: (al ver a Myoga, soltó en el acto a Midoriko) ¿qué nadie te enseñó a tocar la puerta?
Myoga: no me faltes al respeto muchachito, yo soy tu creador y puedo invadir tu privacidad cuando se me plazca
Midoriko: Myoga, por favor… no lo culpes de nada… si yo estoy acá… es por mi propia voluntad, él no me pidió que viniera, fui yo quien decidió venir a buscarlo
Myoga: lo sé, lo sé, sé todo lo que está ocurriendo dentro de sus corazones y en sus mentes. Yo los creé chicos y sé absolutamente todo sobre ustedes; es por ello que les he venido a proponer algo
Naraku: ¿de qué se trata?
Myoga: saben perfectamente que lo de ustedes es un amor ilícito, por lo que sólo hay unamanera de hacerlo legal
Midoriko: ¿existe alguna forma?
Myoga: sí la hay, y es concretar lo que no hicieron en vida
Naraku: (se puso pensativo y tomó de la mano a Midoriko) en ese caso sal de acá viejito, porque a tu edad las escenas triple x te pueden causar ceguera (Midoriko se sonrojó de pies a cabeza)
Myoga: (soltó un pesado suspiro) me alegra saberte de mejores ánimos mi endemoniado hijo (de cariño le dijo hijo) pero eso ni tú te lo crees, ya que los 3 sabemos bien, que jamás le tocaste un solo cabello a Midoriko
Naraku: eso no es cierto, yo sí se lo toqué, era lo que más me gustaba de ella
Midoriko: ¿te gustaba?, ¿quieres decir que ya no te gusta? (le dio la espalda fingiendo estar ofendida)
Naraku: (la abrazó por detrás) sabes que todo absolutamente todo de ti me gusta
Myoga: (carraspeó) aún estoy aquí, así que los arrumacos, déjenlos para después de la boda
Naraku y Midoriko: ¡¿boda?!
Myoga: sí, así es, si ustedes quieren estar juntos por la eternidad, deberán casarse o de lo contrario, no les permitiré seguir juntos
Naraku: acepto, cásanos en este instante
Midoriko: pero… pero… pero… yo… yo…
Naraku: ¿qué pasa?
Midoriko: (jugaba con sus dedos índices) yo… quisiera que fuera en el paraíso animal y que el lugar estuviera decorado y que hubiese un coro de ángeles
Naraku: (roló los ojos) mujeres, aún muertas quieren lo mismo
Midoriko: ¡sí no vas a cumplir con mi boda de ensueño, entonces me volveré a olvidar de ti!
Naraku: Myoga, ya la oíste, ella quiere una boda de cuento de hadas
Midoriko: gracias (sonrió muy feliz)
En la discoteca…
El lugar estaba lleno de gente, más gente de lo habitual, y muchos estaban esperando ser atendidos en la barra del bar y otros tenían caras de pocos amigos, aguardando en sus respectivas mesas a que alguien les tome sus órdenes.
Al ver el menudo caos que se estaba formando, Kagome comprendió porqué su jefe estaba alterado. No había personal suficiente para atender a tantas personas, pero ella tampoco se iba a dar abasto y menos con un total neófito Inuyasha. Por lo que se le ocurrió una idea.
Inuyasha: (en el almacén, junto con Kagome) no estoy muy seguro de que nos sirvan de mucha ayuda; además ellos aparecen cuando lo creen necesario
Kagome: por favor, te lo suplico, hacen falta manos y ellos son los únicos que se me ocurren que pueden salvarnos de este aprieto
Inuyasha: (suspiró) ok, los llamaré, pero no me culpes si no aparecen
A los pocos segundos Sango y Miroku se manifestaron
Miroku: (dio un rápido vistazo al lugar) así que necesitas de mi ayuda insignificante humana… esto te va costar
Kagome:sino me quieres ayudar, por mí puedes volver al infierno, de donde saliste
Miroku: te equivocas, yo no provengo del infierno, sino del mundo de los shinigamis
Kagome: entonces, regrésate para allá, no necesito de tu ayuda, si me vas a chantajear
Sango: si vamos a empezar de este modo, no quiero ni imaginar cómo vamos a terminar, así que pongámonos de acuerdo y enséñanos que debemos hacer
Kagome: ¡gracias, eres un ángel… perdón un arcángel!
Sango: gracias, por no bajarme de grado
Miroku: blah, blah, blah, me aburren ustedes dos, yo mejor me confundiré con las exquisitas humanas de por allá (divisó unas bellas chicas bailando)
Kagome: (lo tomó de la oreja) un momentito, ¡tú estás acá para apoyarme, no para estar de gigoló! Así que ve a las mesas y anota que es lo que quieren pedir
Miroku: te estás sentenciando lentamente a estar en mi libro, humana atrevida
Kagome: ponme donde quieras, igual sé que voy a morir algún día, pero por ahora ponte a trabajar (le entregó un mandil, una comanda y de un empujón lo mando a trabajar)
Inuyasha: (asombrado) ¡vaya manera la tuya de tratar a un shinigami!, o bien Miroku te tiene una extraña paciencia o bien hay algún poder oculto en ti que te protege. Porque si otro humano lo hubiese tratado de la forma como tú lo hiciste, lo hubiera sentenciado a una muerte inmediata y…
Sango: lanzado al mar de las almas olvidadas
Kagome: ¿qué es eso?
Sango: los shinigamis por capricho pueden mandar a las almas a dicho lugar. Lo que ocurre ahí es que las almas permanecen en completo olvido, no recuerdan nada y están siempre al pendiente de ser llamadas para ser resucitadas o en el peor de los casos… devoradas. Los shinigamis se alimentan de ese tipo de almas, así aplacan su dolor
Kagome: ¿dolor? Creí que los muertos no sentían nada
Inuyasha: los ángeles sienten algarabía, paz, tranquilidad, etc. todo el que los demonios son atormentados con recuerdos dolorosos cada instante y sacian ese pesar fornicando entre ellos, y los shinigamis, lo hacen devorando almas olvidadas o haciendo orgías, con lo de su misma especie, humanos o con demonios
Kagome: ¡¿qué?! ¡¿Con humanos también?! ¡¿Pero cómo?!
Sango: ellos son una sub-especie, por lo que no siguen las mismas normas que los ángeles o demonios, y como tienen la libertad de codearse con los humanos, aprovechan su paso por acá
Kagome: (miró hacía la mesa que estaba atendiendo Miroku) entonces… aquellas chicas ¿están en peligro?
Sango: si te refieres a que las violará… no, los shinigamis, no hacen ello. Ellos seducen a sus víctimas y si estás están dispuestas, copulan con ellas
Kagome: entonces… cuando él dijo que se las cobraría… ¿qué fue lo que me quiso decir?
Miroku: (le susurró al oído) que te atormentaré toda la eternidad cuando partas al otro mundo
Kagome: ¡kiah! ¿Desde cuándo estás oyendo?
Miroku: ingenua. Los shinigamis podemos leer los pensamientos y escuchar a kilómetros a los humanos, además (la miró con desprecio) tú no me atraes como para aparearme contigo… estás muy fea
Kagome: ¡uish!, ¡monstruo estúpido!, ¡cómo te atreves a decirme fea, cuando acá el horrible eres tú!
Miroku: (acercó su rostro al de ella) si tanto deseas que me acueste contigo, entonces, haré un sacrificio para complacerte
Kagome: no gracias, no me meto con bichos feos como tú (le sacó la lengua)
Inuyasha: (se carcajeó) no puedes negar que ella tiene agallas. Nunca creí que un humano podría rechazar a un shinigami, de una manera tan infantil
Miroku: ella no llega a la categoría de humana, a lo mucho de duende o espécimen no identificado
Kagome: haré como que no escuché nada.
Ahora dejémonos de tonterías y pongámonos a trabajar o seré despedida.
Sango por favor, toma las ordenes de las mesas del 2do piso; Miroku, sigue tomando las ordenes de las mesas del primero y… no coquetees con las clientas e Inuyasha, tú despacha cerveza a las clientes que están en la barra. Yo me encargaré de preparar todos los cocteles
Una vez que todos supieron que hacer, se pusieron en marcha y los pedidos empezaron a salir.
Todo iba bien, hasta que una señorita de atuendo sumamente provocativo se sentó en la barra del bar y aguardó a que Kagome se fuera, para así poder quedarse a solas con Inuyasha.
Señorita: hola encanto ¿por qué tan solito?
Inuyasha: buenas noches señorita ¿qué desea que le sirva?
Señorita: dame lo que sea, pero… acompáñame conuno igual
Inuyasha: ¿le parece bien una cerveza alemana?
Señorita: si te la tomas conmigo, sí
Inuyasha: Kagome me dijo que no debo tomar nada de acá
Señorita: ¿ella es tu jefa o tu supervisora?
Inuyasha: ella es quien me enseña cómo sobrevivir en este mundo
Señorita: (soltó una pequeña risa) no hay nadie con nosotros, por lo que la tal Kagome, no se va a enterar si bebes un poco conmigo, además ella debe haberte enseñado que el cliente siempre tiene la razón ¿no es así?
Inuyasha: sí, me lo dijo antes de empezar a trabajar
Señorita: muy bien, entonces como clienta que soy, quiero que bebas junto conmigo
Inuyasha: está bien
La mujer en cuestión le hizo beber más de 2 vasos de cerveza de manera muy rápida y como él no estaba en lo absoluto acostumbrado a ello, se le subió rápidamente a la cabeza.
Miroku: Inuyasha, sírveme una jarra de cerveza roja y otra de trigo, pero en el acto
Inuyasha: (sentía que todo le daba vueltas) ok, lo que digas
Miroku: y tú, enigmática belleza ¿qué haces tan sola por acá? (se le acercó y tapó su vista para que no viera como extraía su celular de su bolso)
Señorita: no estoy sola, el bartender me está haciendo compañía
Miroku: (colocó el celular en vídeo y lo camufló en la barra) ya veo, entiendo cuando no soy bienvenido
Inuyasha: acá está tu pedido
Miroku: no te ves bien, por qué no te vas a descansar un rato
Inuyasha: esperaré a que vuelva Kagome, para que me diga que debo hacer
En cuanto Miroku se fue, la mujer no perdió el tiempo para seducir a Inuyasha
Señorita: eres nuevo por acá ¿no es así?
Inuyasha: sí, empecé hace un par de horas
Señorita: y… dime, ¿no te gustaría tomarte un descanso? (se paró de su silla e ingresó al bar)
Inuyasha: lo haré en cuanto Kagome vuelva
Señorita: (se le acercó seductoramente y lo fue empujando hasta un rincón, donde nadie los podía ver) te ves cansado, yo podría darte un masaje, para que te sientas mejor (pegó su cuerpo al de él y aprovechándose de su embriaguez, lo besó)
Sujeto: ¡¿pero qué demonios haces tú con mi novia?!
Señorita: cariño, éste sujeto me obligó a…
El robusto hombre, la apartó y le dio un fuerte puñetazo en el rostro a Inuyasha, a lo que la joven en cuestión soltó un fuerte grito e intentó detener a su novio, pero éste era mucho más fuerte que ella.
Sujeto: (tomando del cuello de la camisa a Inuyasha y amenazándolo con golpearlo de nuevo) eres un condenado infeliz, ya verás lo que te pasa por meterte con mi novia (iba a golpearlo, cuando sintió que su puño era retenido) ¡pero qué demonios!
Miroku: ¡ay, como detesto que me confundan con un simple demonio!
Sujeto: ¿quién eres tú, y por qué me detienes?
Miroku: te detengo porque es mi deber cuidarlo ya que acá la víctima es él y tu novia es la zorra caliente, que no sabe mantener sus hormonas en control
Sujeto:¡¿qué acabas de decir?! (Soltó bruscamente a un semi inconsciente Inuyasha y se le quiso ir a golpes a Miroku, pero éste esquivó todos sus intentos) ¡Eres un maldito bastardo!, ¿cómo te atreves a hablar así de mi novia?
Miroku: (tomó el celular camuflado) ingenuo humano, que te dejas engañar, acá está la prueba de lo que digo
Sujeto: esto… ¡esto, no puede ser!, tú, tú fuiste capaz de engañarme en mis propias narices, y peor aún…¡permitiste que lo golpeara!
Señorita: yo no hice nada, fue él, quien me sedujo, yo sólo le pedí una cerveza y él se aprovechó de mí
Sujeto: ¡pero qué sínica eres!
Lamento mi comportamiento, por favor, permítame llevar a su amigo a un hospital, creo que le pegué muy duro y es por ello está inconsciente
Miroku: (miró con indiferencia al inconsciente Inuyasha que yacía sobre el piso con el labio partido) descuida, estará bien dentro de poco. Su fecha límite aún no está cerca
Sujeto: entiendo, en ese caso me voy (se alejó del lugar y su novia, fue corriendo tras de él)
Kagome: ¡¿pero qué fue lo que pasó aquí?!
Miroku: (intentando levantar a Inuyasha) deja el escándalo para luego humana tonta y ayúdame a levantarlo
Kagome: ¡¿qué, acaso un shinigami todo poderoso como tú no puede?!
Miroku: mujer insolente, no sabes que un peso muerto, es más pesado que uno en…
Kagome: (sostuvo a Inuyasha del brazo) lo sé, sé las leyes de la física. Ahora cállate y levantémoslo (entre los dos, lo llevaron hasta el almacén)
Kagome: traeré el botiquín para curar sus heridas, pero… ¿cómo fue que terminó en este estado?
Miroku: una zorra caliente lo embriagó y su colérico novio lo golpeó
Kagome: pobre, con lo inocente que es, cayó en la trampa de esa tipeja.
Voy por el botiquín, su labio se está poniendo peor.
En cuanto lo estuvo curando éste reaccionó y se sintió muy mareado.
Inuyasha: ¿qué, que fue lo que me pasó?, ¿por qué el techo y el piso se mueven?
Kagome: tranquilo no hables, caíste en la trampa de una mala mujer y su novio, te golpeó
Inuyasha: (se palpó el labio y sintió dolor) ¿un novio es un sujeto que golpea?
Kagome: no, exactamente. Novio es la pareja o persona a la que una mujer ama
Inuyasha: ¿pero por qué me golpeó?
Kagome: porque pensó que estabas coqueteando con su novia
Inuyasha: por coquetear, te refieres a… ¿seducir?
Kagome: sí, algo así
Inuyasha: (esbozó una maléfica sonrisa) estúpido hombre, si yo hubiese querido seducir a su novia, ella no se hubiese resistido a mí
Kagome: ¿qué… fue lo que dijiste? (ya conocía esa sonrisa torcida y esa mirada lujuriosa y no tenía miedo a lo que podría pasar, sino en donde) creo que no te encuentras bien, lo mejor será que nos vayamos a casa
Inuyasha: (sujetándose la cabeza) todo me da vueltas y la cabeza me duele
Kagome: es normal, no estás acostumbrado a beber alcohol (le extendió la mano) vamos a casa. Dejemos que Miroku y Sango se hagan cargo del trabajo
En cuanto llegaron al departamento, Inuyasha se sentía un poco mejor, pero muy cansado.
Inuyasha: esa cosa que me dio a beber esa mujer ¿para qué sirve?
Kagome: (preparándole un café) si se toma de manera moderada, sirve para eliminar líquido del organismo, pero si se toma en exceso provoca malestar como: mareos, nauseas, dolor de cabeza y hasta perdida de la conciencia
Inuyasha: ¿y en serio a los humanos les gusta sentirse así?
Kagome: (le ofreció el café y se sentó a su lado) a algunos sí y a otros se les va la mano. En realidad no sé ni porqué toman alcohol en exceso, es decir, a mí no me gusta tomar, ya que me cae mal, pero muchos dicen que el alcohol sirve para seducir fácilmente a una mujer
Inuyasha: (otra vez sonrió con malicia) que patéticos son los humanos que utilizan el… alcohol, para seducir. Si recurren a un medio tan patético como ese, es porque no saben cómo se seduce a una mujer con encanto
Kagome: y supongo que tú si sabes
Inuyasha: (le dio un sorbo a su café) desde luego que sé, esa era mi principal función en el infierno. Seducir las almas de las mujeres lujuriosas y adulteras, para llevarlas a las cámaras de tortura
Kagome: ¡ah! Entonces debes ser todo un experto ¿no es así?
Inuyasha: (se terminó su café) sí, sí lo soy. Ignoraré muchas cosas del mundo humano, pero hay muchas otras cosas que tú ignoras que yo sé (la miró directo a los ojos, pero la miró de una forma hipnótica, envolvente, atrayente, de una forma tal, que sintió su cuerpo inmóvil)
Inuyasha: (acercó su rostro al de ella y susurró sobre sus labios) ¿qué sucede, te quedaste sin palabras?
Kagome: (retrocedió ligeramente) yo… no… no sé que me pasó, simplemente, creo que me perdí en la nada
Inuyasha: ¿en la nada… o te perdiste en mi mirar? (acercó su cuerpo al de ella, semi tumbándosele encima)
Kagome: ¿qué… es lo que estás haciendo?
Inuyasha: (la miraba con ojos hechiceros, con un aire de posesividad y lujuria, de una manera cautivante y diferente) querías respuestas, te las estoy dando (besó con delicadeza su cuello, luego su clavícula y finalmente depositó un casto beso en sus labios) ¿ahora lo entiendes?
Kagome: (tenía los ojos cerrados dejándose llevar por todas las suculentas emociones que estaba sintiendo) ¿qué es… lo que debo entender? (deseaba más, quería más de él)
Inuyasha: (se sentó a su costado) el cómo se puede seducir a una mujer sin necesidad de nada más que palabras
Kagome: (se incorporó) eso no es cierto, tú no sólo usaste palabras, usaste tus sentidos y… tus labios (se sonrojó ligeramente)
Inuyasha: a lo que quiero llegar, es que seducir a una mujer es fácil y no se requiere, más que de estrategia
Kagome: uhm… y supongo que luego de ello, te acuestas con ellas
Inuyasha: si te refieres a tener sexo… no, nunca me he acostado con ninguna mujer
Kagome: ¿qué?, pero si tú mismo dijiste que los demonios fornican entre sí para aminorar el dolor que sienten
Inuyasha: yo soy un hibrido, y para calmar mi sufrimiento, me refugio en el cielo o en el paraíso animal. Si tengo sexo con una demonio o cualquier otra especie, perdería mis privilegios y me auto condenaría a estar siempre en el infierno
Kagome: ¿lo dices en serio?
Inuyasha: porqué te mentiría
Kagome: uhm… no lo sé, es sólo que eres sumamente atractivo y tu forma de serte hace encantador, es por ello que se me hace difícil creer que no hayas tenido intimidad con ninguna demonio; shinigami; ángel o lo que sea
Inuyasha: quizá es porqué deseo experimentar lo que Midoriko llama hacer el amor y no un simple revolcón como lo llama Naraku
Kagome: (sonrió) ser educado por 2 mentalidades sumamente opuestas imagino que te pone en un estado… uhm, ¿intermedio?
Inuyasha: sé lo que quiero y lo que no, así como se lo que me conviene y/o favorece y el sexo explícitamente, no me llama la atención, ya que según Naraku, el mismo carece de sentido y sólo te deja un vacío luego dé, en cambio según Midoriko hacer el amor, es la expresión más sublime que experimentan dos almas, por la eternidad
Kagome: ¡wuo!, me gustaría experimentar ello… algún día (se sonrojó ante su comentario)
Inuyasha: tú tampoco lo has experimentado
Kagome: yo… yo… yo… ¡me voy a dormir! (se metió en su habitación y azotó fuertemente la puerta)
Inuyasha: ¿y ahora que le dije, para que se pusiera así?
Sin darle mayor importancia, se recostó en su estrecho sofá cama y se quedó dormido.
Unas cuantas horas después…
Un fuerte movimiento sacudió de golpe el apartamento entero. Lo que parecía ser tan sólo un sacudón, se volvió un movimiento constante y enérgico.
No le dio mayor importancia, pero en cuanto escuchó los gritos desesperados de Kagome, pidiendo auxilio y deseando poder salir de su habitación, no se lo pensó dos veces y de un fuerte golpe abrió la puerta de la habitación.
Kagome: (empapada en llanto y muy asustada, se lanzó a sus brazos) ¡gracias! Gracias por salvarme… tenía mucho miedo, pensé que moriría aplastada (se aferraba a su pecho y lloraba del puro susto)
Inuyasha: (acariciando su cabello) tranquila, no te ocurrirá nada, porque yo siempre te protegeré de lo que sea
Kagome: (lo miró con los ojos llenos de lágrimas) ¿de verdad?, ¿en serio siempre me cuidarás?
Inuyasha: (con una mirada sumamente dulce y sincera, cual ángel) siempre, no importa que tenga que hacer o a que o quien me deba enfrentar, siempre te protegeré
Kagome: …gracias (se empinó y lo besó)
Aquel beso estuvo lleno de cariño, confianza, seguridad y… un amor indescriptible; ambos sintieron como si sus cuerpos despegaran del suelo y sus almas flotaran libremente; sintieron que eran uno solo; como haber tocado el cielo o estar el paraíso, donde todo era plena felicidad y paz, pero… lo que parecía ser un sublime e inocente beso, se fue convirtiendo en uno más pasional, fogoso, demandante de placer y deseo.
Ninguno supo bien, como o porque pasó, pero sin percatarse, ya no estaban de pie, sino recostados uno sobre el otro tendidos sobre la cama.
Inuyasha: (algo apenado) lo siento… creo que…
Kagome: por qué te disculpas… no te sientes bien… conmigo
Inuyasha: (se echó a un lado suyo) no es ello, es sólo que no sé cómo fue que llegamos a este punto… es decir siento mi cuerpo bajo control, pero no mis emociones y no sé si eso es correcto o no
Kagome: (se giró hasta quedar, ligeramente sobre él) lo que experimentamos es mutuo, tu… (se sonrojó) me gustas mucho Inuyasha… quizá demasiado y… yo… yo… (Se mordió el labio inferior por la vergüenza) siento que estoy enamorada de ti (se sonrojó completamente)
Inuyasha: (la tomó del rostro y la besó) tú me gustas mucho Kagome y es contigo que quiero estar por el resto de la eternidad
Ambos se miraban traviesa y tiernamente a la vez, expresar lo que sentían el uno por el otro, era como haberse quitado un gran peso de encima y a su vez era como cometer una dulce travesura.
El silencio se apoderó de la habitación y sólo se podía oír el desbocado latir de sus corazones, sin embargo, las cómplices miradas que se intercambiaban, fueron el inicio del romance que estaba a punto de desatarse.
La atracción mutua era muy fuerte y la pasión se estaba haciendo presente, un beso, 2, 3… demasiados uno tras otro, ya no eran suficientes; sus cuerpos ardían en deseo, sus almas gritaban desde el interior por unirse en una sola.
El amor, la pasión y el deseo reinaban entre los dos.
Con cariño y dulcemente, Inuyasha fue dejando besos en cada parte del menudo y cálido cuerpo de Kagome. Ella no era como las almas que se dedicaba a seducir y luego abandonar, ella era la dueña de su corazón, ama y señora de su alma, la dama que dirigía sus caricias e endulzaba con sus pasionales gemidos, todos sus sentidos.
Con cada beso que le iba dejando, la iba despojando de su pijama que constaba de 2 prendas pequeñas, para su suerte fáciles de retirar.
Cada beso, cada caricia que él le propina era la más sublime y suculenta sensación que jamás había experimentado en su vida. Tan sólo le había besado el cuello, los labios, su virginal vientre y ya sentía completamente en el cielo, por lo que su imaginación volaba. Si las primeras caricias eran así de maravillosas… ¿cómo sería hacer el amor con él?, definitivamente, se alegraba de haber reservado su virginidad, ya que estaba más que segura que él era indicado, que era él con quien envejecería y sería muy pero muy feliz por la eternidad.
En cuanto la despojó de la pequeña camiseta que la cubría, se topó con sus hermosos y bien formados pechos desnudos, los cuales le parecieron la maravilla más grande que sus ojos jamás habían visto; con cariño tomó uno de ellos y lo besó, lo probó, lo lamió, y al sentir como Kagome, ahora su Kagome, se removía de placer y jadeaba anhelante de más, supo que esa noche sería la primera de muchos momentos placenteros.
Sentir sus manos tocándola, sus labios besándola, su lengua saboreándola, era una cumulo de sensaciones grandiosas que la hacían estallar en gemidos de placer.
En cuanto terminó de explorar cada milímetro de sus pechos, continuó su camino, hasta llegar a su plano vientre y detenerse justo en el inicio de su pelvis. Se debatía mentalmente si seguir o no, quizá no debería ir más allá, porque podría perder el control de sus actos, pero su deseo de seguir era muy grande, sin embargo la maldita duda lo invadía.
Ella al entender tácitamente lo que estaba ocurriendo, tomó parte del control de la situación, por lo que se sentó enfrente de él, lo besó e hizo lo mismo que él le había hecho.
Primero besó su cuello, luego con calma le quitó la camiseta que cubría su espectacular torso y en cuanto lo pudo tocar, se sintió en la gloria y no pudo evitar suspirar y decir en voz alta: moría de ganas por poder tocarte, recorrer, cada área de tu cuerpo con mis dedos, te deseo tanto, que hasta mi nombre se me olvida.
Él sonrió complacido antes las caricias y el placer que ella le propinaba, por lo que el tenerla encima suyo, ya no pudo contener más; su deseo y sus dudas se apartaron por completo. Entre besos, lamidas y pequeños y seductores mordiscos, la fue despojando del pequeño short que cubría su cuerpo, y en cuanto la tuvo totalmente desnuda con su sexo, posicionado sobre su erguida y potente masculinidad, supo que el momento estaba cerca.
Le lanzó una mirada de complicidad como indicándole que era el turno de ella de hacer lo mismo, y así fue, ella entre besos y caricias, lo despojó del pantalón que lo cubría y se sentó sobre él, pudiendo sentir piel con piel, sexo con sexo, todo el esplendor de aquel hombre de anatomía perfecta.
Inuyasha: (le susurró al oído) ¿estás lista?... tú… ¿deseas que prosiga?
Kagome: (le dio un casto beso) he esperado por mucho este momento. He esperado mucho, sólo por ti, es contigo con quien quiero unir mi alma por toda la eternidad y con nadie más
Inuyasha, la posicionó sobre el inicio de su grande y erecta verga y cuidando de no lastimarla, la tomó por las caderas y lentamente se fue introduciendo en ella.
Muy a lo contrario de sentir dolor, sintió un placer infinito, fue tanto el placer que sintió que quiso volverlo perpetuo y por ende se quedó estática, contemplando fijamente a los ojos a su amado; cosa que a él lo desconcertó un poco.
Inuyasha: ¿te sientes bien?, ¿te hice daño?
Kagome: eres lo más maravilloso que me ha pasado en la vida (Lo abrazó fuerte del cuello, y lo besó con desmedida pasión, tal que despertó el lado demoniaco de Inuyasha)
Inuyasha: no sigas por favor, tus caricias, tu cuerpo, tu amor, me están haciendo perder la poca cordura que me queda y siento que voy a perder el control
Kagome: (con lascividad le susurró al oído) entonces piérdelo junto conmigo
No hizo falta más nada para que ambos se sumergieran en un mar de pasión desenfrenado y se hicieran el amor de una manera salvaje mutuamente.
Aquella noche se amaron en tanas posiciones diferentes, que el Kamasutra se volvió un cuento para niños e utilizaron cada mueble de la habitación como apoyo, para dar rienda suelta a sus deseos; se amaron tanto y por tantas horas que sus cuerpos cayeron completamente rendidos e inconscientes… hasta que el la brillante sol del medio día los devolvió al mundo mortal.
