Imagen 55: Niña y pompas de jabón, propuesta por .

La Primavera les sonríe, y ellos le sonríen a ella.


PINTANDO LA VIDA


VII

CUANDO SONRÍE LA PRIMAVERA


—¡Mírala! Quiere atrapar todas las burbujas.

Desde hacía media hora Sora no escuchaba otros comentarios que no fueran como aquel salir de la boca de Yamato. Mírala, Sora; ¿es que acaso puede ser más linda? ¡Mírala! Al fin pudo alcanzar una. ¡Es muy tierna!

Y ella —sentada bajo el árbol del patio trasero de su nueva casa, en donde habían improvisado un pequeño picnic ese mediodía de primavera— no hacía otra cosa más que asentir y sonreír, embelesada por la escena que tenía frente a sus ojos. Su pequeña Haruko reía mientras gateaba tras las burbujas que Yamato hacía sólo para ella; y cuando se cansaba, simplemente se quedaba muy quieta observándolas flotar a su alrededor. Cada tanto entre balbuceos dejaba escapar un «papá», incrementando sobremanera la felicidad del hombre rubio.

—Creo que su sonrisa se parece mucho a la tuya.

Aquel comentario repentino que escapó de los labios de su esposo no seguía la línea de los anteriores, y la tomó completamente desprevenida. Apartó la vista de la niña y lo observó con extrañeza.

—¡Qué dices, Yamato! ¡Si es igual a ti! —Rió.

—Puede que tenga mi color de cabello…

—Y tus ojos.

—Y mis ojos, pero…

—Y tu nariz.

—¡Y mi nariz! —aceptó de mala gana, poniéndose de pie para luego sentarse a su lado. Se inclinó hacia ella y apartó un mechón rojizo de su rostro—. Pero cada vez que la veo sonreír es como si te viera a ti reflejada en ella. Ella no sonríe como yo; sonríe como tú. Es una sonrisa muy… —Se detuvo y la miró pensativo—. Linda. Muy, muy tierna.

Sora le sonrió y, en un vano intento por no sonrojarse, volvió rápidamente la vista hacia su niña, quien a unos pasos de distancia, observaba inquieta hacia todos lados, como intentando descubrir por qué de repente habían desaparecido sus tan preciadas burbujas.

Y ellos se quedaron en silencio mirándola. Contemplándola. Así podrían haberse quedado durante horas. Porque contemplar a Haruko los colmaba de un sentimiento inexplicable. O quizá era una mezcla de varios sentimientos. Cuando ella estaba frente a sus ojos, todo parecía tener más color, más vida. Y cuando Haruko sonreía ya nada más existía.

—Bueno… tal vez tiene un poco de los dos —dijo Sora.

—Es perfecta.

Y lo era. De eso ambos estaban seguros. ¡Pero cómo podía un ser tan perfecto nacer de ellos dos! ¿Cómo la suma de sus imperfecciones podía dar como resultado la perfección que era Haruko para ellos? ¿O tal vez ella era sólo la suma de lo mejor de ambos? Ella era la cima de su amor, sí; ¿pero era su amor así de perfecto? O simplemente el concepto de perfección había cambiado para ellos en el momento en que nació su hermosa bebé.

—¡Mira, Sora! ¡Se paró! —exclamó Yamato de repente, mientras se debatía entre continuar sentado o correr hacia su pequeña, quien cansada de esperar a que las burbujas reaparecieran, se había puesto de pie y luchaba por mantener el equilibrio.

Haruko dio un pasito hacia adelante, luego otro… Otro más y cayó sentada sobre la hierba nuevamente. Yamato se apresuró a tomarla en sus brazos, mientras él y Sora la felicitaban por su pequeño gran logro.

Quizá en un momento temieron que rompiera en llanto. Pero ella solo les sonrió y ese simple gesto fue suficiente para serenarlos. Y Sora se abrazó a su marido, dejando a su hija en medio de ambos.

—Amo la primavera —susurró.

—Yo también.

»Y las sonrisas de nuestra Primavera.


N/A: El nombre de la niña se lo pedí prestado a Ayumi (¡muchas, muchas gracias!). Por lo que tengo entendido, significa "aquella niña nacida en primavera", o algo así. Estaba escuchando la canción de Axel "Es ella", entonces me acordé de Haruko Ishida y de esta imagen.

¡Se siente bien volver a escribir! Aunque cuesta retomar el ritmo. Estuve varios días escribiendo esta pequeñez. Disculpen si hay algunos errores, todavía estoy bastante oxidada. XD

¡Gracias por leer!