Capítulo VI

-Quiero saber que estarás de mi lado, que me apoyaras.

Ejerció un poco más de presión en su mano y pudo ver en sus ojos el momento preciso en el que cedió la batalla. Por un instante se sintió culpable de tener que ponerle en esa posición pues sabía que jamás le negaría nada.

-Cuenta con ello. Es una promesa.

Lo forzada que fue la sonrisa que le dedicó la hizo cuestionarse si no era tal vez ella la que se estaba cometiendo un error al abusar del afecto que le tenía independientemente de que su misión consistiera en cuidar de ella a toda costa.

Se sintió repugnada consigo misma y la abrazó por el cuello, atrayéndola aprensivamente hasta poder ocultar su rostro en la curva de su hombro; ahogando su culpa, respirando lo intoxicante de su perfume como si fuese el único aire que respiraba. Ella siempre iba a estar allí, se dijo, pasará lo que pasará no iba a perderla jamás.

Las cartas estaban sobre la mesa y no había nada más que ella pudiera hacer...

Lo sabía.

Sabía que estaba soñando y aun así, su corazón se agitaba con la excitación que solo provoca un momento presente, por demás real. Todas las memorias estaban cobrando vida en ese instante en que podía tenerla de nuevo así de cerca.

"¡No me toques!"

"¡Escúchame, por favor!"

Escuchó la plegaria y casi pudo sentir las palabras rozar su oído en forma de aliento. Un escalofrío le recorrió la columna vertebral y apretó los ojos con fuerza queriendo dejarse invadir por esos sentimientos cuya intensidad podía advertir claramente en el vértigo que jugaba con su estómago. Daba miedo, tanto como le intrigaba lo que estaba provocando en ella ese rostro tan familiar como desconocido.

Sintió una mano colocarse en su espalda, tan sólida; que no había forma de que la estuviera imaginando.

-¿Mina-chan...?-Su pregunta escapó esperanzada, aventurándose a abrir los ojos esperando encontrarse con ella finalmente; volverla a tener tan presente que el sueño no pudiera hacerle justicia.

-No. Lo siento Usagi-chan.

La imagen de Naru se volvió nítida y la decepción que sintió solo fue comparable con la tristeza que venía acarreando desde hace un par de días.

'Claro que ella no está aquí. Que tonta…'

"No llores por favor." Le pidió un eco rezagado.

Ella no podía evitarlo.

-¿Usagi? ¿Te encuentras bien?

"Serenity…"

-Sí, estoy bien. –Ignoró la súplica, respondiendo sin convicción; su voz apenas logrando escapar por el nudo que tenía atravesado en la garganta. Tuvo que enderezarse para poder quitarse el par de lágrimas que habían resbalado por sus mejillas con sus manos y trató de calmarse para no preocupar a Naru.

-¿Cómo vas a estar bien si estás llorando?

-Tuve un mal sueño, eso es todo.- Sonrió, pero su vago gesto no pareció convencer a su amiga.- ¿Dónde están todos? ¿Han terminado ya las clases?- Preguntó tan solo fuera desviar la atención de Naru hacia otra cosa.

- Todos se han marchado ya al gimnasio. Aún nos queda educación física.- Usagi miró el reloj que se encontraba por encima de la pizarra y comprobó con pesar que era cierto.- Y si no nos apuramos llegaremos tarde.

-¿Es necesario?- Preguntó petulante. Naru la reprendió con la mirada.- Estoy tan cansada...

La escuchó suspirar largamente.

-No tienes remedio.

Usagi tuvo que sonreír sinceramente ante lo familiar de su comentario. ¿Cuántas veces es no había escuchado eso por parte de Luna, Makoto y el resto?

Oh, cuanto las echaba de menos en ese momento...

-Gracias por haberme esperado.- Le dijo, a pesar de que era consciente de que en otro momento, otra de sus amigas hubiera sido la que estuviera a su lado.

-No iba a dejarte aquí sola y dormida. A saber a qué hora habrías despertado.- Naru rodó los ojos, aparentando estar exasperada.- Oh no, no me vas a distraer haciéndome conversación ¡Tenemos que entrar a clase!

-¿De verdad tenemos?- Tal vez si insistía lo suficiente podría convencerla. No tenía ánimos más que para regresar a su casa y tomar una larga siesta.

-Sí. Anda ya, que si no terminaremos castigadas- Naru le ofreció su mano para ayudarla a levantarse, en un gesto que era más anímico que necesario.- Ya he guardado todas tus cosas.

Usagi no tuvo más remedio que aceptar que la había dejado sin escapatoria y aceptó su mano. La sintió tan segura, que por un momento pudo olvidarse de esa tristeza que la perseguía día y noche, alcanzando a penetrar en sus sueños.

Tal como Naru predijo, la profesora sancionó su retraso con dos pares de vueltas más alrededor del gimnasio además de que tenían que ayudarle limpiar el lugar al término de la clase.

Usagi estuvo a punto de quejarse de la injusticia que estaba cometiendo, pero al ver que Naru había aceptado el castigo de buena gana, tuvo que seguirla. Después de todo, había sido ella la que las había metido en esa situación.

Suspiró pesadamente. Jamás había sido entusiasta del ejercicio (y eso no iba a cambiar probablemente nunca) como para además sumarle el que estaban siendo el objetivo de las risas de sus compañeros que ya habían terminado con el calentamiento.

En otro momento le habría dicho claramente que pensaba de sus burlas, pero al notar que había tres figuras apartadas del escándalo su garganta quedó cerrada por completo.

Había olvidado que educación física era la única clase en la que todos los grupos de su año compartían y por ende, que tanto Minako como Makoto estaban presentes.

Las dos horas de clase no podían avanzar lo suficientemente rápido.

En cada vuelta podía sentir la tensión apoderarse de su cuerpo, esperando poder escuchar algo de lo que fuera estuvieran platicando con Ami sin conseguirlo del todo. Lo que si había podido notar era un aire de complicidad que la hacía sentir completamente miserable.

Dolía. Su exclusión del grupo era más que evidente y jamás se había sentido tan sola como en ese momento, incluso sabiendo que parte de ello era su responsabilidad.

Había estado evitando las llamadas de Makoto y Ami, sobre todo las de esta última, que eran más frecuentes. No dudaba que estuviera ya al tanto de que fue lo que causo la patética escena que tuvo que presenciar. Todavía el día anterior que había tratado de hablar con ella, Usagi había salido corriendo antes de que pudiera acercársele para ir a almorzar con Naru, dejando a su amiga con una invitación en los labios y una mirada dolida.

Lastimar a Ami era el precio que tenía que pagar por su cobardía. Por no poder hablar con Minako.

La miró, notando que a pesar del cansancio visible en su rostro, estaba tranquila. Una serenidad a la cual ella misma no podía siquiera a aspirar. Su estómago dio un vuelco cuando le lanzó una mirada de reojo y se forzó a mirar al frente, ignorando el repentino picor que provocaban un par de ojos clavados en su nuca.

Entre su sueño y el pequeño encuentro que tuvieron, la presencia de Minako ponía en alerta todos sus nervios.

Verla le generaba el impulso de querer tomarla del brazo, solamente para tenerla cerca. Para no dejarla ir otra vez. Eso sería suficiente. No tenía idea de lo que le diría al estar frente a frente, dudaba que fuera siquiera de poder pronunciar palabra. Enfrentarse a Minako era una mezcla de emoción y miedo que no podía controlar.

Dejó de trotar finalmente, con la respiración agitada y doblándose por el esfuerzo. Había realizado actividad suficiente como para el resto de su vida.

-¿Te encuentras bien?- Le preguntó Naru que no estaba ni la mitad de cansada que ella.

-No.- Vaya guerrera de la justicia que era…- Detesto esto.

Y ese era solo el comienzo.

Un nuevo pánico se instaló en ella cuando se les informó de cuál sería la actividad de ese día: Voleibol. No solo porque su cara era el equivalente a un imán de pelotas, sino porque la profesora se había tomado la molestia de hacer ella misma los equipos.

Supo que la poca suerte que había tenido hasta ahora había terminado en el momento en que su mirada se cruzó con la de Ami.

-Ya vamos a comenzar, si me hacen el favor de pasar con su equipo…- La profesora las invitó a retirarse. Naru la tomo de la mano y prácticamente la arrastró hasta las gradas donde los equipos que no jugarían de momento esperaban su turno.

'¿Por qué tiene que estar pasándome esto a mí?' Pensó con horror ocultando su rostro en las palmas de sus manos, sintiendo sus mejillas calientes.

-Si te sientes mal, podríamos conseguirte un pase a la enfermería- Levantó el rostro, encontrándose con la expresión preocupada de Naru.

La idea era tentadora.

-No es tan grave, solo estoy agotada.- Naru apretó los labios, dando la impresión de querer decir algo más pero sin decidirse a hacerlo. Solamente se sentó a su lado y le tendió una botella con agua. Usagi la tomó con agrado y le dio un largo trago.

-Usagi… Sabes que eres mi mejor amiga ¿Cierto?

Casi se ahoga y Naru tuvo que darle un pal de palmadas en la espalda para ayudarla a toser.

-A qué… ¿A qué viene eso?

Naru frunció el ceño.

-Sé que hay cosas en las que no puedo ser de gran ayuda, pero puedes confiar en mí.

-Naru-chan…

"No llores por favor..."

'Oh no' pensó al sentir sus ojos arder inesperadamente. 'No ahora'

- Al principio me alegre de que quisieras pasar más tiempo conmigo… Hasta que Umino fue me hizo ver que era porque las estabas evitando y que yo estaba siendo usada.- Eso explicaba por qué Umino no se juntaba con ellas y de vez en cuando le lanzaba miradas recelosas. ¿Por qué no habló directamente con ella? Estuvo a punto de hacérselo saber a Naru, pero al notar la sonrisa en su rostro, tan llena de tristeza, que Usagi se maldijo mil veces por ser la causa de esa expresión.

-Yo… lo siento Naru. Jamás pretendí…- Comenzó, pero Naru agitó la cabeza, interrumpiéndola.

-No es necesario que te disculpes. No es por eso que te estoy contando esto. Estaba tan feliz por mí que no me importó. Trate de ignorarlo, pero es obvio las cosas no están bien entre ustedes y que eso te está afectando.- Dijo con la mirada clavada en el sitio donde se encontraban sus amigas.

Si todavía podía llamarlas eso.

-Si no quieres contarme, está bien, pero me preocupas.- Tragó saliva audiblemente y vio que ella también estaba conteniendo el llanto.- Detesto verte así… tan triste…tan…perdida.

Usagi sintió sus uñas enterrarse en la palma de sus manos al cerrarlas en un puño, tenso de frustración por las lágrimas que consiguieron hacer camino en sus mejillas.

-Las extraño Naru-chan. Las extraño tanto y no puedo hacer nada.-Admitió, sintiéndose la persona más egoísta del planeta por compartir su carga emocional con Naru luego después de todo. ¿Podía herirla más acaso? Lo dudaba. Pero ciertamente, ella era la única persona en la que podía confiar en ese instante, que podía escucharla, ajena a esa otra vida a la que estaba atada.- Todo es culpa mía…

- ¿Qué pasó?- Usagi vaciló.

-Estaba enfadada. Mentí, dije cosas que no sentía en realidad…- Miró a Minako y Makoto alejarse con sus respectivos equipos hacia la cancha y su mirada se clavó en la figura solitaria que habían dejado atrás.- He lastimado a personas que quiero que no tenían nada que ver con lo que pasó. Incluyéndote, Naru-chan.

Naru la tomo de la mano, impidiendo que siguiera auto castigándose.

-No fue a propósito…

Soltó una risa irónica.

-Nada lo ha sido hasta ahora, pero eso no me hace menos culpable… He sido una pésima amiga. –Sintió su labio inferior temblar. Una pésima princesa…

-Por un par de errores no puedes juzgarte de esa manera. Eres una buena persona Usagi-chan. Todas son buenas personas. Estoy segura que si hablas con ellas pueden arreglar las cosas.

-Ojalá fuera tan fácil…-Musitó sombríamente. Naru la tomó de la mano.

-No te desanimes…aún.

Usagi sintió las comisuras de sus labios elevarse en contra de su voluntad por la duda en comentario.

-Gracias por los ánimos Naru-chan.

-No te apures.

Compartieron una sonrisa antes de que el silbato de la profesora diera inicio al primer encuentro y ambas pusieron su atención en el juego. El equipo de Minako contra el de Makoto.

-Nunca tenemos partidos en serio.- Se quejó, viendo como la Senshi de Júpiter bloqueaba un balón, apenas teniendo que saltar.- ¿Por qué ahora?

-Mira…- Le señaló discretamente a una chica que no estaba en el uniforme de educación física y que no perdía detalle del juego. Usagi no recordaba que fuera de su curso.- Ella es la capitana del equipo de voleibol de la escuela.

-¿Qué está haciendo aquí?

-Reclutando, probablemente.- Dijo Naru.- Escuché rumores de que ha habido varias lesiones en el equipo últimamente y con el campeonato cerca…

-¿Por qué no se retiran? Siempre quedamos en último de todas formas.

Naru la reprendió con la mirada.

-¿Qué? ¡Podrían haber hecho pruebas en lugar de espiarnos!- Así quizás no tendría que hacer un mayor ridículo. Ni siquiera recordaba cuáles son las reglas del juego.

-En realidad, esta es la única clase que han venido a supervisar.- Ambas se sobresaltaron al sentir que alguien interponía su cabeza entre las de ellas y su voz nasal golpear directamente sus oídos. Se giraron para ver quien se había inmiscuido en su conversación.

-¡Umino!-Exclamó Naru, irritada por la sorpresa.- ¿Qué haces aquí?

-¿Qué quieres decir?-Preguntó Usagi, la curiosidad haciéndola olvidar por un momento su resentimiento con el chico.

-La capitana está buscando reclutar a alguien en específico.- Respondió la pregunta con un aire misterioso, ignorando a Naru. Cuando de chismes se trataba no había quien lo detuviera.- La leyenda de Shiba Koen… la única persona que podría salvar al equipo de ser eliminado del campeonato, incluso tal vez llevarlo a la victoria.

-¿Quién?-Preguntaron al unísono. Los lentes de Umino destellaron al tiempo que se los acomodaba.

-¡Es imposible que no lo sepas!

-¡Habla claro! ¡Tu pequeño…!-Lo amenazó alzando su puño. Detestaba que se hiciera el importante.

-¡Es una de tus mejores amigas!

Usagi entrecerró los ojos.

De pronto un par de exclamaciones por encima de ellas se dejaron escuchar al mismo tiempo que el silbato de la profesora. Los tres regresaron su atención al juego para ver al equipo de Makoto tendido en el piso de cansancio.

-¡Oh no! ¡Nos lo hemos perdido!- Umino lloriqueó, al tiempo que Naru lo tomaba de la oreja.

-Si no nos hubieras distraído…-Comentó Naru irritada.

-¿Es Mina-chan?- Preguntó incrédula Usagi al notar que sus compañeros de equipo chocaban sus manos con ella.

-¡En efecto! ¡Aino-san fue toda una leyenda en la liga de secundaria! ¡La mejor! ¡Sin escrúpulos! ¡Ay!-Naru ejerció más fuerza sobre su oreja.

-Pensé que solo le gustaba…- Dio Usagi, sintiendo que su incredulidad era un tanto injusta. Minako era bastante buena en los deportes, la mejor de todas ellas; pero no sabía que al grado de ser famosa.- ¿Si es tan buena, porque no entró al equipo desde un inicio?

-Lealtad a su otra escuela, ¿tal vez?-Ofreció Naru, pero Umino lo negó.

-Nadie está al tanto de los motivos, pero mucho antes de que se transfiriera a nuestra escuela abandonó a su equipo justo a la mitad de un torneo inter-escolar. Se rumora que eso les costó el pase campeonato nacional…

-¡Qué terrible!- Naru se mordió el labio inferior.

-Así es, ¡Una tragedia!

Honestamente, ¿Desde cuándo eran tan fans del voleibol?

Usagi observó a Minako, notando una ferocidad intensa en la sonrisa que le dedicó a Makoto cuando la ayudó a levantarse del piso que nada tenía que ver con burla. No; era una sonrisa familiar, que gritaba pasión y entrega y que había visto en varias ocasiones, mientras peleaban contra el enemigo y sus cadenas de luz cobraban vida en sus manos.

Definitivamente no solo le gustaba. Vivía el deporte.

-Uh… seguimos nosotros.- Le avisó Naru cuando la profesora mando a llamar a su equipo. –Al menos no tendremos que enfrentarnos a Mina-chan…

-Oh, yo no estaría tan seguro.- Dijo Umino ganándose las miradas fulminantes de las chicas.

-¡Oh cállate!- Que no hubiera dios que lo permitiera…

Suficientemente malo era tener que jugar en primera instancia.

-¡Oi, ustedes dos! Van en la zaga junto con Mizuno-san.- Les indicó el capitán de su equipo tan pronto estuvieron en la cancha- No tenemos posibilidades de ganar, pero den su mejor esfuerzo ¿vale?

-Gracias por la confianza.- Masculló Usagi. ¿Y que si era cierto? ¡No tenía que ser tan rudo!

-Ignóralo.- Dijo Naru.- Pero suerte… ¡Hola Ami-chan!

-Hola, Naru-chan. Usagi…- Una sonrisa tímida fue el recibimiento que les dio. Naru a propósito dejó que Usagi tomará posición en medio de las dos

-Hey…- Usagi evitó mirarla a los ojos pero tuvo la decencia de responderle el saludo. Podía sentir la desilusión radiar de su compañera teniéndola justo a un lado.-Suerte, creo.-Le deseó con algo de embarazo.

Ami estaba a punto de decirle algo más cuando se vio interrumpida por la chica del uniforme de diario, la capitana del equipo de la escuela. Su voz se había alzado por encima del barullo general.

-Sensei, si no hay inconveniente me gustaría ver jugar a Aino-san de nuevo.

'Oh no'

Usagi notó que Minako fruncía el ceño ante semejante demanda.

-¿Sensei?- Cuestionó aparentando confusión, pero podía apreciarse el reto en sus ojos.

-Por favor, Aino-san.- Intervino la capitana antes de que la profesora pudiera abrir la boca.- ¿Podrías concederme el honor de un partido más?

Minako vaciló.

-Bien, mientras no esté obligada a hacer algo más.- Se escuchó un largo siseo desde las gradas.

-Por supuesto que no.-Su sonrisa decía otra cosa. Minako pareció advertirlo porque entrecerró los ojos- ¡Hey tú, puedes pasar a sentarte!

Para la mala fortuna de Usagi, había señalado a una chica del equipo contrario. Abrió la boca incrédula pero se limitó a maldecir internamente a Umino por los próximos diez años de su vida.

Minako tomó posición como atacante en la esquina derecha, en el mismo lado de la cancha que Ami.

El silbato marcó el inicio del set.

El saque de Ami fue lo suficientemente bueno como para que pasara del otro lado de la chancha. No obstante el otro equipo tan poco era tan malo y pudieron recibir el balón y colocarlo en el aire para que lo remataran.

Para que Minako lo rematara.

El sonido de su palma estrellarse contra el balón le hizo congelarse en su posición. Había alcanzado a ver su mirada puesta en ella específicamente, sus ojos azules con un brillo casi perverso.

Había lanzado la pelota en su dirección con una intención precisa: verla sufrir.

Naru alcanzó a reaccionar y se arrojó al piso intentando recibir la pelota pero no lo consiguió del todo. Gimió levemente del impacto del proyectil en sus antebrazos al no haber calculado con precisión la trayectoria.

El equipo de Minako había marcado el primero.

Ami ayudó a Naru levantarse, preguntándole su estaba bien. Naru asintió y se realizó la rotación de juego

El siguiente set fue prácticamente lo mismo. De nuevo, y parecía que era esa la intención de todo el equipo, fue Minako la que remató justo en su dirección. Esta vez sí consiguió moverse, pero no consiguió llegar al balón.

El juego estuvo decidido prácticamente, si desde un principio no habían sido rival, mucho menos lo serían para la leyenda de Shiba Koen. Había sido una pérdida total de tiempo, pero al menos ya se habían conseguido los dos puntos de tres.

-Un último set, por favor.-Esta vez no fue la capitana la que hizo saber su demanda.

Había sido Minako.

-Por mí no hay problema, ¿Sensei?

-Err… adelante.

Estaba frente a frente con Minako. De hecho, tenía su mirada clavada en ella.

-¿Eso es todo Usagi-chan? Pensé que podrías hacerlo mejor que esto…- Más que estarse burlando de ella parecía decepcionada.

-No me conoces tan bien como crees.-Masculló entre irritada y dolida. Sentía su corazón latir con fuerza contra su pecho.

Vio que Minako frunció el ceño antes de soltar una risita con ligereza fingida.

-Mina-chan, Usagi-chan.- Escuchó la advertencia de Ami detrás de ella, pero ninguna de las dos le hizo caso.

-Creo que no. Demuéstrame entonces de que estas hecha… Tampoco podemos quedarle mal a Taicho-san ¿Cierto?

La aludida rió.

-No tienes por qué ser tan cruel, Aino.

Usagi reprimió las ganas de llorar.

Minako pareció darse cuenta del efecto que estaban teniendo sus palabras porque la dureza desapareció de su rostro siendo reemplazada por una expresión de arrepentimiento.

-Tienes razón, lo siento Usagi.

-No, tú tienes razón. Puedo hacerlo mejor que esto.- Dijo decidida. Minako sonrió débilmente.

El set dio inicio.

El saque iba en dirección a Ami y ella lo rechazó con destreza. Ser una Sailor Senshi aparentemente tenía sus ventajas ¿Por qué su caso tenía que ser la excepción?

El equipo contrario de nuevo preparo el balón para que Minako lo rematara.

Usagi no supo cómo, pero su cuerpo reaccionó de inmediato, brincando lo suficiente como para bloquear el que iba a ser un nuevo tiro mortal de su compañera.

Fue tal la sorpresa, que Minako no reaccionó después de ver a Usagi por encima de la red, e incluso permitió que el balón le diera de lleno en el rostro, siendo que ni siquiera metió las manos. El balón cayó de su lado de la red antes de que la propia Minako terminara hincada en el piso.

-Vaya, parece que estar en la zaga no era su posición.- Comentó la capitana invitada con respecto a una perpleja Usagi.- Te ha puesto en tu lugar, Aino ¿Qué pretendías con esto?

-¿Desilusionada?- Se negó a responder a su pregunta. Su voz sonó amortiguada al haberse llevado las manos al rostro. Aparentemente no había sido un gran impacto, pero no dudaba que hubiera dolido.

-En lo más mínimo. Esto resultó ser más divertido de lo que esperaba…

-Aino-san, ¿Quiere hacer favor de ir enfermería por favor?- La voz firme de la profesora no dejaba lugar a reclamos.

-¿Tengo otra opción?- Minako se retiró las manos del rostro y una cortada que sangraba profusamente se hizo visible en el puente de su nariz.

-No, ahora márchese. Suzumi-san acompáñela ya que son tan buenas amigas…-Lo dijo con tal sarcasmo que no había duda de lo resentida que estaba con ambas porque prácticamente habían pasado por encima de su autoridad en ese partido.

La capitana de inmediato ofreció ayuda a Minako para que se levantara, pero la rubia, siempre orgullosa, se negó. Resignada, Suzumi le indicó a Minako que la siguiera, como si no supiera donde quedaba la enfermería. Minako obedeció esta vez sin chistar, no sin antes dedicarle una última mirada a Usagi, completamente diferente a todas las anteriores.

Le sonrió con lo que podía decirse era orgullo. Estaba orgullosa del golpe que Usagi le había causado.

¿Acaso pretendía ser esto alguna clase de lección? ¿O había sido otra cosa?

Minako era cruel un momento y al otro era la de siempre. Justo como ella misma.

'¿Qué nos está pasando?'

-Usagi-chan… tenemos que retirarnos.- Esta vez fue Ami la que se acercó a ella y la tomó de la mano.

La siguió sin mediar palabra alguna, únicamente consciente de lo diferentes que eran las manos de Ami a las de Naru. Más delgadas, más frías. Más seguras.

Se sentaron en las gradas, alejadas de todos sus compañeros. En ningún momento Ami soltó sus manos, irritadas por el contacto previo con el balón. Las sentía palpitar bajo el frío tacto de Ami.

-¿Tanto me detesta?- Preguntó rompiendo el silencio, luego de un par de minutos en los que dio inicio el siguiente partido.

Ami siempre tenía una respuesta y jamás trataría de engañarla. La vio considerarlo seriamente, frunciendo el ceño y perdiendo su mirada en un punto en el aire.

-Por supuesto que no.

-Oh…- Suspiró- Tal vez debería.

-¿De verdad lo crees?- Usagi agitó su cabeza. No, no sabía que creer.- ¿Tú sientes eso por ella?

-No.

-Entonces tal vez sea hora de que ambas se dejen de esta clase de espectáculos y hablen como las personas normales.- No era del todo una reprimenda. Sonaba más como su madre cuando Shingo y ella tenían una de sus absurdas peleas.

-El problema es que no somos normales, Ami-chan.- Dio en un suspiró cansado.- Yo no me siento normal…

-¿Por eso nos has estado evitando?

Usagi la miro a los ojos por primera vez en lo que a ella le parecía una eternidad.

-No quiero que se repita lo que sucedió... No quiero lastimarlas como lastimé a Mina-chan…

Ami colocó una de sus manos en la infame mejilla que había recibido el golpe de Minako. Usagi se dejó llevar y presiono con su mano el contacto de Ami.

-Ambas dijeron cosas que no sentían. Minako lo sabe, tú lo sabes. ¿Por qué no hablas con ella?

-No sé si ella quiera hablar conmigo.

-Si me preguntas, yo creo que quiere hacerlo.- Dijo con una leve sonrisa.- Pero como también es una cabeza dura sigue esperando a que seas tú la que le dé una oportunidad.

Usagi rió-Lo tendré en cuenta.- Dijo sintiendo en su pecho una ligereza inusual, como si por primera vez en días fuera capaz de respirar aire limpio.- Gracias, Ami-chan.

Ella solo mantuvo su sonrisa, pero esta vez, Usagi la notó vacilar.

Estaba lejos de una reconciliación perfecta, pero al menos el primer paso ya había sido dado. Y con la mano de Ami entre la suya ya no se sentía perdida.


Minako arrugó el entrecejo, sintiendo una picazón incómoda en el puente de su nariz que ahora exhibía una franja blanca. Un parche cuyo propósito debería ser mantener limpio su corte, no hacerle la vida más incómoda.

Estuvo a punto de rascarse cuando un manotazo se lo impidió. Alzó la mirada y se encontró con la mirada reprobatoria de Rei.

-No lo hagas.

-No iba a hacerlo doc… jeez.- odiaba el tono nasal de su voz. Usagi había hecho un buen trabajo con ella.

Había poco que la pudiera distraer de la sensación mientras esperaban el autobús que las dejaría en el templo.

-Has tenido bastante mala suerte: primero el tobillo y ahora la nariz…

-Ni lo menciones.- Podía ver a ligera curvatura en los labios de Rei. A veces podía ser tan burlona…- Ojalá el corte desaparezca antes de llegar a mi casa.

-¿Dejaste que te golpeara a propósito?

Minako supo que había querido hacer esa pregunta desde que le comentó lo del incidente porque tenía su mirada clavada en ella, como intentando decidir si lo que estaba apunto de decirle era verdad o mentira.

-No, me tomó por sorpresa.-Admitió Minako aunque sabía que Rei jamás iba a creerle. Había sido una acción muy propia de ella y tal vez y sí tenía un poco de mártir…

-Tú la provocaste en primer lugar.- Le señaló al tiempo el autobús se detenía frente a ellas. Rei le permitió que subiera primero.

-No sé porque lo hice, al principio solo quería molestarla….- Dijo, tomando asiento y mirando por la ventana, como si de algún modo la vista sería diferente desde allí a la del exterior.- Y luego, estábamos frente a frente- como pasa en la televisión- y la vi tan asustada…

-¿Que pensaste que debías asustarla más?

-Que pensé: Esto no puede seguir así.-Terminó dramáticamente, fulminando a Rei por la interrupción.

Rei dio una risotada incrédula.

-¿Siempre tienes que ser tan dramática?

-Sí. Es parte de mi encanto Rei-chan…- Dijo como si no fuera obvio y frunció el ceño ligeramente notando que ella seguía sonriendo, con complacencia.- Bueeeeno…puede que me haya excedido un poco en cómo le hablé…Oh ¡ya sé porque te ríes! ¡Deja de hacerme hablar!

La golpeó en el hombro pero ni así consiguió que la sonrisa maliciosa de Rei desapareciera.

No dijeron nada más al respecto y Minako no esperaba que Rei lo hiciera. Generalmente ella era la que siempre acarreaba la conversación y realmente tenía poco que decir de lo que pasó.

Aún en silencio, el trayecto se le hizo bastante corto. Estaba tan acostumbrada a caminar hasta su casa, que la falta de actividad la había afectado de más y ahora la somnolencia hacía que le costara trabajo levantarse de su asiento y aún más, andar por el camino de piedra hasta el templo.

El sueño no se le quitó hasta el momento en el que el abuelo anunció que la comida ya estaba lista.

Minako se disculpó por las molestias y Rei solamente rodó los ojos, mencionando que era obvio que la iba a invitar a comer si habían quedado para trabajar en su proyecto. Ella la había fulminado con la mirada, todavía que estaba dentro de su mejor comportamiento…

Al término de la comida se ofreció a lavar los trastes en agradecimiento y Rei no tan sutilmente mandó a su abuelo a descansar, argumentando que ellas tenían todo bajo control y que lo menos que podían hacer era dejar todo en orden. Minako se encargó de lavar los utensilios mientras Rei los secaba y los ponía en su lugar.

-Si así fueras en tu casa no tendrías tantos problemas…- Le había mencionado casualmente Rei, aunque con la clara intención de molestarla.

-Si mamá fuera la mitad de amable que tu abuelo…- Rebatió enseñándole la lengua. Rei solamente se encogió de hombros.

Entre las dos terminaron con rapidez. Como no podían pasar a la sala del fuego inmediatamente después de comer, Minako insistió en ir a la habitación de Rei a pasar el rato. Ella accedió bajo la condición que le permitiera hacer sus deberes en paz durante ese tiempo.

No le exigió una promesa. Se había tratado de una advertencia.

Minako no tenía intención de hacer enfadar a Rei, por el contrario, quería que ambas estuvieran lo más tranquilas antes de la meditación.

Por alguna razón, estaba nerviosa.

Por eso mismo, es que no tardo en perder el interés en el manga que había tomado de la colección de Rei, siendo incapaz de concentrarse en los dibujos y mucho menos en lo que estaba leyendo.

Bajó el manga hasta su regazo y miró por la ventana, notando como el sol comenzaba a tornarse rojo del atardecer. Estuvo tentada a simplemente acomodarse mejor en la cama de Rei y tomar una siesta, pero decidió que no era lo más apropiado.

Decidió espiar un rato a Rei.

Ella estaba leyendo y haciendo un par de apuntes en una libreta. Tenía en su rostro una expresión desinteresada, como siempre que se estaba tomando en serio el estudio. El único indicio de que estaba concentrada es que no perdía de vista a su objetivo.

No por primera vez, pensó que Rei lo hacía ver todo tan fácil y eso era su mejor cualidad. Inspiraba seguridad y confianza.

-Estás terriblemente callada.- Escuchó que Rei le decía. Por un momento pensó que había sentido lo intenso de su escrutinio pero no, ella estaba mirándola fijamente, dejando su pluma de lado. ¿Cuánto tiempo llevaba así?

-Oh, pensé que querías concentrarte en tus deberes…

-No puedo, contigo espiándome.

-¿Te incomoda?

Rei desvió la mirada pero no se dignó a responder.

-Ya casi es hora.- Le dijo y Minako asintió, sentándose en el borde de la cama.

-¿Segura que quieres hacer esto?-Pudo ver la réplica sarcástica morir en los labios de Rei.

-Sí.

-Entonces…-Alargó la palabra intentando sonar casual.- ¿Tenemos que hacer algo en especial?- Alzó las cejas sugerentemente, alejando el pensamiento de que con el parche en su rostro debía verse ridícula.

Rei la miró con cautela-¿Especial cómo…?

-Algo que fortalezca esta unión que compartimos de forma definitiva…Sabes a lo que me refiero.- Por la forma en que Rei la miró, por supuesto que lo sabía. Ya ni siquiera conseguía sonrojarla…- O podríamos simplemente ponernos esas nada atractivas ropas de sacerdotisa. Aunque no es que yo quiera, claro.

Rei bufó, incrédula. No era un secreto que Minako amaba el uniforme aunque siempre se quejara de lo poco revelador que era.

'Supongo que es parte del encanto' Solía decir. A veces de verdad se comportaba como un viejo pervertido.

-En realidad no es necesario que tú te cambies siendo que la sacerdotisa y la que va a hacer todo el trabajo soy yo.-Minako de inmediato hizo un puchero, soltando un lastimero 'Reiiii'

Ella solo rodó los ojos y salió a buscar uniformes para ambas.

Minako prácticamente le arrebató las ropas en cuanto regresó, sin poder ocultar la emoción- Ahora date la vuelta para que podamos cambiarnos Rei-chan.

-¿Tú no te piensas girar?-Su ceja perfectamente delineada se alzó, inquisitiva.

-¿Y perderme el show?

-Olvídalo. Me marcho.- Le lanzó una última mirada furibunda- Te espero en la sala.

Minako suspiró en cuanto Rei cerró la puerta corrediza tras de ella sintiendo que había estado presionando demasiado a su suerte con tantas insinuaciones. Su único consuelo es que las cosas entre ellas habían regresado a la normalidad. Tan normal como estaba dispuesta a aceptar.

En cuanto terminó, dejó su uniforme perfectamente doblado sobre la cama de Rei (por que no era una salvaje como parecía) y salió de la casa principal en dirección a donde su amiga debía estarla esperando.

-¿Y bien? ¿Cómo me veo?-No era la primera vez que se probaba esas ropas, pero no pudo evitar hacer la pregunta al notar a Rei tan distraída, mirando en dirección a las escaleras del templo como si esperara algo subiera por ellas.

Sin siquiera voltear a verla le dijo- Te ves bien.

-No estás mirando...

Rei giró la cabeza con algo de fastidio. Sus ojos la recorrieron con descaro de arriba a abajo y cuando se encontraron con los suyos Minako sintió su estómago dar una vuelta completa al notar lo encendido de sus ojos violáceos. Dudaba que ella fuera la causa ¿En qué habría estado pensando?

-Bien. El moño siempre te sienta bien con todo, dios sabrá por qué...-Era una respuesta más honesta de la que esperaba, pero Rei no se mostraba afectada del todo.- ¿Satisfecha?

-Mucho.-Más de lo que estaba admitiendo, de hecho.

Rei abrió la puerta y permitió que Minako entrara primero. Como por arte de magia, el fuego se encendió nada más hubo puesto un pie en el interior de la habitación.

-Show off...-Musitó Minako en inglés.

Rei dio un corto gruñido en señal de que le había entendido y le pidió que esperara.

Minako escuchó el sonido de la puerta correrse, dejando la habitación por completo a oscuras con excepción de la tranquila llama que Rei había producido. Se quedó de pie a un costado de la entrada mientras ella pasaba de largo y se arrodillaba frente a la hoguera. Guardó silencio en lo que daba inicio con el ritual, colocando las manos frente a su pecho en lo que a ella le parecía una súplica.

Esta era una ocasión que probablemente jamás se repetiría y no quería perder detalle, aunque siendo honesta, había poco que ver excepto la espalda de Rei.

Eso era suficiente para calmar el dolor en su estómago.

Los segundos se le hicieron eternos hasta el momento que la voz, ligeramente ronca de Rei; rompió el silencio.

-Arrodíllate detrás de mí y coloca tus manos en mis hombros.

Minako obedeció, imitando la postura de Rei con la excepción de que las palmas de sus manos se encontraron de inmediato en contacto con ella. Podía sentir la tensión de sus hombros y el calor de su cuerpo, incluso por encima de su ropa.

-Cierra los ojos.-Obedeció sin chistar.-Trata de no pensar en nada. Deja que te guíe...

La última cuestión que tuvo lugar en su mente fue quien la iba a guiar precisamente, porque si de algo estaba segura, es que no se trataba de Rei.


Luna bostezó largamente sin poder evitarlo. Sentía los ojos arderle del esfuerzo que representaba mantenerlos abiertos; el producto de tantas noches de insomnio, pero no podía darse el lujo de perderse el momento en que Minako y Rei salieran de la habitación del fuego sagrado.

No después de todo el tiempo que había invertido en tenerlas bien vigiladas cuando tenía otros problemas que atender.

Todo este asunto estaba dejándola sin energía, pero no podía quedarse sin hacer nada. Sabía que lo que estaba no era lo correcto, prácticamente estaba espiándolas, pero no le estaban dejando opción alguna.

Se sentía mal sobre todo por Rei, a quien había acudido en una primera instancia para tratar de encontrar sentido a los sueños que la perseguían, al agudo grito de Usagi que perforaba su corazón en cada ocasión. Rei quien había accedido a guardar su secreto y prometido ayudarla.

Rei, con quien había querido hablar el día anterior y no pudo hacerlo cuando se dio cuenta que estaba esperando por Minako afuera de la escuela, impaciente por debajo de su semblante estoico. La curiosidad había tomado lo mejor de ella y la había llevado a seguirlas hasta el parque con la esperanza de escuchar la conversación que estaba a punto de tomar lugar y que le dejó en claro lo mucho que había subestimado el poder del lazo de amistad que existía entre ambas.

Si es que se trataba únicamente de eso. No había podido ignorar la complicidad en cada conversación y que brillaba en sus ojos con tanta sutileza que podía pasar desapercibida, así como la cercanía que demostraban, previsible en Minako, inconcebible en Rei.

Phobos y Deimos graznaron por encima de su cabeza, ambas estaban un par de ramas más arriba que ella en el árbol que había escogido como su puesto de observación. Las conocía lo suficiente para reconocer el sonido de alerta y el pánico se apoderó ligeramente de ella. A pesar de que no le habían quitado la vista de encima desde que llegó al templo, no habían delatado su presencia hasta ese momento.

Apretó los dientes con fuerza cuando sintió una familiar presencia sentarse a su lado. Claro, al parecer también la relación de Minako y Rei se extendía a sus propios guardianes.

Aunque solo se atrevió a verlo de reojo, Artemis tenía la desaprobación escrita en todo su rostro

-No puedo creer que estés espiándolas.-La acusación era más de lo que podía soportar en esos momentos.

-No te metas en esto, Artemis.

-Creí que íbamos a tratar de confiar los unos en los otros.

-Qué ironía, siendo que al parecer no le extendiste el mismo mensaje a Minako.- Dijo con tono punzante.

-¿Qué se supone que significa eso?- Luna no respondió a su pregunta a sabiendas que dijera lo que dijera, Artemis no iba a dejar nunca el lado de Minako- Honestamente no te entiendo, Luna.

-No espero que lo hagas, así que por favor: déjame sola.- Remarcó cada palabra para dejarle en claro que no quería seguir hablando con él.

Artemis no cedió terreno.

-¿Por qué estás tan decidida a culpar a Mina tan de repente de todo lo que pasa?-Sonaba herido y eso le apretó el corazón.- Dame una buena razón… Solo una.

-Estas exagerando...

-¿Te parece? Porque no soy yo el que está esperando el siguiente error para validar mis sospechas.- Artemis suspiró al darse cuenta de lo sarcástico de su comentario.- Estoy preocupado por ti, Luna.

Esa honestidad siempre había sido la mejor cualidad de Artemis y la única que podía terminar por quebrarla.

Pero ¿Cómo podía hablar de lo que había escuchado en el parque? Del resentimiento que Minako sentía hacia Usagi y que a ella misma había tomado por sorpresa cuando siempre había atribuido todas las equivocaciones de Minako a lo sinvergüenza de su carácter. Jamás pensó que pudiera haber un trasfondo más oscuro en sus acciones, particularmente en este accidente tan reciente.

¿Artemis lo sabría? ¿Cómo Rei, habría hecho nada para disuadir esas ideas absurdas de Minako, con su silencio validando el rencor y la desconfianza?

¿La desconfianza podría estar resonando en él como en Minako y como en ella misa?

-No lo hagas.- Dijo finalmente.- Prometí que llegaría al fondo de todo esto y si para ello tengo que vigilarlas porque tú te niegas a hacer tu trabajo, que así sea. Estoy dispuesta a pagar el precio que sea.- Incluso si ese es, el que me tengas que dar la espalda.

Artemis no pudo decir nada en contra de la convicción que había manifestado y parecía debatirse entre dejar el lugar y seguir insistiendo. Al final guardó silencio y Luna trató de ignorar su presencia.

Tenía más que motivos para sospechar que Minako y Rei se traían algo entre manos, a juzgar por lo que había visto en los últimos dos días. Artemis podría estar o no al tanto, pero tampoco podía darse el lujo de depositar su plena confianza en él en esos momentos cuando era incapaz de ver, desde cualquier punto de vista, que su protegida era el punto de partida y encuentro de todos los problemas actuales.

Por eso tenía que ser paciente. Si en algo estaba de acuerdo, es que no podía basarse solamente en "sospechas" y Minako iba a terminar por probarse las tarde o temprano.

"Espero que no demasiado tarde"

Pensó en Usagi que no hablaba con ella y la sentía más distante que nunca, de ella, de las chicas, de su familia. Había llegado al punto en el que se negaba a devolverle las llamadas de Mamoru. Estaba sola. Era el escenario perfecto para señalarla como objetivo.

¿Quién? Eso planeaba averiguar.

No obstante, Artemis parecía no tener intención de irse y ella podía sentir el escrutinio intenso de las guardianas de Rei. Tal vez era el momento de cambiar de objetivo. Después de todo, dudaba que pudiera encarar a ambas chicas de inmediato, con Artemis presente y sin tomar en cuenta que Minako definitivamente no confiaba en ella.

Ya tendría otra oportunidad, de eso estaba segura.

-¿A dónde vas?- Le preguntó Artemis cuando de un brinco bajó del árbol.

-Creí que no estabas de acuerdo con mi presencia aquí.- Respondió mordaz, sin mirarlo.- A dónde vaya no es problema tuyo. Mejor concéntrate en lo que sea que vaya a suceder cuando esas dos salgan de allí.

Se fue sin esperar que Artemis le diera respuesta y aunque no esperaba que la siguiera, pero parte de ella estaba herida de que no lo hubiera hecho.

Ignoró ese sentimiento en favor de su misión. Rei y Minako eran solamente la mitad del equipo.

Quizás no era tarde para encontrar apoyo en las otras dos…

A Artemis le pareció que pasaron horas desde que Luna se marchó, hasta el momento que vio a Minako y Rei salir de la habitación.

Algo no estaba bien.

Estando tan cerca, podía verlo en la sonrisa tranquila de Minako y la sutil forma en la que deliberadamente evitaba cualquier clase de contacto con Rei, incluso cuando esta se lo estaba ofreciendo con total albedrío.

Por supuesto que Rei se había dado cuenta también. Minako era una excelente actriz, pero ambos la conocían perfectamente para ver a través de su juego. La reprobación estaba escrita en todo el rostro de la sacerdotisa y aun así le permitió marcharse al interior de la casa sin cuestión alguna, con la mirada siguiendo sus pasos precipitados que gritaban lo mucho que urgía esa distancia.

Artemis bajó del árbol.

-¿Qué sucedió?

Temió que Rei no fuera a responderle, porque ni siquiera parecía haber reparado en su presencia. La tensión inusual en sus hombros y sus puños apretados acrecentaron la preocupación latente en su pecho.

-Parece que encontramos una pista sobre quién es el responsable de lo que está pasando.

-¿Quién?

-No lo sé.- Dijo casi en una exhalación, con los dientes apretados y una expresión de frustración que no conseguía disimular por completo. Podría parecer que estaba enfadada de no ser por la preocupación en su voz- Pero Minako si, aunque no me haya querido contar la verdad. Aparentemente ustedes dos ya se han encargado de él…

Sintió la sangre helarse cuando se le ocurrió cuál podría ser la causa de que Minako no confiara en Rei luego de la discusión que habían tenido.

Sintió la mirada de Rei clavada en su rostro, no perdiendo ni un detalle de su reacción. Era evidente que él sabía de quién se trataba y sin embargo, Rei no preguntó más. La rigidez de su postura pareció desaparecer de pronto dejando lugar solo un aire taciturno sobre ella.

-Deberías hablar con ella. Me da la impresión de que te necesita más a ti que a… que a cualquiera de nosotras.

-Lo haré. Y gracias por todo, Rei.- Por no preguntar, pensó. Rei pareció intuir su pensamiento porque sonrió irónica.- Has sido un gran apoyo hasta ahora…

-Depende a quien le preguntes.- Respondió un tanto distante, sacudiendo ligeramente la cabeza. Había algo extraño en la general actitud de Rei, pero no tuvo el valor de hacérselo notar.- Ya me he despedido de Minako, ¿Podrías esperarla aquí? Yo… tengo algo que hacer.

-No te preocupes.- Asintió.- Y si hay algo que pueda hacer…

-Gracias, Artemis.

Rei bajó los escalones, sus sandalias de madera resonando con firmeza contra la piedra del patio. Artemis siempre se había sentido intimidado por su actitud mesurada, aunque no podía negar el respeto que sentía por ella independientemente de su rol en el equipo e incluso de su relación de Minako.

-Esto es ridículo…- Le pareció escucharla musitar, pero pudo tal vez ser solo su imaginación. En el cielo, un par de cuervos alzaron el vuelo, persiguiendo la solitaria figura de Rei que se alejaba en la misma dirección en la que había visto correr a Minako, aunque desapareciendo por detrás de la casa en lo que sabía, era el patio trasero.

No tardó mucho en que Minako regresará, y el entendimiento que encontró en su mirada fue confirmación suficiente de lo mal que estaban las cosas. Permitió que Minako lo cargara y apretara contra su pecho antes de comenzar a andar hacia la salida.

Minako no derramó una sola lágrima. La cercanía de ambos era más que consuelo suficiente.


Rei se recargó en uno de los pilares de madera que sostenían el tejado del pasillo exterior, observando distraídamente el movimiento de las flores de cerezo por la ligera brisa.

-¿Así son las cosas entonces?- Preguntó a nadie en particular a pesar de que Phobos y Deimos estaban a unos metros de ella, igual de ajenas que ella a su entorno.- Ridículo…- Repitió, sintiendo un peso caer en su estómago en cada ocasión porque se trataba de una blasfemia. Una ofensa al fuego que ardía lenta y dolorosamente dentro de ella y cuyo nombre, cuatro letras peligrosas, la había dejado molesta por sentirse así.

Suspiró. Los cerezos siempre conseguían recordarle inevitablemente a su madre, ofreciendo una compañía bienvenida.

-Está bien… no puede ser tan malo…- Admitió, prefiriendo la calma de la resignación a la tensión por lo inevitable.-Supongo que siempre fue ella…-La rubia más excéntrica, ridícula y tonta que siempre terminaba metiéndola en las peores situaciones y la obligaba a hacer las cosas más absurdas… como hablar sola.

Recordó la sensación de su cuerpo presionado contra el suyo y la intensidad de la visión haciendo palpitar sus venas. Con ella todo era más intenso. Pero también la mirada de desolación que rápidamente consiguió ocultar bajo esa seriedad tan poco propia de ella: de Minako, la aspirante al estrellato. No del todo de Sailor Venus, la líder de las Senshi.

-La Diosa del amor…- Susurró. Aún con una misión inmediata, y una de por vida, se permitió ese par de minutos para dejarse invadir por su revelación por muy insensata, inoportuna, ridícula.- Es una tonta…