Buenas noches, lectores.

Espero hayan tenido una excelente semana. Terminé este capítulo en la tarde, y ya llevo la mitad del próximo, pero, nuevamente, preferí ser cautelosa y publicar un solo capítulo por ahora.

Tengo sueño, y mis audífonos acaban de dañarse, no vivo sin audífonos T.T… No escribo sin ellos, hasta respiro más difícil sin ellos T.T… por lo cual haré una introducción muy corta hoy, ya las saludaré con más calma en el próximo capítulo.

Gracias por los hits, los cuales sorpresivamente suben y suben, y especialmente, a las que amablemente me han escrito: izziebleke, Lux Havsanglar, tefysitaXX, anahiihana, Alshi, Osiris, DarkyStar, SiageLove, KaoruxKenshin y anafichan.

¡ESPERO LES GUSTE EL CAPITULO!


Tan Frágil como el cristal

Mimi Tachikawa esperó un segundo antes de abrir la puerta, cerrando sus ojos y tomando una gran bocanada de aire, para luego soltarla lentamente, mientras reunía mentalmente los pedazos de su templanza. Llevó la mano al pomo y abrió la puerta.

Yamato estaba de espaldas, ligeramente inclinado en el borde de la escalera y sosteniendo la pintura envuelta en papel marrón en una mano.

'Buenas tardes' saludó Mimi, haciendo una pequeña reverencia de respeto.

El muchacho se enderezó al instante, girando hacia ella, abriendo los ojos con sorpresa al fijarse en ella.

'Ah… Tu madre me pidió que viniera' dijo él, después de unos segundos de silencio.

'Lo recuerdo' contestó Mimi, dando un leve asentimiento.

Yamato Ishida, suspiró, no se había preparado psicológicamente para encontrársela en aquel momento. No había hecho su rutina consistente en un mantra de repeticiones para mantener su calma en presencia de la muchacha que lo torturaba a cada segundo que mantenía los ojos abiertos. Había esperado hablar de arte con Satoe Tachikawa, no tener que evitar los ojos caramelo de Mimi para no delatar que el color de los que se reflejaban en la pintura era exactamente el mismo.

Un pequeño ataque de pánico se apoderó de él. La emoción de poder tener su propia exhibición de arte le había impedido pensar en la posibilidad de que Mimi, o su madre, pudieran adivinar la musa que había inspirado todas sus pinturas. Si bien era cierto que su estilo era surrealismo abstracto, alguien que de hecho supiera de pintura como Satoe Tachikawa sería más que capaz de ver sus intensiones reales si quisiera. Eso sin mencionar que Mimi podría reconocer sus propios ojos, por más densa que pudiese ser respecto al arte.

¿Por qué no había pensado en eso? ¿Por qué no se había planteado la posibilidad de que sería descubierto como el obsesivo acosador que en verdad era? Adiós fachada tan bien formada de distante, ermitaño e insensible Yamato Ishida, hola al enfermo que en verdad era.

'¿Te encuentras bien?' preguntó Mimi, con voz suave. Alzando ligeramente la barbilla para poder mirarlo a los ojos y disminuir la diferencia marcada de altura que los separaba.

'Tu madre me pidió que viniera' repitió nuevamente Yamato en voz monótona, golpeándose mentalmente por ser demasiado estúpido para pensar en una respuesta que no requiriera hacerlo parecer un loro.

'Lo recuerdo' repitió Mimi, asintiendo 'Mi mamá está algo indispuesta esta tarde, espero que seas tan amable de esperar hasta el lunes para llevarle tu pintura a clases'

Yamato soltó el aire de sus pulmones con aire decepcionado, dejando su pequeño ataque de pánico de lado. Realmente no importaba mucho si alguien sospechaba su musa, no si lo comparaba con el hecho de dar a conocer su obra.

'Pero, tu madre fue muy insistente en que la trajera hoy'

'Lo sé. Lo lamento' dijo Mimi.

Yamato alzó la pintura, y se encogió los hombros.

'Supongo que la veré el lunes, entonces…'

Mimi asintió, haciendo una pequeña reverencia de despedida y cerrando la puerta, sin dedicarle ninguna palabra más. El rubio frunció el ceño, de repente, le molestó su actitud. Ni si quiera lo había invitado a pasar, ni le había ofrecido algo de tomar. Eso era común cortesía. Cierto, que en el año que ella había salido con su mejor amigo él jamás le había ofrecido cortesía en su apartamento, pero, se suponía que ella era mejor educada que él.

La mano del rubio se alzó, y antes de que el mismo pudiera analizar sus acciones, volvió a tocar el timbre. En aproximadamente 2 minutos, Mimi volvió a abrir la puerta, alzando las cejas con sorpresa.

'Tu madre me pidió que viniera' repitió por tercera vez.

La ceja derecha de Mimi se alzó, al tiempo que le enviaba una mirada confusa.

'Lo recuerdo, Yamato. Pero mi madre no puede atenderte' dijo Mimi.

Yamato cruzó los brazos sobre su pecho, al tiempo que dejaba la pintura reposando sobre su rodilla para evitar que se cayera.

'Sí, sabes, no te creo' soltó Yamato, frunciendo aún más el ceño.

Mimi cerró los ojos con pesadez, al tiempo que negaba lentamente con la cabeza.

'No sé de qué estás hablando'

'Claro que lo sabes. No querías que viniera en primer lugar, y ahora me la niegas' contestó Yamato.

Mimi volvió a abrir los ojos con sorpresa, de todas las respuestas que pudo haber anticipado, aquella no estaba en la lista.

'¿De qué hablas?'

'Me dijiste que no fraternizara con tu madre' le recordó Yamato.

'Ah… cierto' asintió Mimi, recordando y enviándole una sonrisa distraída 'se me había olvidado'

Un tic nervioso se apoderó el ojo izquierdo del muchacho.

'Dijiste que podía 'lastimarme''

'Sí, cierto… Soy un poco melodramática'

Yamato apretó los puños, sin descruzar los brazos y alzó las cejas.

'Eso no lo dudo. Casi tumbas el apartamento cuando ves una cucaracha' contestó Yamato 'pero ciertamente, estás tratando de impedir que tu madre sea mi mentor… ¿Por qué? Sé que no he sido un príncipe contigo, pero tampoco es que te he botado de mi apartamento, como para que quieras joder mi vida'

Mimi Tachikawa parpadeó varias veces, completamente confundida.

'No estoy tratando de… perjudicar tu vida' contestó ella, siendo cuidadosa de cambiar la palabra que él había usado.

'Yo creo que sí lo estás haciendo, no sé si es que crees que no soy lo suficientemente 'civilizado' para hablar con tu madre, o por qué otro motivo estúpido de tu 'vida social' intentas mantenerme lejos de tu vida, pero Tachikawa, esta es mi carrera… Si le caigo bien a tu madre, no sé porque diablos te molesta que me ayude.'

'No estoy tratando de mantenerte fuera de mi vida, tú fuiste el que me dijo que no hiciera esfuerzo por establecer una amistad contigo… ¿Recuerdas?'

Yamato abrió la boca para replicar, cuando se dio cuenta de que eso era cierto. Frunciendo el ceño, decidió contraatacar con otra divergencia a la conversación.

'No me has invitado a pasar'

Mimi se sonrojó, no estaba acostumbrada a faltar a sus modales de aquella manera.

'Es cierto, lo lamento' se disculpó enseguida.

Yamato alzó las cejas. No quería ganar así de fácil.

'No me has invitado a entrar porque quieres mantenerme lejos de tu madre'

Mimi suspiró, cruzando los brazos sobre su pecho y adoptando la más terca posición que él le había visto tomar hasta ahora.

'Bueno, honestamente, eso es verdad. No quiero que te acerques a mi madre, si pudiera, les pusiera una orden de restricción mutua'

'¡Ajá! ¡Ahí está, me la estas escondiendo!'

'¡Claro que no te la estoy escondiendo! ¡Quería salir de esto hoy, no es que disfruto de ser su niñera!'

Yamato alzó las cejas, para luego entornar los ojos.

'¿Por qué rayos necesitas ser niñera nuestra?'

Mimi se enderezó, bajando los brazos de su pecho. Y se mantuvo inmóvil, pestañando con rapidez.

'Ah… pues, porque tú eres el mejor amigo de Taichi y no quiero que mi madre… que mi madre…' Mimi respiró hondo, antes de proseguir, intentando buscar una excusa lo suficientemente convincente, y lo suficientemente lejos de la realidad 'No quiero que mi madre te use, para alejar a Taichi de mí'

Yamato apretó los puños.

'¿Cómo diablos iba a usarme a mí para alejarte de él?'

Mimi pareció pensarlo por un momento, para posteriormente encogerse los hombros.

'Te puede decir mentiras, esperando que las transmitas a Taichi'

'¿Ahora se supone que soy chismoso? Me vale mierda tu relación con Taichi, ¿por qué demonios le iba a llevar chismes?'

Mimi se encogió los hombros.

'Simplemente prefiero mantener a mi madre lejos de mi vida social. Y, al tú ser amigo de Taichi, y aunque no quieras ser mi amigo, formas parte de esa vida social'

Yamato cerró los ojos, respirando hondo.

'Eres… tan frívola, ¿de verdad?' preguntó.

Mimi se encogió los hombros, sin contestar.

'Pues, yo no soy tan superfluo como tú. No le voy a hablar a tu madre de tu relación, y me va a valer demonios lo que me diga de ti'

Mimi lo observó, sin contestar.

'Pero dime algo, ¿Tu madre realmente me va a decir mentiras o tu miedo de que Taichi llegue a conocerte en verdad es así de severo?' preguntó.

Por primera vez en toda la conversación, los ojos de la muchacha pasaron a verse sombríos, y su brillo disminuyó de golpe. Ahí estaba, esa era la muchacha con la que él quería hablar, no con la chiquilla consentida y malcriada que quería pretender ser. Allí estaba ese toque de oscuridad que le obsesionaba, en el que se quería perder junto con ella.

La muchacha bajó la mirada por unos segundos, y él metafóricamente podía ver los pensamientos de esta reflejados en su rostro, estaba abatida pero no ofendida por la pregunta. Fue como si él dijese en voz alta algo que ella pensaba todos los días.

'Puede ser' concedió la muchacha con un hilo de voz 'Buenas tardes, Yamato'

Antes de que el rubio pudiera reaccionar, la muchacha cerró la puerta de su casa, dejándolo solo del otro lado.

Yamato suspiró, había cruzado la raya. Pero tampoco podía irse así como así. Nuevamente tocó el timbre de la casa, pero Mimi no acudió.

'¡Oh, vamos, Tachikawa!' gritó el muchacho, volviendo a tocar el timbre.

Nuevamente, no hubo respuesta.

'¡No voy a irme!' gritó el muchacho, tocando nuevamente.

'¡No puede atenderte, Yamato, no estoy tratando de joderte la vida!' gritó Mimi desde la ventana medio abierta, esta vez sin cuidar su lenguaje.

Yamato giró hacia ella.

'Entonces dejarme esperarla' pidió el muchacho, esperando que la grieta en el muro de la muchacha durara lo suficiente para mantener una conversación con ella.

'¡No quiero!' soltó Mimi.

Yamato frunció el ceño, al tiempo que golpeaba la puerta con el puño.

'¡No seas infantil, Tachikawa!' gritó el muchacho, asomándose por la ventana. Mimi estaba del otro lado, con los brazos cruzados y una mirada molesta '¡Yo nunca te deje fuera de mi apartamento!'

'¡Eso es porque Taichi jamás te lo habría permitido, no porque estuvieras feliz de tenerme ahí!' soltó Mimi.

Yamato apretó los puños frustrado.

'¡Esto es ridículo! ¡Tú siempre estas rondando mi apartamento y yo no puedo entrar a tu casa una vez a esperar a tu madre! ¿Es en serio? ¿Dónde están tus modales de Geisha moderna? ¡Esto tiene que ser una broma!'

Mimi le sacó la lengua en un acto infantil, antes de darle la espalda.

'Taichi no está aquí, no tengo que ser linda contigo sino quiero'

'¡Ves! ¡Por eso siempre digo que la gente amable es la más hipócrita! Que sorpresa se va a llevar Taichi cuando pueda verte de verdad' soltó Yamato.

Mimi lo ignoró, alzando la barbilla.

'¡Oh, vamos, Tachikawa, sino viene en una hora, juro que me voy!' mintió el rubio.

La muchacha giró hacia él, alzando las cejas, como si esperara algo.

'¿Qué?' preguntó él al ver el brillo malicioso en sus ojos chocolate.

'Dilo' dijo ella, sonriendo de la manera en la que sólo los niños sonríen cuando hacen algo malo.

'¿Qué diga qué?' preguntó él.

'Si lo dices, te dejaré pasar' ofreció ella, alzando la barbilla y apretando más los brazos alrededor de su pecho.

'¿Qué diga qué? ¿De qué demonios me estás hablando? ¿Qué quieres?' preguntó Yamato.

Mimi bajó las manos hasta su cadera, dejándolas a cada lado.

'Dos palabras, Ishida'

Yamato dejó escapar un resoplido, entendiendo a qué se refería.

'Está bien, Tachikawa. Lo siento, ¿feliz?'

Mimi negó con la cabeza.

'¿Sentir qué? Tendrás que ser más especifico'

'¡Dijiste que eran dos palabras!'

Mimi volvió a cruzar los brazos sobre su pecho, esperando.

'Bien, lamento haberte dicho frívola'

'¿Y?'

'Lamento haber juzgado tu relación con Taichi' completó él.

'¿Y?...'

'¿Cómo que y? ¡Ya no tengo más nada que lamentar!'

Mimi no se movió, y el rubio estuvo a punto de gritar en frustración.

'¡No lo sé! ¿Qué? ¿Lamento haber dicho que mentías? ¿Lamento haberte acusado de esconder a tu madre? ¿Lamento haberte llamado Geisha? ¡No lo sé!'

Mimi giró los ojos, asintiendo.

'Con eso es suficiente, gracias por tu enorme caballerosidad' dijo, haciendo una leve referencia hacia él 'pero aún así no vas a pasar. Si quieres, vuelve mañana'

'¡¿Qué?!' soltó el rubio, alzando la voz.

Mimi le envió una sonrisa, y se dirigía a contestar cuando un estruendo de cristal roto resonó más que los violines del Réquiem de Mozart que habían estado coreando su pelea.

Todo pasó muy rápido, el rostro malicioso de Mimi desapareció en menos de un segundo, sus ojos se oscurecieron con la mirada más tangible de pánico que él había visto en toda su vida. El rostro de Mimi palideció por completo, y la rapidez con la que la muchacha se giró y corrió hasta las escaleras, pero como a él le permitió observar cada detalle en ella, desde la urgencia de sus pisadas, hasta las manos cerradas en puño, se le antojaron como una secuencia digna de Matrix. En menos de un minuto Mimi había desaparecido por completo de su vista.

'¡Tachikawa! ¡Tachikawa!' llamó el muchacho, pegándose a la ventana.

Todo lo que él había oído era el sonido de cristal rompiéndose, pero por la mirada de miedo y la rapidez de la muchacha, ella bien podría haber visto un asesino en serie corriendo directo hacia ella. Algo estaba mal, muy mal.

'¡Tachikawa!' volvió a gritar el rubio, sin ser capaz de observar nada que no fuera la elegante sala de la residencia.

El muchacho giró sobre sus talones, al tiempo que con una mano se desordenaba el cabello. Quizás Mimi había sobreactuado a la simple ruptura de unas copas en la parte de arriba de la casa, quizás ella le decía la verdad y ella sólo era melodramática. Dios era testigo de que no era difícil creer aquella mentira al ver la actitud infantil y frívola con la que Mimi se conducía a diario. Era muy fácil caer en cuenta de que aquella era la clase de muchacha que lloraba y se mortificaba por la clase más estúpida de problemas que él si quiera podría imaginar. Esa era la imagen que Mimi proyectaba al mundo, la de niña rica y mimada, cuyos únicos problemas eran uñas rotas y el qué dirían su círculo de amigos. Esa era la Mimi Tachikawa que él conocía.

Pero esa no era la Mimi Tachikawa que había consolado aquella noche frente a su apartamento. Esa no era la Mimi Tachikawa a la que había confrontado respecto a sus mentiras. Esa no era la Mimi Tachikawa que el pintaba cada día.

'¡Tachikawa!' gritó nuevamente, por la abertura de la ventana. Escuchó un débil grito de la inconfundible voz de la muchacha, y eso fue suficiente.

Antes de tener si quiera tiempo de pensar en sus acciones, el muchacho ya había terminado de empujar la ventana a su límite, y se las había arreglado por entrar por ella, cayendo en el piso de madera de la sala y golpeándose la espalda. Maldiciendo, el rubio se puso de pie.

'¡Tachikawa! ¿Te encuentras bien?' preguntó al tiempo que seguía el camino que la muchacha había recorrido minutos antes.

El muchacho terminó de subir la escalera y se detuvo, inseguro sobre qué dirección tomar ahora. El sonido de los violines le aturdió, y deseó que alguien lo apagara inmediatamente.

'¡No! ¡Mamá!' escuchó a Mimi gritar desde el segundo cuarto a su izquierda, y se dirigió allí sin pensarlo si quiera una vez.

Yamato Ishida empujó la puerta de la habitación, y lo primero que vio fue a Mimi de espaldas a él, la muchacha hacía gestos con las manos hacia la figura de su madre quien estaba a unos pocos metros de ella, de rodillas en la cama y sosteniendo una botella de cristal en sus temblorosas manos blancas.

Satoe Tachikawa estaba llorando amargamente, y los rastros de pintura en su rostro se habían mezclado con las lágrimas, creándole un aspecto verduzco en toda la extensión de sus mejillas. Tenía la manga del suéter rasgado, y él no supo si había sido hecho por la misma mujer o por la muchacha en un intento desesperado por inmovilizarla. Satoe estaba gritando a su hija, pero él estaba demasiado aturdido para entender sus palabras.

Lo próximo que sintió fue su espalda golpear con dureza la madera. Satoe había lanzado la botella en su dirección, y Mimi se había lanzado al piso llevándolo con ella, y cayendo sobre él. Su cabeza había golpeado la madera con fuerza, y él aún no había superado su shock, cuando Mimi ya estaba de pie nuevamente, sin dedicarle si quiera una mirada.

Desde el suelo, Yamato la observó aprovechar el hecho de que Satoe se había deshecho de su 'arma' como ventaja, y lanzarse sobre su madre intentando inmovilizarla en la cama sin demasiado éxito. Satoe se convulsionó, intentando quitarse a Mimi de encima, pero la castaña tomó con rapidez una inyectadora que reposaba sobre la mesa de noche, arrancando el protector de la aguja con los dientes y clavándola en el brazo de su madre, en un solo movimiento rápido y preciso.

Satoe forcejeó por unos minutos, pero Mimi seguía sobre ella inmovilizándola contra la cama, hasta que finalmente su madre dejó de moverse.

La muchacha se bajó de la cama, soltando un pequeño suspiro y lanzando la jeringa en la basura. Arropó a su madre con la cobija y la observó por unos segundos, antes de darle la espalda y apoyarse en la pared con aspecto derrotado, apoyando la frente en su brazo derecho y soltando un casi inaudible sollozo.

Yamato se puso de pie, ignorando el golpe en su cabeza, y se fijó con mayor detenimiento en la escena. El piso estaba cubierto de vidrio roto, y supo que todo provenía de botellas de licor porque las tapas de las mismas acompañaban el desorden de cristal, junto a la cama había botellas vacías de medicamentos que él no conocía, y una serie de pastillas de color azul se mezclaban con el vidrio roto. Vio gotas de sangre regadas en la cobija con la que la castaña había cubierto a su madre, y por un instante se preguntó si aquello que había presenciado era un intento de suicidio fallido por parte de la madre de la muchacha.

Sin embargo, a penas sus ojos se fijaron nuevamente en Mimi, descartó aquella idea con rapidez. Ella era la que estaba sangrando. A la altura de la cintura, la camiseta blanca de Mimi estaba rasgada y cubierta de una mancha circular de sangre que bajaba por su costado izquierdo.

La castaña sintió su mirada, y le habló sin voltear hacia él.

'No debiste entrar. Te dije que no la estaba escondiendo de ti'

La voz que utilizó para hablarle no sonaba en absoluto al melodioso tono cantado y molesto que solía adornar los labios de ella. No poseía aquel característico toque burbujeante de hiperactividad. Aquella no era la voz que él estaba acostumbrado a oír en ella.

Yamato la observó por un momento, antes de caminar hacia ella, ignorando el crujido del vidrio al ser pisado por él.

'Estás sangrando' dijo, decidiendo ignorar completamente a Satoe por el momento.

Los ojos de la muchacha bajaron a su abdomen, y soltó un leve asentimiento.

'Sólo es superficial'

Yamato se disponía a tomarla del brazo y llevársela al hospital, cuando la muchacha lo esquivó y salió de la habitación por su propia cuenta. Aún en demasiado shock para poder procesar claramente sus acciones, el rubio la siguió, a tiempo para observar como Mimi se retiraba la camiseta blanca y la usaba para limpiar la sangre que se había regado por su torso como si se tratara de sucio, y pesar de estar dándole la espalda a él, Yamato supo que la muchacha no había dedicado ni si quiera un gesto de dolor a la acción.

Mimi entró por una puerta y la cerró con fuerza antes de que él pudiera seguirla, supuso que era el baño, porque en seguida escuchó el sonido del agua cayendo. El rubio se mantuvo del otro lado de la puerta, intentando ordenar sus pensamientos.

¿Qué acababa de ver exactamente? Claramente Satoe Tachikawa había tenido alguna clase de ataque… ¿Qué significaba eso? ¿Era un evento aislado? Juzgando por la rapidez con la que Mimi había reaccionado, aquella no era la primera vez, rayos, se había movido tan rápido, como si aquella fuera su área de experticia. No quiso ni si quiera pensar en cuántas veces Mimi habría vivido eso antes de convertirse en experta.

¿Acaso Satoe era alcohólica? ¿Abusiva? ¿Se pasaba los días atacando a Mimi sin razón aparente? ¿Acaso estaba enferma? No lo sabía, pero sí sabía que aquella era una escena rutinaria, más que un simple evento aislado, ciertamente jamás volvería a juzgar las palabras de la muchacha sobre su madre. Ni los días que la muchacha pasaba durmiendo en su apartamento, si él viviera en aquella casa, no querría pasar ni un minuto ahí.

No pudo evitar preguntarse por qué Mimi no traía a Taichi con ella como protección cuando venía a su casa. Estaba seguro de que su mejor amigo estaría más que feliz de hacerla de protector a cada vez que ella lo necesitara, sin duda, era la persona con un complejo de héroe más desarrollado que conocía. No podía imaginarse a Taichi haciendo nada en esa situación más que proteger a Mimi con su vida. Ciertamente, su mejor amigo habría sido más rápido para reaccionar ante aquella situación que él, quien había estado demasiado impresionado para reaccionar a tiempo.

Sin embargo, esa era la parte que más le preocupaba y le impresionaba a la vez. El modo en el que la castaña había reaccionado, con una rapidez y fortaleza que jamás habría imaginado de alguien se veía tan pequeña y frágil a simple vista.

¿Realmente esa era la misma chica que aseguraba no tener suficiente fuerza para cargar su maleta cuando llegaba al apartamento? ¿La misma chica que se había subido al tope del refrigerador cuando vio una cucaracha? ¿Ella era la misma muchacha debilucha que había hecho a Taichi cargarla a la enfermería después de rasparse la rodilla en una de las prácticas del grupo de porristas? ¿Esa misma niña malcriada con la que había peleado tantas veces, tachándola de débil e infantil?

La puerta del baño se abrió y Mimi salió, nuevamente sin mirarlo. Su cabello estaba mojado, y se había cambiado la ropa por un mono y una franelilla de tirantes rosa que solía usar en su apartamento, la recordaba perfectamente porque no llegaba completamente a la cadera de la muchacha, dejándole ver una línea de dos centímetros de piel, pero en aquella ocasión, le sirvió para comprobar que Mimi se había colocado una gasa vendada en el costado donde se había cortado.

Sin decir nada, la castaña bajó las escaleras, y él la siguió como un zombi.

'Será mejor que te vayas, Yamato'

El muchacho despertó de golpe al oír su nombre, como si al decirlo la muchacha lo hubiese cacheteado con suficiente fuerza para despertarlo de su ensueño.

'No voy a irme' contestó inmediatamente. Su boca fue más rápida que su mente, pero no pudo negar que eso era exactamente lo que quería responder.

Mimi giró hacia él, fijando sus ojos chocolate en los suyos. Su mirada era penetrante y, al igual que aquella noche, no tenía el menor rastro del muro que separaba a Mimi Tachikawa de la realidad, en aquel momento era tan transparente como un claro de agua fresca, sus ojos caramelo brillaban con sutileza que acompañaba el débil rasgo de oscuridad que los completaba. A Yamato le recordó el efecto catártico de las explosiones, quienes después de estallar en un enorme despliegue de fuerza, dejan una calma sombría reinando el ambiente.

'¿Qué quieres decir con que no vas a irte?' preguntó Mimi, con calma.

'Tu madre te atacó' dijo Yamato, con vehemencia.

La muchacha dio un único asentimiento.

'Pero ya está dormida' contestó simplemente.

Yamato frunció el ceño, sin poder creer la calma de la castaña. Debería estar histérica y hecha un mar de nervios, eso es lo que tendría sentido en esa situación. Sintió un deseo incontrolable de tomarla de los hombros y agitarla para que reaccionara como era debido, pero opto por seguir el mismo ritmo calmado de ella, intentando parecer sosegado y sin revelar su aún latente estado de shock.

'Podría despertar'

'No lo hará'

'Si lo hace, podré ayudar'

'No ayudaste. Más bien tuve que sacarte del camino, o ahora tendrías una enorme cortada en tu cabeza'

Yamato alzó las cejas ofendido, sí había sido muy inútil, pero tampoco era para que se lo restregara en la cara. Él no tenía su experiencia.

'Lamento si mi tiempo de reacción no fue el más rápido, pero tampoco estoy acostumbrado a lidiar con ese nivel de agresión'

'Lo cual explica porque no te necesito aquí. Es mejor que te vayas' dijo Mimi, abriendo la puerta de la entrada.

'No pienso dejarte sola, tu madre está loca y te podría lastimar' soltó el muchacho, cruzando los brazos.

Mimi cerró los ojos, y respiró hondo.

'Mi madre no está loca. Sólo está teniendo un día malo'

'Por favor…' soltó el muchacho negando con la cabeza, soltando un pequeño bufido 'porque supongo que es completamente normal que ataquen a uno a punta de botellazos en sus días malos, según tú'

Mimi no contestó, simplemente abrió más la puerta de la entrada.

'No voy a irme, Tachikawa' dijo el muchacho, alzando la voz.

'No necesito tu ayuda, Yamato. Pero, gracias'

Lo estaba botando claramente de su casa, y a pesar de que sus palabras no eran groseras, la seriedad con la que hablaba era sumamente tajante.

'No voy a irme, Tachikawa'

Mimi lo observó fijamente.

'¿Por qué?' preguntó.

'Porque si me voy no voy a poder dejar de pensar en ti' soltó el muchacho antes de analizar sus palabras, su lengua se enredó por unos segundos imposibilitándole continuar aquella línea con una mentira convincente, hasta que finalmente fue capaz de completar diciendo 'aquí, sola y sin nadie que te defienda. Me preocuparía. Soy demasiado caballero para permitir eso'

'No necesito que me defiendas, Yamato'

'Está bien, entonces hazlo por mí paz mental. Sólo así podré estar tranquilo. Si tu madre vuelve a atacarte y Taichi se entera que te deje sola va a asesinar, no, primero va a torturarme, y luego a asesinarme'

Los ojos de la muchacha brillaron más a la mera mención de su novio, parecía que él era su punto débil, y darse cuenta de eso definitivamente le había roto algo por dentro a Yamato Ishida.

Mimi cerró la puerta de la casa, y cruzó los brazos en su torso, abrazándose a sí misma.

'Yamato…' llamó con un hilo de voz. El rubio la observó en silencio 'Por favor… Por favor… Por favor… No le digas a Taichi lo que viste' suplicó.

Yamato alzó las cejas, observándola. Estaba suplicando completamente en serio, y aquello lo confundía aún más… ¿Por qué no se podía enterar Taichi? ¿Cuál era el problema de esta mujer? ¿Por qué tenía que haber tanto misterio con ella? ¿Por qué tenía dos vidas paralelas y dos caras paralelas? ¿Por qué?

'Taichi no tiene la menor idea de quién eres en verdad, ¿o sí?' preguntó él.

Mimi Tachikawa lo esquivó, alejándose de la puerta sin contestar, el rubio alargó la mano, tomándola por el brazo y deteniéndola, antes de que subiera por las escaleras.

'Me dijiste que estabas acostumbrada a las marcas… ¿Es a esto que te referías?' preguntó.

Mimi dio un único asentimiento, sin volverse hacia él.

'No le diré nada. Te lo prometo' dijo Yamato, después de unos minutos, soltando con cuidado el brazo de la castaña.

Mimi giró hacia él, enviándole una media sonrisa.

'Gracias, Yamato'

La muchacha caminó hasta el mueble de la sala y se sentó, cruzando las piernas en posición de Loto, y procedió a trenzar su cabello con aire aislado. En aquel instante, se veía como una niña que jugaba con los mechones marrones de su cabello como si se tratara de una muñeca, armando y desarmando su cabello con los dedos. El muchacho se sentó en el mismo sillón, manteniendo una distancia entre ellos y observándola de reojo. Se veía tan calmada que eso comenzaba a sacarlo de quicio a él, sin mencionar que el Réquiem de Mozart seguía sonando a más no poder y los violines le estaban afectando de una manera inesperada.

'Ahm… Tachikawa…' llamó después de unos minutos.

'¿Uhm?' preguntó simplemente ella.

'Tú… ¿Te encuentras bien? Digo… ¿No te duele? ¿No te sientes mal? ¿No necesitas… desahogarte?' preguntó, teniendo mucho cuidado en su elección de palabras.

'Estoy bien' contestó simplemente ella, girando el rostro hacia él, en una voz tan ensayada que parecía salida del dialogo de una película.

'Pero… tu madre…'

'Está borracha, ya se le pasará'

Yamato Ishida suspiró, sintiéndose frustrado. La claridad de los ojos chocolate de Mimi había desaparecido por completo, y el muro se había vuelto a evidenciar en ellos, lo cual significaba que la castaña había recuperado nuevamente el control de su fachada. Se sintió frustrado, necesitaba respuestas, y las necesitaba ahora, pero la muchacha que le devolvía la vista en aquel instante no era la que podría darle las respuestas que necesitaba tan desesperadamente.

Con un sentimiento derrotista, Yamato se dejó apoyar en el espaldar del mueble, sin dejar de observar a la muchacha, quien se rehusaba a mirar en su dirección, continuaba trenzando su cabello con aire despreocupado y risueño, respirando lenta y calmadamente, como si fuese una noche totalmente normal. Si estaba afectada en lo más mínimo por lo que había ocurrido, ciertamente él no podía verlo. El brillo había vuelto a sus ojos, el débil tez rosado había vuelto a sus antes pálidas mejillas, y su semblante se había relajado por completo. Así, sentada sobre el gran cojín blanco, vestida con sus pijamas rosadas, y jugando con su cabello, se parecía a las ilustraciones de las hadas que solían adornar los libros de Peter Pan. Se veía como una Tinkerbell castaña, aislada en su propio mundo de fantasía, donde él no era capaz de alcanzar.

Verla así, tan tranquila y pacífica, viéndose tan frágil como una flor en primavera, le costaba volver a imaginarla con la misma actitud que había presenciado meros minutos antes. No tenía sentido para él, no era capaz de comprender como alguien podía ser tan diferente dependiendo de sus circunstancias, aquel cambio radical la hacía parecer dos personas diferentes que convivían en el mismo cuerpo.

'¿Quién era la verdadera Mimi Tachikawa?' se preguntó, sin ser capaz de localizar la respuesta. Aunque algo dentro de él le dijo que la muchacha era ambas, y aquello, sólo sería combustible para el fuego de su obsesión.


ESPERO LES HAYA GUSTADO, ESPERO SUS COMENTARSOS A VER SI ME ANIMO A TERMINAR EL PROXIMO CAPITULO ESTE FIN DE SEMANA :D!