Capítulo 6
NOTA: He vueltooo... lamento el retraso, estoy ocupado de momento pero me di el tiempo de dejarles un regalito antes de volver a vernos mas tarde...en lo posible actualice el lunes o el martes... uno de esos dias... DEJANDO ESO DE LADO COMENZEMOS CON LA LECTURA...
Luffy se agitó el cabello mientras caminaba balbuceando maldiciones. Se acomodó el pantalón para ocultar su erección y abrió la puerta de golpe. Tragó saliva.
—Superintendente Rayleigh —lo saludó.
—Luffy.
El hombre entró sin previo aviso e inspeccionó el interior de la propiedad.
—Muy…hogareño.
Luffy notó el sarcasmo el aquel tono de voz. Llevaba ya demasiado tiempo sin un "hogar" .
— ¿Qué lo trae por aquí, señor? —le preguntó.
Rayleigh caminó en silencio hacia la sala. Luffy cerró la puerta con un suave portazo y lo siguió. Ambos hombres tomaron asiento, frente a frente, con las manos cruzadas. Su jefe suspiró, al tiempo que a la tensión era notable en su rostro.
—He venido por el caso —se arregló el nudo de la corbata, nervioso—. Verás, Luffy. Las cosas están así: hay un traidor en el equipo. El imbécil, sea quien sea, está ofreciendo información a quien se le venga en gana. Ofrece información, provee la clave a nuestra base de datos y cambia información archivada.
Luffy palideció. Eso sí era grave.
— ¿Saben quién es?
Su jefe negó lentamente con la cabeza.
—Demonios —se pasó la mano por el cabello—. Esto es….
—…una mierda, lo sé. Tenemos que encontrar a la imitación de policía de CSI.
Luffy soltó una risilla, pero la emoción no le llegó a los ojos. Estaba preocupado.
—Hemos decido advertirle a nuestros mejores agentes de campo, para que estén prevenidos —Luffy asintió una vez—. No puedes confiar en ninguna información que te ofrezcan hasta que esta pase por mis manos, ¿entendido?
—Sí, señor.
—Eres uno de los mejores agentes que tenemos: el mejor que he visto en mucho tiempo, de hecho. Entenderás por qué voy a pedirte que trabajes solo, sin ningún enlace de nuestro departamento.
Luffy frunció el ceño.
— ¿Ningún tipo de enlace, señor? ¿Y si necesitara de alguna información… ?
—…Tendrás que encontrar la manera de obtenerla por tu cuenta.
Incómodo, Luffy asintió.
—Bueno —su jefe se puso en pie. Él lo imitó—, debo irme. Recuerda lo que te dije: no intentes contactarte con ningún enlace del departamento hasta que encontremos al intento de poli.
—Entendido.
—Sé dónde está la salida, agente. Hasta la próxima.
Luffy se quedó de pie mientras observaba a su jefe marcharse. Al escuchar la puerta cerrarse, subió las escaleras con pies de plomo. Mierda, ¿Qué iba a hacer? Todo se estaba complicado y ahora debía trabajar solo, completamente. Sin enlaces, y sin ninguna información temiendo que no fuera cierta, todos los agentes de campo pasarían una temporada verdaderamente difícil. Sobre todo él, que cargaba con un caso que pesaba más que un huevo de oro.
Frustrado, abrió la puerta del despacho. Allí, mirándolo con tanta dulzura y pasión como jamás había creído verla mirarle, estaba su preciosa Nami. Le sonrió, toda una dulzura, y caminó hacia él para abrazarlo. Aquellos pequeños y frágiles brazos le proveyeron la fortaleza y una paz que había perdido tras la visita de su jefe. Sonriendo como un crío enamorado, envolvió a Nami para absorber el tímido calor que desprendía su cuerpo. La tensión del cuerpo desapareció automáticamente.
―Culpable ―susurró ella―. Escuché la conversación de la sala ―lo apretó con un poco más de fuerza―. ¿Cómo estás?
Luffy suspiró ¿Cómo era posible que simplemente escuchar su voz lo relajara de aquel modo?
―Más o menos ―inhaló su cabello―. Ahora estoy de maravilla.
―Luffy...
―Sh... ―rosó su cuello con la punta de la nariz―. Hueles tan bien ―le acarició el brazo―. Tienes una piel tan suave.
Nami jadeó.
―Luffy...
Él dejó un reguero de besos por el cuello, el hombro y subió hasta la mandíbula. La besó suave y mordisqueó sus labios.
―Sabes tan jodidamente bien.
Nami gimió y buscó su boca para besarlo ¿Acaso todo lo que le decía podría significar que la quería? ¿Qué la amaba? ¿O todo lo que le decía lo hacía porque quería acostarse con ella?
―Luffy...
¿Qué pasaría si se acostaba con ella y dejaba de interesarle?
«Te amo...»
― ¿Mmm? ―ronroneó en su boca, incapaz de separarse.
«Te amo...»
―Necesito...decirte algo...
«Te amo...»
― ¿Si...? ―la animó antes de besarla de nuevo.
«Te amo...»
―Luffy, te amo.
Él se separó de ella al instante, azorado. La miró ausente, ajeno. Sus ojos fijos en ella; su mente, lejos.
Nami vio cómo se giraba, evitándola. Y en ese instante lo supo. Él no la quería. Todo lo que él quería era acostarse con ella, nada más. Lo había jodido todo. Luffy no volvería a verla de la misma manera, hablarle de la misma manera. Y le dolía. Lo amaba, lo amaba desde aquel día hace ya tantos años cuando lo vio entrar tímido a la escuela. Aquel día cuando se le acercó para preguntarle si podía indicarle donde estaba su salón. Era sólo tres años menor que él, pero lo había amado. Verlo luego de tanto tiempo le despertó el amor. Lo había jodido todo.
―Lo siento.
Nami lo observó una última vez. Giró sobre sus talones y se encaminó hacia la habitación para buscar su móvil. Con el corazón en un puño, las lágrimas a punto de estallar y un dolor agudo en el corazón, marcó a prisa un número.
―Sitio de taxis Getaway, buenos días ―contestó una mujer con voz chillona.
―Necesito un taxi con urgencia.
― ¿Dirección?
Nami chilló de dolor y le tomó un minuto entero poder tragarse las lágrimas.
―Es en la calle C...
La chica calló al sentir como le arrebataban el teléfono. Sintió toda su virilidad pegada a ella, impregnándole su aroma tan seductor.
―Ella ya no lo necesita.
Y colgó. Dejó caer el móvil al suelo un segundo antes de que la tomara por la cintura, la girara hacia él y la apretaba contra su cuerpo mientras la besaba. Nami soltó un gemido mientras el efecto llegaba hasta su entrepierna. Luffy la sostuvo del trasero y la colocó sobre la cama. Hambriento, le acarició la pierna mientras la besaba.
― ¿Me amas, Nami?
Nami tragó saliva.
―Lo sie...
― ¿Me amas?
Ella cerró los ojos, luchando contra las lágrimas.
―Sí.
―Bien ―rozó su nariz contra la suya―, porque me estoy enamorando de ti.
Luffy contuvo el aliento cuando deslizó sus manos con suavidad por la carne expuesta de sus muslos. Sus labios rozaron su cuello, dejándole suaves mordiscos, sin detener los roces con las manos.
-Luffy…
La calló con un beso: uno lento, pero desesperado. La sostuvo de las caderas y la aferró a él. Nami gimió contra su boca, desesperada porque la tomase de una vez.
-Luffy -gimoteó su nombre-. Luffy...
-Sh... -mordisqueó su labio-. No hay que hablar.
-Es que -gimoteó de nuevo-. No sé...
- ¿No quieres? -ronroneó-. Sé que quieres. Tu cuerpo está gritando que te haga el amor.
Ella se sonrojó. Luffy le sonrió lascivo.
-Los dos nos deseamos -deslizó su mano hasta su sexo, dándole caricias en círculos por encima de la tela de la camisa. Nami mordió sus labios para no gritar-. Tu cuerpo me necesita y el mío a ti.
La pelirroja contuvo el aliento, excitada. Ningún hombre le había hablado así antes, tan...íntimo, primitivo, carnal. Lo deseaba. Lo amaba.
-Deja de pensar, Nami -ronronea.
-No lo hago.
-Tú y yo somos adultos, dos personas que se atraen desde hace muchos años.
Nami se removió bajo él, nerviosa. Luffy movió ingeniosamente sus dedos por sus piernas, subiéndole lentamente la camisa. Jadeó al notar que Nami no estaba usando ropa interior, sólo la camisa que él le había dado para dormir.
-Detente -susurró ella.
Se detuvo. Clavó sus ojos en los de ella, ahora pequeños por un sentimiento que desconocía.
- ¿Qué pasa? -le preguntó él.
Ella intentó quitárselo de encima, pero Luffy era muy pesado y ella muy pequeña. Se desplomó en la cama, rendida.
- ¿Qué pasa, Nami? -insistió él.
- ¿Por qué dijiste eso?
- ¿Decir qué?
-Que somos dos personas que se atraen desde hace muchos años.
-Porque es cierto.
-No, Luffy -intentó moverse, de nuevo en vano-. Tú no te sientes atraído por mí. Es...es sólo sexo. Tú...tú sólo quieres tener sexo conmigo.
Él frunció el ceño.
- ¿Por qué lo dices? -gruñó molesto.
Nami presionó sus manos contra el pecho de Luffy, logrando quitárselo de encima. Se puso de pie y comenzó a caminar en línea recta por la habitación. Volteó hacia él, con la mirada cansada.
-Yo estoy enamorada de ti desde que te conocí, Luffy -se pasó la mano por el pelo-. Me descubría pensándote a menudo ¿Y tú? -rió con amargura-. Tú te rodeabas de chicas guapas de tu curso. Yo...me sentía de la mierda. Siempre fui el juguetito de la escuela, tú el chico popular. Soñaba que algún día tú podrías fijarte en mí... -se giró de golpe para que no la viera llorar-. Era tan estúpida, por Dios.
Luffy se levantó de la cama, la tomó por la cintura y la arrinconó contra la pared. La tomó del culo y clavó su erección en su vientre.
-No tienes una jodida idea de cuando he deseado enterrarme en ti desde que te vi por primera vez -la besó con voracidad-. Eras tan...prohibida, casi una niña. Yo...yo tenía que irme.
Nami jadeó.
- ¿Por qué tenías que irte? -le preguntó suave.
Luffy sonrió malicioso.
- ¿Es que no me estás escuchando con atención? -deslizó los labios lentamente por su cuello-. Te Deseo. Siempre te he deseado. No quería robarte.
- ¿Robarme?
-Robarme a la niña, robar tu inocencia. No era algo que merecía: tu cuerpo unido al mío, tan sublime y cálido, era más de lo que yo podría merecer. Pero te sigo deseando. Eso no ha cambiado.
Nami gimió.
-Eso, nena -mordisqueó su cuello-. Déjame hacerte el amor.
-Si -musitó ella.
Luffy tiró con violencia de su camisa, desnudándola. Los pechos de Nami quedaron piel con piel contra su pecho, deslizándose suavemente por todo él. Se deleitó con calma y sin prisas de la piel desnuda de su trasero.
-Luffy...
La calló con un beso.
-Basta de hablar -Nami cerró los ojos y todo lo que oyó fue cuando él bajó su cremallera-. No, no. Ábrelos. Yo no voy a hacerte daño. Sólo voy a hacerte el amor, lentamente.
Abrió los ojos, temblorosa. Arqueó su cuerpo hacia él cuando la embistió de golpe. Los dos se quedaron totalmente inmóviles, respirando con dificultad.
- ¿Te hice daño? -preguntó él junto a su oreja.
Nada.
- ¿Nami?
Los pequeños brazos lo envolvieron con fuerza.
-Más -susurra ella.
Luffy suspira aliviado y, sosteniéndola de la cintura, empieza a moverse. Todo lo que puede escuchar es el sonido de sus carnes al unirse lenta y deliciosamente, la respiración entrecortada de ambos, el corazón latiéndole con desesperación y el golpeteo de su pulso.
-Luffy -se aferró más a él-. Oh, Luffy.
Él la sostuvo con fuerza de las caderas y la levantó, caminando de espaldas hasta caer en la cama. Observó a Nami fijamente a los ojos.
-Haz conmigo lo que quieras, nena -dice mientras le acaricia los muslos-. Hazme tú el amor. Hazlo como quieras, como te sientas cómoda. Yo no voy a lastimarte.
Se miraron fijamente por un largo rato: dos miradas suaves, pero urgidas de deseo. Nami deslizó sus manos lentamente por su pecho, apretó sus hombros y comenzó a moverse lentamente. Él apretó los dientes mientras le acariciaba los pechos con las manos. Ella cerró los ojos, disfrutando de las caricias. Su cuerpo comenzó a desplomarse sobre él, enloquecida de placer. El pelinegro pasó su lengua por los preciosos pezones rosados, expuestos totalmente para él. Nami gimoteó. Los músculos del vientre se le tensaron.
-No, nena -mordisqueó con suavidad el pezón-. Todavía no.
-No puedo -gimió-. No...oh...
La sostuvo de las caderas para embestirla con más fuerza, sin dejar de atender sus pechos. Chupó con fuerza el pecho derecho. La pelirroja gemía, loca de deseo.
-Luffy... -soltó un grito de placer-. Me voy a correr.
Luffy gruñó y la embistió con más fuerza: salvaje, primitivo, meramente carnal. El deseo lo enloquecía. Más...Quería más.
- ¡Luffy! -gritó su nombre cuando llegó al orgasmo.
Se desplomó sobre su pecho justo cuando Luffy gruñó, acompañándola en la deliciosa liberación. La cubrió con sus brazos, ambos jadeantes, y besó su boca con desesperación.
Los dos dieron un salto cuando la puerta se abrió de repente.
- ¡Aléjese de ella! -gritó un hombre.
Nami soltó un grito mientras intentaba cubrirse con las sábanas. Cuatro hombres en la habitación, armados, apuntaban hacia ellos.
- ¿Quién demonios les dijo que pueden hacer esto? -gruñó Luffy, cubriendo la desnudez de Nami.
El rubio a la cabeza hizo una mueca.
- ¿Luffy? -preguntó confundido.
-Sí, Coby, Luffy, pedazo de idiota.
Coby bajó el arma y ordenó a los demás que hiciesen lo mismo.
- ¿Se puede saber qué haces aquí? -gruñó Luffy.
-Recibimos una llamada -explicó el rubio-. Un sitio de taxis llamado Getaway recibió una llamada pidiendo un taxi, pero nos dijeron que la chica empezó a gritar y que un hombre interrumpió la llamada -se encogió de hombros-. Pensamos que era un caso de violencia doméstica, así que rastreamos la llamada.
- ¿Te parece que esto es un puto caso de violencia, maldita sea? -soltó una maldición-. Diles a tus idiotas que dejen de mirarla, con un carajo.
Nami se sonrojó y se ocultó mejor tras Luffy.
-Coby... -gruñó amenazante.
El rubio les hizo una seña y se marcharon.
-Eh, lo siento -se disculpó-. Sólo hacía mi trabajo.
-Me he dado cuenta -hizo una mueca-. ¿Algo más que quieras? ¿Agua, té, seguir viéndole las piernas a mi mujer?
-Luffy -gimoteó Nami, totalmente avergonzada.
-Es que sigue ahí parado -frunció el ceño-. ¿Y desde cuando eres rubio?
-Estaba infiltrado en un caso. Tuve que teñirme el cabello -se guardó el arma-. Ya me largo. Hoy estás insoportable.
-Estaba ocupado, como podrás notar.
Nami lo golpe en la espalda ¿Es que no podía dejar de decir esas cosas?
-Ya, como sea -Coby sonrió-. Te dejo para que puedas tirarte a tu novia con calma.
Coby se marchó. Luffy soltó un gruñido.
-Llevo años esperando para hacerte el amor, pero entonces viene Coby a arruinarlo todo.
Nami soltó una risita y le depositó un beso en el hombro.
-Aún tenemos tiempo -se sonrojó-. Bueno, creo...Eh, digo que...
Luffy sonrió y la apretó contra su cuerpo, incluso cuando ella estaba tras su espalda.
- ¿Segundo asalto? -preguntó juguetón.
-Segundo asalto, Luffy -musitó ella tímida.
La atrajo frente a él y la besó. El día iba a ser largo, lento y sensual.
Continuara…
