Sueños
La mascarada había continuado sin que nadie supiera que estaba pasándoles a dos de los asistentes.
De ese modo, Roderich había seguido hablando con aquellos a los que llamaba "Sus Majestades" acerca de un antiguo negocio que, si bien no salió del todo bien, permitió otorgarles bastos beneficios a ambas partes hasta ese momento.
-Se escapó hace relativamente poco, y tememos por la seguridad de nuestra pequeña sobrina.
-Sus padres viven muy lejos, y tal vez no puedan protegerla.
-No se preocupen, haré todo lo posible para capturarlo.
-Como si no hubieras cometido ya suficientes errores. Ya mandé a algunos de mis mejores agentes.
-¿Tienen nombre esos agentes?
-Klausz y Lukasiewicz.
-Espero que les vaya bien, no quiero que provoque más problemas de lo necesario.
-Esperemos...-El que debía ser el rey se alejó, siendo seguido por su esposa.
Observaron a esas parejas bailar y reír, contemplando toda esa hipocresía de esas parejitas que se complacían y luego se olvidarían a la mañana siguiente. Les pareció irónico que ellos siempre les hubieran acusado de no poseer ni corazón ni sentimientos cuando estaba claro que aquellas eran sus señas y esa clase de falsedades sus símbolos.
-Amelia, ¿quieres ver algo divertido?-Preguntó el hombre alto.
-Por supuesto, amorcito.
Él manejó esa realidad y de la que procedía para, por unos instantes, unirlas, deformándose la imagen del ojo. Tras unos segundos, volvió a separarlas, generando dolor de cabeza y confusión entre los asistentes.
Una nueva voz llegó hasta los oídos de la pareja Braginski-Jones. Al girarse vieron a su querida sobrina llevando un vestido azul largo muy elegante decorado con algunas rosas, seguramente de algún admirador.
-¡Nataliya, cariño!
-¡Tío Iván! ¡Tía Amelia! ¿Desde cuándo estáis aquí?
-Apenas unas horas, queríamos darte una sorpresa.
-Nos han dicho que eres de lo mejor en el teatro.
-Así es.
-Iván, ¿acaso no ves las flores? Deben ser de un admirador. -Amelia sonrió pícaramente, consiguiendo sonrojar a ambos.
-Se llama Ludwig y es de Alemania... Hemos quedado un par de veces...-Respondió Nataliya cohibida.-No sé si iba a venir aquí, es algo tímido y solitario. Seguramente esté en la biblioteca, y yo iba a irme allí hasta que os he visto.
-¿Y es muy fuerte tu "amigo'?
-Mucho, casi como el tío Iván.
Amelia e Iván se comunicaron telepáticamente. Tal vez si ella iba por ahí con alguien de constitución similar a Iván el demonio huiría al confundirlo con él. De todas formas, el rey había decidido ya cómo hacer acelerar a esos daimoni. Pero, para ello necesitaba hacerlo con la ayuda de su mujer y lo más rápido posible.
-Cariño, tenemos que irnos.
-¿No vais a bailar aunque sea un poco?
-Bueno. Pero sólo un baile, que tengo que descansar para ir a trabajar, ¿de acuerdo?-Podría ser el rey de los demonios pero, era incapaz de negar un capricho a la sobrina que había visto crecer.
Tomó a Nataliya de las manos e iniciaron un baile que pretendía ser poco ortodoxo porque lo disfrutaban como si fueran niños. Si bien las parejas no les prestaron atención sí hubo alguien que lo hizo y que huyó al único lugar en el que se sentía seguro además de su habitación: La biblioteca.
Con el semblante cabizbajo se dejó caer en una de las sillas, sintiendo frío, dolor y traición. Su mente rememoró el momento en que Nataliya estaba bailando y riendo con aquel desconocido, pensando en lo imbécil que había sido al enamorarse de una humana.
Una mujer que reconoció como Eloise Bonnefoy se acercó a él cantando algo en francés. La conocía principalmente por ser la jefa de Nataliya a la que había rechazado por ésta cuando se insinuó, lo que acabó con la no rechazada tirándole encima a su jefa el batido de la merienda de Grigori junto a un tirón de pelos; así que se extrañó al verla avanzar hacia él tan alegremente.
-Buenas tardes amigo mío.
-¿Amigo?
-Me has rechazado varias veces, eso cuenta como amigo.
-Creía que me tendría cierto rencor.
-Ni que fueras el último hombre del mundo. Tengo otros candidatos, algunos muy interesantes. Además, obsesionarse con alguien a quien no le gustas es algo un tanto insano, ¿no te parece?
-No sé... No he experimentado una obsesión con nadie...
-¿No te has enamorado nunca?-Preguntó Eloise con cierta pena.
-Desearía no haberlo hecho.
-¡Nunca digas eso! Piensa que el amor siempre que cierra una puerta abre una ventana. Tal vez Nataliya y tú no sois el uno para el otro, pero seguro que hay alguien más a quien le interesas. Mira, la bibliotecaria está haciéndote ojitos. Prueba.
Ludsig hizo caso a Eloise y se acercó a Emma. Seguía sin sentir nada muy profundo por la bibliotecaria, aunque considerase tierna su sonrisa tímida cuando la saludó.
-Hola, Emma.
-¡Ludwig! Te creía en la mascarada.
-Pasé unos minutos, pero no me pareció algo en lo que yo fuera a encajar.
-Tranquilo, nos pasa a todos. ¿Te gusta la cerveza? A pocas calles de aquí hay una cervecería, ¿qué te parecería ir luego...?
-Perdona, pero él ya tiene una cita.-Respondió otra voz femenina con tono enfadado.
Nataliya no parecía contenta en absoluto. ¿Quién se había creído esa tipa para intentar ligar con su novio? Se situó junto a él y le agarró del brazo sólo para demostrar que era su pareja y no de Emma. Eloise sacó una petaca llena con vino y dio un trago, sabiendo que iba a empezar un espectáculo digno de admirar: El espectáculo de los celos. Y estaba más que dispuesta a intervenir para animar esa lucha.
-¿Qué haces?-Preguntó Ludwig.
-Sólo le muestro a esta zorra que no debe intentar robar novios ajenos.
-Tu novio vino aquí a hablar conmigo.
Nataliya miró a Ludwig entre interrogante y furiosa. Él no tardó en responder:
-Fui al baile y te vi bailando muy feliz con un hombre muy alto. Pensé que no tenías mucho interés en mí y vine hasta aquí.
-Era mi tío Iván. Iván Braginski.
-Esa excusa es la más vieja del libro.
-No mucho mejor que "invitar a una cerveza".
Ludwig permaneció ajeno a esa pelea verbal y visualizó en la mente la fotografía de los padres de Nataliya, y efectivamente, ese hombre era muy similar a Katerina Braginskiya. Le debía una disculpa por haber desconfiado de ella.
-Todo el mundo sabemos lo que hacéis las actrices con vuestros admiradores.-Emma hizo un gesto muy significativo con los dedos. Eloise gritó que era verdad.
-Eso es como decir que todas las bibliotecarias vivís sin sexo y amargadas, lo que en tu caso es verdad.-Eloise ahora le dio la razón.
-Nataliya, basta.-Intervino él al fin.-Siento mucho haber desconfiado de ti, y siento mucho haber estado a punto de cometer una estupidez.
-¿Pero esta zorra te gusta o no?
-Emma es una chica muy agradable y muy guapa.-La aludida esbozó una sonrisa.-Pero no es ella la que me ha robado el corazón.-Apoyó la mano en la mejilla de Nataliya, mirándola a los ojos.
-Qué mono...-Susurró Eloise antes de dar otro trago.
-Vámonos.-Arlovskaya se lo llevó de allí cogida de la mano.
-¿Qué crees que van a hacer?-Preguntó Emma inocentemente.
-Follar, ma amie, follar.
Y mientras Ludwig iba a pasar una buena noche, Feliks creía que iba a tener la suya propia. Había decidido que, ante su brutal éxito en el ajedrez, podía hacer mejores apuestas, amasando una fortuna anormal.
-Bien, bien, Glik, compatriota, siento decirte esto pero chcę moje pieniądze (Traducción: Quiero mi dinero).
El tal Glik se marchó contrariado y mientras Feliks recogía el dinero observó a alguien con traje blanco pararse ante él.
-¿Qué nos apostamos, amigo?
-Tu contrato, drug (Traducción: Amigo).
Feliks alzó sus ojos, chocándose con los de Iván. Muchos daimoni se habrían asustado al oír salir ese tratamiento de los labios del jefe, pero, como a él no le asustaba lo que a la mayoría, se limitó a sonreírle extrañado.
-¿Acaso ocurre algo?
-Aún no lo habéis encontrado.
-¡No se preocupe! ¡Ludwig y yo estamos localizando a cualquier persona susceptible!
-¿Ludwig?
-Mi compañero, el chico ese tan alto, rubio que siempre lleva el pelo hacia atrás.
-¡Olvidé que ese era el nombre de Klausz! Oh, entonces no podré convencerle del mismo modo que a ti, mi sobrina se ha encaprichado de él.
-¿Cómo que de la misma forma que a mí?
-Sígueme, Lukasiewicz.
El daimoni siguió a su rey, por primera vez con miedo ante lo que pudiera hacer. Se encaminaron por distintos pasillos hasta encontrar una puerta pequeña y vieja oculta bajo el papel de pared. La energía de ese sitio era muy poderosa, lo que les permitió trasladarse a su mundo, tal como demostraba el abrigo negro largo de Feliks que componía su uniforme y que sólo allí era visible.
Iván esbozó una de sus sonrisas infantilonas y terroríficas mientras le señalaba una pared. Feliks se acercó encontrándose una realidad aún más distorsionada. Una voz de auxilio la deformó más aún, e incluso más cuando un joven que solía tener melena castaña y ojos claros se acercó suplicando ayuda.
-¡Toris!-Gritó Feliks mientras buscaba alguna falla en esa pared lisa.
-No puedes, drug.
-¿Qué es lo que quiere de mí?-Preguntó Feliks.
-Muy simple. ¿Recuerdas algo de tu vida pasada?
-Soy el único daimoni que recuerda parte de su vida anterior completa.
-¡Magnífico! Quiero que te concentres en toda la ira y miedo que pudieras sentir y generes un desequilibrio en las dimensiones. Con ello harás que ese demonio no pueda entrar a un nuevo cuerpo o salir de alguno si ya poseyó a alguien. Si ya poseyó a cualquiera y se queda encerrado no podrá usar todo su poder, y cuando quisiera matar a alguien no lo haría del todo bien.
-¿No se notaría en el pueblo?
-Los humanos normales sólo son sensibles por sí mismos a nuestro mundo cuando duermen. No creo que nadie vaya a dormir esta noche...
-¿Y si me niego?
-Toris no saldrá de allí.
La sola perspectiva de perder a Toris hizo que los ojos se le humedecieran, pero lo que le hizo llorar definitivamente fue recordar su muerte.
Nataliya recordaba haber entrado en su habitación acompañada de Ludwig después de haber estado una hora en la cafetería que tanto les gustaba a los dos por casi una hora y sin que les trajeran los pedidos. Pero ahora, estaba en un lugar radicalmente diferente.
Al abrir la puerta sintiendo el abrazo de su compañero encontró la más profunda oscuridad. Extrañada, pues la luz se suponía automática, encendió el interruptor. La oscuridad continuó en buena parte del desnudo cuarto, excepto en el centro, donde se intuían unas baldosas doradas y una retorcida escalera tan negra como la boca de un lobo.
-¿Sabes si ese café llevaba algo raro?-Ludwig no respondió a la pregunta, sino que se convirtió en una sombra gigantesca y voló por el eje de la escalera.
Nataliya volvió a acusar al café de esa ilusión mientras buscaba el tacto de Ludwig, pero no sintió más que vacío a su alrededor. Escuchó una voz femenina llamarla desde la escalera y cuando se asomó encontró a una mujer castaña con vestido verde.
-¿Qué está ocurriendo?
-Tranquila...-La mujer se acercó a ella y la empujó por la escalera.
Debería haber sido doloroso, pero pareció como si no hubiese caído. Al levantarse vio una escena muy rara. Un bebé lloraba desde su carrito y cuando la paleta de colores parecía volverse roja y negra, una sombra similar a la que se había transformado Ludwig emergió y se introdujo en ese roñoso carrito, incrementando el llanto.
-¡No!-Se asomó al carrito, hallando a esa sombra, que emergió y parció devorarla con horribles fauces.
No sintió Nataliya dolor alguno. Se encontró en un pasillo donde se celebraba una fiesta.
El que debía ser el jefe, un encapuchado, les pidió que fueran a la mesa, no sin antes apreciar las piezas que se habían cazado.
La turba obligó a Nataliya a moverse arrastrándola por muchos pasillos y riendo ante la imagen de niños asesinados y con aberturas en su cuerpo.
Ella quiso vomitar ante la imagen, pero antes siquiera de poder tener una arcada la llevaron hasta una mesa. La sentaron a la fuerza y miles de ojos esperaron a su posible reacción al servirle un corazón aún palpitante, presumiblemente de alguna de las víctimas exhibidas por ese banquete de psicópatas.
Efectivamente, vomitó a un lado, no sólo ante su plato sino al ver como comían los demás. Eso debió llamar la atención de los tres encapuchados principales, pues con un gesto convirtieron a los asistentes en esqueletos que formaron una muralla tras ellos. Se descubrieron como otros esqueletos al ver que ella seguía igual y se acercaron peligrosamente mientras la realidad se deformaba.
-Ven con nosotros...
-¡No!-Gritó Nataliya sintiendo una explosión de energía y despertando súbitamente.
-¿Estás bien?-Preguntó Ludwig con preocupación mientras regresaba con su pedido.
Nunca se habían movido de la cafetería. Nataliya se había quedado dormida ante la espera de sus pedidos y había tenido una pesadilla. Suspiró aliviada al saber que nada era real. Le explicó lo sucedido a su pareja, quien, con un mohín entre enfadado y asustado, le pidió volver al hotel, creyéndose ambos a salvo.
En el mundo gobernado por Iván, éste vio a Feliks Lukasiewicz caer sobre sus rodillas, exhausto. Se acercó a él cargado con un arma contundente que habría usado si el daimoni no se hubiera explicado:
-Evité que entrara en el cuerpo de una tal Nataliya Arlovskaya.
Iván pareció contento de verdad ante esa información. Feliks continuó más confiado:
-Pero, no sé si puedo evitar que vuelva a otro cuerpo, necesitaría un nuevo impulso... ¡No dañe a Toris! ¡Haga que recuerde algo más de mi vida anterior!
Iván apoyó su mano en la rubia cabellera, no tardando en escuchar gimoteos por parte de Feliks mientras repetía una y otra vez "Ludwig, ¿por qué me hiciste esto? ¿Cómo pudiste?".
Emma lloraba en un rincón del bosque. Una mujer llegó hasta ella y le tendió un pañuelo.
-Muchas gracias.
-Todas hemos llorado así alguna vez, amiga.
-Gracias de nuevo. Me llamo Emma.-Tendió la mano a la desconocida.
-Un placer, Emma. Yo soy Erzsébet.
