Capitulo 6. El falso lazo

Después de llegar a mi departamento esa misma noche, recibí una llamada del teléfono celular de Amanda, conteste rápidamente.
- Elizabeth, estoy en la casa de mis padres.
- Oh por Dios, Amanda, me alegra saber que estas bien.
- Sí, después de lo sucedido, me dejaron sola en plena calle, afortunadamente aun tenia mi dinero y documentos en mi cartera, tome un taxi y me vine a la casa de mis padres.
- ¿Tus… padres saben lo que sucedió?
- No, no lo saben, y si lo supieran, ya habrían abierto una investigación.
- Amanda… de verdad, me siento muy mal por lo que paso…
- No debes sentirte así, desde que acepte trabajar contigo, estaba expuesta a este tipo de peligro… quiero que sepas que seguiré estando a tu lado, nos veremos mañana jefa.
- No, tomate el día libre, no vengas mañana, estaré bien con los otros empleados de la casa.
- Gracias…

De todas formas esa noche no pude dormir bien, las pesadillas iban y venían, el miedo de saber que Moriarty estaba jugando con las personas más cercanas a mí era terrible. Por esa misma razón no tenia pareja, no tenía hijos… aun que siempre he soñado con que ese día llegaría, el día en que todo esto acabe, dejar de ser una fugitiva en todo el mundo… maldigo el día en que comencé con mi oficio de ser asesina.

A la mañana siguiente mi ama de casa me esperaba con un café bien cargado, me había comunicado de que Amanda había solicitado un desayuno bien reponedor… Amanda me conocía al pie de la letra. -Muchas gracias… es usted muy atenta.
- Cualquier cosa, no dude en hacer sonar la campana.
- Señorita Collins… el señor Holmes esta al teléfono - mi sirviente me había pasado el teléfono inalámbrico, pero antes de contestar le pregunte- ¿Qué Holmes?
- Sherlock Holmes señorita.
- Sherlock…- conteste.
- Acaban de allanar Baker Street… están en busca del teléfono.
- ¿Están todos bien? ¿John?
- John ira a dejarte el teléfono celular… si los allanadores sabe que esta contigo, ira en tu búsqueda, pero ambos sabemos que era una excelente protectora, solo trata de no usar la misma caja fuerte.
- Señorita Collins… el señor, Holmes… Mycroft Holmes la esta esperando en la sala principal. - dijo de pronto el mismo sirviente que me había trido el teléfono.
- Adiós Sherlock… - no había más que hablar, ahora Mycroft estaba en mi casa, había olvidado que ayer acepte su propuesta de protección, me había preocupado más por la protección de Amanda.
- Dile que suba por favor, y dile a la sirvienta que traiga el té para el señor Holmes.
- Si señorita.
Tenia puesta una bata blanca de seda, aun no me tomaba las molestias de vestirme ni de ducharme, era muy temprano aun, sabia cuanto le gustaba a Mycroft aprovechar el día, tengo entendido que también duerme muy poco, la señora Holmes decía que era pésima costumbre de Mycroft acostarse tarde y levantarse temprano al día siguiente.
- Buenos días…-. Saludo Mycroft sacándome de mis profundos pensamientos.

Mycroft vestía perfectamente nuevamente, como me gustaba su estilo de vestir, era muy elegante, además de los conjunto que utilizaba, todo estaba estrictamente bien combinado. Su traje era de un color gris bien claro, llevaba una corbata azul con puntos blancos, junto con un pañuelo azul en el bolsillo exterior de su saco, encima llevaba un abrigo oscuro, la cual tenia pequeñas gotas de agua pero su abrigo no estaba mojado, Mycroft no andaba con su paraguas, eso quería decir que lo dejo abajo en la entrada, mire por la ventana, había dejado de llover hace casi media hora, Mycroft había estado en la calle por más tiempo, ¿A dónde abría ido?
- Buenos días - salude desde mi silla con una sonrisa. Me encontraba sentada en la cabecera de la mesa. - ¿deseas una taza de té?
- La acepto… - Aquella respuesta me inquieto bastante, tanto que me acomode nuevamente en mi propia silla, Mycroft tomo asiento a mi lado, ambos estábamos en una esquina de la mesa. Mycroft dejo un periódico que llevaba en sus manos frente a mí, era "the Sun"
- ¿Lees esa tontería?
- Me llamo la atención… - tomé el periódico y leí la portada "escándalo en el parlamento, millonario robo de parlamentarios"
- Si que tienes trabajo que hacer…
- Así es… - Mycroft tomo un pedazo de tarta de manzana que había en la mesa - es por eso que he venido temprano a ocupar de tu tiempo.
- Mycroft…- deje a un lado el periódico, mire la tarta de manzana que se había servido y sonreí levemente, la debilidad de su paladar, eran las cosas dulces.
- ¿Si?
Pero antes de seguir con la conversación una sirvienta entro con una taza vacía y varios servicios más. - gracias… - dijo Mycroft. - Sin leche por favor - le dijo a mi sirvienta.
- Sobre lo que paso anoche… fue algo que no pude controlar…
- ¿Así que ahora te ha dado por no controlar tus impulsos? Pero que descuidada eres Elizabeth.- la sirvienta termino de servirle a Mycroft y se retiro. Mycroft se sirvió un pesado de la tarta, mientras que yo bebí de mi café -…esta tarta esta exquisita - dijo terminando de comer un pedazo - podrías decirle tu sirvienta que me haga una tarta.
- No… - deje la taza de café y deje de sentír ese exquisito olor - … tu dieta se iría a la historia.
.- Por favor… he bajado siete kilos… ¿acaso no se notan?
- Si… y estas bien así, solo trata de dejar las cosas dulces.
- Juraría que había escuchado a mi madre por un momento.-dijo mirando su tarta nuevamente.
- Oh por Dios… - lleve mi mano a mi frente y me apoye en el respaldo de la silla - no puede ser cierto… - me había comparado con su madre.
- Te he traído un regalo - dijo cambiando de tema. Abrí nuevamente mis ojos y observe lo que sacó de su saco, era una pequeña cajita aterciopelada de color azul, el azul era el color que más me gustaba, además de que Mycroft andaba cargado de ese color.
Me incorpore en mi silla, tomé la cajita y la abrí, dentro de ella había un anillo de compromiso, tenia tres diamantes incrustados, el que estaba en el centro era el más grande, era hermoso- ¿Qué significa esto? - pregunte de la forma menos impactante.
- No quiero que pienses que soy un amante de las tradiciones, solo quiero que el mundo sepa que estas comprometida, podríamos decir que me gusta dejar en claro lo que… quizás… - dijo con rostro pensativo - …eres algo mío.
"Maldito bastardo" pensé.
- Me sorprende que pienses así Mycroft… - dije dejando en la mesa la cajita cerrada, luego mire a Mycroft - …esto me dice otra cosa…
- ¿Qué cosa? - pregunto confundido…- escúchame… - dejó a un lado su servicio - en estos momentos varios agentes de la CIA están alrededor de este departamento, no por ordenes mías, si no por una cosa legal, eres mi prometida, y deben protegerte, cualquier persona sospechosa, cualquier movimiento extraño será notificado a la CIA o a cualquier fuerza especial en este país, nadie será capas de entrar a esta casa, a no ser que pongan una bomba en la puerta.
- Me refería a otra cosa… - me apoye en la mesa y mire a Mycroft con mayor atención.
- Elizabeth… yo… no siento nada hacia tu persona… pero si puedo pensar que tal vez serías la mujer con quien podría llegar a convivir más tiempo que con otra mujer - Las palabras de Mycroft fueron realmente chocantes, si estaba hablando de amor, entonces pensaba que yo sí estaba enamorada de él - además… el cariño nunca ha sido una ventaja para mí, y creo que eso lo sabes perfectamente, mejor que yo al menos.
-…claro…- le dije casi en voz baja - me alegra saber que seas tan sincero.
- ¿Y cuando no lo he sido?
- Nunca… - respondí rápidamente. - tienes… un buen gusto para escoger anillos…
Mycroft no dijo ningún comentario, tan solo se dedico a comer su tarta de manzana.
- La Dominatrix… ¿Cómo murió?- recordé de pronto el tema con el teléfono de Irene Adler.
- …Eso me recuerda de que el caso esta abierto solo para Sherlock, él aun no lo sabe, de hecho él no sabe lo que estamos haciendo, en algún momento se va a enterar, pero espero que no sea pronto, si lo hace, sabrá lo que estamos tramando.
- ¿Por cuánto tiempo estaremos así Mycroft?
- El que sea necesario…¿sabias que Moriarty ya ha llegado a Sherlock? - luego de terminar con su pregunta, coloco otro trozo de tarta de manzana en su boca.
Tomé mi taza y bebí más de mi café - ¿Cómo?
- Moriarty se define como un delincuente consultor… y como Sherlock es un detective consultor, no encontró una mejor forma de poder relacionarse, eso demuestra que están hechos el uno para el otro.
Era obvio, todos los planes que Moriarty les vendía a sus delincuentes o a sus redes Sherlock era el único en este planeta que podía descifrarlos.
- Ya veo…
- Dime… Aparte del mensaje de texto que Moriarty te ha mandado, ¿has recibido alguna otra cosa?
- … no -trate de contestar no muy rápido, ya que esa era una de las cualidades de un mentiroso - … nada. -tome el ultimo sorbo de mi café y deje la taza a un lado. - cualquier cosa extraña, te lo haré saber… más bien, a la CIA.
- Excelente…- Mycroft bebió de su taza de té y tomo el periódico.
- Con permiso… me iré a vestir… - me levante de la silla y camine hacia el pasillo que me llevaría a mi habitación. Pero antes… - ah por cierto… no vayas acostumbrarte con esos besos Mycroft… no quiero hacerte ilusiones… - toque su hombro y luego camine hacia el pasillo, Mycroft no dijo nada, tan solo se quedó allí hasta que termino su desayuno.

Inicio del Flashback.

- Elizabeth… - escuche mi nombre a mis espaldas, era Mycroft, quien al parecer ya se había recuperado del susto. - ¿estas bien?
- Esa pregunta debería hacerla yo - me gire para verlo. Ambos estábamos en la cocina solos, los señores Holmes estaban buscando a Sherlock por todo el lugar, ya que aun no aparecía, debían hacerlo pronto, antes de que con esa ropa mojada le diera una hipotermia.
- ¿Nada sobre Sherlock? - pregunto su hermano.
- Nada… la señora Holmes me pidió que llamara a la policía si Sherlock no llega a casa dentro de media hora.
- Mi madre sabe donde encontrarlo, es algo obvio…- Mycroft tenia el cabello húmedo, ambos nos habíamos cambiado de ropa, la señora Holmes me había prestado ropa seca de su guardarropa, todo me quedaba más ancho, pero era bastante acogedor. La chimenea de la cocina estaba encendida, dentro de la casa habían unos 21 grados centígrados.
- No es algo obvio para mí… - Mycroft se sentó a mi lado- Sherlock es bastante extraño para sus cosas sabes…
- Sí… es la adolescencia…
- Había olvidado de que eras todo un adulto - dije en tono de broma.
- Claro que lo soy…
- Mycroft por favor… cada vez que vienes acá, terminas discutiendo con Sherlock, eso es muy maduro de tu parte.
- Eso es lo que hacen los hermanos, ¿no?
- No lo sé… con mi hermana nunca nos llevamos mal…
- Ustedes se llevan por muy pocos años.
- Y ustedes por más años, y por la misma razón deben de llevarse mejor.
- ¿Y quien dice eso? - pregunto inquieto
- Pues… yo… - Mycroft rió mientras observaba la mesa de la cocina, en el había un frasco de jugo en polvo, en donde podía disolverse con el agua y hacer jugo liquido.
- Nunca en mi niñez he probado esta cosa…- Mycroft tomo el frasco, no lo abrió, tan solo lo acerco más a el para observarlo.
- Siempre has sido un adulto Mycroft…- Mycroft me mira con un serio rostro, al parecer eso si le molesto - … o eso es lo que siempre dice tu hermano. - Mycroft no respondió, quedo mirando el frasco con ese polvo de color rojo.
- Y… ¿ya tienes alguna novia en Londres? - Nuevamente Mycroft me mira con seriedad, tampoco fue una pregunta correcta, pero quería saberlo.
- No tengo tiempo para chicas Elizabeth, mi trabajo me exige mucho.
- Claro… el cariño nunca fue una ventaja para ti, ¿verdad? - estaba segura de que Mycroft nunca en su vida ha tenido una relación con una chica.
- No, no es eso… - Mycroft tomo el frasco de jugo en polvo y comenzó a destaparlo. - Creo que aun no ha llegado la indicada… es todo. - Mycroft estaba siendo muy sincero conmigo en ese momento, nunca me había esperado que contestara semejante revelación.
- ¿Me permites? - le pregunte colocando mi mano sobre el frasco, Mycroft demoro unos segundo en reaccionar, finalmente me entrego el frasco, le quite la tapa y deje caer un poco de ese polvo rojo en una de mis manos. - ¿quieres probarlo? - Mycroft acerco uno de sus dedos al polvo que había esparcido en la palma de mi mano - no… - dije alejando el polvo de sus dedos… - así… - tome un poco del polvo rojo y lo esparcí por mis labios, se sentía ese sabor a frutilla, mis labios se habían puesto más rojos y atractivos. - ¿quieres probarlo ahora? - era su decisión, si quería besar a una chica, esa iba a ser su oportunidad, pero no se trataba de hacerle un favor a él, yo sentía algo por él y quería besarlo de una vez por todas. Mycroft me miro sorprendido y no aguanto dejar escapar una sonrisa, mientras que yo, solo quería tocas sus vírgenes labios.
- Esto debe ser una broma… - Sabía que inventaría cualquier cosa para escapar de mi deseo. Me acerque a él, coloque la mano que no tenia polvo y la puse en su mejilla, tratando de acercarlo más a mi rostro, Mycroft miro fijamente mis ojos y luego mis labios, su rostro estaba serio, sus pupilas estaban perfectamente dilatas, me acerque a él lo suficiente como para dejarle cinco centímetro, centímetros que el debía completar por voluntad propia.
Finalmente Mycroft beso mis labios, sus ojos estaban cerrados al igual que los míos, su boca agarro todo el sabor del polvo expuesto en mis labios, lo hizo una y otra vez, hasta dejarme sin nada. Ambos nos separamos por unos instantes, pero no pude dejar escarpar una risa explosiva al ver que sus labios estaban pintados de un color rojo. - ¿Qué? - pregunto. Tome un jarro de plata que había cerca, estaba reluciente.
- Deberías lavarte antes de que llegue alguien… -le sugerí mientras se veía en la plata pulida. Mycroft se levanto de la silla y camino al baño rápidamente mientras que yo, saboreaba el triunfo de haber tocado sus perfectos labios.

Fin del Flashback.

Termine de alistarme para este día, nuevamente entre al salón privado, Mycroft ya no estaba, pero había dejado mi regalo en la mesa, me acerque para verlo nuevamente, abrí la caja y allí estaba… el anillo que hizo que Mycroft Holmes fuera a la ciudad a comprar algo para mí, eso era lo que mi mente quería pensar, que es solo un regalo y no un falso lazo de amor. Lo saqué de su caja y lo observe mejor, me lo coloque sin ningún problema en el dedo anular, aleje mí mano para verlo mejor, se veía hermoso… luego pensé… "Si Mycroft Holmes conocía la medida de mi dedo, ¿sabrá al igual que Sherlock mis medidas?" eso era algo que quizás podría resolver en el futuro.
Tres golpes en la puerta bastaron para que dejara de pensar en Mycroft Holmes, era mi sirviente, quien me informaba que John Watson esperaba por mi en la entrada de la casa, en el salón principal - iré enseguida.

John venia a dejarme el teléfono de Irene Adler, como lo anticipo Sherlock hace una hora.
- John… - llamé su atención al verlo sentado en el amplio y cómodo sofá
- Elizabeth - John se puso de pie y me hizo entrega rápidamente del teléfono de Irene Adler, al final, había decidido aceptarlo.
- Prometo no guardarlo nuevamente en la caja fuerte, esta vez le será más difícil.
- Eso espero…
- Es cierto que… ¡¿Irene tenía otras copias de las fotografías? - observe el teléfono.
- No… Sherlock ha analizado muy bien el teléfono, contiene un no se que dentro, donde cualquiera que intente abrirlo, dejara escapar un acido que podría destruir el teléfono, además de que existen en él dos claves, una para destruir la información del teléfono y otra para desbloquearlo, así que lamentablemente no podremos sacarle a golpes la clave.
- Oh que lastima… cuantas ganas tenia de mostrarle mis dotes de boxeadora, aun que de todas formas, preferiría que las fotografías se destruyeran por completo, así nadie obtiene ni pan ni pedazo
- Pero… si fuese así, no tendríamos nada que entregarle a la jefa de Harry.
Pues claro que no, ya estaba fuera del caso, así que todo me valía un pepino - tienes razón, pero que rápido pensé - dije luego.- Quieres… ¿quedarte a beber una taza de té? - a mi me encantaba beber té, estábamos en Inglaterra, era algo que se bebía a diario.
- Claro… gracias, y por cierto, ten tu regalo de navidad.

John se marcho dentro de unas horas, nuestra larga charla había sido muy satisfactoria para mí, recordamos viejos momentos y hablamos de la gente que ya no estaba en nuestro mundo, fue bastante agradable, incluso quedamos en reunirnos nuevamente.

Ahora me encontraba en mi habitación, sentada en un cómodo sillón con un respaldo muy bajo, de esos típicos que muestran en las consultas de psicólogos. Mi cuerpo se relajo en él, mis ojos solo observaban el techo, mis manos se entrelazaron entre ellas, sentí algo extrañó en uno de mis dedos, era el anillo, mi mente se imagino el rostro de Mycroft, miré el anillo y aun así pensaba en Mycroft, deje escapar un suspiro y me pregunté - ¿estaré haciendo bien las cosas?
El sonido de mensajes de mi teléfono había vuelto a sonar, un escalofrío invadió mi cuerpo completamente, la ansiedad de querer mirar si ese mensaje correspondía a Moriarty o no, era insoportable, me levanté y recogí el teléfono que estaba en la mesa de noche, era el numero de Mycroft Holmes, el texto decía, "Aun hay cosas por hacer, espero verte dentro de una hora en el club - MH"
" Aun hay cosas por hacer" ¿se refería acaso a todo ese papeleo que había que hacer antes de casarnos?

Habían cuarenta minutos de trayecto para llegar al club de Diogenes que Mycroft tenía en Londres, de hecho creo que era el único club que había en el país… Mycroft era un hombre de costumbres, era completamente ingles, muy anticuado, era una lastima que solo aceptaban a hombres en el club, aun que, si iba a ser la señora Holmes, podría cambiar las cosas por aquí.

Un hombre vestido de sirviente me recibió en la entrada, sus zapatos estaba cubiertos por una bolsas celestes, esas que usaban pintores y cocineros para no manchar sus zapatos, ¿a caso estos eran para no ensuciar el piso?

El hombre se detuvo al final de un pasillo, en donde no había puerta alguna, apoyo sus manos en la pared y abrió una puerta secreta, me hizo un ademán para que siguiera, lo que parecía una habitación secreta se había convertido en una sala de estudio, en donde Mycroft esperaba apoyado en su escritorio con sus brazos cruzados. En la habitación no habían ventanas, había una gran lámpara colgando en el centro, también había una chimenea a un costado, quien proporcionaba luz y calor.
Estaba acostumbrada a decir siempre lo que pensaba cada vez que Mycroft hacia algo extraño o veía algo fuera de lo común, pero esta vez preferí estar en silencio, Mycroft me miro como si estuviese esperando a que dijera algo. Alce mis cejas en señal de respuesta.
- Aquí podemos hablar… - dijo Mycroft con una sonrisa burlona en su rostro.
Apreté mis labios y mire el resto del estudio - …lo sé, es solo que… - camine a un sofá, me senté delante de Mycroft y cruce mis piernas - …nada, prefiero guardarme mis comentarios.
- mmhh… Perfecto… - dijo mirando fugazmente mis piernas, eso hizo que lo mirara desafiante, pero luego recordé que tenía puesto el anillo que me había dado en la mañana - mis abogados tienen preparado… un especie de contrato, en donde certificara que nuestro matrimonio solo tendrá fines… personales - a su lado estaban dicho papeles, se acerco a mí y me los hizo entrega. mientras abría la carpeta Mycroft se sentó frente a mí en otro sofá.
- Me sentiría avergonzada si tuviera que pedirles a mis abogados que hicieran… este tipo de papeles…
- Nunca te sentirás así… ya que no los tienes, suerte para ellos… - contestó.
El texto tenía aproximadamente unas treinta hojas - ¿Puedo consultarlo con la almohada? - pregunté.
- No es necesario que lo leas, le hemos mandado una copia a tu asistenta para que pudiera leerlo, ninguno de los dos tendrá que darse las molestias… tenemos a nuestros empleadores para que hagan ese trabajo, ¿no? - seguí hojeando lo que parecía ser un corto libro, por ahora no había nada que me llamará la atención.
- Gracias… - respondí, de pronto leí "los vienes será separados" luego la frace "luego del matrimonio, convivirán juntos", "matrimonio civil", "protección las veinticuatro horas" lo ultimo me hizo reír, parecía anuncio de alarma para automóviles.
- Si… todo esto es un gran chiste, ¿no Elizabeth?
- Lo siento - dije aun con una sonrisa en mis labios - bien… mañana haré que lo envíen firmado… - Mycroft no dijo nada, tampoco se molesto en mover un músculo, tan solo me observaba y me escuchaba con atención. Deje la capeta a un lado y miré a Mycroft. - ¿has sabido algo sobre quienes son los que buscan el teléfono de Irene Adler?
- Ambos sabemos que el caso ya no es de tu incumbencia…
- Bueno entonces no tengo nada más que hacer aquí…
- Elizabeth… -dijo con lentitud.
- ¿Hay algo más que deba saber Mycroft? - le pregunté antes de levantarme del cómodo sofá.
- James Moriarty ha estado llamando mi atención últimamente…
Mycroft sabia como llamar mi atención, así que no moví ningún músculo.
- En el gobierno estamos trabajando en un delicado operativo sobre el terrorismo, el ultimo trataba de descifrar un plan anticipado de unos terroristas que quería hacer volar un avión sobre el parlamento - Mycroft se detuvo y respiro hondo - desafortunadamente… el plan fue cancelado, ya que alguien… ha descifrado ese código, un código que resulto ser el numero del vuelo, la hora y la cantidad de pasajeros que irían en ese avión.
- ¿Pasajeros?
- Queríamos simular el atentado… hacer la vista gorda sobre el plan que tenían estos terroristas… nuestra idea era, hacer volar un avión con pasajeros… fallecidos.
- ¿Sospechan o tienen alguna idea de quien podría tratarse? ¿Quién ha descifrado ese código?
- … Sherlock.
Ahora llegaba a entender como Moriarty podía tener tanto respeto entre los delincuentes en este mundo.
- Sherlock fue quien le entrego el código descifrado a una mujer… - prosiguió Mycroft - una mujer con quien hemos estado tratando hace varios meses.
- Irene Adler… - contesté - pero si esta…
- Muerta… sí, pero resulto toda una mentira, estaba siendo muy buscada, así que prefirió desaparecer.
Ahora tenía sentido, Mycroft nunca tuvo intenciones de ayudar a la familia real, tan solo quería crear una cuartada para hacer la investigación sobre ese teléfono. - …Mi hermano esta en peligro de ser arrestado por ser partícipe…
- Irene Adler trabaja para Moriarty… - dije interrumpiéndolo.
Mycroft dejo escapar un suspiro y prosiguió - …es por eso, que necesito ese teléfono ahora, junto con tu ayuda.
- Quieres que escolte el teléfono… nos encontraremos con Irene y negociaras con ella sobre lo que hay en ese teléfono.
- Si no es mucha molestia… - suspiro y dijo - solo Dios sabe que es lo que contiene ese teléfono.