Disclaimer: Los personajes aquí presentados, no me pertenecen, son propiedad de Nikelodeon y Craig Bartlett. Excepto claro, los creados por mí, para narrar la historia.

Bienvenidos a esta historia, es un poco diferente a lo que he escrito, espero que disfruten.

¡Mas allá del paraíso!

Capitulo 7: Explosiones!


Clareaba la mañana en San Lorenzo, cuando un rumor recorría las calles del coloquial pueblito, enclavado en la entrada de una selva caribeña. ¡El pirata y ladrón que azotaba la zona con sus canalladas, apodado "La sombra", había muerto! En todos los alrededores se escuchaba la noticia, la algarabía se oía a lo largo y ancho de la pequeña comunidad. Solo en una casa humilde, una mujer de cabello castaño y ojos verdes lloraba, al lado de ella estaban dos niñas, la mas pequeña lloraba, la mayor miraba hacia la ventana.

– ¡El se lo merecía, mamá! – Dice la niña de pelo castaño y ojos avellana.

– ¿Como puedes decir eso de tu padre, él te amaba! – Dice la bella mujer, quien definitivamente es extranjera por el aspecto y acento que tiene.

La niña de diez años la mira con tristeza. – ¡El era un delincuente!

– ¡¿Y crees que por eso merecía que lo asesinarán?! – Reclama la mujer, abrazando a la otra niña de 6 años que llora amargamente.

– ¡La gente dice que fue un accidente, el estaba demasiado cerca de su propia bomba, si alguien lo asesinó fue el mismo! – Exclama molesta.

– ¡El era tu padre, Régine, y esos malditos niños lo mataron, mataron a mi esposo!

– ¡¿Y que quieres que haga mamá, que los asesine!

La mujer eleva la mirada. – No… solo vengarte de ellos, hazlos sufrir.

Régine mira a su madre incrédula, pero la conoce ella jamas dice las cosas por decirlas.

– ¡Esta bien madre, si eso es lo que quieres, voy a vengar a Rafael Rodríguez, "la sombra" aunque me cueste mucho tiempo, encontrare el modo de vengarlo!

– ¡Gracias hija, yo se que te puedo confiar esta misión a ti, porque si tu no lo logras, tu hermana tendrá que hacerlo!

Régine mira a su hermana, pelo negro y ojos verdes como los de su madre. – ¡No Sophie no, yo lo haré madre!

– ¡Bien esta venganza va a ser lenta pero, tu los harás sufrir! ¿verdad?

– ¡Si madre, lo haré! ¡Es una promesa!


Helga caminaba por los pasillos de la escuela, buscando el lugar que Arnold le había mencionado. De pronto siente como la jalan y es arrastrada a un closet de escobas.

– ¿Que dem… – Una mano suave le cubre los labios y no puede decir mas.

– ¡Shhh! ¡Te van a oír! – Dice Arnold cerrando la puerta tras él. Ella lo mira un tanto asustada y él le sonríe para tranquilizarla. – ¡A esta hora no hay nadie por aquí, así que podemos estar un rato solos! – Baja la mano que oprimía la boca de ella.

– ¡Estas loco! ¿Que vamos a hacer si alguien nos ve?– Dice molesta.

– Nada que podemos hacer. – Dice abrazándola.

– ¿Arnold que es esto que estamos haciendo? – Preocupada pero disfrutando, la cercanía de su amado.

– ¡Se llama infidelidad! ¿Porque?

Helga pone cara de aburrimiento. – ¡Idiota! ¿Como que porque?

– ¡Helga tú y yo sabemos muy bien lo que estamos haciendo, no somos unos niños ya, y por ahora esta, es la única forma de estar juntos hasta que logremos, que Gerald te odie igual que antes! – Dice mirandola a los ojos.

– ¿El me odiaba? – Pregunta con tristeza.

– Bueno odiar, odiar, pues no. – Explaya Arnold recostando la cabeza en el hombro de ella y hundiendo su nariz en su cuello.

– ¿Entonces? – Replica ella empujándolo levemente para que la mire.

El suspira y deja salir las palabras. – A decir verdad, creo que siempre le gustaste, era algo extraño, el siempre me decía que le fastidiaba que me molestaras, pero esa forma en que peleaban, no se, del odio al amor… y para colmo, gracias a mi estupidez, él descubrió lo maravillosa que en realidad eres.

– ¡Pues haciendo esto, no me siento maravillosa! – Dice acariciando los cabellos de Arnold.

El se acerca mas a ella, la abraza, acerca su rostro al de ella y le acaricia los labios con los propios, los alientos se mezclan, es una sensación muy agradable, labio sobre labio, lengua contra lengua, pasión, amor, instintos, todo lo que tienen encerrado en su alma, el abrazo se hace mas cercano él, la aprieta contra su cuerpo, ella gime, y lo aparta.

– ¡Basta! ¡Esto esta yendo muy lejos! – Exclama ella amagando salir del pequeño espacio.

El no lo permite, la toma del brazo y la jala hacia él, la vuelve a abrazar, la besa mas apasionado aún y ella se derrite por completo, ambos experimentan sensaciones que no habían sentido nunca, de pronto el mundo podría estar rompíendose en dos mitades y ellos sienten que no les importaría, siempre que estuvieran juntos.

El oxigeno le hace falta a su cuerpo, así que se separan un poco, él la mira profundamente, ella parece tener un pregunta en los labios.

– ¡No es solo deseo, Helga! – Responde él antes que ella haga la pregunta. – ¡Te amo, y siempre te amare!

Ella suspira y traga saliva. – ¡Y yo a ti Arnold! Pero no dejo de sentirme mal por Gerald.

Arnold abraza a su rubio amor y le susurra en el oído. – ¡Estamos haciendo esto por él, no lo olvides!

Ella asiente y le acaricia la mejilla a Arnold. – ¡Ya me voy! – Dice suspirando.

– ¡Espera, voy a ver si no hay moros en la costa! – Dice él bromista, asomándose al exterior. – ¡Nada princesa puedes salir!

Helga sale y el le da un beso corto, antes de separar su mano de la de ella.

– ¡Adiós, mequetrefe!

– ¡Adiós, dama de rosa!

Helga ríe de buena gana con la respuesta y regresa hacia donde hay mas gente. Arnold sale del pequeño lugar y se recarga en la pared disfrutando aún el ultimo encuentro.

– ¿Lo disfrutaron? – Escucha una voz femenina tras él.

Arnold voltea y la mira de lado. – ¿Porque? ¿Se te antojo?

– Ni en tus sueños, bobo.

– ¡Ah, si, solo te gustan mis piernas! – Dice irónico, logrando que la chica se sonroje.

– ¡Me gustan mas las de Lorenzo, zopenco! – Dice Régine molesta, inspeccionando el lugar.

– ¡Sabes, ¿quisiera entender por que me ayudas?! – Replica él, recordando que ella le recomendó el sitio.

– ¡Ya te dije que tengo mis razones, ademas Helga y tú lucen bien juntos!

– ¡Eres una mujer muy rara Régine! ¿Por cierto puedo hacerte una pregunta?

Ella lo mira aburrida. – ¿Que?

– ¿Nos conocemos de alguna parte? Tu rostro me es familiar.

Régine lo ve con tristeza por un momento. – ¡Vivi en San Lorenzo, hasta poco después, de la muerte de mi padre, hace 5 años, yo te vi alguna vez antes de mudarme de ahí!

– ¿De verdad? ¿Porque no me lo habías dicho?

– No habías preguntado, idiota. – Dice burlona con las manos en la cintura.

– ¡Bueno entonces, supongo que podríamos ser amigos! – Dice extendíendole la mano.

Régine solo mira la mano de Arnold, por un momento y la estrecha. – ¿Porque no? De todos modos, no importara, cuando todo pase.

Arnold enarca una ceja al oír eso, pero luego Régine, simplemente le dice adiós y se dirige hacia otro lado.

– ¡Que rara es! – Dice rascándose la cabeza y yendo a su salón.


Gerald no puede dejar de pensar, en la placentera sensación que sintió al besar a Phoebe. Tampoco dejaba de pensar en que Helga, lo había dejado hacerlo, le molestaba creer que ella, había preferido que fuera él y no Arnold el que la besara.

– ¡Martin despierta! – Dice Helga mirándolo muy de cerca, parada junto a él.

– ¿Que? – Dice él con cara de fastidio.

– ¿Que tienes, te sientes bien? – Dice ella auténticamente preocupada.

– ¡No creo que te interese realmente si vivo o muero, querida! – Responde él enojado. – ¡Por ejemplo ahora! No te vi en todo el receso, y no me digas que andabas con las chicas, porque las vi y no estabas con ellas.

Helga se pone un poco nerviosa. – ¡Me sentí mal y fui a la enfermería, pero para colmo, la enfermera no estaba, así que solo me recosté un rato!

Gerald cambia un poco su actitud. – ¿Estas bien, no te sientes mal ahora? – Dice preocupado.

Ella se siente mal por preocuparlo, pero es necesario que él no sospeche nada, no aún.

– ¡No ya estoy mejor, creo que he estado esforzándome de mas! – Dice tranquilamente.

– ¡Ah menos mal! – Dice mas aliviado.

En ese momento entra Arnold, mirando desafiante a Gerald, este a su vez, siente una rara sensación, al mirar la reacción de Helga al verlo entrar, ya que ella desvío la mirada completamente hacia el piso, como temiendo que alguien descubriera un secreto.

– ¡No puedo creerlo Helga! – Replica Gerald levantándose de su asiento.

– ¿Que… que pasa? – Dice ella levantando levemente la mirada.

– ¡¿Estabas con él?! – Reclama molesto.

– ¿Que?

– ¡Conozco esas miraditas Helga, me ocultas algo, y es respecto a ese rubio desabrido! – Grita él, poniendo al resto del salón en alerta.

– ¡No se de que hablas! – Reclama Helga, pero sin poder sostener la mirada.

Gerald la toma por el brazo y le grita. – ¡¡¡¿Estabas con él, si o no?!!!

– ¡Gerald déjame, me lastimas! – Dice ella con una mueca de dolor.

Arnold se molesta por la forma en que Gerald trata a Helga.

– ¡¡¡Suéltala!!! – Dice dando un brinco hacia donde ellos están y tomando el hombro de Gerald.

– ¿Dime, estaba contigo verdad? – Muy enojado y jaloneando a la rubia.

– ¡Suéltala, no tienes derecho a lastimarla! – Dice Arnold preocupado por la integridad de Helga.

– ¡Ella es mi novia, entiendes, puedo hacer con ella lo que me plazca! – Espeta Gerald con furia, jalando mas fuerte a Helga.

Arnold no lo soporta mas, jamas había visto a Gerald actuar así, por lo que, sin mas le da un fuerte puñetazo para hacerlo reaccionar, haciéndolo caer hacia atrás ante la mirada de todos sus compañeros, incluidas Régine y Phoebe que estaban entrando al salón.

Continuara…

Okey aquí les di unas tremendas respuestas acerca de mis personajes, espero que este capitulo les encante, espero reviews, y por cierto gracias por los que me han dejado. Les prometo que voy a actualizar los otros, poco a poco, porque esta semana voy a andar un poco ocupada, para una de nuestras lectoras creo que su nombre es XOoO, que nos a preguntado donde encuentra, nuestros dibujos, le aviso, es Devianart, y busca en grupos, Hey Arnold, ahí encontraras los nuestros y también los de muchos amigos que dibujan fabuloso. Gracias por todos sus reviews. Los quiero, a todos, Hanako, sabes que te quiero mucho y gracias por ser mi amiga.

Atte. Rei Hikaru Chiba. Love Love Arnold y Helga.