Imperdonable

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7

La fragancia y el piano

Parte 3

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"Can I find you in your dark?
Can you find me in your heart?"

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Milo abrió la puerta de la habitación encontrándose con Shaina a quien no había visto en varios días y, siendo honestos, de quien no se acordaba hasta esa visita. No se la esperaba y le dio gusto verla ya que la consideraba una buena amiga no obstante se le veía algo alterada.

—Hola, que sorpresa. ¿Cómo has estado? —pregunto casual.

— ¿Cómo puedes preguntar eso tan alegre? —indico ella bastante molesta entrando en la habitación y cerrando la puerta de golpe.

— ¿Todo bien?

— ¡Milo, eres imposible! —se quitó la máscara y el joven observó que ella había llorado mucho antes de ir a verlo.

— ¿Qué te paso, quien te hizo daño? —Milo se recargó en la pared frente a la cama con los brazos cruzados esperando mantener una charla amigable con Shaina.

— ¿De verdad no lo sabes?

La joven lo miraba con resentimiento avanzando hacia el con paso lento y los puños cerrados, por un momento Milo pensó que querría atacarlo pero en ese instante ella rompió a llorar desconsoladamente sentándose en la cama.

—Milo… ¿qué hay entre tú y la diosa?

— ¿Por qué la pregunta? —El joven trataba de parecer casual ya que ella fue directo al grano sin darle ninguna pauta— Solo soy su Custodio —respondió seco.

—Sabes a lo que me refiero, los vimos el otro día en el camino al campo de las amazonas. ¡Estabas curando su pie!

— ¿Y eso que tiene de malo? Ella no llevaba zapatos para caminar por el empedrado y se torció el tobillo. Cuidarla es mi trabajo. ¿A qué viene tanta molestia por eso?

— ¿Recuerdas cuando nos conocimos? —Dijo ella de repente cambiando la conversación por completo dejando a Milo algo perplejo— ¿recuerdas cómo fueron esos momentos?

—Sí, ¿por qué la pregunta? —respondió extrañado.

—Pienso mucho en esos días y no logro entender por qué fue que cambiaste tanto. Antes eras tan detallista y, de repente, cambiaste y no doy con el por qué.

—No logras entender…

—No Milo, sé que ya pasaron muchos meses pero vine hasta acá para hablar contigo de eso. Desde que te pusieron en el puesto de custodio me ha sido casi imposible encontrarte y tengo miedo de qué ese trabajo te aleje de mí.

—Shaina creo que es un poco tarde para discutir esto —dijo Milo mirando a la ventana sin cambios en su expresión—, además no quisiera pensar que solo recuerdas lo que te conviene.

— ¿Cómo dices? —Pregunto molesta mirándolo con enojo — ¿A qué te refieres con eso?

— ¿De verdad quieres discutir este tema? —dijo él con toda calma.

—Si, por qué no entiendo a dónde quieres llegar con eso de que "solo recuerdo lo que me conviene".

—Bien. Seguramente no recuerdas todas las veces que fui a visitarte al campo de entrenamiento; si mal no recuerdo llegaba con flores y muy feliz de verte ¿recuerdas lo que me decías al verme?

—Al verte…

La mente de Shaina viajo al momento que menciono Milo. Era cierto, él solía llegar con un ramo de flores para verla y ella siempre era hosca y grosera con él.

— ¿Qué haces aquí? —Preguntaba molesta— No ves que me puedes meter en un problema si te ven.

—Solo venía a visitarte, tenía ganas de verte —respondió alegre entregándole las flores.

—Gracias pero no me gustan las flores —fue todo lo que dijo antes de darse la media vuelta y marcharse dejándolo con las flores en la mano—. No soy de las chicas que gustan de ese tipo de obsequios.

Así era siempre que él iba a verla. Shaina no recordaba esos momentos ya que ella solía decir que el escorpión la importunaba aunque le gustaba ese tipo de gesto en el fondo y en aquellos días Milo era persistente con ella, si no llegaba con flores llegaba con otro tipo de detalles como ir a verla a su cabaña, pedirle que lo acompañara a dar paseos a la luz de la luna, la ayudaba a subir o bajar escaleras.

Pero Shaina era grosera y cortante con él alegando que ella podía sola con todo y no necesitaba apoyo alguno. Milo admiraba esa fortaleza pero…

—Si mal no recuerdo —decía Milo en tono neutro y sin expresión alguna en el rostro— traté de acercarme a ti varias veces y de mil modos distintos pero siempre eras igual. Parecía que odiabas que te fuera a ver.

—Milo…

—Yo lo intenté Shaina, de verdad que intenté conquistarte y el resultado era el mismo: tú rechazo ante todo.

—No creí que había sido tan ruda. Solo te quise poner un par de obstáculos.

—Fuiste más que ruda, incluso la primera noche que pasamos juntos ocurrió porque tuve que rogarte ¿no lo recuerdas? Me costó convencerte y una vez que paso mencionaste a Seiya esa noche entre sueños.

— ¿A Seiya?

—Si —indico Milo—, esa noche me di cuenta de que eras así porque tu corazón le pertenecía a alguien más y no tuve más remedio que renunciar a ti. Te deje ir Shaina luego de meses de estar detrás de ti haciendo lo imposible para que me voltearás a ver.

Shaina miro a Milo con horror ya que las palabras de este eran contundentes y más o menos coincidía con el tiempo en que llevaba alejado de ella y solo viéndola cuando ella subía al octavo templo a visitarlo.

—Tu misma dijiste que era mejor que solo fuéramos amigos con derechos y yo acepté. Esa fue mi culpa ya que un tiempo pensé que cambiarías de opinión pero caímos en una zona de confort y era más fácil así hasta que el tiempo me hizo renunciar a ti y seguir adelante.

—Milo… —ella tenía lágrimas en los ojos y en ese momento trató de acercarse a él para abrazarlo y besarlo— yo siempre te he amado y ha sido mi culpa que no lo sepas ya que no lo supe expresar.

—Vaya pues… es una sorpresa saberlo —dijo él haciéndose a un lado porque no deseaba abrazarla o besarla— tanto tiempo después.

Saori iba camino al octavo templo ya que quería pasar algo de tiempo con Milo antes de subir a Starhill, la joven sabía que era mejor apartarse pero de verdad quería al caballero dorado y quería encontrar el modo de estar con él sin renunciar a nada: ni a su condición de diosa ni a él. Conforme llegaba al templo su corazón latía más y más rápido de felicidad no obstante también latía de miedo por ser descubierta.

Al llegar a la puerta de la habitación de Milo escuchó voces en el interior y sin poder resistir la curiosidad pego la oreja para saber con quién hablaba su custodio. Era la voz de una mujer que no reconoció al momento.

—Milo, es verdad lo que te digo pero no había podido confesártelo en todo este tiempo.

— ¿Y por qué lo dices hasta ahora? —el la miro sin entender a donde quería llegar— Han pasado meses Shaina, no me aleje de ti hace unos días como para que me digas esto de la nada.

—Ya no eres el de antes, no sabes lo que daría por recuperar al Milo de aquel entonces.

—Como dije solo recuerdas lo que te conviene haciéndome el malo en la historia. ¿Qué hay de tu comportamiento?

El no dijo nada más y solo espero a que ella continuara o se marchara. No había necesidad de caer en el juego ya que era indispensable mantener el secreto.

— ¿Hay alguien más en tu corazón, cierto? —Inquirió ella con dolor en su voz pero Milo continuo sin decir palabra alguna— Puedo darme cuenta de que estas interesado en alguien más ¿es por esa mujer verdad? ¡La diosa! —indico con furia.

—Vamos a calmarnos quieres —ahora Milo sonaba molesto— Su nombre es Saori y debes referirte a ella con respeto porque es tu Diosa y jefa.

— ¡Esa mujer…!

— ¡Ya fue suficiente Shaina! Si me disculpas tengo otros asuntos que atender. Buenas tardes —le señalo la puerta sin decir más.

—Milo…

Saori se alejó de la puerta con un nudo en la garganta ya que jamás se habría imaginado que entre la cobra y Milo hubo una historia que termino tan mal. Le dolía el pecho y se sentía muy mal por Shaina, escuchó los pasos de esta ir a la puerta y sin perder tiempo se ocultó en la columna más cercana, en ese momento la joven cobra salió de la habitación de Milo en medio de lágrimas y acto seguido él salió detrás de ella suspirando.

La diosa espero a que Shaina desapareciera escaleras abajo saliendo de su escondite parándose a un lado de Milo quien la miro con sorpresa pero feliz de verla.

—Hola —la tomo por la espalda y beso su frente.

— ¿Todo bien? Shaina se fue muy molesta —dijo con timidez.

—Sí, solo estábamos concluyendo con un asunto pendiente.

— ¿Tú fuiste su novio o algo así? —Pregunto algo triste— Perdona que pregunté, sus voces llegaron hasta afuera.

—Digamos que lo intenté pero nunca llego a pasar —respondió con toda honestidad ya que no tenía nada que ocultarle a Saori—, ella es muy diferente a mí y no nos entendimos o, al menos, no logré entenderla.

— ¿La quisiste o la amaste? —Saori lo miro con intensidad ya que aunque había escuchado que Milo no estaba interesado en la cobra necesitaba oírlo de sus labios.

—No Saori, no logré quererla siquiera. Ella se esforzó mucho por apartarme y termine por aceptarlo pero… ya tiene meses de esto. No sé porque vino a decírmelo ahora.

—Ya veo —se acercó a él puesto que no necesitaba oír más de esa historia y lo abrazo fuertemente— ¿Vamos a tu habitación?

—De acuerdo —respondió el joven sonriente mirando a ambos lados asegurándose de que no hubiera nadie cerca y entraron cerrando la puerta.

Milo la miro con intensidad tomando su rostro con ambas manos y la beso tiernamente como había deseado hacerlo desde hacía unos días. Saori sentía como el corazón estaba por estallarle mientras en su interior sentía una felicidad inexplicable. El joven aumento la intensidad del beso mientras ella lo rodeaba con sus brazos y ambos se quedaron un momento así.

—No logro seguirte el paso —dijo ella con timidez tratando de tomar aire.

—Está bien —dijo con picardía en la voz—, te daré tregua.

Ella lo beso tímidamente tratando de igualar el beso de Milo pero sin conseguirlo del todo y este la abrazo fuertemente pasando sus dedos por su largo y sedoso cabello para terminar mirándose con intensidad mientras se sentaban en la cama. Milo la abrazaba besando su mano y aunque estuvieran en la privacidad de su habitación sentados en la cama no era posible ir más allá, hasta ahí podían llegar; en parte porque ella era muy joven y el escorpión no quería que pensara que se aprovechaba de la situación y, por otro lado, porque el romper el sello de su castidad traería consecuencias terribles para ambos. Según sabía esa era la condición que Saori tenía para mantenerse como diosa, se decía desde tiempos ancestrales.

Estar abrazados disfrutando de la compañía uno del otro era más que suficiente. Milo sentía que la joven había tocado su alma aunque no pudieran intimar.

—Lamento que no podamos llegar más lejos —decía ella con tristeza—, yo quisiera que tú fueras el primero en…

—No te preocupes, así está bien —susurro en su oído mientras acariciaba su rostro.

— ¿Me prometes que no te buscaras otras mujeres?

—No lo haré, te lo prometo. Estoy dedicado a ti —dijo sonriendo besando su mano—. Tengo algo que mostrarte.

— ¿Qué es?

—Algo que querías ver desde el otro día. Una foto.

—Sí, muéstramela —respondió feliz.

Milo se levantó y fue a la cómoda de dónde sacó dos papeles del segundo cajón y el primero de ellos se lo dio a Saori quien la miro curiosa encontrándose con algo muy diferente a lo que esperaba ver en esa foto familiar que era de Milo. Sus otros caballeros de bronce conservaban una o dos fotos de sus familias y, en cada una de ellas, la joven veía familias felices y unidas. No obstante la foto que tenía en sus manos era muy diferente a las demás.

No parecía una foto familiar feliz sino una fría fotografía corporativa. La joven de inmediato supo que esa foto había salido del mundo en el que ella se crio: el padre estaba de pie detrás de su esposa quien estaba sentada en una silla que se veía muy costosa. En ambos lados del padre estaban los dos hermanos mayores de Milo; el primogénito a la derecha del padre y el segundo a su izquierda. A la derecha de la madre estaba el tercer hermano de pie y, sentado, a los pies de la madre estaba el más pequeño de los hermanos. Saori dedujo que ese sería Milo. Tanto los cuatro hijos, como el padre, usaban un traje y corbata. La esposa usaba un vestido que se veía fino así como llevaba el cabello recogido mostrando su joyería.

En ese momento la joven recordó que una vez Mu le narro brevemente que Milo había llegado al Santuario en condiciones misteriosas, nadie lo había visto desde su llegada. Solo se rumoraba que el aspirante del octavo templo estaba presente pero oculto recuperándose en las fuentes medicinales.

—Solo sabíamos que Milo había tenido un accidente muy fuerte en la cabeza pero nadie sabe qué le paso ya que nunca ha respondido esa pregunta —decía Mu en aquel entonces.

Sin embargo la diosa conocía el mundo de las familias acaudaladas quienes solían tener todo tipo de tragedias familiares por culpa de la codicia y, a juzgar por el misterio que envolvía la llegada de Milo al Santuario estaba segura de que el escorpión dorado fue víctima de una tragedia familiar siendo niño.

— ¿En qué piensas? —Milo veía como Saori observaba la foto con detenimiento y gran interés.

—Veo que tus hermanos y tu son idénticos. Como si tuvieras tres clones —ella observó ese detalle al momento: Milo y sus hermanos eran igualitos— ¿Tu eres el más pequeño de los cuatro, verdad?

—Si. Siempre me sentaban a los pies de mi madre cuando nos hacían esas fotos.

—Sabes algo —dijo ella cambiando el tema—, creo que el destino era que nos conociéramos de un modo u otro aun si no hubieras llegado al Santuario.

— ¿Por qué lo dices?

—El mundo de los empresarios es muy pequeño y casi todos nos conocemos. Veo que tu padre era empresario y, si hubieras seguido sus pasos, nos habríamos conocido en algún viaje de negocios.

— ¿Tú crees? —pregunto Milo muy sorprendido por esa conclusión.

—Si. Podría apostarlo. Mi abuelo también fue empresario y seguramente habríamos coincidido en algún punto de nuestras vidas indudablemente.

Milo no recordaba si su padre era empresario o no pero le gustaba la posibilidad de haberla conocido en cualquier circunstancia. Era el destino conocerla y amarla. La verdad, el haberla conocido en otras circunstancias hubiera sido lo mejor.

—Mira esta otra —el joven le paso la segunda foto que era más pequeña y solo los mostraba a él, a su hermano mayor y a su madre.

Saori miro maravillada esa foto tan distinta de las demás y en ella pudo comprobar lo que pensaba: que Milo venia de una familia acomodada ya que detrás de ellos se veía la gran casa donde vivían y el jardín tan bien cuidado. Milo tendría unos cinco o seis años en esa foto mientras que su hermano tendría unos siete u ocho. Saori miro a la madre del joven y vio en ella a una Señora de sociedad que llevaba joyería cara y un vestido casual pero que se veía costoso. En esa foto los tres se veían felices mientras Milo era abrazado por su madre y su hermano estaba de pie a un lado de ambos.

—Veo que tu mamá te quería mucho —dijo ella de repente mirándolo.

—Sí, era muy sobreprotectora.

— ¿Qué le ocurrió a tu familia?

—Mi madre murió cuando yo tendría como siete años y desconozco que fue de los demás.

— ¿No lo sabes? —pregunto extrañada.

—No —dijo sin más—. Cuando termine mi entrenamiento volví a mi casa a buscarlos ya que quería verlos una vez más y lo que encontré fue la casa con todos los muebles en su sitio pero llevaba desocupada varios años. Como que simplemente desaparecieron y estas dos fotos estaban en la habitación que compartía con mi hermano. No supe que pasó con los demás pero sí que mi madre había muerto.*

—Lo lamento… muchas gracias por compartirme este secreto. Supongo que el que ellos desaparecieran forma parte de las razones por las que nunca respondes preguntas. ¿Verdad?

—Si, en parte. No es algo de lo que me guste hablar y prefiero mantenerlo en privado pero si quieres saberlo…

—No, son tus secretos y lo respeto —dijo sonriente— pero si algún día quisieras saber su paradero, yo podría ayudarte ya que cuento con los medios para buscarlos.

—Gracias pero no es necesario. La verdad no me interesa saber dónde están mi padre o mis hermanos —respondió con toda naturalidad.

Saori le entregó las fotos viendo como él las miraba con cierto desdén confirmando que fue víctima de una tragedia familiar cuando niño y estaba resentido. Lo interesante era que Milo estaba consciente de que sus familiares aun vivían y ni así quería saber de ellos.

—Está anocheciendo —dijo Milo—, ¿vamos a Starhill?

—Vamos antes de que se nos adelante Kanon. No quiero que nos vea, prefiero pasar más tiempo a tu lado que tomando clases con él —dijo sonriente con tono juguetón.

Ambos salieron tomados de la mano mirándose tiernamente y compartiendo un largo beso antes de emprender el camino colina arriba.

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Shaina iba camino al campo de las amazonas más furiosa que nunca: Saori le había quitado al hombre que amaba. La joven no quería reconocer que la diosa había congeniado mejor con Milo y por eso se habían enamorado, simplemente veía que fue hecha a un lado y cambiada por otra mujer que no era mejor que ella. Tras dejar atrás el Santuario se internó por el camino del bosque buscando un árbol para derribarlo y sacar todo el rencor que sentía.

— ¿Por qué se enamoró de esa mujer? ¡No me importa que sea su custodio él es mío!

— ¿Por qué tan furiosa? —dijo una voz burlona en la lejanía.

La joven se detuvo en seco dando un respingo. Kanon iba detrás de ella y, por un momento, tuvo miedo de que la hubiera escuchado. Estaba furiosa con Milo pero no lo estaba tanto como para delatarlo. El corazón le latía con fuerza y no estaba preparada para lo que el gemelo tuviera que decirle.

—Te pregunté por qué estabas molesta.

—No es nada, solo cosas personales.

— ¿De verdad? —Dijo Kanon mordaz— Por un momento me pareció que mencionabas a Milo.

—Por supuesto que no, no tengo nada que ver con él —respondió contundente mirando a otro lado.

—Vaya, nos gusta mentir eh. Todos saben que estas tras los huesos del escorpión, dicen que pasas más tiempo en su templo que en tu entrenamiento, jovencita.

— ¡Claro que no, esas son mentiras!

—Por qué buscas a Milo, no pierdas el tiempo con eso —Kanon la miraba de modo que Shaina estaba poniéndose nerviosa—. Con una sola noche que pases conmigo te olvidarás por completo de ese sujeto.

— ¿Qué dices? ¡Eres un cerdo, aléjate de mí!

Shaina lo dejo ahí parado y corrió tan rápido como le dieron las piernas directo al campo de las amazonas con lágrimas en los ojos. Le aterraba la idea de que Kanon la hubiera escuchado, Milo fuera a tener un problema a causa de ella y las cosas que dijo enojada. No tenía modo de confirmar si Kanon la escuchó o no ya que, de no haberla oído, lo estaría delatando. En ese punto se detuvo llorando amargamente.

Kanon la vio alejarse con las palabras de la joven en la cabeza: el Custodio estaba enamorado de la diosa y lo tenía que confirmar antes de tomar medidas. Él sabía que la gente enojada solía decir la verdad y Shaina no estaba enfadada con Milo por nada; se sabía que era su amante y estaba interesada en él por lo que si Milo estaba enamorado de otra era entendible porque andaba furiosa refunfuñando por ahí.

La había seguido porque quería ligársela pero las cosas se tornaron un tanto diferentes tras escucharla gritar enojada.

—Milo, te matare si lo compruebo —pensó Kanon molesto camino a Starhill.

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Continuará…

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*Notas: La foto y la historia de Milo están narradas en otra historia llamada "Relato de una familia" que encontrarán aquí mismo en . Muchas gracias por leer.