I Hope That I Don't Fall In Love With You (Cuarta Parte).
Descuelgo mi teléfono y llamo a Lauren al número de Dyson para saber qué ha pasado con April. Necesito salir de dudas, porque si ella está en peligro debo hacer algo para impedir su muerte. «¿Cómo conseguiré impedir algo que no tengo ni idea si ocurrirá?». Pienso mientras escucho como el número de Dyson da señal, pero no responde.
«Sí no fue una amenaza hacia April, ¿de quién puede ser el alma que Odín ha pedido recolectar y quién morirá por mi culpa? ¡Oh, no!». Sin pensarlo mucho cuelgo la llamada al número de Dyson y marco otro numero que si me sé de memoria. Cada tono que emite el teléfono, es el equivalente a diez latidos de mi corazón. «Vamos, contesta». Después del quinto tono, escucho la voz de Kenzi y siento como el alivio vuelve a mi cuerpo, aunque sea de forma momentánea.
—Evs, ¿qué tal te sientes? Y por favor, no me digas que te estás emborrachando.
Suelto un nuevo suspiro, regodeándome en el alivio que me da al escuchar la voz de Kenzi fuerte y clara. Sonrío sin poder evitarlo, pero necesito saber si de verdad está bien.
— Tranquila, darling —contesto sin dejar de sonreír—. No estoy emborrachándome. ¿Dónde estás?
—Bien, porque no quiero más sustos —replica con su típico tono de regaño—. Entrando en mi casa. Bo está en plena crisis y tengo que ayudarla. Además, Hale ayer me pidió que hablemos sobre algo importante.
Por primera vez me alegro que la súcubo exista porque ahora es importante que ella proteja a Kenzi. Si Acacia se ocurre tocarla, estoy segura que la súcubo no tendrá compasión y yo tampoco.
—Ok, pero ¿estás bien? —vuelvo a preguntarle para comprobar que estoy en lo cierto.
—Sí, ¿por qué lo preguntas? —inquiere extrañada.
—Nada, solo estoy comprobando que estás bien.
Me doy la vuelta sobre mi silla y miro la ciudad que ahora está cubierta por la lluvia. Mi mente viaja hacia ese momento cuando April y yo nos conocimos en la puerta trasera del recinto donde se celebró la Fashion Week mientras yo me fumaba un cigarrillo. Llovía como ahora también lo hace.
—Tranquila, hablaré con Bo y después iré a tu casa —dice Kenzi, sacándome de mis pensamientos.
—Por supuesto. Ten cuidado, Kenz.
—Lo tendré. ¿Segura que estás bien? Suenas un poco rara —dice intentando buscar alguna respuesta a mi llamada tan intempestiva.
—Ahora lo estoy —respondo con la verdad, porque estoy aliviada al saber que no es Kenzi quien está en peligro de muerte—. Hablamos por la noche cuando llegue a casa.
—Sí, porque necesito que me cuentes todo sobre esa tal April que no parabas de llamar cuando estabas en coma resacosa —aduce con firmeza y consigue hacerme sonreír.
Mi sonrisa solo dura un segundo, porque sé que cuando le cuente todo a Kenzi ya April no podrá estar en mi vida ni en mis sueños.
—Ok —repongo zanjando el tema porque me duele—. Nos vemos en casa.
—Bye, Evs. Y recuerda; nada de alcohol o drogas, ¿entendido? Sino tendré que sacar mi lado violento contigo y no te va a gustar.
—Haré lo que pueda —respondo con sinceridad, porque ahora mismo lo que me apetece es beberme un trago doble de cualquier licor que encuentre.
—Vale. Evs, te dejo que voy a hablar con Bo.
—Suerte y paciencia, porque la vas a necesitar con ella.
Cuelgo la llamada con Kenzi y miro mi movil, pensando en quien puede ser esa persona a la cuál Acacia va a recolectar su alma y morirá por mi culpa. «¿Será Lauren?». No termino de formularme la pregunta cuando estoy volviendo a marcar el numero de Dyson, decidida a no parar hasta hablar con Lauren. Al tercer toque ella responde y comienza a contarme que el médico le recetó esas pastillas a April porque el diagnóstico es migrañas. Lauren no está muy convencida de que esa sea la verdadera causa de los dolores de cabeza de April, pero me promete que no se acercará a ella. Solo la observará hasta la noche, recordándome que hoy no podré dormir para evitar establecer el contacto con April. Ella se ofrece a hacerme compañía, pero mientras decido si aceptar su oferta, recuerdo que Kenzi está hablando con Bo y seguro la súcubo querrá arreglar las cosas con la doctora lo antes posible. Así que, mi respuesta es que no, pero le prometo que no dormiré.
«Vale, la doctora no puede ser esa persona que morirá porque está con Dyson y él la protegerá de Acacia, pero ¿quién demonios va a morir?». Le doy vueltas a todo lo que ha ocurrido hoy y pienso en Skyler. No tardo nada en llamarla para comprobar que está bien después de recibir la noticia de su padre. Hablamos unos minutos y para mi sorpresa, la joven súcubo cambiaformas no está sola. Helena, la musa telepáta que trabaja para mí, está en su casa haciéndole compañía y quizás algo más. Al saber esto, intento que la conversación con Skyler sea más rápida y me despido de ella justo antes de colgar.
«Genial, tampoco es Skyler. Helena está con ella y se protegerán mutuamente». Me llevo las manos a la cabeza haciendo un reencuentro de esas personas que me faltan por comprobar mientras masajeo mis sienes. Sasha y Tamsin no pueden ser porque son valkirias y las favoritas de Odín. Además, volverían a reencarnar. Bo tampoco porque cualquier cosa que le pase no será por mi culpa. Solo me queda Rainer. Sin titubear, cojo el teléfono y llamo a Dugal. La conversación es corta, pero concisa. Rainer no está en peligro y Dugal protegiéndolo mucho menos. Cuelgo la llamada, con la inquietante deducción de que todo esto fue mentira de Acacia para asustarme, pero lo lleva claro. No pienso acceder tan fácil a su petición y si es necesario hablaré con Odín para que ella no se lleve la gloria de ser la valkiria quién llevará el alma de la última Nord a Asgard.
Intentado rehuir de mis problemas, busco la solución perfecta para distraerme: mi trabajo. Siempre me ha servido para refugiarme de la realidad, haciendo cosas productivas y enfocando mis energías en algo que realmente merece la pena. Aún así, lo poco que quedaba de tarde lo paso entre reuniones, entrevistas y solucionando diversas disputas en los territorios de las Sombras.
Dos de los seis ancianos de las Sombras se apersonaron en mi despacho para conocer mi estado. La reunión no fue del otro mundo, pero si tuve que demostrar que mi comportamiento autodestructivo no se volvería a repetir. Hice esa promesa, pero sé que no seré capaz de cumplirla. Cuando me quiero dar cuenta, son casi las diez de la noche. Corinne, mi secretaria, se despidió de mí hace horas, pero apenas me inmuté en verla o responderle. Me he dejado la piel para ponerme al corriente de lo sucedido durante mis siete días de ausencia, pero he sido incapaz de dejar de pensar en April.
Me doy la vuelta aún sentada en mi silla, y observo como las luces de la ciudad parpadean ante mis ojos. La lluvia ha cesado por completo y ya solo quedan charcos por las calles. Intento poner mi mente en blanco, pero solo pienso en April, en lo que estará haciendo ahora y si de verdad está bien. Un largo bostezo se me escapa y me doy cuenta que estoy cansada, pero no puedo dormir.
Vuelvo a girar mi silla frotándome la cara con ambas manos para rehuir del sueño. Necesito mantenerme despierta hasta mañana, pero eso será complicado si me quedo en la oficina trabajando. Comienzo a apagar el ordenador, para después recoger los papeles que hay sobre mi mesa. Cuando veo mi móvil, me doy cuenta que tengo un mensaje de Kenzi y otro de Lauren. Al estar tan concentrada en lo que estaba haciendo, no me percaté de que ellas me habían escrito. Desbloqueo la pantalla de mi móvil y le respondo a Kenzi primero para decirle que no se preocupe, que se quede hablando con Hale todo el tiempo que haga falta y que puede volver a mi casa cuando quiera. Lauren a su vez me ha dicho que me espera para hacerme unos exámenes, pero sé que en realidad solo quiere comprobar que no voy a dormir. Le respondo que estoy en la oficina y que no iré a casa hasta dentro de un par de horas.
Guardo mi teléfono en el bolso para después ponerme a recoger lo poco que me falta. De repente, cuando apilo unos documentos, veo la revista que me enseñó Acacia y donde aparece Sasha con Elsa. Dejo los papeles dentro de una carpeta antes de recoger la revista para buscar en las páginas interiores la foto de la pequeña valkiria. Tiro mi cuerpo hacia atrás, apoyando mi espalda sobre el respaldo mientras encuentro las fotografías. «¿De verdad me has olvidado ya?». Pienso mientras observo el precioso rostro de Sasha que sonríe tímidamente a la cámara.
El remordimiento vuelve a hacerse presente mientras mis ojos deambulan entre las fotografías de Sasha con Elsa. No siento celos, pero si me hubieses gustado que las cosas entre la pequeña valkiria y yo hubiesen terminado de forma diferente. No sabéis lo importante que ella ha sido en mi vida y si April no existiera, si no la hubiese encontrado, jamás hubiera dudado en embarcarme en la locura de hacer a Sasha feliz toda su vida.
«Te echo de menos, Sasha». Pienso mientras veo directamente sus ojos verdes, aunque con leves trazos de azul en su iris. Quizás eso fue lo que me confundió, pero nunca no me arrepentiré de haber dejado que ella cambiara mi vida. Cierro la revista cuando noto como la melancolía comienza a invadirme. Sé que siempre tendré que luchar contra mis sentimientos por Sasha, pero ahora mismo solo me importa saber que ella es feliz. También necesito saber que April está bien, segura y protegida. «Cuanta ironía. Durante unas horas tuve la oportunidad de estar con alguna de las dos y ahora no puedo estar con ninguna».
Con ese pensamiento, dejo la revista sobre mi escritorio para acto seguido ponerme en pie. Recojo mi bolso y con la otra mano aliso las arrugas de mi vestido. Echo un último vistazo a la portada de la revista y con un suspiro largo me despido de la pequeña Valki. Camino hacia la puerta de mi despacho, pero antes de salir apago las luces. La penumbra se apodera inmediatamente de mi mirada y pienso si quizás también de mi vida. Las dos personas que por un breve instante fueron capaces de llenar todo mi mundo de luz, ahora solo van a ser parte de mis recuerdos.
Recordando a Sasha y pensando en April, camino hacia el ascensor. Mientras espero que abra sus puertas, le envió un mensaje a mi chofer para que tenga lista la limusina. Después leo la respuesta de Lauren a mi ultimo mensaje: «NO TE DUERMAS O IRÉ A DESPERTARTE DE LA PEOR MANERA POSIBLE». Leo en silencio, riéndome por lo bajo. «¿Quién iba a decir que la brillante doctora humana se preocuparía tanto por mí? Los Ash fueron subnormales al no apreciar a Lauren».
Pensando en como ahora Lauren puede gozar un poco de su propia libertad, entro en el ascensor. Le contesto que estoy despierta, pero que tardaré en llegar a casa. Mi intención es dar una vuelta por la ciudad para despejarme un poco, antes de pasar voluntariamente la noche en vela para no soñar con April. No tardo mucho en llegar a mi limusina y le indicó a mi chofer que me lleve a dar un par de vueltas por la ciudad, que no quiero volver aún a casa.
Me dedico a ver por la ventana cuando la limusina sale del parking. Mi día ha sido completo, he tenido que resolver el asunto de Rainer de la manera más inteligente posible. Quizás él piense que lo he traicionado, pero le salvé la vida. Ahora los ancianos no desean hacerle pagar las muertes de los Una Mens y por lo tanto Bo tampoco será juzgada por un crimen directo a la jerarquía de nuestra sociedad. Ahora tengo que velar por el bienestar de Bo al ser de las Sombras, pero seguro ella pensará que va por libre como siempre. «Ya se acostumbrará a obedecerme, porque ahora no puedo ni quiero matarla».
Skyler también me preocupa, quizás debería visitarla o tal vez dejarla con Helena que la ayudará mejor que yo. Le tengo mucho aprecio a la joven súcubo cambiaformas, algo que no me esperaba, pero al final gracias a Kenzi he conseguido mirar más allá de mis propias necesidades o mi egoísmo desmedido. «Ella jamás sabrá lo mucho que ha conseguido cambiar en mí». Es verdad, Kenzi fue la única capaz de ver más allá de la coraza que he tardado tantos años en construir y que me ha llevado a convertirme en la Morrigan.
Después apareció Sasha que entró en mi vida para destruir todos mis falsos principios, todos mis prejuicios y me quiso como nadie. Pero yo le hice daño, como siempre hago con todos los que confían en mí. «Ojalá algún día Sasha sepa perdonarme». Suspiro cansada, con la mirada perdida en mi pasado reciente, sintiendo como ya no poseo el control de mi vida o por lo menos no como antes. Estoy agobiada y no quiero seguir metida en la limusina. Necesito aire, respirar o me echaré a llorar como tanto odio hacerlo.
Llamo a mi chofer para que detenga la limusina. Apenas siento como se detiene, abro la puerta recogiendo mi bolso y salgo a la calle. El frío tibio del otoño me recibe mientras lleno de aire mis pulmones. No tengo frío, aunque tiemblo como una instintiva reacción a todo lo que estoy viviendo. Mis piernas se mueven solas y comienzo a caminar sin rumbo, sorteando a las personas que llenan las calles, escuchando el ruido de la ciudad que parece irse adormeciendo.
Es viernes por la noche y por la cantidad de transeúntes jóvenes que pasan por mi lado, me doy cuenta que me he bajado cerca del campos universitario. Las voces y risas de la gente que están en la calle esperando entrar a los diversos clubs, consiguen sacarme momentáneamente de mis pensamientos. Aún así, no puedo evitar recordar lo que me dijo Lauren sobre que April estudia en la universidad.
Continúo caminado, concentrada en los rostros de la gente que se cruzan por mi camino, en sentir el frío de la noche en mi rostro y cierta libertad al no ser reconocida por nadie. Por esos lados, los faes no suelen venir. Quizás alguno que se alimente de la alegría, pero no es algo habitual. El ruido de la música amortiguada que sale de los bares cuando alguien abre la puerta, me hace instintivamente recordar letras de las canciones que suenan en los diferentes interiores de esos locales.
Los minutos pasan, mientras yo sigo con ese ejercicio de memoria y reconociendo por lo menos unas doce canciones. Pero de repente, una canción consigue que mis pasos cesen. Echo un vistazo a la facha del bar de donde proviene esa canción tan triste como esperanzadora y leo: «Closing Time». El nombre del bar no puede ser más acertado dada la canción de Tom Waits: "Hold On"que suena en su interior. Sin ni siquiera llegar a planteármelo dos veces, me acerco a la entrada y uno de los guardias de seguridad me sonríe dejándome pasar.
El local no es muy Fashion, todo lo contrario. Es el típico bar con decoración de los setenta, bastante señorial y muy parecido al Dal por ser todo de madera. Varios chicos jóvenes abarrotan casi todo este lugar. El olor del alcohol se mezcla con el de la madera. Echo un vistazo a la barra y veo a varias camareras sirviendo cervezas, copas y chupitos. Me acerco a uno de los laterales de la barra para pedir un whisky doble, solo, con hielo y una cascara de limón. Algo que no tardo mucho en anunciar cuando una rubia chica detrás de la barra se acerca a mí.
Mientras espero, siento como varios hombres me observan fijamente. Cruzo mi mirada con algunos de ellos, me sonríen levantado sus copas en son de cortesía. Mi cara no puede ser más borde, porque lo que menos quiero esta noche es ligar con nadie. Veo a lo lejos como varios jóvenes juegan en las dos mesas de billar y otros a los dardos en un rincón del local. El lugar es ruidoso, pero puedo aún escuchar como la voz de Tom Waits es quien le da banda sonora a este sitio de blues, rock y jazz.
La chica deja ante mi el vaso con whisky tal y como lo pedí. En ese mismo momento saco mi monedero, pero la camarera me dice que ya está pagado por una chica que está al final de la barra, la cual señala. Aunque no es algo fuera de lo normal, porque estoy acostumbrada a ser invitada a muchas copas, insisto en pagar por mi copa y le hago un gesto a la chica que comienza a acercarse a mí para que se detenga. Dejo un billete de cincuenta dólares sobre la barra para que la camarera se cobre. También le digo en en veinte minutos pediré una copa exactamente igual, pero que esta vez no permita que nadie pague por mí.
Recojo mi copa, vislumbrando un sitio apartado del bar donde puedo sentarme tranquilamente. Antes de irme, le indicó a la camarera que el sitio donde me sentaré para que después me lleve una nueva copa. Me dirijo a ese apartado lugar, dándole un sorbo a mi whisky y disfruto del sabor sin sentir náuseas como me ocurrió esta mañana en el Dal. Me siento en una de las dos sillas que hay, dejando primero mi vaso y después mi bolso sobre la mesilla que está enfrente a las sillas. Saco mi móvil para comprobar si Lauren o Kenzi me han escrito, pero no hay nada.
Soy capaz de darme cuenta que mi soledad llama la atención, pero evito hacer contacto visual con la gente para disfrutar de la música y de mi copa. Cruzo mis piernas, contemplando mi alrededor. Canturreo muy bajo las letras de las canciones de Tom Waits, reconociendo todas las que suenan por orden. Este lugar me gusta, no lo puedo negar. Aunque sea poco glamuroso, está bastante aceptable, sobre todo, por la música. «Es muy probable que ni la mitad de los presentes en este bar sepan quién canta las canciones que los hace moverse al ritmo de esa voz ronca y desgastada».
Continúo sumida en mis pensamientos, notando como cada vez menos personas se dan cuenta de mi presencia, algo que me gusta porque necesito estar sola y distraerme para no dormirme. El bar se ha llenado casi al completo. Un chico me ha pedido la silla que estaba enfrente a la mía y se la ha llevado. No me ha importando en absoluto, estoy a gusto bebiendo mi whisky que ya casi me he consumido todo. Mi mirada se pasea sin recato por todos los que están a mi alrededor, hasta que veo cerca de la barra a alguien que inmediatamente reconozco. «No puede ser».
Dejo mi vaso vacío sobre la mesa, mirando directamente como April sonríe ante las bromas que una chica le susurra al oído. Una llama de celos se enciende en mi interior, pero no puedo hacer nada. La camarera que me atendió antes, se acerca a mí dejando un nuevo vaso con whisky y menos mal que lo hace, porque April se gira hacia donde estoy quizás alentada por mi mirada fija en ella. Pero la camarera me tapa y ella no puede verme. Cuando la camarera se da la vuelta, intento muy disimuladamente, ocultarme detrás de las personas que están ante mí, lo suficiente para poder seguir viéndola.
De repente, la misma camarera que me ha atendido se acerca a April y la saluda como si la conociera. «Esto debe ser un producto de mi karma, multiplicado al infinito». Pienso mientras no puedo dejar de verla. Por lo menos, April está bien y quizás lo único que padece es de migrañas. Siento como el alivio comienza a recorrer mi cuerpo, porque no es April la persona a la cuál Acacia mencionó. Ahora que sé que April no está en peligro, debería levantarme e irme corriendo, pero algo me deja petrificada en mi silla. Observo como la misma chica que antes le susurraba al oído ahora pasa su mano por la espalda de April. Aprieto mis puños, conteniéndome como puedo porque April aparenta estar un poco incomoda. «Odín, me lo estás poniendo difícil y no hay derecho a tanto ensañamiento».
Le doy un largo trago a mi whisky, buscando la forma de contenerme. «Pero cómo demonios me voy a contener si esa buscona la está tocando». Respiro profundo después de sentir como el ardor del licor desciende por mi garganta. Veo como April vuelve a girarse hacia donde estoy, pero consigo ocultarme detrás de las personas que me sirven de escudo para no ser vista por ella. «¿Por qué tienes que ser tan guapa?».
Pienso mientras vuelvo a mirarla y también a la buscona que está con ella. Esa buscona es una mujer alta, de piel blanca y cabello moreno, largo hasta debajo de sus hombros. Lleva unos pantalones de cuero negro, junto con una camiseta de tirantes y con un estilo muy parecido al de la súcubo. Es delgada y, para mi desgracia, guapa como ella sola. Además, la muy zorra no se corta ni un pelo y cada oportunidad que tiene se acerca a April y la toca. «Deja de torturarte, Evony, y sal de aquí ahora». Ojalá pudiese hacer lo que pienso, pero estoy totalmente hipnotizada viendo a April.
Quizás no la vuelva a ver en mi vida y por eso soy incapaz de moverme. Durante varios minutos me dedico a mirarla de forma furtiva, observándola tomarse varios chupitos y reírle las gracias a la chica esa. Estoy al borde de la locura y antes de hacer una tontería, me termino el whisky que quedaba en mi vaso al segundo trago. De repente, veo como la buscona se separa de April, dejando antes un beso en su mejilla. «Ok, Evony, ya has tenido suficiente. Levántate y vete». Me grito internamente, pero no puedo.
Observo como ella se queda sola y busca algo en el bolsillo trasero de sus vaqueros, que parece ser su teléfono. Aprovecho estos segundos para mirarla sin reparos, admirando cada reacción o gesto que hace. No sabéis lo guapa que es April y la naturalidad de como su belleza es capaz de radiar sin que ella ni lo intente. De repente, mi movil comienza a vibrar. Lo busco en mi bolso y para mi sorpresa, es April quien me está llamando. Su numero me lo sé de memoria, aunque no lo he guardado en mis contactos para no caer en la tentación de llamarla. Miro la pantalla y después la veo a ella, intentando decidirme si cogerle. «¿Qué le digo? Hola, querida, te estoy viendo ahora mismo y lo llevo haciendo desde los últimos veinte minutos».
Ante ese pensamiento idiota, dejo que el movil continúe vibrando, pero no le contesto. Observo como sus labios se mueven y una ligera sonrisa aparece justo después de despegar el teléfono de su oreja. Mis labios imitan a los suyos y sonrío como una subnormal porque ahora creo que me acabo de enamorar de ella. El vibrar corto de mi móvil, me indica que April me ha dejado un mensaje de voz.
Levanto la mirada y veo como la buscona ha vuelto a su lado. Tenso la mandíbula mientras desbloqueo el movil para escuchar el mensaje que me dejó April. Llevo el teléfono a mi oído, observándola sin ni siquiera pestañear.
—Hola, Evony. Soy April, la chica que conociste durante la gala de la Fashion Week la semana pasada. Te prometí que te llamaría y suelo cumplir todas mis promesas. Llámame si te interesa que quedemos para tomarnos un café. Adiós, preciosa...
La miro alejarse un poco de la buscona cuando comienza a acariciar toda su espalda. Sus palabras siguen sonando en mis oídos y es cuando me doy cuenta que no podré tomarme ese café con ella, que no podré volver a verla. Y, aunque me he hecho a la idea de que nada sucederá entre nosotras, caer en cuenta de que es verdad es siempre un golpetazo brutal que lleva el sonido de un: se acabó.
Antes de seguir viendo como esa mujer toca a April y poco a poco ella va cediendo, decido que lo mejor es irme. No puedo hacer nada más que torturarme y por eso la miro una vez más, aprovechando que ella le está susurrando algo al oído a esa buscona, para caminar hacia la salida sin ser vista. Pero la camarera que estuvo atendiéndome si se da cuenta y se interpone en mi camino.
—Te he traído otra copa —dice señalándome el vaso con whisky—. Todavía te queda dinero del cambio.
—Me tengo que ir —contesto mirando como April se deja acariciar la cara por esa mujer que me provoca querer arrancarle la cabeza
—Oye —dice la camarera, sujetando mi brazo—, mi turno termina en diez minutos y si quieres puedo hacerte compañía.
Le sonrío, aunque de reojo veo como April ríe por los besos que le da esa mujer a su cuello. Cojo el vaso de whisky que tiene la camarera en su mano y me lo bebo de un trago.
—Mejor en otra ocasión, darling —replico relamiéndome los rastros de whisky que quedo en mis labios y viendo como April se besa con esa mujer—. Conserva el resto del cambio para ti.
No titubeo ni un instante más y me doy la vuelta para salir de ese sitio. Respiro profundo para no echarme a llorar mientras abro la puerta, aunque siento como todo me duele. No es un dolor físico, es algo más lacerante e insoportable, porque estoy dejando atrás, en los brazos de otra, a la mujer de quién me acabo de enamorar, pero «se acabó». Me repito a mí misma un par de veces, cuando estoy fuera del bar, resistiéndome a gritar con toda la rabia que siento ahora mismo.
Comienzo a caminar sin rumbo fijo, con mi teléfono sujetado a mi mano porque no sé si debería borrar su mensaje para no sentirme tentada a escucharlo una y otra vez. Mantengo mi mirada puesta en la nada, mientras recuerdo como esa mujer tocaba a April, como le susurraba a su oído, como besaba su cuello, como ella probaba sus labios y como ella tiene la suerte que yo no tengo. Sigo andando sin rumbo fijo, solo concentrándome en no hacer una locura y darme la vuelta para buscar a April, porque sé que ella está con esa mujer porque yo no le respondí la llamada. Lo sé porque sus gestos fueron diferentes antes de la llamada y después fue otra cosa muy diferente. De repente mi movil comienza a vibrar, tengo miedo de ver quien me llama, pero lo hago y me doy cuenta que es Kenzi.
Medito un segundo si contestar, pero al final lo voy a hacer porque seguro está preocupada por mí. Respiro profundo para no echarme a llorar cuando le cuente lo que acaba de pasarme y cuando estoy más serena llevo el móvil a mi oído.
—Kenzi, tranquila que ya voy para casa.
—Evony...
Su voz se rompe y escucho como contiene el llanto en su garganta. Me detengo al instante y siento como mi corazón empieza a latir violentamente en mi pecho.
—Kenz, ¿qué pasa? —inquiero casi gritando, pero en mi mente solo está la advertencia de Acacia—. ¿Estás bien? ¡Cálmate y háblame!
—Evony, ayúdame...
Mi corazón ya no late, directamente se rompe al escucharla desesperada suplicándome algo que estoy dispuesta a hacer sin dudar.
—Kenz, ¿dónde estás? —grito igual de agobiada—. ¿Qué ocurre?
—Hale a muerto —murmura sin voz—. Han matado a Hale...
Notas: tardaré un par de semanas en actualizar esta historia porque tengo que terminar de escribir el próximo capítulo de mi Fic: Ghosts That We Knew. Ojalá tuviese más tiempo para dedicarme a escribir y poder actualizar más seguido, pero no puedo. Por eso, agradezco enormemente vuestra paciencia conmigo.
Espero que os gustara este capítulo y si queréis hacerme llegar vuestras opiniones, aquí os espero. Os recuerdo que en mi perfil encontraréis mi direccion de twitter y para que me preguntes sobre cualquier duda o me deis todas las sugerencias que queráis. Sino, tampoco pasa nada, que os agradezco infinitamente vuestra paciencia.
¡Hasta la próxima semana!
