Capítulo 7

--Moni, te quiero…

Te quiero...

Las palabras reverberaban en su mente. ¿Por qué le había dicho esto a Mónica, su mejor amiga de los últimos tiempos¿Realmente la "quería", en el sentido en el que le había dicho esa frase?

Trató de quitarse el pensamiento de la cabeza. En aquel momento era más importante pensar en la pregunta que le había hecho el maestro en el examen que tenía frente a ella, en la paleta de la silla. "¿Cuáles son las 4 p's de la mercadotecnia, según Philip Kotler?"

Ésa era fácil, pensó Scarlett y a continuación escribió la respuesta.

"Precio, producto, plaza y promoción".

Esto lo habían visto en la clase anterior a ésta, Fundamentos de Mercadotecnia, y el examen iba a estar "super papa" si todas las preguntas eran como ésta.

"Según otros autores¿cuáles son las once p's de la Mkt?"

Puta... "Retiro lo pensado", pensó Scarlett al leer la siguiente pregunta del examen.

Tratando de abrirse paso entre las once dichosas p's, así como en diecisiete preguntas más que contenía el examen, trató de irles encontrando respuesta en medio de su turbada mente. Le había pedido a "Moni" que la ayudara con el examen, pero después de lo sucedido creyó que no era lo más conveniente pedírselo.

Podían pasar... cosas.

Así que mejor decidió estudiar sola y ahorita observaba con terror los resultados...

Y si a esto le agregamos que no podía concentrarse siquiera...

Apenada por su propia no erudición, decidió entregar el examen copmo estaba —eso sí, antes que todos— y salió del salón de clases.

Buscó la maquinita del café, le echó una moneda y tomó su mokaccino en cuanto salió, yendo a sentarse en la banca de afuera del salón a esperar a que salieran los demás.

Al poco tiempo salió Deyanira (esa chava morenita y bajita a la que le decían "La Monkiki" por su parecido con los monitos de esa serie de televisión) y se sentó a su lado.

—¿Cómo te fue? —le preguntó Deyanira.

—Más o menos, güey... —contestó, sin atreverse a decirle más—. ¿Y a ti?

—Del nabo... No pude ni estudiar.

—¿Tienen mucho trabajo con Marta Maldonado?

Deyanira era "becaria" en el área de Relaciones Públicas de la Universidad, área que dirigía Marta Maldonado.

—Sí, no mames... La próxima semana es la semana de comunicación y tenemos un chingo de trabajo... Ayer me dormí a las tres de la mañana...

—¿Te llevas trabajo a tu casa?

—Sí, no inventes... si no entregaba hoy el trabajo me mata Marta...

—Es medio fierecilla¿verdad? —le preguntó Scarlett, mirando a Claudia Altamirano que acababa de salir del salón con su clásico gesto de desprecio por el mundo dibujado en el rostro.

—Ay, sí... yo pensaba que sólo era la fama...

Sonrió.

—¿Y te vas a quedar a trabajar aquí en la escuela?

Claudia Altamirano, en vez de unirse a ellas, se siguió de largo. Nunca se había destacado por su sociabilidad.

—La verdad no sé —respondió la "monkiki"—. Aquí en la Uni pagan bien, pero está bien competido... Está cañón quedarse...

—En todos lados, güey...

—Ah... —suspiró Deyanira acongojada—, sí, eso es cierto...

Ambas miraron cuando se abrió de nuevo la puerta del salón y salió esta vez Mónica, con un gesto inescrutable en su rostro.

Se acercó hacia ellas.

—¿Cómo te fue? —le preguntó Deyanira. Scarlett trató de guardar la compostura.

—De la shet—. Ésa era su forma de decir que le había ido mal.

—¿Y eso?

—Nada.. no podía concenctrarme...

Scarlett sintió un respingo.

—¿Y a ustedes?

—Igual... —concluyern las dos, y de pronto, Deyanira se puso de pie.

—Bueno, niñas, yo las dejo —se inclinó para besar la mejilla a Scarlett que seguía sentada y se dirigió después a Mónica, que permanecía de pie. —Tenemos un buen de trabajo.

—Oki, nos vamos... Que te sea leve...

—Gracias.

Y con esto, se retiró, dejándolas a solas.

Sin expresar nada, Mónica se sentó a su lado. Por fin, espetó, señalando con la mandíbula en dirección a donde había partido Deyanira:

—Está en las mismas¿verdad?

—¿Cómo?

—Sí, Deyanira. Que está en las mismas que tú, no sabe qué va a ser de su vida.

Scarlett notó que había dicho "tú" y no "nosotras", a pesar de que ella misma le había dicho que no tenía "ni puta idea" de qué iba a hacer con su vida.

Trató de no darle importancia.

—¿Cómo lo sabes?

—Está en todos. Se lo vi en la cara.

—Para no ser una niña muy expresiva, sabes muy bien interpretar los gestos de los demás...—le replicó Scarlett.

Mónica, sin comentar nada, miró su reloj y agregó:

—Voy al baño.

Y partió.

Scarlett permaneció sentada, viendo cómo iban saliendo uno a uno los chavos del salón y se iban sentando a un lado de ella en la banca, o iban formándose en grupitos en el espacio entre la banca y el salón.

Vio que uno de los chavos que salió casi de los primeros era Ulises, que se reunió de inmediato con su amigo Susunaga y ahora platicaban los dos en algún rincón.

Era raro que él —Ulises— hubiera metido aquella materia de Mercadotecnia integral, aún cuando era optativa. Seguro la había metido por los créditos —era de 12 créditos, cuando todas las demás materias tenían a lo sumo 8—.

Quién sabe.

Pero era otra cosa la que ocupaba su mente al ver a Ulises. Recordó aquel momento un tanto bochornoso en el que se le declaró en el centro de comunicación. O bueno, no ella directamente, sino a través de su amigo Moi.

Estaban en no sé qué clase de televisión y tenían una práctica en el estudio de TV. Ulises estaba en el estudio, le había tocado el rol de floor manager y ahí coordinaba todo el trabajo que hacían los camarógrafos y sus asistentes, al tiempo que cuidaba de lo que hicieran los locutores, la gente de escenografía y los curiosos, que platicaban en el fondo. En realidad todo el "personal" eran los mismos compañeros de su generación, a quienes les habían asignado, por esta clase, el rol de "camarógrafos", "asistentes", "locutores" o "público". A Ulises le había tocado el de "floor manager", y así por el estilo. La clase siguiente que tuvieran práctica en el estudio cambiarían los roles, y así a lo largo de todo el semestre, para que cada quien tuviera oportunidad de estar, al menos una vez, en cada uno de los diecisiete "puestos" que había.

Mientras tanto, a ella, Scarlett, le había tocado estar en el switcher, el aparatito con el que controlaban lo que aparecía en la pantalla, o lo que salía a cada momento "al aire" (en realidad, se grababa todo en un VHS, para que todos lo pudieran revisar en la semana y pudieran aprender de sus errores). Y su amigo Moi estaba como "jefe de cámaras", por lo que tenía que estar en constante contacto con el "floor manager", es decir, con Ulises, a través de unos radios.

Ambos, —Scarlett y Moi—, y otros más, estaban en el "master", una cabina situada en la parte superior del estudio, desde donde podían mirar, a través de un cristal, todo lo que sucedía abajo, en el "piso".

Había sido una clase agotadora, llevaban dos horas y media "transmitiendo en vivo" —es decir, actuando como lo estuvieran haciendo, sin poder repetir nada, ni tomándose un descanso— y ya el maestro había dado por terminada, por fin, la clase, por lo que cada quién se disponía a levantar sus cosas y subir al master para que éste les dijera los comentarios pertinentes.

La comunicación entre el master y el piso (es decir, entre Moi y Ulises), seguía abierta aunque en realidad ya no la estuvieran utilizando.

Scarlett le había dicho a Moi que Ulises le "fascinaba", que lo consideraba "guapísimo", aparte de "muy inteligente", pero nunc acreyó que Moi fuera capaz de decírselo a aquél, y menos de la manera en como se lo estaba diciendo en esos momentos a través del radio.

—Sí, Ulises... —decía Moi—. Tú le gustas mucho a Scarlett... dice que se masturba pensando en ti...

—¡Moi! —le gritó Scarlett arrancándola la diadema del radio de la cabeza. Todos voltearon a mirarla sobresaltados por su repentino grito —obviamente no habían escuchado lo que había motivado tal grito—. Queriendo ser tragada por la tierra y enterrar vivo a Moisés, tuvo que regresar al swticher a terminar de apagar los aparatos. El maestro dio la orden de que los demás subieran al master para decirles su calificación del día.

Empezaron a subir, acalorados —el estudio era un horno con todas aquellas luces— y ela sólo clamaba al cielo un inútil "que no suba Ulises, que no suba Ulises...", pero Dios no escuchó sus plegarias y Ulises terminó apareciendo por la escalera y se fue a recargar contra el cristal, cerca del maestro.

—Hoy no estuvieron muy mal que digamos...—Empezó a decir éste, aunque era a la última persona que deseaba escuchar Scarlett en ese momento.

Tuvo que ponerse de pie porque su banca la necesitaban en alguna parte y, sin saber ni cómo, de pronto se encontró de pie cerca de Ulises.

"Trágame Tierra..." pensaba para sí, cuando alguien le dijo a Ulises:

—¡Pero mira cómo vienes! —refiriéndose a su cabello, totalmente despeinado por la diadema con el radio que había traído puesta toda la clase. Con lo nerviosa que estaba, no se había dado cuenta del en efecto exótico peinado que traía Ulises en ese momento y, en un impulso totalmente inexplicable, salvó la distancia que los separaba diciendo:

—Yo te peino.

Y de inmediato llevó las manos a la cabeza despeinada, pero Ulises la rechazó con un movimiento del brazo.

Sin saber cómo tomar aquel gesto, sintió un súbito bajón de ánimo y se alejó unos cuantos pasos, terroríficamente inquieta.

¿La estaría rechazando, ahora que sabía la verdad de lo que ella sentía por él, aunque se lo hubieran comunicado de una manera tan burda como la que había usado Moi¿Sólo sería un gesto de conciencia de Ulises al saber que aparte de estar despeinado tenía que estar sudando y se le hacía poco educado que Scarlett la ayudara con su cabello sudoroso¿Habría sido que Ulises tomó aquellas palabras de Moi sólo como una broma —de muy mal gusto, por cierto—, y había decidido no darle demasiada importancia al asunto?

Sin embargo, la respuesta le llegaría más tarde, cuando en los días siguientes Ulises la evitara, aún cuando se le hubiera intentado acercar en diversas ocasiones de muy buena gana.

Eso, para ella, era señal suficiente de que la restaba rechazando. Cabía la posibilidad, desde luego, de que sólo estuviera nervioso —era un muchacho tímido— y ante una declaración como aquélla hubiera preferido alejarse, por miedo a quién sabe qué cosa trajera en su mente.

Pero al final, se convenció de que la había rechazado —la había bateado, como decían ellos—, sin más, y aunque dolida, decidió seguir su rumbo en la vida sin él.

Ya lo olvidaría.

A lo mejor y era cierto eso que decían por ahí de que Ulises era gay... simpre andaba sin despegarse de su adorado Susunaga...

De golpe, Mónica la sacó de su ensimismamiento.

—¿En qué piensas, güey?

Había regresado Mónica del baño y se había sentado a su lado. Los demás chavos habían terminado de salir del salón y ahora pasaban uno a uno para recibir su calificación.

Y Ulises seguía en aquél rincón platicando con Susunaga...

Scarlett suspiró.

—En nada... en todo y en nada. ¿Nos vamos?

—Pero hay que esperar a que te den tu calificación.

—Ah... de veras...

Se puso de pie, sacudiéndose el polvo de las piernas y dijo:

—Bueno... ahora me toca a mí.

Y, tratando de despejar sus pensamientos, partió hacia el baño, dejando a Mónica, con el cigarro que había encendido, sumergida ella misma en sus propios pensamientos...