¡Sasuke, ven a aquí, hermanito! —Su voz pequeña hablaba alegre, mientras sus manos tomaban, cuidadosas, los pétalos juntos de una rosa color melón. Justo minutos antes estaba ya podrida y despedazada, esparcida por la tierra del jardín, mientras sus raíces pisoteadas tenían aspecto de todo, menos de lo que realmente eran. Sus ojos veían eso que ahora se encontraba entre sus dedos, maravillados, emocionados, y esperaba que su hermano pequeño lo viera de la misma manera… Y así fue; una gran sonrisa se formó en su blanco rostro y sus pupilas se movían de un lado a otro, de su hermano, hacia aquella planta, y mientras le agradecía lo que había hecho por su flor favorita, caía una lluvia torrencial.

Sasuke entró al círculo trazado con sal, mientras las llamas trinas se movían frenéticas ante el viento pío de la noche, el cual estaba húmedo y, al tacto, frío. Estaban protegidos de la salvaje lluvia, pero no del viento, ni de la intensa luz de la madre luna esa noche.

Itachi enterró las raíces en la tierra húmeda y fértil, mientras ambos sonreían, cómplices en su propia felicidad. Cuando sus padres salían de casa por cosas de trabajo, madre los acogía en un manto cálido y puro, rebosante de luz, el cual los reconfortaba, sin importar el frío del viento, el que los purificaba. El athame estaba más cerca de ellos que la vela de la presencia, justo al frente del altar.

—Entonces dime, Sasuke. ¿Qué ocurre? He estado muy preocupado. —Le habló sereno. Dejó suavemente sobre el escritorio el rotulador que tenía entre sus dedos. El rostro que tenía su hermano pequeño, el que siempre podía descifrar, tenía el ceño fruncido y una extraña mueca sobre sus labios.

—Quiero saber qué nos hiciste. —Le dijo, y ahora Itachi frunció el ceño. No sabía de qué le hablaba.

— ¿A quiénes?

—A Naruto… y a mí. Me hiciste el hechizo con él, ¿cierto? ¿Por qué?

—No sé ni quién es él, Sasuke. —Ahora fue el rostro de Sasuke que se contrajo de pura confusión, y se levantó de la cama de su hermano lentamente.

—Pero tú… Él…

Itachi, quien no sabía si presionar algo a su hermano para que hablara, solamente dijo lo siguiente.

— ¿Qué pasó con él, Sasuke?

—No lo sé… Creo… —Se llenó de un aire dubitativo y luego habló. —Creo que me atrae más de la cuenta, pero él es mi amigo.

— ¿Te gusta? —Preguntó, más para sí mismo que para el propio Sasuke. Colocó sus manos desnudas sobre sus labios fruncidos. Algo había salido mal, se suponía que él había interrumpido el hechizo. Inmediatamente cerró los ojos, pensando que sería malo, muy malo que se hubiese completado; algo así había sentido dentro del círculo ese fin de semana, acaso… ¿sería cierto? Imploraba que así no fuera.

Sasuke no escuchó aquella pregunta de su hermano, perdiéndose en pensamientos vacilantes a la conversación, la cual dudó en retomar, pero lo hizo de igual forma.

—Últimamente ha habido sucesos que me preocupan, Itachi; temo que sea por mi culpa que hayan ocurrido. —Paró momentáneamente. Estiró y recogió los dedos de las manos un par de veces, mientras Itachi le escuchaba con los labios cerrados. —Primero, hace unos meses, yo sentí una presencia extraña desde que partimos del instituto al campamento; y justamente esa misma noche, Naruto y Neji fueron heridos por… lobos. Y ayer estaba tan… confundido por algunas cosas, que sentí algo parecido y lo ignoré. Naruto prácticamente murió en la madrugada, y sentí en su aura un profundo temor. ¡Era tan fuerte que me heló los huesos! —El hermano mayor se mantuvo en silencio, transmitiendo calma en cada respiro. Pensó en las similitudes de aquellas cosas con las que sentía él mismo, y sufrió un muy ligero pánico interno. —Lo que más he notado, es que la directora Tsunade se hace ver en los hechos como si estuviera acostumbrada.

—Creo que ya sé a lo que te refieres, Sasuke. Pero simplemente no podemos hacer algo al respecto, y lo sabes. No se nos permite siquiera utilizar la BOS fuera de casa; hemos quebrantado ya muchas reglas, y sospecho que tú las has roto más que yo. —Sólo suspiró, tratando de reducirle intensidad al asunto. Ya se encargaría él después, no metería a Sasuke en eso; fuera lo que fuera, se veía peligroso. —Ve a ver a tu amigo; yo pediré por él.

En segundos, la puerta de la habitación se cerró de golpe, y aquel, tan parecido a los semidioses, se perdió tras ella. Itachi volvió a retomar, incómodo y desconcentrado, la lectura para el ensayo de filosofía. Sus manos temblorosas habían dejado de tomar apuntes.

Baby, baby, baby. Oh, like…

Tenía los cascos puestos, su volumen en la música era treinta y seis del límite de cuarenta; mientras cantaba como si le estuvieran ahorcando, tenía sus bellos ojos marrones escondidos bajo sus párpados. ¡Vaya que Kiba conocía esa canción! ¿Y cómo no? Llevaba escuchando la misma canción por horas, y le agradecía a su novia china que le dejara en su maletín aquel Ipod repleto de las canciones de Justin Baby. ¡Simplemente le encantaba! Aunque no fuese muy masculino que digamos…

Siguió berreando su música, más alta, cada vez más alto. Sí, sí, qué divertido. Subía todo el volumen, cantaba, reía, mientras también elevaba su voz. Oh, sí, era la gloria. O eso creía. En milésimas de segundos calló. En su cuello soñó algo desagradable, como cuando se rompe por accidente una regla y el plástico se hace trizas, sólo que aquello que le hizo sonar el cuello así, lo hizo con esa intención, en la toda la extensión de la palabra.

Eh, qué tío más cutre. Habló aquel extraño que había entrado por la ventana de la habitación, tenía una voz soberbia y vasta, junto con una actitud bastante desafiante. Sus ojos era marrones, algo más claros que el chocolate, y su cabello era muy corto y rubio, además, el pañuelo que tenía en el uniforme decía que estaba en segundo año. Lo escucho gritar un poco más y lo termino matando, coño. ¿Qué clase de porquería es esa?

Ya vale, déjalo con sus gustos. No durará mucho de igual forma. Damian le acompañaba, su sonrisa era verdaderamente soberbia en aquel instante, aunque su mirada era algo aburrida. ¿Qué esperas, Christopher? Si no nos movemos rápido, Stephen te dejará afuera por haberte dejado la llave.

No te preocupes, él es el que está haciendo el trabajillo con el pijo de Dinamarca.Le habló con sencillez. Luego se sorprendió. ¡Le has echado huevos, ¿no? Mira que estabas en planta baja y has subido a aquí tan rápido.

Damian sólo rió y Christopher le acompañó. De el dedo índice derecho de Damian brotó una uña tan larga y fina que parecía en la punta, una aguja, luego tomó el cuello inerte del que cantaba antes tan alegremente y tatuó en su nuca un serial de números con su propia sangre. Algo bastante extraño, aunque también lo era el que estuviese en ese estado, así que haberlo nombrado ahora o antes, tendría la misma congruencia.

Tadá, ahora tienes fecha de vencimiento. ¿A que mola? Le dijo a Kiba aquel de cabello casi por los hombros. Y en una mirada cómplice, se fueron en el viento. Ahora, sí. Todo quedó en silencio.

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―Naruto. ―Le llamó. El reloj de la pared al frente de él marcaba las seis de la mañana. Llevaba al uniforme pulcramente, y llevaba también un broche dorado en el bolsillo de su saco, casi cubierto con el raro pañuelo blanco doblado y con una agradable fragancia, pero dejaba perfectamente a la vista una bonita estrella. Sus cuerdas vocales lentamente volvieron a llamarlo, cuidando hablarle suave, sintiéndose brisa. ―Despierta. ―Ordenó, y el mandato fue cumplido, haciéndose su voluntad. Los ojos ensoñados de Naruto cayeron en un misterioso atractivo, quedándose inmóviles al captar los destellos plateados del otro par de ojos.

Su paso era realmente calmado, manteniendo en cada pisada la elegancia de hacía unas horas. Aquel joven era el extraño culpable de Naruto acabara de salir del quirófano. "Lo siento"; dijo en voz monótona, pero expresando en sus palabras un dejo cálido y de arrepentimiento, sonido que se escuchó como un murmullo en tanto silencio. ―Puedes reconocerme, ¿no es así? ―Afirmó en calma, mientras que Naruto, expresándose por primera vez en ese momento, dijo un "Sí" que se escuchó a la perfección. Cerró los párpados por un segundo, repitiendo la respuesta en su mente, luego le dijo con un ligero toque de dureza. ―Pues, de tus labios jamás saldrá mi nombre y tu mente jamás revelará mi rostro. Tu sinceridad estará manipulada, diciendo que nada recuerdas y me servirás también de todos tus conocimientos y experiencias. ―Dicho esto, suspiró. Luego suavizó la voz. ―Y si estás de acuerdo, seré tu guía y compañero en lo que se avecina. Ahora, despiértate.

Los parpadeos de Naruto se hicieron presentes, suplicando un merecido descanso, y al abrir los párpados enteros, la sorpresa hizo acopio de él. Trató de pronunciar el nombre de aquel sujeto, pero no se le permitió, sus labios simplemente no tuvieron movimiento alguno. Naruto, unos segundos después, estaba desesperándose. El otro, al ver el vago intento, no dijo algo sobre eso. ―Tranquilízate. ―Le pidió, luego agregó cambiando de tema. ―Espera un día. ―Le dijo. ―Dame sólo un día y saldrás de aquí.

― ¿Eres… un monstruo? ―Preguntó en rubio, temblándole la mandíbula como si de frío se estuviese muriendo, la curiosidad le invadía y el miedo de qué sería de él.

― ¿Yo? Sí. Y a ti te falta demasiado poco. ―Le respondió con cierto tono censura en su voz, como si en realidad odiara mencionarlo, pero debía hacerlo. ―Te veré mañana. Descansa lo que puedas.

Naruto se quedó viendo fijamente a la figura del otro, sin objetar algo. Cuando ya, con los ojos acuosos, decidió parpadear, él ya no estaba en la habitación. Naruto vio con los párpados muy abiertos aquella aguja incrustada en su muñeca, sintiendo como aquel suero ardiente recorría sus venas, como el miedo que sentía. ¿Por qué, Dios? ¿Por qué a mí? Sin evitarlo, arcadas fuertes acudieron a su cuerpo y su espalda golpeó insonoramente al caer en la colcha.

Su mente estaba embriagada, y aunque le habían desintoxicado, juraba poder sentir en su legua el sabor dulce del trago que había tomado antes. Cayó inerte; frunció sus labios para no responder ante el miedo que sentía, tensó los músculos de sus brazos al tomar tan fuerte la sábana para no tiritar. Pero como cualquier humano, no pudo contra todo. Además, su cuerpo no respondía.

No podía moverse, llenose en ese instante de infinita desesperación. Sitió los restos de comida pasar rápidamente por su esófago y el escozor de los jugos gástricos en su garganta, mientras su cuerpo temblaba en incontrolables espasmos. El vómito emanaba de su boca cual fuente, bañando su rostro, sus orejas, el cuello y el pecho, mientras que el aire cada vez le hacía más falta. Se estaba ahogando. Golpeaba la palma de su mano contra la cama, mientras que los sonidos desesperados de su garganta se hacían oír. Su orina bañó el pantalón corto de algodón, mientras sus lágrimas nacían por su miedo e impotencia. Se sentía tan débil y pequeño; tan poco hombre…

Las enfermeras entraron corriendo a la habitación, y en pocos minutos terminaron con su sufrimiento. Levantaron su espalda, le hicieron tomar agua… y al final, le vieron con algo de pena, mientras le dejaban completamente desnudo para llevarle al baño y poder limpiarle, las otras se encargaban se cambiar las sábanas y la almohada de la cama. Naruto se tragó su vergüenza y dejó que le bañaran con agua tibia, mientras aún hipaba levemente. Esa estrella, la estrella en el pecho de aquel muchacho, definitivamente protagonizaría todas sus próximas pesadillas.

Kiba no se había enterado del accidente de Naruto, y cuando despertó en la mañana con un fuerte dolor en el cuello y sin saber algo de Naruto, supo que no todo iba como debería. Era sábado por la mañana, vio su reloj y marcaba las ocho y media, a esta hora, Naruto ya tendría que estar en su habitación para charlar de cosas. Se levantó de la cama mientras sentía un dolor de cabeza algo fuerte. En bostezos tomó sus pantuflas y estiró sus brazos, para luego salir de su habitación; luego cruzó el pequeño salón y tocó con los nudillos la puerta de Naruto.

― ¡Naruto, despierta! ―Gritó desde afuera, pero este no le contestaba. ― ¡Naruto! ―Kiba refunfuñó y abrió. Grande fue su sorpresa al ver que Naruto no estaba en su alcoba. Frunció el ceño entonces. ¿En dónde se habrá metido? Se preguntó, entró en pasos lentos y miró con insistencia cada parte de la habitación a la vista de sus ojos. La puerta del lavabo estaba abierta y no se oía nada proveniente de allí, así que salió extrañado de esa porción de tierra que no le correspondía. La única opción que le quedaba, era pensar que estaba con Sasuke.

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Sasuke se encontraba sopesando sobre su lecho. Sus dedos tanteaban con sus yemas las páginas del nuevo libro que estaba ojeando hacía ya un rato, esperando con algo de impaciencia que ya fuera la hora en que permitieran visitas en la enfermería. El chico había dormido poco, teniendo la esperanza de escuchar en algún espíritu la verdad que tanto esperaba. ¿Qué ocurre? Se preguntó. ¿Qué hace que mi hermano se sienta temeroso?

Sin embargo, no tenía sueño. Se sentía con energía; mal, pero con energía. Por segundos, sentía las imágenes de Naruto en una camilla, volarle por la cabeza; ese rastro de sangre nacido de sus oídos, aquellos ojos perdidos en lo que le rodeaba y aquella piel tan pálida como nunca se la había visto. Sin duda tenía miedo, él también lo sentía y tenía una gran sospecha de a qué se debían tales sucesos. Aquellos seres antinaturales seguro andaban cerca.

Tomó la botella de agua mineral a un lado de él, y bebió parte de su contenido poco a poco; luego de ello, sintió sus labios húmedos. Recostó su cabeza contra el cabezal de la cama, reviviendo en su mente aquellos minutos de besos suaves e imparables una y otra vez. Sí, sin duda le atraía esa faceta de Naruto, más le gustaba aquella parte protectora que siempre andaba al pendiente de él, de cómo se sentía. No le amaba, pero cuánto le apreciaba… Naruto no merecía lo que le estaba ocurriendo. De todas las personas que él conocía, Naruto era el menos merecedor de todo aquello.

Hacía una hora que se había dado un buen baño; se había vestido cómodo y se había cepillado algo su melena azulada. Se levantó de la cama por el lado derecho, dejando el libro y la botella de agua a su lado izquierdo, luego miró el reloj que su madre le había dado para colocarlo sobre el escritorio. ¡Perfecto! Ya era hora. Tenía que saber de una vez por todas qué era lo que pasaba con Naruto, así que, aún si su hermano se lo prohibía, le leería la mente; vería lo que él vio, sentiría lo que él sintió; ya lo había hecho antes, podía hacerlo de nuevo.

El joven pasó sus largos y finos dedos blancos por el picaporte, rodándolo con algo de lentitud y abrió la puerta de roble tallado para salir de su habitación. Atravesó aquella estar donde no llegaba la luz del día, entre los muebles oscuros y las lámparas de las paredes, para luego, cargando en el bolsillo izquierdo de su pantalón la llave dorada, abrir la puerta principal de su habitación e ir en dirección a la enfermería.

Naruto, Naruto… Su realmente estúpido amigo rubio. "¿Por qué estaría pasando?", se preguntó en un grito débil de su propia preocupación. Si era lo que él creía, dudaba que aquel tan acostumbrado a la tranquilidad normal de la vida pudiera soportar aquella sádica caza de esos seres nefastos y artificiales. Nunca había visto a Naruto llorar, pero se lo imaginaba con miedo, con rabia, y sentía ganas de hacerle huir. Hasta él tenía un miedo burdo hacia ellos; él, que sabe nada de ese tema, debería estarla pasando peor. Pero no, él no podía adelantarse a las cosas, y rogaba que todo fuera producto de una gran mala suerte que tenía Naruto.

Estaba frente a la habitación uno de la enfermería, había hablando ya con la enfermera con una voz ronca característica de él, y ella accedió a su petición sin ningún problema, "Las visitas…" —Dijo la uniformada. —"… se aceptan desde hace media hora".

Naruto se encontraba dormido; su pecho subía y bajaba suavemente, con una respiración pesada e inconstante, pero leve. Tenía una mascarilla de oxígeno sobre su rostro, y una bolsa de suero adornaba su lado derecho, mientras una venda cubría su cráneo en una circunferencia entera. Sasuke frunció el ceño al verle así, y mantubo su vista hacia el montón de aparatos, sintiendo como una agradable música los bellos sonidos de su corazón latir. Cuando lo vio al llegar le pasó la idea de que estubiera muerto, sintiéndose con el corazón pesado al imaginar algo como eso.

No pronunció alguna palabra, sólo se acercó lentamente hacia el cuerpo de Naruto, observándole, como si aquello lo recuperase. Se quedó al lado de su cuerpo por unos minutos, pasando estos como segundos, y luego de un suspiro posó su mano sobre la cabeza lastimada, cerrando los ojos. Sasuke sintió el cabello de Naruto acariciarlo entre sus dedos, sintiendo luego una escalofrío por su espalda. ¿¡Qué era lo que estaba viendo! Oscuridad, completa oscuridad. Miedo, impotencia, ira, tristeza, confusión, amor… Todo llegaba tan de golpe que no podía describirlo. Obviamente comenzó a dolerle la cabeza, pero no quería parar de ver. Las vistas de aquel chofer, la discoteca, la chica que se sentó al lado de Naruto, pero luego, después de un segundo todo quedó negro; no podía ver más de allí. Oh, pero claro que podía sentir. Sintió un fuerte dolor en sus rodillas y tuvo que apretar sus labios para evitar gritar; sentía la cabeza explotar y el dolor de un golpe final.

Sasuke retiró su mano de la cabeza de Naruto en un movimiento violento, como si hubiese puesto la palma en fuego. Respiró frenéticamente, permitiéndose observar todo de Naruto. Le invadieron inconfundibles ganas de llorar, pero no lo hizo, inclusive sus ojos permanecieron estóicos a aquella necesidad.

Los brazos de Naruto se movieron en ese instante, mientras un frío extraño inundaba la habitación entera; sus párpados comenzaron a abrirse lentamente, aún parecían dormidos, luego, al finalizar, dejaron paso al azul celeste de esos ojos fijos en Sasuke. Éste tampoco apartó la vista de Naruto, aunque realmente sabía que a éste no le agradaba aquel contacto. ¡Cuán equivocado estaba! Lo asiaba, lo necesitaba; aquellos oscuros ojos que le hacían olvidar todo en su mente. Llevó su mano derecha a su rostro, quitándo de él la mascarilla de oxígeno, y con sus labios entreabriertos pronunció.

—Sasuke… —Naruto quizá pudo dudar de su mente en ese entonces; pero sólo se concentró en ese momento en la imagen del chico.

—Hola, rubio. —Le saludó, usando el mismo tono de siempre, con la misma expresión de siempre. Lo cual le agradó a Naruto burdamente.

—Ni estando así dejas de molestarme. —Dijo, contestándole con una sonrisa cansada, prácticamente mordiéndose la lengua para no decir que quería que lo acompañara el tiempo que estubiera aquí; escondiendo también, su vergüenza y su falta de confianza.

Sasuke no dijo algo, quedándose estancado en su pensamiento. Naruto le miró extrañado y bostezó ligeramente, luego puso el mejor esfuerzo de su parte y se movió hacia a un lado de la cama, quedándo en peligro de caer. Sasuke afiló los ojos pensando en que Naruto estaba a punto de caerse y en un imperceptible movimiento se preparó n cualquier caso de que tuviera que sostenerle. Había sentido todo su dolor o menos en carne viva, no podía dejar que se esforzara demasiado, en el estado que se encontraba, que esos seres le mataran no les costaría un gran esfuerzo.

—Cuidado, idiota. ¿Para qué te mueves tanto? —Le inquirió.

—Para que te sientes, pareces zombi. —Le respondió, señalando lo obvio. Sasuke tomó asiento suavemente en la cama y Naruto se tomó la confianza de tomarle la mano más cercana, y aunque Sasuke no comentó al respecto, le apretó entre sus dedos un poco. Naruto por primera vez desde el accidente podía decir que se sentía algo aliviado. Sólo… desearía besarle. Pensó el de cabello chillón.

No se pronunció más palabras, el silencio a penas era roto por las máquinas instaldas en la habitación; era un silencio tan cómodo que hablar se hacía molesto. En cada tiempo entrelazaban cada dedo, rozaban cada vez más sus manos, sentíanse. Daba dolor ver el muro que construían ellos mismos, sólo a veces roto, tan pequeñas veces que no llegaban a los cinco dedos de las manos. En ese mismo momento fue uno de esos instantes.

Naruto dejó ser besado, y Sasuke sonreía al ver como los pitidos de la maquina se hacían cada vez más seguidos, aún más de los que cuando se tomaron de la mano. Sus labios, los labios de cada uno, temblaban de necesidad, de un fin encuentro; porque al contrario que sus dueños, no negaban querer ser del otro. Un ligero roze dio fin a ese beso, dando fin también a todos los pensamientos en sus mentes y a todas las palabras que pudieron haber salido. Naruto si estubiese en condiciones normales, hubiera escapado nuevamente, pero en esa ocasión no podía… y dudaba querer.

Así pasaron horas, hasta que la muchacha uniformada le dijo a Sasuke que era hora de que Naruto comiera, que mañana, quizá, podría ir de nuevo a verle. Uchiha salió sin rechistar, sólo pronunciando un pequeño gracias al cruzar la puerta, que la enfermera tomó como suyo, pero que en realidad iba dirigido a Naruto.

Pasado el tiempo, llegó el crepúsculo, que las paredes totalmente cubiernas no permitieron que Naruto pudiera disfrutar de los durmientes rayos del sol sobre su rostro, casi deseándoles buenas noches. El cansancio del joven se hacía palpable cada vez más, pero aún no podía mantenerse del todo tranquilo, aunque pasaron unas horas y cayó rendido en un intenso sueño. El respirador se le fue colocado de nuevo, solamente por precaución, y le cambiaron el suero un par de veces; pero eso era todo. A la media noche, una sombra entró veloz a la habitación, sin hacer algún ruido que delatara su presencia ante el durmiente.

Vaya, vaya. —Pensó. —Este es el chico de Dinamarca.

Las luces de la habitación estaban apagadas desde las nueve, y sin encenderlas, aquel intruso tomó asiento en una pequeña mesa que tenía un montón de medicamentos.

—Creo que se ha pasado un poco. —Susurró. —Bueno, el manda. Sabrá lo que hace.

Mantubo la vista fija en el cuerpo de Naruto por unos minutos, hasta que su respiración se volvió agitada de un momento a otro. Se hacercó hacia la cama y pasó su nariz cerca de su cuerpo desde la cabeza hasta la cintura. No es él. Pensó. Aquí ha venido un maldito hechicero.