Pues bueno, los capítulos se están haciendo más y más largos, respecto a eso pueden culpar (¿agradecer?) a Berelince que secunda las ideas raras que se me vienen a la cabeza, pueden encontrar su historia dentro mis favoritos y seguir su trabajo que, dicho sea de paso, es muy bueno.

Por otra parte, les agradezco a quienes dejan sus reviews, no dejen de hacerlo, pues me da una idea de lo que piensan sobre la historia.

Sin más por el momento, me tomo un momento para recordar que Tarzan, Frozen y sus personajes le pertenecen a sus respectivos autores

Parte VII

Nevaba, un escalofrío repentino recorrió la espalda de Jane cuando los copos de nieve aparecieron de la nada; sus pies desnudos, sintieron cómo el piso de madera se recubría con una gruesa capa de hielo; la asaltó una extraña sensación de haber experimentado lo mismo con Elsa muchas otras veces mucho tiempo atrás.

-Elsa, tranquilízate-dijo Jane en un tono bajo, como el que usó para acercarse a Kima la primera vez- respira, sabes cómo hacerlo funcionar.- La rubia quería estar enojada, después de todo, pasaron cinco años separadas y pudo haber encontrado otra manera de relajarse además de los ejercicios de respiración que Jane y ella desarrollaron para calmar las tormentas que se creaban en su interior; estaba tan inmersa en sus pensamientos, que no se dio cuenta que Jane se aproximó y tomó sus manos, los dijes quedando aprisionados entre sus palmas. –Tranquilízate, Elsa-repitió, el azul se encontró con el azul- aquí estoy.

-¡No sé cómo detenerlo!- lloró una Elsa de diez años, Jane la miraba con preocupación, intentando ayudarla; la Princesa había congelado la habitación pues uno de sus tutores la había regañado por algo que olvidó durante sus lecciones, la chica de cabello castaño era la única a su lado dado que no le permitía a sus padres el verla.

-Mírame, Elsa-Jane la tomó de las manos-intenta calmarte; tengo una idea, respira profundo, cuenta hasta cinco y luego saca el aire despacio- ambas chicas lo hicieron y poco a poco, la nieve se detuvo, dejando como único vestigio una habitación helada. -¿Te sientes mejor?-preguntó Jane evidentemente preocupada.

-Sí; gracias, Jane- ambas sonrieron y entrelazaron los dedos.

-No te preocupes, Elsa, estoy aquí para ti.

De manera inconsciente, los dedos desnudos de Jane se entrelazaron con los de Elsa, no se percataron que la nieve se había detenido mucho atrás

-Estoy aquí para ti, Elsa.

Era una sensación extraña. Elsa estaba sentada en el piso con las piernas cruzadas, tomando pequeños sorbos de agua un cuenco de barro; después de todo, Jane era una dama y una anfitriona perfecta sin importar el entorno tan salvaje en que se encontraban; la casa del árbol estaba limpia y arreglada, sólo los restos de la frustración de Elsa yacían en el piso en forma de prístina nieve; la chica del cabello castaño se sentó frente a la rubia con Kima en su hombro, tomándose el tiempo de absorber los cambios en la figura de Elsa.

-No puedo negar que me siento rara-murmuró la Reina.

-No eres rara, eres hermosa…espera, ¿qué?- Jane se sonrojó mientras la rubia usaba el cuenco para disimular su sonrisa –así que, estabas siguiendo a Kima, ¿no?- aventuró desesperada por cambiar el tema de conversación.

-Bueno, robó mi collar, no podía permirlo.

-¿Por qué?

-Porque significa mucho para mí y lo sabes.- Jane suspiró.

-No tenía idea que aún lo conservabas-dijo en voz queda-pensé que sólo era yo.- Una sonrisa cálida surcó los labios delicados de la Reina.

-Nunca podría olvidarte-Elsa respondió en el mismo tono.

-En su momento, me hiciste creer lo contrario.

-Jane, fui una tonta.

-No soy quién para negar sus palabras, Su Alteza-dijo con una sonrisa traviesa, Elsa puso los ojos en blanco-¿Cuánto tiempo te quedarás?

-El que sea necesario.

-¿Para qué?

-Para convencerte de regresar conmigo.

Jane decidió acompañar a la Reina al campamento una vez más, la noche comenzaba a caer y la rubia mencionó algo sobre no querer preocupar a un amigo, se sintió insegura al respecto.

-¿Me regresarás mi dije?-preguntó Elsa a unos metros de su destino.

-No-respondió apresurada-debo arreglarlo primero; puesto que Kima lo rompió, es mi deber reparar el daño.- Ambas sonrieron, Jane estaba a punto de partir cuando una mano se posó con suavidad en su antebrazo.

-¿Te volveré a ver?- preguntó la rubia de nueva cuenta.

-No lo sé, pareces encontrarme con demasiada facilidad.- Jane corrió hacia la jungla y saltó hacia una liana, Elsa la vio alejándose a la distancia.

-Deberíamos detenernos-murmuró Elsa de entonces diecisiete años, mientras que Jane marcaba un camino con sus labios de la quijada a los labios de la Princesa.

-Dime una razón…y quizá considere el detenerme-respondió, una risilla traviesa impregnada en su voz.

-Jane, es en serio-el tono de voz tajante rompió por completo el contacto- en poco tiempo mis padres empezarán a recibir pretendientes para mí, debemos parar esta tontería-lamentó sus palabras tan pronto abandonaron sus labios.

-¿Así que eso es para ti? ¿Una tontería? ¿Crees que estoy jugando contigo?-respondió Jane en un tono agresivo, sus ojos turquesa se llenaron de lágrimas.

-Jane, no quise decirlo así.

-¡Claro que sí, Elsa! ¿Es que no lo ves? Nos estás ocultando, haces como que lo nuestro no existe porque soy una mujer y jamás seré lo suficientemente buena para ti.

-Eres más que buena para mí-sus voces se alzaban, rompiendo la tranquilidad de la tarde de invierno en los aposentos de Elsa, hielo y nieve formándose en la habitación; Jane resopló con enojo.

-¿Por qué tienes tanto miedo, Elsa?- la Princesa estaba por responder cuando llamaron a la puerta, la voz de la Reina Idun llegó desde el pasillo.

-¿Elsa? ¿Está todo en orden?-Jane vio como la chica se ponía imposiblemente más pálida.

-Sí, madre; Jane estaba por retirarse.- Un dolor agudo atravesó el corazón de Jane.

-Así que las cosas van mejor entre ustedes, ¿no?- preguntó Kristoff afinando su laúd.

-Me atrevería a decir que es cierto.- Elsa sonrió con timidez recogiéndose las mangas, empezaba a apreciar la comodidad de los pantalones y camisas.

-No quiero presionarte ni nada, pero el bote llegará en un par de semanas, es mejor que hables con ella.

-Lo sé, es sólo que no sé cómo hacerlo luego de todo el daño que le hice.

-Tranquila, Reina de las Nieves, encontrarás el modo.

Sola, viendo las estrellas desde la ventana, Jane jugaba distraída con el copo de nieve de plata; el peso del dije la anclaba a la realidad; sus sentimientos se mezclaban con recuerdos buenos y malos vividos mucho tiempo atrás con la rubia, un suspiro profundamente.

-Vamos, Kima, es hora de dormir- el babuino la siguió y se acurrucó a su lado. –Con suerte, mañana tendré la mente más clara para pensar en ella.