Cuarenta y... ¿veinte?

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"Con veinte años todos tienen el rostro que Dios les ha dado; con cuarenta el rostro que les ha dado la vida y con sesenta el que se merecen"

Albert Schweitzer

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Itachi se sirvió una copa con un líquido entre rojizo y morado. Mi mano templaba, mas la escondí debajo del perfecto mantel dorado que tenía la mesa en donde cenábamos. Todos estaban en un silencio espectral.

"Quizá... quizá nos casemos"

Las palabras de Itachi seguían dándole vueltas a mi cabeza, poco a poco me estaba consumiendo. Mantener la calma era una de las cosas que no siempre se me daba bien bajo ninguna circunstancia.

Mikoto nos observó con una dulzura impresionante pero también con cierta duda. Las únicas personas que se inmutaron ante aquellas palabras fueron Temari y ella, Fugaku seguía con aquella faceta sin emociones y Sasuke, que decir de él, había participado menos que su propio padre en aquella cena.

-¿Para cuándo la boda? ¿Ya han hablado de ello?- preguntó con preocupación- espero que sea pronto, estoy segura que podemos hacer una gran celebración ya que Sasuke- volteó a verlo con reprimenda- quiso una ceremonia tan privada que apenas y fuimos nosotros y la familia de Temari.

Itachi, naturalmente deseó desviar aquella pregunta y lo supe por su manera de mirar a su madre, pidiendo entre sí que se diera cuenta que todo aquello era tan inoportuno que en realidad él y yo no éramos nada más que maestro-alumna.

Y eso, lejos de hacerme sentir bien me hacía sentir peor. La idea de matrimonio me cautivó y en otras circunstancias hubiera gritado "sí, me casaré con su hijo y lo haré muy feliz" pero siendo honestos, ¿dos meses es suficiente? ¿Acaso fue verdad lo que dijo? Y desearía saberlo, entrar en su mente y dejar que este bucle de ideas me siga mareando. Pero ahora él está más inexpresivo que su padre y su hermano. Y yo estoy en medio de todo aquello, ¿cómo romper la ilusión de su madre y decirle que todo esto es una farsa? No justifico a Itachi, lo entiendo hasta cierto punto y es que, no quiere lastimar a su madre de ninguna manera.

-Mujer, lo estás perturbando- interrumpió Fugaku el silencio- ellos sabrán cuando se casan. Te aseguro que Itachi te lo hará saber.

Su cara se tornó triste sin embargo trató de componer aquella expresión.

-Querido- miró a su esposo- es que la verdad yo quisiera tener más nietos. Estoy muy contenta con los dos pequeños pero Itachi...

Oí su suspiro y como se levantó de su asiento con una elegancia envidiable, no en balde es un catedrático y un hombre de negocios. Con suavidad, me extendió su mano y dijo "es momento de irnos", interrumpiendo de forma abrupta a su madre.

Mikoto le lanzó una mirada suplicante. En cambio los otros dos Uchiha se quedaron en sus asientos.

-Es una pena que no hayas visto a los niños- la chica rubia miró a Itachi con tristeza tratando de que la situación no se viera tan gris como lo era- ellos querían verte, aunque están cansados...

-No hay problema, no pretendo desaparecerme. Mis intenciones son venir más a menudo, ¿cuánto tiempo se quedarán Temari?

-Ah, sobre eso- Sasuke interrumpió- pensamos quedarnos más tiempo. Las cosas en Francia no van bien...

Fugaku alzó las cejas con cierto interés.

-Últimamente no aprecian el arte. Juzgan por la portada pero no se atreven a leer más allá de esos textos famosos- dijo Temari, quien por cierto era una escritora.

-Es una pena.

Itachi acercó su mano izquierda a la mía, sus movimientos fueron lentos. Pareciera que un simple roce aceleró mi mundo y alrededor todo se volvió lento. Sentí su mano tibia y una pequeña sonrisa asaltó su rostro.

-Hinata les trajo regalos a los niños, Temari. Ella también quería conocerlos.

Solté un leve sonrojo, tan típico en mí que quizá ya no debería sorprenderme, un frenesí de sentimientos me turbaba. Claro que quería ver a los hijos de Temari, pero también la forma en que todo estaba terminando en la cena no era la mejor, o no como yo quisiera que hubiera resultado.

-Es cierto- apoyé- no sé si les gusten pero...-

Le di a Temari dos bolsas. Ella las recibió con una sonrisa.

-Es muy amable de tu parte Hinata.

Sasuke cruzó los brazos. Si hay una palabra para describirlo debería ser ceño fruncido y brazos eternamente cruzados. Entre Itachi y él hay mucha diferencia, empezando por la personalidad.

Todos parecieron haber olvidado el comentario que dijo Itachi, pero yo no lo he olvidado. ¿A qué se refería con casarnos? ¿Por qué dejó al aire la pregunta de su madre? Todo debe ser un juego, una broma, ¿verdad?

Seguimos tomados de la mano y caminamos a través del gran jardín de la Mansión de los Uchiha. Nuestros pasos eran lentos pero en una sintonía perfectamente armonizada.

-¿Qué quisiste decir con eso?- pregunté con voz baja.

Itachi soltó mi mano y abrió la puerta de su automóvil. No respondió. Por pura inercia me senté en el asiento del copiloto y me coloqué el cinturón de seguridad. Ahora, él estaba junto a mí mirando el horizonte, el cual tenía un cielo entre rojizo y naranja. El sol estaba en su puesta.

-Es raro de explicar Hinata, lamento mucho haber dicho eso.

-¿Lo lamentas?

El sonido del carro al arrancar retumbó en mis oídos. Él apretó fuertemente el volante de cuero negro. Recargué mi hemisferio derecho sobre la ventana del automóvil, queriendo dormir y olvidar el momento tan raro. O quizá solo quería sentirme bien.

Itachi conducía a una velocidad moderada, ni siquiera volteaba a verme con una de sus tantas miradas. Ahora no me siento como la alumna, ni como la hermana menor, mucho menos como la mujer. Me siento como una verdadera extraña en el auto de un desconocido. Sí, así se siente.

-¿Y entonces?- dije con molestia- ¿qué fue todo esto?

-¿Cuántos años tienes?

-Uh, tengo veinte.

-Es correcto. Ahora, hazme la misma pregunta a mí.

Rodé los ojos. ¿A qué venía este jueguito de preguntas?

-Hola Itachi, ¿cuántos años tienes?- fingí tener una voz chillona.

-Tengo cuarenta y pronto tendré cuarenta y uno.

-No lo entiendo, ¿qué tiene que ver esto con la pregunta que formulé antes?

-Sólo... sólo olvida lo que dije.

-¿Qué lo olvide?- mi cara estaba entre una de dolor y de sorpresa- ¿de qué hablas?

-Hinata, tú eres mi alumna.

Silencio. Después de eso me quedé completamente callada, fue como un cuchillo atravesándome. ¡Por supuesto! Yo soy una chiquilla de veinte años que ni siquiera ha terminado la Universidad, ¿qué pensaba cuando vine aquí? Él perfectamente mencionó que todo esto era para tener contenta a su madre, jamás dijo que nuestra relación de... ¿y cuál era nuestra relación? ¿Acaso tu maestro de la Universidad va "a tu casa" cada fin de semana? ¿Te envía correos deseándote buen día?

-Bájame- pedí.

Itachi frenó y me miró con confusión. Sus ojos negros se cruzaron con mis aperlados ojos. Una lucha interna por querer gritar.

-¿Disculpa?

-Soy tu alumna, entonces si lo soy bájame en este preciso momento de tu coche.

Él me miró incrédulo.

-Tú eres mi alumna y yo soy tu maestro. Tienes veinte y yo cuarenta. Pero eres una dama y yo soy un caballero por lo tanto no permitiré que andes por "no sé donde" caminando. De ninguna manera.

Arrancó de nueva cuenta el coche.

-¿A qué le temes Itachi?

-A muchas cosas.

-¿Ah sí? ¿Me puedes decir porque eres tan...- mi voz se cortó- tan...

-¿Tan qué?- completó.

-Tan...tan... tú. ¿Por qué eres así?

-No lo sé pero noto un tono de molestia en tu pregunta.

-¿Ah?- me crucé de brazos- eso no es cierto.

-Y aparte estás haciendo berrinche.

-¿Qué te hace pensar que me estoy portando como una niña?

-Tu actitud- sentenció.

Mi cara se puso roja, y en esta ocasión no era por vergüenza.

Una vez que divisé la casa de Ino me bajé. No quería seguir viendo la cara de Itachi. Sin embargo, él se estacionó enfrente y me jaló ligeramente del hombro.

-Hay muchas cosas que yo haría si tuviera tu edad.

-¿Cuáles, sensei?- recalcé mucho la última palabra. No, no estaba enojada, estaba triste y confundida.

Frunció levemente el ceño al llamarle de esa manera.

-Cuando estemos a solas quiero que me digas Itachi.

-Es algo contradictorio de su parte, ¿no lo cree? Recuerde que es mi maestro- usé el "usted" en vez del "tú" en el dialogo. Es mi maestro, ¿no?

-Háblame de tú. Y sí, soy tu maestro.

-¿Entonces? Eres contradictorio.

-Puede ser e insisto si yo fuera más joven...

-Hablas de tu edad como si fueras un anciano. Tienes cuarenta años, no es como si el mundo se acabara.

-Sí, sí se acaba.

Volteé a verlo. Tenía su cara estampada contra el volante y sus puños perfectamente apretados.

-Estás muy...- pero me interrumpió.

-¿Qué sueles hacer cuando te sientes mal?- me preguntó con unos ojos suplicantes.

-Depende que tan mal esté.

-Digamos que te sientes muy mal, ¿qué haces?

Me puse a pensar en todas las cosas que hago. Cuando él murió caí en una gran depresión que a mi padre pareció importarle poco. Me encerré en mi recamara pero después recordé que amaba cantar, claro, sin que nadie me escuchara. -Cantar, bailar, tomar una piña colada...

Él me miró incrédulo.

-¿Y tú qué haces?

-Me encierro a mi habitación a leer- lo dijo como si fuera lo más obvio del mundo.

-Perfecto- dije mientras salía del coche- nos vemos.

No pude desifrar su rostro, quizá era uno de sorpresa o de incredulidad. Tal vez de tristeza o incluso de enojo.

Abrí la puerta de Ino y ni siquiera miré hacía atrás. Me era imposible creer que todo aquello hubiera pasado en un solo día, un día que prometía tanto pero al final me decepcionó de forma parcial. Sí, fue bonito conocer a su familia pero su actitud o mejor dicho "nuestra" actitud no ayudaron en nada. Seguramente su madre debe estar muy triste, su padre y su hermano son un tema aparte.

Y así el fin de semana perfecto pasó de ser uno de ensueño a uno de perturbaciones en mi mente. Cuando el lunes llegó deseé de todo corazón no ver a Itachi en el aula, no sería capaz de mirarlo ni de ponerle atención a su clase. ¿Qué debería decirle? ¿Perdón?

Ino tampoco había estado bien, y bastaba con verla sentada junto a mí. Las dos estábamos calladas. Todos entraban al salón de clases con gran ruido y comentando que tarea no pudieron hacer o lo bien que les había ido.

Ni Ino me dijo que le sucedió durante el fin de semana que según nuestros pronósticos prometía mucho, ni yo le conté lo que había pasado en la cena con la familia de nuestro querido sensei.

La puerta se abrió y yo quise hundirme entre mis libros, esconderme ahí y jamás salir.

Itachi entró con aquel porte elegante, su traje gris sin ninguna arruga y una camisa negra pulcramente planchada. Su cabello atado en una coleta baja y su portafolio de piel marrón en su mano derecha. No recibí ningún mensaje de texto, ningún correo ni nada parecido durante el fin de semana y de mi parte puedo asegurar que tampoco recibió nada. ¿Orgullo? Puede ser.

Comenzó con su habitual "buenos días" seguido de un resumen de lo que veríamos durante la semana. Algunos anotaban en sus carpetas las ideas principales de lo que decía, otros hacían caso omiso y se mandaban mensajitos por debajo de la banca. Puedo meter las manos al fuego y decir que Itachi se da cuenta de todo aquello, pero no lo dice.

Ino no habla y eso me preocupa. No manda mensajes y lo que es peor ¡está anotando lo que Itachi escribe en el pizarrón! Si Ino fuera una estudiante aplicada no me sorprendería en lo más mínimo, pero ella no es así. Odia apuntar, y prefiere saber lo último de moda y sobre mí.

¿Qué le pasa al mundo que me rodea?

Termina la clase y todos salen con prisa menos Ino y yo. Ella con ojos de suplica me dice que no quiere salir. Yo no me niego, para que ella esté así debió pasar un gran tornado sobre su mente.

Itachi salió del salón y no me miró. Tampoco me dijo su característico "¿estás ocupada?"

-Parece que tampoco estás bien...-


N/A ¡Hola! Bien, tenía siglos sin actualizar y eso es imperdonable. Pero ya actualizaré más seguido, tuve problemas con mi computadora pero aquí andamos ¡sigo viva! Para más novedades sobre mi fics "Tamahara-Chan" así me encuentran en facebook (es una página)