La mañana ya amanecía y esta vez, era Mérida quien se reclinaba sobre Elsa observándola mientras dormía.
–Buenos días, mi reina…- Susurró la princesa al ver aquellos ojos azul cielo abriéndose despacio.
-Buenos días, "Srta. Sonrojo"- Contestó Elsa traviesamente. Eso sólo consiguió despertar el primer rubor del día en la princesa. -Me encanta cuando te sonrojas, cosa que pasa casi siempre que hablamos… Has dormido bien?- Incrementó la reina.
-Sí, muy bien…-
Se conocían desde hacía sólo dos días, pero ambas parecían haber compartido toda la vida juntas. Uma simple mirada ya bastaba para entender lo que estaban realmente sintiendo o pensando. Elsa sabía que algo perturbaba a la princes.
-Que ocurre Mérida? Te he hecho daño!? Tienes algo congelado...-
-No, pára Elsa... Tranquila! No es nada grave em verdad... Es sólo que, hay algo que me ha sorprendido un poco.-
La reina le miró extrañada, esperando que terminara la frase.
–No me has tocado en toda la noche Elsa…-
Si bien Mérida era impetuosa, salvaje e impulsiva, Elsa era todo lo contrario; asustada, contenida, como si estuviera resguardándose dentro de aquella situación, como si tuviera miedo de soltar todas las emociones que desprendía en aquel momento.
-Tengo miedo Mérida. No quiero volver a congelar un ser querido. No puedo correr esse riesgo.- Se resintió.
-No temas abrirte conmigo Elsa, no te tengo miedo.-
-Eso mismo dijo mi hermana poco antes de que le congelara el corazón!- Elsa se inundaba cada vez más de culpabilidad. -Tú no lo entiendes Mérida… Demasiado he conseguido abriéndote mi corazón, confesando lo que sentía. Demasiado estás consiguiendo teniéndome en tus brazos... Desde que era niña, fui enseñada a esconder mis sentimientos! "No has de sentir, no han de saber"… Era lo único que me pedían mis padres, como me iba a negar, si necesitaba proteger a la gente de mi poder, incluso a mi misma? Aprendí a no demostrar nada, a esconder mis sentimentos, mi magia… Eso me hizo más fría de lo que ya lo soy! Fría, pero fuerte. Y así debe seguir siendo por el bien de todos!-
La temperatura bajo rápidamente, congelando las paredes y el techo del cuarto, la nieve empezó a caer con delicadeza sobre la cama de la reina.
"No has de sentir, no has de sentir" se repetía mientras se sujetaba las manos y miraba a su alrededor asustada.
-Ya basta! Que dejes de sentir no hará el bien de nadie! Mucho menos el mío…- Dijo Mérida reprochando. –Yo nunca te pediré eso, Elsa… Nunca!-
Esas palabras hicieron los ojos de la reina llenarse de agua. No contuvo la emoción y se lanzó a los brazos de la pelirroja. Ésta, le depositó un beso en la frente y la abrazó con fuerza. -Gracias...!-
Al mismo tiempo, el hielo que había cubierto el dormitorio se evaporó en cuestión de segundos y el ambiente tomó um aspecto cálido y acogedor.
Ambas estaban abrazadas, tumbadas de lado, mirando la una a la otra; Mérida acariciaba el pelo de la reina maravillada con el tacto sedoso y suave, y Elsa recostada en el pecho de la princesa, la abrazaba por la cintura con fuerza, como si no quisiera desprenderse de ahí.
-Es hora de volver a la realidad.- Bufó Mérida poniendo un poco de esfuerzo en sus palabras. Ambas se acogieron al gesto y se levantaron dispuestas a hacer con que la princesa abandonara la habitación de la reina sin levantar sospechas.
No habían hablado del tema, pero quedó subentendido que su romance debía permanecer en secreto, por lo menos por ahora.
A esas horas, Anna ya estaba de pie frente a la puerta de Kristoff andando de un lado a otro, sin saber si llamar o esperar a que el montañés se despertara solo. Pero la paciencia no era una de las características de la princesa. Toc toc toc toc… -Kristoff, despierta! Soy Anna.-
-Anna! – Se sorprendió el rubio. –En seguida salgo! –Minutos después salía ajustándose la camisa. –Anna? Me has asustado! Pasa alg…- Y antes que pudiera terminar, la pequeña de las hermanas se enganchó a su cuello dándole un fuerte abrazo. El montañés se alegró al sentir aquel cálido cuerpo pegado al suyo. –Qué te pasa pequeña? Porqué estos "buenos días"?- Le preguntaba el chico. –Nada especial! Sólo quería sentirte cerca de mí. Quería sentirme amada, y eso sólo tú y mi hermana saben hacérmelo sentir.- Por alguna razón, Anna se sentía culpable por lo ocurrido horas antes en los calabozos.
-Ven, vamos a desayunar… Estoy hambriento, tu no?- Y se fueron abrazados avanzando por los pasillos hasta el salón comedor.
Al mismo tiempo, Mérida se apresuraba para salir escabullida de los aposentos reales. Estaba en la puerta lista para irse, cuando Elsa le sujetó por la barbilla y le depositó un pequeno y tierno beso en los lábios. Mérida reía divertida por la situación, le sacó la lengua a la reina, y marchó hacia su dormitorio.
Al entrar, tomó todo el cuidado posible para no hacer mucho ruido, pues le habían designado un cuarto en común con su madre, aunque grande, pero aun así juntas. Llevar los zapatos en la mano y caminar despacio para que la madera no crujiera, no adelantó de nada. Después de entrar y cerrar la puerta, vio la silueta de una mujer en pie, de espaldas a la puerta, mirando hacia la ventana.
La imagen era un poco aterradora, pero se reconfortó al oír la voz de su madre.
–Te estaba esperando cariño, dónde pasaste la noche? No te sentí llegar hasta ahora…- Se volteó hacia Mérida y no pudo dejar de notar el sonrojo en las mejillas de su hija y la expresión de felicidad que intentaba esconder. –Bah! Qué más da! Sólo estaba preocupada por ti, pero ahora que veo que estás bien, nada más importa!- Dijo Elinor con un tono de alivio mientras la abrazaba esbozando una sonrisa.
-Si quieres, quédate en la alcoba descansando un poco más, por lo visto no has dormido mucho… Yo bajaré a desayunar y pediré que te traigan algo para comer más tarde, pero estate lista para las 10:00, a esa hora salen los carruajes a hacer las paseatas por el pueblo.- Afirmó Elinor. Mérida sólo asintió con la cabeza y una expresión perida en el rostro. Su madre normalmente le daria uma bofetada y un buen sermón sobre el adequeado comportamiento real de uma princesa pero, sin embargo no hizo nada de lo que se esperaba, en cambio, la recibió com amabilidad y sin echarle la bronca... Todo era muy estraño, pero decidió calar y obedecer la sugerencia de su madre quedándose en la habitación un poco más para descansar.
Todos habían terminado ya sus desayunos y se dirigían a la entrada principal del castillo para subir en sus respectivos carruajes, cuando Mérida y Elsa (que tampoco había bajado al comedor por la también, "fata de sueño") se cruzaron por los pasillos.
-Opss perdón!- Se apartó la pelirroja sin darse cuenta contra quien había chocado.
-Tenemos que determinar otra manera mejor y menos brusca de encontrarnos, princesa Mérida…- Esa voz, le congelaba el alma…
-Oh, discúlpame, Majestad! Ando un poco distraída últimamente…- Dijo en tono de broma haciendo una pequeña reverencia y guiñándole un ojo. Pero sus jueguecitos fueron cortados de repente por la entusiasmada entrada de Anna en medio a las dos.
-Mérida!- Exclamó sorpresiva, -Qué bueno verte de nuevo, hace tiempo no te veía por el castillo!-
-Sí princesa Anna, he estado un poco ajena desde ayer por la tarde, pero hoy me comprometo a seguir fielmente la agenda que habéis preparado vuestras majestades. Con permiso altezas, debo encontrar a mi madre.-
-Ah, princesa! La llamó Elsa. –Si bien en el carruaje no cabemos todos, me gustaría que durante el picnic que vamos a realizar, tú y tu comitiva nos hicierais compañía sentándoos a nuestro lado, si es de vuestro agrado, claro.-
De nuevo Elsa usando el "tú"? Eso no es para nada normal en ella, qué estará passando? Pensó Anna.
-Será un honor acompañarlas, Majestad.- Y con otra sonrisa pendeja, la pelirroja se alejó de las regentes de Arendelle.
En ese momento la menor de las hermanas, recordó haber escuchado a Elsa y la princesa de Dunbroch tarde de la noche entre risas entrando en la alcoba de la reina. Sabía que no era una actitud usual en Elsa, por lo que no pudo contener su curiosidad e hizo la pregunta; la maldita pregunta…
-Elsa… La noche pasada escuché como Mérida y tú deambulaban por los pasillos cerca de tu habitación... Qué hacíais a tan altas horas?- Finalizó curiosa la pequeña.
En ese momento, el hielo empezó a formarse en cada paso que daba la reina, su rostro más que ruborizado la delataba, pero notando que su hermana no le quitaba ojo esperando una respuesta, cerró los ojos e intentó controlar todo el frío que salía de ella por un instante. Anna ya estaba acostumbrada a las variaciones de temperatura cuando estaba cerca de su hermana, así que, felizmente no notó demasiado el frio repentino por el nerviosismo de la reina.
-Nada en particular Anna. Sólo charlábamos y compartíamos historias.
-En tu alcoba?- Curioseó la pequeña.
-Sí! Quiero decir no! Estábamos en el salón de baile conversando y luego de acabar la fiesta subimos hasta mi alcoba!- Retrucó la reina de nuevo sonrojándose y un poco molesta ya. –No podíamos conciliar el sueño y yo no quería hacer ruido, causando que los demás despertaran, entonces nos fuimos a mis aposentos y…- Se detuvo. –Espera! Y qué hacías tú a esas mismas horas despierta también por los pasillos!? –Preguntó la reina sorprendida por no haberse dado cuenta antes de que su hermana pequeña también había estado deambulando por el castillo de noche.
-Que? Yo? Eh, yo solo hum…- Elsa levantó una ceja y empezó a golpear el suelo con el pie, en señal de impaciencia; esperó de brazos cruzados que la hermana respondiera. –El cielo estaba despierto Elsa, y yo estaba despierta! No podía dormir y fui a tomar un poco de aire a una de las terrazas.- Finalizó con una dulce y nerviosa sonrisa de oreja a oreja.
-Hum…- Elsa la miró estrechando los ojos. -No sé que estás tramando Anna pero te asegu…-
-No estoy tramando nada hermanita! Puedes estar tranquila! Es sólo que algo me inquietaba y no pude dormir bien. Así que salí a tomar el aire!
De hecho, minutos antes Elsa había notado las vistosas ojeras que lucían los cansados ojos azules de su hermana pequeña, como quien no había dormido nada aquella noche. Elsa la miró preocupada ya temiendo que su suposición fuera cierta.
-Anna, es por Hans?- La princesa tragó en seco. –Te dije ayer que no debías darle vueltas al asunto cariño, que esos pensamientos pasarán y no te agobiarás más por buscar respuestas… Pero date tiempo! Pronto esa inquietud se pasará!- Finalizó con una sonrisa acogedora. –Mientras tanto, mantente alejada… De acuerdo?- El frio, el descenso brusco de temperatura y los pequenos copos de nieve alrededor de las dos, no disimulaba el temor de Elsa.
Anna sólo asintió con la cabeza y lágrimas que amenazaban salir de sus ojos. No eran lágrimas de dolor, y sí de vergüenza. No quería esconderle nada a su hermana, pero el miedo por su reacción y la de Kristoff al saber que había ido en busca del ex príncipe, la aterrorizaba.
Ambas se abrazaron con el mismo cariño que lo hacían siempre. Elsa le limpió las lágrimas y siguieron hacia la puerta principal en busca de los carruajes. Este día seria distinto a todos los que ellas habían vivido antes... Un paseo por el Pueblo seguidas de dos comitivas y un almuerzo al aire libre rodeadas de personas que apenas conocían... Aquello prometia!
