Déjà vu
(Bella)
Se me había echo tarde para ir a la universidad y mis pies tropezaban con todo lo que encontraban, atrasando más mi salida de la casa.
Me atragante con una barra de cereal y un café mientras desenmarañaba mi cabello e intentaba meter todos mis libros y cuadernos en el bolso al cual le fallaban los cierres. Camine hacía mi cuarto masticando el cereal cuando me di cuenta de que a mi zapato se le había soltado la suela.
Gruñi molesta.
Entre a mi cuarto saltando en un pie mientras me quitaba los zapatos de un manotazo y jalaba las medias. Tome un bolso diferente y me puse una zapatillas demasiado elegantes para ir solo a estudiar, voltee a la puerta para salir y me tome con mi nuevo velador. Un enorme gran danés mirándome con su enorme carita de perrito simpático.
− Shu shu− dije apartándolo de mi camino.
Baje las escaleras con dos tropezones más y mire feo al perro cuando las bajo más rápido que yo. Me seguía a todos lados, no me dejaba sola a menos que Emmett estuviera presente o le cerrara la puerta del cuarto en que estaba y aún así aullaba para que lo dejara pasar.
Corrí a la cocina y me termine mi café, ya frío.
El perro lamió las migas del cereal que se habían caído y me miro de nuevo.
− Ya te di la mitad del refrigerador en la mañana, aguántate al menos a la noche.
El siguió mirándome igual y yo me sentí bastante idiota hablándole a un perro.
− Perro tonto− masculle a la vez que tomaba el cepillo para continuar con mi cabello.− Necesitas un baño urgente, apestas.
Se echo en el piso a mis pies.
− ¿Hablas con Rufo?
Yo fulmine a Emmett con la mirada cuando entro a la cocina con el cabello mojado del baño de una hora que se había dado. A veces parecía más chica que yo misma.
− ¿Ya no me evitas?
El solo se encogió de hombros.
− Quiero que el Rufo se quede.
− ¿Rufo?
− Tengo que llamarlo de alguna manera.
− No le pongas nombre que te encariñas y se tiene que ir− Dije mordazmente.
Emmett puso la misma cara de perrito que cuando el dichoso perro pedía comida.
− Por favor, Bella, siempre quise una mascota y mamá no me dejaba.
− La comprendo perfectamente. ¡Es mounstroso!
− ¡Pero es tan adorable!
Lo mire alzando una ceja.
− No es adorable si pesa 60 kilos.
− ¿Le dices obeso? No creo que pese tanto...− Mi hermano sonrío, haciéndose el gracioso conmigo, sabia que así ganaba más que poniéndose caprichoso, habíamos tenía varias peleas que lo demostraban.
Me acorde de la conversación que habíamos mantenido su directora y yo, que tan lamentablemente me había conducido a aceptar ir a una excursión de niños a quien sabe que pueblo. A pesar de que quería contárselo solo por hacerlo sentir culpable, no lo hice, ya que probablemente eso lo llevaría a otro problema con ella, me lo imagine poniéndole chinches en el asiento y me reí de lo satisfactorio que sería ver a esa vieja reír.
− ¿Sabes que iré a la excursión que tienen para la próxima semana?
La mandíbula se le desencajo de la cara.
− ¿En serio? ¿Por qué?
− ¿Es tan sorprendente?− intente parecer casual.
− Vamos Bella, ambos sabemos que puedes salir con un hueso roto de solo caminar sobre una superficie plana.
La sonrisa burlona de su cara me hizo querer estrellarle la taza de café en la cara.
− Tu directora me lo ofreció y acepte… le faltaban adultos responsables para cuidarlos. ¡Así que me obedecerás en todo lo que diga!
El me miro riendo.
− Igual lo hago en la casa, ¿Cuál es la diferencia aquí o en el bosque?
− Que haya estarán tus amigos para verte siendo mandado por mí.
Sonreí malévolamente y el frunció el ceño. Tal vez no seria tan malo ir para ver a Emmett recogiendo caca de animal en frente de su club de admiradoras, porque sabía que debía tener uno...
…además Edward estaría para tener una distracción visual.
− Hay otro punto a tu favor...− Dijo Emmett con una sonrisa nada convincente− Pasaras todo un fin de semana con Edward.
¿Qué era lector de mentes?
− Iría solo por hacerte sufrir, hermanito.
El contorsiono su rostro en una sonrisa burlona, obviamente el sonrojo que me había atacado no había sido nada normal, pero ¿Qué había de normal en mí?
Solté un suspiro cargado.
− ¿Hablamos del perro o no?
− ¿Cambias el tema?
− ¿Quieres al perro?− añadí mordazmente.
Emmett se enserio y asintió firmemente. Su expresión me recordó automáticamente a cuando era niño y no pude evitar sonreír, mi hermano siempre sería mi hermanito, pero aún así, con lo despistada e inmadura que había sido nuestra mamá, yo había sido más su figura materna que otra cosa.
− Tendrías que bañarlo tu solo y ni loca lo bañarías en la tina. Además, la comida dependería de ti, porque no le comprare nada a esa cosa. No quisiera ver ninguna de sus necesidades esparcidas por la casa.
− ¿Eso es un sí?
Pude ver la sonrisa de triunfo en la cara de Emmett antes de que la esbozara.
− Con una condición más.
− ¿cuál?
− Cámbiale el nombre ¡ese es horrible!
Emmett río y el perro agito la cola, al parecer era más inteligente de lo que uno puede pensar que es inteligente un perro.
− ¡Gracias Bella!− su expresión se volvió mas ruda− Sabes que soy tu hermano, pero más que eso, puedes confiar en mi… Cuentas conmigo para lo que quieras.
Yo desvíe la mirada de su rostro y mire la ventana fingiendo estar distraía.
− Sabes que yo también, pero no tienes que ponerte empalagoso…
El río aligerando ese repentino momento de familiaridad. Ninguno de los dos sabía expresar muy bien lo que sentíamos el uno por el otro, pero no era necesario tampoco, simplemente tener familia y alguien que se preocupara por ti, valía.
Tome la taza de café en frente de mí y me la lleve a los labios para tomar un café frío que ya me había tomado.
Oh no
− ¡SE ME HIZO TARDE!
Tomé mi bolso y casi volando, salí corriendo a la sala escuchando las carcajadas de Emmett atrás en la cocina. Trastabillé con la alfombra y casi me partía la cabeza, pero logre agarrar un poco de equilibrio para no caer con la perilla de la puerta. Suspire de alivio y salí de la casa, al voltear para cerrar la puerta, vi al gran perro mirándome con sus pequeños ojitos oscuros compadeciéndome.
¿Qué los perros sentían?
Bufé al entrar a mi pick-up y conduje, no sin la minuciosidad de siempre, hasta la universidad. Cabe destacar que no entre a la primera clase por unas simples razones que me atormentaban la cabeza: Uno; Había llegado a la mitad de la hora, por lo que si no había visto el principio, de nada valía ver la mitad que faltaba y Dos; Me daba vergüenza que todos fueran a mirar cuando entrará.
Me senté en una de las mesitas de la cafetería y pedí un café, le envíe un mensaje de texto a Angela explicándole donde estaba y por qué, ya que a estas alturas mi amiga se habría preocupado por mi. No esperé mucho a verla entrar al local acompañada de la extremadamente alta figura de Jasper, tampoco tardamos mucho en volver a clases, y casi tan rápido como empezó término… seguro pasaba por mi constantes desvaríos hacía cierta personita de ojos verdes. Al salir de clases fuimos a comer a otro restaurante barato de los que había cerca.
La única conversación en la que puse especial atención fue una en la que, casi por puro impulso, les conté a mis compañeros sobre la última conversación que había tenido con Edward.
− Wow− dijo Angela impresionada− No sabía que eras capaz de invitar salir a un chico.
− Técnicamente no lo invite.
Jasper rió.
− ¡Hey, que apuesto a que tú te la vives invitando chicas a salir!
− Pero es más normal que yo lo haga a que tú, la chica más tímida que conozco.
Eso me hizo sonrojar.
− No la molestes Jasper, es una fuerte e independiente mujer, puede hacer lo que quiera.
− ¿Lo soy?− pregunte llevándome inocentemente un dedo a los labios.
Mis amigos rieron mientras la fuerte sensación de déjà vu retorcido me abandonaba y me permití reír con ellos un rato.
Luego, siguiendo mi rutina, fui a trabajar bajo el inquebrantable ánimo de Alice, pero me sorprendí al ver que no me ametrallaba con preguntas sobre mí supuesto hombre secreto y solo de vez en cuando me lanzaba miraditas picaras cuando terminaba de atender un cliente y quedábamos las dos solas en la tienda, no tiempo después llego Rosalie para hacernos compañía.
Saludo a Alice y a mí antes de que se empezara a comprar más ropa de la que yo tenía en mi closet y hablaba amistosamente con Alice mientras yo ojeaba una revista local.
No le presté atención a su conversación hasta que capté una frase que me llamo la atención, por una extraña curiosidad que no sabía de donde venía, sin embargo, no quite la vista de la revista y fingí estar súper interesada en un articulo sobre eventos paranormales.
− Se está comportando muy raro, Rose, salé de la casa en las noches y no vuelve hasta la madrugada cuando casi amanece, si no fuera porque mi familia sufre de insomnio no nos daríamos cuenta...
− Tranquila Alice, todos los adolescentes pasan por eso, incluso yo me escapaba algunas veces.
− ¡Pero él no es así! Mi hermano siempre ha sido responsable y tiene muy preocupada a Esme…
− ¿En serio? Esme es muy tranquila…
Escuche que Alice de daba un golpe mal disimulado a Rose. Recordaba muy pocas veces haber escuchado a Alice hablar de su hermano, solo sabía de él que había estado en Alaska estudiando la preparatoria, pero que había vuelto hacía poco para terminar sus estudios aquí.
− ¡No es normal que esté tan preocupada! ¡La pobre no duerme y yo tampoco!
Sofoque una risa ante lo ilógico de Alice, ¿No que ella sufría de insomnio? Pase una página de la revista para no parecer una estatua y Alice suspiro, probablemente mirando hacía mí.
− Tal vez tienen una mala influencia sus amigos…− murmuro Rosalie, probablemente se miraba un vestido en el espejo sin pararle una pizca a Alice.
− No, es algo por mucho, mucho peor…
− ¿Cómo qué?
− ¡Como una chica…!− Añadió demasiado teatral como para que alguien le creyera. Yo sofoque otra risa, ¿Qué pasaba para que Alice hiciera tanto melodrama?
− Algún día le tenía que gustar alguien, Alice, es normal.
Escuche otro golpe para Rose y me la imagine rodando los ojos. Luego vi que Alice me señalaba por el rabillo del ojo.
− ¡No te lo puedo creer! ¿Él?− grito Rose al más puro estilo Hollywood.
− Pues créelo ¡A Edward le gusta alguien!
La boca se me abrió lo máximo posible y subí la mirada para encontrarme con la sonrisa de Alice, que me miraba con los ojos brillándoles de… algo que no reconocí.
− ¿Sabes quién es la afortunada, Bella?− pregunto Rose volviéndose a mirar en el espejo, obviamente sin interés alguno. La pregunta parecía empezar con un interrogante y terminar con una afirmación.
Tartamudee algo sin sentido.
− Son unas tontas.− Logré decir alzando el pecho y mirándolas como si no me interesara.− ¿Si ya lo sabían para que tanto melodrama? Lo que me sorprende es que sean hermanos…
¿Eso lo había dicho yo? Valla que había salido frío y carente de emoción alguna, pero estaba bien. Evite pensar en eso con la suficiente determinación para no colapsar por la emoción.
− Cuñada cuñadita… ¿Por qué no me lo habías dicho? ¿No éramos las mejores amigas, como pan y mantequilla, uña y carne, peine y cabello, lazos y vestidos?− Dijo Alice poniendo carita de cerdito degollado.
Mire hacía otro lado para que sus poderes de convicción no me afectarán.
− Uno, no sabía que eran hermanos. Dos, si somos amigas, pero no quería que empezaras con la misma con la que estás empezando. Y tres, los lazos no van necesariamente con los vestidos.
Alice me sonrío.
− Si prometes contármelo todo todo pero todo sobre tu relación con Edward sin que yo te tenga que preguntar, prometo no decirte absolutamente nada sobre ello.
Me parecía un trato justo, por lo que le tomé la mano sin desconfiar y volví a retomar la lectura que antes no había leído de la revista.
− Y bien, ¿Qué tienen Edward y tu?
Subí la vista para protestar, pero era Rosalie la que había hablado.
− ¡Nada! ¡No tenemos nada…!− grité algo más agudo de lo planeado, fulminando con la mirada a Alice, que me sonreía inocentemente y a Rosalie, que me sonreía pícaramente.
Me enfurruñe como una viejita entre la paginas de la revista y leí a la fuerza un artículo sobre algo que ni me entere de que era.
− Déjala, debe tener SPM1− escuché que Alice le susurraba a Rosalie− cuando esté de buenas me lo contará todo.
Después de media hora ya el ambiente había vuelto a su normal estado y me sentía realmente tonta por haber gritado antes, normalmente me pasaba cada vez que me alteraba, pero cada vez resultaba tan embarazoso, que me provocada ser tragada por la tierra. La única interferencia que hubo entre mi caja registradora, la revista y yo, fue un anuncio de Alice de que tendría que salir antes de la hora por una cosa de sus estudios. Asentí agradecida por poder devolverle uno de los favores que tantas veces ella me hacía a mí y la solidaria Rosalie se quedo acompañándome hasta el final de mi turno.
Cuando Alice se fue, la suplante en su tarea con Rosalie y al cerrar la tienda las dos nos dirigimos al estacionamiento pos nuestros carros, después de cargar todas las bolsas de Rosalie y hacer que de alguna manera todas entraran al elegante auto rojo.
− ¡Gracias Bella!− se despidió Rose besándome ambas mejillas− ¡Estoy tan emocionada por la fiesta de la próxima semana que no puedo parar de comprar!
Yo puse los ojos en blanco.
− Eso te pasa siempre, Rose.
− Lo se, pero es bueno tener un motivo esta vez…
Reí con ella mientras me subía a mi pick-up y giraba la llave en el contacto. Me sorprendió más que no hiciera ningún ruido a su estridente sonido de siempre.
− ¿Pasa algo?− pregunto Rose bajando la ventanilla de su BMW.
− No prende− anuncié intentando arrancarlo por segunda vez
− Déjame ver…− Apago su auto y cambie mi puesto con ella para que intentará prenderlo a su manera.
Algo me dijo que no iba a prender esa noche, por lo que tomé mi celular e hice una llamada a Emmett para que viniera a ver que era lo que le pasaba a mi camioneta esta vez.
− No prende− dijo Rosalie repitiendo mis palabras, a mi me provoco darle un golpe en su rubia cabeza.
− Creo que eso ya lo se…
− Quizás algo más complicado.− como toda una experta, abrió el capo del auto y hundió las manos en todo ese montón de cables y aparatos del que yo jamás conocería.
− Te vas a ensuciar…− murmure boquiabierta.
− ¡Que va, esto es pan comido!
Me pidió que volviera a la cabina e intentara prenderlo cuando me diera una señal, pero aún después de 10 intentos, Rosalie parecía frustrada y el carro aún no funcionaba.
− Tendré que intentar otra cosa…− murmuro pensativa, con una mirada de concentración que nunca le había visto en otra parte que no fuera decidiendo el mejor color para sus uñas.
− ¿Sabes mucho de…?
Dejé de hablar al verla acostarse en el suelo y rodar con gracia hasta quedar debajo de mi pick-up, sus largas piernas bronceadas era lo único que se podía ver de ella.
− ¿Sabes mucho de mecánica?− repetí.
Escuche su risa sofocada desde abajo.
− Hice un curso hace algunos años… me gustaba más que las cosas estúpidas esas de algebra y calculo.
Rodé los ojos ante las cosas estúpidas.
− Digo yo, porque saber cuanto es la raíz cuadrada de Pi no te ayudara en algo así.
− Te ayuda en otras cosas…
− Cosas que yo no quiero.
Volvió a reír y nos quedamos en silencio mientras ella seguía trabajando debajo de mi pick-up y yo sentada en la cabina.
Me sentí bastante inútil. Ella no era solo hermosísima, si no que era rica y sabía de mecánica, no era su culpa ser la heredera de una fortuna cuyas cifras parecían infinitas o tener un cuerpo de modelo; saber mecánica parecía lo único que hacía funcionar su cabeza en otra área que no fuera la moda.
Suspire, últimamente en lo único que había pensado era en Edward, en que tal vez tuviera alguna oportunidad de que él me tomará en cuenta, pero semejante belleza no podía corresponderme, quizás el simplemente había actuado así conmigo por que no tenía otra opción o quizás, porque le daba lástima.
Basta. Me dije sacudiendo la cabeza, el era un chico adorable, de esos príncipes que parecen sacado de cuentos de hadas, bellos y sublimes, simpáticos y generosos. ¿Cómo sabía esto? Simplemente lo sabía, como si algo adentro de mí me dijera que era así y punto.
Ahora que sabía que era de una familia tan espléndida como la familia Cullen, me sentí estúpida al no relacionar los detalles que ahora me eran tan obvios. Alice y el tenían el mismo color pálido de piel, ambas cejas se arqueaban de la misma forma ante la sorpresa y los dos tenían él mismo apellido. Reí entre dientes, no podía negar que me perturbara lo poco que conocía a Alice apartando su personalidad, pero sobre todo, lo poco que conocía de él.
Quise conocerlo. Quise saber de él.
Las luces de un auto acercándose me cegaron por un instante, hasta que los ojos se me acostumbraron y vi un volvo plateado estacionarse cerca de nosotras.
¡Ah! Otro déjà vu.
***
¡Chan chan chan chaaaan!
Acabo de descubrir algo… y es que se me hacen mucho más fáciles de escribir las partes con Bella. Aunque las de Edward me encantan, escribo más fluido con la muchachita esa (xD)
GRACIAS: TheseLittleEvilSoul, ale-cullen4, EdwardKaname, RociRadcliffe, Mandy1890 y peritha12. También a las otras chicas que me han comentado los otros capítulos ¡los reviews con motivación y me animan a seguir el ff! ¡Gracias!
Nos leemos pronto, Barbie.
