Recordaba y sabe que recordaría aquella tarde durante toda su vida. Salazar Slytherin observa pensativo los movimientos como duelista a "espada de madera" de su compañero de viajes, Godric, que lucha en broma con un pequeño chiquillo. Salazar veía en sus hábiles y valientes movimientos un billete seguro hacia su propia victoria. Todo lo que debía hacer era ser astuto, y así, sólo así lograría sus fines. El sonido ronco de dos hombres teniendo una disputa en la entrada de la aldea resuena en la empolvada callejuela, y Salazar se transporta irremediablemente a aquella gélida tarde en la que su honor, gloria y poder fueron arrebatados de golpe y por la fuerza.

El sol comienza a resguardarse dando paso a la luna, y gruesos copos de nieve se acumulan en el alféizar de la alta ventana por la que Salazar mira. Observa sus vastas tierras que poco a poco comienzan a estar cubiertas por la nieve, sus tierras, porque por derecho le pertenecen. Sabe que pronto serán suyas.

El estruendoso eco de pasos resuena implacable fuera de su habitación, y su mayordomo personal pide permiso para entrar. Salazar abandona el lujoso lecho en el que se hallaba recostado, y con fastidio, pide a su sirviente que entre. Éste se arrodilla ante él de forma en extremo ceremoniosa. Parece aterrorizado. Algo no va bien.

- Es su padre, mi señor. Les requiere en audiencia a vos y a vuestro hermano en el salón principal.

Un hilito de esperanza se forma en la mente de Salazar.

- ¿Qué sucede, Francis?- exige saber, con autoridad.

- Me temo que no se más que vos, mi señor.

Salazar camina con parsimonia y sobriedad, nunca le han gustado las exigencias de los demás y le quiere dejar claro que él no accede a los deseos de nadie si no es bajo su propio interés. Su rostro se contrae en una profunda mueca de odio al descubrir que el deshonroso de su hermano menor ya se encuentra allí, agasajando a su padre. Qué patético… Salazar lucha por transformar su mueca de desprecio en una sonrisa irónica, y espera sin pronunciar palabra alguna. Ambos lo miran. Su hermano con esa expresión de saber más que él que le hace saborear su propia bilis en la boca, y su padre con fingida autoridad. A Salazar nunca le ha valido la autoridad de su padre, jamás le ha intimidado la autoridad de nadie… salvo la de su madre. Ella sí era digna de obediencia. Su familia sí era merecedora de honor y gloria. Pero ella estaba loca, loca y muerta. Salazar podía recordar cómo ésta había perdido la cabeza al poco tiempo del nacimiento de su hermano. Cómo su indigno padre se había hecho cargo de la situación, relevando a su madre en calidad de conde y señor de las tierras de Carisbrook, adueñándose de su título, posesiones y castillo, y dejando que muriera loca y sin satisfacer sus propios deseos y voluntades. Ella sí era digna de poseer todo lo que tenía, ella si era digna de llamarse bruja. No como su padre y hermano, dos viles traidores que no merecían nada de todo aquello. Un hombre de apariencia seglar y con costosos ropajes tose intentando llamar la atención de alguien, y Salazar le dirige una mirada de profundo desprecio.

- Ya puede empezar, mi señor-dice un desconocido muchacho, situado tras una columna y con una pluma en la mano. Sin duda se encuentra para apuntar la reunión, que parece ser oficial. Salazar puede ver también cómo el odioso consejero de su padre, quien tanta ojeriza le había tenido desde niño, se halla en la sala. Aquello pintaba interesante.

- Salazar. Os he hecho venir a tu hermano y a ti, pues tengo algo importante que comunicaros.- comenzó su ya canoso y arrugado padre, mirando a ambos con gravedad.- El panorama político es delicado, y se hace día a día más incierto. Es posible que nuestra situación aquí peligre. Todos conocemos la terrible guerra monárquica que se está librando en el norte, y no parece poder solucionarse pronto. Yo, como guardián, sustituto y valedor del título de la familia Fitz-Oswen, condes y señores de Carisbrook, he de saber responder a tiempo, a fin de preservar las inmensas posesiones que vuestra madre nos legó.- Salazar tenía muchos motivos para la ira sólo por esas palabras, pero la intuición de que lo que iba a llegar era lo más importante que le habían dicho en su vida lo hacía permanecer atento sin expresión alguna en el rostro.

- Esta mañana he sido alumbrado por mi consejero, y ciertamente debo decir que está en lo cierto. Yo ya soy viejo, y de todas formas, si nuestro actual rey, quien otorgó estos títulos al abuelo de vuestra madre fuera depuesto y el conde Carlos coronado, tendremos muchas más posibilidades de conservar el título si el condado se ve regentado por sangre fresca y joven, y sobre todo, sangre dispuesta a hacer algo por la nueva coronación. - Salazar tomó aire con orgullo, era consciente de que por fin había llegado el día que tanto había estado esperando.

- Es por ello que lego mi título, tierra y posesiones, así como todos los derechos que a ellos van supeditados a mi hijo, e hijo de Gudrun Fitz-Oswen, nieta de William Fitz- Oswen, primer conde y señor de estas tierras, Morten Slytherin Fitz-Oswen, y con ello, el disfrute de todo a cuanto éste título le da derecho. Todo esto se hará efectivo a tu regreso. Enhorabuena, hijo mío- dijo el viejo conde apoyando una mano en el hombro del hermano menor de Salazar, quien había caído de rodillas ante su padre, con lágrimas en los ojos, honrado por tal honor. Ahora todo era suyo.

Salazar nota cómo una potente sensación de quemazón abrasa sus entrañas. Siente comenzar a bullir su sangre, y sabe que de un momento a otro explotará, y las consecuencias serán desastrosas. Puede ver cómo su padre lo observa con precaución. Se dirige caminando hasta él, y Salazar procura imbuirse de la mayor máscara posible de escrupulosa frialdad. No ha pensado todavía en cuál será su respuesta, en las repercusiones a tamaña traición hacia él perpetrada por su propio padre y hermano, y desde luego, sabe que no logrará nada si el representante eclesiástico del aspirante al trono Carlos, y el escribano oficial se hallan presentes en sus primeras reacciones. Se limita entonces, a pensar con calma, las preguntas de rigor. Su padre se le adelanta. Apoya una mano en su hombro.

- Salazar. Tu hermano está dispuesto a luchar por el futuro rey. -Salazar mira a su padre como nunca antes ha mirado a nadie. El odio más profundo que jamás antes ha sentido lo embarga por completo, borrando toda otra sensación, y haciéndole sentirse especialmente lúcido. Tiene incluso ganas de reír, y se sorprende y maravilla a sí mismo de su absoluta capacidad por mantener la calma y la frialdad. A pesar de haberse jurado a sí mismo venganza. A pesar de haber decidido que tal cosa no quedaría así desde el preciso momento en el que ha escuchado el veredicto de su padre.

- Tengo entendido y sé que no me equivoco al decir, que el título ha de pasar siempre al primogénito- contesta subiendo la cabeza con orgullo.

- Sí, y así es, Salazar. Pero otros motivos empujan a mi decisión.- el todavía conde de Carisbrook ve en los ojos de su hijo algo que hace por vez primera sentir auténtico pavor- Está bien, lo mejor será que discutamos esto en privado. Si me disculpáis…

Padre e hijo caminan hacia una habitación contigua al salón principal, seguidos de cerca por el hermano menor de Salazar, futuro conde. Salazar le dirige una mirada fulminante.

- Morten. Sí, mejor si también estás presente- comenta el padre con nerviosismo mientras los tres entran en la sala. Morten se asegura de cerrar la puerta correctamente.

Salazar siente que, una vez fuera del peligro de la escucha de aquellos hombres del conde Carlos, la furia vuelve a dominar su mente. Comienza a respirar apresuradamente, y su padre nota su inquietud, por lo que sin más ceremonias expone sus motivos.

- Salazar. Morten ha sido elegido como mi sucesor por un simple motivo. La guerra es cruenta, y la situación para el actual rey pinta desastrosa. Hace días representantes del sobrino del rey, el joven conde Carlos vinieron a pedirnos ayuda y apoyo como condes, dueños y señores de todos los pantanos, tierras, gentes y castillos de la isla de Wight, indiscutible punto de poderío militar y fortaleza en el caso de ser necesitado. Fui entonces aconsejado por ellos que aportara más que mi apoyo de palabra a la causa, y…- su padre continuaba hablando, pero Salazar ya no escuchaba. Jamás le habían interesado las batallitas muggles, lo veía como algo inútil y totalmente inferior y por tanto, carente de relevancia en cuanto a su vida y su persona. Recordó entonces cómo hacía unos días su padre lo había tanteado nuevamente para que se uniera como caballero a las órdenes de Carlos, y cómo él, Salazar, se había negado con denuedo. Él jamás se comportaría como un vulgar muggle. Por ese entonces no podía imaginar que se jugase el título por aquella decisión, pero aún ahora sabiéndolo, tampoco habría aceptado tamaña vulgar proposición. Ni siquiera dejó que su padre continuara hablando, ya imaginaba que el despreciable de su hermano menor habría aceptado luchar al lado del conde Carlos, como un vulgar muggle.

La rabia domina por completo ahora los pensamientos de Salazar, y empaña su raciocinio, sin embargo es capaz de comenzar a hablar manteniendo relativa calma. Acusa con su dedo índice.

- Somos… somos brujos. Somos mejores que ellos. Provengo… provengo de una familia noble, dueña de importantes tierras. Mi abuelo… él, él era brujo y dueño y señor de todo y ahora… vos, maldito imbécil, pretendéis arrebatarme lo que es mío- dice ya sin poder resistirse. Su hermano se pone en guardia, puede ver que mete una mano en su túnica. Bien, él también tiene su varita a mano, y mejor será que no lo provoque más.

- Soy el hermano mayor y por tanto es a mí a quien corresponde heredar el título y las posesiones… yo soy el legítimo conde, y ni siquiera… ni siquiera tú, vil traidor- dice dirigiéndose hacia su padre con sus ojos imbuidos de demencial rabia. Puede escuchar a su lado cómo su hermano se revuelve, pero le da exactamente igual. Sólo quiere hacer todo el daño que pueda, como sea.- ni siquiera tú jamás has merecido poseer esto. Nunca has estado a la altura. Ésto es de mi madre. Tú, un vulgar hijo de la nobleza menor la desposaste codiciosamente, tú eres el culpable de que ella enloqueciera y muriera, y tú has gobernado desde entonces algo que por derecho jamás te perteneció, y de una forma lamentable. Siendo amigo de simples muggles, juntándote con ellos, confraternizando con tamaña escoria… ganándote favores de esa gentuza que ni siquiera debería ser digna de nuestra misedicordia… y ahora te crees… te crees con derecho a otorgar un título que por derecho es mío, y siempre lo fue… cediendo lo que nunca fue tuyo a un hermano que me avergüenza a mí día a día y deja el orgullo de la familia por los suelos, cuya máxima ambición ha sido sólo ganar poder por medio de tratos con muggles, al igual que tú. No hay mayor deshonor para la familia de mi bisabuelo, y juro, por él y por mi madre, que ambos arderéis eternamente en el fuego del infierno, ¡LO JURO!. - exclama Salazar, y echa la mano a su varita. Se sabe capaz de cualquier cosa en ese momento, pero es demasiado tarde, hace ya largo rato que su hermano le apunta directamente a la sien con la suya.

- Siempre has sido un necio hermano, te ha faltado la ambición suficiente para comprender, que el fin justifica siempre los medios. Y que no es deshonroso confiar y tratar con muggles siempre y cuando… logres tus objetivos.- contesta Morten con una despiadada sonrisa.

- ¡Mira lo que me han traído a mí los muggles! ¡Humillación, desgracia y la pérdida de lo que por derecho es mío!- ruge Salazar con furia, y se encamina hacia la puerta con un revuelo de túnica. Su padre lo sigue maquinalmente, pero no hace nada por detenerlo. Antes de salir por la puerta, Salazar se vuelve una última vez hacia su familia. Sabe que no es éste el momento oportuno para la venganza, pues se encuentra en clara desventaja.

- Juro por el alma de mi madre, que jamás gozaréis de este título. ¡Juro por mi alma inmortal, que arderéis eternamente en el infierno!- ruge, y un lanza un esputo hacia el rostro de su padre. Su hermano levanta su varita, pero ya es demasiado tarde. Salazar ha desaparecido por la puerta…

Sus ojos y su mente vuelven hasta el soleado momento en el que se encuentra en el presente. Godric ha dejado de luchar con el chiquillo, y ahora ambos comparten una hogaza de pan bajo la sombra de un robusto árbol. Godric le cuenta historias sobre batallas vencidas y damiselas y princesas rescatadas

- Cuántas damiselas en apuros ha salvado, noble caballero- dice el pequeño muchacho con admiración. - Me gustaría poder hacer lo mismo por salvar a una princesa... Quizás vos podáis ayudarla- comenta, sus ojos llenos de creciente ilusión. - vive con nosotros señor, y acaba de llegar de lejos. Fue atacada por unos villanos…- Godric escucha atentamente, pero el muchacho se detiene a medio relato. Parece lívido al ver a dos mujeres tomadas del brazo, que avanzan hacia él. Enseguida una de ellas se adelanta con aspecto de hallarse preocupada y molesta.

- ¡EVAN! ¡¿Qué haces aquí!? ¡vuelve a casa de inmediato!- el pobre chiquillo traga saliva con preocupación. - Es ésa la princesa- susurra el chiquillo señalando a la muchacha que se ha quedado por detrás, y desaparece corriendo como alma que lleva el diablo. Godric y Salazar miran a la acompañante de la regañona mujer. Es de una belleza deslumbrante, y sin duda, bruja. Ambas lo son. Sendas sonrisas aparecen en el rostro de los dos amigos, que avanzan hacia ellas cortésmente.

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He aquí el primer capi íntegramente dedicado a Salazar! ¡Espero que os guste! Besitos