¡BUENAS! ¡ÚLTIMO DÍA DE LA HERMOSA SEMANA BOKUROO! Ah~~ Estoy muy feliz por haber terminado esto, muy muy feliz. Terminé creando algo de lo cual estoy orgullosa, jaja. ¡Y eso que nunca había escrito para Bokuroo antes! De todas formas, estoy muy feliz, jaja. ¡Quiero subirlo ya!
¡Espero que lo disfruten, nos leemos al final!
La primera vez que Bokuto lo vio, fue cuando estaba entrando a una lechuza con una carta a la madrugada. Lo había despertado el ruido de las alas del animal, y se había quedado espiando por simple curiosidad. Al otro día, les preguntó a sus padres si por alguna casualidad sabían si el vecino tenía una mascota, pero su respuesta fue negativa.
Lo olvidó al poco tiempo, pues el animal no había vuelto a aparecer, y si bien vivían al lado, no iban a la escuela juntos, así que no habían pasado más allá de saludarse.
La segunda vez que lo vio, fue un fin de semana en el que se había despertado antes que sus padres y decidió salir a jugar al jardín. El chico estaba arrodillado en el pasto, y su mano estaba sobre el pasto. Se acercó para ver si estaba bien, pero se quedó sin habla cuando vio cómo las plantas cerca de él florecían. Debió haber soltado algún sonido, pues el chico levantó la vista preocupado y entró corriendo a su casa cuando se dio cuenta de que estaba siendo observado.
La tercera vez y aquella en que se dio cuenta que ocurría, fue una noche de vacaciones. Estaba comiendo tranquilamente con sus padres, mirando la televisión. Su madre le preguntaba si sabía de algún lugar al que quisiera ir, pues su escuela anterior había dejado muy en claro que no lo recibirian con los brazos abiertos. No era su culpa, pero siempre pasaban cosas raras a su alrededor y no había forma de explicarlas. Sus padres lo atribuyeron a estar en el lugar y la hora incorrectas, pues sabían que su hijo no sería capaz de hacer ni la mitad de las cosas de la que lo habían acusado a lo largo de su corta vida.
Cuando su madre levantó la mesa, fue que se escuchó un golpe contra la puerta. Sus padres se observaron, preguntándose si esperaban visitas, pero no fue así. Con cautela, su padre abrió la puerta y preguntó quién era, sólo para dejar entrar a una lechuza, la cual aterrizó en la mesa al lado de Bokuto. Dejó en sus manos una carta y salió volando. La siguió y la escuchó golpearse contra la ventana de su habitación. La abrió, y la vio volar hacia la ventana del vecino y desaparecer frente a ella, como por arte de magia.
Aunque no había olvidado la carta, sus padres le pidieron tiempo para explicarle lo que ocurría. Que a la mañana le contarían lo que había pasado.
Por supuesto, se levantó antes que ellos, y salió al jardín. Se acercó a la casa del vecino, preguntándose si la lechuza seguiría ahí.
―¿Qué haces?
Bokuto evitó caerse por pura suerte.
―¡Te vi con una lechuza, anoche!
―¿Ah? ¿Estás loco o algo?
―¡Yo la vi! ¡Entró por tu ventana!―insistió
―¡No sé de qué me hablas!
― ¡Te ha traído una carta, la he visto! ¡A mi también!
Eso fue todo lo que se necesitó para que el chico dejara la defensiva de lado. Lo miró con los ojos abiertos, sorprendido.
―… Tú… ¿Lo dices en serio?
―¡Sí! Aunque mis padres no me han dicho que es.
―Vaya… Mamá me dijo que creía que tú eras como nosotros pero… ¿Tus padres son brujos?
―¿Qué? ¡No! ¡No me digas que crees en esas leyendas!
―Entonces… ¿Puedes explicar por qué te pasan cosas raras?
―Yo…
―Lo sabía. Mira, papá me enseñó esto.
El chico se arrodilló en el pasto, y apoyó su mano sobre éste. Lo miró y le dijo que se acercara a él, que mirara el suelo también.
― Herbivicus.
Como aquella vez, no pudo evitar quedarse sin habla. Las plantas habían florecido incluso más rápido que la vez anterior.
―¡Vamos, inténtalo!
Así se habían conocido. Se habían hecho buenos amigos, y finalmente, tras unos largos años, una pareja. Parecía el final perfecto para una larga historia.
Pero Bokuto no se conformaba sólo con eso, claro que no. Habían planeado una cena en el restaurante de Sawamura. Era un lugar en el que, si bien iba mucha gente, era más bien tranquila, nada que ver con ellos. Hablaron sobre el departamento que pensaban alquilar una vez que Kuroo rindiera sus últimos exámenes, y del apenas estrenado puesto de capitán del equipo de Bokuto. Las piezas de sus vidas parecían que encajarian de una vez por todas.
A mitad de la velada, Bokuto se excusó para ir al baño. Abrió la cajita que tenía en su bolsillo y sonrió. Se alisó la ropa con la mano, y tras mirarse en el espejo un par de segundos, decidió que no podía salir con su otra mano vacía. Así que hizo aparecer un ramo de orquídeas blancas, con un poco de magia, y se dirigió al encuentro con su amado.
La orquídea de color blanco expresa un amor puro. Digno de Bokuto, ¿No creen?
Ahh~~~ Ya lo he dicho pero estoy muy feliz. Todo esto me hizo muy feliz, jaja. Este último capitulo... Se escribió prácticamente sólo. Sabía que quería incluir algún hechizo desde el principio, pero no me habia puesto a pensar en ello hasta que abrí el word esta tarde y dije "Bueno... ¿Que hago?"
Siento que conté las cosas que quería sin tener que pensar demasiado en todo, y eso definitivamente me gustó, jaja.
Unos datos de color simplemente porque puedo. El restaurante de Sawamura... Dudé mucho sobre si poner un nombre ahí. Pero al chico le gusta comer, así que simplemente diré que creo que cocina bien.
La lechuza que le entregó la carta a Bokuto era de la madre de Kuroo. Una mujer que podría o no tener algo que ver con la escuela. No es que esté implicando que ella es una profesora, por supuesto que no.
Kuroo salía a practicar magia porque no quería parecer débil frente a otros, siendo hijo de dos magos. Los constantes halagos de Bokuto le hicieron muy bien.
No pude quitarme la sonrisa de boba cuando escribía a Bokuto yendo al baño a prepararse. Simplemente no podía, ni podré ahora cuando me vaya a dormir.
Creo que eso es todo, jaja.
¡Fue un placer haber llegado hasta aquí con ustedes!
Sin más que decir, espero que lo hayan disfrutado tanto como yo.
¡Hasta la próxima!
