N.A : gracias muchas gracias por sus reviews, me hacen feliz y hacen que no piense tanto en que soy fiasco escribiendo xD. ¿alguien tiene livejournal? ¿tumblr? ¿AO3?. Tengo problemas con el guion largo en esta página así que mientras lo resuelvo, disculpad. También por errores de ortografía que pueda tener.
Capitulo 8
" Pruebas de Aptitudes"
— Maldito cabrón…
El vomito le estaba raspando la garganta pero, no era comparable a la rabia que sentía en la entrañas. - ¿Quién se creía? ¿Quién le daba derecho?- Aún le costaba asimilar los sucesos de los últimos 40 minutos. – ¡enamorado mis bolas! Okei, no había razón para ser vulgar, su madre no le había enseñado esas cosas.-
— ¿Sam?. La voz de Dean venía detrás de la madera. Sam no quería verlo, solo quería golpearlo. —Sam ¿estas bien?.
— ¡No idiota! ¡No estoy bien!. Se limpió la boca y se enderezó un poco. La cadena se bajo automáticamente. – bienaventurada la tecnología del capitolio- pensó con ironía.
Cuando Sam Salió del baño se encontró con un nervioso Dean, quién sonreía falsamente. Eso solo logro enfadarlo más.
— ¿Estas bien?
— ¿Por qué?
Hablaron a la vez, pero Sam no se rindió.
— ¿Por qué? ¿Por qué hiciste eso Dean?. El rubio no sabía que decirle ¿debía decirle la verdad? Quiza si Sam sabía que todo era una mentira no tendrían resultado sus esfuerzos, no actuaría lo suficientemente bien, después de todo, el menor era una persona entera y normal a diferencia suya ¿quién le aseguraba que no perdieran credibilidad? Estaba en un puñetero dilema.
— Yo…había tomado la decisión — ¿Qué no me habías dicho que debía aprovechar todas las oportunidades? Créeme los tenemos en el bolsillo a todos. Aseguro el muy cretino pagado de sí mismo.
— ¿Y no podías habérmelo dicho antes?. Reclamó aún más enojado. Dean lo miró fijamente con aquellas profundidades verdosas intimidandolo un poco. Solía pasar. El rubio cambiaba de estados a placer. En un momento era un imbécil presuntuoso y al otro parecía que escondía los secretos del universo.
— ¿Qué cosa? ¿ que estoy enamorado de ti?. Lo dice tan cinicamente el maldito, que Sam esta obligado a sonrojarse.
— Idiota. Gruñe— ¿se puede saber desde cuando, a ver?. Está indignado, esta seguro que todo aquello que dijo es mentira ¡esta seguro! Lo que no entiende es porque no le dice la verdad. No es que tenga algo contra los gays o vaya a tratar diferente a Dean porque sintiera algo por el. de todos modos sabe que es mentira. Lo que le molesta es el hecho de que algo que tiene que ver directamente con el, no se le haya preguntado o consultado antes, como si Sam no tuviera control de nada, y Sam odiaba esa sensación.
— Desde siempre Sam ¿acaso no te has preguntado quién es el que deja suministros a tu puerta siempre? ¿quién te regaló ese collar?. Dean mete los dedos dentro de su ropa y sujeta la cadena que sostiene el dije que le regalo. Le causa cierto sopor caliente que Sam lo lleve desde el día de la cosecha. Sus dedos tocan la piel tersa y cálida y siente los dedos cosquillear. Sus ojos se conectan con los de su hermano y no pretende apartar la mirada. Todos sus secretos estaban saliendo a la luz.
Cuando Sam entendió a que se refería fue entonces que el mundo dejó de girar.
— ¿ No te has preguntado por qué dejaron de meterse contigo en la escuela? Todo lo que dije es cierto. Excepto claro que estaba enamorado de él, pero Sam no tenía porque saberlo. Su hermano se alejó unos pasos. Parecía realmente consternado. El mayor podía verlo a través de la turbulencia de sus ojos grises.
— No. No podía creerlo. Negó una y otra vez. — ¿eras tu?. La pregunta iba mas dirigida a él que a Dean.
— Si. Contraatacó el mayor. — Era yo. ¿decepcionado? ¿esperabas que fuera alguna admiradora? Pues lo siento.
— Yo…los ojos se le humedecen de repente y tiene que achicarlos, el mojin en su boca es nuevo y Dean sabe que esta haciendo un puchero. Mierda. La situación lo esta sobrepasando y parece que va a llorar. Ah no, no, no— Sam…Sam no esperaba que fuera una chica, realmente no esperaba que fuese nadie en especial, imaginaba a su benefactor como una sombra sin forma, un ente, solo alguien que lo tomaba en cuenta, que se tomaba la suficiente molestia. En el doce hacer actos de caridad no era muy común, todos luchaban por sobrevivir y el recibía una dotación diaria. Poner el rostro de Dean en aquella silueta misteriosa, encasillarla con el muchacho a quién siempre observaba de lejos como si vivieran en mundos distintos era muy difícil.
— Sam…volvió a llamar Dean con suavidad.
— ¿Qué?. Su voz es resentimiento y vulnerabilidad pero, antes de que pueda levantar una muralla, Dean lo abraza, antes de que la situación se ponga peor y tenga que hacer algo más marica. Nunca había abrazado a alguien, no de esta forma al menos. Cuando Sam era niño y lloraba porque se caía o se lastimaba tenía que aguantarse las ganas de consolarlo pero, ya no tenía que hacerlo. Estaba ahí, Sam estaba ahí.
— Lo siento. Dijó simplemente frotándole la espalda. Afortunadamente Sam no lo rechazo pero, tampoco le devolvió el abrazo. El cuerpo de su hermano se había tensado un minuto para luego relajarse poco a poco. — En verdad lo siento. La próxima vez te lo diré ¿esta bien?. Sabía que su voz estaba en modo hermano mayor porque Sam asintió rápidamente como si Dean siempre hubiese estado ahí para hacerlo sentir mejor.
El peligro de llanto se había esfumado pero el menor estaba muy cómodo en los brazos del rubio. " ¿ya me debería separar?" se preguntó, tampoco quería parecer débil pero, es que Dean lo estaba haciendo sentir justo ahora como si no importara que lo fuera. Había usado un tono de voz que jamás le había escuchado, grave y seguro.
" Estoy aquí por él" había dicho Dean Winchester. "todo lo que te dije es cierto" entonces, ¿El mayor sentía algo por el? le resultaba algo difícil creerlo, más aún digerirlo.
Minutos después Sam se separa de Dean y sin decir nada sale de su habitación para entrar a la suya pero, antes…
— Gracias. Dice y Dean no entiende.— Por todos los regalos. Aclara tomando entre sus dedos la cadenilla del collar y se va dejando a Dean con una pequeña sonrisa.
"No ah sido tan terrible" piensa, sintiendo algo de alivio.
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La chica obtiene un diez, el mayor puntaje y no puede evitar preguntarse que ah echo para lograrlo. No es posible que lo sepa, obviamente, cada prueba es en privado y el es el siguiente.
"Sam Winchester"
Sam se adentra y lo primero que ve es un espacio listo para el. las armas y toda clase de instrumentos están disponibles para que el se luzca y demuestre de lo que es capaz de hacer. Desearía que saber álgebra y literatura valiera como un buen talento pero, aquí solo valen los músculos y la inteligencia, bueno el tenía algo de inteligencia.
Sus jueces estaban en un palco en un nivel sobre su cabeza. Escuchaban música y tomaban vino. Hombres, solo hombres con pelucas y maquillaje y risas cantarinas. Ni siquiera le prestaban atención. Eran indiferentes ante su miseria.
—Tranquilo. Intento calmarse. Era una persona tranquila pero, las injusticias siempre sacaban lo peor de él. Esta vez no podía darse ese lujo. Vio a su alrededor. Dianas, podría intentar con el arco pero, no se sentía aún seguro. Vio la jabalina y la descarto, tomo la lanza y sonrió. La lanza era el arma favorita de Dean. Era extraño pero al tenerla entre los dedos se imaginaba siendo el y un poco de su seguridad le invadía por dentro. La dejo en su sitio y avanzo hacia la pila de armamento. No tenía deseos de usar ninguna y tampoco se le ocurría nada extraordinario. Fue entonces que escucho un carraspeo. Se le calentaron las mejillas cuando cayó en cuenta que los jueces le observaban ¿ desde cuando? Seguramente llamó su atención que aún no hubiese echo nada. Genial.
Entonces la brillante idea llegó, como un fogonazo de inspiración y locura espontanea. Dean era el de las ideas locas y osadas, como ofrecerse como voluntario en los juegos o decirle a medio país que esta enamorado de él, pero ya era hora de que se arriesgara. Le había echo una promesa a su madre y debía abrirse camino por si solo. Ya sabía que hacer.
Cuando fue el turno de Dean para entrar, su hermano venía en dirección contrario con una sonrisa satisfecha justo cuando el numero ocho tintineaba sobre sus cabezas. Era un puntaje alto, no perfecto, pero alto. Se pregunto que habría echo Sam. Su hermano era inteligente y no se decepciono en lo absoluto cuando obtuvo ese nueve es mas, sintió cierto orgullo cuando al entrar en el recinto vio una pila de armas que simulaban un cuerpo y sobre ese cuerpo un muñón de tela donde yacía un diestro dibujo de la cara del presidente Crowley – a Sam se le daba bien dibujar- su frente era atravesado por una lanza.
Dean sonrió sin quererlo.
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Dean había obtenido un diez.
A su amigo le estaba resultando todo bien hasta el momento y sin embargo Castiel no podía evitar esa sensación de angustia desde que el rubio se ofreció como voluntario. Cada victoria de su amigo era como un paso a algo que desconocía, pero lo sabía peligroso.
El día estaba tranquilo, ya había cazado su cena. Todos regresaban de la plaza de ver las trasmisiones de los juegos de ese día. El día de mañana debían estar muy temprano todos. Mañana empezarían los juegos – los de verdad- y Castiel tenía mucho miedo. No debió haberle dejado ir pero ¿Cómo detener a ese cabezota? Se sorprendió mucho cuando Dean loqueimportaessobrevivir Winchester se en-listo en esa misión suicida. Castiel sabía que Dean tenía cierta obsesión insana con Sam Harvelle desde antes que se conocieran pero, no la entendía y hasta ahora no le había irritado tanto. No lo había querido ver aunque siempre fue tan obvio a sus ojos, el mismo Dean lo había confesado frente a miles de tele-videntes. Su amigo estaba enamorado.
Suspiro, acariciando el puente de su nariz. Sin mencionar que desde hace unos días, desde que Dean se fue para ser mas exactos comenzaba a caer en la paranoia. A veces cuando pasaba por las callejuelas desiertas y pobres, escuchaba murmullos, voces y recelo. El ambiente se tensaba y hasta el se sentía como una amenaza en su propio barrio. Como si temieran hasta de él, pero ¿temer a qué?.
Sin darse cuenta llegó al prado donde el y su amigo acostumbraban descansar. Se echo sobre la hierva y la tomo entre los dedos, dejando que el sol lo bañara. Se preguntaba si volvería a estar en aquel lugar acompañado, no quería pensar en ello, pero todo señalaba a que no, seguramente no volvería a ver a Dean recostado a su lado, sonriendole con los ojos traspasados por la luz y el cabello dorado brillando al sol. Quizá no iba a poder detenerlo pero, ahora se arrepiente de al menos no haberle dicho nada.
Debió haberle abrasado por más tiempo.
Es muy temprano cuando todos se reúnen puntuales en el centro de la plaza. Puede distinguir a Hellen, la madre de Sam. Sus ojos están rojos. Desde que Sam se fue la pobre mujer llora día y noche, Castiel no puede culparla. Es como una muerte anunciada, Sam no va a sobrevivir, no importa cuanto Dean lo intente. El chico no esta preparado para esto y es demasiado bueno – o eso decía Dean a menudo- aunque quien sabe, el instinto de sobrevivir cambia a las personas, ya lo sabría el.
Hay cierta inquietud en la multitud como si este año hubiera alguna esperanza de qué el doce avanzara mas allá del baño de sangre – momento en que empieza la masacre inicial, solo una oportunidad de obtener suministros y armamento a elección- Cuando el reproductor empieza a emitir las imágenes sobre el telón gigante de la pantalla, extendida frente el edificio de justicia-como un cinema al aire libre- todo mundo guarda silencio. El show ah comenzado. Los juegos del hambre han dado inció.
Los 24 tributos están cada uno en su posición. Distanciados entre ellos y en puntos claves. En su centro, en medio de todo está la Cornucopia, símbolo de esperanza para los condenados. Dentro de ella todo lo necesario para sobrevivir y una trampa de muerte para los que intentan llegar a ella sin ser lo bastante fuertes.
Los enfocan a todos. Algunos nerviosos, otros listos y cuando la cámara cae en Dean, se da cuenta que el sol también esta brillando en donde quieran que estén. Es un día soleado y de poca brisa. Su rubio amigo tiene las cejas fruncidas y una concentración demoledora. Esta en una posición fiera pero, sin moverse del plato en donde esta. Cualquiera que se mueva del plato antes del cañón explotaría en mil pedazos – aquello se pudo comprobar hace tres años con un pobre insensato-
La cámara cae en Sam, quien para su sorpresa , no tiene expresión alguna en el rostro. Parecía haber aprendido ser ilegible desde que fue escogido. Había aprendido a ocultar sus emociones y por lo que había visto hasta ahora a manejarlas. Era un chico listo.
El cañón suena de repente haciéndolo dar un salto y con el vuelco de su corazón inicia el caos. Solo puede pensar en pedir que a ninguno de los dos se le ocurra ir a la Cornucopia.
