Y como les prometí en mi anterior entrega del capítulo VI de "Corazón del Amanecer" , este Oneshot que cuenta con dos capítulos relata como la pasaron Terry y Candy junto a sus familias en las fiestas Navideñas, espero lo disfruten, bien las dejo leer…
WHITE CHRISTMAS I
Llevaba un rato frente a la ventana, hacia algunas horas que su padre y Henry habían salido en busca de su "árbol", amplió su sonrisa, era Noche buena, por los cual sus padres le prometieron un hermoso árbol navideño, con una condición "que se portará bien", o sea nada de "travesuras", ni investigaciones por la mansión y por supuesto nada de escapes al patio, las dos últimas veces que lo hizo casi se enferma, lo que preocupo mucho a su madre que desde entonces la mantenía bien abrigada cerca de la chimenea.
Se aruco más a la ventana, los esponjosos copos de nieve que se estancaban en ella perfeccionaban el ambiente navideño de la estancia estilo francés que su madre eligió al darse cuenta que sería imposible que entre seis personas adornaran completamente la mansión.
El saloncito de menor tamaño que el de que se utilizaba en fiestas, se lleno de agradables tonos rojos que contrastaban con algunos verdes dando el confort y la calidez hogareña que necesitaba la habitación en aquella época.
Más el diseño original de aquel pabellón constaba de varios cuadros en los que una pareja de enamorados sobresalía de entre los jardines de la exquisita pintura, tallo sus ojos para analizar una vez más las imágenes, "el cielo celeste mezclado con el verde oscuro de los arboles que resguardaban la figura de mármol de una mujer que sostenía un querubín entre sus brazos servía de escondite para la joven dama que sentada alrededor de los rosales indicaba a su gallardo amante el momento adecuado para que se acercase a ellas", los paneles llamados "EL DESARROLLO DEL AMOR", realzaban las múltiples facetas del amor, sus pintorescos entornos y sus protagonistas daban un toque mágico al salón, "en ellos se muestra todo lo que se hace por amor ", le dijo su madre.
-¿Por qué deben verse a escondidas?- pregunto la primera vez que aprecio el cuadro.
-"Por que hay amores que están prohibidos"- respondió con la mirada perdida, como evocando viejos tiempos, no comprendía por qué parecía que todo aquel que se enamoraba terminaba sufriendo, si el amor fue el regalo más grande que hizo Dios para los hombres, según la Señorita Pony.
Suspiro, la Hermana María aseguraba que un deseo pedido en Noche Buena al niño Dios, se cumpliría, su andar como su pesar la llevaron hasta el altar en honor al infante Jesús, las veladoras alrededor de la escena del pesebre le provocaron calor, más sus iris no se alejaron de la dulce sonrisa de la Joven Virgen ni de la alegre mirada del apacible San José, esta noche nacería el Salvador.
-**Niño Jesús que con tú nacimiento llenas hogares de regocijo y alegría**- sus palmas unidas frente a ella en señal de oración -**te pido que esta noche todos aquellos que "sufren por amor", como dice mi mami, puedan estar juntos**- movió negativamente su cabeza con ello su acolchada melena se agito-**lo que quiero decir es que puedan estar juntos por siempre como en los cuentos de hadas, y no solo por esta noche**- debía corregir lo anterior, Nana Amelia decía, que muchas peticiones hechas a Dios no eran cumplidas, no por qué él no quisiera, si no por qué no estaban bien explicadas-**Ya que todos los que se aman cumplen con tu palabra "de amarse unos a los otros, como así mismos"**- su crianza en el Hogar de Pony había sido totalmente religiosa, su conocimiento sobre los mandamientos era claro, aunque en ocasiones confundiese los términos-**¡Ah! Y también quiero volverte a agradecer por mis papis, bendice al Hogar de Pony y trae bienaventuranzas para el mundo entero**- de entre su bata el hermoso crucifijo regalo de su padre resalto de su blanco cuello, beso la cruz con la esperanza de que su oración fuese escuchada.
-¿Qué haces Candy?- pregunto Rosaly entrando al salón, produciendo con sus tacones un sonido que marco su camino, entre sus manos una brillosa charola con dos deliciosas tazas de chocolate acompañadas de galletas se hicieron presentes.
-**Mami**- volteo a verla, Roslay se hallaba sentada ya en un cómodo sillón frente a la chimenea, a su lado una mesita que sostenía su merienda –"Rezaba"-pronuncio al sentirse acomodada en las piernas de su madre.
-"Rezabas"-un húmedo beso sobre su frente, fue el premio por su acción- "algún regalo que quieres te traiga el niño Dios"- cuestiono, pues si estaba a su alcance poder dárselo, lo haría.
-"No"-respondió la pequeña al envolver sus manitas en el reconfortante calor que desprendía su tacita de chocolate.
-Entonces ¿?- menciono al asegurarse que Candy no se quemara con la bebida- ¿Por qué rezabas?-
-"Por los enamorados"-la crujiente galleta entre sus dientes resonó al ser partida por estos.
-¿? ¿LOS ENAMORADOS?- confundida Rosaly busco la mirada de su hija, Candy era noble de corazón, de alma gentil, en ella se apreciaba el amor al prójimo, pero dudaba que su hija supiese con exactitud que significaba la palabra "enamorados"-¿Por qué rezabas por ellos?- pregunto al recordar los cuadros de la habitación, y la posible relación de estos con el rezo de su hija.
-"Par..a q..qué p..uedan es..tar jun….tos- hablo mientras masticaba su galletita.
-Candy no hables con la boca llena- algunos modales de su hija debían ser corregidos al momento.
-"Perdón"-respondió al tragar su bocado - es para que todos los que se aman, como tú y papi puedan estar juntos por siempre- el corazón se le encogió al oír sus palabras y la ternura inflo su alma, haciendo que cariñosamente retirara el rastro de chocolate de los labios de Candy.
-¿Qué te hace pensar que no se quedan juntos?- cuestiono sumamente interesada en la respuesta de su hija.
-"Por que en ninguno de los dibujos están juntos, felices"- explico Candy observando las imágenes a su alrededor.
-¨Eso se debe a que en todos los "enamorados" deben enfrentarse a grandes retos antes de poder estar juntos¨- enfoco su verde mirar en una pequeña bailarina sobre la chimenea, recordando con ellos un hermoso cuento, que haría comprender un poco más a su hija- ¨Creo que no me di a entender ¨-noto la confusión en los ojos de su pequeña-¨Te lo explicare por medio de una historia, la cual espero te haga entender que significado tienen esos sacrificios en el amor¨- el brillo en los verdes ojos de Candy le indicaron que tenía su atención-**El cuento se titula el "El Soldadito de Plomo…
Érase una vez un niño que tenía muchísimos juguetes. Los guardaba todos en su habitación y, durante el día, pasaba horas y horas felices jugando con ellos.
Uno de sus juegos preferidos era el de hacer la guerra con sus soldaditos de plomo. Los ponía enfrente unos de otros, y daba comienzo a la batalla. Cuando se los regalaron, se dio cuenta de que a uno de ellos le faltaba una pierna a causa de un defecto de fundición.
No obstante, mientras jugaba, colocaba siempre al soldado mutilado en primera línea, delante de todos, incitándole a ser el más aguerrido. Pero el niño no sabía que sus juguetes durante la noche cobraban vida y hablaban entre ellos, y a veces, al colocar ordenadamente a los soldados, metía por descuido el soldadito mutilado entre los otros juguetes.
Y así fue como un día el soldadito pudo conocer a una gentil bailarina, también de plomo. Entre los dos se estableció una corriente de simpatía y, poco a poco, casi sin darse cuenta, el soldadito se enamoró de ella. Las noches se sucedían deprisa, una tras otra, y el soldadito enamorado no encontraba nunca el momento oportuno para declararle su amor. Cuando el niño lo dejaba en medio de los otros soldados durante una batalla, anhelaba que la bailarina se diera cuenta de su valor por la noche, cuando ella le decía si había pasado miedo, él le respondía con vehemencia que no.
Pero las miradas insistentes y los suspiros del soldadito no pasaron inadvertidos por el diablejo que estaba encerrado en una caja de sorpresas. Cada vez que, por arte de magia, la caja se abría a medianoche, un dedo amonestante señalaba al pobre soldadito.
Finalmente, una noche, el diablo estalló.
-¡Eh, tú!, ¡Deja de mirar a la bailarina!
El pobre soldadito se ruborizó, pero la bailarina, muy gentil, lo consoló:
-No le hagas caso, es un envidioso. Yo estoy muy contenta de hablar contigo.
Y lo dijo ruborizándose.
¡Pobres estatuillas de plomo, tan tímidas, que no se atrevían a confesarse su mutuo amor!
Pero un día fueron separados, cuando el niño colocó al soldadito en el alféizar de una ventana.
-¡Quédate aquí y vigila que no entre ningún enemigo, porque aunque seas cojo bien puedes hacer de centinela!-
El niño colocó luego a los demás soldaditos encima de una mesa para jugar.
Pasaban los días y el soldadito de plomo no era relevado de su puesto de guardia.
Una tarde estalló de improviso una tormenta, y un fuerte viento sacudió la ventana, golpeando la figurita de plomo que se precipitó en el vacío. Al caer desde el alféizar con la cabeza hacia abajo, la bayoneta del fusil se clavó en el suelo. El viento y la lluvia persistían. ¡Una borrasca de verdad! El agua, que caía a cántaros, pronto formó amplios charcos y pequeños riachuelos que se escapaban por las alcantarillas. Una nube de muchachos aguardaba a que la lluvia amainara, cobijados en la puerta de una escuela cercana. Cuando la lluvia cesó, se lanzaron corriendo en dirección a sus casas, evitando meter los pies en los charcos más grandes. Dos muchachos se refugiaron de las últimas gotas que se escurrían de los tejados, caminando muy pegados a las paredes de los edificios.
Fue así como vieron al soldadito de plomo clavado en tierra, chorreando agua.
-¡Qué lástima que tenga una sola pierna! Si no, me lo hubiera llevado a casa -dijo uno.
-Cojámoslo igualmente, para algo servirá -dijo el otro, y se lo metió en un bolsillo.
Al otro lado de la calle descendía un riachuelo, el cual transportaba una barquita de papel que llegó hasta allí no se sabe cómo.
-¡Pongámoslo encima y parecerá marinero!- dijo el pequeño que lo había recogido.
Así fue como el soldadito de plomo se convirtió en un navegante. El agua vertiginosa del riachuelo era engullida por la alcantarilla que se tragó también a la barquita. En el canal subterráneo el nivel de las aguas turbias era alto.
Enormes ratas, cuyos dientes rechinaban, vieron como pasaba por delante de ellas el insólito marinero encima de la barquita zozobrante. ¡Pero hacía falta más que unas míseras ratas para asustarlo, a él que había afrontado tantos y tantos peligros en sus batallas!
La alcantarilla desembocaba en el río, y hasta él llegó la barquita que al final zozobró sin remedio empujada por remolinos turbulentos.
Después del naufragio, el soldadito de plomo creyó que su fin estaba próximo al hundirse en las profundidades del agua. Miles de pensamientos cruzaron entonces por su mente, pero sobre todo, había uno que le angustiaba más que ningún otro: era el de no volver a ver jamás a su bailarina...
De pronto, una boca inmensa se lo tragó para cambiar su destino. El soldadito se encontró en el oscuro estómago de un enorme pez, que se abalanzó vorazmente sobre él atraído por los brillantes colores de su uniforme.
Sin embargo, el pez no tuvo tiempo de indigestarse con tan pesada comida, ya que quedó prendido al poco rato en la red que un pescador había tendido en el río.
Poco después acabó agonizando en una cesta de la compra junto con otros peces tan desafortunados como él. Resulta que la cocinera de la casa en la cual había estado el soldadito, se acercó al mercado para comprar pescado.
-Este ejemplar parece apropiado para los invitados de esta noche -dijo la mujer contemplando el pescado expuesto encima de un mostrador.
El pez acabó en la cocina y, cuando la cocinera la abrió para limpiarlo, se encontró sorprendida con el soldadito en sus manos.
-¡Pero si es uno de los soldaditos de...! -gritó, y fue en busca del niño para contarle dónde y cómo había encontrado a su soldadito de plomo al que le faltaba una pierna.
-¡Sí, es el mío! -exclamó jubiloso el niño al reconocer al soldadito mutilado que había perdido.
-¡Quién sabe cómo llegó hasta la barriga de este pez! ¡Pobrecito, cuantas aventuras habrá pasado desde que cayó de la ventana!- Y lo colocó en la repisa de la chimenea donde su hermanita había colocado a la bailarina.
Un milagro había reunido de nuevo a los dos enamorados. Felices de estar otra vez juntos, durante la noche se contaban lo que había sucedido desde su separación.
Pero el destino les reservaba otra malévola sorpresa: un vendaval levantó la cortina de la ventana y, golpeando a la bailarina, la hizo caer en el hogar.
El soldadito de plomo, asustado, vio como su compañera caía. Sabía que el fuego estaba encendido porque notaba su calor. Desesperado, se sentía impotente para salvarla.
¡Qué gran enemigo es el fuego que puede fundir a unas estatuillas de plomo como nosotros! Balanceándose con su única pierna, trató de mover el pedestal que lo sostenía. Tras ímprobos esfuerzos, por fin también cayó al fuego. Unidos esta vez por la desgracia, volvieron a estar cerca el uno del otro, tan cerca que el plomo de sus pequeñas peanas, lamido por las llamas, empezó a fundirse.
El plomo de la peana de uno se mezcló con el del otro, y el metal adquirió sorprendentemente la forma de corazón.
A punto estaban sus cuerpecitos de fundirse, cuando acertó a pasar por allí el niño. Al ver a las dos estatuillas entre las llamas, las empujó con el pie lejos del fuego. Desde entonces, el soldadito y la bailarina estuvieron siempre juntos, tal y como el destino los había unido: sobre una sola peana en forma de corazón.
El finalizar de la historia trajo consigo un significativo suspiro por parte de Candy quien en su momento sintió lastima y admiración por las desaventuras del valeroso soldadito, que en ningún momento perdió la esperanza de volver con su bailarina, se aferro al pecho de su madre, se sabía alegre por que la bailarina y el soldadito fueron felices por siempre, el camino que tuvieron que atravesar fue duro y cruel, pensó, más ya nada los separaría…
-¿Qué te pareció la historia?- la suave voz de su madre la saco del trance en que sus sentidos se hallaban, elevo su pecoso rostro hasta encontrar las espesas pestañas negras de Rosaly danzando al compas del parpadeo de sus ojos que se entreabrían con lentitud en espera de una respuesta.
Cerró los ojos y con una sonrisa enigmática que se trazo al momento de rememorar palabra por palabra el cuento-"*Fue Maravilloso*"- respondió aun sin abrir sus pequeños orbes, algo dentro de ella deseaba ser como el pequeño, pero valeroso soldadito de plomo, pues su amor fue tan grande que nunca se dejo vencer por las calamidades, ni la adversidad que lo rodearon.
-"Me agrada escuchar que te gusto"- dijo Rosaly al levantarse junto con ella, dispuesta a salir del salón- "entiendes ahora por que los "enamorados" deben luchar por su amor"-
-"Si"- contesto reposando su cabeza en el hombro de su madre-*Mami*- llamo Candy.
-¨Si amor¨-
-¿Crees que el niño Dios, pueda traerme un soldadito como el de la historia?- pregunto al envolver con sus bracitos en el largo cuello de su madre, eran las cinco y Rosaly estaba acostumbrando a su hija a tomar la siesta, Candy bostezo mientras comenzaba a cerrar los ojos.
-**Claro mi amor**- sonrío, seguramente Candy querría su propio escuadrón de soldaditos para jugar, lo que Rosaly no comprendió fue que su hija no se refería a un soldadito de juguete sino a alguien igual de valiente que el soldadito, capaz de superar cualquier obstáculo en la vida para llegar a su bailarina…
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¿Les gusto? Eso espero, Como podrán notar me baso en la historia del " Soldadito de Plomo", porque bueno les contare un poco sobre mí, espero no aburrirlas, el caso es que cuando tenía seis años mis padres se separaron, durante un largo tiempo no pude quedarme con ninguno por los trámites legales, no me pregunten por qué, ni yo misma lo entiendo ahora, el punto es que en ese tiempo viví con mi Mama Lidia (mi abuela) quien gustaba contarme historias, el Soldadito era una de mis favoritas, así que sin pensarlo más, decidí que ese sería el tema principal en el los Oneshot, que les parece, gracioso, tierno, irracional, no lo sé, ustedes díganme, espero sus reviws, y nuevamente Feliz Navidad y prospero Año nuevo les desea Su amiga.
HASTA LA PROXIMA SE DESPIDE Kaolinet…
