Notas del Autor: De aqui en adelante la clasificacion de mi historia ha de cambiar a M, debido a la violencia que se puede dar en los capitulos futuros y por supuesto en el capitulo presente. Quedaos advertidos de que este capitulo puede haber escenas violentas que algunas personas suceptibles puede llegar a molestar, asi que abstengaos de leer este fragmento de la historia hasta como en 3 capitulos mas que es cuando empieza lo mas dulce de este romance, lo sé, estoy dando un spoiler pero vale la pena.

También sé que dije que subiria esto hace una semana pero tuve demasiadas tareas que ni siquiera sabia que tenia y pues primero esta el deber, contestaré a sus reviews por mp una vez suba esto.

Disclaimer: La historia de Hellsing.. blablabla... pertenecen a Hirano Kōta ... blablabla no es mia y bueno lo demás ya lo saben.

Sin más preambulos aqui el capitulo de hoy


La vieron llegar, parecía una estrella fugaz que dejaba una estela roja por donde pasaba, cuando por fin tocó el piso sus alas negras se deshicieron en murciélagos que volaron en todas direcciones y de su extraña luz roja que más de cerca parecían llamas infernales, pudieron observar que salía una figura femenina; era una jovencita rubia de piel muy blanca. Parecía una muñeca muy bella y llevaba en su mano derecha una espada plateada con detalles de zafiro que en la empuñadura tenía el escudo de armas de la casa Hellsing, ella vestía de rosa claro y en pocas palabras parecía un ser imposible; Andrew Rumsfeld la conocía, era la joven que había visto en la mañana en los jardines de la mansión, solo que ahora su gesto no era melancólico sino ilegible y serio. Ella se había puesto detrás del caballero de rojo cubriéndole las espaldas empuñando su espada en gesto desafiante viendo a los vampiros que la rodeaban, más sin embargo carecía de alguna mueca de terror en su angelical rostro, parecía no tener miedo sino mas bien estar encantada con tan triste perspectiva.

- Aquí estoy mi amo – dijo ella con el gesto circunspecto sin voltear a ver al vampiro que la había invocado – ¿cuáles son las ordenes que debo seguir?

- Mátalos a todos – contesto aquel hombre mientras sonreía aparentemente satisfecho con el espectáculo que la joven acababa de dar.

Ella se movió mucho muy rápido, más velozmente de lo que había visto que se movían los otros vampiros de su alrededor, tan rápido que no parecía moverse sino aparecer y desaparecer a su antojo. Por donde pasaba ella solo se veía saltar sangre a chorros y cabezas caer, en ocasiones podía vérsele encajar la espada de hoja no muy ancha pero poderosa en el corazón de sus víctimas mientras les despedazaba inmisericordemente. La joven sonreía ante ese espectáculo macabro.

Alucard la veía embelesado mientras disparaba con velocidad a más y más vampiros: ella se estaba divirtiendo tanto como él. Parecía como si hubiera entrado en un estado profundo de sed de sangre y la visión de eso lo hacía temblar de emoción, se veía hermosa, frágil y mortíferamente peligrosa al mismo tiempo; no pudo evitar dejar salir su risa macabra, era simplemente un poema como había llegado hasta donde él estaba y luego verla como estaba despedazando al enemigo. Su draculina blandía una espada como arma y lo hacía maravillosamente aunque su técnica no era la adecuada, si se lo permitía él mismo le enseñaría como hacerlo correctamente, si, le enseñaría mas y mas cosas.

Estaba más que contento de que su ama le hubiera permitido ver en una misión cuanto había aprendido su vampiresa en su ausencia, ya no era tan tímida y tan quisquillosa sino mas bien segura y osada, ya no se ponía a pensar en el sufrimiento de los ghouls o en el de sus víctimas, ni preguntaba el porqué de las cosas sino que cumplía exacta, veloz y profesionalmente con lo que tenía que hacer, la experiencia y los años le habían perfeccionado: se había vuelto una asesina cuyos poderes habían aumentado exponencialmente. Si se le veía cuidadosamente tal como él lo estaba haciendo se podrían dar cuenta de que la razón por la cual anticipaba los ataques de sus objetivos era porque les leía la mente y tenia total control de su don de clarividencia, sabía exactamente qué era lo que estaban por hacer y actuaba en consecuencia.

Hermoso, simplemente maravilloso – pensó el conde mientras atacaba a lado de su draculina. Al haber visto el manejo de sus sombras para volar y el cambio que les había dado al convertirlas en murciélago comprendió que también tenía control de su habilidad de cambiar de forma y de vuelo, ninguno de los cientos de vampiros que la atacaban podían tocarla porque sus reflejos eran tan sensibles que no podían tomarla por sorpresa. A veces se daba el lujo de pasar a través de ellos utilizando su intangibilidad y lo que más le estaba gustando: ella jugaba con ellos para engañarles y permitirles matarse entre sí, estaba permitiendo que su lado obscuro se apoderara de ella: era cruel y sus travesuras eran bastante malvadas.

- Vamos Seras Victoria, sorpréndeme e inspírame, muéstrame de lo que eres capaz – Le dijo Alucard a su vampiresa quien se movía cerca de él cubriéndole – déjame ver aquello que has aprendido todo este tiempo.

Ella solo respondió con una risa aguda y cruel mientras se movía ágilmente destrozando a sus enemigos, cortándoles en pedazos:

- Maestro mío, dudo mucho que alguna cosa que pueda hacer yo pueda sorprenderte a ti que eres mucho más poderoso – Le había hablado con sinceridad pero estaba muy alejada de la verdad, ya le estaba sorprendiendo.

Integra estaba luchando ferozmente en contra de los vampiros que se reunían cerca de la barrera ya mucho más tranquila al ver a su subordinada ayudando a Alucard, uno de ellos se le acerco demasiado intentando alcanzarla gritándole majaderías tentándola a salir de la protección del muro que había puesto su guardián.

- Maldita zorra – le gritaba el vampiro – apuesto a que solo te sientes segura estando allí pero pronto te alcanzaré y entonces gozare de ti hasta cansarme, mataré a tu familia y a tus seres amados y te demostraré mi verdadero poder mientras tú agonizas rogando piedad.

- Si yo fuera tú no me atrevería a decir semejantes insensateces – Dijo la voz dulce y suave de Seras Victoria detrás de él

- ¿Quién eres tú para decirme que debo o no debo hacer? – Se había girado a ver a Seras completamente intentando saltar en su contra.

Antes de que él la alcanzara ella ya lo tenía inmovilizado de los brazos y el pecho y lo había puesto de frente a su ama para que la viera de frente:

- Tal vez yo no soy nadie importante – su voz se había tornado aterciopelada debido a la sed de sangre que tenia – Pero ella, ¿la vez? – Le tomo de los cabellos y le acercó el rostro al de Integra sin dejar pasar la barrera, sonriendo malévola y sensualmente – ella es quien tiene en sus manos tu vida o tu muerte, más bien, por ella morirás esta noche. Todos ustedes morirán esta noche – Les dedico un grito a todos los vampiros que estaban cerca – Solo digamos que tienen la oportunidad de morir rápido o sufrir en mis manos y en las de mi maestro. Todo depende del nivel de estupidez que demuestren. – Jalo con fuerza su cabello obligándolo a hacer la cabeza hacia atrás y habló suavemente a su oído – Tú ya has mostrado un nivel de estupidez muy alto.

Enterró su espada en el suelo y torció con fuerza la mano del vampiro hasta arrancarla de su articulación:

- Discúlpate con mi ama – pidió amablemente mientras se relamía los labios – discúlpate con mi ama y tendré clemencia. Si no es así dejare volar mi imaginación contigo.

- ¡Nunca, maldita zorra! – grito escupiendo hacia Integra mientras se retorcía del dolor, la draculina le había roto las piernas de una patada.

- ¿Ahora estás listo para disculparte? – El vampiro no hacía más que chillar del dolor y para ese momento ya sabía que la joven hablaba en serio

- Si, si – Gritó desgarradoramente – ¡perdóname, perdóname por favor!

- Bien, eso era tan fácil, no entiendo porque no lo hiciste desde el principio – apenas termino de decirlo le rompió el cuello y después con sus manos separó la cabeza de su cuerpo

Integra estaba realmente sorprendida al ver la crueldad con la que se estaba manejando su draculina, aunque al mismo tiempo estaba aliviada porque la había defendido. Siempre había estado acostumbrada a verla tranquila pero ahora ella actuaba de otra manera mucho más atemorizante ¿Qué era lo que le sucedía a Seras? Nunca la había visto así.

La draculina pudo observar como su ama la veía con miedo y como después de hacerlo le dedicaba una mirada a Alucard quien la había correspondido de la misma manera volteándole a ver de frente, y ahí fue donde comprendió la verdad, que ella sobraba y que debía dejar sus ilusiones y esperanzas de lado ya que no tenían ni el más mínimo sentido, estaba en el linde de la depresión profunda ¿Qué había hecho ella para enamorarse así de alguien como él? ¿Había sido tan mala en vida que por eso le habían regalado semejante castigo? pero tenía una misión que cumplir y no podía dejarse caer y menos por algo tan irrelevante así que sacudió la cabeza intentando dejar sus sentimientos torpes e inservibles de lado y fue a tomar su espada. Pero antes de que lo lograra uno de los vampiros fortachones que estaba cerca corrió con velocidad hacia ella y la tacleó golpeándole con fuerza el estomago, estaba fuera de guardia debido a su ensimismamiento y había dolido, dolió mucho, dolió tanto como la primera vez que alguien la había golpeado así, en casa, cuando sus padres murieron, cuando intento defender a su madre de ese maldito malnacido aunque esto no había sido un disparo había dolido lo suficiente como para entender que estaba sola.

Seguía absorta y ese maldito vampiro se acercaba a ella con un trozo de metal en las manos, ¿la habría de golpear? Estaba muy lejos de entender que habría de malo en que lo hiciera, ya no había parte viva de ella que en ese momento pudiera permitirle ponerse de pie y seguir luchando ¿para qué seguir luchando? ¿Cuál era su motivo para seguir viva? Se acercaba, se acercaba y ya estaba a punto de llegar a lastimarla, está bien – pensó – dame tu mejor golpe. Esperó a que llegara, dándole la oportunidad de lastimarla pero él nunca llego ¿Por qué? ¿Qué estaba haciendo su maestro tomándolo del cuello? Eso no estaba en sus recuerdos, nadie había ido a defenderla ese día… ¿qué hacía del día de hoy tan especial?

Alucard había aparecido delante del vampiro que había atacado a Seras mientras este corría hacia ella y le había contestado no con una bala, sino con un puñetazo por toda la cara que le tiró de una todos los dientes, estaba lleno de odio por una razón que desconocía y es que ¿Cómo se había atrevido a tocarle un solo cabello?, le levantó y tomó del cuello mientras le gruñía con ira, demasiada ira. Desmembró parte por parte su cuerpo jalando y mordiendo con sus afilados y horrorosos dientes, enterró su mano en su corazón y lo sacó de su cuerpo mientras aun estaba vivo y podía verlo, lo tiró al suelo y lo pisoteó hasta que no que quedó ni el mínimo rastro de él.

Se acercó a ella inexpresivo sin embargo un tanto preocupado y confundido pero más que nada enfadado mas allá de sus límites, los demás medians que estaban a su alrededor se habían quedado inmóviles ante tal crueldad.

- ¿Te duele? – preguntó instintivamente al verla presionarse el estomago con ambas manos, Integra y Richard lo miraron con extrañeza ya que esa era una actitud bastante rara en él.

Seras Victoria estaba cabizbaja en una expresión de profundo dolor, cuando lo escuchó lo volteó a ver de frente con una mirada de miedo y tristeza como él no había visto jamás, más sin embargo de manera repentina, sacudió la cabeza riendo en un volumen muy bajo:

- Ya no maestro, ahora ya nada me duele – Su voz sonaba diferente, profunda y oscura, sin emoción – Y ya nada me puede doler.

Ella se había levantado de la misma manera con la cual un titiritero levanta a su marioneta de hilos, su propia sombra hacia relativamente difícil ver su rostro pero lo que sí pudo ver fueron sus ojos rojos y brillantes como la lava relucir aun mas, ahora ya no tenían expresión ni sentimientos y en su cara había una sonrisa cruel, sus alas se habían vuelto a formar en su espalda dejando ver en ellas la profunda obscuridad de su alma y la maldad que ahora residía en ella en las llamas infernales que brillaban en las orillas de sombras. La miró con cautela, esa mirada la conocía muy bien y eso era la razón por la cual lo asustaba verla en su rostro, esa mirada que Seras tenía en ese momento era suya, era la que había portado desde que se había convertido en un no muerto maldito, la misma que portaba desde que había decidido abandonar el dolor y los sentimientos y se había entregado a la obscuridad.

La draculina reía estrepitosamente cada vez con más fuerza y cada vez mas diabólicamente, todos los vampiros que se encontraban a su alrededor se alejaron de su presencia lentamente como si conocieran lo que podría pasar si ella llegaba a notar su presencia en ese lugar, en sus rostros podía notarse claramente el terror que le tenían y también que sabían que era de un rango mucho más al que ellos, es decir, notaban su pequeñez ante esa reina sin vida y el rey sabia que ella también conocía perfectamente que tan poderosa y peligrosa era. Lo volteó a ver a los ojos y le sonrió sensual y desvergonzadamente, entonces lo comprendió, ella veía a través de él y podía saber todos los pensamientos obscuros que había tenido hacia ella: Conocía su deseo y su lujuria por ella y si se ponía a ver más interna y profundamente conocería muchos más secretos que no le convenía que tuviera en su poder, ahora él era quien tenía que levantar barreras mentales y no al revés.

No tenía necesidad de hablar ni de amenazarles para que conocieran su destino, su draculina había cambiado los papeles: Ellos ya no eran los cazadores y ella la presa sino al revés. Ahora los que esperaban asustados cual cachorritos eran ellos y Alucard debía admitirlo: de cierta forma él también estaba algo horrorizado y eso le emocionaba a su lado obscuro pero por otra parte no le gustaba para nada ¿Qué demonios le sucedía? Eso era lo que había deseado desde el principio, una mujer tan fuerte y tan intensa que provocara toda clase de sensaciones en él tales como esas. Ella le estaba demostrando algo que él nunca creería haber visto: que una mujer tan dulce y tierna podría ser tan malvada y tan cruel que le causaban escalofríos de la emoción de estar en su presencia, mas sin embargo había algo mal en ella y él lo sentía; no estaba disfrutándolo tanto como pensaba que lo haría cuando llegara el momento.

La vio en toda su gloria mientras se preparaba a atacar a sus enemigos, él tampoco hacia ningún movimiento solo para poder tener el placer de verla hacer libremente lo que quisiera, la jovencita giró lentamente la cabeza para voltear a ver a todos sus enemigos a los cuales veía con mucha soberbia y suficiencia. Todos temblaron, no solamente los vampiros sino también los reclutas que la observaban con asombro, ella les sonrió diabólicamente, él había comprendido que también a ellos les estaba leyendo la mente y estaba bastante satisfecha con el horror que veía en el interior de sus víctimas, hasta parecía que pudiera respirar el aroma de la adrenalina en su sangre y estaba hambrienta de ellos.

Pudo ver como las alas de Seras Victoria comenzaron a derretirse y las sombras caían como gruesas gotas de petróleo que creaban un charco en el piso cerca de ella y se extendían lentamente bajo los pies de todos, los vampiros intentaban no pisar la masa negra de orillas rojas y ardientes, saltaban procurando alejarse de eso, pero aunque la velocidad en la que caía la sombra era bastante lenta cada vez la mancha se hacía mas y mas grande. Hubo un momento en el cual comprendieron que no podría alejarse de eso sin que ella se diera cuenta de su presencia y en un intento en vano por huir corrieron en todas direcciones, pero ella no se movió, sino que se quedo ahí sonriendo, con la mirada cruel y vacía mientras sus alas caían a pedazos. Estaban a punto de llegar a los arboles donde pensaban estaría su salvación pero casi un centímetro antes de que sucediera se toparon con una barrera como la que había hecho él mismo para proteger a los reclutas de Hellsing: lo había tomado de su memoria y lo había recreado fielmente, una vez mas estaba aprendiendo de él. No sabía cómo reaccionar ante tal cosa, ¿debería reprenderla por entrometerse en su mente o debería felicitarla por haber aprendido a hacer algo de tal magnitud?

Se alejaron dispersándose por todo el campo intentando huir desesperadamente de ella pero los había atrapado, no podían escaparse de su área de efecto, a donde sea que corrieran había un muro invisible que les impedía salir. Lo golpeaban desesperados intentando romperlo pero lo único que conseguían era quemarse las partes del cuerpo que tenían contacto con eso, la mancha se extendía mas y mas y la sonrisa de su draculina cada vez más grande y cruel. Sir Integra lo veía algo desesperada en busca de apoyo, a ella tampoco le gustaba como se estaba comportando Seras, esa actitud que estaba demostrando no era para nada normal.

Las palabras que Pip Bernardotte le había dicho esa tarde habían resonado en su cabeza:

"Nada es para siempre conde: La vida termina en muerte, el día termina en noche y lo lleno se vacía en algún momento. Tómala, bébela, quédatela, es tu esclava ¿no es así?, es tu muñeca ¿verdad?, hazlo pero recuerda que te la terminarás, y entonces ya no quedará nada de lo que ves ahora, la convertirás en lo que eres: Un desdichado, vacio y corrupto ser, terminara por ser obscuridad y entonces no tendrás nada más con que saciar tu sed"

¿Eso era acaso lo que quería, que ella se convirtiera en eso que él era? Debía pensarlo muy bien, en parte si era verdad lo que le había contestado esa mañana: "¿Qué te hace pensar que eso me interesa? ¿No crees acaso que la tomé para hacerla a mi imagen y semejanza? ¿No crees que el hecho de que ella se convierta en un ser malvado y cruel es lo que yo planee desde el principio?" Eso había querido cuando la había tomado como vampiresa: Una mujer hermosa y sensual la cual poder poner en su lista de sus novias tal como lo habían sido Aleera, Marishka y Verona; esas jóvenes draculinas que le seguían a todas partes y le servían de escolta y compañía en sus años de soledad y ¿por qué no? no solo convertirla en su novia sino en su esposa, en su reina sin vida, aquella que estaba destinada a convertirse no solo en la líder de esas vampiresas sino en la líder de todos los no muertos, pero para eso debía ser poderosa y malévola así nadie se atrevería a desobedecer sus ordenes y le temerían, eso había pedido de su draculina Seras Victoria al principio.

No sabía cuál era la más grande crueldad que estaba llevando a cabo Seras con esos vampiros, al menos no cual de las dos calificar como la más maléfica: Los mantenía a la espera de su fin y con la esperanza de poder salir mientras los veía inmóvil desde su sitio. Los vampiros se habían roto las uñas y sangraban por las manos y las piernas debido a las quemaduras que les causaban los muros que los apresaban, se auto mutilaban por voluntad propia sin que ella hiciera nada para provocarlo, estaba jugando con su mente. La sombra de la vampiresa había cubierto completamente el piso y estaba a punto de hacer su trabajo, de pronto pareció que se desvaneció, mas sin embargo no era así sino que se convertía en humo negro que los cubría lentamente elevándose pasando sobre ellos; los hilos de humo negro giraron en torno al cuello de sus víctimas mientras estos los observaban con horror, los tenían atrapados sin que pudieran hacer nada y aun así ellos seguían intentando salir. Aparentemente su draculina se estaba cansando de escuchar sus llantos, levantó el brazo con la mano extendida como si le estuviera a punto de tomar algo en el aire, esperó unos momentos mientras sus víctimas le veían horrorizados y de pronto cerró el puño: Los hilos de humo se convirtieron en filosas armas que les decapitaron mucho más rápido que lo que les había hecho esperar, así fue como terminó con todos los vampiros que se encontraban en esa zona: Como El Ángel de la Muerte Walter – recordó Alucard - no estás usando nada nuevo, solo me muestras lo que has aprendido draculina.

Para su sorpresa su draculina le sonrió y le miró de frente:

- Lo siento maestro, es solo que mi mente no está habituada a crear caos y desastre – contestó con su voz aterciopelada y sensual mientras se acercaba a él – por lo menos aun no, sin embargo deseo mejorar mi técnica.

- ¿No sabías que es de mala educación entrometerte en los pensamientos de los demás? – le dijo seriamente pero ella solo sonrió traviesamente como respuesta

- De todas maneras me iré al infierno - cada vez estaba más cerca y le causaba un escalofrío placentero en todo su cuerpo, intentó leer su mente pero ella tenía la guardia alta – ¿de verdad quieres saber lo que estoy pensando amo? Adelante, soy tuya además… – hizo una pausa ligera – esos pensamientos antes tenían un significado y ahora no son nada para mí.

Elevó sus propias barreras mentales solo para que ella no supiera lo que estaba pensando en ese momento, era bastante molesto que contestara a preguntas que aun no había formulado ¿Por qué había estado esforzándose tanto en ocultar su secreto si al final se lo iba a entregar en bandeja de plata? Eso era algo que no tenía ni el más mínimo sentido, bien le estaba dando la oportunidad de ver aquello que le tenía tan intrigado desde que llego a la fortaleza ahora el problema sería tomarla o dejarla ir, si ella le había dado permiso quizá no sería tan malo.

Intentó entrar en su cabeza y para su sorpresa lo logró con la facilidad con la que alguien entra a un lugar donde la puerta está abierta: Vio a niña sola y triste llorando dentro de una habitación sombría de hospital una noche lluviosa, ella recordaba a sus padres que ya no estarían cerca de ella nunca más y no sabría que sería lo que le depararía el futuro, estaba herida ¿Quién se había atrevido a lastimar a una niña tan pequeña?, por eso era que odiaba a los humanos, según ellos se decían mucho mejor que él que era un monstruo sin embargo tenían mucho menos escrúpulos y cometían muchas más injusticias. Hurgó más atrás en las memorias de Seras solo para hacerle recordar las razones por las cuales habían matado a sus padres: Los presuntos asesinos habían sido enviados por alguien más al que su padre había molestado investigando en sus asuntos privados por parte de la policía. Después pudo verla sola otra vez pero ahora en un orfanato, no había nadie que la quisiera adoptar puesto que actuaba de manera muy violenta e incluso sus mismos compañeros de la escuela la menospreciaban y la hacían a un lado, lo que realmente le extrañaba de esto era que ella siempre sacaba el lado bueno de la situación y sonreía.

La joven había tenido todo para comportarse tan mal o peor que él, había sido lastimada de muchas formas y sin embargo había elegido otro tipo de vida, había elegido ser una persona buena y servir a los demás aunque la mayoría de las veces ellos no lo merecían. Quizá de los recuerdos de su vampiresa esa idea era lo que más le había hecho enfadar pensando que era una injusticia que alguien tan bondadoso tuviera una vida tan dolorosa, ¿no era que se suponía que las personas buenas tenían premios y a los que se portaban mal eran castigados? Otra vez su peor enemigo le había jugado una mala pasada y le había mostrado que no siempre era ecuánime y no premiaba a quien lo merecía, si no para muestra estaba ella y su actual situación, mirando a donde la había dejado ir a parar, en manos de él que era un ser despiadado y ruin. Podría ser lo peor de lo peor pero él nunca la habría dejado sola a merced del destino sino que habría cuidado de ella, lo cual lo hacía mil veces mejor que él.

Paso de pronto al recuerdo de su adolescencia, la hermosa niña de pelo rubio y ojos azules se había convertido en una muy bella señorita, una joven que había tomado una decisión bastante rara para alguien como ella, en cuanto salió del orfanato había vuelto a casa de sus padres y había vivido sola trabajando aquí y allá y todo para cumplir su sueño de convertirse en policía. Chica Policía – pensó mientras sonreía – ¿con que así fue que decidiste llegar a ser lo que eras cuando te conocí? , ella había decidido serlo para honrar la memoria de su padre y sobretodo como manera de vengar su muerte, quizá no con las mismas personas que los asesinaron pero si impidiendo que alguien más fuera víctima de su mismo sufrimiento. Sus compañeros se burlaban de ella porque era muy debilucha y muy suave e incluso pensaban que había elegido la profesión equivocada y Alucard no los culpaba puesto que en algún momento había pensado lo mismo, así que le habían puesto un apodo bastante particular: gatita. Según lo que Seras recordaba, le llamaban gatita porque decían que según ella atacaba con uñas y dientes pero al final de cuentas era tan inofensiva y tierna como una gatita pequeña.

Luego llegó al recuerdo de la noche en que la conoció, pero esta vez desde otro punto de vista, ahora lo veía todo desde sus ojos: Estaba asustada y había visto a sus compañeros quienes hasta cierto punto habían hecho el papel de su familia morir despiadadamente a manos de un vampiro estúpido e insensato, otra vez se había quedado sola. Podría haber pensado que verlos ser atacados por el vampiro había sido la situación más traumática para ella, pero eso estaba muy lejos de ser real: Lo que más le había dolido a ella no era solamente haberlos visto morir sino tener que haber huido de ellos cuando se levantaron como no muertos y comenzaron a seguirle para atacarle. Corría sin un rumbo porque ya no tenía algún lugar a donde ir, ya no había nada ni nadie a quien regresar y aun así cuando él le ofreció ser una draculina había elegido vivir, la admiraba profundamente porque ella había hecho algo que él no: había elegido el camino difícil, era como una flor que había crecido a pesar de la adversidad y se había mantenido intacta con el paso del tiempo. Fue entonces que le llegó la revelación esperada: Si ella había soportado tanto sola y aun así su llama había salido invicta ¿qué era eso tan importante que había hecho que ese día la flama que ardía en su alma perdiera vida y estuviera por apagarse?

Antes de revisar de nuevo sus memorias volteó a verla, allí seguía ella inmóvil observándole con esos ojos rojos fríos e inexpresivos que alguna vez fueron cálidos y amorosos, sabía que ella estaba reviviendo todo eso a su lado, era como si estuvieran caminando juntos a través de su historia más sin embargo ella no hacia ninguna mueca de dolor ni lagrima alguna se asomaba por sus ojos ¿era acaso que la había perdido? ¿Había perdido a la Seras Victoria que conoció esa vez? Si ella había soportado mucho eso quería decir que el dolor que sentía ahora era ni siquiera comparable al de años pasados y eso le asustó, le asustó porque para que alguien tomara la decisión de abandonar todo sentimiento y entregar su alma a la obscuridad infinita significaba que el sufrimiento que sentía era insoportable ¿de verdad era eso lo que quería para ella? ¿Quería que se hundiera en sus sufrimientos personales y no volviera a ver la luz de la mañana? Fue entonces cuando se puso a reconsiderar la respuesta que le había dado al mercenario esa mañana, la respuesta no debió haber sido la que fue, la respuesta debía haber sido un: No. Y era un no porque ahora había caído en la cuenta de que quererla convertir en algo como lo que había deseado era muy egoísta de su parte, ¿pero que se podía esperar de él que era un monstruo sin ilusiones ni esperanzas? Si, él era el monstruo pero no permitiría que ella se convirtiera en lo que él porque simplemente no era justo y porque merecía algo mejor que esa vida sin vida que él experimentaba.

Aunque la decisión ya estaba tomada aun así tenia la curiosidad de saber que era lo que había golpeado tan fuerte a su Seras como para que hiciera tal cosa, debía pensarlo bien puesto que si lo buscaba en su memoria la obligaría a revivirlo y quizá eso no fuera lo adecuado y menos en un momento como ese, había entrado a su mente a buscarlo pero desistió a último minuto. Sin embargo el espíritu de Bernardotte se había aparecido detrás de su draculina para protegerle de que él entrara a ver esa parte de la historia:

- ¿No se te hace suficiente con lo que has conseguido ya? – le gritó Bernardotte enfadado frente a frente, en algún otro tiempo se habría molestado con el mercenario por su insensatez pero esta vez comprendía perfectamente a lo que se refería, sin embargo aun el francés conocía una parte de la historia que él no - ¿Ya estas contento con lo que ves? Aquí está el resultado de lo que eres y creaste maldito monstruo, ¡no te dejaré seguir adelante en sus recuerdos y lastimarla aun más! – Pip se materializó fuera de ella saltando hacia él para atacarle con profundo odio.

En menos de un pestañeo su draculina había aparecido delante de él, había levantado su espada con ambas manos y con la punta afilada amenazaba el cuello del comandante:

- No te atrevas capitán – le amenazaba con la mirada muy decidida a atacar si él se atrevía a dar un paso más adelante, el francés la miraba dubitativo pero tampoco parecía asustado de ella. – No entiendo porque sigues metiéndote en asuntos que no te conciernen, mis recuerdos, aquellos que tanto defiendes, no te pertenecen.

- Me importan porque en ellos se encuentra lo que más atesoraba mi Seras Victoria – contestó un tanto molesto a la draculina quien soltó una carcajada arrogante.

- ¿Mi Seras Victoria? – la joven miraba al mercenario con desprecio como si con esas palabras le hubiera humillado mucho – Yo soy Seras Victoria pero no soy para nada tuya, yo solo pertenezco al Conde.

- No, tú no eres Seras Victoria – contestó aun el francés sin retroceder ni un ápice – Hasta donde recuerdo ella solía vivir en ese cuerpo pero ahora ya no esta ahí. – Ella se quedó profundamente callada pero seguía inexpresiva – aunque confieso que por un momento pensé que su alma aun estaba aquí cuando viniste a proteger a aquel que te ha convertido en lo que ahora eres.

Parecía que le escuchaba pero mostraba una profunda indiferencia, no hacia ningún movimiento más que estar en guardia protegiéndole; debía admitir que le había gustado escucharla decirle al francés que le pertenecía a él, le habría gustado más que lo hubiera hecho en otro estado y no tan fuera de sí porque había sonado demasiado mecánico y frio lo cual le era insípido, porque solo sonaba como alguien hueco y no como la chica que solía conocer, sería mucho más merito si la verdadera y dulce Seras se lo dijera de viva voz, casi hasta se la podía imaginar sonrojándose mientras le decía tales palabras a ese estúpido francés; pero la vampiresa que veía ahora estaba lejos de sonrojarse, ella parecía todo lo contrario a lo que había sido hacia apenas unas horas: era atrevida, malvada y parecía no tener ni una pizca de sentimientos en ella.

Y bien, ¿dime que se siente ser un demonio? – continuó Pip Bernardotte al tiempo que la vampiresa le sonreía cínicamente – ¿Qué se siente estar en el infierno? ¿Se arreglaron los problemas que tenias? ¿o todavía sigues sufriendo por dentro y aparentando por fuera?

- ¿Y qué pretendes con esas preguntas Bernardotte? – Seras había bajado su espada y había tomado la empuñadura con ambas manos mientras se burlaba del mercenario - ¿Pretendes que acepte mi error y vuelva a ser la misma tonta de antes? No, ya he vivido esa vida mucho tiempo y no me ha gustado en lo absoluto, no he hecho nada de lo que deseaba y tampoco me ha traído nada favorable ¿Qué he ganado siendo como fui? Solo miles de tristezas, pero mírame… ahora soy diferente, ahora ya no me importa nada más que disfrutar el resto de mi eternidad en esta tierra, después de todo, como ya lo he dicho antes, he de ir a parar en el infierno si no es que ya lo estoy pisando.

- No mignonette, no digas eso – La voz del mercenario sonaba condescendiente y comprensiva – Tú no vas a ir al infierno porque eres una persona muy buena, mejor deja ya eso y ven conmigo – extendió la mano para que ella la tomara – vamos a casa y leamos libros, vamos a pintar paisajes como los que a ti te gustaba plasmar. Solo estas adolorida y confundida pero todo cambiará, lo prometo; ven conmigo mi dulce Seras.

Alucard sintió un escalofrío cuando la vio extender su mano para tomar la del francés, era como si por un segundo hubiera salido de su trance y hubiera decidido ir a con él. Volvió a sentir lo mismo que hacia una hora o dos cuando la había visto lanzarse a los brazos de ese remedo de hombre por la ventana: un dolor grande y punzante en donde debería estar su corazón y una ira creciente, no entendía que demonios le estaba sucediendo y porque ella le provocaba muchas sensaciones desagradables: Otra vez se sentía amenazado por Pip Bernardotte, otra vez había sentido una tristeza profunda que no había sentido en muchos años, otra vez había sentido una emoción intensa de encontrarse con ella y cuando la había llevado de la mano hacia su mazmorra esa mañana había sentido nerviosismo y calidez. No quería sentirlo, era desagradable, peligroso y horrendo para él, volver a sentir algo así le indicaría que estaba vivo y el temía estar vivo porque eso significaría que sería lastimado de nuevo, el problema de esto es que aunque no lo aceptara ya estaba siendo lastimado por Seras sin que ella se diera cuenta.

Seras Victoria por otra parte se había sentido segura cuando había visto la expresión de Pip al ofrecerle su mano, se había sentido protegida y querida y pensaba ir hacia su lado y quizá leer un cuento y tocar una canción mientras esperaba a que su pena terminara, a que su eterna noche amaneciera; era como su esperanza de que todo cambiaría. Estaba a punto de aceptarla e ir a casa cuando volvió a sentir la melancolía dentro de sí, pero ese sentimiento no le pertenecía a pesar de que ella sentía lo mismo, era de él, del hombre al que ella amaba. Instintivamente retrocedió y movió la mano hacia atrás tomando la manga del abrigo de su amo en busca de protección, estaba hecha para soportar lo que fuera menos su sufrimiento, preferiría soportar millones de veces más el dolor de sentirse rechazada por él pero saberlo feliz a verlo padecer. De pronto se sintió confundida: Estaba a punto de tomar una decisión muy complicada, seguir a la persona que prometía hacerla feliz y que la amaba o seguir al hombre al que adoraba más que a todo lo existente pero que no le correspondía, y esa decisión estaba en función de una corazonada que le decía que estaba a punto de cometer un error, una corazonada bastante torpe que no tenía nada de real y que solo metía ruido en sus ideas ¿Por qué sentía eso? ¿Por qué volvía a sentir la melancolía de Alucard? – En el caso remoto de que esta existiese - ¿Era acaso una señal divina de que estaba actuando erróneamente?

Sentía la necesidad de encontrar el consuelo anhelado en los brazos de un hombre del que se sabía amada pero algo aparte de su propio corazón le decía que estaba eligiendo el camino fácil y que habría de equivocarse. Alucard la quería para él y no estaba en desacuerdo con tal destino - si eso fuera verdad - porque ella también lo quería para sí más que a nada ni a nadie en la existencia, él era su adoración y el conjunto hecho realidad de todas sus ilusiones y deseos pero le era inalcanzable, siempre inalcanzable. Si él se lo pedía ella lo abandonaría todo y le seguiría ciegamente – aunque ya lo estaba haciendo – lo tenía tomado de la manga de su abrigo aferrándose a su existencia para eliminar la idea de que nuevamente pertenecía al mundo de sus sueños. Se giró para verlo y él era real, parecía una estatua de un joven muy bien parecido, hecha a mano con extremo detalle, así permanecía él, inmóvil mas sin embargo vivo.

¿Maestro has sido tú? – pensó sin compartírselo a través de su lazo ni dejándole entrar en su cabeza – Dime si de verdad eres tú quien siente eso y no es mi locura que crece cada vez mas de forma incontrolable en mi interior, ¿No quiere que vaya con Pip, mi señor? Solo necesita decirlo y yo lo cumpliré mi amado amo, dígame que me necesita y que me quiere a su lado y le juro que nunca, ni siquiera después de la muerte si es algún día se acaba nuestra maldición de la inmortalidad, nunca me alejare de usted porque le entregaré mas allá de lo que ya le he entregado y de lo que no se ha dado cuenta, algo más que mi vida y mi servidumbre, algo más que mi alma y mi corazón – Le veía directamente a los ojos pero sus lentes no le permitían saber lo que él sentía, sus pensamientos aunque no los compartía parecían una plegaria que se reflejaba en la expresión de su mirada la cual podía ver a través de los cristales anaranjados que cubrían los hermosos ojos de su amo - Vamos solo dígalo y con eso deme un motivo para no lanzar mi alma a los infiernos, pero sobretodo deme una razón para justificar este amor ardiente y profundo que vive dentro de mí y que solo le pertenece a usted, dígame que vale la pena adorarlo como lo adoro y que vale la pena soportar este tormento.

Dejo caer su espada, la cual hizo un sonido metálico y estruendoso al impactarse con la tierra y levantando su mano retiró lentamente los lentes de los ojos de Alucard quien para su sorpresa no había opuesto resistencia alguna sino que por el contrario se había agachado para facilitarle la tarea, en su mirada al igual que en su gesto no había pena ni gloria. No la miraba con desprecio, tampoco con lastima o desaprobación, podría incluso haber esperado que la mirara con rabia o que se burlara de ella pero más bien su expresión era blanca e indiferente, como si todo lo que estuviera pasando con ella no le importara en lo absoluto y es que de verdad no había un motivo para que le importara, después de todo era solo su subordinada y aprendiz, no había nada más allá a lo que pudiera aspirar, había vuelto a sufrir victima de sus propias ilusiones infundadas. Si es que no la habría de querer siquiera ¿para que jugaba con ella de esa forma tan cruel? ¿Era su nueva diversión? Era su muñeca, su marioneta y su posesión y estaba bien que demostrara su poder sobre ella pero ¿Qué de daño le había hecho ella para que él la tratara tan horrorosamente si solo le había amado de la forma más sincera que alguien pudiera amarle nunca? ¿Por qué la hacía sentir mal al querer ir con Pip si no le iba a amar?, claro, nunca aceptaría que ella fuera de alguien más que no fuera él.

Seras Victoria le veía reprochándole, pero ¿por qué le reprochaba? – Pensaba Alucard al ver los ojos transparentes y rojos sangre de su draculina que ahora no brillaban como lava ardiente lo cual quería decir que había vuelto a ser ella - ¿Por qué le miraba así? Él no le había hecho nada más que volver a la mansión y haber querido verla y pasar el tiempo a su lado, más bien quien debía increparla era él por haber metido a su cabeza pensamientos tan patéticos y haberle devuelto esas sensaciones que no estaba dispuesto a volver a experimentar y que por ella revivía, él debía ser quien le gritara y la tomara con fuerza de los brazos y … como deseaba tenerla entre sus brazos y alejar de ella esa terrible melancolía que la embargaba – pensó mientras observaba la belleza de sus facciones tristes - ¡otra vez esas ideas tan estúpidas le estaban embargando! ¡Demonios, maldita hechicera!

- ¡Seras, vamos! – escuchó nuevamente la voz del estúpido francés que quería robarle a su vampiresa y que aun tenia la mano extendida - ¡vamos a casa, mignonette!

Repentinamente los ojos de su draculina volvieron a su estado de sed de sangre, estaban llenos del brillo del fuego infernal y permanecían inexpresivos al igual que los suyos:

- ¿Volver a casa? – contestó ella al francés con una risa que sonaba casi como un lamento, mas sin embargo no se había girado a verle sino que seguía mirándolo de frente como increpándole a él su pena – Te equivocas comandante, yo no tengo casa y no hay un lugar al que yo pueda volver donde me estén esperando, hace mucho que no tengo a nadie que de verdad espere mi llegada ansiosamente ni tampoco un buen motivo para vivir, yo no soy nada mas allá que un simple objeto que no tiene valor, soy un arma diseñada para eliminar y fuera de eso no tengo otra función – le soltó de la manga y aparentemente había regalado toda su atención a sus lentes redondos que tenía en su mano – no valgo más que esto, o quizá me este equivocando y esto tenga mucho más valor que yo para su dueño – había cerrado el puño y con eso pulverizado con una facilidad inmensa su par de anteojos anaranjados, ¡que torpe al pensar que ese objeto tan sin importancia podía suplantar su presencia en su existir! Ese objeto del que podía prescindir o no y no generaba mucha diferencia; no, no estaba enfadado con ella, no podía estarlo y menos por esa nimiedad, si ella lo deseaba podría regalarle todas sus pertenecías y dejarle romperlas porque ninguna de ellas podría tener más valor que ella para él.

- La venganza es bastante dulce, draculina – interrumpió abruptamente a Seras dejándole escuchar su voz que pertenecía a la nada y al todo – toma todo lo existente y destrúyelo para desquitar aquello que está roto en tu interior, tómalo y te lo permitiré e incluso si me lo permites te acompañaré, vamos, sacia tu ira y tu soledad solo te advierto que aunque te deshagas de todo eso no hará que se reconstruya aquello que has perdido, sin embargo – puso su mano sobre la de ella sin llegar a tocarla – siempre hay una manera de cambiar las cosas.

Los símbolos de Hellsing brillaron de color rojo en sus guantes mientras los trozos de sus lentes se levantaban y se unían lentamente volviéndolos a formar, estaba usando un hechizo demasiado básico para él que dominaba todos y cada uno de los aspectos de la magia negra pero que parecía sorprender a su vampiresa quien no dejaba de observar con cuidado como sucedía tal milagro. Estaba complacido con eso, de alguna manera le gustaba que Seras Victoria no perdiera su capacidad de asombro con respecto a él, pero aun seguía preguntándose dentro de sí porque se molestaba en hacer tantas cosas por ella. La jovencita tomó los lentes con ambas manos y los miró como si hubiera sucedido lo imposible aunque estuviera fuera de sí en ese instante, levanto la vista y le dedico una mirada triste se acerco lentamente, se puso de puntas y le abrazó del cuello con el fin de acercarse a su oído, ella era tibia y su piel era suave, su abrazo era cálido y confortante.

- Usa entonces tu magia en mi, amo, y reconstrúyeme así como lo has hecho hace unos instantes, reconstrúyeme toda porque no hay nada en mi que permanezca intacto – susurró ella en una voz casi inaudible para los demás pero que él podía escuchar claramente, esas simples palabras habían hecho que algo dentro de él se rasgara donde parecía que no había nada mas que se pudiera. Otra vez el sonido de su voz sonaba como una súplica a pesar de que seguía pérdida dentro de sí misma.

- Hay magia que ni siquiera yo puedo hacer – cuando dijo esto expresó su sentimiento real por primera vez: impotencia. Le tomó con fuerza entre sus brazos, lo suficiente como para sujetarle cerca de su pecho pero no tanto como para lastimarla. De todas sus habilidades y conocimientos no había ninguno que le dijera como rearmar un alma destrozada y un corazón no menos roto.

- Claro que puede – seguía susurrándole pero esta vez viéndole de frente, suplicante – no hay nada que usted no pueda hacer, usted es mi amo y mi maestro y yo confió plenamente en vos.

Su cercanía era embriagante, su perfume era exquisito, ella era tan hermosa y él estaba tan hambriento de su presencia... sus rostros estaban tan cerca y sus labios rojos le llamaban a probarlos. La veía a los ojos y parecía que ella también lo deseaba tanto como él puesto que había movido su mano de detrás de su cuello a su pelo y podía sentir sus caricias en su nuca, había decidido seguir su ejemplo y con su mano acarició su rostro, juntó su frente con la de ella y estaba listo para beber de sus labios aquella dulce miel que tanto había deseado.