CAPITULO 5: La voluntad de fuego del pequeño Asuma.

-¡Ohayo, Temari onee-san!-se lanzó Asuma sobre ella para despertarla. Ella se sobresaltó.

-¡Ohayo, Asuma! Pero que maneras son esas de despertar a los invitados-lo achuchó-. ¡Vas a tener que sufrir la ira de Sabaku no Temari!-comenzó a hacerle cosquillas. Él no podía aguantarse la risa.

Mientras tanto, en el piso de abajo Kurenai se encaminó hacia la puerta para recibir un nuevo visitante.

-¡Oh, Shikamaru! Pasa-se retiró-. Esos dos aun no han bajado-dijo cerrando la puerta detrás suyo y siguiendo al recién llegado hacia la escalera-. ¿Por qué no subes y les dices que el desayuno está listo?

-Claro, como no-comenzó a ascender con las manos en los bolsillos. Llevaba puestos unos pantalones pitillo vaqueros y una camiseta negra bastante ajustada. Escalón tras escalón llegó a su meta; el aposento de Asuma. Iba a girar el pomo de la puerta cuando oyó la risa del pequeño y la de Temari al unísono. Sonrió para sus adentros. Las risas cesaron y supo que aquél era el momento de hacer acto de presencia en la habitación. Tan solo ejerciendo una ligera fuerza sobre la madera la puerta cedió. Se encontró con una Temari de pelo revuelto, con un pijama que simplemente consistía en unos pantalones cortos y una camiseta ancha, seguramente de Kurenai. Llevaba el crío en brazos y se dirigía hacia el portón. Se sorprendió de verlo, no esperaba que llegara tan temprano y mucho menos que tuviera que encontrarla de "esa manera"… Otra vez. A decir verdad, habiéndola visto antes, ¿ahora qué más daba?

-Bu-buenos días-dijo él desviando la mirada y poniendo una mano en sus pómulos para disimular el sonrojo. Aun no estaba acostumbrado a enfrentarla cuando justo acababa de despertarse.

-¡Hey, venid a desayunar que se va a enfriar!-gritó una voz que provenía de la cocina.

El pequeño saltó de los brazos de Temari al percibir aquellas palabras llenas de exigencia pero a la vez de cariño.

-¡Buenos días, Shikamaru onii-chan!-dijo a modo de saludo mostrando una amplia sonrisa para seguidamente correr escalera abajo.

-¿Has podido dormir bien o el crío no te ha dejado?-preguntó Shikamaru.

-Es un ángel, ha dormido toda la noche hasta hace cinco minutos-se dirigió a paso lento hacia él.

-Pues será contigo, porque cuan-

Unos brazos rodearon su cuello. El aroma embriagador de su cabello lo obligó a dejar caer con pesadez los parpados y dejar volar su imaginación. La rubia posó su cabeza en sus hombros. Todo lo que había estado hablando con Kurenai la noche anterior rondaba aun por su cabeza, y por mucho esfuerzo que pusiera en ello, no conseguía olvidarlo. Él correspondió al gesto rodeando su cintura con apacibilidad.

-Buenos días-susurró ella en su oído. Jamás pensó que unas palabras tan comunes del día a día pudieran alterarlo de aquella manera. Su cálida respiración tan cerca de su ahora ardiente piel, su voz tan serena y a la vez perturbadora, sus perfectas curvas acomodándose tan ricamente entre su cuerpo y sus fuertes brazos… Lo perdían, lo hacían desfallecer. Era débil a cualquier contacto tanto visual como carnal con ella. Despertó de su ensueño tratando de desengañarse y aun así, pretendiendo hacerla ver más suya, hizo más fuerte el agarre y suspiró. Ella fue capaz de percibir su desasosiego y decidió jugar a augmentarlo-. ¿Se te ha hecho muy dura la noche sin mi, o que?

-Hmp…-se limitó a callar. No le diría lo mucho que la había echado de menos entre sus sábanas, que ella interpretara su silencio como quisiera.

Temari deshizo el abrazo. Dejando caer despacio su mano y su mirada hasta su pecho. Paró y levantó su cabeza para observar sus bellos orbes marrones.

-Deberíamos ir bajando-habló manteniendo el contacto entre sus delicadas manos y su vigoroso pecho.

Ella fue la primera en movilizarse. Tras retirar su mano del lugar donde se encontraba bajó apresuradamente la escalinata; Shikamaru también.

-¡Buenos días, Temari!-recibió Kurenai a Temari-. ¿Qué tal?

Ella, cabizbaja se acercó hasta la mesa para acompañar a Asuma que mojaba las galletas en la leche manchándose de arriba abajo. Temari lo miró durante un par de segundos, melancólica, deseando volver a la época en que lo único que importaba era ser feliz sin necesidad de temer las consecuencias de aquellos inocentes actos.

-Genial…-contestó tras salir del trance, simulando una sonrisa que las mujeres perfectamente sabían que era fingida. Shikamaru las observó detenidamente, percibiendo la tensión en el ambiente. Afortunadamente, Asuma terminó su desayuno.

-¡Shikamaru onii-chan! ¿Vienes a ver la televisión un rato?-cuestionó bajándose de la silla enérgicamente. Él asintió y lo cogió en brazos proporcionándole una gran cantidad de besos y mordisquitos en su nuca y cuello. El pequeño se desternillaba por las cosquillas que le hacía y lo estrechó fuertemente

-¡Onii-chan! ¡No me dejes en ridículo frente a las damas!-refunfuñó.

-¡No seas tan modesto!-rió fuertemente mientras lo elevaba. Kurenai ya estaba acostumbrada a esos actos de cariño que tenía Shikamaru con Asuma pero Temari, que jamás antes había podido presenciar aquel lado paternal de él, no dejaba de sorprenderse. Creía morir de sobredosis de ternura ante tal escena.

-Conociéndote, seguro que has estado dando vueltas toda la noche, ¿me equivoco?

-Tsk… ¿Y qué esperabas, Kurenai…?

-Perdóname, no debí llenarte la cabeza de pájaros… Sentí la necesidad de advertirte… No quiero que este amor tenga un final trágico como el mío-sonrió débilmente.

-Ah… No… Kurenai…-se levantó y la abrazó por impulso-. Perdóname tú a mí. Yo… No tendría que haberte hecho hablar, ni recordar, ni… Encima me meto en tu casa y no hago más que darte problemas, de seguro tú también estuviste pensando en lo de anoche…-lágrimas silenciosas brotaron de sus ojos.

-Tranquila… No me das ningún problema, Temari… Ya está…-le acarició el cabello suelto por la inercia de ser madre-. No te preocupes, ¿quieres? Sonríe antes de que Shikamaru te vea llorar y pida una explicación.

Temari se secó las lágrimas disimuladamente y cumplió su deseo.

-Si, eso sería muy problemático…

Ambas se carcajearon formando un gran estruendo, cosa que hizo que los dos varones se giraran a mirarlas extrañados.

-Nee, Shikamaru-volteó la rubia.

-¿Huh?

-Voy a cambiarme y nos vamos, ¿te parece? Creo que aquí ya han tenido suficiente con tener que aguantarme un día-bromeó.

-Si, de seguro que si están hartos de ti-le contestó también bromeando. Gran fallo. Recibió un fuerte puñetazo sobre su cabeza que lo hizo estamparse contra el suelo.

-¡Serás imbécil, Nara! ¡Ya te enseñaré yo a mofarte de mí!-gritó encolerizada-. ¡Te voy a destrozar esa cara de idiota que tienes!

Asuma se asustó y una gotita estilo anime le apareció en la cara. Trató de romper el hielo:

-¡D…D-demo! ¿Ya te vas a ir Temari onee-chan?-hizo mueca de disgusto Asuma poniéndose de pie sobre el sofá.

-Me temo que si, cielo-respondió encendiendo su lado tierno, como si no hubiese ocurrido nada fuera de lo normal. "Bipolar". El joven siempre se había repetido que no había otro adjetivo más adecuado para ponerle a aquella mujer, a parte de "problemática", claro…

Shikamaru prestaba atención a la conversación, mientras se sobaba la parte adolorida. Le había propinado una buena hostia, y eso que en teoría sentían algo el uno por el otro… No quería ni imaginarse como se sentiría aquel puño estallando contra alguien que odiara. Ajenos a sus pensamientos, el diálogo seguía su ritmo.

-Y no ha sido ninguna molestia tenerte en casa onee-chan, ¡no digas bobadas! ¡Si por mi fuera te podrías quedar a dormir conmigo toda tu vida entera!

-¡Jajajaja!-exclamó mientras se acercaba hacia el sofá donde se encontraba-. ¡Otro hombre apuntado en mi lista de espera!-guiñó un ojo traviesa. Tras haberle hecho daño físico, pretendía provocarle malestar mental a Shikamaru únicamente con cínicas palabras a oídos de él… Y sí, lo estaba consiguiendo, como siempre-. ¡Arigatto, Asuma! Eres un bombón de niño, no como otros cretinos-lo cargó en brazos y dirigió una mirada asesina a Shikamaru que todavía trataba, mediante masajes, calmar el dolor en su preciada cabeza-. Voy a cambiarme, ¿vienes conmigo? Tengo que pedirte algo en privado, Asuma…

-¡Vale! ¡Si, vengo!-se exaltó. Temari puso rumbo hacia su habitación. Asuma le sacó la lengua a Shikamaru aprovechando que Temari no lo veía, solo para provocar.

-Hey, Temari, ¿de verdad te vas a llevar este pervertido a ver como te cambias?-pretendía impedir que Asuma se saliera con la suya.

-Venga, niño vago, tan solo es un crío, ¡no te metas con él! ¡Tú eres mucho peor!

-¡No seas celoso onii-chan!-gritó con un deje de maldad en sus palabras.

-¡Eso, eso, Shika-baaka, no seas celoso!-le rió la gracia Temari.

-Tsk, mendokusai…-masculló rendido.

-¿Qué era eso que querías pedirme, onee-chan?

-Esto… Tengo que pedirte un favor, Asuma.

-Lo que sea, ¡lo haré por ti!-se puso firme cual soldado.

-Verás, tienes que prometerme que vas proteger siempre a tu mamá, que la cuidarás mucho y que la amarás como a nadie… Que te levantarás por las mañanas, le dirás lo mucho que la quieres y la abrazaras para transmitirle todo tu amor. Tu madre necesita de ti, pequeño, no tienes ni idea de lo mucho que significas para ella. En estos momentos eres lo más valioso que tiene, y no sé que sería de ella si te perdiera. Es muy duro salir adelante con un bebé y sin un papá, ¿sabes? Por eso, te pediría y agradecería que en tus días malos no lo pagaras con ella, que la obedecieras y no la hicieras enfadar más de la cuenta… Creo que es lo mínimo que puedes hacer por la persona que te dio a luz, ¿no crees?-puso un dedo en la punta de la nariz del niño.

-¡Te lo prometo!-asintió con la cabeza-. ¡Hasta el fin de mis días!

-Eres un buen chico, Asuma-le acarició la cara.

Temari se cambió rápidamente. Se puso una camiseta de tirantes negra con una camisa de cuadros de color rojo, blanco y negro encima arremangada, unos pantalones cortos vaqueros y unas botas estilo militar bajas y tomó de nuevo a Asuma en brazos para bajar al piso de abajo.

Al llegar al salón vieron que Shikamaru, haciendo honor a su apelativo "vago", no se había movido un milímetro del sitio donde lo habían dejado y Kurenai estaba lavando los cacharros.

El moreno, que salió a recibirlos, al acercarse, se percató de que el niño estaba sangrando por la nariz.

-¡¿Asuma? ¡¿Q-qué demonios te ha pasado?-clamó Shikamaru.

-Te…mari onee-chan… Temari onee-chan-solo conseguía decir.

-No sabía que ya desde pequeños les salía el instinto pervertido… Diré que tenías un poco de razón, pero al fin y al cabo, todo se justifica diciendo que también es hombre.

De repente el pequeño se recuperó y como si le hubiesen dado un calambrazo, saltó al suelo para ir a ver a Kurenai.

-¡Te amo, mamá!-se abrazó a sus piernas. Ella se desconcertó. Nunca antes había demostrado su afecto de una manera tan espontánea y clara y menos en público-. ¡Gracias por cuidar de mí! Yo voy a amarte siempre, mami, de verdad, ¡lo prometo! Te voy a estar siempre agradecido por todo el empeño que pusiste en sacarlo todo adelante, aun sin papá.

La susodicha dejó caer el plato entre sus manos en la pila. Se agachó y lo abrazó, oprimiéndolo fuertemente contra ella. Rompió a llorar desconsoladamente. Aquellas palabras provinentes de algo que había sido formado con infinito apego en una noche en la que los dos habían decidido amarse de manera desenfrenada, eran más de lo que jamás había pedido. Que su bebé, su pequeño, el cual había estado formándose durante nueve angustiosos meses en su vientre, que le había propinado fuertes patadas en el vientre e incluso eviternas noches de vómitos, le dedicara todas aquellas palabras llenas de sinceridad y adoración la había absolutamente conmocionado. Y si alguien le preguntaba si había valido la pena atravesar tanto sufrimiento, sin duda alguna respondería que jamás había estado tan orgullosa de haber tomado la decisión de traer a la vida semejante ser como lo era él.

-Perdóname mamá, no quería hacerte llorar… N-no llores, por favor… -habló con tristeza.

-Yo también te amo, mi pequeño… Ni te imaginas lo feliz que me hace saber que te agrada ser mi hijo-habló entre sollozos-. Cada día que pasa te pareces más a tu padre, Asuma-recorrió con la yema de sus dedos su faz.

-¿De verdad? ¡Qué contento estoy, entonces!

-¿Ah, si? ¿Y eso porqué? No lo conociste en vida…

-¡Porqué papá era un héroe! ¡El mejor de todos! ¡Seguro que era muy fuerte! ¡Y de mayor quiero llegar a ser tan fuerte como él!-cerró un puño y lo levantó al aire-. ¡De esta manera podré protegerte siempre de todo lo malo!

Lo envolvió en un afectuoso abrazo, de nuevo se dejó llevar por sus impulsos.

-Gracias, hijo mío… Hasta entonces prometo protegerte yo con mi vida-una última lágrima traicionera corrió hasta su barbilla.

-Shikamaru, vámonos-le cogió la mano y lo llevó hasta la puerta-. ¡Hablamos otro día, Kurenai! ¡Adiós, Asuma!-gritó para que la oyeran, puesto que ya se encontraban en la entrada.

Estaban afuera. La temperatura era perfecta y el día radiante. Perfecto a ojos de los descuidados ciudadanos; turbio a ojos de quienes no lo podían disfrutar por inestabilidad interior. Iniciaron su camino; ambos en silencio… Ella no le había soltado la mano -y no lo hizo hasta que pasaron una serie de largos minutos- intentando proporcionarle el apoyo que creía que necesitaba sin siquiera decir nada, con la simple firme sujeción de aquel enlace. Las calles residían desiertas, con lo cual nadie los veía, aunque para ser sinceros, en ese momento, poco les importaba. Temari no sabía a dónde se dirigían, se dedicaba a acompañar los pasos de él. Finalmente, advirtió que se encontraban en el cementerio. Ni una palabra desertora había huido de sus bocas. Arribaron a una tumba. Desde el momento en que había entrado en aquel lugar sabía perfectamente donde se dirigían. "Sarutobi Asuma". Shikamaru sacó un paquete de tabaco de un bolsillo del pantalón. Cogió un cigarro, lo encendió y lo dejó sobre la tumba. Posteriormente agarró otro, lo prendió y se lo llevó a la boca. Temari se chocó. Sabía que Shikamaru había empezado a fumar tras la muerte de Asuma, pero a decir verdad, no había tenido la oportunidad de verlo haciéndolo. Sabía con claridad que no era el momento, pero no podía evitar pensar en lo tremendamente sexy y varonil que se veía. No le hacía ninguna gracia que fumara, pero ¿qué iba a decirle? ¿Que no lo hiciera si le importaba? ¿Quién era ella para pedir tal cosa? Él se desmoronó… Los pensamientos lo devastaban por dentro. Aquel enano lo había calado tan hondo, que al igual que a su madre, oírlo halagar al padre que no había podido conocer fue algo capaz de abrir de nuevo las heridas que creía cerradas desde hacía varios años. Temari le arrebató el cigarro de la boca. Buscó consolarlo y lo acogió entre sus brazos.

-Shikamaru…-musitó en su oído. Posó su mano derecha en sus marrones hebras mientras sostenía el cigarro con la izquierda. No quiso decir más… Sabía -por lo mucho que lo conocía- que en aquellos momentos hablarle no haría más que empeorar las cosas. Sus inaudibles sollozos eran autosuficientes, no había necesidad de añadir más sonidos. La rodeó con los brazos, agarrándola de la cintura y escondió su semblante en su hombro derecho.

-Perdóname por hacerte soportarme en estos momentos. No lo hago adrede-dijo más calmado.

-Eres la segunda persona que me pide perdón hoy… Y te diré algo parecido a lo que le dije a la otra… La que debe pedirte perdón soy yo por no haber estado antes a tu lado. Nunca te he tratado como te merecías-acarició su pelo sutilmente, en un roce apaciguador.

-¿Qué dices? ¿Cuándo no me has tratado como me merecía?-se separó de ella, pese a que no soltó su cintura-. No seas estúpida y deja de pedir perdón por tonterías.

-¡Oye, niñito! ¡Que estés mal y que yo me ofrezca a respaldarte y que como respuesta reciba un insulto no me parece muy caballeroso por tu parte!-se mofó para intentar hacerlo reír inflando sus mofletes.

Y cumplió con su cometido. Shikamaru la volvió a estrechar contra él y la besó desde la cabeza hasta el cuello incontables veces en cortos y efusivos besos. Asió el cigarro de sus delicadas manos de mujer sin detenerse.

-¡Para ya, bobo!-decía entre risas por el horrible hormigueo que le provocaba y que si continuaba a este paso acabaría en calentón.

Como réplica, él alejó su rostro bruscamente y repitió el movimiento en sentido contrario otorgándole un fugaz beso en los labios. A pesar de lo poco que lo hizo durar, Temari pudo sentir el apoyo en sus labios en toda su plenitud.

-¡¿A qué ha venido eso?-se obligó a fingir molestia; en realidad esos ademanes la volvían loca.

-¿Cuál es el problema? Eres mi mejor amiga. Tú dijiste que no había nada de malo en que te besara de vez en cuando, ¿no?

-Si, pero… Y-yo… No me refería a eso… Creo…

-Pues si esa excusa no te sirve, te diré que viene a que luces realmente hermosa cuando te fastidian. Y como hombre que soy, mi instinto animal ha salido a la luz.

Se sonrojó.

-¡Ahh, idiota, idiota, idiota, idiota! ¡Vámonos!-agarró su brazo.

-¡Espera, me termino el cigarrillo y partimos!-la retuvo pasando su brazo izquierdo por su cuello y apegándola a su cuerpo.

Ella se cruzó de brazos para hacerle saber de su enfado. Él sonrió. No solo lucía bella cuando estaba fastidiada, desgraciadamente para él, siempre lucía bella, y eso le impedía meditar con claridad.

Aquel día fueron a comer a un restaurante de cinta barato. Pasaron la tarde paseando por toda la aldea y compartieron todas las sonrisas que se habían quedado acumuladas en esos 3 años que no se habían visto. Adoraban ser tan importantes el uno para el otro, comprenderse tan bien; compenetrarse como nadie. Dudaban que su existencia tuviera sentido si uno de los dos faltaba, por eso cada momento que pasaban juntos procuraban aprovecharlo al máximo.

Al llegar a casa ambos se pusieron cómodos.

-Buenas noches, Temari

-¿Dónde se supone que vas?-contestó observándolo apoyado contra el marco de la puerta. "Encandila. Me duele decirlo, pero lo hace", pensó la dueña del viento.

-A mi habitación, ¿por ejemplo?-la miró. Temari estaba en el borde de la cama.

-Esta es tu habitación, genio.

-Me refiero a la que ahora es mi habitación mientras tú estás aquí.

-No seas idiota, ya hemos dormido una vez juntos… Además, esta cama parece ser mucho mejor que la otra, ¿voy errada?

-No, pero no creo que-

-Deja de creer cosas. Ven, anda-extendió sus brazos-. Deja que una mujer en condiciones te mime un poco…

Se presentó frente a ella y después de arrullarse en sus brazos la tumbó en la cama quedando de lado y mirándose el uno al otro sin soltarse.

-Temari… No te preocupes por mí, no me importa dormir en la otra cama.

-Venga, Shikamaru, que no importa…

-No creo que sea apropiado para una mujer dormir con un hombre que no tiene ningún tipo de relación estrecha…

-¡Eres mi mejor amigo! ¡¿A caso te parece poco?-exclamó.

-No… ¡Temari, deja de ser tan problemática…!

-¡Es que no entiendo porque un noviazgo tiene que ser una relación mucho más importante que una amistad bajo tu punto de vista!

-Es solo que pensaba que eras de las que no se fían de dormir con un hombre… ¿Crees que esto está bien así?

-Está bien si ese hombre eres tú Shikamaru.

-Pero escúchame, por muy mejor amigo tuyo que sea, también tengo mis necesidades como macho.

-¡Oh, no me digas! ¡Con lo vago que eres dudo que probaras suerte!

-¡Oye!

Estalló a carcajadas.

-Shikamaru, yo confío en ti. Esa es la razón por la que sé que no pasará nada si dormimos juntos.

-De todas formas no hay quien te discuta las cosas, así que, supongo que me quedo aquí.

-Es que si rechazaras esta oferta de verdad creería que eres imbécil perdido. ¿Cuántos hombres se matarían por dormir una noche conmigo?

-No me obligues a contestar a esa pregunta.

-No lo haré. No terminaríamos hoy.

-¡Pero qué creído te lo tienes!

-¡Jajajaja! ¡Cállate, bebé llorón!-se metió dentro de las sábanas juguetona. Él siguió su ejemplo.

-¡No me llames así!-dijo aferrándose a ella como un niño pequeño.

-¡Vale, vale! Perdón, perdón…-apoyó las manos en su pecho musculado y desnudo. Shikamaru le besó la frente y así ambos finalmente se durmieron, cayendo en un largo y plácido sueño, del que desafortunadamente, tarde o temprano tendrían que despertar.


¡Aquí estoy como cada lunes! ewe

jajajajaja, ya veré por los comentarios que tal... A decir verdad, veo poca gente que lo sigue, o al menos poca gente que deja comentario, no voy a reprochar nada puesto que yo antes también hacía lo mismo... Hasta que me hice cuenta finalmente. Y no voy a "amenazar" con: "pues si no hay comentarios no sigo subiendo" o algo así, cada uno que lea lo que quiera, yo lo subo por mero placer de intentar entretener a la gente... Es cierto que nunca vienen mal palabras de apoyo etc, pero en definitiva, creo injusto dejar de publicar por pensar en mis beneficios, ya que hay gente que si que lo está leyendo y supongo (espero) que quiere verlo terminar.

¡Nada más que decir...! :D

Ja neeeeeeee, hasta el lunes! n_n