Bueno chicos y chicas, solo tengo algo que decir sobre este capítulo: "Es largo", ya que contiene el capítulo que van a leer a continuación y un mimi-Capítulo, del cual hay información al final de este. Sin más que decir, Allons-y lectores de Fanfiction.
Capítulo 07: Hechos Después De La Guerra Anunciada.
¿Por qué?... ¿Por qué?... ¿Por qué no se detuvo? Pudo haberlo hecho, pero no lo hizo. Mi mente se encontraba en un "no lugar". Mis únicos pensamientos eran el dolor que sentiría al despertarme de esta pesadilla. Todo las cosas buenas que vi, de mi familia, se debieron perder en el momento en que mis ojos presenciaron su muerte. Mis parpados se abrían lentamente, con miedo a lo que me encontraría. Noté que estaba sobre una camilla de enfermería y, al momento de pararme, la traspasé. A lo lejos la vi. Vi a la Sol Esmeralda que reposaba en la apariencia de Amy, mi amiga de la otra dimensión. Vi sus ojos, los cuales denotaban tristeza. Sentí una ira recorrer mi cuerpo, mientras empuñaba mi mano derecha, la cual brotaba unas llamas. Comencé a caminar rápidamente hacia su posición y, al llegar, la cogí del cuello de su vestido con mi mano izquierda y la levanté unos centímetros del suelo. Yo la miraba con ira pero ella me muestra una sonrisa. "¿Por qué?" era lo que pensaba.
- ¿Cómo te sientes? – dijo tranquilamente. Mis ojos se abrían como platos, al sorprenderme por esa pregunta.
- ¡¿Qué cómo me siento?! – le grite, pero ella se mantenía igual. - ¡¿Tu cómo crees que me siento?! – Le grité aún más fuerte.
- No lo sé. Por eso te lo pregunto. – seguía hablando tranquilamente. Sin embargo, en mí sentí que me hervía la sangre.
- Pues te voy a decir cómo me siento. ¡Yo me siento…! – en ese momento me quede pasmada, porque ya no sabía que responder. –… mejor. – escuchar estas palabras, provenientes de mí misma, me dejaban atónita. – ¿Por qué me siento mejor? – le pregunté a Amy, mientras la bajaba y apagaba mi puño en llamas.
- Porque al fin has aceptado la muerte de tu familia. – ella se sobó los dedos antes de continuar. – Tú sufrías por este hecho. "La daga que apuñalaba tu corazón ya fue sacada" Lo único que queda ahora es la herida que debes cerrar. – Volvió a sobarse los ojos, antes de verme seriamente.
- ¿Cómo? – le pregunto con una voz un poco apagada.
- Es un proceso largo, el cual tú ya has comenzado hace poco. – Yo la veo confundida. Ella nota esto y continúa hablando. – Has aceptado a que las personas te ayuden cuando lo necesitas. Has aceptado esa emoción indispensable en cada ser viviente. Cuando te abres a los demás, permites que te ayuden a superar eso, porque ellos se convierten en tú nueva… – dejo la frase incompleta, esperando a que yo la terminara.
- …. Familia. Ellos se han convertido en mi nueva familia. – la terminé, con una sonrisa, porque era cierto. Ellos se habían convertido en mi familia. Al estar con ellos, con esos "freak" (eso pensé la primera vez que los vi), mi vida cambio.
- Así es, pero recuerda: "Aquí también tienes familia a la cual debes aceptar por igual" – Dijo, señalando hacia un lado. Yo veo la dirección y la veo. Veo a Annick, quien tenía una expresión de preocupación. Doy un paso pero me detengo, porque otra duda se formaba en mi mente.
- Creí que ya no vería más imágenes. –
- Esta aún sigue siendo la vida que rodea a tu madre. Estos son los hechos que pasaron después de...– ella se detiene por un segundo, suspirando un poco. –… su muerte. – dijo esto con una voz un poco quebrada.
- Entiendo. – fue lo único que le contesté antes de seguir caminando. Observé mejor el lugar en el que me encontraba, siendo una carpa de enfermería, algo improvisada. Al llegar a la posición de la lince, vi lo que veía. Era yo, que estaba conectada a unos aparatos de respiración artificial, junto con unas inyecciones en mi brazo izquierdo. En ese momento llegó un coala, quien tenía una bata de médico. En su mano sostenía unas radiografías, que empieza a colocar en una lámpara especial para verlas bien. Annick se acerca y le toca el hombro.
- ¿Pasa algo? –
- Sí. Ella debería estar muerta. – Annick le da una bofetada. Él se soba la mejilla, mientras le muestra una sonrisa. – disculpa, tenía que ser más cuidadoso con lo que decía. – Annick lo mira seriamente. – Lo que pasa es esto: Las radiografías muestran que el golpe en el cráneo fue lo suficientemente fuerte para romperlo, incrustando parte del hueso en el cerebro y causarle la muerte a los pocos minutos. Sin embargo…– le señala la segunda radiografía –… aquí vemos que una parte del cráneo se ha sanado. Y por último…– le señala la tercera radiografía. –… el cráneo está completamente restaurado. Es como si no hubiera sufrido nada. ¿Paso algo más hace ocho horas? – Annick se sobo los ojos, antes de contestarle.
- Ella sostenía una Esmeralda, la cual brilló poco después del impacto.
- Ya veo. Supongo que ella aún está aquí gracias a que la Sol Esmeralda le salvó la vida. – Annick no dijo nada, solo me miraba a mí, que aun yacía inconsciente en la cama. Al escuchar esto, veo a Amy, quien comenzaba a ver hacia el suelo. No podía creer esto. La razón por la que aún existía en este mundo es porque ella me salvo. Me salvó de una muerte definitiva. Esa noche debía morir, pero ella lo impidió.
- ¿Tú…?–
- Lo que me quieras preguntar pregúntamelo al final de todo esto. Por favor. – dijo, interrumpiéndome seriamente, sin dejar de ver el suelo.
- Está bien. – le contesto. En ese instante la imagen cambiaba. Estábamos de regreso al castillo durante la tormenta, mientras este aún era devorado por las llamas. Volver a ver esta imagen no me causo el mismo impacto que hace unos minutos. Podría verla sin sufrir como antes. Sentía dolor (no lo niego) pero podía continuar sin problemas. De sorpresa, escucho el quejido de alguien. Busco de donde proviene y lo veo. A unos metros, de las ruinas del que fue mi hogar, veo a Crossbone. Su pelaje estaba un poco calcinado, igual que su ropa. Él se levanta lentamente, con un poco de esfuerzo, y mira en dirección al castillo. En los ojos del felino se veía dolor, amargura, tristeza y remordimiento; todos ellos juntos.
- ¿Qué he hecho? – dijo él, mientras le brotaban unas lágrimas. A lo lejos, escucho los gritos de unas personas y los veo. Eran los camaradas que Desdemon había mencionado. Aquellos que esperaban que huyéramos por la puerta principal para darnos la muerte.
- Es una lástima. Ah bueno, con la muerte de todos ellos nos pagaran más. – dijo el loro blanco. La expresión del felino era de sorpresa al ver como se tomaban la muerte de sus camaradas tan bien.
- ¡Miren allá! – Gritó él, señalando al horizonte. Los tres piratas voltearon sus miradas, con sorpresa, a la posición que les decía el felino. Veo como Crossbone saca un revólver y les dispara. Ellos tres caen muertos en el acto. – Muy pronto nos veremos en el infierno, pero ahora... tengo algo que hacer. – dijo esto, tirando el revólver al lado de sus cuerpos. Él comienza a caminar por uno de los caminos, alejándose del castillo. Curiosamente, la dirección de ese camino era la misma que la que tomo Annick al huir por el mar. La imagen cambió, mostrándome en un pequeño pueblo, cerca del mar. Seguía siendo de noche, con la tormenta mostrando su fiereza. Allí cerca vi a Annick, quien me sostenía en sus manos. Unos soldados le pasaban vendas, algodón y alcohol a la lince, que los usaba para sanarme la herida. A lo lejos veo a Crossbone, quien cojeaba un poco. Annick lo reconoce y, dejándome en las manos de uno de los soldados, coge un rifle y, apuntándole con este, se acerca al felino. Varios soldados hacen lo mismo. Él mira a la lince, pero su mirada parecía vacía, como si no hubiera nada en él.
- ¡Todo lo que les pasó es tú culpa! – grita Annick.
- Debo aceptar que es así. Aun así, no les pienso decir nada. – Noto como ella aprieta la mandíbula, igual que aprieta sus manos en el rifle. – No pienso decir nada, ya que ustedes deben saber dónde tenemos los centros de comunicaciones, los cuales quedan en…– él empieza a dar información de lugares estratégicos, diferentes formas de comunicación. Literalmente Crossbone les decía todo sobre ellos. Vi a varios soldados soltar sus rifles y anotar esto. Annick aún le apuntaba con el arma, pero también estaba sorprendida con lo que decía. –… y eso es todo. Pero sé que ustedes ya debían saber esto, así que ustedes me pueden matar por ser innecesario. – En ese momento Annick vio (igual que yo) el alma del felino, el cual era atormentado por sus acciones y, para él, esta era su manera de reivindicarse, aunque eso significara que muriera.
- Llévenselo a Blackgate. Luego veremos qué hacemos con él – dijo, mientras bajaba el rifle. Los soldados le obedecieron y lo esposaron. Ella volvió a cargarme en sus brazos, mientras unas lágrimas brotaban de sus ojos. – Oh Blaze, se fuerte. La ayuda está cerca. – En ese momento la imagen cambió. Me encontraba en una habitación de hospital. Vi por la ventana y reconocí que me encontraba en la ciudad de Firefly. En esa habitación me vi de nuevo conectada a los respiradores artificiales y a los líquidos de intravenosa. A mi lado se encontraba Annick, a quien se le notaba unas ojeras bajo sus ojos. En eso llegan varios soldados.
- Buenas tardes señorita Corre. Necesitamos que venga con nosotros. – dijo él.
- No puedo irme. No quiero dejarla sola. – dijo, mientras me agarraba una mano y la sobaba.
- Es una orden del primer ministro. Dijo que la lleváramos de una manera u otra. – amenazó un poco, pero veo en el rostro de él que se arrepiente. – Él ministro la necesita urgentemente. Es sobre cosas que se descubrieron. –
- Aun así, no quiero dejarla. – Las lágrimas brotaban de sus ojos. Mi madre le había pedido que me cuidara y ella no quería defraudar su último deseo.
- No se preocupe. Nosotros no quedaremos aquí afuera, para protegerla de cualquier peligro. – dijo, mostrándole una sonrisa.
- Eso espero. – dijo seriamente la lince. – Hasta luego, Blaze. – me dio un beso en la frente antes de irse con los soldados. La imagen cambió, mostrándome dentro de una oficina de guerra. En ella había un escritorio grande, donde reposaban varios mapas y figuras de barcos en miniatura. Se encontraban varios generales discutiendo algunos puntos y estrategias. Escuchaba los teléfonos sonar y veía a las secretarias contestarlos rápidamente, mientras anotaban información crucial. En una silla, en una esquina, veo sentada a Annick, a quien se le denotaba impaciente. De un momento a otro entra un señor, de especie canina, de raza bulldog. Tenía puesto unos anteojos de montura circular y fumaba un habano. Vestía un traje negro, con una corbata de moño.
- Buenos días, primer ministro Winston. – dijo respetuosamente la lince, mientras se paraba. – En que les puedo colaborar. – terminó de decir, mientras se acercaba al bulldog.
- Bueno, antes de cualquier cosa, necesito mostrarle lo que encontramos. – veo como le hace una seña a uno de los soldados y este trae unas cajas, colocándolas en el escritorio y las abren. Sacan varios tubos quebrados y unos mapas arrugados.
- ¿Qué son estas cosas? – pregunta Annick.
- Lo poco que logramos rescatar del barco de Desdemon. Tenemos que agradecer al cielo que la tormenta fue tan fuerte que arrastró la embarcación cerca de la costa. – dijo mientras cogía uno de los tubos. – Sabemos que estos eran una especie explosivos muy volátiles. Sus compuestos, para su creación, siguen siendo desconocidos para nosotros. Según estos mapas… – comienza a abrir los mapas arrugados en la mesa. –… tenían planeado atacar sesenta y ocho ubicaciones de la isla. De esas, solo treinta y dos eran de sitios importantes de la guerra, como almacenes de municiones, cuarteles de soldados, papeles de estrategia, entre otros. Las otras eran sitios históricos o localidades de civiles. Ellos querían causar la mayor devastación posible. – él mira y observa la mirada de la lince, que está pasmada en el mapa. – Ve lo mismo que yo, ¿Verdad? – Cuando escucho esto quedo confusa, ya que no entendí a lo que refería.
- Sí. – dijo tranquilamente mientras tomaba un marcador y empezaba a señalar lugares en el mapa. No entendía porque hacia esto. – Estos lugares no existen. – dijo. Yo la traspaso y lo veo también. Lo mapas eran de distintas zonas de la isla, los cuales contenían los mapas arquitectónicos de varias ciudades y pueblos. En muchas de estas ciudades (que yo reconocía) había edificaciones, estructuras o diseños que no existían. – La fecha dice que el mapa es de trece años… en el futuro. ¿Cómo es posible esto? – dice con incertidumbre. Yo tampoco podía creer esto.
- No lo sé. – dijo el primer ministro. – además, la mayoría de estos diseños están firmados con las mismas iniciales. Las letras B.t.C y B.C.L; y nada más. – al terminar de decir esto vuelve a colocarse su habano en la boca, tomando unos suspiros de este. – Bueno ya que conoce esto puedo continuar con el resto. Hace cinco días atacaron ocho ubicaciones, las cuales contenían datos y suministros importantes para la guerra. También cabe destacar que, con el dolor de nuestra alma, la familia real fue casi totalmente asesinada. – Estas palabras las dijo con dolor. – Tenemos suerte de que la princesa Blaze the Cat haya sobrevivido, pero ella se encuentra en un estado muy delicado, y nuestra prioridad es protegerla. – escucho unos sollozos provenir de Annick, quien agacha un poco la cabeza. – Así que, para ir al grano de una vez, necesito que usted tome el puesto del ministro de defensa. – Ella alza la cabeza rápidamente, viéndolo con una mirada de sorpresa.
- Pe… pero usted estaba en…– titubeaba un poco al decir estas palabras.
- Yo sé que estaba en contra de que las mujeres tomaran posición de altos cargos. Pero, con el paso del tiempo, me di cuento de mi error. Además, el mismo ministro me dijo lo excelente que era usted para las estrategias. Me contó que muchas veces usted le dio consejos, que ayudaron a prevenir bajas innecesarias. No creo que encuentre a alguien más capacitado para el cargo. – le decía, con una sonrisa en su rostro.
- No sé si pueda. – dijo ella temerosa.
- Bahir confiaba en usted, el ministro de defensa también. No creo que necesite escuchar a alguien más para aceptarlo. Tengo dos hijas y, desde lo profundo de mi alma, creo que mi ideología era la equivocada, solo que no la aceptaba. – dijo, con un tono culpable. – Entonces, acepta el puesto para el que soñó. –
- Sí. Lo acepto con gusto. – Dijo sonriendo. – Pues comencemos de una vez. – el primer ministro le devuelve la sonrisa al escuchar esto. – Sabemos que querían atacar diferentes lugares de la isla, como para deja un mensaje. Parte de su plan Falló. Aun así, tenemos a un soldado de LifesPool, el cual "no" colaborará dándonos datos de las estrategias de su nación. De allí…– comenzó a decir Annick, mostrando que tenía en sus venas la sangre necesaria para liderar cualquier problema. Todos los presentes escuchaban con atención sus palabras, sorprendidos al ver como la lince demostraba tener lo necesario para comandarlos. Una sonrisa se vislumbraba en mi rostro, al ver como la meta de Annick se había cumplido al fin, a pesar de todo lo malo que tuvo que pasar.
La imagen cambió, mostrándome en los pasillos del hospital donde me tenían resguardada. Había como una docena de soldados protegiendo la puerta de mi habitación. Al fondo del pasillo veo llegar a Annick, quien portaba una nueva vestimenta, que reconocía su nuevo cargo. Los soldados hacían su saludo militar apenas pasaba a su lado.
- Descansen. ¿Qué noticias me tienen? – dijo ella seriamente al soldado de mayor rango.
- No hemos permitido la entrada a nadie, excepto por las enfermeras y médicos. – dijo
- Abra la puerta, por favor. – dijo ella respetuosamente. Él obedece a la orden y la abre. Al abrirla todos se asustan y apuntan sus armas a las cuatro figuras encapuchadas que se encontraban sentadas alrededor de mí. La única que no noto preocupada es Annick.
- No se muevan o disparamos. – grito un soldado.
- No seas idiota. En el momento en que tú piense disparar ellos te habrán matado cinco veces. – Escucho unas carcajadas provenientes de las figuras encapuchadas, quienes tres de ellas se paran. Annick se acerca a un interruptor y prende las luces de la habitación. Cuando la luz iluminó el lugar, reconocí a una de las figuras, quien era Ébano. Ébano me acariciaba el rostro suavemente, mientras unas lágrimas brotaban de sus ojos.
- Ébano, hace tiempo que no te veía. Un año, ¿verdad? – dijo Annick.
- Sí. Ese día le entregué una carta, proveniente de Bahir, al primer ministro. Ese día por fin conocí a la gran Annick. – ella suelta una carcajada. – Él me habló muy bien de ti. – Los ojos de ella miraban fijamente a la lince. La lince notó que los soldados aún seguían apuntando sus armas.
- Bajen sus armas. Ellos no son el enemigo. – Todos obedecieron, sin renegar. Observé mejor a las otras tres figuras encapuchadas, quienes tenían las mismas ropas pero en colores diferentes. El de la capucha y abrigo blanco, con líneas rojas, era un ave, parecida a un águila. El de la capucha totalmente azul era un jaguar; y el de la capucha beis era una ardilla, quien parecía ser el más joven de todos.
- Hello señorita. My names is Desmond – dijo la ardilla, haciendo un ademan de saludo con la mano.
- Piacere di mancare (Mucho gusto señorita). il mio nome è Ezio (Mi nombre es Ezio) – dijo el águila a Annick, a quien le hacía una reverencia elegante.
- il est un plaisir de vous rencontrer (Es un placer conocerla). Mon nom est Arno Kenway (Mi nombre es Arno Kenway). – dijo el jaguar, mientras le tomaba la mano y la besaba.
- Ese acento es de LifesPool, ¿Verdad? –
- Mi procedencia es de esa nación, no lo puedo negar. –
- Podemos confiar en él. – dijo el soldado, sorprendido ante esta declaración.
- Si ella confía en él, no hay nada que temer. – dijo tranquilamente Annick.
- Bueno chicos, les voy a pedir que salgan porque es tiempo de que las chicas hablen. – Dijo Ébano. Vi como los tres encapuchados salieron por las ventanas con rapidez. Annick les hizo una seña a los soldados y salieron, cerrando la puerta. Ellas dos quedaron en silencio durante unos segundos. Annick se sienta al lado de la cabecera de la cama. Ella me empieza a acariciar la cabeza, mientras sus ojos se ponían un poco llorosos.
- Yo lo sabía todo. – Dijo Ébano, rompiendo el silencio que inundaba el lugar. – Yo sabía lo que el rey LifesPool hacía. Sabía todo esto. – Los ojos de la lince miran sorprendida a la loba ante esta declaración.
- ¿Y por qué no dijiste nada? – dijo, con un poco de rabia.
- Yo soy la líder de la Legión de Asesinos. Yo comando las operaciones pero eso no significa que pueda hacer todo lo que yo quiera a voluntad. Hay un consejo, el cual decide la mejor manera a proseguir. Les advertí de esto, con argumentos y detalles, pero ellos dijeron, y lo dejaron muy claro: "Nosotros solo intervendremos completamente cuando el príncipe Bahir muera. Ya que él es lo suficientemente capaz de guiar hacia la victoria a su nación.". – unos sollozos salieron de la loba al terminar la frase.
- Ya veo. – dijo Annick.
- Yo iba a dejarlo todo por él. – Annick se sorprende ante esta declaración. Yo también lo hago, pensando que no oí bien. – Yo iba a ceder mi puesto a Ezio para estar con él. – en eso, Ébano mete su mano dentro del abrigo y saca una pequeña bolsita. Ella se lo entrega a Annick, quien saca su contenido. Ella (igual que yo) se sorprende al ver que era. Era un anillo, un anillo de compromiso.
- ¿Cua…Cuándo? – Dice, denotando en su voz sorpresa.
- Una semana antes de su muerte. – dijo, y en ello comienza a llorar. En eso la imagen se congela. Yo veo a Amy confundida, mientras ella me muestra una sonrisa.
- ¿Quieres escucharlo o quieres verlo? – me dijo tranquilamente.
- Quiero verlo. Porque si no lo veo no lo podré creer. – solté una carcajada, al decir esta última frase. Después de todo, si me Amy, al comienzo, me hubiera dicho que mi tío Bahir y Ébano terminarían saliendo juntos, no se lo hubiera creído. Ella sonrió ante mi respuesta y chasqueó los dedos. – Puede que nos estemos saliendo de lo que debíamos ver pero… quien nos mira. – dijo, sin dejar de sonreír. La imagen cambió. Me mostraba un apartamento, un poco desordenado, con mapas y papeles regados. En el escritorio se encontraba mi tío, a quien se le veía concentrado. El alza la mirada y, con rapidez, saca el revólver de su abrigo y apunta a la puerta.
- ¿Quién está allí? – dice calmadamente. La puerta se abre lentamente mostrando a quien se encontraba detrás de esta. – Ébano. – Dice sorprendido.
- Vaya. Si esa es la manera de recibir a alguien que amas, no quiero ver que le haces al que odias. – soltó una carcajada.
- Jaja. Muy graciosa. La verdad es que estoy feliz de verte después de tanto tiempo. – dice, esbozando su típica sonrisa.
- Lamento decirte que solo vengo de paso. – Mi tío se entristece ante esta declaración. Ella lo ve se acerca, levantándole la cabeza con la mano. Ella le sonreía para darle confianza.
- Después de tanto tiempo, pensé que me habías olvidado. Pensé que tú no me...– En eso, Ébano le da un beso apasionado desprevenido, para callarlo.
- Nunca piense eso. Yo te amo. Por eso vine, para no preocuparte más de lo que estabas. Pero debo irme por una misión importante. –
- Bueno, si es así, no debo perder tiempo. – En eso, él se arrodilla y metiendo su mano, en el abrigo, saca una pequeña cajita. – Ébano, en el momento en el que estuvimos juntos esa noche supe, desde lo más profundo de mi alma, que quería que tú fueras esa mujer con la cual quiero compartir mi vida. He estado con varias chicas, cuatro para ser preciso, pero ninguna me hizo sentir lo que sentí contigo. El cielo se abrió, para mí, cuando te di ese beso y el universo se abrió cuando nuestros...–
- Bahir, esa parte te la puedes reservar. Ya que me da algo de pena. – Interrumpe Ébano, quien estaba un poco sonrojada ante las últimas palabras de mi tío.
- Enserio. Porque si quito esa parte pierdo la mitad del discurso. – Ébano gira los ojos y mi tío entiende eso. – Bueno, continuando. Mi padre siempre me dijo que un rey siempre está acompañado de una grandiosa reina, que lo guía cuando más lo necesita. Tal vez nunca acepté ser rey porque quería encontrar aquella mujer que me acompañara en esa gran labor. Y después de tanto tiempo, al fin la he encontrado. Entonces, ¿Quieres ser mi esposa? – terminó de decir, mientras abría la pequeña cajita, mostrando su contenido. Un anillo de compromiso.
- Bahir. Mi vida ha sido dura. Desde pequeña he tenido que valérmelas solas. Mi padre casi nunca estuvo conmigo, y mi madre murió cuando tenía diez años. Viví una parte de mi vida en la calle, tratando de mejorar cada día más en mis habilidades. Cuando comencé a participar en la competencia y era vencida por Flames, una ira pasaba por todo mi cuerpo. Aun así, tú siempre venias y me entregabas una rosa blanca. Esa rosa blanca adornaba lo feo de mi vida, en el tiempo que esta duraba con vida. El día que casi mato a tú hermana, tú no me entregaste nada. "Por qué hacerlo" pensé y me sentí mal. Cuando estaba a punto de embarcarme, para irme a cumplir mi deber, te vi y tú a mí. Tú dejaste lo que estabas haciendo y te acercaste. Como no tenías ninguna rosa cogiste un papel y, con uno que otro mal trazo, dibujaste una rosa para mí. Desde ese momento me enamoré de ti. Y el resto... es historia. – Ella empezaba a llorar. – Así que… sí. Acepto, con mucho gusto, ser tu esposa. – Mi tío Bahir empieza a llorar cuando escucha la respuesta de Ébano. Él se para y la besa durante varios,… varios segundos.
- Como yo te conté con cuantas chicas estuve, tú me podrías decir con cuantos chicos estuviste – Ébano sonríe ante su comentario.
- Yo te gano. Yo estuve con tres chicos… y cinco chicas. – dijo estas palabras con lujuria. Mi tío abre la boca, sorprendido ante esto.
- Eso es…– dice él estupefacto, hasta que muestra una sonrisa traviesa. –… tan sexy. – Ellos dos se ríen. – Apenas termine esta guerra nosotros, junto con Flames y Ferdinand, nos casaremos. – decía sonriente.
- Sí. Apenas termine esta guerra yo renunciare a la "Legión de Asesinos". Porque, al final y al cabo, he encontrado algo mejor para mi vida. – decía ella, mientras unas pequeñas lagrimas brotaban de sus ojos. Mi tío se las limpia tiernamente.
- Solo te digo que una vez que nos casemos, vamos a tener varios hijos. No quiero quedarme detrás de mí hermana. – dijo esto en broma. Sin embargo Ébano lo coge del cuello de su chaqueta y lo arrastra hasta la habitación donde yacía la cama y lo tira en ella
- ¿Y qué tal si comenzamos ahora? – dijo, mientras empezaba a quitarse la ropa.
- ¿No tenías que irte de una vez? – dice, sin poder creer lo que veía.
- ¿Quieres que me marche? – pregunto Ébano.
- Claro que no. –
- Entonces, solo te advierto que no podrás dormir en toda la noche. – dijo sonriendo. Mi tío comenzaba a quitarse la ropa, cuando la imagen cambió. Otra vez volvía a encontrarme la habitación del hospital. Ébano abrazaba a Annick, llorando.
- Yo iba a dejar todo para estar a su lado. No es justo. – decía, mientras las lágrimas brotaban de sus ojos
- No. No lo es. – Le respondió Annick. Ébano se separa de ella y se limpia las lágrimas.
- Bien, creo que es tiempo de marcharme. – Ella comienza a caminar en dirección a la ventana, cuando es detenida por Annick.
- Uno de los lugares que explotaron era la base de datos de los soldados. Allí se perdieron los nombres de todos los que combatían y combatieron. Por favor, dime quien es el padre de Blaze. Ya que tengo miedo de que lo haya olvidado por el golpe. – le suplicó Annick. Ébano apartó de la mirada a la lince.
- Les prometí a sus padres que no diría nada. Solo ellos podían darme la autorización de exponer eso. Lo siento. – dijo, sin mirarla a la cara.
- Entiendo. – dijo, suspirando un poco. – ¿Y ahora que van a hacer? –
- Vamos a destruir la tiranía de ese rey. Dentro de dos meses es su cumpleaños…– dijo señalándome –… y no quiero que ella cumpla los cuatro años en esta guerra. Solo quería avisarte de eso. –
- ¿Ella te volverá a ver? – Preguntó Annick.
- Solo si me recuerda. Pero por mi lado, no puedo. Cuando la veo a ella, los veo a ellos y no lo puedo soportar. – Ébano se quita su collar (el que le dio mi madre) y se lo da a Annick. – Dáselo en su cumpleaños. Quiero que aun tenga algo de su familia. – Dice con una sonrisa.
- Está bien. Que tengas mucha suerte. Destruye a ese desgraciado. – Annick le muestra una sonrisa y Ébano se la devuelve. Ébano salta por la ventana, pero Annick no se inmuta. Ella se acerca a mi cama y me besa la frente. Ver esto hace que brote unas pequeñas lágrimas de mis ojos. Ébano iba a dejarlo todo por amor y Annick se mantenía a mi lado.
La imagen cambia. Sigo estando en el cuarto pero la escena es diferente. Yo ya estaba despierta y de pie. Un médico me inspeccionaba los ojos con una pequeña lamparita de mano y, sin aviso, entra Annick. Su rostro reflejaba felicidad al verme mejorada.
- ¿Cómo está? Vine tan pronto supe la noticia. – le dice al médico. Él me deja con la enfermera y saca a la lince de la habitación.
- Físicamente está bien. Pero… – da un suspiro antes de continuar. –… mentalmente no sé qué decir. –
- ¿A qué se refiere con eso? – pregunta ella asustada.
- Cuando le pregunto cosas comunes como cuál fue el último libro que leyó, me contesta sin problemas. Pero cuando le pregunto sobre su familia, es allí donde la cosa se pone fea. Le ensañaré. – Dijo, volviendo a entrar en la habitación.
- Hola Blaze. Sé que ya te lo pregunte pero necesito que me respondas esto: ¿Cómo se llama tú tío? –
- No me acuerdo. Era Bihar. – dije, mientras me sobaba los dedos en la parte izquierda de mi frente.
- No, es Bahir cariño. ¿Cómo se llama tú madre? –
- Flames. – Dije, sin dejar de sobarme la frente y mostrando muecas de dolor.
- Bien. ¿Cómo se llama tú papá? – preguntó el medico con una sonrisa.
- ¡NO LO SÉ! ¡No recuerdo nada! ¡Me duele! ¡Me duele la cabeza! ¡Siento que me arde! ¡Siento que...! – En eso, empiezo a convulsionar. El medico saca una inyección de su bata y me la inyecta. Mis movimientos se detienen y quedo dormida. Las lágrimas brotaban de los ojos de Annick, quien no podía creer lo que veía.
- Oh Blaze. Nunca pensé que tú…– dijo ella.
- Ella puede que se recupere. Pero por el estado en que está… no puedo asegurar nada. – Interrumpió el médico.
- Solo queda esperar. – dijo tristemente Annick, quien me besaba la frente y comenzaba a marcharse de la habitación.
Yo miré a Amy, notando que unas lágrimas brotaban de sus ojos. Ella se acerca a mí yo joven y la acaricia, a pesar de no poder tocarme.
- Lo siento tanto. – dijo ella, mientras volteaba y me miraba directamente a mí. – Aun así, no me arrepiento de lo que hice. –
- ¿De que no te arrepientes? – le pregunte confusa. Ella negó con la cabeza.
- Aun no es el momento de contestarte. Tenemos de terminar de ver otras cosas. – Ella chasquea los dedos y una luz fuerte ciega mis ojos. Al abrirlos, me sorprendo en donde me encontraba. Estaba en la ciudad de French, capital de la nación de LifesPool. Allí veía a los ciudadanos alzando las banderas de su nación y los escuchaba, con mucho fuerza, gritar la palabra libertad y verdad. Comienzo a caminar por las calles y veía cientos de pancartas donde mostraban los tratos del rey para engañar a su pueblo y las atrocidades que inventaba sobre Isla Sur. En las calles había cientos montículos de muebles destrozados en varias partes. Veía cómo los soldados le disparaban a sus propios ciudadanos. Aunque también noté, entre los ciento de civiles que peleaban contra ellos, soldados que portaba el mismo uniforme. Estos soldados debían ser los que desertaron a las órdenes del tirano de su rey. También noté que donde había más soldados eran alrededor del castillo amurallado. Era enorme, a comparación del de mi familia. Vi las banderas que ondeaban los civiles. Eran las de su nación, las de mí nación y una blanca. La imagen cambió. Me encontraba en el techo de una casa. Allí a mi lado se encontraba Ébano, portando su capucha verde. Una nube de humo se disipaba detrás de ella, mostrando a Ezio, Arno y, al más joven, a Desmond. Portando sus abrigos con capucha blanco con rojo; Azul; y beis. Ellos veían como una multitud trataba de llegar a la entrada principal del castillo, que era protegida por los soldados. Vieron como estos apuntaron sus armas y dispararon sin consideración. Vieron como la gente caía, pero la multitud no se detenía, haciendo retroceder a los soldados ante el miedo.
- Es hora. – dijo tranquilamente Ébano, quien ocultaba su rostro con la capucha.
- Trata de seguirlos… si puedes. – dijo Amy, con una sonrisa. Vi como ellos saltaron del tejado. Por un momento sentí miedo pero note como se esparcían entre la multitud. No podía creer lo rápido que llegaron a ellos. No perdí tiempo y salte y frené mi caída con mis llamas. Corrí lo más rápido posible alcanzando a Ébano. Escuché disparos de cañones provenientes del castillo, destrozando las casas cercanas a este. Llegamos cerca a la entrada principal, pero para poder entrar había soltar el puente levadizo. Veo como Ébano y Ezio saltan la canaleta de agua, agarrándose de las paredes. Ellos la escalan los bloques hasta las cadenas que sostienen el puente y las destrozan. El puente cae y todos empiezan a correr dentro. Allí se encontraban soldados apuntando sus armas y, rápidamente, las disparan. Veo de nuevo a todos los ciudadanos caer y morir por una causa, libertad. Lamentablemente, para los soldados, estos eran demasiados y logran atacarlos. Veo como Arno y Desmond están derrotando a muchos en unos cuantos segundos. Arno casi fue apuñalado por uno de los soldados si no fuera porque Desmond le salvo la vida. De igual manera dos casi atacan a Desmond y estos fueron derrotados por unas dagas que impactaron en sus espaldas de ellos. Desmond le hace un ademan de "gracias" a Ezio, quien se encontraba escalando las paredes. Veo como Ébano estaba cerca a este. Yo comienzo a escalarlas también. Por poco no los alcanzo. Veo como ella espera a que Ezio tire por al vacío a un soldado para entrar y al hacerlo, tumba a otro que apareció. Ella a apuñala a otro soldado en la pierna, haciéndole caer, para que Ezio le dé fin. Ellos saltan por la ventana, cayendo sobre un balcón. Ellos tiran unas bombas de humo cegando la visibilidad a los soldados que se encontraban allí. Desde mi posición noto como las siluetas de los soldados caen una a una. Cuando la visibilidad va volviendo, veo como Ébano saca un revólver y mata a los pocos que quedaban, excepto por cuatro personas. El rey, su reina y los dos soldados. Aunque estos son asesinados por Arno y Desmond, que caen sobre ellos desde los más alto. En la mirada del rey Clermon (quien era un jabalí) denotaba temor. Veo como coge uno de los cilindros explosivos y los activa al más rojo.
- No se muevan o los haré volar hasta el olimpo. Tengo esparcidos por todo el castillo cientos de estos explosivos. – Amenazó él. Los cuatro se quedaron quietos, ya que sabían el poder destructivo de esas cosas. Veo como él se empieza a reír desquiciadamente. De un momento a otro los tubos empiezan a botar chispas. Ellos se asustan (hasta él mismo rey Clermont) al ver esto. De un momento a otro, los tubos se quiebran y el líquido contenido se derrama. El rey Clermont queda estupefacto ante esto. No sabía por qué había pasado.
- Ya me aburrí de esta época. Creo que es tiempo de irme. – escuché decir de un lado. Volteo mi mirada y lo veo. Era Eggman Nega, pero con una edad diferente. No aparentaba más de treinta y ocho años. Aunque me doliera el estómago, tenía que admitir que en ese entonces se veía guapo. Aún conservaba todo su cabello, el cual era negro, en su cabeza. Tenía un bigote pequeño, pero bien presentado. Su atuendo, sin embargo, era el mismo de siempre.
- ¿A qué te refieres, Eggman Nega? – preguntó confuso el rey Clermont.
- Que me aburrí de estar en este tiempo. Creí que si cambiaba la historia de esta dimensión, podría formar un futuro diferente en mi tiempo. Lamentablemente, no me di cuenta que yo formaba parte de esos acontecimientos. ¿Quién lo diría? Mis acciones egoístas causaron el futuro del que quería huir. Abandoné mi dimensión por culpa del legado de mi familia. Aunque me gusta el apodo Eggman, es impresionante. – el rió un poco y puso su mirada sobre ébano, sonriéndole tétricamente. – Dañar a inocentes es divertido pero traicionar a tus aliados se siente tan bien. Así que tomen esto…– señaló a los tubos de explosivos dañados. –… como un regalo de mi parte. – vi cómo, de su abrigo, saca una especie de aparato. Él empieza a mover unas teclas. Su rostro muestra unas expresiones de confusión. – Es raro. Es muy raro. Según estas lecturas, mi presente desaparece y vuelve aparecer. – Él les muestra a los presentes el aparato. En él había una pequeña pantalla y mostraba una línea recta. Esta desaparecía y volvía aparecer. – Soy una paradoja. Yo no desaparezco porque soy parte de los acontecimientos históricos. Aun así, hechos del futuro y el pasado están sucediendo al mismo tiempo, y no soy yo quien lo causa. Esto es peligroso, muy peligroso. Si no se detiene, las consecuencias podrían ser graves. – el vuelve a ver a los demás antes de sonreír. – Bueno, no les hago perder el tiempo. Adiós. – veo como presiona un botón de su aparato y desaparece al instante.
- ¡No me dejes, idiota! – gritó el rey Clermont. Ébano se acercó a él, empuñando la daga oculta que yacía en su muñeca. Ella lo mira fulminantemente.
- Debería matarte, pero… – en eso oculta su daga. –… no voy a rebajarme a eso. – dijo, dejando atónito a el jabalí. Ébano y sus compañeros comienzan a escalar las paredes hasta lo más alto en pocos segundos. En ese instante escucho como las puertas son destrozadas. Los ciudadanos y soldados, que luchan por la libertad, entran y rodean al rey Clermont. La imagen cambia, mostrándome en una especie de plaza. En medio de ella estaba el rey Clermont siendo humillado. La gente le lanzaba comida podrida directo a su cara. Todos le abucheaban. Noto como lo colocan en una especie de troco y a su lado se encontraba un verdugo, empuñando su hacha. A lo lejos veo a Ébano y a sus compañeros. Corro a donde se encuentran.
- Creo que deberías hacer algo. – Dijo Arno a Ébano.
- Nuestra misión era derrocar al rey. Ya lo hicimos. Nos vamos. – dijo fríamente, mientras comenzaba a marcharse.
- ¿Crees que esto es lo que Bahir hubiera querido? – mencionó Ezio, quien le cortaba el paso. Ella pensó las palabras del águila.
- No. Esto no es lo que hubiera querido. – dijo, mientras comenzaba a correr en dirección a la plaza. Veo a lo lejos como el verdugo empieza a elevar su hacha para darle el golpe final al rey. Veo, aun a lo lejos, como él llora de miedo. El hacha caía pero es detenida por Ébano, con su propia mano. Muchos le apuntan con sus armas pero ella ni se inmuta. Ella los ve a todos.
- ¿Por qué no permites que los matemos? Después de todo, se lo merece. – gritaban varios.
- Mírense. Esto es lo que quieren. Ya ganaron. Ya lograron la victoria de la libertad. No inicien esta nueva era derramando sangre, sea de quien sea. – Vi como la multitud empezaba a quedarse en silencio ante estas palabras. – Sé que hay muchos aquí que perdieron familiares, amigos, a seres amados por este desgraciado. Pero matarlo no los hará volver. Veo que hay soldados de Isla Sur entre la multitud, así que díganme ¿Bahir hubiera permitido esto? ¿Su príncipe hubiera permitido que lleguen a esto? – Noto como, de entre la multitud, sube un soldado a la plaza. El portaba el uniforme de mí nación.
- No, no lo hubiera permitido. Él hubiera dado un juicio justo hasta el final. –
- Si quieren honrar su memoria, luego de su pérdida, hagan lo correcto. – dijo, mientras se marchaba rápidamente del lugar. Todos quedaron callados por unos segundos.
- ¡Llévenselo a la cárcel! – se escuchó. En ese momento, todos comenzaron a gritar lo mismo. Vi como paraban al rey Clermont y se llevaban a otro lugar.
- Bahir estaría orgulloso. – dijo Desmond con una sonrisa. Sin embargo, Ébano le mostró una mirada de tristeza.
- Supongo que sí. Nunca lo sabré. Vámonos. – dijo, con unas pequeñas lágrimas en sus ojos.
La imagen cambió. Me mostraba en de vuelta en Isla Sur. Estaba afuera del castillo norte. Mi residencia actual. Veo como un carruaje llega a la entrada. De este sale Annick, quien le entrega un periódico un guardia y coge una pequeña caja de cartón. El título que decía el periódico era: "Aun, después de 15 días, Isla Sur sigue celebrando la victoria". En ella también había una foto de muchas gente celebrando. Rápidamente sigo a la lince, quien entra en una sala. Allí abre la caja, mostrando que era una torta de cumpleaños. Veo como entro en la sala y me detengo al ver a la lince.
- Feliz Cumpleaños Blaze – dijo Annick, quien mostraba una sonrisa. Sin embargo, yo me mantengo seria.
- ¿Qué tienen de feliz? – dije secamente. Aunque las llamas son mi poder, mi personalidad era fría como el hielo con los demás. – Al final y al cabo, no tengo nada. –
- No es cierto. Tienes las bellas llamas de tu madre. – refutó
- ¡¿Bellas?! Si son tan bellas, ¡¿Por qué destrozaron mi hogar?! ¡¿Por qué consumieron todo a su paso?! Vi arder el lugar del que dicen que fue mi hogar. No recuerdo casi nada de allí, pero siento que es cierto. – Annick queda pasmada ante estas palabras. – Dicen que estas llaman son un don. Lamentablemente, yo las veo como una maldición. –
- ¡No digas eso! – suplico ella.
- ¡Lo es! ¡Estas llaman son una maldición! – grité con fuerza. – ¡Si no fuera la Guardiana de las Sol Esmeraldas, buscaría la manera de quitarme este poder! – Estas últimas palabras dejaron pasmadas a Annick, quien empezaba a llorar. Vi como mi expresión de ira cambio a seriedad. – Le agradezco que haya venido señorita Anne Corre, pero sus servicios ya no son requeridos por el día de hoy. Se puede retirar. – dije sin emoción alguna. Annick coge la pequeña caja de cartón, donde se encontraba la torta, pero veo como la vuelve a dejar en la mesa.
- Tengo algo para ti. – dijo, mientras sacaba un pequeño regalo envuelto. – Tómalo por favor y nunca te lo quites o lo pierdas. – Yo me acerqué a ella y cogí el regalo.
- Gracias. – dije seriamente. Annick se marchó del lugar, dejándome sola. Un dolor me invadía, porque recordaba esa conversación. Esas palabras le dolían tanto a ella como a mí. Escuchar como renegaba del don que fue heredado por mi madre me destrozaba. "Estaba tan perdida en aquel entonces. Y puede que aún lo esté" pensé. Desde ese día jamás volví a celebrar mi cumpleaños. Aun así, Annick siempre venia para esa fecha, con algún pretexto para invitarme a almorzar u otras cosas. Ella siempre ha tratado de mantenerse a mi lado, pase lo que pase. La imagen cambió, mostrándome dentro de mi habitación. Allí me vi como abría el regalo y veía su contenido. El collar que mi madre le dio a Ébano, y que esta me lo daba. Vi como empecé a acariciarlo, como si sintiera algo especial en él. Vi cómo me lo puse, con delicadeza, parándome frente a un espejo y sonreí ante mi imagen. Supongo que sonreía porque creí ver a mi madre y a mi padre. Mi madre tenía razón en mis ojos, ya que en ellos veía a mi padre. Sin embargo, esa sonrisa no dura mucho y desaparece. Veo como me acerco a la ventana y mi mirada se pierde en el horizonte.
- ¿Dónde están? – me escuché decir mientras una pequeña lagrima brotaba de mi ojo. – Vuelvan. Solo vuelvan. – Dije, mientras me retiraba de la ventana y empezaba a leer un libro, para olvidar eso. Empecé a llorar al recordar todo el dolor que había sentido en aquel entonces, esperando que todo lo que me había pasado solo fuera un sueño. Pero no era así. Todo era real y doloroso. Como mi madre, esperé frente a la ventana, pensando que mis padres volverían y que nunca se fueron de mi lado. Amy se me acerca y me abraza.
- Lo siento tanto. – me decía. Yo le mostré una sonrisa antes de cambiar la expresión a seria.
- Tú sabes lo que te voy a preguntar, ¿Ya puedes contestarme? – ella apartó la mirada.
- Sí. Ya puedo. – En eso la imagen cambia, pero solo la hora del día, ya que ahora era de noche. Yo estaba ya dormida. Amy se acerca a mi yo joven y me empieza a acariciar. – Lo siento tanto. – decía ella.
- ¿Por qué dices eso? – le dije, confundida con su actitud. En eso, ella empezó a llorar.
- Cuando trataste de evitar que cayera al mar, chocaste contra esa roca. Ese día tú debías morir. Pero yo no quería eso. No quería perderte. No quería perder el cariño que nos dabas. Ese cariño, que hacía que tú madre se enojara por cogernos sin su permiso. – suelta una pequeña carcajada. – Aunque ella también hacia lo mismo a esa edad. Aun así, cuando te salve no pude predecir que solo salvé tú cuerpo, no tu mente. Ver como perdiste esos maravillosos recuerdos de tú familia me dolía a mí y a mis hermanos. Desde ese día, tú solo nos vistes como simples reliquias, sin siquiera hablarnos o escucharnos. Te volviste una persona fría y sin emoción. Y lo peor, es que no eres la primera que le pasa eso. – Me sorprendí al escuchar eso.
- ¿A qué te refieres? – le pregunté confusa.
- Antes de tú familia, hubo otros guardianes que pasaron por lo mismo. Perdieron a sus seres queridos y se alejaron del mundo que los rodeaba. Murieron solitarios, porque desconfiaban de los que les rodeaba. Yo no quería que eso te pasara a ti. Pensé, que con el paso del tiempo, tú cambiarias para ser mejor persona. Pero me equivoqué, ya que tú continuaste así. Si no hubiéramos sido robadas, tú no hubieras cambiado. – Mi mente pensó en lo que dijo, porque tenía razón. Si no hubiera sido por esos acontecimientos, mi vida seguiría igual. Supongo que quiso mostrarme los recuerdos de mi familia porque aún había partes de mí que necesitaban sanar.
- Entiendo perfectamente eso. – Le dije mostrando una sonrisa. – y ¿ahora qué? – le dije.
- Bueno, supongo que ya es tiempo para…– Ella no termina la frase, ya que se agarra la barriga mientras hace muecas de dolor. Veo como cae de rodillas, mientras grita un poco. Trato de acercarme pero soy detenida por alguna especie de escudo invisible. Escucho el sonido de algo crujiendo. Veo como una grieta se formaba, en línea vertical, en su cuerpo, pero de una manera distinta. Si veía sobre el hombro de Amy, allí estaba, como si estuviera flotando. Veo terror en el rostro de ella.
- ¿Qué te está pasando? – le pregunté, perturbada por lo que veía.
- Algo está rasgando la piel del universo. –
- ¿Quién? – dije ante esa respuesta.
- No lo sé. – Decir sorprendida – Realmente no lo sé. – vuelvo a tratar de ayudarla, pero soy repelida. Mi miedo aumenta a cada segundo.
- Mami. ¿Eres tú? – Escuchar estas palabras, con un tono de voz suave, me dejaron petrificada. Me volteé lentamente y vi como mis ojos veían a los de mi yo joven directamente. Me acerqué a la cama y allí estaba viéndome. Su mirada estaba un poco pérdida y cansada. Tal vez ni siquiera estaba muy consciente de lo que estaba pasando. – Mami, ¿Enserio eres tú? – escuchaba decir estas palabras, pero no podía creerlas.
- Sí, soy yo. Soy tú mami – dije rápidamente, quedando estupefacta. Luego de eso, la (me) empecé a acariciar. Una sonrisa se vislumbraba en mi rostro. Ella (yo) seguía manteniéndose acostada y arropada.
- Te extrañé tanto. Sabía que volverías. – Dijo alegremente. Yo seguía acariciándola en la cabeza, pero un sentimiento de dolor brotaba en mi interior.
- Lo siento cariño. Yo solo vine a despedirme. – dije tristemente. Noto como la pequeña sonrisa desaparecía de mi rostro.
- No, Por favor. No te vayas. No quiero que te vayas. – me suplicaba.
- Lo siento cariño, pero no puedo quedarme. Yo ya no pertenezco a este mundo. –
- Eso no es justo. – escuche decir, mientras sollozaba
- Lo sé. Lo sé muy bien – dije, mientras comenzaba a llorar. – Pero recuerda que tu tío, tu papá y yo te queremos mucho. Ah, y Markel, no lo olvides. Él fue una gran persona para nosotros. – le dije, mientras me limpiaba las lágrimas.
- Ahora, ¿qué va a pasar? – me preguntó, con su voz apagada.
- Ahora, yo voy a…– pensé en que hacer, y le (me) mostré una sonrisa. –… cantarte una canción para que duermas tranquilamente. ¿Quieres? –
– Sí. – Me respondió, con una voz tierna. Comencé a mover mis manos, haciendo brotar mis llamas.
- "Eres mi sol. Eres mi luz. Cuando todo está nublado solo tengo que verte para que mi día se ilumine. Lo eres todo para mí. Eres el mejor regalo que una chica puede recibir. –Volví a llorar, pero tratando de mantenerme firme. – Tú sonrisa me alegra y me da confianza cuando la pierdo. Al tenerte en mis brazos veo y siento que eres lo más especial de este mundo y nunca te dejaré. Te quiero… mi pequeña y tierna Blaze." – Le di un beso. Me di un beso en la frente, mientras mis lágrimas la (me) empañaban un poco. – Adiós mi cielo. –
- Adiós… mami. Te quiero. – dijo, mientras me mostraba una sonrisa.
- Y yo a ti cariño. – Noté como me quedé dormida. Mis lágrimas empañaban mi rostro, pero no importaba. La verdad no importaba. Todo el lugar desapareció. Me encontraba en un lugar en blanco. Vi como el cuerpo de Amy se elevaba por los aires y desaparecía, mostrando la Sol Esmeralda roja. La grieta aún seguía allí, en todo el centro de esta y alrededor, flotando en el aire. Pero no dura mucho tiempo allí. La grieta empieza a desaparecer, mientras el cuerpo, que la gema tomó, vuelve aparecer. Ella cae suavemente. Me acerco a ella lentamente, mientras se para. La veo a sus ojos rojizos. – ¿Estas bien? –
- Si, lo estoy ahora. –
- ¿Puedes explicarme lo que está pasando? –
- Ni siquiera yo sé muy bien lo que está pasando. – Yo la miro sorprendida ante esta respuesta. – Hechos del futuro y el pasado no solo están sucediendo al mismo tiempo, si no que están chochando.
- ¿No puede ver el futuro, para saber la causa? – le pregunte, siendo lo primero que se me vino a la mente.
- El tiempo fluye, cambiando a cada segundo. Como el tiempo no es una línea recta, puede retorcerse en cualquier forma. Toda tu realidad podría desaparecer con un chasquido de dedos. Yo solo tengo visiones de lo que podría ser, no de lo que será. Y lo peor de todo… es que no veo nada. Todo lo importante está tapado por un velo negro. No sé qué pasará. Puedo ver pequeños detalles como: "posibles acciones que harás en tu vida diaria. Posibles nuevos amigos." Pero de allí, nada más. – dijo, sobándose un poco la cabeza.
- Ahora, ¿qué va a pasar? – le pregunté temerosa.
- Supongo que ya es tiempo de irnos. Pero antes… quiero mostrarte algo bello. Quiero mostrarte "El momento en donde todo comenzó" – En eso, chasquea los dedos. La imagen cambió, mostrándome en la entrada principal del Castillo Sur. Allí vi a mis abuelos, junto con un felino blanco. Por su fisionomía, pude deducir que era mi abuelo, el padre de Ferdinand. Ellos dos hablaban, mientras el felino blanco se limpiaba unas lágrimas en sus ojos. A lo lejos veo a mi madre (a la edad de 5 años) acercarse a mi padre Ferdinand. Rápidamente voy allá. Noto como mi padre oculta sus manos detrás de su espalda.
- Hola, ¿Qué tienes allí? – preguntó mi madre curiosa.
- Te traje algo. – En eso muestra lo que ocultaba y era un clavel.
- Es muy hermoso. – dijo mi madre, mientras olía la flor. – Gracias. –
- No problem. Las conseguí por aquí cerca. Si quieres te llevo un día de estos. – dijo mi padre, con una sonrisa.
- Me encantaría. Me encantaría mucho. – le respondió mi madre, con una sonrisa también.
- Oh, qué lindo. Serian una linda pareja. – Escuché a mi tío Bahir (de 10 años), mientras este salía de los arbustos. Vi como mi madre Flames y mi padre Ferdinand se veían directamente a los ojos, mientras sus rostros se sonrojaban un poco. Ellos giraron quedando de espaldas, mientras cruzaban los brazos.
- ¡Eso es ridículo! – Gritaron los dos. Sin embargo, noté como una pequeña sonrisa salió de ellos. Mi tío Bahir también lo nota y los abraza por el cuello.
- Sea como sea, seremos una gran familia. – dijo.
- Si nos sigues ahorcando no creo que eso sea posible. – Dijo mi padre, con un poco de esfuerzo.
- Bueno, lo siento. – soltó a mi madre y a mi padre, quienes jadearon un poco. – Bien, vámonos. – Mi madre y mi padre se miran confundidos ante las palabras de mi tío.
- ¿A dónde? – dijeron al mismo tiempo.
- ¿A dónde creen? A donde Ferdinand dijo. – dijo él, esbozando su linda sonrisa.
- Pero papá y mamá se enojaran. – dijo mi madre.
- ¿Y? Eso no nos detuvo antes. – dijo el, mostrando una sonrisa traviesa.
- Es verdad. Vamos. – le respondió mi madre, que cogía la mano de mi tío. Ellos comenzaron a correr pero, abruptamente, mi madre se detiene. Mi tío y mi padre la miran confundidos. Ella ve a mi padre Ferdinand y le muestra una sonrisa. – Ahora eres parte de nuestra familia. Todos debemos ir juntos. – mi madre le tiende la mano. Mi padre la mira por unos segundos. En ello le sonríe, mientras le sostiene la mano. – Bueno, ahora sí. ¡Vámonos! – Volvieron a correr, alejándose más y más del castillo. Yo corro a su lado, sintiendo que corro junto a ellos. En eso, escucho unos gritos. Veo atrás y noto como todos mis abuelos corren detrás de ellos.
- ¡No se detengan! ¡A no ser que les gusten los castigos! – Grito mi tío Bahir, mientras soltaba unas carcajadas. Mi madre y mi padre también hacían lo mismo. Igualmente, yo hacía eso. Noto como una luz me empezaba a cegar, sabiendo lo que significaba. Pero, aun así, yo no me detuve. Seguía corriendo a su lado. Riendo y sonriendo. Veía como estos actos los unió más de lo que cualquiera hubiera creído. En este bello acto, donde una chispa de amor y cariño se había encendido.
Bueno, Espero que les haya gustado la historia y… hay, a quien engaño. Aún falta un capítulo más para el fin. No quisiera terminarla, pero bueno. Así es la vida. No olviden dejar sus Reviews.
Bueno. El siguiente mini-Capítulo se lo agradezco a Sonatika quien, con su Review, me dio esta idea, desatando mi imaginación.
PD: La siguiente historia es semi-Gore. Si no son seguidores o les molesta ese género, no importa. La siguiente historia no afectará el final y no leerla no les perjudicará. Bueno, aclarado el asunto, ¡A leer (si quieren)!
La Recompensa de Desdemon
Todo estaba oscuro. La oscuridad yacía en cada rincón. Pero aun así, Desdemon sentía que cientos de ojos los observaban. El aire era pesado y se sentía a azufre. Sentía que se ahogaba, pero no moría. Había algo que faltaba. Algo que debía recordar. Cerró los ojos por un segundo y al siguiente se encontró atado, en forma de crucifixión, en una camilla de autopsia. Veía alrededor los implementos usados para esos trabajos. Él mismo los conocía, ya que usó muchos en distintas personas por placer y diversión. Sentía como los latidos de su corazón aumentaban a cada segundo. ¿Quién lo tenía allí? ¿Por qué estaba allí? ¿Cómo había llegado a ese lugar? Todas esas preguntas pasaban por la mente del loro. Siente unas pisadas alrededor, en las sombras.
- ¡¿Quién está allí?! –Gritó él, tratando de desatarse de las correas que lo mantenían preso. Sintió como los pasos se acercaban más y más. De entre las sombras aparece alguien. Alguien que lo aterra aún más de lo que estaba. – ¡Es imposible! ¡Tú estás muerto! ¡Yo te maté! – gritó Desdemon al ver quien era. – ¡Bahir, yo te destrocé! – gritó, al ver como ese felino se acercaba a él con una sonrisa macabra. Su apariencia era parecida a la que recordaba, excepto por que sus colores eran más oscuros, los miembros perdidos estaban en su lugar, sus dientes más afilados y sus ojos no tenían iris, solo la pupila y la esclerótica. Desdemon notó como el felino empezaba acariciar los utensilios, hasta que cogió un bisturí. Su respiración aumentó al ver cómo, con un chasquido de dedos por el felino, su atuendo desaparecía, quedando en ropa interior. Los latidos de su corazón aumentaron, al sentir como la hoja del bisturí tocaba su piel. Él gritó al sentir como el felino le hacía un corte en Y en su pecho, como en las autopsias. Él dolor aumentaba a cada segundo, mientras la sangre brotaba de su cuerpo. Él vio como el felino se reía de sus actos. Al terminar el corte, deja el bisturí en la mesa y cogía una pequeña sierra eléctrica para huesos.
- Después de todo Bahir, si eras un monstruo. – al terminar estas palabras, Desdemon vio como el felino lavanda lo veía confundido.
- Ahhh… Creo que me confundes con ese felino. – dijo con una sonrisa.
- ¿A qué te refieres? – le preguntó el loro.
- Yo no soy ese tal Bahir. Tú solo ves su forma. – En eso, comenzó a cortar con la sierra eléctrica el hueso del esternón. Desdemon gritaba cada vez más. El dolor era agobiante, sintiendo que en cualquier momento podía desmayarse, pero aun así la duda de por qué no moría seguía en su mente. Durante esos segundos vio como la sangre salpicaba de su cuerpo. De un momento a otro el hueso se cortó y se abrió. Su respiración era agitada. Tenía miedo, por aun no saber lo que pasaba.
- Comenzaste sin mí. No es justo. – Escuchó Desdemon la voz de una mujer, que provenía de la oscuridad. Vio como de esta salió una felina. Él la reconoció al instante. Pero su apariencia era infernal y demacrada.
- ¿Flames? –
- ¿Quién? Blaa… no importa. – dijo ella, mientras se acercaba al felino. – Quiero su corazón. – le ordenó.
- ¿Y yo qué? – dijo otro felino blanco, con apariencia igual de sucia y demacrada.
- Llegas tarde. Tú te quedas con sus pulmones. – dijo el felino lavanda. Desdemon vio como el felino blanco alzaba los hombros, aceptando las palabras dichas. El felino lavanda le dio un pequeño golpe en la cabeza de la felina. – No pierdas el tiempo. Quítaselo de una vez. Al final y al cabo, no lo merece. – dijo con una sonrisa. Ella le devolvió la sonrisa y, con su mano, sacó su corazón. Ella cogió el Bisturí para cortar los nervios que lo seguían uniendo al cuerpo. Desdemon gritaba de dolor viendo como su corazón seguía latiendo. Vio como la felina lo comenzaba a masticar. Él sentía, en su cuerpo, cada mordisco dado. Entonces vio como el felino blanco comenzaba a sacarle los pulmones. Mismo dolor, mismo sufrimiento. Y así seguían los tres felinos. Sacando sus órganos internos y comiéndoselos lentamente, mientras la sangre les salpicaba el rostro.
- ¿Dónde estoy? – dijo con una apagada, mientras su sangre brotaba de la boca.
- Pensé que nunca lo preguntarías. Estás en el infierno, My Friend. – Dijo el felino lavanda.
- Eso no es cierto. – refutó Desdemos, asustado ante esa declaración.
- ¿Cómo no puedes creerlo? No has muerto con todo lo que te hemos hecho. –
- Entonces Bahir. Tú también viniste al infierno. Eso da mucho que pensar. – dice el loro, mientras se reía con esfuerzo. Sin embargo, el felino lavanda coge una navaja y se la clava en el brazo izquierdo.
- Mira idiota. No sé quién es ese Bahir. Solo tomamos la apariencia de las personas a las cuales les has hecho mucho, mucho daño. – dijo él, mientras giraba la navaja en el brazo del loro. La felina cogió una varilla de metal y de un rápido movimiento se lo clava en los genitales de Desdemon. Él grita con todas sus fuerza, a pesar de no tener pulmones.
- ¡Esto te lo mereces por todo lo que nos hiciste! ¡Me quitases del lado de mi hija! ¡Te haré sufrir como nunca lo has imaginado! – gritó la felina. Mientras sacaba y volvía a clavar la varilla, una y otra vez. Desdemon no solo gritaba por eso, sino que también sentía que ya le habían roto los huesos del cóccix.
- Vaya. No lo puedo creer. El sufrimiento que le hiciste sentir a esa chica es tal que mi amiga capta ese dolor y lo utiliza para darte un sufrimiento mayor. – dijo sorprendido el felino blanco. En eso, él coge, con rabia, un mazo y comienza a golpearlo en las piernas. El dolor es intenso a cada segundo, donde Desdemon solo quiere desmayarse para dejar de sufrir. – Siento su dolor. Siento el dolor de la persona a la que he tomado forma y se siente bien hacerte sufrir. – dijo el felino, mientras no dejaba de romperles las piernas con el mazo.
- Son unos malditos. – le respondió Desdemon, mientras escupía sangre.
- Desdemon, eso es tan desconsiderado de tú parte. Interrumpir con esas palabras tan feas. No, no, no. – Dijo sarcásticamente el felino lavanda. – Tú madre te hubiera reprendido. Para honrar su memoria, de la mejor manera, yo lo haré por ella. – termino de decir el felino, mientras empuñaba su mano y lo golpeaba en el rostro, una y otra vez. Desdemon sentía que lo que acababa de escuchar era un Deja Vú. Luego de muchos golpes en el rostro, el felino se detiene. – Creo que recuerdo que le dijiste a este chico que te hubiera encantado abrirle un agujero en la cabeza. Creo que es una buena idea. – dijo el felino, mientras cogía un segueta y comenzaba a cortarle el cuello del loro. Él cogió la cabeza de Desdemon y lo puso en una mesa para mostrarle el estado de su cuerpo. – ¿No te parece bonito? – dijo el felino. Desdemon veía como su cuerpo había sido mutilado, destrozado, despezado, etc; y lo había sentido todo. Lo poco que quedaba de su cuerpo parecía un monto de carne picada. – Bien, es hora. – Dijo el felino sacando un revólver. Le apuntó directo en la frente y jaló el gatillo. Los sesos salieron disparados par la parte trasera de su cráneo, por la fuerza del impacto. Cada célula de lo que le quedaba de su cuerpo sintió el dolor. Desdemon vio como los tres felinos sonreían, con sus bocas manchadas de sangre. Los parpados del loro empezaban a cerrarse. Un miedo pasaba por su mente, al no saber qué pasaría ahora. Al volverlos abrir, se encontró tendido en el suelo. Alzó la mirada y vio a los tres felinos, y notó como toda la sangre que los rodeaba había desaparecido.
- ¿Qué ha pasado? – preguntó el loro.
- Que nuestro turno ya terminó aquí. Ahora vamos a torturar a Hitler, Stalin y a Mao Zedong. Ya que ellos no lo hará por sí solos. –
- De hecho, si te acuerdas, ellos lo hicieron varias veces. Ese día fue divertido. – dijo la felina, soltando unas carcajadas.
- Es verdad. No las pasamos riendo. – Terminó de decir el felino blanco.
- Eso es todo. Llevé una vida de lujuria y de atrocidades y este es todo el castigo que recibo. Puedo con esto, ya que parece más una recompensa. – dijo Desdemon, con una sonrisa grotesca. Sin embargo, los felinos se comenzaron a reír desquiciadamente, dejando confuso al loro.
- Nuestro turno terminó, no él tuyo. – dijo el felino lavanda mientras alzaba la mano, señalándole detrás suyo. Desdemon se voltea lentamente y cae aterrado al ver lo que estaba detrás de él. Allí estaba miles (si no cientos de miles) de personas que fueron matados por su propia manos. Todos ellos portaban diferentes objetos en sus manos, como: Ácidos, cuchillos, navajas, revólveres, granadas, machetes, mazos, picos, antorchas, etc; mientras en sus rostros se vislumbraban sonrisas macabras. Desdemon tiembla de terror, al ver los rostros de todos, recordando las maneras atroces en que los mató. Él comienza a correr pero es detenido por una mano que sale del suelo. Un cuerpo sale escupiendo la tierra que yacía en sus pulmones. Él observa como muchos cuerpos salían de la tierra. Todos ellos, asesinados por su mano. Él trata de zafarse de sus captores y ve como el felino lavanda se acerca. – Está será tu nueva vida, la cual nunca terminará. Minuto tras minuto sufrirás. Recordaras cada mal acto hecho a otras personas en tu vida. Aquí la muerte no es una solución. Aunque tu cuerpo sea destrozado este se regenerará sin dejar de sentir el dolor. Me gustaría que ese tal Bahir te hablara y te dijera lo que piensa de tu nueva vida y…– En eso, el felino pensó en sus palabras antes de sonreírle. –… sabes qué, después de todos estos milenos de trabajo, me he ganado una recompensa. Quiero que él te hable. – Unas llamas brotaron en su cuerpo y comenzaron a calcinar al felino. – Hola. ¿Quieres ver sufrir al que trajo miseria a tu vida y a la de tú familia? No miento. ¡Oye mujer, no me grites! – decía el felino, dejando confundido al loro, como si hablara con alguien más. – ¡Lo digo enserio! Solo coloca tú mano en mi hombro. – al terminar estas palabras empieza a retorcer su cabeza, hasta que la detiene. – ¿Desdemon? – Dijo el felino, con una voz normal.
- Bahir, ¿En verdad eres tú? – preguntó Desdemon
- Sí. Si lo soy. – decía con rabia. – Tú nos quitaste del lado de nuestra pequeña Blaze. Llegamos al cielo y encontramos a los seres queridos que perdimos, pero aun así, mi hermana y Ferdinand no ha parado de llorar. Podemos verla crecer pero no podemos estar a su lado. Sabes lo que eso significa. No poder estar en esos bellos momentos de su vida. Ella crecerá y se convertirá en alguien fuerte, pero sabemos que sufrirá durante un tiempo por lo que perdió. Quiero destrozarte con mis propias manos, pero eso sería muy fácil. Así que haré lo más difícil del universo, ya que mi hermana y Ferdinand me han guiado con esta decisión. – en eso abraza a Desdemon, sorprendiéndolo y dejándolo confuso; y sintiendo dolor por las llamas que lo quemaban. – Te perdonamos. Aunque nos hayas traído miseria a nuestra vida, de nada sirve odiarte. Ya que eso no nos devolverá a la vida. Así que te perdonamos por lo que nos hiciste. Adiós… Desdemon. Espero que disfrutes de la eternidad. – Dijo con una sonrisa. Las llamas del felino se apagaron mientras su cuerpo se regeneraba, y este veía a Desdemon con asombro.
- Tengo ochenta mil años desde que existo y es la primera persona a la que escucho que perdona a su ejecutor. Realmente era un hombre bueno, con una familia maravillosa. – En eso, todos los presentes agarraron a Desdemon y empezaron a atacarlo y a desmembrarlo. Él gritaba de dolor, mientras lo apuñalaban, quemaban con ácido, le disparaban, etc.; mientras el felino lo veía seriamente. – Esta es tú maravillosa recompensa. Esta es la recompensa de una vida de males. Esta es la recompensa que disfrutaras por el resto de la eternidad y de la cual jamás podrás escapar. Espero que te acostumbres, ya que esto solo acaba de comenzar. – comenzó a reír macabramente retirándose, mientras los gritos de agonía de Desdemon hacían presencia. Gritos que jamás terminarían.
"LOS MALES COMETIDOS EN EL MUNDO TERRENAL SERÁN PAGADOS EN EL MUNDO ESPIRITUAL"
