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Una tormenta de nieve amenazaba con caer. Draco abrazó de nuevo la frazada sobre sus hombros y miró desconsolado las llamas de la fogata que danzaban delante de sus ojos. No habría suficientes leños para mantenerla ardiendo por más de un par de horas. Así que tendría que ir al jardín a buscar dentro de los invernaderos. Aquello no le apetecía para nada. El peso de la pérdida de su bebé, minaba todas sus fuerzas. Era aún más insoportable de lo que había pensando. El simple hecho de recordar la pequeña carita de Jack cogestionada por el llanto, fue suficiente para que hacerlo pensar en dar la vuelta y regresar. Y el sólo pensar en ello, le hizo llevar sus mano a su rostro, frustrado y afligido, y jalarse las mejillas perdiendo por completo la esperanza. Se frotó el pecho, cerrando los ojos, esperando aliviar su propio dolor. El viento meció los árboles a su alrededor y el silbido le hizo levantar la mirada.
No había nadie en muchos kilómetros a la redonda. Y la mansión, con sus imponentes puertas de roble, estaba cerrada como una tumba. El gélido frío se coló con más fuerza en su cuerpo y le dio escalofríos. Había fantasmas a los cuales Draco aún no quería enfrentarse, recuerdos espeluznantes que lo hacían temblar y que le ponían la carne de gallina. Estar en la mansión Malfoy, o aún en los jardines, que antes había sido su lugar preferido, comenzaba a sentarle mal y a revolverle el estómago.
De pronto, las rejas hicieron un chirrido metálico que le puso los vellos de punta. A lo lejos, dos figuras encapuchadas se encaminaban lentamente en su dirección. Draco los observó, impávido y aterrorizado, como esperando a que sus pies se despegaran del suelo y sus capas negras revolotearan espectralmente a su alrededor. En vez de eso, los dos desconocidos se acercaron andando, sus pasos eran pausados y tambaleantes, sólidos y sin duda, vivos.
Tuvo tiempo suficiente para levantarse, antes de que lograran alcanzarlo. Sabía que su aspecto no era el más apropiado para las circunstancias; pero, aún así, se encaminó hacia ellos también, retrazando el encuentro a medio camino avanzando de pronto más lento; como si el caminar le pusiera un esfuerzo infranqueable.
Cuando al fin quedaron frente a frente, los encapuchados se descubrieron y Draco los miró con sorpresa, nuevamente.
"¡Draco!" le saludó Theodore Nott. "¿Dónde has estado?"
Draco hizo una seña con la mano, para evitar más preguntas.
"Sigues teniendo las mejillas hinchadas y te ves terrible, aunque hayas ganado todo ese peso," continuó.
"Theodore," advirtió el otro hombre.
Draco lo conocía. Era Theodore Nott, padre. Su voz era espesa y rasposa y apenas lograba sostenerse en el hombro de su hijo.
"Claro, claro. Draco, estoy aliviado de saber que estás vivo, pero puedo ver que ya te diste cuenta lo que sucede en la mansión."
Draco volteo hacia atrás. Sí, claro que se había dado cuenta. Las puertas estaban herméticamente cerradas. Pero como sospechaba que el motivo tenía que ver con la muerte de su padre, no había intentado investigar.
El padre de Nott se aclaró la garganta.
"Draco, tu padre cambió su testamento. Y como sabes, la magia responde fielmente a los deseos del jefe de la familia. Como pensé que no sabías de su muerte, venimos a buscarte en muchas ocasiones y conjuramos un hechizo para alertarnos. Desgraciadamente, como sabes," el Señor Nott se levantó la manga de la túnica, revelando la marca tenebrosa. Al verla, Draco sintió un escalofrío que se llevó sus pensamientos hacia la Madriguera, con Potter y el bebé, "la situación es delicada para nosotros. Pero hoy hemos podido venir, gracias al caos que hay por todos lados."
"¿Caos?" preguntó Draco sorprendido.
"¡Merlín, Draco! Es como si el cielo entero hubiera caído sobre el mundo. Como si en un abrir y cerrar de ojos todo hubiera llegado a su fin. La gente está histérica, se atacan unos a otros como criaturas salvajes. Nosotros decidimos escapar ahora, ya no hay nada que hacer aquí."
"¿Se van?" inquirió el rubio con rapidez.
"Sí, me marcho con mi padre. Iremos a Alejandría."
"Theodore," volvió a decir el Señor Nott. Luego continuó, mirando a Draco tristemente. "Siento decirlo, Draco. Eres tan joven y ahora estás tan desprotegido. Pero debes saber por qué tu padre hizo que la mansión se cerrara.
Él no era un buen hombre. Desconfiar de ti, de su propio hijo. Lo que sea que te haya pasado -y puedo ver que no fue fácil para ti- debió ser suficiente castigo para cualquiera. Pero Lucius no debió dejar que las dudas lo atosigaran. Aún cuando los rumores decían que te habías ido al bando de Dumbledore.
Tu padre desconfió de ti; tanto, como si fueras un traidor que le ha dado una puñalada".
Draco sintió que esas palabras le partían el alma en dos.
"Tu padre," siguió el Señor Nott. "Decidió que tu pondrías en peligro la victoria de nuestro maestro, entregando las propiedades de los Malfoy para ganar la guerra. Pensó que Potter y Dumbledore te habían cegado y que las cederías en bandeja de plata. Así que juró, por todo lo que conocía, que nunca te permitiría hacer algo así. Por eso cambió su herencia. Para que no fuera entregada a ti, al menos hasta dentro de muchos años. Los suficientes para que no tuvieras oportunidad de reclamarla."
La mirada de Draco cayó sobre el camino de nieve sucia, los ojos quemándole con las noticias de traición y desesperanza.
"Y sabes qué, Draco," el aludido levantó la mirada una vez más. El señor Nott parecía amable; en su rostro se dibujo de nuevo esa sonrisa triste que le formaba un camino de arrugas en las comisuras de los labios. El anciano posó una mano consoladora sobre su hombro; y en ese momento, Draco vio la herida que escondía en su costado. El rubio cerró los ojos para no mirarla y después fijó la vista en la nieve que estaba bajo sus botas. "Si te cambiaste de bando, o simplemente permaneciste neutral, estoy seguro que fue la decisión correcta. Y también sé que no deberías estar aquí, dejándote caer en la depresión, en la puerta de una casa, que nunca más se abrirá para ti.
Debes ver hacia el futuro. Búscate tu propio nombre, muchacho. Deja atrás las memorias, el odio y el miedo."
Draco pensó en el pequeño Jack. Llorando desconsolado en los brazos de alguien más. Y fue entonces cuando ya no pudo retener otro sollozo. Nott lo atrajo hacia sus brazos, brindándole un abrazo fraternal.
"Deberías venir con nosotros," ofreció el anciano.
Draco imaginó que se iba con ellos, que lo dejaba todo y que no volvía a mirar a atrás. Su corazón dio un nuevo vuelco. Uno muy terrible y escalofriante. Y entonces se dio cuenta de que no podía, no podía abandonarlos. Que de esa forma no podría volver a ver a Jack.
"No puedo," logró articular.
El señor Nott lo miró con ojos comprensivos y asintió.
"Este no el final, aún. Contrario a lo que Theodore pueda decir. Es verdad que el mundo parece haberse vuelto loco, pero ha sido siempre así para mí. Una gran locura que no termina. Ahora, muchacho, sólo regresa con quien estuviste todo este tiempo y trata de ser feliz."
Draco sacudió la cabeza, mientras las lágrimas fluían por su rostro sin descanso.
"Todo tiene solución, no lo olvides. Ahora, nos vamos. Buena suerte."
El hombre retiró el agarre de su hombro y dejo escapar un gemido y varios suspiros. Su hijo le dio una mirada preocupada, pero al final asintió. Ambos se despidieron con rapidez y se marcharon de regreso a la entrada. Desde ahí, podrían Aparecerse.
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Harry suspiró. "Creo que iré solo."
"Estaba esperando a que tuvieras el nervio y el valor de hacerlo," lo animó Hermione.
"Lo sé. Antes, perdimos el tiempo. Pero estoy asustado," reconoció con acidez.
Hermione rodó los ojos. "Escucha, Harry. Tienes que hacer esto. Estamos hablando de tu familia; lo quieras o no. ¡Lo quiera Malfoy o no! No tienes idea de lo que va a pasar en los meses siguientes. Y si ni siquiera están juntos, ¿cómo piensas sobrevivir con un bebé?".
Harry se sonrojó y se sintió terrible de nuevo. "Herm, por favor. Ya lo sé, no me lo repitas, o tendremos que dar más vueltas por aquí."
"No, olvídalo. Yo me voy a buscar a Ron."
Harry suspiró y asintió a la nada con un movimiento de cabeza. Se concentró un minuto y proyectó en su mente la imagen de la mansión Malfoy. En un segundo, supo que las ventiscas alrededor de él habían cambiado, porque ahora se encontraba en Whiltshire.
Ahí, el viento invernal era mucho más intenso que en Londres. Y la tormenta de nieve, que parecía haber comenzado recientemente, hacía difícil enfocar los contornos de la blanca y estable mansión Malfoy. Caminó con dificultad por los terrenos del jardín, cubiertos de una espesa capa de cellisca que seguramente ya había cubierto al menos un metro bajo sus pies. Sus zapatos no lo ayudaban a ir más rápido; se hundían en la nieve cuando daba un paso y los pantalones que llevaba debajo de la túnica, pronto se habían empapado hasta las rodillas. El frío le calaba los huesos y lo hacía temblar, pero no dejaría que una simple tormenta de nieve lo detuviera justo ahora que había decidido avanzar.
Sin embargo, quizás la tormenta había cubierto la tierra mucho más de lo que pensaba. Porque cuando Harry puso un pie sobre un suave montículo de nieve, el mundo entero calló bajo sus pies. Literalmente. Lo había tomado tan por sorpresa que ni siquiera había tenido tiempo de sacar la varita. En un momento, se imaginó que caería varios metros dentro de ese pozo de agua helada y que se congelaría, antes de intentar cualquier cosa.
Si no hubiera sido por la fuerte y helada mano que le sostuvo del antebrazo en el último momento, más de alguna de sus predicciones se habría cumplido. Harry nunca había estado tan contento de verlo; pero no sólo por el hecho de que Malfoy había salvado su vida, si no porque realmente su pecho dio un vuelco y su corazón comenzó a latir rápidamente.
"¡Malfoy!" gritó con una sonrisa apenada.
"No te quedes ahí colgado, Potter. ¡Ayúdame a subirte!"
Harry se sintió un idiota, mientras asentía y buscaba las piedras lisas de la pared del pozo. No sin algo de dificultad, logró salir de ahí después de realizar par de maniobras. Malfoy cayó sobre la nieve, haciendo gestos. Su ropa no era muy abrigadora.
"Espero que no estés enfermo," dijo Harry cuando recuperó el aliento. "Ten, ten, ponte mi chaqueta."
"¡No seas ridículo!"
Harry suspiró; sus mejillas estaban rojas y quemadas por el frío, pero las de Malfoy se veían mucho peor. Seguramente tenía tiempo ahí afuera.
"Ven conmigo."
Draco frunció el ceño. "Lastimé a Jack."
"¡No, no lo hiciste! Pensé que lo habías hecho, pero el sanador dijo que estaría bien. No fue nada, sólo un susto. Y fue mi culpa. Yo lo había escuchado llorar, sólo que no quería levantarme. Tú parecías saber cómo hacerlo; mucho mejor que yo, al menos. Pensé que tu podías solo con él."
"No es así," respondió Malfoy casi como un murmuro. Después se levantó y comenzó a caminar de vuelta la mansión.
"¡Es mi culpa! Yo los lastimé a ambos."
Draco se detuvo. "Me lastimas, Potter. Siempre lo haces."
"Lo sé, lo siento. Soy un idiota," Harry tenía la costumbre de reírse cuando estaba nervioso. Pero en este momento, su risa nerviosa se mezclaba amargamente con las lágrimas que comenzaban a brotar copiosamente de sus ojos. "Yo…te mentí."
Draco giró de inmediato. Un rictus de amargura surcó su rostro.
"Tu padre no murió de esa forma. Él estaba ahí, cuando le lancé una maldición imperdonable a Voldemort y se cruzó en el camino. Murió por él. Yo te mentí. Lo siento. Quizás ahora no querrás volver conmigo; fui yo quien… yo lo hice. Y además," Harry hizo una pausa para suspirar, su voz cogestionada por el frío y por las lágrimas era como una dolorosa melodía descompuesta en los oídos del otro, "ya no tengo casa y no tengo mucho dinero guardado. Supongo que ahora ya nadie lo tiene," intentó bromear tristemente, al final.
Draco bajó la mirada y enfocó sus ojos grises en la nieve. Sus propias lágrimas comenzaban a perfilarse por sus mejillas y su rostro se enrojecía con la ira que había estado conteniendo todo ese tiempo.
"No lo entiendes, ¿verdad Potter? Eso no me importa. Tú me lastimas y eso…"
"¡Lo sé!"
"Pero no sabes por qué. ¡No tienes la más mínima idea!"
Harry parecía realmente sorprendido y confundido a partes iguales.
"¡Oh, Merlin! Realmente eres un completo idiota."
Draco caminó de regreso hasta Harry y puso los brazos alrededor de él.
"Me lastimas tanto, porque te amo," esto último lo dijo tan bajito que Harry pensó que lo había imaginado, hasta que Draco enterró la cabeza en su cuello y suspiró imperceptiblemente.
Y entonces Draco comenzó a llorar de verdad. Sollozó lastimeramente por lo menos veinte minutos, en un llanto desconsolado que había estado esperando tanto tiempo por salir. Y dejó que todas aquellas penas y sentimientos que había mantenido guardados, desde hacía meses, se diluyeran en sus lágrimas, mientras se aferraba al abrazo de Potter.
"No vamos a volver con los Weasley," sentenció Draco cuando al fin se calmó.
Harry sintió su mundo de preocupaciones reapareció delante de él, pero contestó sereno y más seguro de lo que se había sentido en días: "No. No vamos a volver con los Weasley."
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"No puedes estar hablando en serio, sobre esto."
"Lo siento, Ron."
El pelirrojo se jaló el cabello desesperado y Harry dirigió una la mirada cautelosa hacia los demás.
"Es verdad que fuimos algo… descorteces. Pero eso no puede ser suficiente como para que te vayas."
"¡Oh vamos, Ron! Descortés es la manera suave de decirlo y tú lo sabes bien."
"¡Pero no tienen a donde ir!" dijo la señora Weasley alarmada.
"Ya lo resolveré," contestó Harry con convicción.
"Harry, pondrás la vida del bebé en peligro si te vas ahora. ¡Tenemos que permanecer juntos! Por dios, eres como mi maldito hermano. ¡No puedo dejarte ir!"
Harry suspiró con cansancio. Se volvió a mirar a Hermione buscando su ayuda. Ella captó su mirada, pero se encogió de hombros.
"Escuchen, estoy muy agradecido con ustedes por considerarme parte de su familia. Pero ahora debo estar con mi pareja y cuidar de mi propia familia. Bill va a regresar a Francia, con Fleur y su bebé, porque ellos son su familia. Yo tengo que hacer lo mismo. Tengo que empezar a resolver todo esto por mi cuenta."
"¡Ni siquiera tienes dinero! Me lo has dicho."
"Creo que será suficiente para arreglárnoslas mientras solucionan las cosas en Gringotts," mencionó Harry con un dejo de tristeza que se instaló de pronto en su garganta.
"¡No puedes irte, Harry!" insistió Ron obstinadamente.
"Malfoy y yo tenemos que seguir adelante con nuestras vidas y buscar algo de privacidad; una relación de pareja como la nuestra sería mucho más estable de esa forma. Necesitamos construir una vida, juntos, desde ahora. Y si continúo permitiendo que lo lastimen de esa forma, nunca lo logrearemos. Apreciaría el no tener que escoger entre ustedes y él; porque obviamente lo escogeré a él de ahora en adelante."
"Bueno. Y si te vas, ¿qué tienes planeado?" preguntó Ginny en tono conciliador.
Harry le sonrió. "No lo sé, todavía. Lo pensare en la marcha."
"Oi, Harry, no puedes irte así," continuó George. Él y su gemelo, estaban completamente golpeados; la tienda no se había podido salvar del saqueo y ambos parecían muy abatidos.
"Si tuviéramos el dinero, te lo regresaríamos ahora mismo," mencionó Fred con amargura. "Nunca debiste dárnoslo."
"¿Qué dinero?" cuestionó el Señor Weasley suspicaz.
"No es nada. Eso ya quedó en el pasado. Si no se los hubiera dado, lo habría perdido en el banco, de todas formas."
"¡Merlin! Lo hemos perdido todo. Todo," se quejó George.
El señor Weasley le sonrió a Harry. "No se preocupen, nos hemos manejado bien todos estos años con tan pocos galeones en la bolsa. Nos arreglaremos."
"Harry, en realidad, hay un lugar a donde Malfoy y tú pueden ir. Pero no estoy segura sí él estará de acuerdo," comentó Hermione mordiéndose el labio en meditación.
Harry giró la mirada automáticamente hacia el techo, como si intentara ver a través de él. Un piso más arriba, Malfoy estaría en la habitación, encerrado con el bebé. Sus labios se curvaron en una sutil sonrisa cuando recordó aquellas palabras que Malfoy le había susurrado en los majestuosos jardines de su casa. Aquellas que le envolvían y le templaban el alma. Aquellas que le daban esperanza. Malfoy lo amaba. Lo quería y lo necesitaba tanto, que al final, seguía regresando a él. No sin un dejo de culpa, Harry pensó que podría convencerlo.
La propuesta de Hermione no era mucho mejor que vivir con los Weasley. Porque implicaba, seguir viviendo con otras personas ajenas a su pequeña y recién formada familia. Pero Harry no tenía idea de dónde comenzar, cómo empezar a crear un hogar de la nada. No sabía si sería capaz de pagar una renta mensual, o si lograría mantenerla durante mucho tiempo. Tan sólo tenía una bolsa de galeones que había sacado del banco hacía meses. El pensamiento de que era lo único que…
No, negó con la cabeza. Ya no tenía caso alguno lamentarse. Voldemort había escogido el lugar de su última batalla y las consecuencias del final de la guerra, eran como una cruel venganza. Quizás la gente lo culparía después de todo lo sucedido. Pero por ahora, necesitaba alejar las miradas de él y de su familia.
Sus suspiros se hacían largos y continuos, en especial cuando miraba la puerta cerrada de la que había sido su habitación temporal. La abrió lentamente. El bebé estaba dormido en su cuna y Draco estaba acurrucado sobre su costado sobre las mantas de la cama. Parecía un poco incómodo, murmurando cosas en sus sueños; su frente se perlaba con el sudor de las pesadillas y su ceño se fruncía en angustia. Harry se acercó para mirarlo mejor, sus labios estaban secos y sus manos estaban frías. Y cuando palpó su frente, supo inmediato que Draco tenía fiebre. Seguramente había obtenido un resfriado durante la tormenta de nieve.
Harry nunca lo había visto tan vulnerable. Generalmente, Malfoy jamás mostraba debilidad. Harry sentía que aún había visto muy poco del Malfoy con el que había comenzado a salir, hacía meses. Ese, suponía Harry, era un gran obstáculo entre ellos dos. Los cambios que había sufrido su relación con su nuevo comportamiento. Harry sintió un pinchazo en el estómago cuando recordó de nueva cuenta aquellas palabras susurradas con desespero en la mansión. Y de nuevo, se estremeció por el calor que lo quemaba por dentro.
Caminó en silencio hacia el baño a preparar una compresa de agua fría. Sentía mariposas revoloteando en su vientre al pensar que Draco se había vuelto tan sumiso por los sentimientos que quizás, lleva sintiendo en silencio todo este tiempo. Después de todo, no había sido extraño que ellos hubieran terminado juntos, recapitulando los últimos meses de su séptimo curso, cuando las flores de la primavera y los colores se pintaban perfectos.
Harry siempre había tenido la sospecha de que Draco era gay; pero lo comprobó cuando escucho una conversación entre él y otro Slytherin, escondido dentro el cubículo de un retrete. Después de eso, Harry no había podido quitarse la idea de la cabeza. Draco era el único chico gay que conocía en todo Hogwarts. Y, aunque siempre lo había negado, el muchacho despertaba su curiosidad y atraía irremediablemente su atención. Aunque fuera para meterse con él. Por eso lo había buscado, pero nunca se le había ocurrido que el Slytherin pudiera llegar a sentir algo más que deseo, como consecuencia de sus encuentros.
Amor.
La palabra se repetía en su mente una y otra vez, pero aún no lograba asimilarla. Abrió la llave del grifo para humedecer una toalla y el sonido del agua ahogó una parte de sus pensamientos.
De regreso, en la habitación, se tomó un momento para mirar a Jack. Su rostro lucía apacible y pacífico en el sueño. Posó una caricia dulce por su pequeño cabello negro, suave y delicado. Sus facciones de recién nacido comenzaban a definirse cada día más. Aunque seguía siendo un pequeño y diminuto bebé de apenas nueve meses, que había nacido prematuro. Había sido difícil, pero Harry no lo lamentaba ni siquiera un poco.
Sonrió desde el borde de la cuna y siguió su camino hasta la cama. Esa era la clase de pensamientos de los que necesitaba llenarse de ahora en adelante. Tenía que dejar atrás sus sufrimientos de guerra y recordar a todas las personas que entregaron sus vidas, para que él pudiera disfrutar de esos momentos que, desde entonces, ya nunca querría perderse.
Sus padres y Sirius estarían contentos de que continuara adelante. De que dejara de atormentarse con el pasado y de que lograra salir con su pareja de la crisis. Por primera vez en meses, Harry sintió que realmente tenían un futuro. Que había algo en lo que creer todavía, algo por lo que valía la pena pelear y seguir adelante.
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Draco nunca se había sentido más humillado en toda su vida. Y mucho menos, así de impotente. Era como si todo aquello que representara su juventud, viniera y le diera una patada en el culo. Karma, lo llamaban algunos.
Era doloroso tener que tragarse los comentarios ácidos que fluyeron hacia su mente de manera natural. También, tener que soportar aquel terror inyectado por su madre cuando era pequeño, cuando le contaba horribles historias sobre el Mundo Muggle que le causaban pesadillas. Sueños en donde quedaba abandonado a su suerte en una calle llena de Muggles y sus ruidosos autos amenazaban con arrollarlo. Y esos sueños que plagaron su mente incluso en sus últimos años de colegio, cuando despertaba avergonzado de sus pesadillas bañado en sudor.
Y sin embargo, ahí estaba. Sentado en el salón de la casa de la sangre-sucia. Deseado con todas sus fuerzas, poder tomar la mano de Harry entre las suyas para aliviar su temor. Para tener la certeza de que todo iba estar bien. No le gustaba ser débil, en especial cuando se trataba de sus miedos. Así que se contentó con mirar alrededor, con una mueca de disgusto y desaprobación.
Tener un bebé había cubierto su cuota de femineidad de por vida, así que, justo ahora y aunque se sintiera amenazado sentado en aquel sillón, no empezaría a comportarse así.
"Oh es una cosita, tan linda" dijo la voz de una mujer mayor, en cuanto entró a la habitación.
Harry sonrió mostrando orgulloso a su bebé e insistiendo en que la madre de Hermione lo sostuviera por un momento. Los padres de su amiga, eran una de esas parejas de mediana edad que apetecen tener niños pequeños, pero que aún son jóvenes para ser abuelos. Así que simplemente se habían vuelto locos con la oportunidad de tener un bebé en la casa. Muy en el fondo, Draco sabía muy bien que, al final, los padres de la sangre-sucia desearían no haber aceptado, cuando el aroma de los pañales de Jack se acumulara y su llanto nocturno despertara, incluso, a cualquiera con sueño pesado.
Sin embargo, no hizo ningún comentario al respecto, porque lo corroía el leve temor de que los padres de Hermione realmente se arrepintieran y que ellos terminaran necesitando otro lugar a donde ir. Como si fuera tan fácil que dos chicos huérfanos y un bebé encontraran asilo, cuando todo el mundo había decidido que podía matar para preservar sus galeones. Draco incluso dudaba que, desde ahora, el nombre de Harry Potter fuera bien recibido. Y bueno, mejor ni pensar en el suyo.
"Oh mira, Orlando," seguía diciendo la mujer.
Por su parte, el hombre seguía mirando incrédulo, dividido entre ambos chicos y el bebé. Harry estaba sonrojado desde hacia varios minutos por el escrutinio y Hermione seguía sonriendo incomoda, como sin tratara de tranquilizarlo.
"¿Cómo es siquiera posible?" preguntó el hombre por fin, vencido por la curiosidad.
"¡Papá!" lo amonestó Hermione apurada.
"No te preocupes, Hermione. No creo que comprendas lo que es para un hombre tener que asimilarlo," dijo Harry pasando una mano por su cabello.
"Sólo tengo una pregunta," continúo el Señor Granger, moviendo las manos delante de él, mostrando sus palmas con entusiasmo. "¿Ustedes tienen todo el equipo o algo extra?"
"¿Cómo puedes preguntar eso, papá?" gritó Hermione completamente indignada.
"Todo el equipo, Señor Granger. Sin nada extra. Draco y yo somos perfectamente normales."
"Pero entonces cómo es que…" comenzaba de nuevo.
Draco se sintió humillado de nuevo. Así que dijo de manera ruda y cortante: "Magia."
"Oh, claro," ofreció el hombre, frunciendo el ceño. "Y ¿es normal entre los hombres de su… raza?"
"Querido, eso es completamente descortés. En primer lugar, el término raza va en contra de las definiciones actuales," lo amonestó la Señora Granger.
Draco quiso interrumpirla de inmediato. Claro que existían razas. Diferentes tipos de personas. Obviamente, ellos eran de una clase distinta y superior. Al final, logró resistirse con todas sus fuerzas. Pero frunció el ceño, de manera inmediata.
"… y en segundo porque estas haciendo alusiones a su homosexualidad."
Harry palideció al oírla y luego se sonrojó. Había olvidado por completo que no toda la gente comprendía aquello. Draco lo miró confuso. Y luego, con voz clara dijo: "Potter."
"Un término muggle para dos hombres teniendo una relación."
Draco volvió a fruncir el ceño escandalizado. Luego, con tono demandante, le llamó por segunda vez: "Potter."
Harry se sintió orgulloso por un segundo, porque comprendió de inmediato la señal de Draco, para que detuviera la plática de inmediato.
"Bueno, muchas gracias por alojarnos. Es sólo temporal, en lo que se arreglan las cosas."
"Lo siento mucho chicos, con lo que estoy segura han pasado. Deben estar tan abatidos. Sin familiares y tan jóvenes…" la madre de Hermione soltó un sollozo ensordecido.
"Lo siento," murmuró el Señor Granger, verdaderamente avergonzado. "Creo que los dejaremos descansar."
La pareja dio sus buenas noches y se retiraron. Hermione se disculpó mil veces antes de irse a su habitación. Harry suspiró cuando estuvieron solos y una vez que tuvieron al bebé listo para dormir.
"Creo que deberíamos bañarlo," comentó mirando Jack que movía los puños en su pequeño moisés.
"La señora Weasley lo hizo las otras veces," respondió Draco preocupado. "No creo que pueda hacerlo yo solo."
"Bueno, le pediremos ayuda a la Señora Granger," ofreció Harry.
Draco frunció el ceño. "No"
"Entonces tendremos que aprender nosotros mismos."
"De acuerdo, pero debes ayudarme."
"Claro, lo haré," se quejó Harry indignado.
"¿Cuándo nos iremos de aquí?"
"No lo sé, preferiría esperar a que el bebé cumpliera algunos meses," comenzó Harry jugueteando con el borde de su camisa.
"¿A dónde iremos?"
Harry frunció el ceño y luego suspiró desesperado. "¡No lo sé, Draco!"
"¿Y qué se supone que haremos?"
"Pensé en el programa de Aurores, al inicio. Pero creo que ahora me gustaría hacer algo que me diera más tiempo libre."
Draco hizo un sonido de disgusto. Tomó a Jack en sus brazos y lo miró por un largo tiempo. Luego, cuando se dio cuenta que el bebé tenía los ojos enfocados en él, frunció el ceño y movió una mano. Jack la siguió con la mirada y Draco le sonrió de inmediato.
"Hola," dijo emocionado. "¡Así que no eres miope como los Potter!"
Harry rodó los ojos. "Vamos, hay que bañarlo. Creo que en el lavabo estará bien."
"¿Y si se nos resbala de las manos?" preguntó Draco alarmado.
"No, lo sujetaremos bien."
Draco lo siguió, junto con el bebé, hacia el cuarto de baño. Harry llevaba algunos artículos que sus amigos le habían regalado cuando había nacido Jack, como esponjas suaves que hacían cosquillas en la piel y un termómetro para el agua, que les fue muy útil en esa ocasión.
Harry le quitó la ropa, mientras Draco lo sostenía con cuidado. Y cuando llegaron a la parte del pañal, ambos desearon no haberlo hecho.
"Oh dios," murmuro Harry. "¿No se supone que es un bebé?"
Draco hizo un sonido de disgusto y luego negó con la cabeza. "El sanador dijo que es la leche de fórmula."
"¿Crees que podemos cambiar de fórmula?"
"No lo sé"
"Oi, no puedo meterlo en el agua así," se quejó Harry. "Hay que limpiarlo, o el agua se ensuciará"
"Sabes, creo que te toca lavar sus pañales por la mañana," se burló Draco.
"No, no, dime que es una broma."
"¿Por qué? ¿Asustado Potter?" Harry lo miró por un segundo, como perdido en sus pensamientos y después, sólo sonrió.
"Más quisieras Malfoy. Ya verás, esos pañales olerán a lavanda antes del almuerzo."
Draco soltó una carcajada satisfecha. "Sí, eso es lo que dices ahora. Mañana no estarás tan contento."
Harry limpió al bebé, antes de preparar el agua. Y Draco lo sostuvo entre sus brazos, meciéndolo con suavidad, porque había comenzado a quejarse con pequeño gemidos.
"¿Así está bien?"
Draco metió una mano dentro del agua. "Sí, creo que sí."
Harry inhaló y luego exhaló nervioso. "Está bien. Nosotros podemos."
"Mira, yo lo sostengo, ¿de acuerdo? Tú lávalo."
"Bien."
Draco asintió. Mientras colocaba su mano detrás de la cabeza y hombros del bebé; y con la otra lo tomaba de la espalda, como había visto a la Señora Weasley hacerlo muchas veces. Luego, lo sumergió lo suficiente. Y Harry, con manos temblorosas, comenzó a remojarle la cabeza, salpicando un par de gotas por todos lados.
Potter lo hizo lo más rápido posible, para que el agua no se enfriara y Jack no sufriera con la baja temperatura. Y luego, fue corriendo por una toalla.
"Ten cuidado," le urgió Harry.
"Lo tendré. Vamos, extiende la toalla para que lo pueda sostener."
"¡No lo vayas a dejar caer!"
"¡No lo haré!" medio gritó Draco. "¡Extiende la toalla!"
Harry hizo lo que le decía. Y en un rápido movimiento, Draco lo había cubierto de pies a cabeza, envolviéndolo gentilmente con la toalla y acomodándolo entre sus brazos, con una destreza de la que estaba orgulloso. Nunca iba a admitir, sin embargo, que era el método aprendido de la Señora Weasley.
Salieron de nuevo hacia el estudio en donde habían sido acomodados, provisionalmente. Draco lo coloco en el sillón y Harry abrió la pequeña maleta en donde guardaba las cosas del bebé, para sacar pañales y un mameluco de algodón limpio.
"Jack necesita ropa," comentó Draco.
"Éstas están bien," dijo Harry observándolas cuidadosamente.
"¡No es verdad!" respondió Draco. "¡Están agrandadas mágicamente, no tiene la misma calidad que las ropas de bebé!"
"Sí, bueno. Ahora no podemos pagar ropa de verdad, y esta ropa tendrá que servir bien."
"¡Vete a la mierda!" le respondió Draco enojado. "Esto es por tu culpa y por tu puta mala suerte, apuesto a que si hubiera sido otro, el bebé estaría bien."
Harry sintió que lo golpeaban muy fuerte, justo en el centro del estómago. "En otras circunstancias, no estaríamos aquí…"
"Dámelas," pidió Draco. "Antes de que Jack se congele."
Harry se las arrojó al regazo. Y el rubio se apresuró a vestirlo. Sin embargo, el bebé comenzó a llorar, rompiendo el silencio amargo que había caído entre ambos después de la discusión.
"¿Vas a dejarlo llorar?" preguntó Harry angustiado después de escuchar los llantos del bebé por un par de minutos. El llanto. Era algo que le molestaba los nervios y le producía cierta amargura en la base del estómago.
"¿Si tanto te molesta, por qué no lo haces tú?"
"¡Sabes que no sé qué es lo que quiere!"
"Dale el biberón."
Harry tomó al bebe en brazos y buscó, entre las cosas, el biberón preparado. Con un rápido hechizo, el biberón se entibió. Y en seguida miró sorprendido cómo Jack bebía con desesperación. Lo cual, para su desgracia, terminó siendo vomitado, minutos después, provocando un llanto renovado y mucho más fuerte que el anterior.
"Está bien. Ya aprendí la lección. Ahora, por favor, ¿podrías hacerte cargo?" preguntó Harry desesperado.
Draco se levantó. Le arrebató al bebé de los brazos y lo colocó de nuevo en el sillón, envolviéndolo con una manta y colocando sus brazos en una posición apretada. Luego, entre sus brazos el bebé fue calmándose poco a poco, hasta que Draco pudo darle un nuevo biberón que bebió con tranquilidad y que, al final, Jack no terminó, porque se había quedado dormido entre sus brazos.
Continuara…
Notas:
Me puse a releer la historia y me encontré una pequeña nota con la fecha escrita. Sucede que tengo con esta historia desde marzo del 07!.
Apenas la estoy publicando, pero me encuentro muy satisfecha, por que me relaja mucho no tener que andar con prisas. Sinceramente no eh escrito nada nuevo desde que entre en la escuela. Pero no me preocupa, por que lo que llevo esta genial.
No se si es el efecto de leer mis propias palabras como si fuera la primera vez que las leo. Pero quede muy impresionada, como si no hubiera sido yo la que las escribió. Esta historia tiene vida por si misma.
En fin. Ya lo verán. Se pone fantástica como por la hoja 100, eso debe ser dentro de unos seis capítulos. Suave como mantequilla, brillante, y cuidada. Fluye con cada letra. Y con la ayuda de mi Beta. Que limpia mis palabras.
Esta mega…mega, mega genial. Por un momento dude de seguir publicando, pero después de esta releeida, me volví a enamorar de ella.
Lo único que les pido, es que me dejen reviews. Quizás yo solo exagero y no es tan buena. Pero podrían reconocer con sus reviews el trabajo arduo que Liwk y yo realizamos desde hace ya tanto tiempo.
Ella lo merece por ser mi beta, y aun que yo no tanto, solo creo que la historia merece unas palabras de alivio.
Nos vemos mas pronto espero.
