Antepenúltimo día de luna menguante del octavo mes. Verano
Querido Diario,
Después de nuestro retorno desde Ordon, he tenido un par de días muy ocupados. Ya que los miembros del Consejo están confirmados, ¡es hora de planificar cosas!
Para el atardecer de nuestra llegada, Maese Perícleo e Impaz ya tenían lista la nueva habitación de Link. Él estaba un poco sobrepasado al principio, pero creo que asumió el hecho de que es un beneficio de su nuevo trabajo, ya que hizo un clavado en la cama una vez que estuvimos solos.
Link es muy gracioso, por cierto. ¿Puedes creer que me dijo si "quería probar la cama" con él? Sé que lo dijo de una manera inocente - me arrastró con él y terminamos dando botes en la cama - pero espero que no tenga malentendidos con otra gente. O mujeres. O las parejas de esas mujeres.
Después le mostré el pasaje que llega a mi dormitorio; ya que no tenemos necesidad de usarlo con propósitos de seguridad, le dije que lo aprovecháramos para divertirnos: lo invité a tomar té y comer pie de calabaza antes de dormir.
La mañana siguiente me reuní con algunos de los consejeros, donde fijamos fecha para la primera reunión del Gran Consejo -el primer día de luna creciente del noveno mes- y trazamos un plan: a corto plazo, es decir, en menos de seis semanas, todas las áreas afectadas por la invasión debieran estar con obras de reconstrucción en curso o terminadas. Los trabajos en algunos lados ya están avanzados, así que si las Diosas nos bendicen, esta meta debiera de alcanzarse antes.
Mi coronación debiera tomar lugar tras alcanzar este objetivo. Será un evento sencillo, y al contrario de otras veces podría realizarse en la plaza de la Ciudadela. Por lo que se me ha informado, los trabajos del salón del trono puede que tomen más tiempo de lo esperado. Esto me juega a favor, porque quiero que este evento sea con la mayor cantidad de testigos como sea posible.
Como objetivo a largo plazo, quiero mejorar la calidad de vida de todos: vivienda, caminos, comercio, agua potable, educación. Si pudiera anotar todo lo que deseo hacer, me quedaría probablemente sin páginas. A lo largo de los años, Hyrule desafortunadamente se ha visto involucrados en guerras con otras naciones, e incluso conflictos civiles que han estancado su crecimiento. Al tener buenas relaciones con nuestros vecinos y con nosotros mismos, Hyrule podía tener una paz prolongada, y por ende, un buen entorno para el progreso.
Al tener paz y progreso para los ciudadanos, Hyrule podría tener un renacimiento, lleno de prosperidad, ¡una Era Dorada!
Esto es el mínimo que debo hacer por la gente. Todos hicieron algo para ayudar durante la invasión, y debo devolverles la mano, comenzando por Link.
Le solicité al Consejo que se nombrara a Link Caballero lo más pronto posible, para que pudiera asumir sus deberes de Comandante de inmediato, y acordamos que la ceremonia se llevaría a cabo el antepenúltimo día de menguante, que fue hoy.
Una vez concluida la reunión, cité a Link a mi estudio para comentarle de la contingencia. Él ya me estaba esperando cuando llegué, vestido en el verde de su túnica del héroe.
-Buenos días, Zelda -estaba de lo más radiante.
-Buenos días, Link. ¿Puedo preguntar a qué se debe tanta alegría?
-Además de una buena noche de sueño, Perícleo me contó que se pusieron anuncios para reclutar gente para el ejército, ¡y esta mañana se presentaron una tonelada de personas en las barracas! ¡Hay hombres y mujeres muy habilidosos!
-Me alegra escuchar eso -su entusiasmo estaba sobre las nubes, era encantador-. Tengo que informarte de algo muy importante.
-¿Y eso qué sería? -me preguntó preocupado.
-Tu investidura de Caballero, Señor Comandante -me encanta como suena-. Será en tres días más, así que avisa de inmediato a los tuyos, me imagino que no se lo querrán perder por nada en el mundo.
-¡Por las Diosas! -exclamó-, no pensé que sería tan pronto, les avisaré… ¿Qué más debo saber?
-Es un evento semi-público, así que puedes escoger si deseas algo privado o no -le expliqué.
Se quedó pensando en el tema por unos minutos.
-Lo haré público.
-¿Estás seguro? Tenía la impresión de que te habría gustado un asunto más privado -le dije reclinándome en mi silla.
-Sip -asintió-. Creo que sería lo más apropiado, por que le mostraría a todo el mundo que el Ejército ya no anda como un cucco descabezado.
¡Eso es sonar como un Comandante! Sus palabras me sacaron una sonrisa.
-¡Es una jugada muy sabia y audaz, Link! -le dije-. Claramente estás adaptándote a tu nuevo puesto.
-Me alegra mucho que pienses así, Zelda -me sonrió y continuó-. Tenía un amigo que conocí durante el Crepúsculo, era un hombre muy estricto pero amable que me me ayudó a mejorar mis habilidades con la espada…-suspiró-. Decía que una espada no poseía fuerza alguna si la mano que la empuñaba no tenía valor. Estoy actuado bajo ese principio, aunque la sabiduría también es necesaria en este caso.
-Ciertamente -respondí.
Esas palabras me llamaron particularmente mi atención. Juro haberlas leído o escuchado antes.
-¿Tengo que vestir algo específico? -dijo con un gesto preocupado-. No tengo idea de eso.
-Puedes usar alguna armadura, o túnica, o la misma que llevas puesta, no te preocupes por ello -le aseguré, calmándolo un poco-. Y puedes ser investido con una espada a tu gusto.
-¡Eso está genial! ¡Traeré la espada ordoniana!
-¿Espada ordoniana?
-Es la espada que iba a traer de regalo de parte de nosotros, ¡acuérdate de lo que te conté! -rió.
-¡Oh, perdóneme usted, Señor Comandante, por mi olvido! -exclamé, gesticulando dramáticamente.
-No pensé que eras capaz de ser sarcástica -comentó sorprendido-. Pensaba que eras demasiado fina para eso.
-Rara vez lo uso -le susurré-. Lo estoy guardando para el momento en que se aparezcan pretendientes, lo cual espero nunca suceda.
La mera idea de verme casada con un desconocido me produce rechazo.
Link se rió nervioso a mi comentario.
Tras discutir otros detalles y explicarle el rito, cada uno siguió su camino por el resto del día: Link debía seguir supervisando la selección de reclutas, además de tomar algunas lecciones de protocolo y caballería con Maese Perícleo. Por mi parte, tenía que revisar documentos y enviar cartas de citación para los representantes.
Cuando ya me iba a dormir esa noche, escuché golpes en la puerta de espejo. Como era de esperarse, Link apareció del otro lado.
-No te ví en el salón durante la cena, así que vine a ver si estabas bien' -dijo con tono grave. Ya se encontraba en pijamas.
-Tenía trabajo pendiente, así que cené en el estudio -le dije, encogiéndome de hombros.
-Tengo que mostrarte algo que creo requiere de tus habilidades mágicas.
Eso llamó inmediatamente mi atención, me pregunté qué sería.
Cruzamos el pasaje a su recámara. En el suelo se encontraban las partes de una armadura, y en uno de los sillones se encontraba una túnica roja con la Trifuerza y el Símbolo Hyliano bordado en ella. Tenía una corazonada de haberla visto en algún lugar antes, ya me había pasado por segunda vez en el día.
-Quiero usar esto el día de la investidura, pero tengo este problema de que literalmente se come mis rupias cuando la uso -explicó-. Es como si tuviera una maldición, o un hechizo.
Me senté en el suelo para examinar la armadura. Efectivamente tenía un hechizo simple, probablemente para evitar que otra persona la usara, cuya fuente estaba en la coraza.
Una vez que lo cambié, Link se llevó las partes y la túnica se cambió tras un biombo. Después de un poco de ruido y algunas palabrotas, apareció.
Decir que lucía guapo es no hacerle justicia. Era la descripción perfecta de un caballero de brillante armadura. No hay duda sobre por qué hay tantas personas de cabeza por él.
No se veía como un muchacho, para nada. Se veía varonil, fuerte, y por sobre todo, poderoso: un hombre capaz de liderar un Ejército y dejar a todos sus enemigos de rodillas.
Tenía la garganta seca. En mi camisón de dormir, me sentí casi desnuda, aún sentada en el suelo.
-Te ves bien -le dije con una sonrisa. Vaya subestimación, repito-. Vas a sorprender a todos vestido así.
Se acercó, y con una reverencia, me ofreció su mano.
-Gracias por sus halagos, Señora mía - dijo; me ayudó a ponerme de pie y besó el dorso de mi mano-. Las lecciones de Perícleo han sido muy útiles. Siento que no haré el ridículo.
-Claro que no lo harás, tengo fe en ti -le aseguré.
Le deseé las buenas noches y volví a mi habitación. Me quedé prendada de una extraña sensación, como si estuviera nerviosa. No era algo malo… sólo raro.
A la mañana siguiente, mi rutina fue la misma de siempre: prepararme para el día, reunión del Consejo, revisión de los avances en la reconstrucción. Link llegó casi al final de la reunión para informar que más de cuatro mil personas de todos los rincones de Hyrule postularon al reclutamiento. De ese grupo, más de la mayoría cumplía con los requisitos, y comenzarían su entrenamiento tras su investidura. Los mejores del grupo conformarían la nueva Guardia Real. El resto calificaba para otras labores relacionadas con el Ejército, y recibirán entrenamiento formal con Maese Perícleo y Salma en las tardes, dependiendo de la especialización que elijan: estrategia y logística, inteligencia o defensa civil.
El entrenamiento sería en las mañanas con Link y Moy, que apoyaría su trabajo tres veces a la semana, junto a dos Caballeros retirados que fueron citados para apoyarlos.
Durante la tarde y las primeras horas de la noche supervisé los detalles de la ceremonia de investidura, y después me probé algunos vestidos en mi recámara. Impaz y unas mucamas me ayudaron a probar vestuario y peinados.
Después de lo que pareció una eternidad -y millas de tela- terminé escogiendo un sencillo pero elegante vestido azul zafiro para la ceremonia. No usaría guantes, ni hombreras, sólo mi diadema. Verse discreta es clave, ya que la persona que es investida Caballero es el centro de atención. Además, últimamente he dejado de usar vestimentas muy formales u ornamentadas, favoreciendo un vestuario más sencillo y práctico.
Esa noche me fui a dormir absolutamente agotada.
Al llegar la mañana y prepararme para el día, encontré una sorpresita asomada en la puerta de espejo: Link me había dejado una nota.
"Zelda,
Supuse que dormías como un bebé, así que no te quise despertar.
Mi gente viene a la ceremonia mañana. ¿Nos acompañarías a la Tasca de Telma en la noche?
Sé que estás ocupada, contesta cuando puedas.
Link"
Decidí contestar del mismo modo, dejándole una nota confirmando que los acompañaría.
El resto del día pasó rápidamente entre reuniones, papeleo, y preparaciones. En la noche, mientras me cepillaba el pelo antes de dormir, decidí ir a desearle buena suerte a Link para la mañana siguiente.
Crucé el pasillo y toqué a su puerta, sin respuesta, y supuse que estaba durmiendo. Al darme la vuelta para ir a mi habitación, la puerta se abrió rápidamente.
-¡No te vayas! -Link exclamó, tomándome de la muñeca. Su piel estaba húmeda-. Me estaba bañando, ¡no te había oído!
-Quería desearte buena suerte, tú sabes…-le dije, volviéndome hacia él.
Su cabello estaba desordenado y casi goteando de lo mojado. Claramente había saltado de la tina y puesto pijamas.
-Gracias Zelda -dijo, con una sonrisa de oreja a oreja-. Ve a dormir, te ves cansada -apuntó a mis ojeras -, si no vas, me encamo contigo hasta que te duermas.
-Lo haré, ¿de acuerdo? -reí. Me encanta que se preocupe de esas pequeñas cosas, y que no tenga ni la más mínima idea de lo que implica una de las palabras que dijo. Es encantador.
Y el día de la ceremonia llegó. La mañana fue una locura: desayuné mientras las mucamas me vestían, peinaban y maquillaban.
Maese Perícleo me vino a buscar. Mientras nos acercábamos a las puertas del castillo y a la Plaza central, vi las casas y edificios con estandartes y banderas con el símbolo Hyliano bordado. Fue hermoso, me recordó que estamos recuperando el brillo de antes de la invasión.
Link estaba al medio de la puerta, en su armadura, sin la diadema y el gorro. El sol de mediodía lo hacía ver como si tuviera un aura dorada. Se veía tan guapo y maduro con su cabello peinado para domar un poco su rebeldía.
Las calles estaban llenas. No todos los días se puede ver a un héroe convertirse en Caballero de manera tan pública, después de todo.
Un chambelán anunció mi llegada.
-Queridos ciudadanos de Hyrule, nos reunimos hoy para honrar al hombre, el cual ya todos conocen, que salvó a Hyrule de las garras del enemigo. Como ciudadana de Hyrule, y su Princesa, estoy eternamente en deuda con él, no sólo por sus heroicas hazañas, sino que también ha aceptado una labor no menor: convertirse en el Comandante del Ejército de Hyrule, para reconstruirlo, y con su liderazgo devolverle su grandeza, y ser el Campeón de esta tierra -tras esto hice una pausa.
El público aplaudió animadamente.
-Acercaos, Link de Ordon, Héroe de la Luz, portador de la Trifuerza del Valor.
Se acercó, quedando a un par de pasos de mí.
-Presentad vuestra espada.
Desenfundó la espada ordoniana y la presentó ante mí para que yo la empuñara. La sostuve frente a él, su mano tocando la hoja con la mano derecha, colocando la izquierda sobre su corazón.
-¿Juráis respetar las reglas de caballería, pelear con honor por la justicia y ser la luz de Hyrule? -pregunté.
-Lo juro, por mi vida y mi honor -contestó.
-¿Juráis liderar al Ejército de Hyrule con valor y sabiduría? -pregunté nuevamente.
-Lo juro, por mi vida y mi honor.
-¿Juráis convertiros en el Campeón de Hyrule y la Corona? -dije finalmente.
-Lo juro, por mi vida y mi honor, por y para siempre -respondió finalmente, sonriéndome.
Le pedí que se arrodillara, y apunté la espada hacia él.
-Que las Diosas de Oro os bendigan con valor, sabiduría y fuerza, ahora y siempre -toqué sus hombros y cabeza suavemente con la espada, formando un triángulo-. Habéis prestado juramento. Poneos de pie, Caballero Link de Ordon, Comandante en Jefe del Ejército, Campeón de Hyrule, Héroe de la Luz, portador de la Trifuerza del Valor -dije, entregándole su espada.
Al levantarse y empuñar su arma, la multitud rugió en un aplauso como el trueno, que resonó en el aire por un buen rato.
Esta fue, por lejos, la investidura de caballero más impresionante que he visto en mi vida.
Escribiré nuevamente pronto. ¡Esta noche iré donde Telma a celebrar con todos!
Tuya,
Zelda
