.


Disclaimer: Fairy Tail pertenece a Hiro Mashima.


[++++]

+| Decidiendo |+


Las luces parpadearon de manera repetitiva.

Luz. Oscuridad. Luz.

Oscuridad

Sin siquiera poder gritar, la mujer de cabellera roja observó cómo ante sus ojos la figura de la niña de vestido blanco y larga cabellera negra que recién vislumbraba desaparecía de su vista.

De manera ilusoria, de manera fantasmal…

Aún si poder hablar la mujer dio un paso atrás y respiró de manera profunda, no podía dejarse invadir por el pánico y mucho menos entrar en una crisis de nervios, lo que acababa de ver no era para nada normal, no era ilusión, no era algo que creaba una mente asustada y sugestionada por cuadros extraños y chalets antiguos. No. Lo sabía.

Era algo real.

Las luces parpadearon una vez más antes de quedar encendidas por completo de nuevo, y justo en ese momento la voz de la mujer mayor se escuchó nuevamente…

Él no lo sabía…

La pelirroja apretó de nuevo la cadena en su mano y decidida habló mientras paseaba su mirada de un lado a otro buscando a la mujer que hablaba ―¿¡Quién no sabía!?

Él…

¿¡Qué no sabía!? ¿¡Quién es él!? ¿Quién eres tú!?

No debía saberlo…

¿¡Qué llegó a saber!? ¿¡Quién eres!? ¡Respóndeme!

Pero lo llegó a saber…

¡Habla! ¡Responde! ―miró a todos lados intentando buscar la fuente de la voz pero no había nada.

Y la voz no se escuchó más.

¿¡Qué diablos sucede en este lugar!? ―frustrada se llevó la mano a su húmedo cabello y luego la bajó cerrando su puño con impotencia mientras cerraba los ojos. Al abrirlos miró su mano y soltó un pequeño grito.

Su mano estaba llena de sangre.

Asustada se tocó con la otra mano el cabello buscando la herida que la hacía sangrar de esa manera pero no encontró nada, volvió a mirar su mano pensando que había sido de nuevo una manifestación de lo que sea que hubiese en ese lugar pero aún estaba manchada, se encaminó con rapidez a uno de los brillantes platones de plata de la chimenea a revisarse, y se sorprendió de lo que vio.

La sangre no manaba de su cabeza, sino de la llave que llevaba al cuello.

Asustada intentó quitarse la cadena pero le fue imposible, la cadena la quemó pero no por el calor sino con el frío de su temperatura, intentó calmarse de nuevo pero ver la llave sangrar y el rojizo liquido fluir de su cuello a su pecho y bajar cálida por su cuerpo no era una sensación que permitiese mantener la calma en ese momento. Respiró hondo una y otra vez al punto de que estaba más cercana de la hiperventilación que de la tranquilidad que buscaba, así que decidió utilizar otro recurso.

¿¡Qué me sucede!? ¿¡Qué le sucede a la llave!? ¡Respóndeme! ¿¡Quién eres!? ¿¡Qué quieres de mí!? ―intentó no sonar asustada pero falló en eso. Su voz sonaba en pánico a pesar de todo lo que hacía por calmarse.

La única esperanza que tenía era que la voz le respondiese.

Erza… Erza…

Escuchó una voz, pero no era la de la mujer ni la de la niña. No. Era una voz cálida que la llenaba de seguridad y que ella conocía muy bien. Era la voz de su esposo. Se calmó al recordar que no estaba sola en ese lugar y decidió ir hacia donde él dormía aún. Decidida se encaminó a las escaleras, pero antes de pisar siquiera el primer escalón la voz de la mujer volvió a hacerse presente.

Yo no tenía a nadie más…

La pelirroja se detuvo al escuchar de nuevo la voz de la mujer y como si una fuerza la obligase, volteó su rostro de nuevo a las pinturas, allí ya no estaban las que había visto hacía un momento, en lugar de esas escenas pintadas con manos infantiles se encontraban nuevos dibujos, y no eran trazos infantiles, eran trazos adultos, de quien sabía dibujar bastante bien.

¿Qué quieres de mí? ―aún sentía la cálida sangre manar de la llavecilla de plata y bajar por su cuerpo.

Encuéntrala, está asustada…

¿Qué debo encontrar?

A mi pequeña…

¿Tú pequeña? ¿Tu hija?

De nuevo la voz se acalló. Suspirando la pelirroja se dirigió a las pinturas y con ojo analítico las observó.

En la primera estaba pintada la parte frontal de la mansión, en ella se encontraba una mujer muy joven, de unos quince o dieciséis años y por la forma en que se tocaba el vientre imaginó que estaba embarazada, en esa época ―o al menos en la que se reflejaba por el vestuario que llevaba la mujer de la pintura―, era normal que a esa edad las mujeres estuviesen casadas y esperando un hijo. Lo más extraño era la expresión de la joven, parecía feliz pero a la vez se vislumbraba miedo en la mirada plasmada en la pintura. La segunda pintura era más extraña aún, la mujer joven veía con tristeza al niño tomado de su mano, mientras una sombra oscura parecía vigilarlos desde una de las ventanas del altillo. La tercera tenía en primer plano una muñeca en el césped junto a la fuente de la entrada, y a la pelirroja le recordó la niña sin rostro de la pintura infantil que estaba antes, esta tampoco tenía expresión y lo más relevante en ella era su cabello blanco, y, más atrás de esa muñeca se veía a la madre joven llorando, pero el niño ya no aparecía en esta. La cuarta, Erza no soportó verla por mucho tiempo… la muñeca estaba rota en el césped, pero a pesar de ser una muñeca parecía sangrar y reía, o eso parecía por su expresión, mientras que la madre joven abrazaba algo en su regazo con las manos llenas de sangre y la sombra en el altillo aparecía de nuevo pero esta vez no era oscura era roja.

Todo el cuadro parecía indicar violencia y muerte…

Era abrumante.

Como las escenas de crimen que tantas veces había visto la pelirroja.

Y fue así que llegó a una conclusión.

No sabía nada de experiencias paranormales, y hasta hacía unos minutos no creía realmente en fantasmas o espíritus, pero sí algo conocía en su vida, eso era el resolver crímenes. En ese viejo chalet había ocurrido un crimen, o tal vez varios, aún no lo sabía con seguridad pero estaba segura de algo, alguien clamaba por justicia, alguien quería contar una verdad, alguien imploraba que la verdad se conociese pero ante todo…

Alguien deseaba encontrar lo más importante para ella….

¡Te ayudaré! ―habló la mujer de cabellera rojiza con los ojos brillando con decisión― Dime que necesitas que encuentre… ¡Háblame!

Nada. De nuevo el sonido de la noche la envolvió.

¡Háblame! ―una idea cruzó por su cabeza y tomó la sangrante llave plateada en su mano y se la llevó cerca de su rostro mientras murmuraba― Te ayudaré… háblame…

Entonces se testigo de lo que yo viví…

Contestó la voz.

El cuerpo de la pelirroja cayó laxo al frío suelo de madera.

Y la mujer se vio envuelta en una completa oscuridad…


.