Allen se topo con el equipo de porrismo en el campo Hearst, contiguo al gimnasio. Algunos las llamaban animadoras, pero estas chicas difícilmente era como las que Allen había visto en el colegio. Eran de las que competían en ESPN2 en los campeonatos nacionales, y de vez en cuando iban a danzar en viajes o cruceros o, en algunos casos Broadway.

La líder del equipo era una pelinegra llamada Lenalee, una brillante estudiante de la facultad de física que había acudido a Allen para pedirle ayuda sobre algunos artículos. El no imaginaba en que podía ella necesitar ayuda, pero una vez pasaron una hora juntos en el parque, analizando la diferencia entre la física nuclear y la hiperenergética.

Lenalee era un oxímoron andante. Una estudiante inteligente que parecía decidida a ocultarse detrás de un personaje de Hollywood. Ella le había sonreído y le pregunto él por qué no tenía novia. Y cuando él se ruborizó, le pasó el dedo por el brazo y sugirió que se conocieran mutuamente.

Dos tardes después Allen se vio en su primera cita en tres años. Al principio todo progreso bien. Ella la joven perfecta de 20 años con suficiente belleza para hervir la sangre de la mayoría de hombres, y él, el muchacho maravilla con suficiente cerebro para enviar a la mayoría de mujeres a la profunda congelación.

Fueron a cenar al Crab Shack, y con cada pata de cangrejo aumentaba la molestia de él por los defectos de Lenalee: su ciega aceptación por las opiniones sostenidas en los noticieros, como si se almacenaran en una televisión convertida en "dios" , y sus bromas acerca del Dr. Bak. Para cuando llegaron al plato principal, hasta la blanca sonrisa de la joven parecía plástica. ¿Cómo podía una estudiante brillante dejarse arrastrar fácilmente por tonterías?

Es más, se trastornó tanto que tomo un trago de mantequilla caliente, confundiéndola con su té helado. Lenalee rio, desde luego, una joven carcajada en tono alto y agudo. Ahora la joven bailarina lo fulminó. Ella era una simple cachorrita que ostentaba su sonrisa plástica y deliraba respecto de un mundo que veía a través de lentes ingenuos.

Para asombro de Allen, la chica le pidió salir al día siguiente. El rehusó cortésmente. Fue la última vez que hablaron.

Allen se dirigió hacia el equipo. No reconoció a Lenalee hasta que ella lo vio. Él asintió y sonrió. La joven debió de haber confundido el gesto como alentador, porque susurró algo a las demás y luego prorrumpió en una fuerte ovación que hizo tanto uso de sus caderas como de su boca.

Allen cubrió su bochorno aplaudiendo y diciendo: "Muy bien, así se hace", o algo parecido. Él no era positivo, porque la mejor parte de su mente lo hacía callar a gritos con objeciones. La seis lo mirarón, mostrando leves sonrisas. Allen se preguntó que les había dicho Lenalee.

–Hola chicas.

–Hola, Allen.

Se detuvo y metió sus manos en los bolsillos.

– ¿Qué están haciendo?

Practicando su danza, idiota. Agarró la pelota anti estrés.

–Trabajando en nuestras coreografías –contesto Lenalee.

–Impresionante.

Hubo un silencio un poco incómodo. Mientras ella lo miraba, el bajaba levemente la mirada.

–Escuche de tu roce ayer con el maestro Leverrier –comentó Lenalee.

– ¿Verdad? Sí, eso estuvo muy mal.

–Tal vez para él. Oí que saliste bien parado de esa disputa.

–Eso depende de cómo lo veas.

–Creo que el cuerpo estudiantil entiende exactamente lo que sucedió.

Allen no estaba seguro de lo que ella le quiso decir.

–La ironía es que Leverrier tiene una recepción mañana en mi honor, en el club de maestros mañana por la noche.

– ¿Qué clase de recepción? –preguntó una joven de cabello rojizo con las manos en sus caderas, creando una bomba de chicle rosa y luego reventándola fuertemente con la lengua.

Allen se sintió desproporcionadamente incómodo.

–Bueno, hay un premio llamado Dannie Heineman. Física Matemática. Es algo muy bueno para los maestros.

– ¿Quiénes estarán allí? –pregunto una joven tenue con piernas un poco largas, parecía un poco infantil.

–El profesorado e invitados –contestó Allen–. Más o menos doscientos.

– ¿Doscientos? –Volvió a preguntar ella, parpadeando– ¿Quién eres, el hijo del presidente?

El bochorno de Allen dio como resultado una sonrisa.

–Como dije, es importante para algunas personas. Estaba pensando que quizás ustedes podrían asistir.

– ¿Nosotras? –inquirió Lenalee mirando a las demás.

–Todas ustedes.

Ella lo miro levemente por un momento antes de aclararse el entendimiento. Su boca se curvó en una sonrisa seductora.

– ¿Quieres que le demos sabor al evento?

– ¿Qué quieres decir? –pregunto la pelirroja.

–Podríamos danzar un poco.

– ¡Ah, por favor! –exclamo la joven pelirroja.

– ¿Por qué no, Fou? –cuestionó Lenalee volviéndose a ella–. ¿Qué hay de malo en un numerito para hacer más interesante la fiesta?

– ¿Estará allí el maestro Baxter y Bak Chang? –averiguo la pelirroja.

Baxter era el director de educación física.

–Podría ser –contestó Allen–. ¿Deseas que estén allí?

– ¿Puedes hacer eso?

–Seguro –dijo Allen.

El resto de miembros del equipo se mirarón entre sí, ninguna se opuso. Excepto Fou.

– ¿Qué quieres que hagamos?-preguntó ella–. No estoy segura de que esto me agrade.

–Es inofensivo –juzgó Lenalee.

–no creo que el hable de algunas coreografías en la mesa de Leverrier –considero Fou, mirando a Allen.

El asintió.

–En realidad yo tenía algo más en mente. Algo más MTV que ESPN.

– ¿Te parecemos bailarinas de striptease? –reclamó Fou.

–No –contestó Allen sonrojado–. Eso no es…

– ¡Ya basta, Fou! –Exclamo Lenalee bruscamente; luego se volvió a Allen–. Así que entramos y hacemos una danza sexy, y quizás calentamos un poco a Leverrier. No veo que tiene eso de ofensivo. Esto no es un colegio exactamente religioso, ¿Correcto? ¿Cómo quieres que se haga esto?

Allen no estaba seguro de su la idea fue de Lenalee o de él, pero ella sabia conseguir lo que deseaba, y él se lo daría. El podía verla un día de candidata al congreso.

–Bueno. Cuando me levante a dar mi discurso… Ellos desean siempre que el invitado de honor les diga cuánto le debe a Berkeley, al llegar a cierto punto, ustedes podrían entrar y hacer su… número.

Ahora las demás sonreían. La idea había echado raíces.

– ¿Así que eso es todo?

–Quizás bailar sobre las mesas no están mala idea. Todos los jefes de departamento y una gran final con Leverrier.

¿En que estaba pensando él?

–No sé –objeto Fou.

– ¡Me gusta! –Exclamó Lenalee–. ¿Cuándo fue la última vez que los maestros nos reconocierón? Solo piensa en eso, Fou. Esto los relajará un poco. Hablamos de causar un revuelo.

–Si tenemos que sufrir la ruina…

–Por favor, solo es un baile. No iremos allí con carteles manifestando a golpearlos. ¡Esto es Berkeley!

–Si se produce algún acaloramiento, estoy seguro de que recaerá sobre mi –tranquilizó Allen–. Parece que soy propenso al calor.

Bandera roja, Allen.

Lenalee miro a las demás buscando una aprobación. Un eco de "estamos dispuesta" y un acogimiento poco entusiasta de hombros de parte de Fou decidieron el asunto.

–Muy bien, estamos comprometidas –manifestó ella, y se volvió–. ¿Alguna otra sorpresa?

–Solo algo más –comentó Allen mirando a una joven de cabello castaño con rostro un poco infantil que Johnny había visto con los ojos–. Tengo un amigo que necesita una cita. Su nombre es Johnny. Un tipo bien parecido con un chaleco de bolsillos. Confía en mí, es bastante encantador una vez que lo conozcas.

– ¿Qui…quieres que salga con un tipo que se llama Johnny?

–Solo pídele que te lleve a cenar –respondiendo asintiendo Allen– Quizás al cine.

–No hay problema –intervino Lenalee– ¿De acuerdo, Mei? Es encantador.

–Está bien.

– ¿Lo harás? –inquirió Allen.

–Seguro.

–Muy bien –asintió él–. Buenísimo.

Fou cruzó los brazos y se volvió para irse. El pie se le trabo en el zapato de Lenalee y tropezó. Trato de agarrarse, pero no alcanzo a hacerlo, y cayó al suelo de forma no muy elegante. Allen saltó hacia adelante para ayudarla a levantarse.

Pero de pronto fou estaba de pie, no tendida en la hierba.

Allen retrocedió y parpadeó.

Fou cruzo los brazos y se dispuso a irse.

¡Él había visto esto!

Su pie se trabo en el zapato de Lenalee…

Él había visto exactamente esto, ¡solo un segundo antes!

…y tropezó.

Esta vez Allen se inclino hacia delante exactamente cuando Fou comenzaba a caer. La agarró del codo y la mantuvo erguida.

– ¡Vaya! –exclamó ella–. Cuida tus pies, Fou.

–Qué rápido –afirmo Lenalee mirándolo.

Allen bajo la mirada, asombrado.

– ¿Estás bien?

– ¿Eh? Si –dijo él, retrocedió un paso, las miró, y empezó a volverse.

– ¿Te llamo para los detalles?

–Claro. Llámame.

Sonrió levemente lanzando un beso al joven, mientras este con leve bochorno y se despidió con un leve movimiento de sus manos.


bueno me adelante a colocar el capitulo hoy, aunque debería salir mañana normalmente. igual estaba alegre de que pronto saldrá un nuevo capitulo del manga de D. gray man y bueno solo queda esperar. y espero que lo disfruten... por favor comenten que eso me ayuda a mantener con vida la historia.