-No se preocupe Profesora McGonagall, no pasa nada, se lo aseguro-le respondió Harry, la mencionada apretó los labio hasta que quedaron hechos una fina línea, bastante molesta, pues no podía concebir semejante descuido.

-De acuerdo-interrumpió Dumbledore-¿Quién quiere leer ahora?-pregunto, y una mano, y todo el completo, se levanto de un salto.

-¡Yo quiero!-grito Colín, para correr por el libro y tomarlo, mirándolo con una sonrisa y dando brinquitos- El capitulo se llama: El viaje desde el andén 9/3

El último mes de Harry con los Dursley no fue divertido.

-¿Acaso alguna vez lo fueron?-interrumpió Nina, ligeramente burlona, para luego hacer seguir al otro.

Es cierto que Dudley le tenía miedo y no se quedaba con él en la misma habitación, y que tía Petunia y tío Vernon no lo encerraban en la alacena ni lo obligaban a hacer nada ni le gritaban.

-No es tan malo-murmuro Katie.

En realidad, ni siquiera le dirigían la palabra. Mitad aterrorizados, mitad furiosos, se comportaban como si la silla que Harry ocupaba estuviera vacía. Aunque aquello significaba una mejora en muchos aspectos, después de un tiempo resultaba un poco deprimente.

Sirius asintió, compartía en cierto grado el sentimiento, había pasado por muchos silencios totales en su casa, cuando recién había llegado de su primer año de Hogwarts. Katie, mientras tanto, murmuro algo parecido a retiro lo dicho.

Harry se quedaba en su habitación, con su nueva lechuza por compañía. Decidió llamarla Hedwig, un nombre que encontró en Una historia de la magia.

Se escucharon jadeos asombrados.

Los libros del colegio eran muy interesantes.

Gritos horrorizados.

Por la noche leía en la cama hasta tarde,

Y finalmente desmayos, de mucha gente, mientras que Ravenclaws, varios Slytherins, Huffles y por lo menos 6 Gryffindors negaban con la cabeza, maestros de dichas casas incluidas, entre divertidos e irritados.

-Harry, ahijado mío de mi / hermano mío del alma, ¿Cómo pudiste hacerme esto?-dramatizaron Sirius y Ron, haciendo escenita a lo doncellas desmayándose de la impresión.

-Tú no puedes ser el mismo Harry que yo conozco, ¿Quién eres tú y que le hiciste a mi amigo?-chillo Hermione, bromeando, sorprendiendo a muchos.

-Y nosotros que creíamos conocerte-"sollozaron" los gemelos, fingiendo sentirse traicionados.

Harry solo bufo, entre irritado y divertido, riéndose poco después con sus amigos, que aparentemente no podían ser normales.

mientras Hedwig entraba y salía a su antojo por la ventana abierta. Era una suerte que tía Petunia ya no entrara en la habitación, porque Hedwig llevaba ratones muertos. Cada noche, antes de dormir, Harry marcaba otro día en la hoja de papel que tenía en la pared, hasta el uno de septiembre.

Se escucharon risitas, muchos hacían lo mismo.

El último día de agosto pensó que era mejor hablar con sus tíos para poder ir a la estación de King Cross, al día siguiente. Así que bajó al salón, donde estaban viendo la televisión. Se aclaró la garganta, para que supieran que estaba allí, y Dudley gritó y salió corriendo.

Hum... ¿Tío Vernon?

Tío Vernon gruñó, para demostrar que lo escuchaba.

-¡Que falta de educación!-bufaron las mujeres con enojo.

Hum... necesito estar mañana en King Cross para... para ir a Hogwarts.

Tío Vernon gruñó otra vez.

¿Podría ser que me lleves hasta allí?

Otro gruñido. Harry interpretó que quería decir sí.

Y ya no solo ellas.

Muchas gracias.

-En serio que a veces no sé de dónde sacas buenos modales Harry-menciono Ginny, impresionada.

-De mí, por supuesto-presumió Nina, sacando el pecho muy pagada de sí misma, pero la desinflo la carcajada de Harry.

-Sí, claro-dijo por fin, suspirando al final-la verdad es que los aprendí de tía Petunia, supongo, y aun que no lo parezca-respondió Harry.

Estaba a punto de volver a subir la escalera, cuando tío Vernon finalmente habló.

Qué forma curiosa de ir a una escuela de magos, en tren. ¿Las alfombras mágicas estarán todas pinchadas?

Se escucharon bufidos de incredulidad y molestia, ¿Cómo podía ser alguien tan rematadamente molesto?

Harry no contestó nada.

¿Y dónde queda ese colegio, de todos modos?

No lo sé —dijo Harry; dándose cuenta de eso por primera vez.

-Nadie lo sabe-murmuro por lo bajo Natalie con aire misterioso, haciendo reír a los que la escucharon.

Sacó del bolsillo el billete que Hagrid le había dado—. Tengo que coger el tren que sale del andén nueve y tres cuartos, a las once de la mañana —leyó.

Sus tíos lo miraron asombrados.

Snape frunció el ceño, de nuevo.

¿Andén qué?

Nueve y tres cuartos.

No digas estupideces —dijo tío Vernon—. No hay ningún andén nueve y tres cuartos.

Esta vez enfadado por semejante descaro por parte de Petunia, claro.

Eso dice mi billete.

Equivocados —dijo tío Vernon—. Totalmente locos, todos ellos. Ya lo verás. Tú espera. Muy bien, te llevaremos a King Cross. De todos modos, tenemos que ir a Londres mañana. Si no, no me molestaría.

Se intercambiaron miradas extrañadas.

¿Por qué vais a Londres? —preguntó Harry tratando de mantener el tono amistoso.

Llevamos a Dudley al hospital —gruñó tío Vernon—. Para que le quiten esa maldita cola antes de que vaya a Smeltings.

-¡Dejaron que el niño se quedara con la cola tanto tiempo!-exclamaron todos sorprendidos, pero con furia aquellos con instintos de padres y maestros.

A la mañana siguiente, Harry se despertó a las cinco, tan emocionado e ilusionado que no pudo volver a dormir.

Sonrisas resplandecientes, olvidado de pronto el ánimo anterior, aparecieron en algunas caras, muchos se identificaban con ello.

Se levantó y se puso los tejanos: no quería andar por la estación con su túnica de mago, ya se cambiaría en el tren.

Asentimientos y represión de pensamientos rebeldes, no diré más.

-Chico inteligente, Potter-acepto un Auror, asintiendo en aceptación.

Nina sonrió con cariño y cierta tristeza.

Miró otra vez su lista de Hogwarts para estar seguro de que tenía todo lo necesario, se ocupó de meter a Hedwig en su jaula y luego se paseó por la habitación, esperando que los Dursley se levantaran.

Dos horas más tarde, el pesado baúl de Harry estaba cargado en el coche de los Dursley y tía Petunia había hecho que Dudley se sentara con Harry, para poder marcharse.

Llegaron a King Cross a las diez y media. Tío Vernon cargó el baúl de Harry en un carrito y lo llevó por la estación. Harry pensó que era una rara amabilidad, hasta que tío Vernon se detuvo, mirando los andenes con una sonrisa perversa.

Bueno, aquí estás, muchacho. Andén nueve, andén diez... Tú andén debería estar en el medio, pero parece que aún no lo han construido, ¿no?

Aquellos que apreciaban personalmente al chico rechinaron los dientes, comprendiendo la actitud y deseando achicharrarlos.

Tenía razón, por supuesto. Había un gran número nueve, de plástico, sobre un andén, un número diez sobre el otro y, en el medio, nada.

Que tengas un buen curso —dijo tío Vernon con una sonrisa aún más torva. Se marchó sin decir una palabra más.

Harry se volvió y vio que los Dursley se alejaban. Los tres se reían.

-Pero me las pagaran todas y cada una algún día, lo juro-gruño por lo bajo Sirius, espantando a algunos alumnos.

Harry sintió la boca seca. ¿Qué haría? Estaba llamando la atención, a causa de Hedwig. Tendría que preguntarle a alguien.

Los adultos intercambiaron miradas de preocupación, pero el chico sonreía tranquilamente recordando que sucedía.

Detuvo a un guarda que pasaba, pero no se atrevió a mencionar el andén nueve y tres cuartos. El guarda nunca había oído hablar de Hogwarts, y cuando Harry no pudo decirle en qué parte del país quedaba, comenzó a molestarse, como si pensara que Harry se hacía el tonto a propósito. Sin saber qué hacer, Harry le preguntó por el tren que salía a las once, pero el guarda le dijo que no había ninguno. Al final, el guarda se alejó, murmurando algo sobre la gente que hacía perder el tiempo. Según el gran reloj que había sobre la tabla de horarios de llegada, tenía diez minutos para coger el tren a Hogwarts y no tenía idea de qué podía hacer. Estaba en medio de la estación con un baúl que casi no podía transportar, un bolsillo lleno de monedas de mago y una jaula con una lechuza.

-¿Cómo es que llegaste, chico?-pregunto un miembro de la Orden algo preocupado.

-Ya verá-respondió Harry encogiéndose de hombros

Hagrid debió de olvidar decirle algo que tenía que hacer, como dar un golpe al tercer ladrillo de la izquierda para entrar en el callejón Diagon. Se preguntó si debería sacar su varita y comenzar a golpear la taquilla, entre los andenes nueve y diez.

-¡No lo hagas!-advirtieron algunos como si estuviera pasando en ese momento.

-O te enteraras un año antes de lo dura que es la pared-bromeo por lo bajo Ron, riéndose con su amigo.

En aquel momento, un grupo de gente pasó por su lado y captó unas pocas palabras.

... lleno de muggles, por supuesto...

Suspiraron de alivio, se había cruzado con magos. La familia Weasley sonrió emocionada, aun que se notaba que el padre no tanto.

Harry se volvió para verlos. La que hablaba era una mujer regordeta,

Molly se sonrojo, pero no dijo nada.

que se dirigía a cuatro muchachos, todos con pelo de llameante color rojo. Cada uno empujaba un baúl, como Harry, y llevaban una lechuza.

Con el corazón palpitante, Harry empujó el carrito detrás de ellos. Se detuvieron y los imitó, parándose lo bastante cerca para escuchar lo que decían.

-Desde tan chiquito y ya con mañas-bromeo Ginny para ocultar su incomodidad, recordaba ese momento, haciendo sonrojar al azabache.

Y ahora, ¿cuál es el número del andén? —dijo la madre.

¡Nueve y tres cuartos! —Dijo la voz aguda de una niña,

Madre e hija intercambiaron una mirada de cariño, aun que la menor se notaba algo abochornada. Algunos padres y madres que se encontraban presentes sonrieron recordando escenas parecidas.

también pelirroja, que iba de la mano de la madre—. Mamá, ¿no puedo ir...?

No tienes edad suficiente, Ginny Ahora estate quieta. Muy bien, Percy, tú primero.

La Familia hizo una mueca y se removieron incómodos.

El que parecía el mayor de los chicos se dirigió hacia los andenes nueve y diez.

-El mayor soy yo-se quejo Bill, haciéndose el ofendido.

Harry simplemente se encogió de hombros, desentendiéndose.

Harry observaba, procurando no parpadear para no perderse nada. Pero justo cuando el muchacho llegó a la división de los dos andenes, una larga caravana de turistas pasó frente a él y, cuando se alejaron, el muchacho había desaparecido.

-Potter, tienes una suerte tremenda-dijo Hermione rodando los ojos, y Harry le sonrió jovial.

Fred, eres el siguiente —dijo la mujer regordeta.

No soy Fred, soy George —dijo el muchacho—. ¿De veras, mujer, puedes llamarte nuestra madre? ¿No te das cuenta de que yo soy George?

Lo siento, George, cariño.

Estaba bromeando, soy Fred —dijo el muchacho, y se alejó.

-Nunca pasara de moda esa broma-suspiro George soñadoramente, haciendo que la chica futurista se removiera levemente con incomodidad.

Debió pasar, porque un segundo más tarde ya no estaba. Pero ¿cómo lo había hecho? Su hermano gemelo fue tras él: el tercer hermano iba rápidamente hacia la taquilla (estaba casi allí) y luego, súbitamente, no estaba en ninguna parte.

No había nadie más.

Discúlpeme —dijo Harry a la mujer regordeta.

Harry miro a la Señora Weasley disculpándose, pero ella desestimo el asunto con un ademan de mano y le sonrió.

Hola, querido —dijo—. Primer año en Hogwarts, ¿no? Ron también es nuevo.

Señaló al último y menor de sus hijos varones. Era alto, flacucho y pecoso, con manos y pies grandes y una larga nariz.

Se escucharon risas y Ron suspiro con pesadez, Harry lo miro culpable

-Pudo haber sido peor-acepto, sonriendo junto con su amigo.

Hermione les sonrió, pero borro rápidamente su sonrisa cuando se puso a pensar en cómo la describiría a ella.

Sí —dijo Harry—. Lo que pasa es que... es que no se cómo...

¿Como entrar en el andén? —preguntó bondadosamente, y Harry asintió con la cabeza. —No te preocupes —dijo—. Lo único que tienes que hacer es andar recto hacia la barrera que está entre los dos andenes. No te detengas y no tengas miedo de chocar, eso es muy importante. Lo mejor es ir deprisa, si estás nervioso. Ve ahora, ve antes que Ron.

-Gracias Molly, de verdad-dijo Sirius de todo corazón, ruborizando a la mujer.

-No es nada-le respondió ella.

Hum... De acuerdo —dijo Harry.

Empujó su carrito y se dirigió hacia la barrera. Parecía muy sólida.

-Y lo es-agrego él, haciendo que Ron tuviera que tragarse sus risitas por que varios los miraban.

Comenzó a andar. La gente que andaba a su alrededor iba al andén nueve o al diez.

Fue más rápido. Iba a chocar contra la taquilla y tendría problemas. Se inclinó sobre el carrito y comenzó a correr (la barrera se acercaba cada vez más). Ya no podía detenerse (el carrito estaba fuera de control), ya estaba allí... Cerró los ojos, preparado para el choque...

Pero no llegó. Siguió rodando. Abrió los ojos.

Muchos sonrieron.

Una locomotora de vapor, de color escarlata, esperaba en el andén lleno de gente. Un rótulo decía: «Expreso de Hogwarts, 11 h». Harry miró hacia atrás y vio una arcada de hierro donde debía estar la taquilla, con las palabras «Andén Nueve y Tres Cuartos».

Lo había logrado.

-¡Yeeeiiii!-celebraron los gemelos chocando las manos entre ellos y con Lee.

El humo de la locomotora se elevaba sobre las cabezas de la ruidosa multitud, mientras que gatos de todos los colores iban y venían entre las piernas de la gente. Las lechuzas se llamaban unas a otras, con un malhumorado ulular, por encima del ruido de las charlas y el movimiento de los pesados baúles.

Los primeros vagones ya estaban repletos de estudiantes, algunos asomados por las ventanillas para hablar con sus familiares, otros discutiendo sobre los asientos que iban a ocupar. Harry empujó su carrito por el andén, buscando un asiento vacío. Pasó al lado de un chico de cara redonda que decía:

Abuelita, he vuelto a perder mi sapo.

Oh, Neville —oyó que suspiraba la anciana.

El mencionado se sonrojo hasta las orejas, como si fuera todo un Weasley.

Un muchacho de pelos tiesos estaba rodeado por un grupo.

Déjanos mirar, Lee, vamos.

El muchacho levantó la tapa de la caja que llevaba en los brazos, y los que lo rodeaban gritaron cuando del interior salió una larga cola peluda.

McGonagall dirigió una severa mirada hacia Lee.

-¿Qué es lo que tiene ahí señor Jordan?-inquirió la profesora.

-Nada que yo haya traído de nuevo alguna vez a la escuela-respondió el, algo avergonzado y urgiendo disimuladamente a continuar la lectura.

Harry se abrió paso hasta que encontró un compartimiento vacío, cerca del final del tren. Primero puso a Hedwig y luego comenzó a empujar el baúl hacia la puerta del vagón. Trató de subirlo por los escalones, pero sólo lo pudo levantar un poco antes de que se cayera golpeándole un pie.

-Debilucho-sentenciaron los bromistas jóvenes y Nina, seriosamente burlones.

-Ja-Ja-Ja-mascullo Harry, irritado.

¿Quieres que te eche una mano? —Era uno de los gemelos pelirrojos, a los que había seguido a través de la barrera de los andenes.

-Y su invitación requirió de apoyo forzado de Fred, seguro-señalo Angelina.

-¡Oye!-Fred la miro algo insultado, aun que a medias divertido-¿Cómo puedes estar tan segura de que no fui yo?-la morena se le quedo viendo como si eso fuera una pregunta estúpida, dejando perplejo a George.

-Es más amable que tú, pésele a quien le pese, y más que nadie a mí por decirlo-suspiro ella.

-¿Debo sentirme insultado…?-pregunto George al aire.

-Tal vez algo de ello podrías-respondió Nina, mirándolos junto a Ginny y Molly con diversión.

-Pero que quede claro, que lo hice sin forzarme ni nada-agrego Fred, el si algo isultado.

Sí, por favor —jadeó Harry.

¡Eh, Fred! ¡Ven a ayudar!

-Lo dije-Johnson parecía muy satisfecha de sí misma.

Con la ayuda de los gemelos, el baúl de Harry finalmente quedó en un rincón del compartimiento.

Gracias —dijo Harry, quitándose de los ojos el pelo húmedo.

¿Qué es eso? —dijo de pronto uno de los gemelos, señalando la brillante cicatriz de Harry

Los mencionados se miraron con diversión brillándoles en los ojos y comenzaron a seguir el guion como si fueran mimos, provocando que varios los miraran con curiosidad.

Vaya—dijo el otro gemelo—. ¿Eres tú...?

Es él —dijo el primero—. Eres tú, ¿no? —se dirigió a Harry.

¿Quién? —preguntó Harry.

Harry Potter —respondieron a coro.

Oh, él —dijo Harry—. Quiero decir, sí, soy yo.

Los que vieron tal espectáculo y lo siguieron mientras escuchaban empezaron a reírse, mientras los gemelos Weasley hacían disimuladas reverencias y Harry solo sonreía, un poco avergonzado.

Los dos muchachos lo miraron boquiabiertos y Harry sintió que se ruborizaba.

Entonces, para su alivio, una voz llegó a través de la puerta abierta del compartimiento.

¿Fred? ¿George? ¿Estáis ahí?

Ya vamos, mamá.

Con una última mirada a Harry, los gemelos saltaron del vagón.

Harry se sentó al lado de la ventanilla. Desde allí, medio oculto, podía observar a la familia de pelirrojos en el andén y oír lo que decían.

-Entrenándose desde tan corta edad-anuncio dramáticamente Ron, como quien estuviera diciendo un poema Épico.

-En aquel sublime arte de chismorrear-continuo Ginny, con expresión de inspirada.

-El que no puede conocer privacidad-George emocionado abrazo a medias con dramatismo al pelirrojo menor.

-E…-Fred fue interrumpido mientras imitaba a su hermano pero con Ginny.

-Guarden silencio-amonesto la Matriarca Weasley, mirándolos con enfado y señalando la banca-Fred, George, a sus lugares; Los cuatro, no molesten a Harry-señalándolos a todos, termino sentándose en su lugar de nuevo, pues se levanto para que la tomaran en serio.

Harry, mientras tanto y como se está haciendo costumbre en su tímido ser, por que enseñar DCAO no puede con toda la que tiene en su enclenque ser, se sentía avergonzado y algo abochornado.

La madre acababa de sacar un pañuelo.

Ron, tienes algo en la nariz.

El menor de los varones trató de esquivarla, pero la madre lo sujetó y comenzó a frotarle la punta de la nariz.

Ron aguanto todo lo que pudo el sonrojo, pero las orejas se le coloraron y Hermione lo miro con cierta ternura, negando ligeramente con la cabeza.

Mamá, déjame —exclamó apartándose.

¿Ah, el pequeñito Ronnie tiene algo en su naricita? —dijo uno de los gemelos.

Cállate —dijo Ron.

¿Dónde está Percy? —preguntó la madre.

Ahí viene.

El mayor de los muchachos se acercaba a ellos. Ya se había puesto la ondulante túnica negra de Hogwarts, y Harry notó que tenía una insignia plateada en el pecho, con la letra P.

La familia se removió incomoda, algunos incluso algo molestos.

-Tan pomposo como toda su vida-rió Nina, relajándolos un poco y haciendo que la miraran curiosos.

No me puedo quedar mucho, mamá —dijo—. Estoy delante, los prefectos tenemos dos compartimientos...

Oh, ¿tú eres un prefecto, Percy? —Dijo uno de los gemelos, con aire de gran sorpresa—. Tendrías que habérnoslo dicho, no teníamos idea.

Espera, creo que recuerdo que nos dijo algo —dijo el otro gemelo—. Una vez...

O dos...

Un minuto...

Todo el verano...

Se oyeron risitas y el hermano Weasley implicado se sonrojo, mirándolos con disgusto.

Oh, callaos —dijo Percy, el prefecto.

Y de todos modos, ¿por qué Percy tiene túnica nueva? —dijo uno de los gemelos.

Porque él es un prefecto—dijo afectuosamente la madre

-¿Y Ron qué?-pregunto de la nada Nina-¿Por qué no el que es su primer año en Hogwarts? ¿No merece el también una túnica nueva?-la sala quedo en silencio, pero le valió madres y ordeno con la mirada a Colín que continuara antes de que le respondieran.

El chico le hizo caso de inmediato, intimidado, mientras la señora Weasley no podía decir ni pio en realidad, como si algo la hubiera golpeado entre los ojos, así como varios de la familia, que no procesaban aquello aun. Menos Ron, que juraría que le caía mal a la chica, aun que lo ocultara bastante bien.

. Muy bien, cariño, que tengas un buen año. Envíame una lechuza cuando llegues allá.

Besó a Percy en la mejilla y el muchacho se fue. Luego se volvió hacia los gemelos.

Ahora, vosotros dos... Este año os tenéis que portar bien. Si recibo una lechuza más diciéndome que habéis hecho... estallar un inodoro o...

¿Hacer estallar un inodoro? Nosotros nunca hemos hecho nada de eso.

Pero es una gran idea, mamá. Gracias.

Nadie podía decirles nada realmente, Molly había entrado en una especie de estado catatónico reflexivo.

No tiene gracia. Y cuidad de Ron.

No te preocupes, el pequeño Ronnie estará seguro con nosotros.

-Y seguro que estuvo-pensó Nina con humor.

Cállate —dijo otra vez Ron. Era casi tan alto como los gemelos y su nariz todavía estaba rosada, en donde su madre la había frotado.

Eh, mamá, ¿adivinas a quién acabamos de ver en el tren?

Harry se agachó rápidamente para que no lo descubrieran.

¿Os acordáis de ese muchacho de pelo negro que estaba cerca de nosotros, en la estación? ¿Sabéis quién es?

¿Quién?

¡Harry Potter!

Harry oyó la voz de la niña.

Mamá, ¿puedo subir al tren para verlo? ¡Oh, mamá, por favor...!

Ginny se sonrojo, pero no dijo nada, y los demás se cuidaron muy bien de no hacer un comentario al respecto tampoco, habían ganado un sano temor a la Weasley enfadada.

Ya lo has visto, Ginny y, además, el pobre chico no es algo para que lo mires como en el zoológico. ¿Es él realmente, Fred? ¿Cómo lo sabes?

Se lo pregunté. Vi su cicatriz. Está realmente allí... como iluminada.

Pobrecillo... No es raro que esté solo. Fue tan amable cuando me preguntó cómo llegar al andén...

Eso no importa. ¿Crees que él recuerda cómo era Quien-tú-sabes?

La madre, súbitamente, se puso muy seria.

Te prohíbo que le preguntes, Fred. No, no te atrevas. Como si necesitara que le recuerden algo así en su primer día de colegio.

Snape hizo su mejor imitación de cubo de hielo.

Y tanto Sirius como Remus miraron con gratitud a la mujer, mientras seguían escuchando.

Está bien, quédate tranquila.

Se oyó un silbido.

Daos prisa —dijo la madre, y los tres chicos subieron al tren. Se asomaron por la ventanilla para que los besara y la hermanita menor comenzó a llorar.

No llores, Ginny, vamos a enviarte muchas lechuzas.

Y un inodoro de Hogwarts.

Ginny pistoleo a los gemelos con los ojos, enfadadamente divertida. Los gemelos solo se encogieron de hombros y señalaron con la cabeza a Harry, con su mejor expresión de "El lo necesitaba más", pasando medianamente desapercibidos.

¡George!

Era una broma, mamá.

El tren comenzó a moverse. Harry vio a la madre de los muchachos agitando la mano y a la hermanita, mitad llorando, mitad riendo, corriendo para seguir al tren, hasta que éste comenzó a acelerar y entonces se quedó saludando.

Los amigos cercanos de la chica sonrieron suavemente, sin querer interrumpir o enfadarla por alguna extraña razón.

Harry observó a la madre y la hija hasta que desaparecieron, cuando el tren giró.

Las casas pasaban a toda velocidad por la ventanilla. Harry sintió una ola de excitación. No sabía lo que iba a pasar... pero sería mejor que lo que dejaba atrás.

Harry suspiro algo anhelante, recordando perfectamente esa sensación y cerrando los ojos, para hacer como que la estaba viviendo.

La puerta del compartimiento se abrió y entró el menor de los pelirrojos.

¿Hay alguien sentado ahí? —preguntó, señalando el asiento opuesto a Harry—.

Todos los demás vagones están llenos.

Harry negó con la cabeza y el muchacho se sentó. Lanzó una mirada a Harry y luego desvió la vista rápidamente hacia la ventanilla, como si no lo hubiera estado observando. Harry notó que todavía tenía una mancha negra en la nariz.

Eh, Ron.

Los gemelos habían vuelto.

Mira, nosotros nos vamos a la mitad del tren, porque Lee Jordan tiene una tarántula gigante y vamos a verla.

-¡Señor Jordan!-exclamo furiosa la profesora-¿Cómo pudo traer eso a la escuela?-Hagrid disimuladamente levantaba un pulgar en señal de semi apoyo y aprobación.

-Profesora, con todo respeto, puedo decir que por lo menos no la tuve todo el año conmigo, fue devuelta a donde vino-declaro con solemnidad Lee, omitiendo el hecho de que de "donde vino" él lo considera la naturaleza, y por "naturaleza" tiene de ejemplo el bosque prohibido, y por "devuelta" se escapo.

La profesora lo observo con ojos escrutadores. –Ya hablaremos luego Señor Jordan-advirtió la mujer, provocándole un escalofrió al implicado.

De acuerdo —murmuró Ron.

Harry —dijo el otro gemelo—, ¿te hemos dicho quiénes somos? Fred y George Weasley. Y él es Ron, nuestro hermano. Nos veremos después, entonces.

Hasta luego —dijeron Harry y Ron. Los gemelos salieron y cerraron la puerta.

¿Eres realmente Harry Potter? —dejó escapar Ron.

Harry asintió.

Oh... bien, pensé que podía ser una de las bromas de Fred y George —dijo

Ron—. ¿Y realmente te hiciste eso... ya sabes...?

Señaló la frente de Harry.

El silencio momentáneo después de eso era destinado para una regañada de la señora Weasley, pero tanto Molly como Arthur solo se miraban, como hablando entre ellos sin palabras. Era un poco incomodo para los hijos, y para los que estaban cerca y comprendían un poco la situación.

Harry se levantó el flequillo para enseñarle la luminosa cicatriz. Ron la miró con atención.

¿Así que eso es lo que Quien-tú-sabes...?

Sí —dijo Harry—, pero no puedo recordarlo.

¿Nada? —dijo Ron en tono anhelante.

-Ron-amonesto suavemente la Matriarca y por apenas, saliendo levemente de su ánimo anterior.

El aludido solo asintió aceptando culpa y arrepentimiento, aun que Harry lo codeo ligeramente y sonriéndole para que viera que no había ningún problema

Bueno... recuerdo una luz verde muy intensa, pero nada más.

Vaya —dijo Ron. Contempló a Harry durante unos instantes y luego, como si se diera cuenta de lo que estaba haciendo, con rapidez volvió a mirar por la ventanilla.

¿Sois una familia de magos? —preguntó Harry, ya que encontraba a Ron tan interesante como Ron lo encontraba a él.

Ron se sonrojo ligeramente y lo miro con curiosidad.

-Obvio es que en cualquier momento me salen del closet-declaro Ginny diplomáticamente, conmocionando a los aludidos y otros pocos, mientras los demás se reían.

Oh, sí, eso creo —respondió Ron—. Me parece que mamá tiene un primo segundo que es contable, pero nunca hablamos de él.

-Nuestro tío es un misterio, creo que Percy fue uno de los pocos que le llego a conocer de nosotros-murmuro George, como quien no quiere la cosa, mirando al aludido.

-No le gustaba la magia y menos las personas que pueden manejarla, apenas me tolero-respondió lacónicamente el aludido mientras Colín se apresuraba a leer para evitar que sus hermanos le dijeran algo al respecto.

Entonces ya debes de saber mucho sobre magia.

Era evidente que los Weasley eran una de esas antiguas familias de magos de las que había hablado el pálido muchacho del callejón Diagon.

-Eww, ¡No!-dijo Ron, con una expresión entre asco y algo de horror, aun que en realidad si que era asi, de alguna manera y aun que le pesara.

-Lo siento compañero-se disculpo sin culpa Harry.

Oí que te habías ido a vivir con muggles —dijo Ron—. ¿Cómo son?

Horribles... Bueno, no todos ellos. Mi tía, mi tío y mi primo sí lo son. Me hubiera gustado tener tres hermanos magos.

Dumbledore sonrió, como algunos otros, realmente contento, era algo espectacular que un niño como el supiera diferenciar asi a la gente, el que supiera que había gente buena y mala y no encasillarlos a todos. Era un alivio para el Director sinceramente, no que no lo supiera, pero oírlo asi, lo más parecido a directamente del chico, era una cosa.

Cinco —corrigió Ron. Por alguna razón parecía deprimido—. Soy el sexto en nuestra familia que va a asistir a Hogwarts. Podrías decir que tengo el listón muy alto. Bill y Charlie ya han terminado. Bill era delegado de clase y Charlie era capitán de quidditch. Ahora Percy es prefecto. Fred y George son muy revoltosos, pero a pesar de eso sacan muy buenas notas y todos los consideran muy divertidos. Todos esperan que me vaya tan bien como a los otros, pero si lo hago tampoco será gran cosa, porque ellos ya lo hicieron primero. Además, nunca tienes nada nuevo, con cinco hermanos. Me dieron la túnica vieja de Bill, la varita vieja de Charles y la vieja rata de Percy.

-¿Ronnie?-tartamudeo Molly, observándolo atónita, justo como el resto de la familia Weasley.

-No es el momento para hablar-logro decir el pelirrojo, apartando la mirada, pues no quería ver a ningún familiar suyo.

-¿Hablaremos después, cierto?-se atrevió a preguntar Percy, dejando ver su preocupación.

La familia entera se estremeció. De verdad tenían que hacerlo, muy seriamente.

-Así es-dijo Ginny finalmente-Al final del capítulo todos hablaremos, y no escaparas-.

Ron buscó en su chaqueta y sacó una gorda rata gris, que estaba dormida.

Se llama Scabbers y no sirve para nada, casi nunca se despierta. A Percy, papá le regaló una lechuza, porque lo hicieron prefecto, pero no podían comp... Quiero decir, por eso me dieron a Scabbers.

-De verdad no te quieren niño-se le escapo a Sirius antes de que pudiera pensarlo.

-¡Sirius!-lo regañaron las dos pelirrojas, Hermione, Tonks y Harry.

-Lo siento-murmuro avergonzado.

-Pero es que ni siquiera le compraron una varita-reclamo ofendida y aireada Natalie, apoyando a Sirius.

-¡Calla, Natalie!-la reprendió Owen, saltando sobre ella para callarla.

Pero fue demasiado tarde, un silencio profundo se instalo en el Gran Comedor, el cual Colín sintió tremenda incomodidad por quebrarlo y seguir leyendo, fingiendo que no paso nada en lo absoluto.

Las orejas de Ron enrojecieron. Parecía pensar que había hablado demasiado, porque otra vez miró por la ventanilla.

Harry no creía que hubiera nada malo en no poder comprar una lechuza. Después de todo, él nunca había tenido dinero en toda su vida, hasta un mes atrás, así que le contó a Ron que había tenido que llevar la ropa vieja de Dudley y que nunca le hacían regalos de cumpleaños. Eso pareció animar a Ron.

-Lo siento compañero-murmuro Ron con vergüenza.

Harry solo suspiro y le palmeo la espalda en señal de comprensión.

... y hasta que Hagrid me lo contó, yo no tenía idea de que era mago, ni sabía nada de mis padres o Voldemort...

Ron bufó.

¿Qué? —dijo Harry.

Has pronunciado el nombre de Quien-tú-sabes —dijo Ron, tan conmocionado como impresionado—. Yo creí que tú, entre todas las personas...

No estoy tratando de hacerme el valiente, ni nada por el estilo, al decir el nombre —dijo Harry

Snape y varios lo miraron incrédulos al respecto.

. Es que no sabía que no debía decirlo. ¿Ves lo que te decía? Tengo muchísimas cosas que aprender... Seguro —añadió, diciendo por primera vez en voz alta algo que últimamente lo preocupaba mucho—, seguro que seré el peor de la clase.

-Tan malo que das "repaso" de DCAO a otros-rio Hermione, Harry le sonrió y le paso un brazo por los hombros.

-Pero no tan malo como tu-respondió, compartiendo algo privado.

Ron y Ginny se incomodaron por eso, incluso la pelirroja se sintió algo molesta, pero lo dejaron correr. Ginny estaba trabajando en la superación, después de todo.

No será así. Hay mucha gente que viene de familias muggles y aprende muy deprisa.

-Como Hermione-dijeron esta vez tanto Ron como Harry.

La chica les sonrió a sus mejores amigos.

Mientras conversaban, el tren había pasado por campos llenos de vacas y ovejas. Se quedaron mirando un rato, en silencio, el paisaje.

A eso de las doce y media se produjo un alboroto en el pasillo, y una mujer de cara sonriente, con hoyuelos, se asomó y les dijo:

¿Queréis algo del carrito, guapos?

-Nunca la eh visto fuera del tren-murmuro alguien de la mesa de los leones.

-Vivirá en Hogsmade, seguramente-le respondieron con el típico tonito de que rodo los ojos.

Harry, que no había desayunado, se levantó de un salto, pero las orejas de Ron se pusieron otra vez coloradas y murmuró que había llevado bocadillos. Harry salió al pasillo.

Cuando vivía con los Dursley nunca había tenido dinero para comprarse golosinas y, puesto que tenía los bolsillos repletos de monedas de oro, plata y bronce, estaba listo para comprarse todas las barras de chocolate que pudiera llevar.

-Perfecto Harry, es una buena forma de gastar dinero-asintió Tonks, completamente de acuerdo, ganándose una mirada divertida de Sirius y Lupin, pero una reprobadora de varios mayores.

Pero la mujer no tenía Mars. En cambio, tenía Grageas Bertie Bott de Todos los Sabores, chicle, ranas de chocolate, empanada de calabaza, pasteles de caldero, varitas de regaliz y otra cantidad de cosas extrañas que Harry no había visto en su vida. Como no deseaba perderse nada, compró un poco de todo y pagó a la mujer once sickles de plata y siete knuts de bronce.

Alguien silbo en la audiencia.

Ron lo miraba asombrado, mientras Harry depositaba sus compras sobre un asiento vacío.

Tenías hambre, ¿verdad?

Muchísima —dijo Harry, dando un mordisco a una empanada de calabaza.

Ron había sacado un arrugado paquete, con cuatro bocadillos. Separó uno y dijo:

Mi madre siempre se olvida de que no me gusta la carne en conserva.

-Lo siento Ron-se disculpo su madre-podrías haberme dicho y te preparaba otra cosa-le regaño suavemente, pero el pelirrojo solo negó.

Te la cambio por uno de éstos —dijo Harry, alcanzándole un pastel—. Sírvete...

No te va a gustar, está seca —dijo Ron—. Ella no tiene mucho tiempo —añadió rápidamente—... Ya sabes, con nosotros cinco.

La Matriarca prefirió guardar silencio, después de todo, tampoco se recuperaba del 'ataque' de la pequeña Gryffindor, incluso aun estaba en una aguerrida lucha interna.

Vamos, sírvete un pastel —dijo Harry, que nunca había tenido nada que compartir o, en realidad, nadie con quien compartir nada. Era una agradable sensación, estar sentado allí con Ron, comiendo pasteles y dulces (los bocadillos habían quedado olvidados).

-Amistad forjada-anuncio Sirius, con cara seria y algo de pomposidad, ganando algunas sonrisas.

¿Qué son éstos? —preguntó Harry a Ron, cogiendo un envase de ranas de chocolate—. No son ranas de verdad, ¿no?—Comenzaba a sentir que nada podía sorprenderlo.

No —dijo Ron—. Pero mira qué cromo tiene. A mí me falta Agripa.

¿Qué?

Oh, por supuesto, no debes saber... Las ranas de chocolate llevan cromos, ya sabes, para coleccionar, de brujas y magos famosos. Yo tengo como quinientos, pero no consigo ni a Agripa ni a Ptolomeo.

Sirius silbo ante esto. –Yo las tenía todas-le dijo a Ron-y ahora que estoy fuera, me di cuenta de que había más, las estoy juntando, ¿Qué te parece si cambiamos las que nos falten por las que ya tenemos?-negocio el hombre.

-Me parece perfecto-respondió el pelirrojo, con un brillo divertido y emocionado en los ojos.

Harry desenvolvió su rana de chocolate y sacó el cromo. En él estaba impreso el rostro de un hombre. Llevaba gafas de media luna, tenía una nariz larga y encorvada, cabello plateado suelto, barba y bigotes. Debajo de la foto estaba el nombre: AlbusDumbledore.

¡Así que éste es Dumbledore! —dijo Harry.

¡No me digas que nunca has oído hablar de Dumbledore! —Dijo Ron—. ¿Puedo servirme una rana? Podría encontrar a Agripa... Gracias...

Se oyeron risitas.

Harry dio la vuelta a la tarjeta y leyó:

Albus Dumbledore, actualmente director de Hogwarts. Considerado por casi todo el mundo Como el más grande mago del tiempo presente, Dumbledore es particularmente famoso por derrotar al mago tenebroso Grindelwald en 1945, por el descubrimiento de las doce aplicaciones de la sangre de dragón, y por su trabajo en alquimia con su compañero Nicolás Flamel. El profesor Dumbledore es aficionado a la música de cámara y a los bolos.

-Tan cerca pero tan lejos… y nunca nos dimos cuenta-se rio Harry junto a sus amigos.

-Tanto tiempo desperdiciado-suspiro Ron.

Hermione solo se encogió de hombros e intento controlarse, era más divertido ahora que no estaban tan frustrados como en aquel entonces. El Trió de Oro se sonrió cómplice ante la mirada interrogativa del comedor.

Harry dio la vuelta otra vez al cromo y vio, para su asombro, que el rostro de Dumbledore había desaparecido.

¡Ya no está!

-Duh-se burlaron algunos.

Bueno, no iba a estar ahí todo el día —dijo Ron—. Ya volverá. Vaya, me ha salido otra vez Morgana y ya la tengo seis veces repetida... ¿No la quieres? Puedes empezar a coleccionarlos.

Los ojos de Ron se perdieron en las ranas de chocolate, que esperaban que las desenvolvieran.

Sírvete —dijo Harry—. Pero oye, en el mundo de los muggles la gente se queda en las fotos.

¿Eso hacen? Cómo, ¿no se mueven? —Ron estaba atónito—. ¡Qué raro!

Arthur y Ron se miraron sonriendo, mientras Molly negaba algo ofuscada.

Harry miró asombrado, mientras Dumbledore regresaba al cromo y le dedicaba una sonrisita. Ron estaba más interesado en comer las ranas de chocolate que en buscar magos y brujas famosos, pero Harry no podía apartar la vista de ellos. Muy pronto tuvo no sólo a Dumbledore y Morgana, sino también a Ramón Llull, al rey Salomón, Circe, Paracelso y Merlín. Hasta que finalmente apartó la vista de la druida Cliodna, que se rascaba la nariz, para abrir una bolsa de grageas de todos los sabores.

Tienes que tener cuidado con ésas —lo previno Ron—. Cuando dice «todos los sabores», es eso lo que quiere decir. Ya sabes, tienes todos los comunes, como chocolate, menta y naranja, pero también puedes encontrar espinacas, hígado y callos. George dice que una vez encontró una con sabor a duende.

-No digo que no confíes en ellos, pero no confíes en ellos-medio regaño Hermione, dejando de lado lo ilógico de su frase.

-Eran mis hermanos mayores-rebatió Ron, dejando al aire el ¿Por qué debería desconfiar de ellos?

Fred y George se removieron algo culpables, el asunto del que debían hablar seguía en sus mentes aun que pareciera lo contrario.

Ron eligió una verde, la observó con cuidado y mordió un pedacito.

Puaj... ¿Ves? Coles.

Pasaron un buen rato comiendo las grageas de todos los sabores. Harry encontró tostadas, coco, judías cocidas, fresa, curry, hierbas, café, sardinas y fue lo bastante valiente para morder la punta de una gris, que Ron no quiso tocar y resultó ser pimienta.

-Gryffindor hasta para cualquier chuche-negó Tonks, divertida.

En aquel momento, el paisaje que se veía por la ventanilla se hacía más agreste. Habían desaparecido los campos cultivados y aparecían bosques, ríos serpenteantes y colinas de color verde oscuro.

Se oyó un golpe en la puerta del compartimiento, y entró el muchacho de cara redonda que Harry había visto al pasar por el andén nueve y tres cuartos. Parecía muy afligido.

Perdón —dijo—. ¿Por casualidad no habréis visto un sapo?

Cuando los dos negaron con la cabeza, gimió.

¡La he perdido! ¡Se me escapa todo el tiempo!

Ya aparecerá —dijo Harry.

-Como siempre-agrego Seamus.

Sí —dijo el muchacho apesadumbrado—. Bueno, si la veis...

Se fue.

No sé por qué está tan triste —comentó Ron—. Si yo hubiera traído un sapo lo habría perdido lo más rápidamente posible. Aunque en realidad he traído a Scabbers, así que no puedo hablar.

Ron asintió de acuerdo consigo mismo, prefiriendo, de hecho, un sapo a la rata.

La rata seguía durmiendo en las rodillas de Ron.

Podría estar muerta y no notarías la diferencia

-Yo lo haría, claro que si-mascullo Sirius, con cara de asesino serial y espantando a todo aquel que lo vio..

dijo Ron con disgusto—. Ayer traté de volverla amarilla para hacerla más interesante, pero el hechizo no funcionó. Te lo voy a enseñar, mira...

Revolvió en su baúl y sacó una varita muy gastada. En algunas partes estaba astillada y, en la punta, brillaba algo blanco.

Los pelos de unicornio casi se salen. De todos modos...

Acababa de coger la varita cuando la puerta del compartimiento se abrió otra vez. Había regresado el chico del sapo, pero llevaba a una niña con él. La muchacha ya llevaba la túnica de Hogwarts.

¿Alguien ha visto un sapo? Neville perdió uno —dijo. Tenía voz de mandona, mucho pelo color castaño y los dientes de delante bastante largos.

Harry la miro disculpándose, retirando el brazo que aun tenia sobre sus hombros. Hermione solo suspiro y lo detuvo, recargándose en el.

-No te preocupes-le dijo al final.

Ron los miro algo molesto, pero también se disculpo por su actitud.

-Está bien, en serio, me basta con saber que ahora están arrepentidos-prometió ella, con la mano derecha en juramento solemne.

Ambos la miraron no muy seguro de ello y muchos que no los conocían tanto los miraron confundidos, ¿Qué no se habían llevado bien desde el inicio? Harry apretó su abrazo y Ron le sonrió incómodamente.

Ya le hemos dicho que no —dijo Ron, pero la niña no lo escuchaba. Estaba mirando la varita que tenía en la mano.

Oh, ¿estás haciendo magia? Entonces vamos a verlo.

Se sentó. Ron pareció desconcertado.

Eh... de acuerdo. —Se aclaró la garganta—. «Rayo de sol, margaritas, volved amarilla a esta tonta ratita.»

Varios se rieron de él y Ron se sonrojo hasta las orejas, los chistositos ganándose miradas fulminantes de sus mejores amigos y de su hermana.

Agitó la varita, pero no sucedió nada. Scabbers siguió durmiendo, tan gris como siempre.

¿Estás seguro de que es el hechizo apropiado? —preguntó la niña

Mientras Colín tomaba una gran bocanada de aire para leer lo que seguía, Hermione se sonrojo profundamente.

. Bueno, no es muy efectivo, ¿no? Yo probé unos pocos sencillos, sólo para practicar, y funcionaron. Nadie en mi familia es mago, fue toda una sorpresa cuando recibí mi carta, pero también estaba muy contenta, por supuesto, ya que ésta es la mejor escuela de magia, por lo que sé. Ya me he aprendido todos los libros de memoria, desde luego, espero que eso sea suficiente... Yo soy Hermione Granger. ¿Y vosotros quiénes sois?-Dijo todo aquello muy rápidamente.

El chico pensó que se moriría cuando volvió a tomar aire, algo mareado.

-Tienes buenos pulmones-alabo Tonks diplomáticamente, haciendo sonrojar a la chica hasta la coronilla del pelo.

Harry miró a Ron y se calmó al ver en su rostro aturdido que él tampoco se había aprendido todos los libros de memoria.

-Nadie se aprende todos los libros de memoria-señalo Terry Boot, escéptico.

-Hermione es un caso especial-respondió Luna distraídamente., con una leve sonrisa, sonrojando a la chica.

Yo soy Ron Weasley —murmuró Ron.

Harry Potter —dijo Harry.

¿Eres tú realmente? —dijo Hermione—. Lo sé todo sobre ti, por supuesto, conseguí unos pocos libros extra para prepararme más y tú figuras en Historia de lamagia moderna, Defensa contra las Artes Oscuras y Grandes eventos mágicos del sigloXX.

¿Estoy yo? —dijo Harry, sintiéndose mareado.

-Tienes cuentos y una estatua también-le reveló Neville, horrorizando al chico.

-Dime que estas bromeando-rogo él.

-No bromea-le respondió Lavander.

Harry casi se desmaya, para gracia-irritación de algunos.

Dios mío, no lo sabes. Yo en tu lugar habría buscado todo lo que pudiera —dijo Hermione—. ¿Sabéis a qué casa vais a ir? Estuve preguntando por ahí y espero estar en Gryffindor, parece la mejor de todas. Oí que Dumbledore estuvo allí, pero supongo que Ravenclaw no será tan mala... De todos modos, es mejor que sigamos buscando el sapo de Neville. Y vosotros dos deberíais cambiaros ya, vamos a llegar pronto.

Y se marchó, llevándose al chico sin sapo.

-Genial, ya tengo apodo-refunfuño Neville, sacándole una sonrisita a sus amigos.

Cualquiera que sea la casa que me toque, espero que ella no esté —dijo Ron.

A pesar de sus palabras, a la castaña le dolió y el chico se disculpo, siendo regañado por su madre respecto a los modales.

Arrojó su varita al baúl—. Qué hechizo más estúpido, me lo dijo George. Seguro que era falso.

-Yo, de verdad, completamente en serio, no sé qué haces haciéndole caso a tus hermanos-negó incrédula Nina, ruborizando a Ron, que agacho la cabeza apenado-Se que eres un tipo inteligente, no dejes que tu cariño te obnubile-dijo con "sabiduría" antes de que el pelirrojo tuviera la oportunidad de decir o pensar algo, provocando que la familia se removiera incómoda, y los gemelos algo culpables de nuevo.

¿En qué casa están tus hermanos? —preguntó Harry

Gryffindor —dijo Ron. Otra vez parecía deprimido—. Mamá y papá también estuvieron allí. No sé qué van a decir si yo no estoy.

-Nada que no sea felicitarte, hijo-respondió Arthur, a pesar de que eso ya había pasado.

No creo que Ravenclaw sea tan mala, pero imagina si me ponen en Slytherin.

-Tú no encajas allí, punto-respondió Nina antes de que hablara algún Slytherin antes y se metieran en problemas.

-Demasiado Gryffindor-agrego Daphne arrugando un poco la nariz.

¿Esa es la casa en la que Vol... Quiero decir Quien-tú-sabes... estaba?

Ajá —dijo Ron. Se echó hacia atrás en el asiento, con aspecto abrumado.

¿Sabes? Me parece que las puntas de los bigotes de Scabbers están un poco más claras —dijo Harry, tratando de apartar la mente de Ron del tema de las casas

Ambos amigos se sonrieron.

. Y, a propósito, ¿qué hacen ahora tus hermanos mayores?

Harry se preguntaba qué hacía un mago, una vez que terminaba el colegio.

Los mayores de edad sonrieron levemente, aun que aun había chicos y chicas menores que realmente querían saber. Muy pocos se habían informado y tantos otros habían decidido esperar hasta que se acercaran los TIMOS, cosa que profesores y personas consientes consideraban un craso error.

Charlie está en Rumania, estudiando dragones, y Bill está en África, ocupándose de asuntos para Gringotts —explicó Ron—. ¿Te enteraste de lo que pasó en Gringotts? Salió en El Profeta, pero no creo que las casas de los muggles lo reciban: trataron de robar en una cámara de alta seguridad.

Muchos recordaban aquello, claro, mientras los hermanos olvidaban momentáneamente sus humores y se irguieran orgullosos en su lugar, amando sus trabajos.

Harry se sorprendió.

¿De verdad? ¿Y qué les ha sucedido?

Nada, por eso son noticias tan importantes. No los han atrapado. Mi padre dice que tiene que haber un poderoso mago tenebroso para entrar en Gringotts, pero lo que es raro es que parece que no se llevaron nada. Por supuesto, todos se asustan cuando sucede algo así, ante la posibilidad de que Quien-tú-sabes esté detrás de ello.

-Pero no hacen nada al final en realidad, incluso lo empeoran todo-farfullo Harry, irritado, pero se sorprendió cuando, al buscar al objeto de su odio, esta no se encontraba por ningún lado, para sentirse incomodo con la facilidad con la que ignoro esto para prestarle atención a Fudge.

-¡Señor Potter!-le llamo Fudge, colérico-¿Se atreve usted a cuestionar los métodos del Ministerio? ¡Nosotros trabajamos arduamente por la seguridad del mundo mágico! ¡Esta ofensa puede ser gravemente castigada!-pareció desorientado durante una fracción de segundo antes de regresar al ataque-Sus acusaciones son…-pero Dumbledore lo interrumpió.

-Tan invalidas como las suyas, Ministro-replico el Director-Haga el favor de tomar asiento para continuar con la lectura antes de que tome cartas en el asunto, esta sigue siendo mi escuela y usted esta insultando a uno de mis estudiantes levantando falsos-ordeno él.

Fudge pareció encontrar un nuevo color en la gama de rojos cuando se dio cuenta de lo que quería decirle entre líneas, miro ofuscado alrededor, notando las miradas enfadadas de varios alumnos, centrándose en las filosas de los Slytherins y otros con conexiones y/o padres dentro del Ministerio. Se acababa de meter solito en el hoyo, si esos chicos querían algo de él en un futuro, lo obtendrían. Los adultos lo miraban también, de una forma indescifrable que le planto algo de temor. Aun tenia a los Aurores de su lado, pero solo por trabajo, lo sabía, pues en tan pocos capítulos ya había quedado mal.

-Que nadie se meta con la astucia de aquellos que viven en la carroñera social-señalo suavemente Nina, para sus amigos y ella.

Harry repasó las noticias en su cabeza. Había comenzado a sentir una punzada de miedo cada vez que mencionaban a Quien-tú-sabes.

Varios miraron a Harry, olvidando prontamente lo acontecido anteriormente, haciéndolo sentirse incomodo.

Suponía que aquello era una parte de entrar en el mundo mágico, pero era mucho más agradable poder decir «Voldemort» sin preocuparse.

-De alguna forma así es, pero deberías empezar a ser más cuidadoso con lo que vas soltando por ahí si es cierto lo que dices sobre quien-tu-sabes, Potter-advirtió Anthony Goldstein.

Harry iba a preguntar a que se refería, pero recibió una señal de "después" por su parte, así que el Gryffindor asintió, confundido. Severus, muy a su pesar, como algunos otros adultos y alumnos mayores (pocos menores) asintieron de acuerdo con lo dicho por el Ravenclaw.

¿Cuál es tu equipo de quidditch? —preguntó Ron.

Eh... no conozco ninguno —confesó Harry.

¿Cómo? —Ron pareció atónito—. Oh, ya verás, es el mejor juego del mundo... —Y se dedicó a explicarle todo sobre las cuatro pelotas y las posiciones de los siete jugadores, describiendo famosas jugadas que había visto con sus hermanos y la escoba que le gustaría comprar si tuviera el dinero.

Oliver Wood sonrió claramente satisfecho, asintiendo en reconocimiento a Ron, aprobando su proceder. Weasley se sonrojo hasta las orejas, pero sonrió algo pagado de sí mismo, para risa displicente de sus dos amigos.

Le estaba explicando los mejores puntos del juego, cuando otra vez se abrió la puerta del compartimiento, pero esta vez no era Neville, el chico sin sapo, ni Hermione Granger.

Entraron tres muchachos, y Harry reconoció de inmediato al del medio: era el chico pálido de la tienda de túnicas de Madame Malkin.

Sirius, Remus, Tonks y demás prestaron atención a esto especialmente, queriendo saber quien había sido ese chico tan molesto. Draco se sonrojo levemente y tanto Blaise como Astoria lo miraban como si fuera el Show estelar.

Miraba a Harry con mucho más interés que el que había demostrado en el callejón Diagon.

¿Es verdad? —preguntó—. Por todo el tren están diciendo que Harry Potter está en este compartimento. Así que eres tú, ¿no?

-Uno no le pensaría, en los libros todo lo pintan muy bonito-admitió Lavander, y Harry no supo si sentirse ofendido o no.

Sí —respondió Harry. Observó a los otros muchachos. Ambos eran corpulentos y parecían muy vulgares. Situados a ambos lados del chico pálido, parecían guardaespaldas.

Oh, éste es Crabbe y éste Goyle —dijo el muchacho pálido con despreocupación, al darse cuenta de que Harry los miraba—. Y mi nombre es Malfoy, Draco Malfoy

Miradas de "No me sorprende" y otras si con sorpresa recibió el heredero Malfoy, que desvió la mirada aparentando indiferencia, pero si hubo un par de Slytherins divirtiéndose de lo lindo a su costa, aun que disimuladamente.

Ron dejó escapar una débil tos, que podía estar ocultando una risita. Draco (dragón) Malfoy lo miró.

-¿Qué tiene de malo llamarse así, Weasley?-inquirió un Slytherin, que casualmente no dejaba ver su rostro por un libro, y Sirius, muy a su pesar, estuvo de acuerdo.

Después de todo, era tradición de su familia y era una de las únicas cosas a las que llego a tomarle gusto.

-Dejalo, dudo que lo entienda-corto Nina, instando a Colin a leer, sorprendiéndolos.

Ella solo se concentro de nuevo en la nueva cosa con la que había atraído su atención: Hacer una rosa de papel donde guardar dulces. No llevaba buena suerte y se estaba irritando.

Te parece que mi nombre es divertido, ¿no? No necesito preguntarte quién eres. Mi padre me dijo que todos los Weasley son pelirrojos, con pecas y más hijos que los que pueden mantener.

Algunos contuvieron la risa, pues en realidad sí que era algo gracioso, mientras que la familia Weasley se erguía enfadada.

Se volvió hacia Harry.

Muy pronto descubrirás que algunas familias de magos son mucho mejores que otras, Potter. No querrás hacerte amigo de los de la clase indebida. Yo puedo ayudarte en eso.

Extendió la mano, para estrechar la de Harry; pero Harry no la aceptó.

Mientras varios lo felicitarlo, algunos otros lo miraron con cierto grado de lastima, como queriendo decir "pobre imbécil". Todo claro, visto desde el lado político.

Creo que puedo darme cuenta solo de cuáles son los indebidos, gracias —dijo con frialdad.

Sirius le palmeo la espalda, contento, aun que algo preocupado, el estaba pensando algo parecido también, no por nada era un Black.

Draco Malfoy no se ruborizó, pero un tono rosado apareció en sus pálidas mejillas.

-Hasta yo sé, muchacho, que eso es un sonrojo-dijo uno de los aurores, un poco divertido, rindiéndose por fin al relajo.

Yo tendría cuidado, si fuera tú, Potter —dijo con calma—. A menos que seas un poco más amable, vas a ir por el mismo camino que tus padres. Ellos tampoco sabían lo que era bueno para ellos. Tú sigue con gentuza como los Weasley y ese Hagrid y terminarás como ellos.

Malfoy recibió muchas miradas enfadadas y sabiamente guardo silencio.

Harry y Ron se levantaron al mismo tiempo. El rostro de Ron estaba tan rojo como su pelo.

Repite eso —dijo.

Oh, vais a pelear con nosotros, ¿eh? —se burló Malfoy.

Si no os vais ahora mismo... —dijo Harry, con más valor que el que sentía, porque Crabbe y Goyle eran mucho más fuertes que él y Ron.

Tan Gryffindors, pensaron algunos, con orgullo, burla o cansancio dependiendo de la persona.

Pero nosotros no tenemos ganas de irnos, ¿no es cierto, muchachos? Nos hemos comido todo lo que llevábamos y vosotros parece que todavía tenéis algo.

Sorpresa, incluso ira, se dejo ver en muchos rostros, y Draco sintió temor cuando vio la de su padrino dirigido hacia él, sabiendo que ahora estaba en verdaderos problemas.

Goyle se inclinó para coger una rana de chocolate del lado de Ron. El pelirrojo saltó hacia él, pero antes de que pudiera tocar a Goyle, el muchacho dejó escapar un aullido terrible.

Scabbers, la rata, colgaba del dedo de Goyle, con los agudos dientes clavados profundamente en sus nudillos.

Hubo silbidos de aceptación de muchas personas, exceptuando de aquellas que sabían que era esa rata y se contentaban con la neutralidad.

Crabbe y Malfoy retrocedieron mientras Goyle agitaba la mano para desprenderse de la rata, gritando de dolor, hasta que, finalmente, Scabbers salió volando, chocó contra la ventanilla y los tres muchachos desaparecieron. Tal vez pensaron que había más ratas entre las golosinas, o quizás oyeron los pasos porque, un segundo más tarde, Hermione Granger volvió a entrar.

-Hola de nuevo-saludo Lee Jordan como si estuviera ahí también.

¿Qué ha pasado? —preguntó, mirando las golosinas tiradas por el suelo y a Ron que cogía a Scabbers por la cola.

Creo que se ha desmayado —dijo Ron a Harry. Miró más de cerca a la rata—. No, no puedo creerlo, ya se ha vuelto a dormir.

Y era así.

La gente bufo, entre divertida y exasperada.

¿Conocías ya a Malfoy?

Harry le explicó el encuentro en el callejón Diagon.

Oí hablar sobre su familia —dijo Ron en tono lúgubre—. Son algunos de los primeros que volvieron a nuestro lado después de que Quien-tú-sabes desapareció. Dijeron que los habían hechizado. Mi padre no se lo cree. Dice que el padre de Malfoy no necesita una excusa para pasarse al Lado Oscuro.

El señor Weasley, algunos Aurores y pocas personas más asintieron de acuerdo.

Se volvió hacia Hermione—. ¿Podemos ayudarte en algo?

-Señor Weasley-regaño la profesora McGonagall, sonrojando al chico, que murmuraba disculpas.

Mejor que os apresuréis y os cambiéis de ropa. Acabo de ir a la locomotora, le pregunté al conductor y me dijo que ya casi estamos llegando. No os estaríais peleando, ¿verdad? ¡Os vals a meter en líos antes de que lleguemos!

-Eso solo lo logramos nosotros-presumió Sirius, alzando la mano y llevándose la de Remus con él, para señalar a quienes se refería, sonrojando al ex profesor.

-¡Pero no te olvides! Hermione aparentemente si es adivina-corearon los gemelos, señalando al Trió Dorado, sonrojándolo.

Hermione más de molestia que otra cosa.

Scabbers se estuvo peleando, no nosotros —dijo Ron, mirándola con rostro severo—. ¿Te importaría salir para que nos cambiemos?

Muy bien... Vine aquí porque fuera están haciendo chiquilladas y corriendo por los pasillos —dijo Hermione en tono despectivo

Varios fruncieron el seño en disgusto, ganándose miradas fulminantes de Ron y Harry

. A propósito, ¿te has dado cuenta de que tienes sucia la nariz?

Muchos se soltaron a reír y el pobre Ron no pudo más que inclinarse en su asiento, completamente sonrojado.

Ron le lanzó una mirada de furia mientras ella salía. Harry miró por la ventanilla. Estaba oscureciendo. Podía ver montañas y bosques, bajo un cielo de un profundo color púrpura. El tren parecía aminorar la marcha.

Él y Ron se quitaron las camisas y se pusieron las largas túnicas negras. La de Ron era un poco corta para él, y se le podían ver los pantalones de gimnasia.

-Eres exageradamente alto-refunfuño Harry, para evitarle incomodidad a su amigo.

-Oh no Potter, no me eches la culpa, tu eres un enano-dijo Ron, divertido.

-Pero sí que eres alto-interrumpió Luna, para que la lectura siguiera.

Una voz retumbó en el tren.

Llegaremos a Hogwarts dentro de cinco minutos. Por favor, dejen su equipaje en el tren, se lo llevarán por separado al colegio.

El estómago de Harry se retorcía de nervios y Ron, podía verlo, estaba pálido debajo de sus pecas.

Recibieron palmaditas en la espalda y miradas comprensivas.

Llenaron sus bolsillos con lo que quedaba de las golosinas y se reunieron con el resto del grupo que llenaba los pasillos.

-Con Ron ahí me sorprende que te quedaran-comento Ginny.

El tren aminoró la marcha, hasta que finalmente se detuvo. Todos se empujaban para salir al pequeño y oscuro andén. Harry se estremeció bajo el frío aire de la noche. Entonces apareció una lámpara moviéndose sobre las cabezas de los alumnos, y Harry oyó una voz conocida:

¡Primer año! ¡Los de primer año por aquí! ¿Todo bien por ahí, Harry?

La gran cara peluda de Hagrid rebosaba alegría sobre el mar de cabezas.

La mayoría de los chicos sonrieron avergonzados, pues viéndolo desde la perspectiva de Harry el semi gigante era muy agradable, y ellos le habían temido al principio.

Venid, seguidme... ¿Hay más de primer año? Mirad bien dónde pisáis. ¡Los de primer año, seguidme!

Resbalando y a tientas, siguieron a Hagrid por lo que parecía un estrecho sendero. Estaba tan oscuro que Harry pensó que debía de haber árboles muy tupidos a ambos lados. Nadie hablaba mucho. Neville, el chico que había perdido su sapo, lloriqueaba de vez en cuando.

Neville se sonrojo de nuevo y pensó seriamente en conseguirse una bolsa de hielos para apagarlo, a este paso su cara seria un huevo cocido. Como la de Ron, pensó al mirarlo de reojo.

En un segundo, tendréis la primera visión de Hogwarts —exclamó Hagrid por encima del hombro—, justo al doblar esta curva.

Se produjo un fuerte ¡ooooooh!

El sendero estrecho se abría súbitamente al borde de un gran lago negro. En la punta de una alta montaña, al otro lado, con sus ventanas brillando bajo el cielo estrellado, había un impresionante castillo con muchas torres y torrecillas.

La gente suspiro, sonrió, se alegro… ¡Era Hogwarts señores! Pobres mortales serán aquellos que nunca puedan siquiera verlo…

¡No más de cuatro por bote! —gritó Hagrid, señalando a una flota de botecitos alineados en el agua, al lado de la orilla. Harry y Ron subieron a uno, seguidos por

Neville y Hermione.

¿Todos habéis subido? —continuó Hagrid, que tenía un bote para él solo—. ¡Venga! ¡ADELANTE!

Y la pequeña flota de botes se movió al mismo tiempo, deslizándose por el lago, que era tan liso como el cristal. Todos estaban en silencio, contemplando el gran castillo que se elevaba sobre sus cabezas mientras se acercaban cada vez más al risco donde se erigía.

Algunos suspiraron, recordando la primera vez que lo vieron. El asombro, la emoción, los nervios, el impacto. La primera impresión jamás se olvida.

¡Bajad las cabezas! —exclamó Hagrid, mientras los primeros botes alcanzaban el peñasco. Todos agacharon la cabeza y los botecitos los llevaron a través de una cortina de hiedra, que escondía una ancha abertura en la parte delantera del peñasco. Fueron por un túnel oscuro que parecía conducirlos justo por debajo del castillo, hasta que llegaron a una especie de muelle subterráneo, donde treparon por entre las rocas y los guijarros.

Algunos hicieron muecas, tanto recordando lo molesto que era aquello como que no era algo seguro para los niños.

¡Eh, tú, el de allí! ¿Es éste tu sapo? —dijo Hagrid, mientras vigilaba los botes y la gente que bajaba de ellos.

¡Trevor! —gritó Neville, muy contento, extendiendo las manos. Luego subieron por un pasadizo en la roca, detrás de la lámpara de Hagrid, saliendo finalmente a un césped suave y húmedo, a la sombra del castillo.

Subieron por unos escalones de piedra y se reunieron ante la gran puerta de roble.

¿Estáis todos aquí? Tú, ¿todavía tienes tu sapo?

Se escucharon risitas de los amigos de Nevill, sonrojándolo.

Hagrid levantó un gigantesco puño y llamó tres veces a la puerta del castillo.

-Fin del capítulo-anuncio Colín.

-Esto es taaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaannnnnnnnnn intenso-dramatizo Nina-¡Se vienen las elecciones!-esto solo lo entendieron Harry y Dumbledore y los demás tuvieron que dejarlo pasar porque sabían que no les dirían nada.

Hermione y Ron compartieron miradas confusas, sabiendo a quien le decía pero no el por qué.

-Bien, se me antoja leer-informo Nina muy campante-juasjuas, el capitulo se llama: El Sombrero Seleccionador… Chan chAN CHAAAANNNN-dijo ella, haciendo una cara rara que pretendía mostrar lo intenso, ganándose miradas de "¿y a esta que le pasa?", pero Dumbledore interrumpió.

-Me parece que sería correcto tomar un descanso, esto será algo largo y me parece que sería mejor de lado las formalidades-sonrió el Director-pueden ir a cambiarse los uniformes, estirar un poco o hablar mientras arreglo el Gran Comedor para hacerlo más reconfortante mientras leemos-los alumnos festejaron y se levantaron rápidamente, regresando a la 'Mansion' para cambiarse,

Nina, habiendo captado, detuvo a la familia Weasley para guiarlos hasta una habitación que estaba detrás de las escaleras y ella llamaba "El Estudio Secreto" para que hablaran entre ellos, antes de correr al baño.

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Voy a morirme, en serio. No vuelvo a dármelas de chulita de que actualizare todo bien rápido y asa. No es de manos flojas habituales esforzarse tanto xD Estoy sorprendida de mi misma, esto es rápido para mis estándares habituales. Algunos se habrán dado cuenta que edite partes del capítulo anterior sin avisar de ello, otros no estarán para escucharme refunfuñar acerca de que debería centrarme en una cosa y no irme por las ramas.

¡Estoy trabajando en esto! ¡YEIII! Palmaditas en la espalda para mí, que me estoy aplicando para traerles esto con amor, y para no fallarle a xXm3ch3Xx y a ningún otro. Ando de buen humor, pues otra historia que estoy haciendo y comencé a subir en Wattpad por los ayeres del 14 de febrero o algo así, esto me da energías para continuar este fic, que las necesito a veces.

¡Reviews! Alimento de mi floja constancia, pero que permite a mi alma tener determinación para seguirle:

VivianaESosa: Todo tiene una razón, creo xD A mí tampoco me gusta con la Weasley, pero ya verás por que la quiero, esas cosas de relaciones sociales-amorosas no son mi fuerte y voy de poco a poquito uvu

phoenix1993: Actualice gracias a Yisus pues!

DawnDream9435: Todo está en mi cabeza, no te preocupes, la cosa esta sacarlo hacia afuera y mostrarlo sin que parezca vomito o una bola de pelos de gato.

xXm3ch3Xx: Perderá su confianza le diga o se entere solo, ya vimos el libro 7 supongo, y todos sabemos que nadie puede hacer quedar totalmente bien a Dumbledore bajo ningún aspecto en nada. Siento tardarme tanto, soy un asco en constancia, pero estoy trabajando en ello. Creo que ya has visto que edite algunas partes del capítulo anterior, ¿Eso te deja un poquito menos en suspenso o tengo que apresurarme más? La verdad, es que siempre e sentido que nunca logro dejar en suspenso nada, ¿Sera por que las continuaciones las escribo casi inmediatamente a la mitad o algo así? O por que dejo spoiler tamaño jupiter en cada respuesta de comentario.

The hazel-eyed bookworm: Ya respondí eso Hazel, ¿Estas enfadada conmigo Vale? No seas asi, sabes que te jamo :c ya esta, buscare una manera diferente pueh…

lavida134: No creo que mis nietos lo terminaran, seguro me mandarían al cuerno por qué no me quiere ni mi caracol mascota y no creo que eso cambia con los años :v Estoy trabajando en eso, prometo que por lo meno capítulos este año, así me tenga que clavar más de 6 veces un tenedor en la mano.

Jane Malfoy: Yo amo el Dramione, pero no se, las parejas en realidad no están fijas a pesar de lo que parece… ¡Momento de propaganda sin motivo de lucro o algo asi! ¿Te has leído Sewet, Swet Granger? Yo amo esa historia y la comencé a seguir en Wattpad, iniciando primero aquí en fanfiction (es que me gano la curiosidad de saber que seguía y pueh…)

Guest: Tus lagrimas me hacen sentir bien, soy una mujer cruel, mejor dame razones para no juntarlos, una razón tan buena como las que tengo yo para repudiar a la pareja tanto como tu (no bromeo). ¿Pero te hará sentir bien que solo los quiero "juntos" sin estarlo por sus hijos? ¿En especial Albus S.? Aun que, repito, ya no estoy segura de nada, jajajaja, asi que seguramente te este choreando con esto ;3

mimi: Creo que te amo y ni siquiera te conozco o tienes cuenta aquí en fanfiction. ¡Me pides Drarry! Es como mi regalo de San Valentin sin ser para tanto. Pero no, no lo haré, creo, ¡No estoy segura! Mi bebe crece solo, como madre no puedo obligarlo a hacer nada(¿?).