Capítulo 7: Castillo de la ilusión (tercera parte)

Eris seguía sentada, recostada a la puerta después de haber huido del monstruo. Estaba un rato descansado hasta que decidía continuar para salir de ese horrible lugar. Así que se levantaba lentamente, agarraba la espada del suelo con la garra de águila y sujetaba la linterna con su cola para que alumbrara al frente. Miraba alrededor y observaba muchas puertas haciendo que suspirara resignada.

—Bueno, ya que. Si quiero salir, tendré que ver cada puerta de este lugar— decía la draconequus empezando a caminar por el pasillo y empezaba a revisar cada puerta del lugar. La susodicha solo veía habitaciones con las paredes despintadas, unas camillas ensangrentadas hasta mesas tiradas por el suelo. Ella no encontraba nada en las habitaciones.

Estuvo un rato caminando por el lugar hasta que gritaba furiosa.

— ¡Ya basta! Ya me cansé de buscar cada estúpida habitación para no encontrar nada de nada. Solo seguiré por el pasillo hasta que vea una puerta grande y que llame mucha la atención o yo que sé— suspiraba frustrada —A todo esto ¿Cuántas horas llevo en esta ilusión? Espero que no haya pasado un día, porque si no, si esta ilusión no me mata, mi amiga lo hace— sonreía con melancolía —… A veces, me pregunto si las cosas serían diferente si les hubiera dicho a los portadores o a Solaris, o a mi amiga…— suspiraba deprimida —Mi amiga tiene razón. Por lo visto, este es el pago por las bromas que hice… creo que debí parar… aún recuerdo esa conversación que tuvimos hace poco, antes que pasara toda esta locura— comentaba con tristeza recordando ese momento con su única amiga.

Flashback

En un parque, bajo la sombra de un árbol. Se encontraba Eris recostada en el árbol leyendo una revista junto a una pegaso azul oscuro con unos ojos rojos, su crin era negra con una línea roja y tenía una cola de caballo junto con una flor roja en la crin. Cola negra con una línea roja. Tenía puesta una cazadora negra y su cutie mark era una cometa con destello azul. Estaba también leyendo una revista con una pata trasera cruzada.

Las dos estaban en silencio, sin despegar la mirada de la revista.

— ¿Sabes algo Venus? Ya estoy aburrida— decía la draconequus despegando la mirada de la revista — ¿Quieres hacer bromas conmigo como mi compañera de bromas? Je, je— preguntaba con una sonrisa maliciosa.

—No— comentó de forma cortante sin despegar la mirada de la revista.

—Oh vamos, Venus ¿Por qué no?— preguntaba con ojos de cachorritos.

—Porque no. No quiero que me sigan regañando por ser tu cómplice— mencionaba Venus con seriedad, pero sin mirarla.

— ¿En serio, Venus? Cuando te conocí, eras más atrevida. Je, je— daba una risita la diosa del caos de forma burlona.

—No me compares con el idiota de Rainbow Blitz— decía la pegaso con desprecio.

—Aun sigues enojada con él ¿verdad?— miraba a su amiga con una ceja alzada.

—Pues claro ¿Cómo no puedo seguir enojada con ese imbécil? Se quiso propasarse conmigo y hasta me dio una nalgada el pervertido ese— comentaba la yegua con una voz furiosa.

—Oh. Ya veo, pero ¿Qué pasó con él en ese día?— preguntaba Eris curiosa.

—Lo envié directo al hospital, con muchos huesos rotos y quemaduras— decía Venus cerrando la revista y miraba a otro lado un poco sonrojada.

— ¿En serio? Ooooohhhh. Quería ver eso. Je, je, je. Bueno, Venus ¿vienes o no?— preguntaba de nuevo la draconequus. La pegaso la miraba fijamente y suspiraba cansada.

—Eris, escúchame. Cuando nos conocimos, hicimos unas buenas y épicas bromas— decía la yegua con melancolía —Pero por ahora, no quiero causar molestias y no quiero que mi hermano me esté sermoneando— agregaba rodando sus ojos con fastidio.

—Sí, sí, lo sé. Bueno, si no quieres venir, entonces me divertiré yo sola— decía la aludida molesta.

—Eris, escúchame un momento. Yo soy tu amiga y te quiero. Así que por favor, deja de hacer bromas por lo menos un tiempo, tu obsesión con las bromas se está saliendo de control un poco ¿sabes?— comentaba Venus tomando la garra de su amiga para que comprenda lo que estaba diciendo.

—Ay. Por favor, no creo que haya salido tanto de control— mencionaba Eris apartando el casco de su garra y suspiraba frustrada.

— ¿Recuerdas la inundación con burbujas en Ponyville?— preguntaba la pegaso con seriedad.

—Je, je. Sí. Me acuerdo. Debías ver sus caras. Je, je— se reía con burla.

—Eris, es en serio. Debes dejar de hacer bromas de mal gusto, porque no es divertido si hieres a alguien— regañaba la yegua a la draconequus. La diosa del caos rodaba sus ojos fastidiada.

—Vamos de nuevo con ésta conversación. Pareces mi madre— decía con fastidio.

—Eris, por favor. Esto no es para tomártelo a risa, tú debes pensar más en los demás y no en ti misma— decía Venus haciéndola comprender la situación.

—Sí, sí, ya lo sé, pero ¿Qué esperabas? Soy la diosa del caos y lo mío son las bromas— comentaba Eris haciendo aparecer un vaso con chocolate en su garra para tomárselo.

—Amiga, escúchame. Si sigues con las bromas, te pasara algo que te arrepentirás. Tal vez hoy no, ni mañana, pero algún día tendrás que pensar y que hacer como si tu vida dependiera de ello— mencionaba la pegaso.

—Ay. Por favor. No va a pasar nada malo. Tu tranquila y yo nerviosa ¿sí? Confía en mí— decía la draconequus con una sonrisa de confianza y abrazaba a la yegua del cuello con un brazo.

—... Eris, yo no voy a estar tranquila, aunque digas eso. Yo… … no puedo confiar en ti— comentó Venus algo deprimida. Al escuchar eso, la diosa del caos se sorprendía por lo que dijo y alejaba su brazo para mirarla con sorpresa.

— ¿Q-qué? Pero somos amigas, compañeras, compinches, comadres. N-no puedes estar hablando en serio— decía Eris sin poder creer que su amiga no confía en ella.

—Lo siento, pero es que…— la pegaso intentaba buscar las palabras adecuadas, pero no le salían. La draconequus tomaba eso indignada y se enojaba.

—Tu silencio lo dice todo, ex amiga. Pues si así son las cosas, ok. Pues me divertiré sola y-y…— la susodicha no sabía que más decir —... Adiós— chasqueaba su garra y desaparecía del lugar.

—…— Venus solo bajaba la mirada y solo se recostaba en el árbol de espalda. Suspiraba deprimida —... Espero que Eris no haga una locura como siempre...— estaba preocupada por su amiga.

Fin del flashback

Unas lágrimas empezaba a rodar por las mejillas de Eris.

—… Soy una tonta… debí hacerte caso… y mira lo que pasó… … Lo siento mucho… espero que puedas perdonarme…— sollozaba la draconequus —…Debí decirles a todos y no lanzarme a lo pendeja por ahí— se secaba sus lágrimas con una garra —Bueno, por ahora, tengo que pensar en salir de este lugar y por supuesto de esta ilusión para poder disculparme con Venus— se deprimía para luego reemplazar su expresión por una de determinación, aunque un poco temerosa por el lugar. La susodicha empezaba a caminar nuevamente con la linterna alumbrando los pasillos. Tenía la espada en alto por si acaso, pero en eso, escuchaba un ruido detrás de ella haciendo que se sobresaltara. Se volteaba con rapidez y veía en el suelo, un cuerpo de un poni —Espero que no se levante de repente, sería lo único que me falta para que me fastidie en este lugar— se acercaba lentamente al cuerpo con la guardia en alto. Cuando llegaba a dicho cuerpo, observaba un escrito en su estómago que decía.

NO MIRES ARRIBA

— ¿No mires arriba?— se preguntaba extrañada y con miedo. Quería alzar la mirada, pero agarraba su cabeza con sus garras para que baje la vista — ¿Qué haces con tu vida, Eris? Si te dicen que no mires arriba, no mires. No quiero que me pase lo mismo que ese baño que vi casi al principio— sin mirar para arriba, se volteaba para reanudar su caminata, aunque tenía mucha curiosidad para saber qué era lo que no debía mirar, pero se resistió mientras se alejaba del cuerpo. Cuando cruzaba un pasillo, se escuchaba un ruido de donde la draconequus venía haciendo que se paralizara de miedo. Con la espada en alto, se volteaba y se acercaba lentamente poniéndose en la esquina. Asomaba la cabeza un poco para ver que el cuerpo que estaba en el suelo, desapareció. Solo había un charco de sangre. La aludida extrañada y con temor, se volteaba y seguía caminando por el pasillo ignorando eso. Llegaba a una puerta doble. La abría lentamente y alumbraba con la linterna, el interior para ver lo que había. Observaba muchas camillas y encima de dichas camillas, estaban unos cuerpos de ponis, grifos, minotauros y entre otros.

—Oh genial. Ahora estoy en una morgue— decía Eris fastidiada. Entraba al lugar y cerraba la puerta detrás de ella. Empezaba a caminar entre las camillas mirando alrededor, pero lo único que veía, eran cuerpos destripados, descuartizados, decapitados, entre otras atrocidades. La draconequus le daba nauseas, aunque hubo un cuerpo que le llamaba la atención ya que estaba completo como si estuviera vivo. Se acercaba al cuerpo y cuando se ponía a un lado de la camilla, observaba que tenía un escrito en el estómago.

LLAVE

— ¿Es en serio? ¿Tengo que hacer esa asquerosidad?— se preguntaba con asco —Creo que vomitaré…— miraba a los lados —…No hay un objeto para cortar el estómago— veía su espada un momento —Bueno, será horrible lo que haré.

Elevaba la espada en dirección al estómago hasta que estaba arriba y se lo clavaba. Empezaba a abrir el estómago y cuando lo abría, se aguantaba la respiración para no vomitar por el olor que estaba produciendo el lugar. Sacaba la espada y miraba la cortada que hizo, alzaba su garra vendada y lo metía dentro del estómago. Empezaba a buscar con su garra y resistía las ganas de vomitar. Estuvo unos segundos hasta que sentía algo con su garra, lo tomaba y sacaba su brazo.

La garra estaba cubierta de sangre igual que la llave con una etiqueta que la tenía apretada con su garra para que no cayera. Antes de que mirara la etiqueta, decidía salir de esa habitación corriendo hacia la puerta para abrirla y la cerraba detrás suyo de un portazo.

La susodicha respiraba profundamente, aunque el olor estaba en el ambiente, pero un poco menos. Miraba la llave que obtuvo.

—Iiiiiuuuuhhhh. Qué asco. Cuando salga de aquí, me bañaré y me lavaré las garras como cincuenta veces— decía asqueada. Miraba fijamente la etiqueta con la linterna alumbrándola para verlo mejor —Salón del trono… ¡Espera un minuto! ¿¡Salón del trono!? ¡Oh siiii! Por fin ya estoy tan cerca de la libertad— agregaba Eris saltando emocionada, pero después paraba de saltar —Bueno, primero lo primero, tengo que encontrar la puerta antes de celebrar— guardaba la llave en su cabello —… Creo que me lavaré el cabello mucho— dicho eso, empezaba a caminar, pero luego de que caminara un par de metros por un pasillo, escuchaba un ruido pesado atrás haciendo que se sobresaltara del susto. Se volteaba lentamente y lo que veía la dejaba pálida. Era el monstruo que la había perseguido antes, estaba mirando fijamente a la draconequus con sus ojos rojos.

—GROOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAARRRRRRRR— daba un fuerte rugido la criatura en toda la cara de la aludida. Sentía la saliva rozando sus mejillas.

—… Je, je. Je. Creo que deberías cepillarte los dientes— el monstruo le rugía nuevamente —… Emmmm ¿Sabes qué? Empecemos con esto— decía Eris volteándose rápidamente para empezar a correr por el pasillo siendo perseguida por el monstruo mutante.

La draconequus corría sin parar por el pasillo hasta que veía a lo lejos tres bifurcaciones. Iba a seguir derecho, pero miró que estaban los mismos juguetes terroríficos bloqueando el pasillo. Observaba el pasillo de la izquierda y también había juguetes bloqueándolo. Así que el camino que le quedaba era la derecha y miraba que ese pasillo no estaba bloqueado. Sin más, cruzaba a la derecha y corría lo más rápido que podía, porque sentía a la criatura soplándole la nuca. Seguía corriendo hasta que veía una puerta en el pasillo, pero no se detenía para nada ya que corrió hacia la puerta para abrirla de un portazo usando su hombro y continuaba corriendo por un pasillo ensangrentado. La diosa del caos se sentía cada vez más cansada, pero en eso, observaba una puerta al final del pasillo, corría a toda velocidad para abrir la puerta de golpe con su hombro nuevamente, se quejaba un poco de dolor por esa acción.

Cuando entraba, se quedaba sorprendida al ver en donde estaba, era un pasillo donde se mostraba unos vitrales a los lados y se veía una tormenta afuera, pero ella corría por el pasillo sin detenerse, aun siendo seguida por el monstruo.

—Un… poco… más— decía la susodicha con dificultad. Se encontraba cansada de haber corrido mucho, pero no se rendía. Miraba la gran puerta que estaba en el fondo y cada vez se acercaba. Iba a llegar, pero de repente, la criatura daba un gran salto que llegaba al techo. La draconequus notaba una sombra en el suelo y se veía que se agrandaba cada vez más, miraba arriba lentamente para ver como el monstruo iba hacia ella. Así que rápidamente saltaba a un lado esquivando el aplaston que iba a darle, pero cuando la criatura tocó el suelo, hacía que se agrietara todo el pasillo hasta que se venía todo abajo. Eris corría como podía, intentaba no caer abajo junto con el monstruo, pero una de sus patas sentía que no pisaba nada y caía de espalda al gran hueco que dejó la criatura.

—AAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH— daba un grito de miedo la diosa del caos mientras se perdía en la oscuridad.

Continuará.