DISCLAIMER-
Ninguno de estos personajes es mío. Todo está basado en los libros de la maravillosa Stephenie Meyer. ¡Así que no me denunciéis!
Sin llegar a darse cuenta, dio con la solución al problema, y era sencilla. Incluso admitía un plan B. Lo único que tenía que hacer era ser cuidadoso, y saber jugar sus cartas. Y todo terminaría entonces.
Se dejó arrastrar por las calles, del mismo modo que había hecho unos segundos antes con su razonamiento. Llegó a la escalera exterior del edificio de Bella, y ascendió por ellas. Utilizó más su habilidad que su fuerza, para abrirse paso ante las puertas cerradas. La del portal y la del apartamento.
Era temprano aún, y aquello era lo que necesitaba. Seguramente Jake ya estaría dando vueltas, inquieto, advertido en sueños por su presencia. En un primer momento, pensó en esperarle en el comedor, pero finalmente optó por entrar en la habitación, en la que yacía junto con Bella. Con una Bella tan hermosa, que no había podido evitar la tentación de querer contemplarla de nuevo, pese a los riesgos que ello entrañaba.
No tuvo que adentrarse del todo, porque Jake ya tenía los ojos abiertos y las manos crispadas, cuando entró. Se levantó sin hacer ruido ni desequilibrar a Bella. Se acercó a él, con su furia encerrada en una caja. Edward confiaba en la debilidad del material, como único desenlace posible.
Alcanzaron el salón, sin cruzar una palabra. Los pensamientos de Jake no eran agradables, y eso aumentaba la confianza de Edward.
-Creo que te dejé claro la última vez…
-El "fuera" fue muy explícito, gracias…
-Entonces no entiendo qué haces aquí.
-Necesitaba hablar contigo. Más bien quería pedirte algo.
-No voy a alejarme de ella.
-No. No pretendo que cometas mi mismo error.
Un silencio sonó entre ambos, y sus miradas.
-Necesito que me mates. Quiero que esto termine, porque no puedo soportarlo un minuto más. Bella…es más de lo que mi conciencia puede aguantar. Mi dolor está bien, pero el suyo no me es soportable. No sé qué hago contándote esto.
-No sé qué pretendes…No vas a darme pena. No voy caer en ninguna de las trampas que tu retorcido…
-No lo entiendes. No hay dobleces en lo que te estoy pidiendo. Ni segundas intenciones. Si quieres hacerlo por ti, también hay razones, porque sé que lo deseas…
Jacob se sentía algo más que confuso. Porque aquel ser estaba pidiéndole que le matara. Porque podía acabar con su existencia en un segundo. Su orgullo se henchía de modo inconsciente, al saberse vencedor. Su sangra corría más y más deprisa y si continuaba liberaría de él todo lo que no podía controlar. Entonces todo se precipitaría, y terminaría matando a aquel estúpido y suicida espécimen de vampiro, mientras su único pensamiento sería, "No hay nada de malo en esto. Es lo que él quiere".
Quizá la adrenalina pudiera mantenerle feliz y triunfante sobre él durante unos minutos más. Pero después empezaría a darse cuenta, de todo lo que ello conllevaba. Entre otras torturas para su alma, se le ocurrió que nunca podría volver a mirar a Bella. Nunca sus ojos podrían volver a jugar sinceros con los de ella. Aunque no se enterara de que había matado al amor de su vida, Jake no podría dejar de considerarlo una gravísima traición. Además, la muerte de aquel vampiro, no solucionaba nada, porque Bella seguiría sintiéndose perdida y su corazón continuaría roto.
Le costó varios minutos reconocer que en realidad, ni si quiera podía hacerlo. Y menos con Bella dormida en la habitación de al lado. Finalmente, contestó con aspereza.
-No.
-Entiendo que no quieras ayudarme, pero es lo mejor para todos.
-No puedo ayudarte, por mucho que lo desee.-el contrasentido era como poco, irónico.
Edward se sintió decepcionado. Había hecho crecer en su interior la esperanza de que sólo tendría que caminar unas horas más sobre aquel mundo. La negativa de Jake empeoraba sus posibilidades, aunque no acababa con ellas. Sencillamente cogería un avión a Italia cuando consiguiera suficiente dinero.
Jake le miraba, intentando no cambiar de opinión por explosiones de satisfacción o ira.
-No importa. Supongo que puedo conseguirlo por otros medios.
Jacob no supo a qué se refería, ya que aunque estaba inmerso en todo el ambiente legendario, su conocimiento acerca de los vampiros era bastante parcial. Matarlos parecía suficiente materia.
El estado de ánimo de Edward, no mermaba sus capacidades ni por un instante. Puede que no fuera consciente ya de su propia existencia, y que deseara acabar con ella, pero aún podía darse cuenta de la presencia del diario que había abandonado sobre la mesa, hacía unas noches.
Se acercó y lo tomó entre sus dedos. Le quedaba un largo viaje hasta Volterra, y mucho tiempo hasta poder emprenderlo, pero releer aquel material mejoraba mucho la situación. Dulcificaba su muerte hasta límites insospechados. Quizá la próxima vez que lo leyera, sonreiría por primera vez en mucho tiempo. Aquel personaje le quedaría siempre anclado en ese fragmento, para él. Formulando una misma pregunta, aún más al vacío que a alguien en concreto.
Él ya tenía una respuesta para la pregunta. Sin duda no era la mejor, pero sí la única que le quedaba. Terminaría lo que el muchacho del periódico había comenzado. Se transformaría en él, en su recuerdo, tal y como su mente lo guardaba, y después moriría.
