Disclaimer: Bla bla bla Eyeshield 21 no me pertenece.
Este fic ha sido escrito con la canción "My Skin" de Natalie Merchant de fondo. Así pues si se me ha ido la mano con el azúcar en este capítulo ... D: ¡No es mi culpa!
Capítulo 7
"Take a look at my body
Look at my hands
There's so much here that I don't understand
Your face-saving promises
Whispered like prayers
I don't need them
Because I've been treated so wrong
I've been treated so long
As if I'm becoming untouchable"
Sena aún seguía tosiendo y Shin lo miraba con el ceño fruncido.
"¿Seguro que estás bien...?", Sena se enderezó y cogió aire, estaba muy rojo, en parte por lo que acababa de hacer Shin y en parte porque casi muere asfixiado.
"Sí, sí...", se llevó una mano al pecho e inspiró una gran bocanada de aire. Shin lo miraba muy seriamente.
"¿Ha sido mi culpa? Lo siento"
"¡No!", respondió tan rápido que Shin enarcó ligeramente las cejas, lo que Sena no sabía es que de haber muerto su asesino habría sido el receptor de Oujou, por meterle ideas raras en la cabeza a Shin, "No ha sido tu culpa", claro que no, era culpa de Sakuraba, "es que... bueno, sólo me ha sorprendido."
"Ya veo", Shin se encogió ligeramente de hombros y sin preguntar cogió las cosas de Sena para llevarlas, se colgó de un hombro la bolsa y dio media vuelta para continuar andando. Sena hizo gestos intentando alcanzar su bolsa, dando pequeños saltitos, Shin se giró de lleno y pilló a Sena en una de ellas.
"¿Qué ocurre?"
Sena se sonrojó al extremo.
"Mi-mi bolsa..."
"Yo la llevo."
"Pero yo quiero..."
"Yo la llevo."
"Oh... vale...y-y, ¿a dónde vamos?"
"A mi casa"
"¿Tu-tu casa?"
"Sí."
"Pero, yo preferiría..."
"Vamos a mi casa.", respuesta cortante.
"¡E-eres un dictador!", fue una respuesta infantil y automática que Sena no llegó a realmente procesar antes de dejar que se escapase de entre sus labios.
Se quedaron en silencio, Sena miró a los ojos a Shin, que le devolvía la mirada con absoluta calma y se dio cuenta, muy, muy sutilmente, de que a pesar de su seriedad Shin se estaba divirtiendo con aquello.
Shin se estaba riendo de él.
Y era la primera vez desde que lo conocía que Shin intentaba 'bromear'. A su manera, claro. Sena se echó a reír tras unos segundos de silencio ante la mirada impasible del chico y cuando el linebacker se giró para seguir andando Sena podría jurar que había visto la insinuación de una sonrisa en sus labios.
Siguieron andando en silencio, Sena detrás de Shin, pensando en lo que acababa de suceder. El sol se movía aún por encima del horizonte, incidiendo en ellos de forma perpendicular y creando sombras a su lado conforme andaban. Sena alargó la mano hacia el linebacker, sin tocarlo, intentando agarrar su bolsa sigilosamente para recuperarla.
Shin, que seguía andando a paso regular volvió la vista un segundo hacia la tienda de deportes casi por inercia y vio, por el rabillo del ojo, lo que Sena estaba haciendo. Volvió la vista al frente, totalmente serio, y alargó su mano hacia atrás, cogiendo la de Sena.
El runningback se sobresaltó, sonrojándose profundamente. Aceleró un poco el paso para colocarse cerca de Shin, a su lado pero aún un poco por detrás, casi pudiendo tocar su brazo con la mejilla y bajó la vista, avergonzado, a la mano que sujetaba fuertemente la suya. Su corazón latía desbocado.
Tan cerca como estaba del linebacker podía percibir su olor, que le golpeó tan fuerte casi como un recuerdo. No era sólo el olor que lo había embriagado durante la mañana, había algo más.
Algo que antes no había recordado.
Durante aquél fatídico partido contra Oujou entre el barro y la lluvia había tenido tanto al linebacker encima que llegó a percibir su olor a mojado. Sena había terminado por relacionar el olor de Shin con la lluvia del que fue el partido más importante de su vida.
Su olor se había convertido en los retazos que dejaba la lluvia en el aire tras desaparecer.
Shin era el olor tras la lluvia.
La lluvia.
Apretó instintivamente la mano que Shin sujetaba, con el corazón latiendo más lenta pero fuertemente, no quería soltarse. El linebacker le miró de reojo, moviendo un poco la cabeza. Captando la mirada extraña del más pequeño.
"¿Qué ocurre?"
"Shin-san...", el runningback miró hacia el suelo avergonzado, pegándose más al chico y rozando la manga de su sudadera con la mejilla, casi parecía un niño pequeño, "tú... ¿tú me quieres?"
Shin volvió la vista al frente con el ceño fruncido, como si la pregunta le hubiese molestado profundamente. Siguió andando unos segundos y, finalmente, se paró, soltando la mano de Sena.
Se volvió para mirar al runningback con la seriedad que lo caracterizaba y no hizo nada.
Nada de nada, salvo apuñalarlo con su mirada oscura y grave. Sena compuso un gesto triste con las cejas, de confusión.
"Dímelo, por favor"
El linebacker cogió aire y desvió la vista hacia el río. A Sena le habría gustado mirar sus labios pero se había quedado atrapado en el aire meláncolico de su mirada, melancólico tal vez porque la brisa mecía su pelo suavemente y la luz anaranjada del atardecer endulzaba sus rasgos duros, no porque Shin hubiese compuesto una expresión triste.
Se relamió los labios con impaciencia mientras bajaba la vista hacia sus pies.
"Por favor", necesitaba una respuesta.
Shin seguía mirando el río con seriedad y calma.
"Por favor", su tono se volvió desesperado frente a la impasible respuesta de Shin. El linebacker seguía frunciendo el ceño. "Por favor", su voz se resquebrajó, "dímelo", volvió a intentarlo.
Shin entreabrió los labios para hablar y-
Nada.
El olor de Shin estaba por todas partes, Sena no se atrevía a respirar.
El silencio también podía ser una respuesta.
"Está bien, lo entiendo", Sena desvió la vista hacia el río.
Las lágrimas le picaban en los ojos pero, sacando fuerzas de sabe Dios dónde, se dijo que debía conservar un poco de su orgullo, se dijo que no pasaba nada. Se dijo que no podía montar una escenita.
Shin tragó saliva, desviando la vista del horizonte para mirar a Sena, y dejó que la bolsa se deslizase por su brazo hasta caer al suelo. Levantó una mano hacia Sena, como si quisiese tocarlo, y la retiró inmediatamente con seriedad, como si se hubiese arrepentido a medio camino.
"Yo...", al fin habló, calmada y seriamente, fruncía el ceño y había algo antiguo, retrógrado y excesivamente correcto en el comportamiento de Shin que lo hacía parecer un caballero de otra época.
Sena nunca había pensado en ello hasta ese instante.
"¿Si?", Shin levantó la vista, en respuesta.
Como única respuesta, en realidad.
Algunas personas nacen, tristemente, con malformaciones. Algunas son claramente visibles y otras... Otras más sútiles necesitan de un ojo experto para ser advertidas. Shin Seijuurou había nacido sin la capacidad de expresar lo que sentía. No existía comunicación alguna entre su cerebro y su corazón.
Habló, y su voz era fría.
"Cuando dudo de qué es lo que debo hacer...", comenzó, mirando a Sena a los ojos, " me pregunto qué es lo correcto", desvió la mirada hacia la hierba mecida por los susurros del viento, "no sé responder a tu pregunta y, por ende, si diese una respuesta podría estar mintiendo sin ser consciente de ello", volvió a levantar la vista, seguro de lo que decía, "Mentir es incorrecto. No quiero mentirte, por eso no tengo respuesta. Lo siento", su lógica era aplastante. Insensible, sí, pero irrefutable.
Shin inclinó ligeramente la cabeza hacia delante, en un gesto de respeto y verdadera disculpa.
Sena tragó saliva, no iba a llorar incluso si la decepción le pesaba en los pies como dos vigas de hormigón. Por muy cobarde y nervioso que fuese, en los momentos importantes Kobayakawa Sena sabía dar la talla.
Se sacó del bolsillo su mejor sonrisa y se la puso, cerrando los ojos y enseñando los dientes.
"¡No te preocupes!, lo entiendo, de verdad...", Sena cogió su bolsa del suelo y se la colgó del hombro. Shin asintió con el ceño fruncido, iba a darse media vuelta para que continuasen andando como si no hubiese pasado nada cuando Sena levantó una mano, "eh, Shin-san, yo, yo... prefiero irme a casa", le dolía el estómago, se sentía enfermo. Sentía angustia.
"¿Quieres que te acompañe?"
"Oh, no es necesario."
"Uhm... Está bien", Sena levantó una mano amigable y le dedicó una sonrisa radiante antes de volverse para empezar a andar en dirección contraria, "ya nos veremos, ¡hasta luego, Shin-san!"
El linebacker se quedó quieto, de pie, viendo como el chico se alejaba. Completamente serio.
Sena se tuvo que morder el puño cuando dobló la esquina y las lágrimas que había estado conteniendo comenzaron a rodar por sus mejillas rápidamente.
"¿QUE LE DIJISTE QUÉ?", Sakuraba dio un golpe en la mesa y todo el mundo se giró para mirarlo, el receptor, ignorándolos, se limitó a suspirar y llevarse una mano a la cara mientras intentaba relajarse, volvió la vista al linebacker, que miraba muy seriamente por la ventana, "Shin, Shin, centrémonos, Shin. Estoy aquí. Mírame a los ojos. Shin.", el nombrado hizo caso, Sakuraba había compuesto un gesto triste con las cejas y exhaló un suspiro cansado.
"..."
"Shin, a tí ese chico te gusta, ¿no es verdad?"
"Sí."
"Ajá, ¿entonces?"
"Él preguntó si...", Shin frunció el ceño, algo confuso, "... si le quería".
"¡Es lo mismo!"
"No, no lo es", Shin miró intensamente a su compañero, "tengo entendido que los sentimientos de atracción y amor son distintos y, precisamente por eso, causan tanto problema a las personas".
Sakuraba enmudeció.
"Sí, eso puede ser cierto, pero Shin, lo que el chico te estaba preguntando es básicamente si sentías atracción por él, con otras palabras."
Shin seguía frunciendo el ceño.
"¿Por qué alguien escogería las palabras incorrectas para querer decir algo, si puedes decirlo adecuadamente?"
Sakuraba se llevó la mano a la cara de nuevo.
"Para llegar al Amor es necesario... gustarse primero, Shin. Es necesario probar. ¡Está claro que no puedes saber lo que sientes hasta que no lo intentas!
Shin meditó unos segundos en silencio.
"Entonces crees que debería haberle dicho que sí para probar."
"Exacto, porque para llegar a quererle primero debéis probar."
"No... lo sé."
"¿Te gusta Sena?"
"Sí"
"Una cosa es consecuencia de la otra."
"Oh..."
Sakuraba se levantó de la silla y apuntó a Shin con un dedo y una venita hinchada en la frente.
"¡AHORA VE ALLÍ Y DILE A ESE CHICO QUE QUIERES TENER UNA RELACIÓN CON ÉL!"
La gente volvió a mirar a Sakuraba con desaprobación y Shin enarcó una ceja.
"No es necesario que grites."
El receptor se dejó caer en la silla, cruzado de brazos y molesto. Shin era una persona dificil de entender, y con la que lidiar era, en efecto, un ejercicio constante de paciencia y comprensión.
Pagaron la cuenta y la camarera les sonrió mientras intentaba que se fuesen lo antes posible del lugar, avergonzada por el comportamiento de Sakuraba. Cuando estuvieron fuera y la pobre chica suspiró aliviada sabiendo que trabajaría un día más Shin miró a Sakuraba de soslayo.
"¿Crees que debería ir ahora?"
"Ya estás tardando".
Shin hizo una mueca y girando la cabeza se despidió, comenzando a andar en dirección a la casa de Sena.
Cuando Sena llegó a casa se paró un momento en el umbral de la puerta y se secó las lágrimas, le dedicó una sonrisa radiante a la puerta cerrada y a continuación la abrió.
"¡Ya estoy en casa!", su padre hizo un sonido extraño desde el salón, inmerso en su lectura sin levantar la cabeza del libro. Sena se quedó de pie, mirándolo durante unos segundos, "¿dónde está mamá?"
Su padre lo miró un momento por encima de las gafas.
"Oh, pues ha tenido que volver a hacerle de canguro a tus primos, me dijo que traería la cena"
"Vale", Sena se giró con una media sonrisa, "bueno, subo a mi habitación".
"¡Eh, Sena!", el chico se giró.
"¿Sí?"
"Esta tarde ha venido un chico a buscarte, su nombre era..."
Sena enarcó una ceja, esperando a que su padre se acordase.
Su padre le miraba ausente, intentando recordar el nombre.
"¿Tamato?"
Sena sonrió divertido.
"¿Yamato Takeru?"
"¡Eso!"
Se rieron a la vez y Sena simplemente hizo un gesto para indicar que subía a su habitación, su padre volvió a seguir leyendo su libro con tranquilidad.
Conforme subía las escaleras se sacó el móvil del bolsillo y miró la pantalla con duda. Sena sabía que si se quedaba solo se regodearía en la pena y la autocompasión, no quería estar solo. Cuando llegó a su habitación dejó caer la bolsa de deporte y marcó el número de Yamato.
"¿Yamato-kun?"
"¡Sena-kun, hola!"
"Esto... me ha dicho mi padre que te has pasado por mi casa esta tarde"
"Sí, bueno, he vuelto a casa antes de que comience el curso para visitar a mis padres y vivimos cerca, sólo quería invitarte a tomar algo pero... bueno, ya para otro día, ¿no?"
"Yo puedo salir ahora mismo, ¿aún quieres ir?"
"... ¿En serio?"
Sena se rió, "claro".
"Entonces estaré en la puerta de tu casa en 5 minutos".
"¡Hasta ahora!"
Sena colgó sin esperar a escuchar la respuesta y se cambió los pantalones de deporte por algo más adecuado, como unos vaqueros gastados que encontró sobre una silla. Bajó las escaleras y volvió a encontrarse cara a cara con su padre.
"Voy a dar un paseo con Yamato-kun, no tardaré mucho", su padre asintió sin mirarlo y Sena salió a la puerta de casa. Ya casi había anochecido, cerró la puerta tras él y cruzó el jardín. Una vez fuera se limitó a meterse las manos en los bolsillos y mirar el cielo, esperando. Aún no era negro, el azul luchaba allí donde el sol acababa de marcharse, tiñendo de colores violeta el horizonte.
Y Shin no le quería.
Sena se preguntó, con verdadera curiosidad y sin ningún tipo de resentimiento, si alguien como Shin Seijuurou era capaz de amar. El amor era algo demasiado... mundano, corriente. Y Shin era un hombre excepcional, correcto hasta lo imposible, demasiado racional y frío para dejarse llevar por impulsos adolescentes.
Se había equivocado de persona.
En toda esta sarta de patéticas mentiras autocompasivas pensaba Kobayakawa Sena cuando distinguió la figura de Yamato doblar la esquina. Llevaba una camisa negra y vaqueros, que junto a su estatura y el color cobre oscuro de su pelo y su mirada clara, hacían de él un hombre demasiado difícil de mirar durante más de 2 minutos seguidos sin que te diese un golpe de calor.
"¡Sena-kun, me alegro de verte!", Sena le dedicó una sonrisa amable. Yamato siempre se había portado muy bien con él, siempre lo había escuchado con paciencia y podía contarle cosas que harían gritar a todo su equipo de fútbol. El chico le miró intensamente, con esos ojos ámbar que quitaban el hipo. Sena se sonrojó un poco.
"Bueno, ¿dónde querías ir? ¡te sigo!"
"Es una sorpresa, ya lo verás."
Sena se limitó a asentir con una media sonrisa y le siguió, obediente. Andaron un rato en silencio hasta que Yamato tuvo que hacer 'la pregunta'.
"¿Y cómo va tu entrenamiento con Shin-san?"
"Bien, aunque ahora mismo prefiero centrarme en el inicio del curso y los Deimon."
Yamato enarcó las cejas mientras volvía la vista al frente, y si siguió dándole vueltas al tema en su cabeza, no volvió a sacarlo. Era inteligente demás, no necesitaba hacerlo.
Durante el siguiente tramo Yamato le habló a Sena de todas las cosas que había visto en Notre Dame, le contó anécdotas e historias a priori vergonzosas que había sufrido en sus viajes a fin de hacer reír a Sena. Y lo consiguió.
Al fin llegaron a un pequeño club, escondido entre dos calles estrechas, de paredes negras y ventanas de degradado azul, Sena lo miraba con una media sonrisa de incredulidad, Yamato lo animó a entrar poniéndole una mano en el hombro y empujándole ligeramente.
"¡Vamos, vamos!", el runningback obedeció mirándolo todo con curiosidad y, una vez dentro, no pudo más que abrir la boca con asombro.
El suelo estaba enmoquetado en completo rojo, las paredes eran negras en las cuáles había fotografías colgadas en blanco y negro, las mesas eran negras y doradas, la elegancia estaba en el ambiente y, al final, había un piano de cola donde un hombre entrado en años tocaba una pieza tranquila y bonita, una mujer tocaba el violín acompañándole.
Era un lugar precioso.
"¡Yamato-kun, esto es increíble!"
"Sabía que te gustaría", Yamato sonrió complacido, cruzándose de brazos, "vamos a sentarnos por ahí", le señaló una mesa apartada y Sena asintió.
Cuando tocaron a la puerta el padre de Sena levantó la vista del libro algo fastidiado por la duodécima interrupción del día y dejando su lectura a un lado se incorporó, andando con paso ligero hasta la puerta. Tiró del pomo y allí estaba Shiryu, digo, Shin.
"Oh, hola Shir- Shin-san."
"Buenas tardes, ¿está Kobayakawa Sena?", el linebacker tenía una mirada demasiado severa para su edad, el padre de Sena no quiso imaginárselo con diez años más.
"Pues acaba de salir hace menos de cinco minutos con el chico ese, Ta-Yamato", Shin frunció el ceño. El padre enarcó una ceja, ¿se había perdido algo?, "¿Quieres que le diga a Sena que has llamado cuando vuelva?"
"No es necesario, le llamaré yo mismo. Muchas gracias por todo", Shin se inclinó respetuosamente y se fue. El padre se encogió de hombros antes de cerrar la puerta.
Mejor. Últimamente lo tenían de mensajero y ni siquiera se había aprendido los nombres de los amigos de su hijo.
Volvió a sentarse en su cómodo sillón a leer y no llevaba dos páginas cuando ya había olvidado por completo la visita del chico de Oujou.
He reeditado mil veces este capítulo, he sufrido horrores para escribirlo D: Si veis algún fallo... comentadlo, porfavor, ¡se agradece!
