7.- AÑORANZA
El ambiente en King's Cross, en el andén 9 y ¾, no era igual al de los demás años. Las familias se despedían de sus hijos con un tono de miedo y tristeza. Además, el número de alumnos era más reducido de lo normal. Ginny arrastró su baúl buscando a sus amigos. Ese día sólo su madre iba a acompañarla a la estación, dado que sus hermanos tenían que trabajar al igual que su padre y los demás miembros de la Orden.
Encontró un compartimiento cerca del final del tren, entró y colocó su baúl en la rejilla de arriba. Salió a despedirse de su madre, quien desde hacía varias semanas estaba demasiado distante y triste.
- ¡Adiós cariño!- le dijo la señora Weasley abrazándola- Cuídate. Y si tienes algún problema no dudes en escribirnos- la señora Weasley se separó y cogió fuertemente las manos de su hija entre las suyas.
- Sí, mamá. Estaré bien- aseguró Ginny- Y prometo escribirte.
- Todas las semanas- ordenó ella.
- Siempre que pueda- dijo Ginny- Bueno vale, todas las semanas- se apresuró a decir ella ante la mirada de su madre.
Se oyó el pitido que indicaba que el tren iba a partir ya. Los estudiantes corrieron a entrar en el tren, y algunas se asomaban a las ventanillas agitando los brazos en señal de despedida.
- Mamá, tengo que irme- afirmó al ver que su madre no quería soltarle las manos.
- ¡Oh!, sí, claro. Entonces hasta las Navidades- dijo Molly volviendo a abrazarla- Y ten mucho cuidado.
Ginny volvió al compartimiento y se sentó junto a la ventana. El tren empezó a moverse y se fue alejando poco a poco del andén donde los familiares aún se despedían agitando los brazos. Algunos padres se echaban a llorar y se abrazaba.
La puerta se abrió y Luna entró con su baúl.
- Hola, te he estado buscando en el andén, pero con la gente no he podido localizarte- dejó su baúl al lado y fue a abrazar a Ginny.
- Sí, yo también lo he hecho- dijo- Oye, ¿has visto a Neville?
- No- contestó Luna sentándose enfrente de Ginny- Espero que no le haya pasado nada- añadió con tristeza. Tras unos segundo de silencio, Luna dijo- ¿Y tú? ¿Has sabido algo de…?
Ginny sabía que se estaba refiriendo a Harry, Ron y Hermione. Le dolía pensar en ellos, pero debía de hacer un esfuerzo.
- No- respondió fríamente. Luna la miró y comprendió que ella no quería hablar de ello, así que tuvo que pensar en otro tema de conversación. Pero antes de que volviera a hablar, Neville entró al compartimiento cargando con su baúl.
- Hola chicas- saludó- Lo siento, pero tuve que despedirme de mi abuela y no me dejaba irme, así que he tardado un poco más en buscaros. ¿Cómo estáis?
En Londres, concretamente en el numero 12 de Grimmauld Place, Harry se despertó esa mañana un poco inquieto. No había dormido bien esa noche, de hecho ni esa ni ninguna noche desde que huyeron de la Madriguera. Al despertar vio a Ron y Hermione profundamente dormidos en el salón. Estaban colocados en una posición que de haber tenido los ojos abiertos se estarían mirando fijamente. Harry supuso que se durmieron mirándose el uno al otro. De pronto sintió un sentimiento de felicidad hacia sus mejores amigo. Ellos se tenían el uno al otro, y él…no tenía a nadie. Salió del salón procurando no hacer ruido y subió hacia el piso de arriba. Se paró justo delante de la habitación que habían compartido Hermione y Ginny hacía dos años. Otra vez la imagen de Ginny apareció en su cabeza. No quería pensar en ella, por que cada vez que lo hacía tenia ganas de salir corriendo de aquella viaja casa y entrar de pronto a la Madriguera y gritarle a los cuatro vientos que la quería.
Siguió subiendo hasta la habitación de Sirius. Desde que encontró la carta de su madre, le encantaba encerrarse en esa habitación y leerla una y otra vez. Ojalá pudiera volver atrás en el tiempo y cambiarlo a su antojo, un tiempo en donde no existía Voldemort ni los mortifagos, donde en esos momentos estaría en el tren rumbo a Hogwarts junto a su novia abrazándola y sus amigos y sus padres habrían ido a despedirlo en su último año en la escuela.
Hacia la hora de la comida, la señora del carrito pasó por todos los compartimientos con su carrito lleno de cuantas cosas deliciosas pudieras imaginar. Si bien, Neville y Luna estaban impacientes de probarlas, Ginny no tenía mucha hambre.
Entonces de un momento a otro, el tren se detuvo con una terrible sacudida. Demetores, fue el primer pensamiento que llegó a la cabeza de Ginny, al igual que al inicio de su segundo año. Ese curso estuvo muy aterrada porque todo el castillo de Hogwarts estaba custodiado de dementores y cada vez que estaba próximos a ella, recordaba los sucesos que le ocurrieron el pasado año. Neville se levantó y salió al pasillo para mirar lo que ocurría. Muchos curiosos también se asomaban por sus respectivos compartimientos. En el extremos del vagó, Neville pudo ver a unas altas figuras encapuchadas que buscaban en cada compartimiento. Ginny se levantó del asiento y se acercó a Neville. Miró el pasillo y vio a aquellas personas aproximándose a ellos. De pronto, un sentimiento de terror le invadió el cuerpo, sabía porque estaban allí y sabía a quién buscaban.
