Familia Potter II.

Harry Potter abrió sus grandes ojos verdes. Vio luz entrando por su ventana y el móvil con lechuzas moviéndose. Tenía hambre. Había que despertar a mamá y a papá. Así que se puso a gritar y a llorar. Escuchó un golpe en seco, supuso que su padre se había caído de la cama. Sí, se había caído.

-¡Cuidado, James! -le gritó Lily.

-Si tu hijo no gritara como si la mismísima Walburga Black estuviera en la habitación de al lado tendría más cuidado. -se quejó James.

-Es tu hijo también.

-¿Estás segura? ¿El calamar gigante no tuvo nada que ver?

Y, como siempre, sus padres discutían y menos de un minuto terminaban riéndose y dándose un beso. Tras un "ya voy yo" de James Potter, este mismo entró en la habitación de Harry. Le sonrió y lo cogió en brazos.

-Vamos a tener que hablar tú y yo acerca de lo de compartir a mamá. Eso no me gusta, Harry. -le dijo James, sonriente, saliendo de la habitación de Harry hacia la suya.

-¿Qué le estás diciendo, James? -preguntó Lily, sentada en su cama. Harry estiró los bracitos hacia ella y James se lo pasó.

-Que no me gusta compartirte... -dijo James sentándose en el borde de la cama, mientras su mujer saludaba a su hijo con un beso en la mejilla y él reía.

-No me tienes que compartir. Harry gana. -le dijo Lily, riéndose.

Harry como si entendiera la tonta conversación se rió con ella. Los tres fueron a la cocina y Lily dejó a Harry en su trona, para ponerse a hacer el desayuno con su marido. Los dos iban descalzos y en pijama. James preparaba café y Lily hacía unas tostadas. Cuando la pelirroja pasó por delante de James, hacia la nevera, él la paró con una mano en su cintura y se dieron un dulce beso en los labios. Harry jugaba concentrado con la réplica de una snitch dorada.

-Toma, campeón. -le dijo James a Harry, dándole una galleta que él cogió con alegría. Lily dejó delante de su hijo un biberón con leche caliente y delante de su marido un plato con tostadas.- Lily, ¿cuándo me vas a dejar decírselo a Canuto?

-¿El qué? ¿Mermelada?

-Sí, por favor. Pues lo del bebé. -dijo James, señalando la barriga de su mujer, inmediatamente ella volvió a ponerse tensa, como siempre que hablaban de su reciente embarazo. James se levantó de la mesa y se acercó a su mujer de nuevo. Puso una mano en su mejilla.- Va a estar todo bien.

-Somos unos irresponsables...

-Eso ya lo dijiste ayer.

-Es que lo somos.

-Es lo que te esperaba al casarte conmigo. ¿No lo sabías? -dijo James. Lily bajó la mirada y él bufó.- No te pienso pedir perdón, olvídalo. Y no me arrepiento ni de este niño, ni de Harry.

-Ni yo, James. -confesó ella, haciendo que James se relajara un poco.- Y tampoco de casarme contigo. Pero tengo miedo.

-Vamos a estar bien... -dijo James, abrazándola. Le acarició la espalda y cuando Lily levantó la cabeza, James estiró los labios pidiendo un beso.

-Eres idiota...

-Y te gusto. -le dijo James, guiñándole un ojo. Lily se rió y lo besó. Entonces Harry soltó un chillido y los dos, sin soltarse, lo miraron.- Harry, esto empieza a ser serio. Que ahora vamos a ser tres para compartir a tu madre. -le dijo levantando el dedo índice hacia él. Y una vez más el niño volvió a reír.