Capítulo 6- No me dejes sola.

La tenue luz del amanecer iluminaba el cuarto de Ichigo, que estaba despierto contemplando el techo. Era sábado y no tenía que ir al instituto, pero no podía dormir. Rukia iba a venir, y eso le hacía sentir muy nervioso, pero a la vez feliz, a pesar de que no entendía eso de que estaría bajo sus cuidados. El mensaje decía que estaba herida y eso le preocupaba, además de la idea de su origen Quincy, que no había dejado de dar vueltas en su cabeza.

"¿He estado viviendo tantos años en una mentira? ¿Quién es mi padre, quién soy yo?" – Su madre estaba descartada, si ella hubiese tenido poderes de alguna clase, hubiese podido defenderse del hollow que la mató.

Necesitaba preguntarle a su padre, pero el viejo no estaba en casa, preguntó a Yuzu y Karin, pero la única respuesta que halló fue que llevaba unos días fuera, supuestamente en un congreso sobre medicina. Tampoco sabía si podría aguantar el peso de la verdad que quería descubrir.

Esto no me va a llevar a ningún sitio, será mejor que empiece a prepararme. – Dijo meneando la cabeza, escogió una camiseta que no estuviese muy gastada, pantalones vaqueros oscuros y uno de sus boxers más nuevos – "Espera, ¿por qué estoy eligiendo ropa interior bonita? Ni que fuera a…" – Se sonrojó solo de pensarlo, y se dirigió al baño para darse una ducha, eso le ayudaría a despejarse.

Al salir decidió tumbarse en el sofá para esperar, estaba viendo un programa sobre jardinería.

"Bf, despertarse tan pronto es un coñazo, qué mierda es esta…" – No había mucha emoción en contemplar como se regaban unas plantas, decidió cerrar los ojos unos segundos. Esos segundos se convirtieron en minutos y estos, en horas.

*Beep beep* *beep beep*

- "Q-qué.." – Fresa se sentía desubicado, hasta que de repente recordó qué estaba haciendo- "¡Mierda, Rukia! ¡¿Qué hora es?!" – Cogió su teléfono, marcaba las 14:30 – "!Estará al llegar, mierda, mierda!" – Se levantó y se puso sus zapatillas a toda prisa, corrió hacia la tienda de Urahara, rezando para que Rukia no hubiese llegado aún.

Una vez llegó allí, vio a Jinta y Ururu en la puerta.

Ururu, ha llegado… - Pero una voz burlona le interrumpió.

Menuda te espera, chaval, no quisiera ser tú ahora mismo… - Interrumpió Jinta.

Eso confirmó sus temores, había llegado y no parecía que estuviese contenta. El chico entró por la puerta aún si aliento, allí vio la figura de la chica que tanto ansiaba tener cerca, hablando con el rubio que sostenía un abanico delante de su boca. Había tenido tiempo de sobra para esconder a Isshin y Yourichi y recibir a la shinigami, para que ninguno de los dos sospechase nada acerca del padre de Ichigo.

¡Bienvenido, Kurosaki-san!

¡Tú, maldita cabeza de zanahoria! ¡¿Se puede saber dónde estabas?! ¡Llevo más de media hora esperando! – Gritó la ojivioleta, debía parecer dura, pero en realidad todo su espíritu se calmó en cuanto vio ese pelo color ámbar. – "¿Estaba tan guapo cuando me fui, o acaso soy yo que le he echado de menos?".

¡Cálmate enana, ¡¿de quién crees que es la casa en la que vas a dormir?! – Gritó de vuelta la fresa, aunque se sentía en paz al mirar esos ojos en los que parecía flotar.

Vaya, vaya… Sí que os habéis echado de menos vosotros dos… - Urahara no desaprovechó la oportunidad de meter baza y sacar de quicio a los dos adolescentes.

Sin embargo, ninguno respondió, estaban absortos en los ojos del otro, y aunque ellos no se diesen cuenta, llevaban así un buen rato.

"Está bien, él está bien" – Las imágenes de esa pesadilla que vivió en el simulador la habían acosado desde que salió de la prueba, sabía que no era real, pero necesitaba ver que Ichigo estaba vivo.

"No está herida, menos mal" – Las palabras del mensaje le preocupaban, todo lo demás había dejado de existir, su origen Quincy, los arrancar, en ese momento en el que miraba profundamente en los ojos de Rukia, nada más existía, el tiempo se había parado. El mundo, se había detenido.

Urahara tosió forzadamente, para sacar del trance a los dos chicos, ya que hasta él se estaba empezando a sentir incómodo. Los chicos dieron un respingo al darse cuenta de lo que hacían y se sonrojaron.

¡S-s-será mejor que nos vayamos, Urahara- san, gracias! – Dijo la chica, agarrando a Ichigo con un brazo y su equipaje con el otro.

Ambos pusieron rumbo a casa del pelinaranja, seguramente Yuzu habría terminado de hacer la comida y estaría esperando a Ichigo, que no había avisado de la visita y rezaba por que su ruidoso padre no estuviese allí. El chico vio como la maleta de la chica pegaba en sus tobillos al andar.

Deja que te ayude – Dijo, agarrando su maleta. - Y… ¿Cómo has estado, Rukia? Me tenías preocupado, en el mensaje decía que estabas herida y… - El shinigami sustituto estaba muy intrigado por eso de que estaba herida.

Yo… No… Eso… - La chica titubeaba, contarle su visión a Ichigo sería lo mismo que declarársele, y no estaba preparada para ello, menos aún para lo que creía un muy posible rechazo.

No te preocupes, Rukia, puedes contármelo cuando estés preparada, solo cuenta conmigo, ¿está bien? – La fresa le dedicó una amplia y cálida sonrisa, que hizo que algo se moviese dentro de la pequeña shinigami.

S-Sí, gracias, zanahorio – Contestó ella, intentando picarle para ver si rompía en uno de esos ataques de ira que tanto le divertían.

¿!A qué viene eso, enana?! – Objetivo conseguido.

¡A que me has tenido esperando media hora, idiota! ¿!Acaso olvidas que soy una noble?! A una dama se la debe tratar con caballerosidad y respeto… - Dijo esto levantando la cabeza, en signo de orgullo.

Perdóneme, lady Byakuya del palo metido por el… - antes de terminar vio que ya estaban al lado de su casa.

Si alguna vez terminas esa frase, te haré merecedor de ese título, literalmente – Amenazó la diminuta chica, con lengua viperina y ojos de asesina, Ichigo tragó saliva.

*Toc Toc* Yuzu abrió la puerta.

- ¡Ichi-nii! ¿Dónde estabas? – No se percató de la presencia de la ojivioleta detrás de Ichigo.

- Fui a recoger a alguien, vamos sal, no tienes 5 años para tener vergüenza de mi familia – Dijo mientras empujaba a Rukia para que la viesen.

- H-hola, chicas, creo que tendré que quedarme aquí algún tiempo más, ¡espero que no os importe! – Dijo suavemente, rascándose la parte de atrás de su cabeza.

- ¡Claro que no, ya eres parte de la familia! – Contestó Yuzu sonriendo.

Los dos chicos pasaron e Ichigo se dispuso a llevar la maleta a la habitación de las chicas.

Espera, Ichi- nii, Rukia tendrá que quedarse en tu cuarto. – Dijo Yuzu mientras colocaba un par de platos más en la mesa.

¿E-eh? ¿Y eso? – No es que le molestase la idea, estaba acostumbrado a vivir con Rukia, pero no entendía el por qué.

Papá empezó lo que llamó "modificaciones" en nuestro cuarto, y ahora es un completo desastre, asique nosotras dormimos en su habitación mientras él no está – Respondió Karin, que estaba tumbada en el sofá jugando a lo que parecía Fifa.

Rukia no dijo nada, se acariciaba el brazo mientras miraba al suelo, solía dormir en el armario de Ichigo, debería estar acostumbrada, pero por alguna razón ahora le ponía nerviosa esa idea.

Llevaremos un futón luego, Ichi-nii – Yuzu se acercó a Ichigo – Más vale que lo uses tú y le dejes tu cama a ella – Susurró con el ceño fruncido.

Lo sé, Yuzu, ¿qué crees que soy? – Se había picado, como siempre.

La chica suspiró, y se sentó en su silla, indicándole a los demás que podían hacer lo mismo. Ichigo bajó y se dispuso a disfrutar de la deliciosa comida de Yuzu. Observó a Rukia de reojo, quien no había pronunciado palabra y estaba con la mirada algo perdida.

¿Tenéis planes para hoy, Ichi-nii? – Dijo Yuzu, intentando romper con el silencio.

Hmm.. En realidad no, ¿te apetece hacer algo, Rukia?

Lo siento… Estoy algo cansada, querría dormir un poco – Dijo la chica con una voz algo triste, era obvio que algo la atormentaba. Intentó esbozar una sonrisa, pero se quedó en eso, un intento.

Oh… Bueno, Karin y yo nos quedaremos en casa, si os apetece bajar luego y quizá jugar a algún juego de mesa, puede ser divertido. – Dijo Yuzu con una gran sonrisa y mirada amable.

¡Sí, estaría guay! Tienes que ver como se pica Ichigo cuando pierde- Karin miraba fijamente a su hermano, esperando la reacción obvia. Sin embargo, este no dijo nada, estaba pendiente de Rukia y probablemente ni siquiera escuchó a la niña.

¿Es eso cierto, Kurosaki-kun? Oh vaya… Yo creía que serías buen perdedor – Rukia usaba su voz fingida, sabía que eso era una carta segura para sacarle de quicio.

Ya veremos quién pierde, os voy a hundir en cualquier juego, en cuanto a ti… Deberíamos apostar, enana – Había caído en la trampa.

Bien, decidamos los términos luego, za-na-ho-ria – Dijo la chica, contenta con el resultado de la provocación.

Terminaron de comer entre risas y no había rastro de la tristeza que había invadido a Rukia por unos segundos. Yuzu y Karin se quedaron fregando los platos y dijeron que luego se dormirían en el sofá, asique tenían tiempo para descansar sin que les molestasen. Los dos adolescentes subieron al cuarto de Ichigo, Rukia decidió cambiarse mientras el pelinaranja iba a por el futón.

Oi, Rukia, la cama es tuya, acomódate como quieras. – Dijo el chico, mientras salía de la habitación. – A propósito, ¿para qué la maleta? Supuse que en Soul Society no necesitabas nada. – Su voz sonaba lejana.

A ti qué te importa, idiota – Dijo esta, sonrojada. Ichigo no había podido escucharla, había bajado a por el futón.

Rukia era ya una adolescente, y los shinigamis tenían necesidades humanas, así como sufrían hambre, frío o calor, también tenían necesidades… higiénicas. Y justo en esos días, ella las tenía más que nunca. También portaba consigo misma todos los recuerdos del mundo humano y ropa que había comprado, no podía seguir dependiendo de la de Yuzu. La chica terminó de ponerse unos pantalones cortos deportivos y una camiseta que robó del armario del pelinaranja.

Cómo está esto de mier… - Ichigó entró al cuarto y vio a la pequeña shinigami de pie, con su camiseta cubriéndole hasta un poco más arriba de las rodillas. – "Está más preciosa que nunca" – pensó, entonces se preguntó si debajo de la camiseta llevaría algo, lo que le sonrojó sobremanera. – Oi, ¿quién te dio permiso para robarme, no eras noble? Cómprate tu propia ropa. – Dijo mirando hacia otro lado, para rebajar la tensión del momento.

¿De qué te quejas, zanahoria? Es obvio que ya no la usas, he cogido la más vieja que había. Además, ¿no me queda bien, kurosaki-kun? – Dijo esto último con su voz fingida, aunque estaba muy alegre de que el chico se sonrojase viéndola así.

Duérmete ya, pesada. – La fresa le tiró su almohada, que impactó en la cara de la ojivioleta.

Acabas de firmar tu sentencia de muerte. – Esta agarró la que estaba en la cama de Ichigo y empezaron una pelea en la que todo eran risas.

Bankai, Hane o tsumeta kabā, kizoku no sōshoku (funda rellena de plumas, destronadora de nobles) – Dijo el chico, imitando su técnica. – Estás perdida, Kuchiki Rukia. – Atacó, lanzando a la pequeña sobre la cama y cayendo sobre ella por la inercia.

Ambos reían a carcajadas, hasta que se dieron cuenta de la posición en la que estaban, solo una almohada actuaba de barrera entre sus cuerpos, y se miraban profundamente a los ojos. Una vez más, el tiempo se detuvo y ambos se aproximaron inconscientemente hacia el otro. La almohada resbaló e hizo caer a Ichigo, quien se golpeó con la rodilla de la chica.

Ppprrrfff ajajajajajajaj – La pequeña shinigami no podía parar de reir, parte por los nervios y la adrenalina de lo que estuvo a parte de pasar y parte porque la situación era terriblemente cómica. - ¿E- est…? Jajajajajajajaja No puedo, ¿estás bien, Ichigo? – Consiguió decir la enana entre risas, limpiando las lágrimas que salían de sus ojos y tratando de aguantar la risa.

¡¿Se puede saber de qué te ríes?! Maldita enana, pudiste haberme roto un diente, heh – A pesar del golpe y la vergüenza que sentía, se le escapó una risilla al ver la cara de felicidad de la pequeña. Sintió sabor a sangre en su boca y la inspeccionó con la lengua para ver si en realidad sí que le faltaba algún diente, pero no, estaban todos.

Oi, Ichigo, ahora enserio, ¿estás bien? Estás sangrando – La ojivioleta se incorporó y pasó sus dedos por los labios de Ichigo. – Te los has… cortado un… poco – La chica estaba embelesada por la sensación de sus dedos corriendo por los labios del chico que tanto le gustaba.

Para, te vas a manchar. – Dijo el pelinaranja mientras sujetaba el dedo de la pequeña y lo limpiaba envolviéndolo con su mano. – Rukia se enrojeció aún más, los corazones de ambos latían deprisa, pero la cobardía se apoderó de ellos pues la situación anterior no dejaba de cruzarse por sus mentes. – S-será mejor que vaya a curármelo. – Giró la cabeza rápidamente, para evitar que Rukia viese lo ruborizado que estaba.

Déjame ayudarte, parte de la culpa fue mía. – Ichigo fue a por algodón y algo de alcohol para cicatrizar la herida y que parase de sangrar cuanto antes – "¿Qué acaba de pasar? ¿Acaso iba a…? ¿Acaso yo iba a…? ¿Es posible, le gusto?" – Suspiró profundamente y se sentó en la cama con una gran alegría en su pecho, tenía esperanzas. A Ichigo no parecía importarle su pequeño cuerpo, ni su mal humor, no quería hacerse ilusiones, pero parecía que ella también le gustaba. – "No, tranquilízate Rukia, quizá sean imaginaciones tuyas, no puedes estropearlo así" – La chica se repetía una y otra vez, no era tan valiente, aún no.

Ichigo volvió y se sentó en la cama, mientras Rukia pasaba delicadamente el disco de algodón por su labio inferior.

Auch, auch… - Ichigo no pudo evitar dejar salir un par de quejidos.

Oh vamos, no seas llorica, has soportado heridas peores, ¿o no eres quién venció al temible Kenpachi, el ryoka que causó el caos, el terrible… Kurosaki-kuuuun? – Usó su voz fingida de nuevo, para que el incómodo ambiente volviese a la normalidad.

Foy a fatadte un fia fe eftoz, erara (voy a matarte un día de estos, enana) – No podía pronunciar bien porque Rukia sujetaba con delicadeza su labio, separándolo ligeramente.

No te entiendo, Kurosaki-kun, tendrás que ser más claro – Seguía con su juego, echó a reír cuando vio como la vena en la frente del pelinaranja se hinchaba – Gracias, Ichigo, soy tan feliz aquí. – Dijo inconscientemente, sin darse cuenta que lo había pronunciado en alto.

Yo también soy mucho más feliz contigo cerca, Rukia – Contestó él, mirando hacia otro lado y esperando en parte, una bofetada. Pero la chica se había percatado de que lo había dicho en alto y la vergüenza se había apoderado de ella. Pero también la felicidad, allí era querida y aceptada. Eso le apaciguaba el alma.

Ya está, lo tienes un poco hinchado, pero se te pasará pronto, ahora déjame dormir de una vez, idiota. – Dijo ella, retirando el algodón y el alcohol y quedándolos en el escritorio de Ichigo.

La chica se tumbó en la cama y se tapó con las sábanas, el olor de Ichigo penetró en sus fosas nasales, no era un olor desagradable, era varonil, pero delicioso. Le hacía sentir como si él estuviese abrazándola, segura y cálida. Se acurrucó y pudo dormir enseguida, estaba agotada después de tantas emociones. Ichigo pudo observarla un rato, él no quería dormir, al fin y al cabo, había dormido toda la mañana. Su apacible rostro mientras dormía le reconfortaba y le hacía sentir una persona nueva. Allí estaba ella, dormida en su cama, sólo podía pensar en que si el futuro le brindaba esa imagen cada mañana, no podría pedir nada más. Retuvo sus impulsos por sentarse a su lado y acariciarla, seguro que si despertaba le golpearía, y no precisamente con cariño.

Pasó una hora así, sin darse cuenta, hasta que Rukia despertó, abrió sus ojos lentamente y vio a Ichigo mirándola. Lo normal hubiese sido que se asustase, pero sonrió ligeramente. Estiró sus brazos mientras bostezaba.

Deberíamos bajar. – Dijo mientras se frotaba los ojos.

Mhm, pero antes tenemos que quedar una cosa clara – Respondió él.

¿Q-qué cosa? – Rukia se puso nerviosa, creía que querría hablar de la situación tan extraña que habían vivido antes.

La apuesta, si te gano, ¿qué vas a darme? – Dijo el chico con una sonrisa desafiante, lo cual calmó a Rukia.

No vas a ganar, cabeza de zanahoria, aun así, el que pierda hará una promesa que el otro decida. – Pensaba sacar provecho de esa promesa.

Te voy a hundir, enana. – Dijo él aun con la sonrisa en sus labios.

Ella adoraba ese jueguecito que tenían de picarse el uno al otro. Cada vez que le retaba él contestaba con esa sonrisa desafiante y pícara, la cual le hacía sentir una ligera corriente eléctrica por su cuerpo. Ambos bajaron y vieron a sus hermanas sentadas con una montaña de juegos preparados, estuvieron jugando durante toda la tarde entre risas y algún que otro enfado ocasional del pelinaranja.

¡Waaaaa! Se está haciendo tarde – Dijo Karin, estirándose.

Terminemos esta al menos. – Dijo Ichigo, picado porque estaba empatado con Rukia en victorias.

Jugaban al uno, Ichigo y Rukia tenían una sola carta en sus manos, y le tocaba a Rukia antes que a él, ella tenía una sonrisa que no le daba confianza al chico.

No tengo cartas que valgan, debería robar…- Dijo alargando su brazo hacia el mazo de cartas, por el rabillo del ojo vio como Ichigo sonreía, había ganado si Rukia no podía echar ninguna carta - ¡O mejor robas tú, chúpate 4! Jajajajajaja – La cara de incredulidad de Ichigo no tenía precio. Había perdido y a saber qué le hacía prometerle la enana.

Maldita enana… ¡Ala, todos a dormir, se acabó! – Las tres chicas rompieron en carcajadas al ver el enfado del pelinaranja, pero finalmente asintieron y se retiraron a sus cuartos.

*En la habitación de Ichigo*

- Ichigo, voy a darme una ducha antes de dormir, más te vale esperarme despierto para acatar tu castigo – Dijo Rukia con un aire algo malvado.

- Tsk… Se te ve muy orgullosa… enana. – Dijo entre dientes Ichigo.

Mientras se oía el sonido del agua cayendo, Ichigo no paraba de preguntarse qué le haría prometer la ojivioleta. Conociéndola, seguro que le haría comprarle un conejito, o algo relacionado con Chappy o incluso vestirse de conejita Playboy. Un escalofrío le recorrió todo el cuerpo. Cerró los ojos y se tumbó para esperarla.

¿Bien, estás preparado, Ichi…? – Entró viendo que se había dormido – Mira que te dije que esperases, idiota. – A ella también le gustaba mucho contemplar la cara de Ichigo mientras dormía, sin ese ceño fruncido que le acompañaba a todas partes. Se puso en cuclillas a su lado y le susurró – Prométeme que nunca me dejarás sola, Ichigo.- Dijo con voz suave, acariciando un mechón de su pelo.

Eso es fácil de cumplir, deberías haber aprovechado mejor tu oportunidad, enana. – Entrelazó la mano de Rukia con la suya misma y se dio la vuelta para contemplar como la chica, que normalmente era tan pálida como la luna, parecía ahora el sol.

¿E-estabas despierto, idiota? Podrías haberme avisado… - Rukia sintió una gran vergüenza invadiéndola.

¿Es que acaso has hecho algo malo? – Ichigo fingía estar desconcertado, aunque en realidad, una felicidad inconmensurable corría por sus venas al descubrir lo que eso significaba.

N-no, pero… - La chica recogió su mano sin pensárselo, de lo cual se arrepintió el mismo segundo en que lo hacía, apartó su mirada y la fijó en el suelo.

Yo también te necesito a mi lado, Rukia, ahora descansa. – Susurró el chico dándose la vuelta para que la shinigami pudiese recuperarse. Ella dejó escapar un suspiro de sorpresa, y sus ojos se humedecieron, subió a la cama en silencio y depositó un par de lágrimas en la almohada de Ichigo. Sentía que, en ese momento, todo estaba bien, durmió pensando en las palabras que acababa de escuchar.

Ichigo y ella caminaban por un bosque cercano al Seireitei, sus manos entrelazadas y ambos sonriendo. Ichigo se separó de ella y cuando Rukia alargó su brazo para detenerle, su otro brazo había clavado su zanpakuto en el estómago de su enamorado.

"No, no, no, no otra vez, por favor, no" – Movía su cabeza de un lado a otro mientras trataba de despertar. Ichigo sangraba, ella no podía parar de llorar y de suplicar a los cielos que la sacasen de esa pesadilla.

Rukia… - El ensangrentado joven acarició su mejilla. – No es tu culpa – Fue lo último que alcanzó a decir antes de morir. Ella se quedó petrificada, hasta que de pronto, estalló en llanto, ira y desesperación.

¡Rukia! ¡Rukiaaa! – Escuchaba una voz lejana. - ¡Rukia, despierta! – Conocía esa voz, abrió sus ojos y allí estaba él.

Ichi…go. – No pudo evitar echarse a llorar. Él la abrazó, apretando su cabeza suavemente contra el pecho del chico, y se sentó a su lado sin dejar de hacerlo.

¿Estás bien? Era sólo una pesadilla, cálmate, estoy aquí Rukia. – Le susurró mientras acariciaba su pelo y la chica se aferraba a él. Tras un rato, su respiración volvió a ser normal.

Lo siento, Ichigo… - Dijo ella, agarrando su camiseta más fuerte.

Está bien, ¿quieres que duerma a tu lado? N-no ocupas mucho espacio y… - El chico se estaba empezando a poner nervioso mientras lo decía.

Sí – Le cortó la chica, antes de que se arrepintiese de sus palabras.

Ichigo se tumbó a su lado, y ella se acurrucó, con la cabeza y su mano derecha en el pecho del pelinaranja y su pierna abrazándole. Él la rodeó con su brazo derecho, dejando la mano cerca de su mejilla para acariciarla. Su otro brazo en la cintura de la chica, como si quisiese taparla completamente para que no sufriese ningún daño. Ella sonrió y rápidamente volvió a quedarse dormida, ahora estaba tranquila.

"Rukia… ¿qué me estás haciendo?"- Ichigo suspiró, y casi deja una lágrima de felicidad escapar, pero decidió contenerla. Apoyó su cabeza en la almohada y pronto dejó de resistirse al sueño.

Así permanecieron hasta la mañana siguiente.

¡GOOD MOOORNIING, ICHIG… AAAAH!

Fin capítulo 6.