Capítulo 7

Saitama observaba los estantes donde estaban un montón de pescados sobre una capa de hielo granulado. Todos apuntaban hacia la izquierda. Saitama veía con ojo crítico mientras apretaba su mentón tratando de deducir cuál podría ser el más fresco. Fue una voz que rompió su concentración.

– ¿Para qué estamos aquí? – preguntó Medaka.

Saitama suspiró.

–Estamos de compras – gruñó.

–Pero si la comida que nos llega a domicilio es de mucha mejor calidad que esta.

Saitama volvió a suspirar y miró a Medaka con el ceño fruncido.

–Escucha, hay cierto romance en venir los días de rebaja y comprar los mejores productos a los mejores precios con tu propio dinero. Es lo que los adultos hacen.

Medaka enarcó una ceja con cierta expresión de escepticismo.

–Grandes palabras para alguien que estuvo desempleado hasta hace poco y sin desear un trabajo realmente.

Una vena se hinchó de golpe en la frente de Saitama. Mostró sus dientes como perro rabioso.

–Ah no voy a seguir discutiendo contigo.

Regresó su atención a los pescados y tomó uno.

–Ese no es tan bueno – dijo Medaka.

– ¿Qué? ¿Eres experta en ingredientes ahora? Pensé que le dejabas esa decisión a otro.

Medaka se encogió de hombros. Tomó otro pescado y el que tenía Saitama en la mano. Con solo unas palabras convenció al encargado de usar unos utensilios. En cuestión de segundos convirtió ese par de pescados en platos de sashimi que lucían de restaurante de lujo.

–Adelante. Pruébalos – le indicó ella.

Algo dudoso y malhumorado probó de ambos. El que fue hecho con el pescado de ella sabía mucho mejor sin duda alguna.

– ¿Y bien? – insistió con una sonrisa pícara en su rostro. Saitama solo se limitó a gruñir.

Como si eso no hubiera sido suficiente, luego de dejar la compra en la casa fueron a un arcade. Saitama era víctima de las habilidades de Medaka en todos y cada uno de los juegos. Siempre terminaba perdiendo sin poder hacer algún punto para su marcador o hacer que Medaka perdiera sus puntos o salud de los personajes. Por alguna razón en un juego Saitama terminó con puntos negativos. El vapor salía de su cabeza enrojecida y las venas parecían que le fueran a estallar.

– ¿Pasamos al siguiente? – preguntó Medaka.

Saitama fue refunfuñando detrás de ella, pero quedó un momento pasmado al ver una mesa de hokey de aire. Su rostro se iluminó con esperanza. Si se trataba de poner a prueba su destreza física sabía que en eso era superior… o eso creía. El marcador fue 100 a -10 con Medaka como la ganadora.

– ¡Puta madre! – Saitama le dio un manotón a la mesa que la terminó haciendo añicos. En seguida se arrepintió por no medir su temperamento.

Medaka tuvo que pagar por la mesa rota y los dos quedaron vetados del arcade. En el camino de regreso Saitama iba tan callado y cabizbajo que parecía muerto en vida. Bromas aparte Medaka meditaba en lo raro que fue todo ese asunto. Hasta ella esperaba que Saitama la superaría en el hokey de mesa. Sus movimientos fueron rápidos, pero en extremo torpes. No importaba cuantas veces le daba vueltas al asunto, no tenía sentido.

–Saitama, ¿podemos ir a otro lugar? – le preguntó.

–Ya no tengo ganas.

–No crees que me lo debes por pagar la mesa que rompiste y que me vetaran junto a ti – esas palabras lo apuñalaron donde le dolía.

Tras recorrer unos kilómetros corriendo llegaron a las afueras de Z city. El terreno no estaba urbanizado. Llegaron a un monte en el cual estaban unas escaleras. Al llegar al tope se encontraron con un edificio que estaba construido al estilo oriental. Un chico de pelo denso y con vestimenta de karateca barría las hojas del patio. A penas los vio dio un brinco hacia atrás.

– ¡Eres tú de nuevo! – gritó señalando a Medaka.

–Buenas tardes Charanko – saludó Medaka – ¿Está el maestro Bang?

La puerta del edificio se corrió y Saitama vio a un hombre de edad avanzada salir del lugar. Llevaba puesto un pantalón blanco y una camisa negra de mangas largas. Su pelo era puntiagudo y completamente blanco como su bigote. Caminaba encorvado y teniendo sus brazos en la espalda.

–Bienvenida joven Medaka – dijo él y Medaka hizo una reverencia juntando su puño y palma.

–Saludos maestro.

–Veo que has traído a un visitante – Saitama intercambió miradas con el anciano.

–Ah buenas – saludó con tono neutro.

Dentro el lugar era completamente espacioso. Parecía un dojo de película. Medaka y el anciano se sentaron en posición de seiza en tanto que Saitama estaba en una postura mucho más relajada.

–Déjenme presentarles – habló Medaka – Maestro Bang él es Saitama. Saitama él es mi maestro Bang.

–Un placer conocerlo joven Saitama – dijo Bang.

–Si… igualmente… – contestó Saitama en un tono más apagado.

–Saitama. Bang es un artista marcial experimentado y el que ocupa el tercer puesto en el ranking de héroes clase S. Él me enseñó su estilo de lucha hace unos meses.

–oh – volvió a hablar Saitama con ese tono – ¿y me trajiste aquí para presentármelo?

Bang enarcó una ceja por esa actitud tan particular de él. Charanko que traía el té mostraba su descontento con la presencia de ambos.

–Vine aquí para que intentes practicar artes marciales – respondió Medaka.

– ¿Cómo? No estoy interesado en ese tipo de cosas – respondió Saitama bebiendo un poco de té.

–¡¿Cómo te atreves?! – Exclamó Charanko – Este dojo es de gran prestigio. Si no quieres practicar entonces mejor ni vengas – dirigió su atención a Medaka – Primero espantas a los alumnos del maestro y luego traes a este sujeto tan descortés ¡¿Cuanto más quieres lastimar el orgullo de este lugar?!

Saitama miró a Charanko como si no le importara lo que decía. El ambiente se ponía tenso.

–Tranquilízate Charanko – le dijo Bang y miró con seriedad a Medaka – ¿por qué quieres enseñarle artes marciales?

–Porque sin saber ni lo más básico consiguió derrotarme.

El héroe clase S abrió tanto sus parpados que pareció que los ojos se le fueran a salir de sus cuencas. No podía darle crédito a lo que escuchaban sus oídos.

–Esto tiene… que ser una broma – balbuceó Charanko que palideció.

Saitama suspiró con cierto fastidio.

–Igual dije que no estoy interesado – dejó la taza –. Muchas gracias por él té.

Intentó levantarse y Medaka le agarró la muñeca.

–Sólo dale una oportunidad. No tienes que volverte alumno obligatoriamente– su tono parecía gentil, pero sus ojos le seguían cobrando lo del arcade.

Saitama frunció el ceño tratando de negarse con la mirada. No resultó y terminó dando un suspiro de rendición.

–Está bien… sólo un poco…


– ¡AAAAAAHHHHHHHHHHHHH!

El grito de la anciana exaltó al funcionario de la asociación de héroes. La veía a ella contemplar su bola de cristal. En su rostro arrugado tenía una expresión de éxtasis.

– ¿Qué ocurre Lady Shibabawa? – preguntó él.

– ¡Ya viene! ¡Ya viene! – Respondió la adivina – Las fuerzas de la madre tierra se han juntado. Lo que las unió fue el mismo objetivo ¡Nuestra extinción! – Ella levantó la mirada al techo y extendió sus brazos – ¡LA GUERRA YA VIENE!