Disclaimer: La mayoría de los personajes y lugares que aparecen en este fic no son de mi propiedad. Sólo son míos: Cassandra Nayron, Anne Sullivan, Eric Misdet, Evelyn Grams, Catherine (a la que aún no le inventé apellido) y todo lo relacionado con la fundación Seward.
Un pequeño apunte: los miembros de la Orden del Fénix pertenecen a la Orden original... es decir, que tampoco son mis personajes. Sólo me pertenecen sus acciones en este fic xD
Ahora sí, os dejo con el siguiente capítulo...
Capítulo 7: Reparto controvertido
La cocina de la casa de los Evans era acogedora aunque el ambiente que se respiraba allí en aquel momento era difícil de describir. Los débiles rayos del sol se colaban a través de la ventana y se proyectaban hasta la mesa, donde Lily estaba terminando de colocar dos platos. James seguía la trayectoria de los rayos con gesto embelesado, mientras esperaba que terminara de hacerse el café. Lily volvió a acercarse hacia donde él estaba para coger los cubiertos. Abrió el primer cajón, alargó la mano para coger las cucharillas y de nuevo el destello de su mano la atrapó. Se quedó mirando el anillo con atención y la sonrisa que llevaba en su rostro desde hacía rato se agrandó. Movió la mano y la acercó un poco a su cara para verla mejor. Suspiró otra vez.
James tenía la misma cara de felicidad que su novia cuando se acercó a ella por detrás. La abrazó por la cintura con suavidad y apoyó su cabeza en el hombro de ella, para ver también el anillo.
- Ahora sí es perfecto. – susurró el chico en un hilo de voz.
Lily respondió cerrando el cajón y entrelazando sus manos con las de él. James giró un poco la cabeza y le dio un beso en la comisura de los labios.
- Debí entregártelo hace semanas. – confesó, recordando el tiempo que había perdido pensando que ella lo rechazaría. – Pero me aterraba la idea de que no te pareciera bien.
- ¿Hablaste con las chicas? – preguntó Lily con un matiz de diversión en su voz.
- Y con los chicos. – admitió el moreno un tanto avergonzado. – Pero ya sabes cómo soy, cuando se me mete una idea en la cabeza...
- La sigues, a pesar de que el resto del mundo te asegure que te estás equivocando. – acabó ella dándose la vuelta, quedando cara a cara con el chico. Le cogió la cara entre las manos y acarició sus mejillas. – James Potter inseguro... Es casi como una especie en extinción.
- Me da miedo no ser suficiente.
- ¿Para qué¿Para mí? – preguntó Lily un poco sorprendida.
- Yo quiero lo mejor para ti. – musitó James, abrazándose otra vez a ella pero dejando espacio suficiente para acercar su nariz a la de su novia.
- ¿Y qué eres tú, entonces? – repuso Lily frotando su nariz con la de él.
James suspiró, apretó un poco el abrazo y respondió a las caricias de Lily con un beso intenso y cargado de significado.
Greg Evans había sido un madrugador toda su vida y, por tanto, fuera fin de semana o día laborable, no podía permanecer en la cama hasta tarde. Por aquella razón fue el primero en entrar a la cocina, una vez que Lily y James ya estaban en ella.
Los chicos no vieron al señor Evans quedarse apoyado en el quicio de la puerta, ni la sonrisa tierna que iluminaba su rostro al presenciar la escena que estaba teniendo lugar ante sus ojos. Greg abandonó la cocina tal como había llegado, pues no quería interrumpir. Pero su esposa apareció justo en el momento en el que él salía de la habitación. Su voz, preguntándole a su marido si ocurría algo, alertó a los chicos, acabando así con el momento mágico.
- Veo que lo que fuera que sucedió ayer ya está resuelto. – comentó con alegría la señora Evans nada más entrar a la cocina y ver a su hija y a James preparando el desayuno. –Y además habéis madrugado. – añadió, acercándose a los chicos para darles un beso en la mejilla.
- Buenos días. – saludó el señor Evans entrando de nuevo en la cocina con el periódico en la mano.
Se sentó en la mesa y abrió el diario, ocultando así la sonrisa que aún permanecía en su rostro. James se sentó a su lado, ya que Amanda lo había apartado del horno para terminar ella con el desayuno.
Cuando los cuatro estaban ya desayunando juntos, James pensó que era el momento idóneo para anunciar que Lily había aceptado casarse con él. La pelirroja y él se lanzaban continuas miradas, decidiendo quién sacaría el asunto. Sin embargo, fue un gesto que no pasó desapercibido para los padres de ella. De hecho, el anillo de Lily había captado la atención de sus padres poco después de que entraran en la cocina. Greg y Amanda habían compartido una mirada cómplice cuando se dieron cuenta del detalle, pero habían seguido actuando normalmente para ver cuánto tardaban los chicos en dar la noticia.
- Quizás sea hora de que suba a despertar a Petunia. – dijo Amanda mientras se levantaba y recogía sus platos tranquilamente. – Vernon dijo que pasaría a buscarla por la mañana.
- Hay algo que tengo que deciros. – intervino James con rapidez. La idea de ver a la hija mayor de los Evans recién levantada mientras ellos anunciaban su compromiso no le resultaba agradable. No era la imagen que quería guardar como recuerdo del momento.
- Relacionado con el madrugón que te has pegado hoy, supongo. – comentó Greg con un matiz de diversión y dejando a un lado su taza de café.
- Eh... sí, algo tiene que ver. – contestó James a media voz. De pronto estaba muy nervioso, y así se lo hizo saber a Lily cuando ella le miró, esperando que siguiera la conversación.
- Ayer fui un estúpido y cuando me di cuenta era demasiado tarde. Así que decidí venir lo más temprano posible para disculparme con Lily. – explicó el chico después de respirar profundamente. – Y como veis, ella me ha perdonado, así que he aprovechado la oportunidad y le he preguntado algo que hace mucho tiempo que tengo en mente.
Amanda y Greg sonrieron ampliamente.
- Y por el anillo que Lily lleva, adivino que ha dicho que sí¿verdad? – se adelantó Greg con una chispa en sus ojos.
James sonrió también, olvidando los nervios, y contestó después de agarrar la mano que Lily tenía sobre la mesa.
- Sí, parece que a ella no le importa casarse con un imbécil egoísta. – dijo alegremente.
- No eres ni imbécil ni egoísta. – protestó la pelirroja dándole un golpecito en el brazo. – Es que te preocupas demasiado, nada más.
Petunia llegó a la cocina momentos después, justo cuando sus padres aún estaban felicitando a James y a su hermana. Y como hacía cada vez que el novio de Lily aparecía por casa, subió a su cuarto a esperar que se marchara.
No tuvo que esperar mucho tiempo, sólo el necesario para que Lily se arreglara para salir con su ahora prometido. Y mientras la pelirroja estaba vistiéndose en su habitación, James la esperaba en la cocina, donde le estaban dando la bienvenida a la familia.
A los señores Evans les habían dicho que saldrían a pasear para celebrar, pero lo cierto es que salida estaba estrechamente relacionada con la lechuza que había llegado un par de horas antes, cuando ellos dos estaban sentados en la puerta de la casa. El mensaje era escueto pero conciso: el nombre de una calle, una hora y la firma tan característica de Dumbledore.
Había llegado el momento de integrarse oficialmente en la Orden del Fénix.
oOo
El cielo seguía encapotado, aunque la lluvia había dado un descanso desde hacía rato. Un día en apariencia triste y solitario para muchos de los habitantes de la zona, pero no para ellos.
Remus y Sirius iban caminando en dirección a la calle que Dumbledore había señalado en su escueta nota de la mañana. Todavía faltaban veinte minutos para la hora indicada.
- La calle Rasir es esta. – anunció Sirius poco después, al tiempo que recorría con la mirada todo lo larga que era la calle en cuestión.
- Dumbledore podía haber sido un poco más específico. – se quejó Remus después de comprobar que desde donde estaban ellos, se podía ver casi toda la calle. – Porque lo mismo piensa que ha quedado con nosotros allí, a casi doscientos metros de aquí.
Sin embargo, al no percibir movimiento alguno por la zona, los chicos decidieron quedarse donde estaban, que al fin y al cabo era la parte de la calle con mejor perspectiva. A medida que los otros fueran llegando les irían viendo.
Al cabo de unos minutos Sirius pareció caer en la cuenta de algo.
- Ya sabía que estas casas me sonaban de algo. – comentó con lentitud, fijándose en las casas idénticas unas a otras que los rodeaban. – Son muy parecidas a la casa de Catherine.
- La mayoría de los residenciales lo son, Canuto. – repuso el licántropo vagamente.
Estaba empezando a temer que Casey llegara antes que los demás. Después del 'encuentro' que habían tenido días atrás Sirius y ella, Remus no quería imaginar lo que sucedería cuando volvieran a verse.
- Sí, es posible. – contestó el moreno sin prestar mucha atención.
Él también estaba pensando en Casey, por mucho que hubiese intentado evitarlo. La conversación-discusión que habían tenido en la cafetería le había trastocado, aunque no fuese a admitirlo. Aquella vez las palabras de la chica le habían sonado diferentes, porque esa vez le habían dolido. Y Sirius sabía muy bien que lo que él había dicho también había provocado algún tipo de sentimiento en Casey, lo pudo ver en sus ojos cuando le echó en cara que odiaba tener que verla.
Había dicho aquello sin pensar, como solía hacer cuando se enfadaba, y por primera vez estaba arrepentido de haber actuado así. Porque Sirius no odiaba a la chica, eso ya lo sabía él perfectamente, pero ¿por qué entonces se comportaba así cuando estaba ella? Hacía lo que fuese por enfadarla, por sacarla de sus casillas... ¿A qué le iba a llevar todo aquello?
Sirius desconocía la razón de aquel comportamiento, pero aún así tampoco podía evitarlo. Quizás por eso sentía tantas ganas de encontrarse con ella de nuevo, o quizás las razones de su actitud iban tan por delante de él que no podía verlas.
Remus confirmó que su suerte iba de mal en peor cuando vio a una persona que se acercaba corriendo hacia ellos. Era una chica.
- Pensaba... que llegaba... tarde. – dijo Casey a modo de saludo, con la respiración entrecortada porque estaba recuperando el aire después de la carrera.
- Faltan algo más de cinco minutos. – aclaró Remus mirando su reloj.
Y se hizo el silencio.
Casey se recuperaba de la carrera y parecía no haber notado a Sirius, que la estaba mirando de soslayo. Remus por su parte, era el único que parecía querer iniciar una conversación.
- Sirius y yo llevamos poco tiempo aquí, pero no estamos muy seguros de que este sea el lugar exacto.
- La calle es bastante larga, pero desde aquí podemos verla casi al completo. – contestó la chica despreocupadamente. – Al menos no has tenido que esperar mucho tiempo solo. Yo he tardado más porque el autobús venía extrañamente lleno hoy.
- Casey, no he venido solo... ¿No ves a Sir..
- ¿Crees que lloverá? – le cortó la chica como si fuera lo más normal del mundo. – He olvidado traer el paraguas.
Remus miró a Sirius antes de volver a hablar, pero el moreno le hizo una señal con la mano, quitándole importancia al asunto. Sirius se había dado cuenta del juego de la chica: volvían a estar en séptimo curso. Sólo que esta vez él no se iba a dejar vencer por el vacío que ella pudiera hacerle. Si Casey actuaba como si él no estuviera ¿por qué Sirius no podía hacer exactamente igual?
- ... el parte meteorológico de la televisión no ha anunciado lluvias para hoy, pero en esta ciudad nunca se sabe... Es tan normal ver de llover por aquí... – Casey continuaba hablando como si Remus no le estuviera haciendo gestos a Sirius.
- Eh... no tengo televisión, Casey. Así que... no sé qué pasará hoy. – respondió el licántropo vagamente, esperando la reacción de su amigo, que llegaría tarde o temprano.
- Lunático ¿no crees que ya se están retrasando? – intervino Sirius de pronto. – Como llegue Dumbledore y sólo estemos tú y yo...
- ¿Sabes, Remus? Ayer me quedé hablando con Matt después de clases y creo que podrá ayudarnos con el ensayo que la profesora Surays nos...
- ... Anne es siempre muy puntual y Lily consigue que James también lo sea. Así que deberíamos empezar a preocuparnos, Lunático.
Sirius y Casey hablaban al mismo tiempo, cada uno a lo suyo y como si la cara de desconcierto de Remus fuera habitual en él. Ambos actuaban como si el otro no estuviera allí, de forma que a Remus le era imposible seguir las dos conversaciones al mismo tiempo. El chico, viendo que sus amigos seguían hablándole sin prestar la menor atención a lo que él quisiera decir, se dio la vuelta y se echó las manos a la cabeza.
Zona de muggles no magia. Como James o alguna de las chicas no llegara pronto, le estallaría la cabeza.
- Creo que Remus tiene problemas. – dijo Lily cuando un instante después avanzaba con James y con Anne hacia el lugar del encuentro.
- Seguro, si está solo con Sirius y Casey lo mejor que puede pasarle es que no se dirijan la palabra. – apuntó el chico con una sonrisita.
Anne se limitó a asentir.
A la vista de las circunstancias, y puesto que ya iban con un poco de retraso, los tres apretaron el paso. Remus les vio aparecer a lo lejos y suspiró aliviado.
- ¡Lily, Anne! Qué bien que llegáis porque Remus está de un soso hoy... – exclamó Casey cuando sus amigas llegaron a su altura.
- ¿Vuelves a no hablarte con Sirius? – le preguntó Anne en voz baja cuando le dio un beso en la mejilla.
- Que esté ahí como el monigote estúpido que es no significa que exista para mí. – refunfuñó la castaña también en voz baja.
- Hoy no quiero nada de peleas ¿de acuerdo? – pidió Lily, captando la atención de todos.
- ¿Qué pasa¿Qué hoy es el día de la pandilla feliz o al... - empezó Sirius de mal humor.
Pero enseguida se calló al ver la misma sonrisa en el rostro de James y en el de Lily. Ató cabos y miró la mano de ella.
- ¡Por fin, Cornamenta! – exclamó al tiempo que se tiraba a abrazarse a su amigo.
Remus, Anne y Casey entendieron al momento que lo que Sirius quería decir era que, por fin, James se había decidido a pedirle a Lily que se casara con él. Y ella, tal como ellos habían previsto, había dicho que sí.
Un abrazo de seis personas es, más que nada, un lío de brazos y manos que no sabes a quién pertenecen. Y así estaban los amigos cuando la voz del director los interrumpió.
- ¿Qué celebramos?
Todos se volvieron al mismo tiempo para verle. Y como ninguno de ellos abrió la boca, Dumbledore repitió la pregunta.
- ¿Algo especial? Únicamente para saber a quién debo felicitar. – comentó el anciano mago con su habitual tono de jovialidad.
- Lily ha dicho que sí. – respondió Sirius alegremente. - ¡Se van a casar!
- ¡Oh! Esa es una noticia más que estupenda. – Dumbledore sonrió abiertamente. – Me alegro mucho por ambos.
El profesor se acercó a la pareja y la abrazó un momento, antes de seguir con lo que habían ido a hacer allí.
- Y ahora, después de las felicitaciones, concentrémonos en lo que hemos venido a hacer.
Permanecieron en aquella calle el tiempo justo para que el director les explicara lo que debían hacer a continuación. Caminarían unos metros, cada uno en una dirección, hasta que encontrasen un lugar adecuado para desaparecerse sin ser vistos. Pero antes de que cada uno emprendiese su camino, Dumbledore les dijo unas palabras al oído. Después les indicó que no debían repetirlas en voz alta, que sólo las necesitaban para saber dónde debían aparecerse.
Cuando todos volvieron a encontrarse unos minutos después, Dumbledore alcanzó a ver con claridad un gesto común en todos: el del desconcierto. Y es que el lugar donde se suponía que se ubicaba el cuartel general de la Orden era un poco... inadecuado, por decirlo de alguna forma.
Lo que se podía deducir del lugar, según lo que se veía, era que debía ser una zona industrial puesto que los edificios eran grandes naves con pocas ventanas y puertas enormes. Alrededor de ellos había numerosa maquinaria (la mayoría en dudoso estado), camiones y grúas. Ni un solo árbol, ni tampoco alguna persona merodeando por la zona.
- Si se piensa fríamente es el lugar perfecto. – comenzó Dumbledore al ver que los jóvenes se miraban entre sí, extrañados. – Suele estar vacío casi todo el tiempo, ya que es una zona del polígono industrial que, como veis, está casi en ruinas. Está alejado de la ciudad además, por lo que es más difícil de localizar, a pesar de las múltiples medidas de ocultamiento que ya posee.
- ¿Es uno de estos edificios? – preguntó Anne señalando las naves que tenían en frente.
- ¡Oh, no! – contestó Dumbledore con una sonrisa suspicaz. – Pensad en lo que os dije antes.
Los seis jóvenes le hicieron caso y cerraron los ojos para concentrarse mejor. Al abrirlos descubrieron un edificio nuevo, de dos plantas, con muchas ventanas y pintado de un beige que relucía especialmente frente a la mugrienta pintura de las naves colindantes. De dónde había salido era un misterio para los chicos, lo que sí sabían era que aquel edificio no iba para nada con el resto de la zona.
- ¿Qué diría cualquier persona que pasase por aquí ahora? – preguntó Anne, alarmada. – El Ministerio podría..
- No podría hacer nada porque ya hemos contado con ello. – le aseguró Dumbledore mientras caminaba en dirección al edificio. – Y en cuanto a la persona, dudo que viera el cuartel a no ser que fuera uno de los nuestros. Lo único que podría decir es que ha visto a seis jóvenes siguiendo a un viejo chiflado que llevaba una capa con estrellitas.
- Y ningún muggle le creería. – apuntó Casey, que conocía de sobra las costumbres e ideas de los muggles. Al fin y al cabo, hasta los 11 años había sido uno de ellos.
Uno a uno fueron siguiendo al director cuando éste abrió la puerta del cuartel de la Orden. Lo primero que notaron al entrar fue que la oscuridad que reinaba en la entrada y el pasillo no iba acorde al número de ventanas que habían contado desde el exterior. Exceptuando ese detalle, el lugar parecía ser una casa común, con sus muebles típicos y con algunos cuadros de paisajes adornando las paredes. Parecía cualquier cosa menos el lugar de reunión de un grupo secreto.
- ¡Dumbledore, habéis llegado por fin! La reunión ya puede comenzar. – anunció una mujer que acababa de salir de la última habitación del pasillo.
A simple vista parecía rondar los cuarenta años, tenía el pelo rubio oscuro y en una melena corta, acentuando así su mentón.
- Chicos, ella es Marlene Mckinnon, una de las primeras integrantes de la Orden.
La mujer los saludó inclinando levemente la cabeza antes de dirigirse a Dumbledore con cierta preocupación.
- Gideon ha dicho que como no te dieses prisa él se iría. Ha conseguido una pista interesante y quiere volver cuanto antes sobre ella.
- ¿Gideon? Perfecto. Vayamos rápido entonces.
Los seis amigos sintieron que jamás en sus vidas los habían observado tan detenidamente un grupo de magos más variopinto. Eran ocho personas las que estaban sentadas alrededor de lo que parecía ser la mesa del comedor, mirándoles con curiosidad unos y con escepticismo y desconfianza otros. Los chicos sólo reconocieron a dos de ellos: Hagrid, el guardabosque del colegio, y Alastor Moody, el mejor auror de la época.
- Haremos una breve presentación ya que alguno de vosotros tiene que irse pronto. – comenzó Dumbledore con voz serena mientras les indicaba a los chicos que tomaran asiento. – A Hagrid y a Marlene ya les conocéis. El resto son Emmeline Vance, Edgar Bones, Elphias Doge – los nombrados iban haciendo gestos de saludo para que supieran quiénes eran. – Alastor Moody y Gideon y Fabian Prewett. De vosotros ya hemos hablado mucho, así que puedo saltarme vuestra presentación. – añadió el mago dirigiéndose a sus antiguos alumnos.
- Dumbledore, creo haber hallado la pista que nos conduciría hasta uno de los suyos. Uno de los que estuvo en Durham. – el hombre que habló con voz apremiante fue Gideon Prewett. No llegaría a los treinta años y tenía un cabello castaño rojizo muy llamativo, al igual que su hermano.
- ¿Dónde has obtenido ese dato? – quiso saber Dumbledore, que ya se había sentado al frente de la mesa.
- Llevo varias semanas investigando el asesinato de Durham y por las descripciones de algunos muggles de la zona y nuestros contactos, creo haber dado con la clave. – explicó el hombre, al que se le notaba que tenía prisa. – Pensaba ir a investigar la casa del sospechoso. Sólo echar un vistazo.
El director de Hogwarts miró a Gideon un momento en silencio, meditando.
- Muy bien, márchate y ya nos comentarás las novedades en otro momento.
Gideon se levantó rápidamente y se disponía a ponerse la chaqueta cuando Dumbledore habló de nuevo.
- Remus y Anne van contigo. – anunció, ganándose las miradas perplejas de los jóvenes.
- De acuerdo. – concedió el hombre sin problemas. Dumbledore ya le había puesto sobre aviso. – Vamos. – les indicó a los dos jóvenes, que estaban aún un tanto desconcertados.
Lily y Casey sólo necesitaron un momento para ver que aquella situación no le agradaba en absoluto a su amiga. Y no era precisamente por tener que ir a vigilar la casa de un sospechoso.
- Ahora ya podemos seguir con normalidad.
James y los demás no intervinieron durante la reunión, aunque permanecían muy atentos a todo lo que se decía para quedarse con el mayor número de detalles posible. No fue una hora y media aburrida, aunque no se dijo nada de gran relevancia, pero para los chicos aquello era emocionante. Y probablemente habrían permanecido más tiempo en silencio si Dumbledore no hubiera hecho los repartos de grupos tal como los hizo.
- Lily y James irán con Moody en un par de días a su visita en Azkabán. Como están en la Academia de aurores no resultará muy extraño que te acompañen, Alastor. – comunicó el anciano mago ante la sorpresa de la pareja. Primera 'seudomisión' y ya iban con Moody...
- Pueden pasar a la perfección por los estudiantes avanzados que suelo escoger de vez en cuando. Por lo que tengo entendido, los profesores están muy contentos con ambos. – comentó el auror despreocupadamente, pero sin dejar de observar detenidamente a sus dos nuevos pupilos. – Y por las clases no habrá problemas, yo me encargo.
James miró de reojo a Sirius, que estaba más serio de lo habitual. Si estaba también en la academia¿por qué Dumbledore no le había puesto con Lily y con él? Sirius, sin embargo, ya había dejado de plantearse la pregunta. Porque al momento había caído en la cuenta de que el director había puesto juntos a Anne y a Remus un rato antes. Ahora a James y a Lily... Y tenía el maldito presentimiento de que la elección que Dumbledore hiciera para él no le iba a gustar.
- Fabian, Edgar, vosotros ya sabéis lo que tenéis que hacer la próxima semana. – habló de nuevo Dumbledore. – Y estoy seguro que el señor Black os servirá de ayuda.
- ¿Yo? – preguntó Sirius con asombro.
- Tenemos constancia que los seguidores de Voldemort son, en su mayoría, procedentes de familias de sangre pura. No por nada el ideal de Voldemort es hacer una limpieza de sangre a fondo. – intervino Fabian con tono resuelto pero serio.
- Mi familia es la candidata perfecta. – masculló Sirius irritado. – Aunque no creo que puedan llegar al límite de asesinar a nadie por eso.
- No tienen por qué llegar a tales extremos, pero pueden saber mucho de los seguidores de Voldemort. Incluso siendo parte de ellos, pueden ayudar de muchas formas sin tener que cometer un asesinato. – explicó Fabian.
- A mí sigue sin parecerme tan buena idea que Black los acompañe. – opinó Moody mirando al chico con gesto desafiante. – Es más, sigo pensando que...
- No discutiré esto de nuevo, Alastor. – le cortó Dumbledore con voz autoritaria. – No has dudado nunca de mi criterio, así que haz el favor de no empezar en este momento.
Sirius miró a su antiguo director con agradecimiento, entendiendo finalmente por qué no le había puesto con James y con Lily en la misión de Moody. En el fondo comprendía que la gente pensase así de él, con la familia que tenía... Pero él no era como ellos y así lo había demostrado desde el colegio: cuando se alegró de entrar en Gryffindor y no en Slytherin, cuando se desvinculó totalmente de sus primos y su hermano, que sí habían entrado en la casa de la serpiente; pero sobre todo, lo demostró cuando decidió marcharse de casa para irse a la de James. Hasta el momento había sido la mejor decisión de su vida.
- Yo confío en tu criterio Dumbledore, aunque no lo comparta. – apuntó el mago que se llamaba Edgar Bones.
Era un hombre bastante alto y parecía fuerte. De gesto bonachón y una espesa mata de pelo negro, no debía tener más de 40 ó 45 años. Sin embargo, ese gesto bonachón no le impedía mirar a Sirius con desconfianza.
- Sirius, vendrás aquí varios días a la semana al acabar las clases. – le indicó Fabian con un tono suave con el que intentaba destensar el ambiente. – Edgar y yo ya te diremos lo que debes hacer.
- De acuerdo. – contestó el chico con decisión. Les iba a demostrar que no todos los Black eran iguales.
- Y Cassandra va a ayudaros también. – anunció Dumbledore con una media sonrisa.
Casey le miró con pavor¿lo hacía a propósito o es que era casualidad que tuviera que estar con Sirius en aquella tarea?
- No creo que... – empezaron Sirius y ella al mismo tiempo, dirigiéndose al director con cierto enojo.
La chica fulminó a Sirius con la mirada cuando se dio cuenta que habían dicho lo mismo a la vez. Él le respondió de la misma forma.
- ¿No estáis de acuerdo con el reparto de grupos? – preguntó el director jovialmente.
- ¡No! – exclamaron ambos al unísono.
- Pues lo lamento, porque la decisión está tomada. Y no, no pienso hacer cambios porque no os llevéis bien. – dijo el mago con tranquilidad. – Bien, continuemos.
Casey se cruzó de brazos y permaneció el resto de la reunión con un gesto de enfado en la cara y resoplando de vez en cuando. Sirius, por su parte, se molestó también por lo que les había tocado. Se quedó callado y con un gesto mezcla de resignación y confusión. No estaba muy seguro de qué era lo que más le enfadaba, si el reparto tan 'ingenioso' que había hecho Dumbledore o si el hecho de que a Casey le irritara tanto tener que compartir aquello con él.
Después de aquello, algunos miembros de la Orden abandonaron el cuartel para seguir con sus asuntos. Dumbledore, Marlene y Fabian se quedaron un rato más, explicando a los chicos todo lo que debían saber y contestando a sus preguntas.
oOo
Mientras sus amigos permanecían en el cuartel, Anne y Remus caminaban junto a Gideon por un céntrico barrio londinense.
- Supongo que tendréis dudas y preguntas, pero eso tendremos que resolverlo más tarde. Ahora es preciso que pasemos desapercibidos hasta que lleguemos a nuestro destino. – les había dicho Gideon con tranquilidad cuando se habían aparecido en una calle oscura en medio de la ciudad.
Iban a paso ligero, Prewett guiando la marcha y Anne inmediatamente detrás; Remus estaba unos pasos más alejado. No se sentía a gusto con la situación.
A primera vista Gideon no le caería mal, así que trabajar con él no creía que fuese a suponerle un problema, pero con Anne era otra historia. Al principio, en el cuartel, Remus había llegado a pensar que pasando más tiempo con ella las cosas podrían arreglarse un poco. Pero después había tenido que volver a la realidad. Y es que ella ni se había molestado en dirigirle una mirada desde que Dumbledore les anunciara que iban con Gideon. Además, el tono áspero que la chica había utilizado para cruzar unas cuantas palabras con Prewett la delataba. Estaba muy enfadada por tener que pasar aquel tiempo con Remus y no hacía nada por disimularlo. Desde luego al chico le iba a costar muchísimo cambiar aquello, aunque sólo fuera un ápice.
- Dumbledore nos ha hablado de vosotros. – comentó Gideon en un intento de ocupar el silencio mientras caminaban. – Dice que sois todos muy buenos amigos.
Remus se acercó para poder intervenir en la conversación, pero Anne habló primero.
- Pues se equivoca. - repuso la chica con brusquedad. – No todos somos amigos de todos.
- ¿No? – se extrañó el hombre, que miró a Remus.
- En realidad, algunos de nosotros tenemos nuestros más y nuestros menos. – matizó el licántropo con desgana.
- Sí, algo comentó acerca de Black y de Nayron, os referís a ellos ¿verdad?
Remus prefirió no contestar y únicamente miró hacia otro lado. Anne, sin embargo, no se quedó callada.
- Nos estábamos refiriendo a nosotros mismos. – dijo con frialdad. – Creo que está bastante claro que no nos gusta este reparto que ha hecho Dumbledore.
- Habla por ti, Anne. – intervino Remus a la defensiva. – Yo no he dicho que no me guste trabajar contigo.
Gideon los miró con curiosidad y pensó que no importaría que se retrasaran un minuto más. Así que se alejó unos pasos y se quedó mirando un escaparate cercano sin de dejar de estar pendiente de sus ayudantes.
- ¿Alguna vez me vas a contar el problema que, de pronto, tienes conmigo? – preguntó Remus, enojado.
Anne le miró a los ojos con rabia durante un instante y luego emprendió la marcha sin decir nada.
- ¡Anne! - Remus la alcanzó y la tomó del brazo, quedando ambos frente a frente. - ¿Ahora también vas a ignorarme? Pensaba que eso era más típico de Casey.
- No puedo ignorarte porque, por desgracia, ahora somos compañeros. – repuso la morena con tono cortante. – Pero sería más fácil para los dos si intentáramos hacer como que el otro no existe.
- ¿Tanto me odias? – quiso saber el chico, dolido por las palabras y el tono que ella estaba utilizando.
- Ya puedes soltarme. – le indicó ella, evadiendo la pregunta que no sabía cómo responder.
- Es frustrante ver cómo haspasado de ser mi amiga a odiarme sin razón aparente. – le recriminó el chico, sin intención de soltarla. - ¿Tanto he cambiado desde el colegio?
Anne volvió la cara, dándole a entender que no iba a responder a aquello tampoco. Él la soltó porque se dio cuenta que no merecía la pena seguir, nada de lo que dijese iba a cambiar las ideas la chica.
Una vez liberada, Anne dio unos cuantos pasos en dirección a Gideon. Sin embargo, Remus se quedó parado, apretando los puños para contener la rabia que todo aquello le producía. Anne dudó un momento y se dio la vuelta para verle. El chico estaba en medio de la calle, con los puños apretados y la mirada fija en algún punto del suelo. Y entonces ella volvió a hablar, con un tono mucho menos frío esta vez... Hablaba casi con tristeza.
- Tú no has cambiado, ese es el problema.
Cuando Remus levantó la vista, la vio. Estaba sólo a unos metros de él, con aquella mirada vacilante que le había visto en varias ocasiones en el colegio. Aquella con la que parecía querer decirle algo pero que, finalmente, no se atrevía a decir. Por un momento el chico vio a la misma Anne de Hogwarts. La Anne que él extrañaba.
- ¡Anne, cariño! Pensé que estabas con tus amigas.
La voz de Eric borró de golpe el momento. El chico venía pasando a Remus por el lado cuando Anne rehizo su gesto. Ahora parecía feliz, aunque un tanto preocupada.
- ¡Eric! – exclamó ella antes de acercarse y saludar debidamente a su novio.
Remus observó la escena con el ceño fruncido y con un nudo apretando en el estómago. Estaba yendo hacia Gideon cuando el novio de Anne se percató de su presencia.
- ¿Qué hacías con Lupin, cariño? – preguntó con un tono duro que se dulcificó de pronto en la última palabra.
A la chica le preocupó ese matiz, ese cambio de tono tan brusco.
- Eric.. él y yo sólo estábamos...- no sabía qué decir. Ya le había contado que Remus y ella eran sólo conocidos ¿cómo explicaba ahora la situación?
- Sólo hablábamos. Nos hemos encontrado por aquí cerca porque Anne iba a hacerle un recado a Casey y como íbamos en la misma dirección, hemos seguido juntos. – mintió Remus con tranquilidad, como si en realidad eso fuera lo que había pasado.
Eric no se quedó muy convencido, mucho menos con la falsa sonrisa de cordialidad que Remus le ofreció.
- No me gusta ese chico. – le susurró a su novia con tono amenazante. – No te acerques mucho a él.
Anne abrió la boca para replicar, pero Eric la abrazó.
- ¿No puedes hacer eso por mí? – le pidió el chico, ahora con un tono más dulce.
Cuando ella asintió en silencio, Eric le dio un beso y se despidió ya que iba camino de un asunto de trabajo. De Remus se despidió con un movimiento de cabeza y una sonrisa falsa.
- Creo que ya nos hemos retrasado bastante. – indicó Gideon acercándose una vez que Eric ya se había perdido de vista.
Los tres miembros de la Orden emprendieron de nuevo el camino, en silencio. Estaban muy ocupados con sus propias cavilaciones.
N/A: Volví! Siento mucho el retraso al subir este cap, pero ya sabeis (y si no, os lo digo ahora jeje) que estoy hasta arriba con los exámenes de la uni y que mi tiempo de ocio está literalmente censurado xD.
¿Qué os ha parecido el cap? Hay dos cosas que van a tener su relevancia en el futuro... a parte del reparto tan divertido que ha hecho Dumbledore, por supuesto. Una es el final del cap, porque habéis visto que Remus se ha dado un poco por vencido... ¿Y la otra? Espero respuestas :)
Y ahora, antes de irme, quiero agradeceros mucho mucho a todos aquellos que me dejais un rr, por muy cortito que sea, porque me alegran un montón ¡Gracias! Porque hemos superado ya la barrera de los 50 reviews! ( y la de los 2000 hits! eso sí que es una barbaridad... sobre todo comparado con el número de rr's jiji).
Ya está, no aburro más xD
Hasta el próximo cap! Besos a todo el mundo! Y mucha suerte para los que sufran de exámenes también!
Nasirid
