Hola a todos! perdon por la tardanza,, se que habia dejado este pobre fic un poco de lado pero la verdad que en estos momentos mi cabeza solo funciona para uno, por lo que primero me encargue de mi otro fic y despues me dedique en cuerpo y alma a terminar este capitulo... bueno,, espero que les guste, este capitulo (mas largo que los anteriores) esta dedicado nada mas ii nada menos a mi queridisima amiga Lolichan, nena espero qe te guste y que te recuperes pronto, te quiero a montones... Listo, no los entretengo más, disfruten la lecutra y si alguno le pico el bichito de buena onda me deja su opinion :D... Flor99
Capítulo siete: banda
"…Al final la espera vale la pena…"
Estaba totalmente de acuerdo con su irritante hermano menor, Kagura estaba deslumbrante, tanto que le costó un gran esfuerzo apartar la mirada de su rostro y fingir indiferencia como acostumbraba.
Por su parte, la mayor de las Higurashi´s maldecía con toda su existencia a su hermanita menor, ¡Como se le ocurría a Kagome ponerle tacones tan altos! Ella nunca en su vida había usado cosas como esas y de repente tenía que caminar como payaso de circo con zancos… Aunque debía reconocer que el conjunto de falda y camisa que la pequeña le había elegido no le quedaban para nada mal. Un poco nerviosa por la inquietante presencia de Sesshomaru dio dos pasos hacia él con una disimulada sonrisa al notar que el Taisho estaba igualmente o quizás más nervioso.
-Perdón por hacerte esperar- se disculpó llamando la atención del ambarino.
-No hay problema- contestó secamente -¿Lista?- preguntó dando media vuelta dirigiéndose hacia la salida.
-Claro- accedió sujetando fuertemente su abrigo contra el pecho.
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-¿Crees que Kagura y tu hermano la pasarán bien?- preguntó Kagome sentada entre las piernas del peliplateado, disfrutando del fresco aire que corría por el patio.
-Eso espero. Tu hermana parece ser la mujer que lo pondrá en su lugar de una vez- comentó Inuyasha apoyando el mentón sobre la cabeza de su novia.
-Que hermoso día- susurró la muchacha cerrando sus ojos lentamente.
-Sí, todo es demasiado perfecto-
-Hajam-
Inuyasha abrazaba fuertemente a Kagome por la cintura, sentía miedo de perderla en algún momento y no quería dejarla ir.
-Oye Inu…- llamó la menor de las Higurashi´s rompiendo el silencio que los rodeaba.
-Si…- pronunció despacio el ambarino concentrado en la dulce y armoniosa voz de la joven.
-¿Miroku y Sango no han vuelto, cierto?-
-No- contestó recordando que su hermanito había salido en una cita hacía varias horas.
-Espero que estén bien-
-Seguramente Kag- tranquilizó el ambarino besándola en la frente- Oye pequeña… ¿No te gustaría ir mañana a conocer la banda?- preguntó acunando su rostro con amabas manos.
-¿En serio?- exclamó con ilusión recibiendo un movimiento afirmativo -¡Me encantaría!- gritó exaltada abrazando fuertemente a Inuyasha por el cuello.
-Bien… Iremos mañana por la mañana ¿te parece?-
-¡Sí!-
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-¿Qué miras Taisho?- preguntó el señor Higurashi al encontrar a su viejo amigo observando a través de la ventana de la cocina.
-Eso- respondió él hombre señalando algo fuera de la casa.
Kaoru se acercó hacia Inu no, y pudo contemplar a dos personas recostadas sobre el pasto.
-¿Son Inuyasha y Kagome?- preguntó sorprendido.
-Efectivamente. Dime amigo, cuantos días quedan para que se marchen- preguntó sin despegar la vista de la pareja.
-Si mal no recuerdo, nos quedan una semana y tres días, ¿Por qué lo preguntas?-
-Fíjate bien en ellos… Yo no sería capaz de forzar a Inuyasha a casarse con otra que no sea Kagome- murmuró dirigiendo su vista hacia su amigo.
-Yo tampoco podría hacerle una cosa así a Kagome- asintió de acuerdo con el ambarino.
-¿Sabías que Miroku ha salido con Sango? ¿Y Sesshomaru con Kagura?- cuestionó sentándose en una de las sillas del comedor siendo seguido por el otro hombre.
-No estaba enterado-
-Crees que…-
-¿Papá? ¿Mamá? ¿Están en casa?- la voz del menor de los Taisho se escuchó desde la sala.
-Estoy aquí Miroku- hizo saber el padre observando como su hijo se acercaba a él siendo seguido por una muy sonrojada Sango.
-Papá, señor Higurashi- comenzó mirando a ambos padres –Tenemos algo que decirles- comunicó sosteniendo la mano de su reciente novia.
-Te escuchamos- alentó Inu no.
Bueno… Sango y yo somos… novios- confesó con el rostro encendido de vergüenza.
-Eso es maravilloso hijo, te felicito de que hallas encontrado una muchacha tan encantadora como Sango- respondió su padre mirándolo con una sonrisa.
-Por mi parte también chicos, los felicito- apoyó Kaoru sonriéndole a su hija.
-Muchas gracias a los dos- agradeció Sango con una leve reverencia –Si me disculpan, iré a cambiarme- se excusó abandonando la cocina.
-Yo iré a hablar con Inuyasha, ¿está en casa?- preguntó el morocho
-Sí, está afuera con Kagome- informó Inu no Taisho mientras Miroku se dirigía al patio.
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-Sesshomaru, ¿a dónde tienes pensado ir?- preguntó Kagura caminando a un costado del peliplateado.
-Es una sorpresa- murmuró secamente sin mirarla.
-Está bien- finalizó la mujer con un gran suspiro.
Ambos caminaban algo distanciados, Sesshomaru tenía las manos en los bolsillos y llevaba la vista fija en el camino, Kagura estaba algo inquieta al no saber a dónde iban sumado a las respuestas del hombre eran tan secas e inmutables que la ponían cada vez peor.
Después de unos minutos caminando, el mayor de los Taisho´s de detuvo de repente extrañando por completo a la mayor de las Higurashi´s.
-Cierra los ojos- le ordenó mirándola por primera vez.
-¿Qué? ¿Para qué debo cerrarlos?-
-Tú sólo hazlo- gruñó acercándose peligrosamente hacia ella, inmediatamente cerró los ojos con fuerza y se dejó llevar por las fuertes manos de Sesshomaru que la sostenían por los hombros.
Caminó ciegamente unos minutos hasta que sintió bajo sus pies un suelo mullido que crujía levemente con cada uno de sus pasos, ¿acaso eran pasto y hojas?, luego sintió una leve brisa de viento que arrastró hasta su nariz el leve aroma de jazmines, a cada momento que pasaba su nerviosismo aumentaba.
-¿Ya puedo abrirlos?- cuestionó impaciente.
-No todavía- le contestó alejándose de ella –Ni se te ocurra abrirlos- amenazó con vos grave.
-Tranquilo- sonrió de medio lado –Se apreciar el valor de mi vida- rió concentrada en el tranquilizante canto de los pájaros.
-Sólo espera un segundo más-
Después de lo que para Kagura resultó ser cinco minutos sintió como su mano era sostenida por la fuerte y varonil de Sesshomaru, y como este la guiaba unos pasos más allá y se colocaba a sus espaldas.
-Bueno… ya puedes abrirlos- finalizó suspirando.
La Higurashi no lo dudó ni un segundo, cuando sus párpados se abrieron sus ojos impactaron con el paisaje más hermoso que jamás se imaginó, frente a ella se extendía un inmenso bosque mientras que ellos estaban situados en un claro de éste, rodeado de tupidos y muy frondosos árboles que debían medir no menos de dos metros pero, lo que hacía de aquel un lugar fantástico no era sus distintos tonos verdes… sino la hermosa y suave espesura del pasto cubierta casi en su totalidad por un arcoíris de flores, amarillas, rojas, naranjas, hasta moradas. Contempló una vez más aquella imagen y muy lentamente se giró para hacer frente a una potente mirada dorada que la observaba expectante.
-¿Por qué me has traído aquí?- susurró con un leve rubor en sus mejillas.
El Taisho se encogió de hombros despreocupadamente –A mí esas cosas latosas como el cine no me van- explicó sentándose sobre un mantel previamente colocado –Pensé que te gustaría pasar un atardecer en un lugar como éste-
-¡Claro que sí!- dijo apresuradamente para luego sonrojarse de sobremanera –Me parece… encantador. Gracias- tartamudeó desviando su mirada hacia el suelo.
-No te quedes ahí parada- masculló el peliplateado palmeando el espacio a su costado derecho.
Kagura sintió un ligero nudo en el estómago al ver la acción de Sesshomaru, más eso no le impidió caminar hacia él y dejarse caer muy lentamente a su lado.
-¿De dónde conocías este lugar?- preguntó disfrutando de una ligera brisa que le brindaba la hermosa fragancia de las flores.
-Este lugar era un secreto, sabía venir aquí cuando era pequeño- dijo sin entrar en muchos detalles –Me trae tranquilidad-
-Pienso que es un lugar perfecto para relajarse- opinó con una sonrisa.
Sesshomaru sintió un estremecimiento al observar el gesto de la joven, quería acercarse más hacia ella pero, había un obstáculo que se lo impedía, había una muralla de puro orgullo que le prohibía tomarla entre sus brazos.
-¿Te importa si me suelto el cabello?- consultó la castaña.
-Claro- accedió tragando costosamente, no iba a negar que la idea de verla por primera vez sin aquel molesto recogido pero, estaba pensando en todo el autocontrol que debía reunir antes de aquella imagen.
La muchacha sin notar la distorsionada cara de Sesshomaru sujetó con ambas manos los lazos que mantenían atado su cabello y lentamente fue tirando de estas hasta que se deshizo por completo, sus largos mechones cayeron sobre sus hombros y espalda como una cortina de color caoba. Movió un poco la cabeza hacia los lados disfrutando de las cosquillas que el viento le provocaba en su cuero cabelludo, sin sabes que por otro lado el ambarino la miraba totalmente embobado.
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-¡¿Kagome ya estas lista?!- preguntó Inuyasha desde las escaleras. Su adorada novia había subido hacia unos minutos para arreglarse, él planeaba llevarla a conocer a sus amigos esa misma tarde y la señorita no pensaba salir vestida "de entrecasa".
-¡Enseguida!- respondió la joven mientras se calzaba sus zapatillas lo más rápido que podía intentando hacer equilibrio para no caerse. Definitivamente alguien tenía que darle un premio, se había colocado los jeans más apretados de la historia (cortesía de Sango) en menos de 3 minutos, había peinado su pelo como Miroku lo hacía (nótese el enorme sarcasmo) y se había colocado la blusa sin mangas en treinta segundos, todo por que el hermoso peliplateado de ojos ámbar que la esperaba abajo le dijo que lo hiciera "rapidísimo".
-¿Falta mucho?- volvió a preguntar muy impaciente.
-¡Dios! ¡Ya bajo!- gritó desesperada -¡Eres peor que Sesshomaru!- bufó bajando las escaleras muy apresuradamente. No logró poner un pie en la sala cuando recordó que su bolso había quedado sobre la cama -¡Diablos! Olvide mi bolso, dame 10 segundos- gruñó desapareciendo otra vez escaleras arriba.
-Hmp, mujeres- suspiró Inuyasha cruzándose de brazos mientras caminaba muy lentamente hacia la puerta –Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis- comenzó a contar en voz alta –siete, ocho, nueve…-
-¡Listo!- chilló Kagome situándose al lado de su novio intentando recobrar la respiración –Eso ha estado de muerte- dijo respirando bien hondo.
-Pasa que no estás en forma- explicó el joven con algo de malicia en el comentario.
-¿Y qué pensabas?- gruñó la menor –Soy guitarrista no atleta-
-Sí, pero en el instituto deberían enseñarte por lo menos a correr- comentó riendo por el berrinche que hacía su novia.
-Lo hacen, solo que me salto las clases- dijo ella muy aireada.
-¿Eso haces?- preguntó él incrédulo.
-Hajam, no es nada difícil cuando tiene tres amigas que comparten tus ideas y un enorme agujero en la verja del instituto- explicó acomodando el bolso en su hombro izquierdo.
-Si sigues haciéndolo no podrás graduarte- reprochó Inuyasha pasándole un brazo por la cintura.
-Bah- bufó ella mirando hacia otro lado –Prefiero mil veces un amplificador y una buena guitarra a un par de zapatillas y una cancha de volley-
-Como digas mi pequeña enojona- rió muy divertido por las muecas que hacia Kagome.
La muchacha prefirió no contestar, el desgraciado de Inuyasha estaba de tan buen humor que le daba pena arruinársela con un enorme insulto.
Caminaron por un barrio donde no pasaba demasiada gente, luego se toparon con una avenida atestada de gente, tomaron rumbo hacia la derecha y se internaron por una calle totalmente desierta y sin nadie que pasara por allí. Kagome estaba algo nerviosa, estar en esa ciudad desconocida la volvía loca.
De repente Inuyasha paró en seco frente a un destartalado edificio con aspecto de abandonado.
-¿Aquí es?- le preguntó.
-Sip- contestó el ambarino caminando hacia la entrada. Mientras subían las interminables escaleras se comenzó a escuchar unos estruendosos sonidos, Kagome estaba demasiado ansiosa por lo que no pudo evitar acelerar el paso y subir los escalones con más rapidez, hasta que se detuvo en un largo pasillo donde el sonido era más alto e inconfundiblemente se encontraba en alguna de aquellas puertas.
-Última a la derecha- le explicó Inuyasha mientras intentaba seguirle el ritmo.
La joven se quedó parada frente a una destartalada puerta de madera con el número 66 grabado en letras negras, esperó hasta que Inuyasha abriera y pasara él primero, quedándose detrás con demasiada vergüenza como para entrar así como así.
-Hola chicos- saludó el ambarino a quien fuera que estuviera del otro lado, como por arte de magia el sonido cesó de repente.
-¡Hola!- saludaron varias voces al mismo tiempo
-Tengo a alguien a quién presentarles- les dijo observando a Kagome mientras la agarraba de un brazo para adentrarla a la habitación mientras ella se resistía.
-Woau Inu, ¿es tú hermana?- preguntó un chico bien alto con una espalda anchísima, a la pobre Higurashi le entró pánico, aquel hombre era enorme.
-No Kyokotsu, ella es Kagome, mi novia- dijo presentándola ante los siete chicos que la miraban asombrados.
-¿Cuántos años tienes lindura?- le preguntó uno de ellos que de la nada había aparecido arrodillado ante ella mientras le besaba la mano.
-Diecisiete- balbuceó ella con los vellos de la nuca erizados por el contacto con aquel hombre que no dejaba de babosear su mano.
-Mukotsu- gruñó Inuyasha.
-Sí, si lo siento- se disculpó alejándose.
-¿No es algo joven para ti?- preguntó un tercer hombre.
-Bueno Kag, te los presentaré- dijo el ambarino mientras la abrazaba obviando olímpicamente la pregunta que le habían hecho, frente a ella se encontraba tres guitarristas, un vocalista, bajista, pianista y baterista, muy parecida a su banda.
-Él es Ginkotsu- señaló a otro hombre igualmente de enorme que el anterior, que estaba sentado en un banco frente a la descomunal batería –Él es Suikotsu- el pianista que estaba recostado sobre una pared con gesto tranquilo le sonrió en modo de saludo –Bueno, a Mukotsu ya lo conoces, es el bajista, mientras que ellos- dijo señalando a otros tres que estaban con las guitarras al hombro –Son Kyokotsu, Jakotsu y Renkotsu- el primero que había hablado antes la miraba muy fijamente, el segundo fue sorprendido por la joven observando embobadamente a Inuyasha y el tercero saludó con una mano a Kagome mientras que seguía afinando su instrumento.
-Te has olvidado de mí, Inuyasha- suspiró el último que estaba posicionado frente al micrófono –Pero gracias de todos modos, me gusta más presentarme por mi cuenta- dijo acercándose hacia la muchacha –Mucho gusto Kagome, soy Bankotsu-
-Hola- dijo ella sonriendo un poco más cómoda.
-¿Vinieron a vernos tocar?- le preguntó Jakotsu a Inuyasha con mucha ternura.
-Sí, Kag quería conocer a la banda, ella también tiene una en Kyoto- explicó el ambarino incómodo por las lascivas miradas del segundo guitarrista.
-¿Cómo haces para juntarte a tocar si Kyoto queda a seis horas de viaje?- preguntó Renkotsu confundido.
-Bueno…. En realidad yo vivo en Kyoto, estoy aquí por dos semanas- explicó Kagome sin entrar en detalles.
-Pero entonces…- comenzó diciendo Mukotsu, era obvio que a todos les parecía raro una relación a distancia.
-Bien, vinimos para verlos tocar no para que la mantengan entretenida conversando- interrumpió Inuyasha guiando a Kagome hacia un sillón frente a los siete chicos que se disponían a tocar.
-Siempre tan carismático- bufó Bankotsu ajustando el soporte de su micrófono.
De repente el semblante de todos los integrantes de la banda se endureció, se tomaban muy en serio el hecho de tocar. Jakotsu comenzó a tocar y segundos después fue seguido muy lentamente por el baterista.
Lo estaba esperando
Sabía que te irías
Y pasaron los días
Mientras extraño tus mentiras.
Ese vacío aquí a mi lado
Que me dejó desconcertado…
La grave vos del vocalista dejó impresionada a Kagome, la melodía era muy hermosa y tenía buen ritmo. Después de la primera estrofa se acoplaron las guitarras faltantes y Mukotsu comenzó a hacer lo suyo con el majestuoso bajo.
Sé que aunque diga lo que diga
Tu orgullo no te dejará volver
Mientras el mío pide a gritos
Que te vuelva a ver
Esta tortura tan amarga
Que no se apaga ni se aclara.
El piano se hizo escuchar muy lentamente, mientras las guitarras tomaban más velocidad abriendo el estribillo…
Sabes, de verdad me has hecho falta
Y me encantaría poderlo gritar
Pero te miro y tu ya no estas
Si sólo pudieras regresar
Esta historia no tendría su final
La menor de las Higurashi´s estaba en su salsa, contemplaba maravillada las habilidosas manos de los guitarristas que se movían por toda la extensión del instrumento sin error alguno. El solo de batería que seguía a continuación abría una tercera estrofa…
Al abrir los ojos pienso que a mi lado te tengo
Pero al saber que estoy despierto eso no puede ser cierto
Ha pasado tanto tiempo que ya no me acuerdo del pretexto
Que me diste el día que te fuiste
Sabes, de verdad creo que te extraño
Y no tengo miedo de confesar
Que moriría por irte a buscar
Tardando lo que tenga que tardar
Para que a mi lado vuelvas a estar
Un silencio total inundó la habitación, solamente interrumpido por las suaves notas que comenzaron a salir de la guitarra de Jakotsu, claramente Kagome distinguió el final de la canción…
Hay un millón de cosas que haría en este mundo
Una de ellas sería pedirte una vez más
Que te animes a regresar
Que vuelvas a mi otra vez
Que te olvides del ayer
Y juntos volver a empezar.
La música cesó por completo, la muchacha tenía una enorme sonrisa de oreja a oreja y exclamó con alegría:
-Ha sido maravilloso-
-Gracias Kag- contestó Bankotsu.
-Ahora queremos que tú cantes algo- agregó Renkotsu.
-¿Y-yo?- preguntó avergonzada
-Sí, tu- respondió Ginkotsu –Si tienes una banda de seguro cantas y tocas muy bien-
-Vamos Kagome- alentó Inuyasha –Yo también quiero escucharte cantar- finalizó arrastrando un banquillo frente al micrófono para que ella se sentara.
La joven caminó hacia allí no muy decidida, Jakotsu le ofreció una de las guitarra a lo que ella aceptó con manos temblorosas, se sentó frente a las ochos personas que la miraban ansiosos e, imaginando que estaba en su adorado galpón rodeada de sus amigos, comenzó a tocar con parsimonia.
No he podido olvidar las expresiones de tu rostro
Me cuesta no pensar en el cálido de tus ojos
La maravilla de tu aroma
El esplendor de tu vos
Aquella elegante pose
Lo electrizante de un roce
Entre tu piel y mi piel
La melodiosa voz de la Higurashi dejó a todos muy sorprendidos, se miraron unos a otros totalmente anonadados mientras la hermosa y tranquila melodía sonaba por toda la habitación
Hazme volar como lo hacías
Imaginar mil fantasías
Quiero vivir como en un cuento
Donde solo este contigo…
Quiero soñar y estar despierta
Entregándote a ti mi vida.
Y no sé qué haré
Si todo es una farsa
Seguro no podría soportar
El no verte nunca más
Sin escuchar tu risa
Sin depender de… ti.
Sola y descontrolada
Imaginándote aquí.
Inuyasha observaba atontando los movimientos de Kagome y embelesado se detuvo en el abrir y cerrar de sus rosados y suaves labios, aquella pequeña energúmena podía hechizarlo solo con una mirada.
Y si lo nuestro está prohibido
Me declaro yo culpable
De ser lo que soy…
De amarte con… locura.
De no dejarte ir
De aferrarte contra mí.
Si se me va la vida en ello,
Seguro estaría feliz
La mirada de la muchacha se detuvo automáticamente en el par de ojos ámbar que la contemplaban con asombro, sintió una calidez en su interior y a la vez se avergonzó sabiendo lo que decía la última estrofa…
Mientras descanso en tus brazos
Abrázame con fuerza
Olvidando que todo lo demás existe
Prométeme que nada te alejará de mí
Que no tendré que llorar por ti.
Abrázame más fuerte
Júralo por lo que más quieres
Bésame con ternura
Y dile a la luna
Que a pesar de todo
Estás completamente loco…
Loco por… mí
La última nota quedó suspendida en el aire por unos segundos mientras todos los presentes intentaban asimilar que el final de la canción había llegado. El primero en reaccionar fue Bankotsu, quien se dirigió hacia Kagome con una sincera sonrisa en el rostro.
-Niña, de verdad cantas fantástico- felicitó acariciando los cabellos de ésta.
-Gracias- murmuró ella muy sonrojada.
Por su parte, el peliplateado no había salido de su trance momentáneo, aquella hermosa canción lo había desarmado por completo y la mirada que Kagome le había dirigido a él no dejaban dudas, ella le había dedicado aquella melodía.
-¿No piensas decirle nada a tu novia Inuyasha?- preguntó Renkotsu al ver que su amigo seguía sumergido en su mundo.
El Taisho por fin pareció reaccionar y sin decir palabra se acercó peligrosamente hacia la Higurashi y, restándole importancia a los demás presentes la sostuvo entre sus brazos mientras sus labios buscan desesperados el primer contacto con los de ella.
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-Todo aquí es muy tranquilo- suspiró la mayor de las Higurashi´s recostada totalmente sobre la hierba con, inexplicablemente, Sesshomaru apoyando su cabeza en su vientre.
-Si- se limitó a contestar totalmente hipnotizado por las tiernas caricias que Kagura había comenzando a hacerle en el cabello.
Se quedaron callados por unos segundos, disfrutando la dulce compañía del otro. El tiempo pasó muy lento para ambos, pero cuando quisieron darse cuenta el sol ya se estaba ocultando por los árboles.
-Creo que ya deberíamos irnos- opinó el Taisho levantándose del estómago de la morocha sin muchos ánimos, al mismo tiempo que Kagura se sentaba de repente provocando que ambos quedaran a una distancia muy escasa.
Se miraron a los ojos por unos segundos, la cercanía de sus rostros provocaba cierto choque entre sus respiraciones. Sin proponérselo, la mirada de Sesshomaru descendió a los finos y entreabiertos labios de la Higurashi y ahí se quedó contemplándolos, hasta que su poco autocontrol decidió irse de paseo y no resistió la tentación de acortar aquella distancia y devorar con ansias aquella dulce boca que se le ofrecía en bandeja de plata.
Los bordós ojos de la joven se abrieron sorprendidos cuando el primer roce se hizo sentir, primero pensó que debía de estar soñando, pero un segundo contacto mucho más profundo entre sus bocas le hizo volver a la realidad… ¡Dios Kagura, te estás besando con Sesshomaru Taisho!
