Saludos lectores ^^

Espero no haber alargado demasiado el tiempo en la publicación de este capítulo. Sé que, subiendo uno cada semana deberíamos estar a la par con Xross Wars (se pega un tiro xD) pero he tenido mucho que hacer y aunque no todo ha resultado bien, mi fic va bien encaminado y sigue avanzando. Gracias por que las ganas y el tiempo no me han faltado para escribir TwTU

Dejo a continuación el capítulo 6. Me gusta especialmente porque trabajo con mundos paralelos y el mundo actual donde transcurre la hsitoria, y siempre me ha gustado mucho ese ir y venir entre las dimensiones; lo encuentro interesante. Espero que a ustedes también. Es probable que se sorprendan de ver una GRAN coincidencia en este capítulo y la sexta entrega de digimon, pero ya expliqué en mi blog que esto llevaba escrito un par de años x33

Agradesco mucho los reviews que me han dejado! Los aprecio y estimo, y me ayudan a seguir progresando y mejorando ^^

Aclaración de la autora: Todas las ideas y hechos narrados en esta historia son propiedad mía. Los personajes pertenecen exclusivamente a Bandai y a sus creadores. No escribo esta historia con fines de lucro, solo lo hago por diversión, fanatismo, amor, y mis continuos deseos de expandir el fandom de digimon, compartiendo mis ideas y creatividad con el resto de los fans de esta serie que nos enseñó a muchos a volar.


Primera Temporada: La Bruja y la Bestia.

Capítulo 6

Desde los mundos lejanos.

"Hay problemas. Lucemon se ha hecho de un aliado inesperado y puede abastecerle de digimons peligrosos y muy fuertes…"

Habían pasado cerca de cuatro días desde que Omegamon recibiera aquel mensaje. Lo traía dando vueltas en la cabeza y no podía imaginarse qué sería el resto del texto que faltaba. Debía ser muy importante, y por más ideas que se hacía, una siempre le parecía más o menos desacertada que la otra, y terminaba por no estarse nunca tranquilo. Gallantmon había notado esto sin mucho esfuerzo, y aunque a cada momento le instaba a que se mantuviera tranquilo, no conseguía nada en su compañero. Omegamon le había tratado el asunto. Era el único junto con él que sabían del secreto infiltrado en las líneas de Lucemon, y aunque al principio Gallantmon le había reprochado semejante idea, con el tiempo se dio cuenta de que había sido brillante. Sin embargo, y aún con lo bien que había resultado esa parte del plan, las redes interferidas no estaban cooperando.

-Vamos a necesitar ayuda-repetía Omegamon a cada momento, con sus ojos azules puestos en la lejanía de los amplios terrenos que rodeaban el castillo.

-Estás delirando solo por falta de un poco de ese texto-le respondió Gallantmon estudiando los mapas en la pantalla frente a él-Nuestra armada lo está haciendo muy bien. Nos hemos desplazado por todas las regiones y resguardado cada metro de terreno de…

-No tiene caso; si Lucemon se hará de digimons tan peligrosos como nuestro hombre nos notificó, necesitaremos ofensivas superiores.

-Los tenemos-repuso Gallantmon tranquilamente y sin volverse.

-Los tenemos a todos dispuestos en sus lugares; ¿Qué pasará si…?

-De acuerdo-intervino el digimon rojo girándose hacia Omegamon-Consíguelos entonces.

-¿De dónde quieres que los consiga?-exclamó el digimon cruzándose de brazos-¡Ya hemos pedido soporte a todos los que nos debían algo y a los que tenían un compromiso con nosotros! ¡Tendría que empezar a entrenar digimons peque…!

El digimon blanco se quedó callado de pronto. Gallantmon estuvo por responderle algo, pero la cara de estupefacción de su amigo lo silenció incluso a él. Era como hubiese visto algún fantasma, aunque Omegamon no le temía a esas cosas. Gallantmon miró en todas direcciones, pero no vio el objeto de su sorpresa.

-¿Pasa algo?-preguntó al fin.

-Sí…

-Ahm… ¿Qué cosa?-dijo obviando todo y abriendo las manos.

-¡Entrenar digimons de pequeños!-exclamó Omegamon sin poder contener su repentina emoción. Era como si hubiese tenido algún tipo de revelación-¡Hacerlos fuertes desde el principio, claro!

-Oh vamos, no puedes gastar el tiempo que no tienes en entrenar digimons de pequeños. Ni siquiera nuestros hombres tienen tiempo para eso; los enlistados en el ejército ya están preparados y…

-No vamos a entrenarlos nosotros directamente; aunque darles ayuda no les vendrá nada mal- Omegamon hizo un gesto con la mano y se adivinaba perfectamente su expresión sonriente en sus ojos azules-Haremos que los entrenen por nosotros, los mejores entrenadores y criadores de digimons, ¡son leyendas! ¿Por qué no se me ocurrió antes?

Gallantmon negó con la cabeza y suspiró.

-No te estoy siguiendo Omegamon.

-¡Pues hazlo!-exclamó volviéndose y saliendo de la sala, para dirigirse a la gigantesca biblioteca que ocupaba el ala este del castillo. Gallantmon se sentía bastante perdido, pero se decidió a seguir al digimon de todos modos para intentar entender de qué iba todo. Cuando ingresaron a la enorme estancia repleta de estantes con libros del suelo al techo, Omegamon se dirigió a una sección en específico y buscó con la mirada. El sol entraba radiante por los enormes ventanales e iluminaba cada rincón del lugar, sostenido por gruesos pilares blancos y sin ni un espacio libre para los cientos de libros que repletaban las estanterías. Gallantmon esperó el par de minutos que le llevó a su compañero encontrar el libro que buscaba, hasta que dio con él y con la página precisa.

Se lo extendió a Gallantmon, y cogiéndolo con una mano, el digimon deslizó sus siniestros ojos amarillos por las letras. Lo que leyó casi lo dejó petrificado al suelo.


Los rostros de todos los presentes eran el retrato mismo del escepticismo. Ninguno de los digimons que, atentamente habían escuchado las palabras de su segundo líder, daba muestras de aceptación por parte de la idea, o siquiera una leve seña de agrado por esta. Algunos negaron con la cabeza, creyendo que tal vez el estrés ya estaba rayando en el cerebro de su superior, otros, que tal vez los miles de años que llevaba vivo le estarían pasando la cuenta a su cordura.

-Te dije que esto era demencial Omegamon-le habló Gallantmon a su lado, cruzado de brazos y mirando al techo.

-Esto tiene que ser algún tipo de broma, o definitivamente estás perdiendo la razón Omegamon-habló Duftmon, también cruzado de brazos y recargando la cabeza en un hombro.

-¿Cuáles son tus razones para pensar eso?-quiso saber el digimon aludido mirándole seriamente.

-Bueno-respondió Duftmon encogiéndose de hombros-Es una idea bastante burda, y disculpa que lo diga-dijo esto, aunque no era lo que en realidad sentía; realmente detestaba que a Omegamon se le ocurrieran ideas; consideraba que ese trabajo debía dejársele exclusivamente a él-Dejamos de creer en historias viejas desde hace miles de años.

-Son hechos reales y comprobables-se defendió Omegamon.

-Cierto-intervino RhodoKnightmon haciendo un gesto con su mano-no negamos eso. Pero eso no significa que sea muy buena idea.

-Ni posible-comentó Ulforce Vdramon con su gesto apacible.

-Es posible de hecho-habló Sleipmon con la vista perdida en alguna parte-Solo tenemos que tratar con Yggdrassil el tema; exponerle el punto de vista, explicarle las razones y ventajas y… bueno, puede que quiera hacerlo.

-Oh por favor-exclamó nuevamente Duftmon negando con la cabeza-Está claro que Yggdrassil no accederá a semejante cosa; Él mismo prohibió la apertura de las puertas; sería ridículo que fuese en contra de lo que decretó.

-Yggdrassil puede o no ir en contra de lo que decreta-defendió Craniummon solemnemente-Él siempre velará por lo que sea mejor para el Digimundo. Dios tiene poder y derecho por sobre todas las cosas.

-Lo sabemos Craniummon-dijo Magnamon, desviando la mirada ante la monotonía de las palabras del digimon oscuro-Pero no creo que Él quiera traerlos al digimundo. No tiene muy buen concepto sobre ellos…

-Ni nosotros tampoco-comentó Dynasmon, quien aún no se convencía de las palabras de Omegamon-Nuestras relaciones con los seres humanos nunca han sido del todo "buenas".

-No puedo creer que no vean lo beneficioso que podría ser esto para nosotros-repuso el digimon blanco alzando ambas manos-Los jóvenes elegidos siempre han sido leyendas en el digimundo; leyendas que vinieron a nuestro mundo a cumplir un rol muy importante y de tanta relevancia que lo han salvado en más de una ocasión cuando ninguno de nosotros estuvo allí para hacerlo. Ellos tienen un "poder"; un poder que nosotros no comprendemos ni poseemos, ni podemos entregarles a nuestros estudiantes cuando los tenemos. Este poder ha convertido a los digimons que les acompañaban en guerreros sin igual, tan poderosos que nos han hecho frente en el pasado.

Varios de los Caballeros hicieron un gesto de desagrado al recordar escenas del pasado donde se enfrentaron a los jóvenes elegidos. No todos podían hablar de esta experiencia, pues habían sido sus yo del pasado quienes habían enfrentado a los "Digimon tamers". Sin embargo, las palabras de Omegamon parecían estar ganándose la aprobación de algunos. Sleipmon fue el primer caso.

-Pienso que la idea de Omegamon no puede ser nada mala; es decir: yo sé lo que es trabajar codo a codo con los humanos, y no es la pesadilla desastrosa que muchos de ustedes se pueden estar imaginando. Los humanos que trabajan con digimons son fuertes, valientes, y se entregan completamente en lo que hacen. Dan mucho a sus camaradas.

-¿Mucho de qué?-preguntó Duftmon escéptico.

-Mucho… de algo difícil de explicar. Es un sentimiento que…-no encontraba cómo definir su experiencia con un tamer camarada-que te impulsa a seguir, aún sabiendo que puedes morir, aún sabiendo que no tienes posibilidades. Es algo que te da fuerzas salidas de no sé dónde y te da lo que necesitas para conseguir… lo que sea-terminó con una expresión enérgica y cerrando su puño.

-También nosotros hacemos eso-repuso Magnamon cruzándose de brazos.

-Pero nunca conseguirás lo que un humano puede hacer en un digimon-apostó el "fantástico" guiñando un ojo.

Los digimons intercambiaron algunas palabras entre ellos. Omegamon esperó pacientemente hasta que todos conocieron los puntos de vista del otro y guardaron silencio.

-¿Quién aparte de Sleipmon cree que esta idea puede funcionar?-preguntó al fin.

Ulforce Vdramon levantó un dedo, como un niño que quiere decir algo en medio de la clase. Los demás se quedaron viéndolo. El caballero azul sonrió levemente.

-No… no es que me parezca completamente alocado e imposible; pero si tiene posibilidades de resultar, yo estoy dispuesto a cooperar en ello.

-Gracias-dijo Omegamon con un asentimiento de cabeza-¿Alguien más?

Gallantmon a su lado, levantó también la mano. Omnimon se sorprendió un poco.

-Pero…

-No preguntes-dijo el caballero rojo simplemente.

El caballero blanco asintió con un gesto amable. Volvió su mirada hacia el resto de los caballeros, y el siguiente en levantar su mano fue Craniummon.

-¿Craniummon?-preguntó Magnamon extrañado.

-Estoy tan convencido como Omegamon de que los jóvenes humanos podrán ayudarnos. Tienes mi apoyo-dijo al segundo al mando, quien agradeció su ayuda con un gesto de cabeza.

Omegamon volvió a mirar a sus compañeros. Creía que su plan tendría mayor aceptación. Los demás caballeros definitivamente no parecían a gusto con la idea, y ninguno expresaba el menor interés en apoyar la sugerencia cuando, quien Omegamon menos se esperaba, levantó la mano.

-¿Duftmon?

-Ah-exclamó el digimon haciendo un gesto con la cabeza-Puede que tu idea sea imposible o absurda Omegamon, pero si existe la posibilidad de trabajar y aprender con los "humanos"-hizo un gesto de desagrado-estoy dispuesto a sacrificarme con tal de expandir mis conocimientos-se recargó en una pierna y cruzó los brazos-Ya sabes cómo soy.

-Cada vez me sorprendes más-confesó el digimon blanco, convenciéndose de que nunca podría entender la forma de pensar del felino estratega-¿Entonces?

-Conmigo no cuentes-declaró RhodoKnightmon haciéndose un paso atrás-Los humanos no pertenecen a nuestro hermoso mundo y no tienen nada que hacer aquí. Hasta ahora lo hemos estado haciendo perfectamente y no veo el porqué de necesitar su ayuda.

-Tampoco yo-habló Dynasmon con esa voz tan grave y seria que tenía-Me niego a creer que nuestra respetable Orden necesite de la ayuda de seres tan indefensos como lo son los humanos. Sabes muy bien Omegamon, que somos criaturas muy aventajadas en comparación con ellos.

-Respeto tu punto de vista Dynasmon-le respondió el digimon blanco afirmando con la cabeza.

-Tampoco cuentes con mi ayuda-dijo el joven Magnamon con un gesto hosco-Me parece una pérdida de tiempo tener que elegir a niños para que vengan a hacer un trabajo tan delicado.

-Lo han hecho antes Magnamon-contestó Omegamon tranquilamente.

-Pero no estaban en una crisis tan terrible como esta. ¿Dónde vas a meterlos Omegamon? Si los dejas sueltos por ahí van a morir a causa de la guerra, y conociéndote, sé que te pesará el resto de tu vida; a veces exageras por cosas muy pequeñas.

-Bien-terminó el caballero blanco, disgustado por las palabras del caballero-Si no estás de acuerdo y no quieres ayudar, está bien. Los demás podrán ayudarme con esto.

-¿Ya lo trataste con Alphamon?-habló RhodoKnightmon de pronto y acaparando la atención de todos.

Era cierto. Pudiese ser que Alphamon nunca estuviese entre ellos, pero su presencia era innegable dentro de las paredes de ese castillo, y teniendo la rara oportunidad de comunicarse con él, Omegamon tenía que mantenerlo al tanto de todo lo que hacían y decidían. No estaba muy seguro de cuál sería la respuesta de Alphamon, pero deseó fervientemente que fuera un sí.

-Ahora mismo tengo que hablarlo con él.


Omegamon no logró la conexión con su superior hasta llegada la noche. Habían recibido dos alertas de ataque ese día, pero solo una de ellas se llevó acabo. El General Justimon y sus hombres contuvieron muy bien la situación, y no hubo pérdidas en vidas. Ahora y frente a la pantalla oscurecida, Omegamon aguardaba pacientemente que la conexión se estableciera por fin. No podía negar que estaba preocupadísimo por lo que Alphamon fuese a pensar sobre su propuesta. Conocía las ideas de su líder respecto de los humanos, y no es que los odiara, pero no le agradaban del todo, o al menos eso era lo que se entendía de sus conversaciones sobre ellos, las que eran muy escasas. De lo que ahora sabía, Alphamon estaría en una dimensión, quién sabía qué tan distante y distinta de la suya, en la que el digimon podía mantener la comunicación con sus caballeros. No estable ni prolongada, pero era posible. El digimon blanco tamborileó con sus dedos sobre el panel lleno de luces encendidas, hasta que la pantalla comenzó a producir algunos ruidos. Levantó la cabeza, expectante, y la figura oscura de Alphamon comenzó a aparecer en la pantalla. Deformada al principio, borrosa luego y levemente estable después. No parecía un digimon desde el mundo donde se encontraba, sino más bien alguna forma creada de un duro material. Su armadura oscura había perdido el brillo y su gema parecía una sencilla piedra de color. Omegamon le saludó con la cabeza.

-Saludos, Alphamon.

-Omegamon-habló el líder de los Royal Knights, con su voz grave y apacible-Espero que no sean malas noticias. Ya tengo suficiente con los problemas que este mundo carga.

-No Alphamon-negó con la cabeza, con ambas manos puestas en el tablero delante de sí-Tenía que informarle sobre… un plan que deseo llevar a cabo.

-Habla, pero date prisa. Hay muchos aquí que me están esperando.

-Entiendo-cualquiera sabía que de Alphamon dependían las vidas de cientos de criaturas, por lo que Omegamon se apresuró en explicarle su idea-Tenemos noticias de que Lucemon se ha hecho de un digimon que puede suministrarle criaturas muy poderosas. Todo nuestro arsenal está dispuesto ya, y he procurado una forma de entrenar guerreros fuertes para que nos ayuden.

-¿No tienen suficiente con las armadas que ya han recluido?-preguntó extrañado el digimon oscuro al otro lado de la pantalla.

-Sí señor, pero hablo de digimons específicos, digimons que trabajen fuera de la guerra, protegiendo a los pueblos alejados y a los inocentes que encuentren en su camino y caigan dentro de esta batalla.

-Sabes que no puedes gastar tu tiempo en eso Omegamon; ya no puedes…

-No los entrenaré yo directamente señor, ni ninguno de nuestros hombres. Serán digimons entrenados por jóvenes humanos.

Un pesado silencio se creó en la sala de comunicaciones. El líder de la Orden se quedó viendo seriamente a su mano derecha, sin haberse imaginado nunca que una idea así se le pudiese ocurrir. El digimon blanco por su parte, esperó en silencio la respuesta de su líder, con la mirada en alto y cerrando los puños. Debió pasar cerca de un minuto en aquel silencio, hasta que Alphamon habló.

-¿Entiendes lo que se te acaba de ocurrir?-preguntó el digimon oscuro severamente pero sin levantar ni un poco la voz.

-Sí señor. He calculado todas nuestras probabilidades; he analizado todas las ventajas y desventajas, los pros y los contras, y sé que funcionará. Tengo plena confianza, todas las leyendas apuntan que los jóvenes humanos son…

-Los jóvenes humanos-le interrumpió Alphamon-ya no son lo que las leyendas cuentan, Omegamon. Tienes que entender que han pasado cientos de miles de años desde que un humano ha vuelto a pisar el digimundo. Los tiempos cambian, y los humanos también lo han hecho. Ya no son esas criaturas que alguna vez ayudaron a la salvación del digimundo y sus habitantes. Ya no son seres fuertes y entregados, con ideales y corazones puros que alguna vez vinieron aquí.

-Sé que pueden haber todavía…

-Lo intentamos. Hace mucho que lo intentamos, y nos fallaron. No en la dimensión y el tiempo que ahora estás viviendo, sino en otra-explicaba el digimon negro, con la imagen fallando y volviéndose a ratos muy borrosa-Tuvimos que hacerlo solos. Con el tiempo, entramos en otra crisis. Creímos de nuevo en que los humanos podrían ayudarnos, y volvieron a fallarnos. Eran desinteresados, se rendían con todo y solo sentían temor. Nunca volvió a brillar el amor que sintieron alguna vez por nuestro mundo, y puede ser comprensible. No pertenecen aquí.

-Los primeros que vinieron tampoco pertenecían aquí; nunca ningún elegido perteneció aquí y sin embargo nos salvaron. Debe haber una nueva generación dispuesta a…

-No Omegamon-volvió a interrumpirle Alphamon para evitar que su mano derecha llegase a hacerse muchas ilusiones-Si fue así en el pasado, no quiero ni imaginar cuál es la forma de pensar que tienen ahora los humanos. Solo piensan en ellos mismos y en su bienestar; jamás velan por el bienestar ajeno ni por intentar siquiera tender una mano a los otros. Se han convertido en seres egoístas.

-Déjeme hacer la prueba-pidió el digimon bajando la mirada.

Volvió a hacerse un silencio entre ambos digimons. Alphamon entendía bastante bien las intenciones de su mano derecha, pero ya sus miles de años de experiencia le decían lo que iba a pasar. Aún así, el futuro cambiaba a cada instante, con intervención o sin ella. Los tiempos eran muy riesgosos para intentar algo así inesperadamente, sin embargo…

-No puede usted ignorar que la ayuda de los humanos también le fue sumamente necesaria en el pasado-habló el digimon blanco, con la convicción marcando cada una de sus palabras-No podría creer que aquel que se alió alguna vez a ellos para proteger a nuestro mundo, no quiera darles una última oportunidad.

-No se trata solo de eso, Omegamon-le respondió el digimon oscuro-La guerra está encima de ustedes ¿Cómo harás para que esos jóvenes, en el caso de que quieran ayudarte y se comprometan con ello, puedan entrenar a sus compañeros sin morir en medio de una batalla repentina?

-Los mantendré vigilados; los guiaré y les diré por donde ir y qué hacer. Cómo evitar la guerra y hacer crecer a sus camaradas. Hacer que nos ayuden de manera discreta.

Alphamon suspiró. Nunca antes había visto a Omegamon tan convencido y decidido a algo. Se quedó pensando un segundo en las posibilidades que podrían tener los humanos que viniesen de sobrevivir a la guerra, y sin poder dejar de lado esta preocupación y la carga de problemas que Omegamon se estaría echando encima, asintió.

-Está bien. Puedes traerlos-vio como Omegamon levantaba la mirada, con la emoción brillándole-pero tienes que entender muy bien esto; si Yggdrassil se opone, no haré nada por cambiar su opinión. Si los humanos llegan a fallar, envíalos de inmediato de regreso a su mundo; no quiero que gastes ni tu tiempo ni tu energía en intentar convencerlos ni cambiarlos.

-Sí señor, lo haré-asintió con la cabeza-Gracias por entender.

-Omegamon-el digimon blanco volvió a mirarlo directamente-No quiero que te hagas falsas ilusiones con esto. Quiero que tengas en cuenta que las cosas no siempre salen como quieres; aún cuando le entregues todo a ese propósito.

-Sí señor; iré despacio y de manera prudente con ellos.

-Y por favor-dijo Alphamon antes de marcharse-No establezcas lazos con ellos; no como hiciste la última vez.

La imagen del gran líder desapareció de la pantalla, dejando a Omegamon sumido en un abismal silencio y duda.

"¿Cómo la última vez…?"


Era el Castillo de la Hoja, una de las edificaciones más gloriosas y bellas de todo el reinado de Witchenly. Sus gigantescos torreones de piedra rojiza, los pilares con tallados de figuras heroicas y estandartes de las más nobles familias del reino, sus altas ventanas y puertas de marcos de dorada madera, las majestuosas estatuas que protegían la entrada y daban la bienvenida a la realeza, todo era magnífico y esplendoroso, digno de las leyendas épicas de la antigüedad y llenas de la magia y el aire que los grandes héroes, reyes y antiguas criaturas mitológicas dejaron en la historia de ese próspero reino. Nadie que hubiese visto el castillo se convencía de estar viendo una edificación real y no estar soñando.

Ese día era especialmente importante, y toda la guardia de magos y caballeros se encontraba apostada en cada pasillo y rincón del palacio. El reino vecino había pedido una audiencia con su santidad el rey para tratar delicados temas sobre sus tratados de comercio y detalles sobre la repartición de unas tierras, y él, el gran Duque y guarda personal del rey, debía encargarse de que todo fuera estrictamente seguro y perfecto para que se realizase la audiencia entre ambos soberanos. Ya tenía todo preparado; los guardias estaban en sus lugares y no había sitio que no hubiese sido registrado y asegurado. Se había prohibido el paso de los civiles desde varios kilómetros de terreno y espacio aéreo alrededor del castillo, y todas las visitas habían sido canceladas. Revisó personalmente que todo y todos estuvieran en sus lugares, y cuando ya estuvo seguro de todo, se encaminó hacia el salón donde se realizaría la audiencia.

Al entrar, MedievalDukemon se dirigió hacia su señor, quien a su lado tenía a su hermosísima hija Bastemon. El caballero se arrodilló y se mantuvo allí mientras se dirigía al rey.

-Mi señor; el rey Pucchiemon está a pocos minutos de aquí. Su guardia estará afuera y le acompañarán hasta el salón una escolta de seis caballeros y su consejero.

-Muy bien-respondió el afable rey de Witchenly-¿Será agradable la bienvenida que han preparado?

-Por supuesto; está todo dispuesto como ha ordenado.

-Bien. Muchas gracias por tus servicios y toda la atención que pones en los detalles, MedievalDukemon. Eres el siervo más paciente que he tenido en mi larga existencia-rió levemente el monarca.

MedievalDukemon sonrió complacido. Si bien era cierto que el gran rey siempre quería lo mejor, no solo para su pueblo y las visitas que tenía su castillo, y su princesa por supuesto, él estaba siempre dispuesto para servirle fielmente hasta en el más mínimo detalle; cosa que a veces podía exasperar a los ministros.

La princesa rió levemente y puso su mano sobre la de su padre.

-¿No será muy joven para ser rey?-preguntó con su voz delicada.

-Lamentablemente su padre tuvo un deceso abrupto, y el joven Pucchiemon tuvo que ascender a los catorce años al trono-sonrió el rey-Pero es un chico muy prudente y estudia muy bien todas sus opciones antes de tomar decisiones. Eso está muy bien.

-Tienes que quedarte mucho tiempo conmigo padre-dijo la joven apoyando su cabeza en su hombro-Aún no estoy lista para subir al trono.

-No temas pequeña mía-dijo su padre acariciando su cabello rojizo-Sé que lo harías muy bien si llegase mi hora; pero por cumplir tu deseo, me quedaré todo el tiempo que sea necesario.

MedievalDukemon sonrió bajo su gran coraza ante la encantadora escena. Desde que la joven princesa perdiera a su madre cuando era aún muy pequeña, su padre se había convertido en todo para ella. Era su refugio, su fuente de sabiduría y de todo el amor que pudiese necesitar. El rey de Witchenly no solo era un perfecto soberano, sabio, prudente y entregado a todos los problemas de su gente; para el Caballero se trataba además del mejor modelo de padre que hubiese conocido en su larga existencia.

Un Wizardmon entró en la estancia, y después de rendir sus respetos al caballero, al rey y su hija, hizo un anuncio.

-El rey Pucchiemon está aquí mis señores. La bienvenida ha dado inicio.

-Excelente-dijo el rey afirmando con la cabeza-Quiero que sean perfectamente tratados y recibidos. Iré de inmediato.

-Sí mi señor-respondió el mago, levantándose y marchándose.

El digimon se puso en pie, y llevando de la mano a su hija, salieron al pasillo para acceder a un salón en donde recibirían al joven rey y a su corte. MedievalDukemon iba tras ellos, y después de una larga ceremonia en donde la caravana del rey Pucchiemon fue recibida con honores, danzas, regalos y deliciosos manjares, el séquito de seis caballeros resguardados en largas capas y capuchas con el emblema del reino, junto al consejero del joven monarca, acompañaron al digimon a presencia del rey y su hija.

Pucchiemon fue el primero en quitarse la capucha y saludar al viejo rey.

-Saludos, oh respetable señor de Witchenly-le hizo una reverencia-Es un honor poder estar en vuestra presencia, y la de su hermosa joven hija.

-Es un honor y un agrado para nosotros el tenerle aquí Joven Señor-le saludó el rey con una reverencia, lo mismo que su hija y MedievalDukemon-Entiendo que los problemas de nuestros reinos se estén volviendo muy serios, y pueda ser difícil para usted con tan poca experiencia-sonrió-pero estoy seguro de que podremos llegar a los mejores acuerdos para nuestras dos naciones.

-Sé que así será-sonrió el pequeño Pucchiemon, aunque Bastemon pudo adivinar un leve rastro de tristeza en su sonrisa. Supuso que sería por la falta de su padre.

-Mi señor-habló el consejero de Pucchiemon, un digimon recubierto en una capucha y larga capa, haciendo una reverencia-Si no es atrevimiento, he traído un regalo personal de mi esposa para su hermosísima hija, la Princesa Bastemon. Se trata de una joya familiar.

-Oh-exclamó Bastemon sorprendida-Qué gesto tan hermoso y atento el de su esposa-sonrió, dejando la mano de su padre y acercándose al digimon.

Éste se acercó a la princesa apoyándose sobre una rodilla, y extendiendo con sus largas manos de cuchillas, le acercó un hermoso joyero recubierto de pedrería. La princesa sonrió, abrió el cajón de labrada madera, pero adentro no había nada.

-Pero…-extrañada, estuvo a punto de preguntar, pero el digimon que sostenía la caja se levantó de un movimiento, la rodeó por el pecho y apuntó con sus filosas cuchillas al delicado cuello de la joven. Esta contuvo un gemido de espanto.

El Rey no pudo más que sorprenderse y soltar una exclamación. Su cuerpo se enfrió de golpe y su corazón latía temeroso por su amada hija. MedievalDukemon se acercó con su arma en la mano, con la ira y la indignación brillando intensamente en sus ojos.

-¡Por todos los Dioses! ¿Qué significa esto?-exigió saber levantando su puño.

Todos los guardias de Pucchiemon se descubrieron, tratándose de digimons virus y peligrosos. El pequeño digimon rojo se quedó arrodillado, con los ojos húmedos. El rey se lo quedó viendo, pidiendo una explicación.

-Perdonadme mi señor-agachó la cabeza-me obligaron…

-¿Pero qué…?-alcanzó a decir el viejo rey-¿Qué quieres? Tómame si quieres, pero no hagas nada a mi hija…

-Oh, perdóneme usted alteza-dijo Matadormon inclinando la cabeza-No es a usted a quien hemos venido a buscar, sino a su queridísima hija.

-¡Soltad a la princesa!-demandó MedievalDukemon, pero fue rodeado por los acompañantes de Matadormon-¡Cobardes! ¡Enfrentadme!

-Lo siento-sonrió el vampiro-Tengo prisa y no quiero hacer perder el tiempo a mis amos. Aunque en nada me incomoda la compañía de la princesa…-acercó su rostro a su cuello, haciendo que la joven respirase aceleradamente. El digimon respiró profundamente su aroma-Tan hermosa y encantadora como todas las historias hablan de usted alteza; me esperaba una joya cuando la viera, pero en verdad me ha dejado sin palabras.

-¿Qué quieres?-preguntó ella tratando de controlar el temblor de su voz-Tómalo y vete, pero no lastimes a mi padre.

-El padre defiende a la hija y la hija al padre-comentó Matadormon de forma irónica-Es un gran amor el que se guardan. Admirable. Ahora su alteza-se dirigió al rey-para dejar esta incómoda situación, por favor ordene a su caballero que se retire hasta que usted y yo hayamos hablado de ciertos negocios…

-Cretino infeliz-habló MedievalDukemon cerrando con fuerza su puño en su lanza-¿Cómo osas intentar negociar con nuestro gobernante? ¿Quién te crees que eres para esto?-bramó.

-No alarguemos el asunto MedievalDukemon; no intente parecerse usted a alguien que yo conozco-sonrió con malicia-Su alteza.

El Rey, con su rostro descompuesto y sus manos temblorosas, miró con pesar a su sirviente.

-MedievalDukemon… retírese por favor…

El caballero miró a su señor, estupefacto.

-Su alteza, no; ¡No puedo permitir esto!

-Ya ya-apuró Matadormon, haciendo un chasquido con la boca-La princesa está incómoda.

MedievalDukemon miró una última vez a su señor, luego a la princesa y a los digimons que los rodeaban. Apretó aún más su puño en torno a su lanza y soltó un gruñido.

-Si se atreven a hacer daño al rey o a la princesa…os seguiré hasta el infierno para haceros pagar.

-Allá nos veremos-sonrió Matadormon.

Pucchiemon también fue obligado a salir. El caballero negó con la cabeza, y pesadamente salió de la estancia, cerrándose a su espalda ambas puertas. El digimon golpeó con ambos puños en las puertas, frustrado. ¿Cómo pudo haber ocurrido todo aquello? ¿Cómo esos demonios habían llegado hasta el rey y su hija sin que nadie advirtiese que se trataba de una trampa? ¡¿Cómo pudo él ser tan ingenuo? ! Se maldijo una y otra vez por haber permitido todo aquello y tocó con su frente la puerta, pensando.

Se volvió levemente hacia el pequeño Pucchiemon que, en el suelo, apretaba sus ojos con sus pequeñas manos.

-Rey Pucchiemon-habló despacio el caballero-¿Qué fue lo que ocurrió?

El duendecillo relató al caballero cómo Matadormon se había infiltrado en el castillo y le había obligado a mentir ante todos, diciendo que tendría una audiencia con el rey para aclarar asuntos que a ambos reinos concernían. El plan, según había escuchado, era obligar al rey a hacer algo, no supo qué, usando a la princesa para presionarlo, sabiendo que era su única familiar y heredera.

-Y sin duda lo más valioso que nuestro rey posee-suspiró el caballero presionando con sus dedos sobre sus ojos.

Ya había reunido a los guardias fuera del salón donde estaban los espías, y por fuera, se habían apostado digimons para detenerlos en cuanto intentasen escapar por los balcones. Su jefe de guardia se estuvo disculpando la media hora que duró la extraña entrevista de los digimons con el rey, y no pudo darle a MedievalDukemon ninguna respuesta sobre lo acontecido.

Afuera el reino estaba nervioso, y solo se escuchaban las voces pidiendo información y que la princesa y el rey fuesen liberados. Los caballeros habían intentado mover a las masas, pero resultó imposible. De pronto, se escuchó el abrir de la puerta, y los caballeros se prepararon. MedievalDukemon estaba en frente, y cuando la puerta se hubo abierto, se sorprendió de ver la debilitada figura del rey caer en sus brazos. El digimon se había desvanecido a causa de la terrible tensión por la que había pasado, y el caballero pudo ver que sus ojos cerrados estaban húmedos. Al mirar al interior de la estancia, ésta estaba vacía.

-Escaparon…

Los demás guardias se precipitaron al interior de la sala, buscando cualquier rastro de los enemigos, pero no dieron absolutamente con nada. Era como si se hubiesen desvanecido en el aire, llevándose con ellos a la princesa. MedievalDukemon volvió a maldecirse; negando con la cabeza y sosteniendo aún al rey en sus brazos, comprendió que debería hacer una llamada.

Una, no muy agradable.

Esa misma noche en el Castillo Berúng, la princesa Bastemon conoció al demonio mismo en persona. Siempre había escuchado hablar de él, aún tratándose de un digimon que había sido benévolo tiempo atrás. No podía comprender como un ser tan fuerte y hermoso pudo haberse tornado en un monstruo. No abrió la boca ni una sola vez, mientras Lucemon hablaba sobre un trato con alguien, daba instrucciones de lo que se haría con la joven, y felicitaba a Matadormon, ante la obvia mirada celosa de NeoDevimon, y el pesado silencio de Mephistomon. La joven había atraído especialmente la atención de Lilithmon, quien, siendo también un demonio de gran poder, había mostrado un extraño lado maternal con la princesa.

-Llévenla abajo y enciérrenla en una celda de energía;-ordenó Lucemon- siendo hija de quien es, sé que posee grandes poderes, y no quiero arriesgar nada.

-Sí mi señor-asintió su servidor de largas ropas, conduciendo a la encadenada princesa por un pasillo que les llevaría a las celdas en los niveles inferiores.

El ángel caído sonrió. Nocturna pagaría muy bien por haberle traído a una digimon tan hermosa y fuerte.

"Sin contar lo mucho que el rey me ayudará con esos caballeros…"

No pudo evitar soltar una malévola carcajada que resonó largamente en los pasillos del castillo.


Lejos, en un mundo donde todo era igual y pocas cosas rompían la monotonía de las vidas de sus habitantes, seis jóvenes fueron reportados como "inexplicablemente desaparecidos".

Continuará...


Lady Beelze: Supongo que notaron la "coincidencia de la princesa Bastemon. La verdad este tema de los parecidos ha dado que hablar entre mis conocidos del foro, pero ya he preferido dejarlo de lado, considerando los problemas que ha dado. Iré dejando comentarios de mis capítulos en mi blog, por si a alguien le quedó alguna duda o no entendió bien qué paso. Los capítulos no son 100% apegados al rol. Agradeceré muchísimo los comentarios a mi trabajo. Me dejé la piel (sin exagerar) escribiendo cada capítulo. Lector: si no tienes cuenta en esta Web, ¡No importa! Dale al botón de "Review" de todas maneras, y podrás dejarme tu comentario, el que apreciaré y aún más si es una crítica constructiva que me ayude a mejorar mi trabajo