Pasando las diecinueve horas de la tarde en ese extraño día soleado, llega Angela con Jessica en el automóvil de ésta última a la casa de los Swan; con el propósito de sacar a Isabella unas cuantas horas de su bathi-cueva, como así le dice Angela a la casa de Bella cuando ella se reusa rotundamente a salir de ahí. Weber se acerca al porche de la casa Swan y al llegar a la puerta de roble, comienza a presionar el pequeño botón blanco que se encontraba a un lado de la puerta, haciendo su ya tan conocido sonido. Bella por su parte, se encontraba haciendo macarrones con queso en la cocina muy concentradamente, sin percatarse de los pasos en la acera acercarse a su puerta y dado que Angela estaba tras esa puerta, el sonido del timbre la sobresalto ya que no se lo esperaba. Temerosa porque fuera James, se acerco a la puerta con pasos cuidadosos, tratando de no hacer ruido; se asomo por la mirilla y a continuación, se alivio de ver a su mejor amiga al otro lado de la puerta. Con lentitud, comenzó a girar al pomo de la puerta, preparándose psicológicamente para lo que su amiga se disponía a decirle.
-Isabella Marie Swan.- comenzó Angela con voz en tono de reprensión –tenemos que salir de compras. Está por acercarse el baile de primavera y seguro alguien te invitara- aseguro convencida de sí misma.
-Te equivocas- contradijo Bella –Ése día saldré de viaje- aseguro sin saber si era verdad. Por una parte era mentira, Bella no estaba segura si realizaría ese viaje, solo estaba segura de que no quería ir al dichoso baile. Pero por otro lado estaba la invitación de Edward a que él la acompañase si es que ella iba. En verdad quería decirle que sí, pero muy en el fondo sabía que si James la llegase a encontrar o alguno de sus aliados, le harían daño a Edward, no podía permitir eso, si la llegase a lastimar a ella, no importaría; se trataba de convencer Bella. No sabia que era lo que la arrastraba a ella para querer proteger al pelicobrizo, solo estaba segura de que nadie más podía morir por su causa. Ya era suficiente remordimiento por la muerte de Santiago.
Angela se había quedado perpleja ante lo que había escuchado. Esa era la excusa más patética que había oído venir de Bella Swan, pero admitía que era buena. Sus ojos comenzaron a brillar con una chispa de travesura.
-Mejor aun- exclamo Angela –Necesitaras ropa de viaje- prosiguió con su propósito de sacarla de la Bathi-Cueva.
-¡No!- chillo Bella casi en un grito- No, no, no y no y no.- decía a la vez que se alejaba de la puerta con pasos torpes hacia atrás- me niego a ir a mi infiero personal- termino de decir al chocar con el reposa-manos del sofá de la sala.
-¡Oh! Vamos Bells- dijo Angela acercándose a paso lento a Bella –Será divertido.- trato de convencerla, aunque bien sabía que con eso no sería suficiente –Además, Jessica nos espera en su auto; así no sufrirás tanto y podrás ir a la librería que esta cerca de donde vamos a estar para que hagas unas compras de libros- parecía que Angela estaba logrando convencer a la castaña, ya que en pocos segundos las facciones de Bella comenzaban a alisarse para convertirse en una mueca de derrota, cosa que hizo a Angela sonreír de oreja a oreja.
-Bien- finalizo Bella esa conversación, dirigiéndose a la cocina para apagar el piloto de la estufa y tapar la sartén en la que se encontraban los macarrones con queso, para luego tomar su abrigo por si las dudas y las llaves de su hogar; dirigiéndose donde Angela con derrota.
La pequeña pelinegra saltaba de un lado a otro, como un remolino, juntando toda la ropa de su talla o la de su hermana a su paso. Edward y Rosalie simplemente se dedicaban a ver a la pequeña hiperactiva Cullen. Ellos aun se seguían preguntando como rayos lograba hacer eso la duenda sin cansarse en el proceso. Definitivamente Alice era única.
-¡Rose!- exclamo en un chillido Alice –Éste vestido es perfecto para ti. Debes venir a probártelo.-la efusividad de la chica se demostraba hasta en su tono de voz.
La rubia se acerco a Alice con aburrimiento hasta quedar a la par de ella.
-¿Qué vestido es, Alice?- pregunto Rosalie mirando a su alrededor cansadamente.
Con una gran sonrisa de oreja a oreja, Alice le tendió un vestido rojo strapless a su hermana.
Edward, cansado de ver como sus hermanas adoptivas realizan las compras, les aviso que iría a pasear por ahí. Ellas solo se limitaron a asentir para después entrar a los probadores. Encogiéndose de hombros, se dirigió afuera del local y se encamino a su preciado Volvo. Él conocía bien Port Land, así que se dirigió a la librería que estaba cerca (no tan cerca) de ahí.
-Aquí tenga su cambio- le dijo el empleado de la librería de Port Land. Bella había comprado dos libros que le parecieron interesantes. Salió del local que estaba un poco apartado de la Boutique, pero al fin y al cabo, encontró la librería con las direcciones que le había dado Angela; después de varios minutos dando vueltas en vano, pudo encontrarla. Se había echo de noche cuando acababa de salir de la librería y apenas se acababa de percatar. La calle estaba poco iluminada y no había nadie en los alrededores. Bella comenzó a caminar muy temerosa de lo que pudiera pasar. Pronto se escucharon pasos en la acera y Bella se tenso, pensando que fuese James o alguno de sus secuaces.
De pronto aparecieron unos hombres frente a ella e Isabella se volvió hacia su lado derecho buscando salida alguna; pero solo encontró a otros dos hombres acercándose a ella peligrosamente. Bella pronto vio algo que parecía ser la calle que la llevaba a la avenida principal, pero en su intento de escape, aparecieron otros dos tipos mas, acorralándola, dejándola atrapada entre seis borrachos y drogados hombres.
-No se me acerquen- exclamo un poco alterada. La castaña se puso en guardia, separando los pies e intentando recordar lo poco que sabía de defensa personal.
-Vamos, no seas así, encanto- dijo roncamente uno de los hombres.
Bella apretó su puño con demasiada fuerza "¡No voy a caer sin llevarme a alguno conmigo!" pensó ella. Pronto, uno de los tipos se acerco a ella, tomándola por el antebrazo y haciendo fuerza innecesaria. Bella reacciono rápido y lo tomo por el antebrazo a él con su otra mano libre, halándolo hacia atrás con todas sus fuerzas, provocando que éste se cayera.
-¡Uuuuh!- exclamaron los demás.
-¡Cállense!- ordeno él. Acto seguido, se incorporo en su lugar y en una fracción de segundo ya estaba de pie. Los otros seguían riéndose a carcajada abierta y Bella aprovecho ese momento para echarse a correr, así logrando entrar a un callejón y al ver que no había salida, miro hacia ambos lados y vio otro callejón que la conducía a quien sabe donde, pero ella siguió corriendo. No sirvió de nada que hubiese corrido, ya que la tomaron por la cintura y la tiraron sonoramente contra el duro y frío suelo de asfalto. Isabella proclamo un quejido en modo de dolor.
-¿A dónde ibas, lindura?- pregunto otro de los hombres grotescamente.
Bella no contesto.
La volvieron a azotar, haciendo que su frente chocara contra la pared de ladrillos, logrando que saliera sangre. Isabella se toco la zona golpeada y se paralizo. Si salía un mililitro de sangre de su cuerpo, sabía que James la encontraría o cualquiera de sus cómplices.
El que parecía ser el líder de aquel grupo de borrachos y drogadictos se acerco a Bella, tomándola por sus largos cabellos y halándola hasta que su rostro estuviera a la par de él. La miro de pies a cabeza con ojos lujuriosos, y Bella, al percatarse de sus intenciones abrió los ojos desmesuradamente, moviéndose incontroladamente, tratando de zafarse de aquel tipo.
-¡No!- exclamo ella desesperadamente. El hombre aun no le hacia nada, pero ella estaba aterrada de lo que pudiera pasar -¡Suélteme!- gritaba horrorizada.
Edward se encontraba conduciendo a toda calma por las calles cercanas a la boutique de ropa, tratando de recordar donde se encontraba la librería que buscaba. Doblo la calle que creía en la que se encontraba la librería y pronto escucho un sordo ruido y después un gemido; lo reconoció como la voz de una chica. Las fuertes carcajadas de unos hombres no se hicieron esperar, y sin dudarlo, Edward se acerco a ese callejón oscuro, que milagrosamente estaba lo suficientemente ancho como para que su automóvil pudiera entrar. Al pasar aquel callejón doblo hacia la única salida; resulto ser un callejón sin salida, mas sin embargo, en la oscuridad de la noche y con la luces del auto, pudo ver a un grupo de hombres rodeando la esquina de aquel callejón sin salida. Uno de los hombres se acuclillo y ahí pudo divisar el rostro un poco sangriento de una chica, pero no de cualquier chica. Se trataba de la hija del Jefe de Policías Swan de Forks…
El hombre que se había acuclillado, tomo los cabellos de la chica bruscamente, hasta hacer que quedara a la par de su rostro.
-¡No!- chillaba Bella en lo parecía un sollozo de suplica -¡Suéltame!- rogaba sin dejar de sollozar sonoramente y sin dejar de moverse frenéticamente. Aquel hombre estaba por darle una bofetada a Bella para que se callara, cuando a Edward se le ocurre arrancar a toda velocidad hacia ellos, haciendo que los neumáticos rechinaran en el momento en el que se detuvo a milímetros de ellos, asustándolos.
Edward descendió del auto y pronto llego donde estaba una Bella muy aterrorizada. El tipo que estaba acuclillado hasta ese momento, se incorporo en su lugar y se enfrento a Edward con una mirada que para él, era intimidante. Edward por su parte, le dirigió una mirada dura y aterradora, logrado que aquel borracho alzara las manos a la altura de su pecho, haciéndose a un lado sin rechistar.
El pobre chico de cabellos cobrizos sintió un dolor atravesar su pecho al ver a la chica Swan tirada de lado sobre el suelo con sangre en su frente.
Edward se quito la cazadora que traía puesta y se la acomodo a Bella sobre los hombros, tratando de reconfortarla. La encamino hasta su volvo, adentrándola en el asiento del copiloto para después cerrar la puerta de un solo golpe y rodear el auto por enfrente rápidamente; abrió la puerta del conductor y se adentro hecho una furia. Aun seguían ahí los tipos que trataban de hacer esa asquerosidad a la chica Swan, pero estaban atónitos, quietos como estatuas.
Edward enseguida saco su teléfono móvil de su bolsillo y marco a la única persona que sabia lo que él quería buscar en esos momentos.
-¡Hola! Alice al habla- contesto la voz cantarina de su hermana al otro lado de la linea
-Alice, solo necesito saber donde esta el botiquín de emergencias en el auto. Y por favor, no hagas preguntas- dijo seriamente Edward, pronunciando la ultima frase lo mas rudamente posible.
-¡Oh por Dios! ¿Te sucedió algo?- pregunto Alice sin poder evitarlo –Perdón, de acuerdo, nada de preguntas. Emmmm… creo saber que esta en el pequeño compartimento que esta situado entre el asiento del copiloto y tu asiento. Aun que es difícil saberlo, hace tiempo que no lo usamos desde que Emmett se rompió el brazo tratando de trepar un árbol cuando salimos de acampada la ultima vez.
-Vale, gracias Alice.- respondió el ojiverde –por cierto, las veo en el restaurante de siempre.- dijo antes de colgar. –Bella… busca un botiquín de emergencias en el compartimento de aquí- señalo Edward el cajón que había en medio de ellos –Toma un algodón y alcohol y limpia la sangre que hay en tu frente.- indico sin despegar la vista de la carretera.
-¿A dónde nos llevas? –pregunto Bella asustada por la actitud de Edward. La hacia recordar el rostro duro que ponía James los primeros días que lo conoció; jamás imagino que él iba a ser su pesadilla en futuro.
-Vamos al restaurante donde quede con mis hermanas- contesto Edward.
Bella recordó algo de último momento. Ella había quedado con Angela y Jessica en la Bella Italia para cenar algo después de las compras. Necesitaba ir ahí para volver a casa.
-¿Po… podrías llevarme a… a la Bella Italia...?- tartamudeo aun asustada. –…Que…quede con las chicas en i…ir ahí
-Es ahí a donde vamos- contesto él.
El camino hacia el restaurante fue silencioso e incomodo para Isabella. Sabía que no tenia nada que temer con Edward, pero aun así, no sabía el porque de su actitud, le era algo extraño en él; aun que no lo hubiera tratado en toda su estadía en Forks. Las leves notas de piano resonaban dentro del vehículo, tratando que el ambiente se calmara. De repente recordó Bella lo que para ella pareció una orden. Saco el botiquín del compartimento y comenzó a buscar algodón y alcohol. Cuando por fin lo encontró, esparció un poco de alcohol sobre una bola de algodón, volvió a guardar las cosas en su lugar y pronto comenzó a frotarse el algodón sobre su frente. Gimió de dolor al sentir el agua ardiente sobre su herida, pero aun así trato de no hacer evidente su dolor. Siguió limpiándose hasta que creyó que ya no tenía mas sangre. Después llegaría a casa y quemaría aquel algodón con su sangre. Cogió un curita que estaba en el botiquín y se lo aplico sobre la herida, sintiéndose bien de que ya no saliera sangre.
Furia. Furia es lo que sentía en ese momento al ver a Bella rodeada de esos borrachos, ¿Pero que rayos se le cruzo por la cabeza cuando se le ocurrió a ella ir sola a la librería en una ciudad que no conoce y mas siendo de noche? ¿Es que acaso le gusta el peligro? Edward estaba llegando a la conclusión de que Isabella Marie Swan era un imán para el peligro.
Primero: lo salvo a él de una muerte segura, arriesgándose a sí misma.
Segundo: Se le ocurría ir de acampada a Goat Rocks con lo peligroso que era ese lugar al encontrar cadáveres de osos y personas ahí. Y aunque ella no lo haya sabido, su padre si lo sabía.
Y tercero, pero no el menos importante, mejor dicho, todo lo contrario: A ella se le ocurre andar por las calles de una ciudad que no conoce y además sola, de noche, a oscuras…
En esos momentos en el que ambos se encontraban dentro del vehículo, Edward aun no podía desaparecer la furia de su rostro. Sabía que había salvado a Bella de una posible violación; que de no haber ido a la librería (a la que por cierto no entro) no se habría encontrado con esa escena y Bella hubiera tenido un destino distinto al que ahora se encontraban. Pero el hubiera no existe. Simplemente se sentía agradecido por haber llegado al lugar indicado justo en el momento indicado.
Saliéndose de sus cavilaciones, Edward aparco justamente frente al local. Salio del auto y pronto llego al lado de Bella, quien en ese momento comenzaba a abrir la puerta del vehículo plateado. Edward le ofreció su mano, tratando de quitar la cara seria que en esos momentos tenia. No era tan fácil no estar enfadado con la chica Swan al saber que nuevamente el destino ha tentado la vida de ella.
Un grito ahogado se escucho no muy lejos de ambos; acto seguido, ambos se volvieron en dirección de tal exclamación para encontrarse con cuatro pares de ojos viéndolos con sorpresa. Definitivamente ni la castaña ni el ojiverde esperaba encontrarse con ellos en ese preciso momento.
Como era de esperarse, la pequeña Cullen fue la primera en acercarse a su hermano adoptivo y a su acompañante, posando su vista en la seria expresión que traía Edward en ese momento y al segundo después observando el rostro ceñudo de Bella. La observo durante unos segundos más, en los que a la chica Swan se sintió incomoda y pronto Alice se percato del curita que tenía puesto Bella en la comisura de su frente. Proclamo otra exclamación, esta vez de horror.
-Por el amor de Dios, ¿¡Que te sucedió, Bella!- Alice se trato acercar a la castaña, pero ésta se alejo un paso. Eso fue suficiente para dar a entender que se sentía perturbada por tanta compañía -¿Por eso me llamaste, Edward?- pregunto ahora dirigiéndole una mirada acusadora a su hermano.
Él hizo caso omiso a la pregunta de la pelinegra y hablo dirigiéndose a Angela, que en ese momento se encontraba sobre el peldaño del escalón del restaurante junto a Jessica.
-Angela- la aludida dio un brinquito de la impresión y pronto sus ojos se salieron de orbitas, pero aun así asintió -.¿Podrías llevar a mis hermanas a casa? Se hace demasiado tarde y de seguro Car… nuestros padres se preocuparan.- le pregunto Edward con voz neutra. Angela de dirigió una mirada de aprobación a Jessica y sin rechistar ésta asintió.
-Se…seguro- balbuceo.
-¿Y que sucederá con Swan?- pregunto ahora Rosalie, bajando los escalones uno a uno, cogiendo la barandilla para sostenerse.
-Primero Isabella y yo cenaremos algo, por eso le pedí a Angela que las lleve a casa.- aclaro Edward.
-Y a todo esto, ¿Cómo es que ustedes dos terminaron congeniando?- pregunto la curiosa de Jessica.
-¡Oh por Dios! ¿La encontraste mal herida y por eso me llamaste?- exclamo Alice posando su mirada de Bella a Edward repetidas veces. Edward abrió los ojos desmesuradamente y pronto poso su mirada en los grandes ojos topacios de su hermana, como tratándole de decir "¿es que acaso lo viste?"
-Si no fueras mi hermano adoptivo, diría que no me conoces realmente.-comenzó a decir Alice ante su pregunta silenciosa –Pero como si lo eres, no te diré nada.- repuso antes de que Edward rechistara.
Por un momento hubo un silencio escalofriante. Rosalie no dejaba de ver a Bella con desprecio, Alice veía sugestivamente a su hermano y a Bella, Angela simplemente tenia su mirada encajada en el suelo y Jessica solo podía ver a Edward, fascinada de tenerlo tan cerca.
-Okay… si no hay nada más que decir, será mejor que nos vayamos ya.- dijo Alice rompiendo el hielo.
Rosalie comenzó a acercarse a Alice y pronto Angela y Jessica la imitaron. Al momento en que Angela paso a un costado de Bella para dirigirse al auto de Jessica, le susurro:
-¿Segura que estarás bien?- pregunto preocupada, a lo que la castaña asintió. –Si ves a ya sabes quien, no dudes en llamarme. Solo trata de no volver a herirte en lo que resta de la noche.- le pidió en modo de suplica.
-Descuida. Tratare de ser cuidadosa, prometo que hoy no habrá nada por que arrepentirse.
-¿Sabes?, cuando dices ese tipo de cosas, siempre sucede lo inesperado.
-Deja de ser negativa. No he dado motivos para que suceda algo.
-Tú no me engañas, Swan. Sé que algo te sucedió y no me lo quieres decir.-recrimino Angela antes de alejarse.
-Solo recuerda que he pasado cosas aun peores.
-Pero estaba Santiago para protegerte.- repuso Angela cruzándose de brazos. A Bella se le pusieron los ojos cristalinos, recordando lo de cinco meses atrás.
Oscuridad… era todo lo que había en aquella casa abandonada. Que estúpida había sido para llegar a seguir a su hermanastro. Había sido una pésima idea seguirlo a aquel lugar, ¿en que estaba pensando? Sabia que no tardarían en encontrarla, su escondite no serviría de mucho, sabía que si hacia un solo ruido la escucharían las personas o lo que sean que sean ellos, si hacia un movimiento en falso. Todos los ojos de aquellas personas eran rojos como el vino y otros como el rojo de la sangre. Su piel era de un pálido poco común en alguien y extremadamente atractivos como para no llamar la atención. Todos de capas en tonos oscuros, rojos, negros, grises, rojo vino, un tono más oscuro que el otro. Entre los tonos mas oscuros se encontraba Santiago, ¿él era uno de ellos?, ¿Qué eran ellos?, y sobre todo…¿Qué hacían ellos ahí?
Ese había sido el primer día de su existencia…al menos de su pesadilla.
¡Hola!
Si, lo se, lo se; es un milagro que actualice después de ocho meses. No tengo excusa, lo se, pero no tenia inspiración ._.
No tuve vacaciones, estoy llena de tarea, muy apenas y puedo dormir y Wa muchas cosas mas -.-
Bueno, pero el caso es que ya pude terminar este cap (ALELUYA) estoy empezando a escribir el siguiente cap, asi que cuando regrese el Internet a mi casa actualizare de nuevo.
