Espero que os guste el capítulo este, ya sabéis que acepto cualquier tipo de crítica.
Disclaimer: Ni Hetalia ni 2P!Hetalia me pertenecen.
Advertencias: Las mismas de siempre.
HETALIA
Todos miraban sorprendidos a Inglaterra quien había vuelto a su habitual sonrisa. Francia no podía creer lo que acababa de escuchar y España miraba a Romano de reojo. Los hermanos Italia miraban a Inglaterra con odio y tenían ambos un cuchillo en sus manos temblorosas por los nervios que les estaban entrando. Lituania y Polonia suspiraron y miraron para otro lado, no queriendo ver el posible asesinato del inglés. Estados Unidos, sin embargo, miraba a Inglaterra sin ningún tipo de sentimiento en su rostro.
-Vamos chicos, tampoco es para tanto. ¿Verdad honey ? -Dijo mirando a Francia quien se sorprendió.
-Claro... -Susurró -Tampoco es para tanto. -Francia miraba a España, quien no sabía que hacer -Tan solo estamos rodeados de asesinos en serie. -Pensó.
-No debiste hacer eso, ahora estamos metidos en un mundo horrible y ni siquiera estamos todos. -Comunicó Lituania. -¿Cómo explicas el que unos hayan pasado y otros no?
-Oh, eso es fácil. En un principio todos íbamos a para y nos encontraríamos con nuestros alter ego aquí presentes. Sería sencillo. Sin embargo mi alter ego hizo el hechizo al mismo tiempo y ahora se han mezclado todos. -Inglaterra miró el cuarto en el que estaban, poco colorido para su gusto. -Para que podamos volver a nuestros mundos se necesita hacer lo mismo.
-Haber si entiendo inútil. -Italia habló -He intercambiado posición con mi supuesto alter ego y ahora tenemos que volver a nuestro mundo, para eso ambos hacéis el hechizo.
-Algo así.
-Inglaterra, siempre te he dicho que te falta glamour, o sea, pero ahora te voy a decir otra cosa -Romano se levantó y tiró al inglés al suelo de una patada -¡Eres un maldito inútil! ¡No, peor aun! ¡Eres un inútil sin glamour!
-¡Eres malvado conmigo! -Se puso a lloriquear, Estados Unidos hizo una mueca de fastidio.
España suspiró y cerró los ojos cansado de todo esto. Pensaba en como estaría Romano. Si todos en aquel mundo paralelo eran así de locos, que esperaba que no fuera así, Romano estaría asustado. Se mordió el labio y fingió una sonrisa de esas suyas que le hacían parecer algo tonto. Francia pudo notar que tan falsa era aquella que le estaba dedicando ahora mismo para que se tranquilizase.
Italia miraba de reojo a España y luego miró la escena que estaba montando su hermano mayor con el inglés. Cuando su hermano perdía los estribos podía llegar a ser más peligroso que él. Nadie creía eso, pues siempre se mostraba como un pijo tonto no creyente de dios que solo pensaba en la moda. Sin embargo, Romano, era igual o más sádico que él. Se levantó, tomo su cuchillo y paró a su hermano poniendo este en su cuello.
-Deja de golpear a ese estúpido. -Murmuró -Si no quieres terminar sin cabeza.
-Jo~ -Romano se levantó y volvió a sentarse en la cama -Eres malo.
-Lo sé, y con mucho orgullo. -Miró al inglés quien sonreía aun tirado en el suelo -Empieza, tenemos que salir de aquí.
-No puedo hacer eso. Me es imposible ahora.
-¡Porqué demonios es imposible!
-Ya lo dije, mi alter ego y yo tenemos que hacerlo al mismo tiempo. Además. Tememos que estar todas las naciones, de nuestro mundo y de este, en un mismo lugar.
-Entonces... -Habló España -Tenemos que buscar a todos.
-Y no solo eso, si no que también buscar el hechizo pues este se ha perdido, ya lo dije, un efecto secundario es que este desaparezca y sin él en mis manos no se puede. Ellos en nuestro mundo tendrán que hacer lo mismo, claro está, cuando lo descubran. -Inglaterra se tiró encima de Francia. -Sweety! I love you.
-Tranquilo, hermanito Francia te va a dar mucho amor~
-Honey... ¡Me gustas más así! El Francia que conozco me odia... -Se puso a llorar -Pero tu no ¿Verdad? -Francia miró sorprendido al inglés, no sabía si le gustaba más este Inglaterra o el que estaba acostumbrado a ver.
-Claro que no, mon amour.
-Haber, pandilla de inútiles. -Llamó la atención Estados Unidos. -Ya podemos ir a buscar a los demás, no tengo todo el día y estoy harto de veros las caras. Quiero volver a mi casa.
-Little baby, no seas tan mal hablado. -Le regañó Inglaterra, el americano frunció el ceño -Yo no te enseñé esas malas palabras.
-De ti las aprendí justamente, drogadicto. -Cogió su bate con púas y lo apoyó en su hombro. -Vamos, debemos arreglar lo que este incompetente ha echo. -Inglaterra sonrió tiernamente, pero nadie pudo llegar a ver aquello pues, para gusto del francés, estaba totalmente apoyado en él.
2PHETALIA
Alemania se quedó mirando la puerta por donde segundos atrás había salido Japón. Le resultó extraño ver esa reacción por parte de alguien como él, sin embargo, cuando se fijó en la escena que había delante suyo comprendió. Suspiró cansado de tanta tontería y se sentó a esperar a que el japonés volviera y pudieran retomar la conversación, por supuesto, si no se cansaba de esperar y se ganaban otro golpe.
Italia tenía lágrimas en sus ojos acumuladas que con mucha fuerza de voluntad intentaba no sacar. Decir que estaba muy asustado era poco, muy poco. Romano podía notar aquello, es más, él estaba más o menos igual que su hermano menor. No entendía absolutamente nada de lo que estaba pasando, solo que esto parecía ser más peligroso de lo que en un principio pensaba. Lo había comprobado después de la reacción del alemán. Romano odiaba mucho a Alemania, pero sabía muy bien que jamás lo golpearía; aunque eso jamás lo diría en voz alta, por supuesto.
Inglaterra se levantó algo cansado con una mano puesta en el lugar del golpe y se sentó donde estaba antes, Romano y los demás imitaron al inglés. Todos se dieron cuenta de que faltaba alguien en la sala. Estados Unidos miró a su alrededor y vio que Japón no se encontraba con ellos. Miró al alemán en busca de una respuesta, pero al notar la mirada este le giró la cara.
-Oye, el hero quiere saber dónde está Japón. -Preguntó al fin.
-No lo sé. -Contestó el alemán. -No tengo ni idea y tampoco quiero saberlo.
-Algo me dice que si lo sabes, Ve~ -Dijo de manera inocente Italia, Alemania lo fulminó con la mirada. -Ve~! No me mires así! Fratello, Alemania ya no me quiere!
-¡Cállate de una vez! -Le gritó este -No quiero que te acerques a ese macho patatas, no ahora que sabemos lo peligroso que es en verdad, lo has visto.
-Ve~... Echo de menos al Alemania que yo conozco... -Todos miraron al italiano menor -¡Este no es mi Alemania!
Japón, quien acababa de entrar por la puerta como si nada, escuchó aquello por parte del italiano. Cerró la puerta y observó que todos estaban sentados y se fijó que Alemania poseía una expresión de sorpresa en su rostro. Sinceramente, el tampoco se esperó eso. Él Italia que tenía delante era un auténtico llorón, quejica y se comportaba como un niño pequeño. Para él, ver a alguien que había considerado su amigo -algo muy difícil de conseguir- comportarse de esa manera era demasiado. Además, ver a la persona que más odia ser amable y demostrar tener corazón le hacía pensar cosas raras.
Se sentó en el suelo sujetando su espada y no dijo nada, tampoco hacía falta. Esperaba que todo se pudiera solucionar rápido, no sabía cuanto más podría aguantar soportando todo esto. No quería saberlo. Ahora odiaba a Inglaterra más que nunca. Estados Unidos tenía puesta su mano en los hombros del inglés, quien seguía con su mano en la herida que sangraba aun. Algo interrumpió sus pensamientos, o mejor dicho, el de todos. Se giraron para ver que era y vieron a dos sujetos.
-Francia, Canadá. -Murmuró Alemania al verlos, estos dirigieron su mirada a Inglaterra, quien la bajó. -Sabéis la situación como puedo ver en vuestros rostros.
-Japón nos a contado, nos lo hemos encontrado por los pasillos y después de decirnos cosas que parecían sacadas de un asqueroso cuento de hadas nos dijo donde estabais. -Habló Canadá. -Hey, stupid bro, levanta tu culo de la silla y compite conmigo.
-Canadá...
-¡Ni Canadá ni mierda! -Gritó
-No voy a competir, me da igual eso ahora mismo. -Le dijo, Canadá cerró los ojos intentando controlar un impulso nervioso. Sus gafas de sol hacían que nadie notara su estado. El oso que tenía a su lado comenzó a temblar, Francia miró de reojo al pequeño oso blanco y se apartó de allí.
-Chicos, antes de que alguien acabe muerto, espero que nuestro extraño y muy fumado Inglaterra nos diga que demonios hacer. -Dijo Francia apoyado en una pared. Canadá suspiró y se sentó al lado de Estados Unidos maldiciéndole.
-Bueno, no me leí el hechizo. -Dijo -Conozco a alguien que se sabe todos los hechizos de memoria pero no se si en este mundo será igual.
-Te refieres a tu lindo y tímido hermano. -Afirmó Japón -He de decir que me encanta asustarlo, es lo mejor que uno puede hacer... Ver su rostro de miedo mientras se esconde detrás de ti... Hasta que se cansa y salta encima de mi para intentar cortarme el cuello.
-No creo que hablemos de la misma persona.
-Oh... Recuerda, parece ser que no tenemos los mismos recuerdos. -Japón sonrió -Hablo de Escocia.
-Yo también.
-¿Cómo es Escocia según tú? -Preguntó Canadá.
-Molesto, antisocial, un fumador al extremo, sádico y pervertido... -Japón levantó una ceja ante la descripción y Canadá comenzó a reír al imaginárselo de esa manera. Francia miró al inglés de forma extraña.
-Definitivamente, aun no dejas el opio...
-¡Qué hace tiempo que dejé eso atrás!
-No, no hace tiempo. -Francia le dedicó una pequeña sonrisa de burla -En la reunión de esta mañana lo estabas tomando.
Inglaterra suspiró cansado de esto. Discutir con esta extraña y muy mala versión del que conocía era aun más molesto. Prefería mil veces al que él veía, pero si se fijaba bien este francés no era nada pervertido, tal y como quería. De repente, se dio cuenta de que echaba de menos al Francia que él conocía, con él que peleaba siempre que se veían y luego tomaban unas copas juntos; después, este lo cargaba hasta su casa donde lo dejaba dormir y al día siguiente se levantaba con resaca y volvía su casa antes de que despertara.
-Deberíamos ir a verlo. - Aconsejó -Mi hermano debe encontrarse en su casa, solo espero que esté en el mismo lugar.
-La casa no se mueve, que yo sepa al menos, no tiene patas. -Se burló Japón, Canadá rió la gracia.
-¡Ya sabes que quería decir! -Gritó Inglaterra algo sonrojado. Francia observo las reacciones de Inglaterra, era totalmente distinto. El normal habría saltado a sus brazos en busca de protección y luego el lo echaría a patadas, sin querer olvidar el suave olor del inglés.
En otro lugar, había alguien que se encontraba muy perdido y comenzaba a cabrearse. Ese alguien era Rusia quien, para su quizás buena suerte, estaba acompañado de una versión un tanto rara de su hermana menor. Al menos esta no lo acosaba con que se casara con ella, pero su personalidad actual daba mucho que decir. Tímida, callada, buena persona... ¡Así no era su hermana!
Caminaban los dos en silencio por los pasillos. Su hermana estaba alejado de él a varios metros mirándolo con miedo, como si en cualquier momento fuera a atacarla. Él jamás haría eso, quería mucho a sus hermanas. Las quería tanto que jamás pensaría en ponerles un dedo encima, es más, él las protegería de todo.
-He-Hermano... -Murmuró Bielorrusia. -Adonde vamos e-exactamente...
-Estamos buscando a los demás. -Dijo sonriente. Hace unos veinte minutos se encontró con Japón, pero no esperó que este intentara cortarlo en pequeños pedazos. Odiaba ahora mucho más a Japón que antes.
-Nu-Nuestra hermana mayor debe estar e-en su cuarto...
-¿Sabes cual es? -Se giró a verla, ella bajó la mirada asustada con los ojos cerrados. Rusia la miró sorprendido, quitó su eterna sonrisa de su rostro y se acercó a ella, posó una mano en su cabeza y la acarició. -Bielorrusia ¿Me tienes miedo? ¿Te doy miedo a ti también? -Su rostro estaba ensombrecido.
-Sí... normalmente nos go-golpeas a to-todos -Era cierto que antes golpeaba a Lituania y Estonia, pero a ella jamás le había tocado.
-Nunca te he pegado a ti, da~
-A mi m-me pegas si-siempre... -Miró a su hermano, sus manos apretaban su vestido rosa y se mordía el labio.
-No lo he echo y no lo haré. -Le acarició la cabeza y le sonrió. -Venga, llévame al cuarto de nuestra hermana.
-De acuerdo...
Ambos caminaron hasta las escaleras, los cuartos estaban en la planta de arriba. Por el camino reinaba el silencio absoluto, ninguno de los dos comento nada, no hacía falta, el ambiente había cambiado. Bielorrusia ya no estaba a metros de Rusia, sino que se encontraba su lado con una sonrisa en su rostro. Tan entretenidos estaban en aquel silencio, que ni ninguno se fijó en que alguien de cabellos largos y rizados sujetos en una coleta los mirada con un cuchillo en la mano.
espero que os haya gustado!
